20507(28-04-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 20507  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobada Acta No.  35  

Bogotá,  D.  C., veintiocho (28) de abril de  dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisibilidad formal  de  las  demandas  de casación presentadas por los defensores de los procesados  FABIÁN   MÁRQUEZ   CARDONA,  JOSÉ  OBIRNE  VARGAS  MARTÍNEZ,  CARLOS  VERGARA  VALENCIA  y  JUAN  CARLOS POLO COLLAZOS,  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cali el 6 de marzo del 2002, mediante la cual revocó el  fallo  absolutorio  dictado por el Juzgado Quinto Penal del Circuito de la misma  ciudad  el  18  de diciembre del 2000 y en su lugar condenó, entre otros, a los  antes  mencionados, a la pena principal de treinta y cinco (35) años y seis (6)  meses  de  prisión,  como  coautores  penalmente responsables de los delitos de  falso   testimonio   y   homicidio   agravado   en   los   menores  Hugo   Aldemar   Obando,   Rodolfo  Cetrez  Angola  y  Juan  Carlos  Girón Hurtado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los  hechos fueron adecuadamente sintetizados en el fallo de segundo  grado así:   

“II.1 Génesis de  la     presente     investigación     lo     constituye     la     diligencia  de levantamiento de los cadáveres de los menores, HUGO  ALDEMAR  OBANDO,  RODOLFO  CETREZ  ANGOLA Y JUAN CARLOS GIRON HURTADO, realizada  por  la  Fiscalía  120 permanente el ocho (8) de mayo de 1995 a la altura de la  vía  Cañasgordas, mismos que en vida se encontraban recluidos días anteriores  en el Centro de Capacitación y Rehabilitación Valle de Lili.   

“II.2  Posteriormente  mediante  declaraciones  emanadas  de  empleados  adscritos a la  institución  se  estableció  que  los jóvenes fueron entregados por el señor  FABIÁN  MÁRQUEZ  CARDONA,  coordinador  y  director del establecimiento en esa  época,  a  tres  desconocidos  que  se presentaron el día siete (7) de mayo de  1995,  en  compañía  de  los agentes policiales JOSE JAIRO OLARTE BAENA y JOSE  FERMÍN  VARÓN, manifestando que dichos extraños necesitaban entrevistarse con  los  menores,  toda  vez que los mismos se encontraban involucrados en la muerte  de  uno  de  sus  compañeros  ante lo cual, MÁRQUEZ CARDONA, accedió y con la  anuencia  de sus colegas de labor, JOSE OBIRNE VARGAS MARTINEZ, JUAN CARLOS POLO  COLLAZOS,  EIFRE  MARTÍN  PAREDES  PRADO, CARLOS VERGARA VALENCIA Y WILSON CANO  RIVERA,  procedieron  a entregar a los jóvenes, simulando que dicha evacuación  se  debía  a  una evasión, por lo cual aflojaron algunas de las ventanas de la  celda  donde  se  hallaban  los hoy occisos e inmediatamente suscribieron en los  libros  de  recepción  que,  HUGO  ALDEMAR OBANDO, RODOLFO CETREZ ANGOLA Y JUAN  CARLOS     GIRON    HURTADO,    se    habían    escapado    del    centro    de  capacitación”.   

          La   Fiscalía   Seccional   de   Cali  dispuso  la  correspondiente  investigación  previa,  y  posteriormente,  el  14  de  junio  de 1996 declaró  abierta   la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  FABIÁN  MÁRQUEZ  CARDONA,  JOSÉ  OBIRNE VARGAS, JUAN  CARLOS  POLO  COLLAZOS,  EIFRE  MARTÍN  PAREDES PRADO, CARLOS VERGARA VALENCIA,  WILSON  CANO  BARRERA, JOSE JAIRO OLARTE BAENA y JOSÉ  FERMÍN  VARON,  resolviéndoles   su  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento de detención preventiva sin derecho a  libertad provisional.   

Cerrada  la  instrucción,  el  sumario  fue  calificado  el 25 de febrero de 1997 con resolución de acusación en contra del  procesado   EIFRE  MARTIN  PAREDES  PRADO  como  presunto autor del concurso de tres (3) delitos de homicidio  agravado, falso testimonio y fraude procesal.   

