20498(09-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20498  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado acta N° 049  

Bogotá. D. C., nueve (9) de junio de dos mil  cuatro (2004).   

V    I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  WILLIAM GIOVANNY CASTRO CHUGA.   

ANTECEDENTES   

1.-   Los  hechos  que  motivaron  el  presente  diligenciamiento,  fueron  resumidos por el Tribunal Superior de Cali,  de la siguiente manera:   

“El sábado 18 de noviembre del año 2000,  a  eso  de  las nueve de la noche, a la altura de la carrera 27 con calle 54 del  barrio  sindical  de  esta  ciudad,  WILLIAM  GIOVANNY CASTRO CHUGA –a,             ‘PIÑA’-.   Interceptó  en  un  callejón  a  ANTONIO  FERNANDO  CARVAJAL  CHUSPOCA  –         a.         ‘NANDO’-,  y le  propinó  un  tiro en la cabeza en razón a que éste había entablado relación  amorosa  con la menor JENNIFER VALDEZ GORDILLO quien, a su vez, había tenido la  misma  relación  con  aquél  por  más de dos años pero ésta había decidido  terminarla  en forma unilateral días antes.   

“La  víctima  falleció  por ‘…laceración encefálica secundaria a  herida   craneoencefálica   por   proyectil  de  arma  de  fuego…”.   

2.-  El   Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito  de  Cali,  el  23  de  noviembre  de 2001, condenó a William Giovanny  Castro  Chuga  a las penas principales  de 29 años 3 meses de prisión, el  decomiso  del  arma  y  a  la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  lapso  de  10  años, como autor de los delitos de homicidio  agravado y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

Apelado  el  fallo  por  la  defensora,  el  Tribunal  Superior  de Cali, el 13 de septiembre de 2002, al desatar el recurso,  lo confirmó en su integridad.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

La  defensora del procesado, al amparo de la  causal  primera  de  casación,  acusa  al  Tribunal  de haber dictado sentencia  “violatoria  en  la  apreciación  verdadera  de  la  prueba,  al  aplicar  de  manera apreciativa la sana crítica teniendo en cuenta  solo  los  desfavorable  según  declaraciones  de  los  testigos al aplicar tal  principio;   y   sin   tener   en  la  cuenta  lo  que  los  mismos  declarantes  testifican   y  a  veces  se  contradicen aplican la sana crítica sólo en  perjuicio  de  mi  defendido  sin  darle la más mínima credibilidad, cuando el  derecho  penal  nos  enseña  en  sus  principios  y los postulados ‘La   duda   favorece   al    reo,  violación  directa  de  los  art. 29 CN, Art. 8°, 13, 20 del C.P.P”.   

Reconoce que su procurado debe responder por  los  hechos pero no en la manera como se adujo en el fallo. Dice que teniendo en  cuenta  los  distintos testimonios allegados a la investigación, posteriormente  la   defensa   quiso  aclarar  sus  inconsistencias  y  contradicciones  en  que  ocurrieron.  Es así como Jennifer Valdés y Julio César Carvajal, personas que  tenían  interés  de perjudicar a su defendido “y no  solo  ello  si  no, que no le dan un valor probatorio a lo manifestado por LEYDI  JOHANNA  LEON  y  EMILIO  VALDÉS…”,  para lo cual  procede  a  transcribir  una  breve  porción de la versión de Jennifer Valdés  Gordillo.   

Califica  como  falso  el  contenido  de  la  declaración  de  Paola  Andrea  Olaya  Quintero,  pues  si se confronta con las  explicaciones  dadas  por Emilio Valdés Urrego, Jennifer Valdés, Leydi Johanna  León  Palomino  y  de  César  Carvajal,  transcribiendo algunos apartes de las  mismas,  y  según  las  pruebas en que se fundó el fallo impugnado, de acuerdo  con  los  postulados  de  la sana crítica, se advierte que sólo se apreció lo  desfavorable    a    los    intereses    de    su   protegido,   “teniendo  en  cuenta las declaraciones de personas que solo querían  en  su  sentir  perjudicar  a  mi  prohijado,  porque  no aplicaron, apreciaron,  valoraron      la     prueba     en     su     sana     crítica….”.   

Estima  que dentro de ese contexto se debió  apreciar  los testimonios “analizando el sentido como  decían  sus narraciones, por qué no pensar o deducir que el occiso iba armado,  que  mi  defendido  sí  se  quería  defender de tal agresión, como va a hacer  posible  que  el hermano del occiso en plena muchedumbre le dan un chango, luego  va  y busca al padre de WILLIAN y lo amenaza, vuelve a casa y lo guarda y porque  creerle     que     ¿ese     chango     no     era     de    ellos?”.   

Después  de  relacionar  otros  aspectos,  insiste  que  de  acuerdo  con los postulados de la sana crítica, no es posible  emitir  fallo  de  condena,  “sin darle el verdadero  valor  probatorio  o  sentido  a  las  pruebas  de un proceso…”,  enseguida  vuelve a recalcar que los juzgadores tuvieron en cuenta  más lo desfavorable que lo favorable.   