A su vez, el 29 de enero de 1997 se calificó  la  instrucción con resolución de acusación contra los demás procesados como  coautores  se  tres  (3)  homicidios  agravados,  y  también por los siguientes  comportamientos:   

FABIÁN  MÁRQUEZ  CARDONA y CARLOS VERGARA  VALENCIA  como  coautores  de  los  delitos  de  falso  testimonio  y  fraude  procesal.  JOSE  OBIRNE VARGAS  MARTÍNEZ  y  JUAN  CARLOS POLO COLLAZOS como coautores  de  los  delitos  de  falso  testimonio, fraude procesal y falsedad en documento  privado.   JOSÉ  JAIRO  OLARTE  BAENA  como   coautor  de  los  punibles  de  fraude  procesal  y  falsedad  ideológica en documento público.   

Impugnada   la   anterior  decisión,  fue  confirmada  por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Cali el 31 de marzo de  1997.   

La  etapa  del  juicio  adelantado  contra  EIFRE   MARTIN   PAREDES  correspondió  al  Juzgado  Quinto Penal del Circuito de Cali, el cual, mediante  auto  del  7  de mayo de 1997, acumuló a éste la actuación que cursaba contra  los  demás  procesados  en  el  Juzgado  Noveno  Penal del Circuito de la misma  ciudad.   

Una  vez  surtido  el  rito  pertinente,  el  referido  despacho  profirió  fallo el 18 de diciembre del 2000, por cuyo medio  absolvió  a  los  acusados, salvo a JOSE JAIRO OLARTE  BAENA,  a  quien  condenó  por  el delito de falsedad  ideológica en documento público.   

Impugnada la sentencia por la Fiscalía y la  Parte  Civil,  el  Tribunal Superior de Cali la revocó y en su lugar condenó a  los  acusados  FABIÁN MÁRQUEZ CARDONA, JOSÉ OBIRNE  VARGAS   MARTÍNEZ,  CARLOS  VERGARA  VALENCIA  y  JUAN    CARLOS     POLO   COLLAZOS,  a  la  pena  principal  de  treinta y cinco (35) años y seis (6)  meses  de  prisión como coautores responsables del concurso de tres (3) delitos  de   homicidio  agravado  y  falso  testimonio.  JOSE  FERMÍN  VARON  a la pena principal de treinta y cuatro  (34)  años  y  seis  (6)  meses de prisión como coautor del citado concurso de  homicidios agravados.   

También    condenó    a   JOSE   JAIRO   OLARTE  BAENA  a  la  pena  principal  de  treinta  y  cinco  (35)  años  y seis (6) meses de prisión como  coautor  responsable  del  ya  mencionado  concurso de homicidios agravados y el  delito de falsedad ideológica en documento público.   

Igualmente condenó a todos los procesados a  la  pena  accesoria  de  interdicción  de derechos y funciones públicas por un  lapso de diez (10) años.   

Con     relación    a    WILSON   CANO   RIVERA,   confirmó   la  absolución dispuesta en primera instancia.   

Contra el fallo de segundo grado, la defensa  de  quienes  fueron  condenados  interpuso recurso de casación. No obstante, el  defensor  de  los procesados JOSE JAIRO OLARTE BAENA y  JOSÉ  FERMÍN  VARÓN desistió del mismo, y el asesor  técnico  de  EIFRE MARTÍN PAREDES PRADO no presentó la correspondiente demanda.   

Por   tanto,   se   concedió  el  recurso  extraordinario  respecto  de  los  libelos  presentados a nombre de FABIÁN     MÁRQUEZ,     JOSE  OBIRNE  VARGAS,  CARLOS  VERGARA  y  JUAN    CARLOS    POLO    COLLAZOS,    sobre  cuya  admisibiliad  formal  se  pronuncia  la  Sala  en  esta  providencia.   

LAS DEMANDAS  

          1.        Demanda  a  nombre  de los procesados JOSE  OBIRNE     VARGAS    MARTINEZ    y    CARLOS    VERGARA    VALENCIA.     

Primer  cargo:  Error  de hecho por errónea  interpretación de la prueba.   

Expresa  la  demandante  que “la  causal  aducida  tiene  que  ver  con  el  delito  de Homicidio  Agravado  impuesta  a  mis  defendidos  JOSE  OBIRNE  VARGAS  MARTÍNEZ y CARLOS  VERGARA  VALENCIA en la sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Cali,  y  fecha  marzo 06 de dos mil dos,  proyecto     aprobado     mediante    acta    Nro.    049    por    ‘errónea   interpretación   de   la  prueba’ constituyéndose  en un error de hecho”.   

Seguidamente  estima  que  el  Tribunal  de  instancia  realizó una “errónea interpretación de  los  indicios”, y por ello cuestiona las conclusiones  del  Tribunal al considerar inverosímiles las exculpaciones de sus defendidos y  declarar  la  existencia  de  un  acuerdo  de  voluntades  y una “predisposición,  para  perpetrar la conducta facilitadora, la cual  se  ve  reflejada  en  la  autorización  que  da  el  señor  FABIÁN  MÁRQUEZ  CARDONA   para  el ingreso de los tres desconocidos que se llevaron consigo  a los tres jóvenes”.     

          Culmina  afirmando  que  los  medios de prueba debieron orientar una  decisión distinta a la emitida en segunda instancia.   

          1.2.                      Segundo  cargo:  Violación  de  una  norma  de  derecho sustancial.   

Considera  la  casacionista que la sentencia  del  Tribunal es “violatoria de una norma de derecho  sustancial   por   aplicación   indebida   de   la  Ley  (art.  207  numeral  1  C.P.P.)”.  Señala  que  los  artículos  33  de  la  Constitución  Política  y  267 del estatuto procesal penal, así como el Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y Políticos, y la Convención de Ginebra,  consagran  la  excepción  al  deber  de  declarar,  y  que  a  pesar de que sus  defendidos  resultaron siendo investigados, inicialmente concurrieron al proceso  como  testigos  y  el  Fiscal  no  les  advirtió  sobre  su derecho a no rendir  declaración.   

Afirma  que  al  ser condenados, el Tribunal  parece  indicar  que  debieron auto incriminarse respecto de los comportamientos  investigados,  y  que  por  ello, fue vulnerado el derecho que les asistía a no  declarar contra sí mismos.   

          Concluye  que  “ha  quedado desvirtuado  que  no  existe  plena prueba, evidente y clara” para  deducir  responsabilidad a sus procurados por un acuerdo de voluntades que nunca  se  dio, máxime si el Director de la institución manifestó que los educadores  no  estaban  enterados  de  que los menores iban a salir, pues era de su resorte  tal autorización.   

          Con  base  en  lo  expuesto  solicita  que  se  declare la sentencia  impugnada  como  “violatoria de una norma de derecho  sustancial”  y  que  por  lo  mismo  “sea casada”.   

          2.        Demanda  a  nombre  del  procesado FABIÁN  MÁRQUEZ CARDONA.   

          2.1.                      Primer  cargo: Nulidad por violación del debido  proceso.   

          Al  amparo  de  la causal tercera de casación, el censor expone que  la  sentencia  no  se ajustó a los parámetros del artículo 196 B del estatuto  adjetivo   vigente   para   la  época  de  los  hechos,  pues  el  a   quo   concedió   los   recursos  de  apelación  interpuestos  contra el fallo por la Fiscalía y la Parte Civil, sin  que hubiesen sido adecuadamente sustentados.   

          Para  demostrarlo  reproduce las solicitudes de su antecesor  y  de  los  defensores  de  JUAN CARLOS POLO,   JOSÉ   JAIRO   BAENA   y   JOSÉ   FERMÍN   BARÓN,  dirigidas  a  la  Juez  Quinta Penal del Circuito de Cali, con el  propósito de que declarara desiertas las impugnaciones.   

          Luego  de  destacar  la  necesidad  legal de sustentar el recurso de  alzada,  el  casacionista  sostiene  que  la Juez de primera instancia violó el  debido  proceso  al  conceder el recurso de apelación interpuesto, para lo cual  trae  a  colación  citas  jurisprudenciales  de esta Corporación y de la Corte  Constitucional.   

          Agrega   que  el  mismo  yerro  fue  cometido  por  el  ad  quem  al conocer y pronunciarse sobre  la  referida  impugnación,  con  lo cual incurrió en un vicio de procedimiento  debido  a  que  adolecía  del  requisito  de  la  sustentación, situación que  considera  insaneable  y  que afecta la garantía de presunción de inocencia de  su  representado,  y  por  ello considera que la sentencia condenatoria debe ser  excluida     del     “universo    procesal    del  juzgamiento”,  quedando vigente el fallo absolutorio  de primera instancia.   

          Expresa  el  actor  que  se  violaron  de  los incisos 2º y 4º del  artículo  29  de  la  Constitución,  en cuanto el Tribunal de instancia no dio  aplicación  a  los  artículos 6º del estatuto procesal penal vigente, y 7º y  12º   del Código Penal, incurriendo en el motivo de nulidad consagrado en  el   numeral   2º   del  artículo  306  de  la  referida  normativa  procesal.   