A  continuación  define  la “legítima  defensa  subjetiva o putativa”  y  refiere  que  una  cosa  pueden  decir  los  testigos  y otra “cosa    haber    sentido    y    vivido   el   procesado”.   

Finalmente  dice  que  los  juzgadores  de  instancia  aplicaron  su  personal  sentido  de  sana  crítica, “dándole  un  sentido  de  posiciones a mi defendido violándose con  ello  el  derecho  a  la defensa, a la credibilidad que tiene como procesado y a  investigar también lo favorable”.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar, “reformar la  sentencia     condenatoria     en     la     pena     a     pagar…”.   

LA     CORTE  CONSIDERA   

El único cargo que la censora formula contra  la  sentencia  de  segunda  instancia,  por  la  vía  de  la  causal primera de  casación,  no  cumple  con el presupuesto de claridad y precisión estatuido en  el  artículo  212,  numeral 3°, del Código de Procedimiento Penal, motivo por  el cual se impone su inadmisión.   

Ante todo recuérdese que la casación es un  recurso  extraordinario y rogado, razón por la cual la demanda debe cumplir con  los  requisitos formales contemplados en la anterior preceptiva, pues constituye  una  carga  del  actor  señalar  y  evidenciar  el  error  in  iudicando  o  in  procedendo,  según  el  caso,  máxime  cuando  la  sentencia llega a esta sede  amparada  por  la doble presunción de acierto y legalidad, siendo de su resorte  entrar a desvirtuarla.   

En esas condiciones, la Corte advierte que la  demandante  desconoce  el sentido y alcance de las causales de casación, puesto  que   las  mezcla  indebidamente.  En  efecto,  en  lo  atinente  a  las  normas  vulneradas,  no  citó  la  referida  a  la parte especial del Código Penal. De  igual  manera,  no  dio  las razones jurídicas por las cuales considera que los  artículos  8°,  13  y  20 del Código de Procedimiento Penal son de naturaleza  sustancial.   

Así  mismo,  no señaló la clase del error  cometido  por  el  juzgador  en  la  apreciación de las pruebas, esto es, si de  hecho  o  de  derecho  y  el falso juicio que lo determinó (si de legalidad, de  convicción,  de  existencia,  de identidad o de raciocinio). Ahora bien, dentro  del  entendido que el cargo lo postuló bajo los lineamientos del error de hecho  por  falso  raciocinio,  cuando  aduce  que  el  juzgador  se  equivocó  en  la  aplicación  de  la  sana  crítica;  de todos modos dejó la censura a mitad de  camino,  falencia  que la Sala, en virtud del principio de limitación, no puede  entrar a complementar.   

En  efecto, de acuerdo con la jurisprudencia  pacífica  y  reiterada  de  la  Corte,  cuando  la  censura  se postula por los  senderos  del  error  de  hecho por falso raciocinio, es deber que indique cuál  fue  la  regla  de  la  lógica, de la ciencia o de la máxima de la experiencia  vulnerada,  de  qué manera lo fue y su incidencia en la parte dispositiva de la  sentencia.   

En  el supuesto que ocupa la atención de la  Sala,  la  censora  no señaló el postulado de la sana crítica vulnerado, toda  vez  que  la  fundamentación  del  reproche  la  hizo  consistir  en  presentar  personales  apreciaciones  de  cómo  debieron  valorarse  los  testimonios y la  versión  del  procesado, en tanto sólo se tuvo en cuenta aquellos aspectos que  eran  desfavorables  para  su  intereses  procesales, afirmación última que en  determinado  evento  podría  variar la hipótesis inicialmente planteada, pues,  como  también  lo  ha  dicho  la Sala, cuando se aprecia de manera parcelada un  medio  de  prueba,  al  punto  que se hace derivar una verdad distinta de la que  revela  su  integral  contenido,  se  estaría  ante un error de hecho por falso  juicio de identidad.   

De otro lado, transgrediendo el principio de  autonomía  de  las  causales  de  casación,  según el cual, al interior de un  mismo  cargo no se pueden mezclar ataques correspondientes a causales distintas,  pues  cada  una  tiene  características  y  reglas  técnicas  de demostración  diferentes  y  producen diversas consecuencia jurídicas, el actor invoca que la  errada  apreciación  de  las  pruebas  condujo  a  la violación del derecho de  defensa,   por   cuanto   no   se   investigó   “lo  favorable”  a su procurado, hipótesis que ha debido  de  presentar  con  apego  en  la  causal  tercera  de casación, y, obviamente,  respetando el principio de prioridad.   

En consecuencia, al no reunir la demanda los  presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR   la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   WILLIAM   GIOVANNY   CASTRO   CHUGA.  En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                  ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO                       ÁLVARO ORLANDO  PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                           JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                            MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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