          Con  fundamento  en lo anterior, el defensor solicita que se declare  nula  la actuación surtida a partir de la providencia del 8 de febrero del 2001  mediante  la  cual  fue concedido el recurso de apelación interpuesto contra la  sentencia  de  primera  instancia,  por  no  haber  sido legalmente sustentado y  “consecuencialmente      declarar      mediante  pronunciamiento  de  remplazo  la  plena  vigencia  jurídica  y  procesal de la  sentencia de primer nivel”.   

          2.2.                      Segundo   cargo:  Nulidad  por  violación  del  principio de investigación integral.   

          Amparado  en  la  causal tercera de casación, el censor expresa que  fue  violado  el  principio  de  investigación  integral,  habida cuenta que no  fueron   decretadas   y   practicadas   pruebas   que  habrían  contribuido  al  esclarecimiento  de  los  hechos,  las  cuales  resultaban  trascendentes  en el  fallo.   

Para demostrarlo expone que era necesario: i)  practicar  una  revisión  a  los  registros  de  vídeo de la institución, ii)  escuchar  en declaración a los menores Macran Estid y  Carlos  Hernán  Montaño,  citados  por  Orlando   Mera,   iii)  Desentrañar  el  contenido  de  las  supuestas comunicaciones vía biper que se le atribuyen a su  defendido   y   al  agente  OLARTE  BAENA  con  los  extraños que reclamaron la custodia de los menores, iv)  Individualizar  a  quienes sacaron a los menores del Centro, v) Establecer cuál  fue  el  vehículo  en  el  que  supuestamente se movilizaron y, vi) Escuchar la  verdadera  versión  sobre la supuesta captura irregular de que fueron víctimas  los menores desaparecidos.   

Asevera  que los medios de prueba echados de  menos   “inequívocamente   hubieran  conducido  a  consolidar  la  PRESUNCIÓN  DE INOCENCIA y consecuentemente la ABSOLUCIÓN, por  carencia  de  responsabilidad  penal  en  el  evento  que  nos ocupa”.   

Considera violados los artículos 249, 333 y  334   del   derogado   estatuto  procesal  penal,  que  constituyeron  medio  de  vulneración  del  derecho  fundamental  de  defensa,  debido proceso y dignidad  humana.   

Con  base  en  lo  expuesto, el casacionista  solicita  a  la  Corte  “que se nulite la actuación  procesal    a    partir    del   auto   de   clausura   de   la   investigación  inclusive”,  y  como  consecuencia  de  tal  petición  se  conceda  la  libertad  provisional a su asistido.   

          2.3.                      Tercer cargo: Error de hecho por falso juicio de  existencia.   

          Afirma  el  impugnante  que  el  Tribunal  aplicó indebidamente las  normas  relativas  a  la coautoría consagradas en el anterior Código Penal, lo  cual  pretende  demostrar a partir de la reproducción de las conclusiones a las  cuales  se arriba en la sentencia de primer grado y a su vez destaca la ausencia  de  concertación  de  su  defendido  FABIÁN MÁRQUEZ  CARDONA con los educadores del Centro de Reeducación,  los  agentes  de  policía  asignados  al establecimiento y los desconocidos que  sacaron  del  lugar  a  los  menores a quienes posteriormente se les dio muerte.   

          Cuestiona  que  no  se  hubieran  tenido en cuenta las exculpaciones  dadas  por  el  procesado,  las  cuales  calificó  el  Tribunal de instancia de  inverosímiles,    y    tampoco   la   declaración   del   menor   Rafael  Eduardo Velasco Grisales quien dio  cuenta  de  la  intimidación  de  la  cual fue víctima el acusado MÁRQUEZ  CARDONA  para  permitir que las  posteriores     víctimas     salieran     en     compañía     de     personas  desconocidas.   

          Estima  indebidamente  aplicado  el  artículo  23 del Código Penal  entonces  vigente  (inciso  2º  del  artículo  29  actual),  e inaplicados los  artículos  35  (artículo  12  de  la  Ley  599  del  2000)  y  40  numeral 2º  ibídem.   

          2.4.                      Cuarto cargo: Error de hecho por falso juicio de  identidad.   

          Señala    el   censor   que   la   declaración   de   Jenny   Marulanda  fue  cercenada  en  su  dimensión  probatoria,  pues  permitía  afirmar  que quienes verdaderamente se  concertaron  con  los  tres  extraños  que  sacaron  de las instalaciones a los  menores,  fueron  los  agentes procesados OLARTE BAENA  (amigo  íntimo  de  la  declarante)  y  FERMIN  VARON,  quienes  se  confabularon  para   intimidar   a   su   representado,   y  de  esta  manera  “ablandarlo”,  promoviendo  la salida de  los  menores  so  pretexto  de  que  serían  devueltos a su custodia horas más  tarde.   

          Las  normas  que  considera  violadas  son,  de  modo  mediato,  los  primeros  incisos  de  los  artículos  247 y 248 del anterior estatuto procesal  penal    y   de   modo   “finalístico”,  el  artículo  23  del  derogado  Código  Penal, todo lo cual  condujo  a  dejar  de aplicar los artículos 5º, 35 (artículo 12 de la Ley 599  del   2000)  y  40  numeral  2º  ibídem,  así  como  el  artículo 2º del Código de Procedimiento Penal,  desarrollado por su artículo 445.   

          Expresa  que  en  consecuencia  de  lo anterior debe “quebrarse  la  sentencia” y en su lugar  proferir  la  de  reemplazo  absolviendo  a su procurado, teniendo como marco de  referencia    la    declaración    vertida    al   proceso   por   Jenny Marulanda.   

          2.5.                      Quinto   cargo:   Error   de  hecho  por  falso  raciocinio.   

          Sostiene   el   defensor   que   no  debió  tenerse  en  cuenta  la  declaración     del    educador    Orlando    Mera  Rojas,  por las contradicciones en que incurrió en la  primera  y  cuarta  declaraciones,  pues  mientras en aquella indicó que había  podido  percibir  directamente  las  circunstancias  en  que  los menores fueron  sacados  del  Centro  de  Reeducación,  en  ésta manifestó que no había sido  testigo presencial de dicho suceso.   

          Afirma  el  recurrente  que la condena no puede edificarse sobre tal  medio   de   prueba,   “por   cuanto  al  concluir  erróneamente  del  contenido intrínseco de este medio testimonial en análisis  conjunto  con los otros medios de acriminación, está vulnerando los principios  de  la  sana  crítica  por  cimentar  su  declaración de responsabilidad en el  quebrantamiento  del principio de No Contradicción, filosóficamente predicable  de  las  leyes  de  la  lógica,  la que sabiamente nos enseña que una cosa, no  puede  ser  y  no  ser,  al  mismo  tiempo  y  bajo el mismo aspecto”.   

También  indica que si esas “incoherencias   fácticas”   y   por   ende  esas  “conclusiones  de  ilegalidad  jurídica”  hubieran        sido        estudiadas        con       la       “legalidad”    suficiente,   distintas  habrían  sido  las  conclusiones  de  la  sentencia  condenatoria  en la que se  analiza  de forma fraccionada la declaración de Jenny  Marulanda  quien  dio  cuenta de la supuesta violencia  utilizada   para   evacuar   a   los   menores  del  establecimiento.   

          Refiere  que  al  incurrir en error por falso raciocinio al analizar  el   testimonio  de  Orlando  Mera  Rojas,  el  ad  quem  violó  el  inciso  2º del artículo 232 del estatuto procesal penal, así como  los  artículos  234, 238 y 277 del mismo ordenamiento, en cuanto quebrantó las  reglas de la sana crítica.   

          Igualmente  puntualiza  que  al  no  ser  valorado  el testimonio de  Jenny  Marulanda  de  modo  ponderado  como  lo  exige  el  inciso  2º  del  artículo  238 de la normativa  procesal  penal,  no fueron aplicados los artículos 232, inciso 2º, 234, 238 y  277  del  citado  estatuto,  en  la  modalidad  de  error  por  falso  juicio de  legalidad,  pues no es que no haya valorado las reglas de la sana crítica, sino  que prescindió de ellas.   

          Indica  el casacionista que cuando el Tribunal de instancia efectuó  el  análisis  de las dos declaraciones, no aplicó el numeral 2º del artículo  40   del   Código  Penal  entonces  vigente,  como  resultado  de  la  indebida  aplicación  del artículo 23 del estatuto penal sustantivo, así como el inciso  4º  del  artículo  29  de la Constitución Política, descrito en el artículo  2º  del  Decreto  100  de  1980  (artículos  2º y 7º de la Ley 599 de 2000).   

          Solicita,  entonces, que se  case la sentencia y se profiera la  de  reemplazo, declarando la inocencia del procesado, su consecuente absolución  y su libertad inmediata.   

          3.        Demanda   a  nombre  del  procesado  JUAN  CARLOS POLO COLLAZOS.   

          3.1.                      Primer Cargo: Error de hecho por falso juicio de  identidad.   

          Afirma  el  censor  que  de  las  pruebas incorporadas al proceso se  deduce  una  coautoría  inexistente  respecto  de  su  defendido,  para lo cual  formula los siguientes reparos al fallo atacado:   

          3.1.1.                                    Aduce  que  hay  un  error  en  la  valoración probatoria porque si  existió  un acuerdo para transferir la custodia de los menores, debe pregonarse  exclusivamente  del  Director  del  Centro y los tres extraños que reclamaron a  los  menores,  pero  no de los educadores, pues estos simplemente se limitaron a  cumplir  con  funciones  propias de su rutina, tales como sacarlos de la celda o  llevarlos a la oficina del Director.   

          3.1.2.                                    Asevera  que  la simulación de una posterior fuga de los menores no  resulta  indicativa  de  que  los educadores supieran que estos no regresarían,  pues    la    misma    se    inventó   luego  de  su salida, cuando los adolescentes habían sido retirados  del  Centro  de  Reeducación,  pero  no  como un proyecto criminal encaminado a  causar  su  muerte,  sino  para  justificar  su  ausencia  en  caso  de  que los  familiares o cualquier autoridad indagaran sobre su suerte.   

          3.1.3.                                    Señala  que  es errado razonar que los educadores conocían el sino  trágico  que  les  esperaba  a los menores, por el hecho de que salieron de las  instalaciones  sin la ropa que ordinariamente se destina para los internos, pues  una  tal  conclusión  no  es  lógica  ni  es  necesariamente indicativa de tal  conocimiento.   

3.1.4.                  Asevera   que   la   petición  de  silencio  que  el  Director  del  establecimiento  correccional  le  formuló  a  Jenny  Marulanda   no  es  tampoco  indicativa  de  que  los  educadores conocían de la ilicitud.   

          Finalmente  puntualiza  que  a la anterior declaración se le dio un  alcance  objetivo  que  no tiene, otorgándole un sentido que no corresponde con  su   contenido  fáctico  por  exceso  (error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad).   

          3.2.                      Segundo   Cargo:  Nulidad  por  violación  del  derecho de defensa.   

          Afirma   el   casacionista   que   el   a  quo  concedió  el  recurso  de apelación interpuesto  contra  el fallo sin que contara con la debida sustentación, motivo por el cual  se violó el derecho de defensa de su representado.   

          Para  demostrar  la  trascendencia  del  cargo afirma que de haberse  declarado  desierto el recurso, la absolución habría quedado en firme, sin que  la  defensa  tuviera  que  esperar  casi  dos  años para que fuera proferida la  sentencia  de  segunda instancia, que además resultó contraria a los intereses  del procesado.   

3.3.          Tercer cargo (subsidiario):  Nulidad  por violación del debido proceso.   

          Bajo  la  égida  de  la causal tercera de casación, aduce el actor  que   los  escritos  presentados  por  quienes  impugnaron  el  fallo  sólo  en  apariencia   se  encontraban  sustentados,  pues  no  cumplieron  con  la  carga  establecida  en  el  artículo  215  del Decreto 2700 de 1991, modificado por el  artículo 32 de la ley 81 de 1993.   

          Expresa  que la defensa manifestó en su momento y lo ratifica en su  demanda,  que  el  recurso  no  fue  sustentado, dado que los recurrentes en sus  respectivos  escritos  se limitaron a plantear consideraciones subjetivas que no  encontraban  respaldo  en  el  proceso,  razón por la cual el recurso no debió  concederse    sino    declararse    desierto    por    falta    del    requisito  aludido.   

          Solicita,  por ello, que se case la sentencia y consecuentemente que  la  Corte  profiera  el  fallo  de sustitución. Subsidiariamente demanda que se  profiera  fallo  de  anulación  con  fundamento en los dos cargos planteados de  forma subsidiaria.    

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Cuestión previa.   

          Antes  de  adoptar pronunciamiento acerca de la admisibilidad de las  demandas  presentadas,  advierte  la  Sala  que  respecto  de  la  acción penal  derivada  de algunos de los delitos por los cuales se acusó a los procesados ha  operado    el    fenómeno    de    la   prescripción,   por   las   siguientes  razones:   

El  numeral  4º  del artículo 82 de la Ley  599/00  establece  que  una de las causales de extinción de la acción penal es  la  prescripción,  la cual tiene lugar cuando ha transcurrido un término igual  al  máximo  de  la pena fijada en la ley para la pena privativa de la libertad,  sin  que en ningún caso pueda ser inferior a cinco (5) años, según lo dispone  el artículo 83 de la citada legislación.   

          A   su   vez,   el   inciso   5º   de   la   norma   mencionada  en  precedencia  establece  que  cuando  un  servidor  público  es  autor  o  partícipe de una conducta punible  realizada  en  ejercicio  de sus funciones, de su cargo o con ocasión de ellos,  el término de prescripción se aumenta en una tercera parte.   

          Al  efecto  conviene  precisar  que  las  conductas punibles por las  cuales  fueron  acusados  los  procesados,  se  ejecutaron  bajo la vigencia del  Decreto  100  de  1980,  en  el  cual,  los delitos de falso testimonio y fraude  procesal  consagraban en sus artículos 172 y 182, respectivamente, una sanción  de  prisión  entre uno (1) y cinco (5) años; el delito de falsedad ideológica  en  documento  público  era sancionado en el artículo 219 con pena de prisión  de  tres  (3)  a  diez (10) años, y el punible de falsedad en documento privado  disponía  en  el  artículo  221  una  sanción  de uno (1) a seis (6) años de  prisión.   

          La  conducta  de  falsedad  ideológica en documento público, ahora  establecida  en  el  artículo 286 de la Ley 599/00, se encuentra sancionada con  pena de prisión de cuatro (4) a ocho (8) años.   

          Ello  significa que, aun cuando la pena imponible para ese delito es  más  favorable  en  el  Código Penal anterior respecto del límite mínimo, no  ocurre  lo  mismo  con el tope máximo, el cual fue reducido por la Ley 599/00 a  ocho  (8)  años  de  prisión,  de  manera que en materia de prescripción y en  virtud    del    principio   de   favorabilidad,   se   aplicará   la   última  legislación.   

Ahora, si la ejecutoria de la resolución de  acusación  proferida  contra  el procesado JOSE JAIRO  OLARTE  BAENA por el delito de falsedad ideológica en  documento  público  se  causó el 31 de marzo de 1997, a partir de tal fecha se  reinició  el  nuevo  cómputo prescriptivo, que para dicha conducta es de cinco  (5)  años  y  cuatro  (4)  meses, aplicada desde luego, la extensión del lapso  correspondiente  a  una  tercera parte por tratarse de servidor público (agente  de  la policía), término que se cumplió el 31 de julio del 2002, y que impone  declarar la correspondiente cesación de procedimiento.   

Operó  igualmente  la  interrupción  del  término   de  prescripción  para  los  delitos  de  fraude  procesal  y  falso  testimonio,   que  se  imputó  a  cada  uno  de  los  procesados,  respecto  de  EIFRE MARTÍN PAREDES PRADO,  con  la  ejecutoria de la resolución de acusación que se produjo el 5 de marzo  de  1997,  y con relación a FABIÁN MÁRQUEZ CARDONA,  JOSE  OBIRNE  VARGAS  MARTINEZ,  JUAN  CARLOS  POLO  COLLAZOS  y  CARLOS VERGARA  VALENCIA  cuyas  acusaciones cobraron ejecutoria el 31  de   marzo   de   1997,   al   igual   que   en   relación   con   OLARTE  BAENA  a  quien  en ésta última  decisión,  además  de otros comportamientos, se le imputó el delito de fraude  procesal.   

          En  efecto,  en  punto  de  los referidos delitos que tienen pena de  prisión  entre uno (1) y cinco (5) años, se reinició el nuevo cómputo por un  lapso  de cinco (5) años, por ser el tope mínimo establecido en la ley para el  efecto,  razón  por  la  cual es evidente que las acciones penales derivadas de  tales  conductas  prescribieron  el  5  y  31 de marzo de 2002, respectivamente,  circunstancia  que  obliga  a declarar la respectiva cesación de procedimientos  por los delitos de fraude procesal y falso testimonio.   

          Finalmente,  igual  ocurre  con  el  delito de falsedad en documento  privado  por  el  cual se acusó a los procesados JOSE  OBIRNE  VARGAS  MARTÍNEZ  y JUAN CARLOS POLO COLLAZOS,  que  tiene  una  pena de prisión entre uno (1) y seis (6) años, acusación que  cobró  ejecutoria  el  30 de marzo de 1997, fecha desde la cual transcurrió un  lapso  superior a cinco (5) años, esto es, la acción penal derivada del citado  delito  prescribió  el  30  de marzo del 2002, motivó por el cual es necesario  declarar la correspondiente cesación de procedimiento.   

          Debe   precisar  la  Sala  que  la  prescripción  de  las  acciones  señaladas  se  causó mucho antes de que el proceso arribara a la Corte para su  examen,  pues el oficio remisorio del expediente a esta Colegiatura es del 20 de  enero del 2003.   

Las  demandas.   

          Una  vez  establecida  la  prescripción  de varias acciones por las  cuales  se  procede,  se ocupa la Sala de establecer si  en  punto  del  concurso  homogéneo  de  tres  (3)  homicidios  agravados,  los  defensores    han    cumplido    con    las    formalidades   legales   en   sus  libelos.   

          En  atención  al  número  de demandas y cargos presentados por los  defensores  de  los  procesados,  por  elementales  razones  de método, la Sala  procederá   a   abordar   en   primer  lugar  las  censuras  que  pretenden  la  invalidación  del  proceso  desde  distintas  etapas  y  por  diversos motivos,  teniendo  en  cuenta  los  reproches  que  implicarían  mayor afectación de lo  actuado  en  caso  de  resultar  exitosa  la  propuesta,  de  conformidad con el  principio de prioridad, así:   

1.            Nulidad  por violación del principio de  investigación  integral (segundo cargo de la demanda a  nombre   del   procesado  FABIAN  MARQUEZ).   

De   tiempo   atrás   ha   precisado   la  Sala1  que  en  punto  de  la  violación del principio de investigación  integral  resulta  insuficiente  relacionar  las pruebas supuestamente omitidas,  dado  que  es  preciso  señalar su fuente, conducencia, pertinencia y utilidad,  amén  de  su  incidencia  favorable en los intereses del procesado frente a las  conclusiones   del   fallo,   habida  cuenta  que  la  omisión  de  diligencias  inconducentes,  dilatorias,  inútiles  o superfluas, no constituye menoscabo de  los derechos a la defensa del incriminado.   

          Además,  es  necesario  que  el  censor  demuestre  que las pruebas  echadas  de  menos,  al  ser  cotejadas  con el acervo probatorio, trastocan las  conclusiones  de  los  falladores, así como el sentido del fallo, razón por la  cual  resulta  imprescindible  invalidar  la  actuación  a  fin de allegarlas y  contar con la posibilidad de valorarlas.   

          En  el  asunto  objeto  de estudio se advierte que si bien el censor  señala  los medios probatorios que considera omitidos, no procede a señalar de  qué  manera  estos tendrían efectivamente la virtud de variar el sentido de la  decisión    atacada,    pues    sin    más    afirma    que    “inequívocamenmte  hubieran  conducido  a consolidar la PRESUNCIÓN  DE  INOCENCIA  y  consecuentemente  ABSOLUCIÓN, por carencia de responsabilidad  penal en el evento que nos ocupa”.   

Evidente resulta que el defensor pretende que  sea  la  Sala  la  que  emprenda  la  labor  demostrativa  que  sólo  a  él le  corresponde,  circunstancia  que  denota desconocimiento por el carácter rogado  propio   de   este   recurso,   y  que  por  tanto  se  aparta  de  la  técnica  casacional.   

Sin  duda,  resulta  insuficiente  que  el  defensor  intente  mediante  un  escrito  de  libre  formulación  y  carente de  técnica,  exponer  su  personal  percepción  de  las  pruebas  obrantes  en la  actuación  y, sin más, como en este asunto, señale que se violó el principio  de  investigación integral, pues un tal proceder deja ayuno de demostración el  reproche,  se sustrae a la obligación de señalar su injerencia en la sentencia  atacada,  e  impide  a  la  Corte  emprender su estudio a fin de pronunciarse de  fondo.   

Además,  el casacionista no se sujeta a las  exigencias  del  principio  de prioridad que rige este trámite, según el cual,  primero  deben  ser  propuestas  las  situaciones  que  conlleven  nulidad de la  actuación  en  caso  de  ser  aceptadas  y  luego las que devienen de las otras  causales  de  casación;  pero,  cuando de la propuesta plural de circunstancias  generadoras  de nulidad se trata, como ocurre en el libelo analizado, es preciso  que  el  demandante  las  proponga  en riguroso orden, postulando como principal  aquella  que  entraña mayor cobertura de afectación para lo actuado en caso de  prosperar,   exigencia   formal   que  tampoco  acató  el  impugnante  pues  la  invalidación  solicitada  en el primer cargo cobijaría en caso de prosperar el  fallo   proferido   por   el   ad   quem,  mientras  que  en  la  segunda  censura  la cobertura invalidante  incluiría la resolución de cierre de investigación.   

          Por tanto, se impone la inadmisión del cargo.   

          2.        Nulidad    por    violación   del   debido   proceso   (primer   cargo   de   la   demanda   a   nombre   de   FABIAN  MARQUEZ, tercer cargo del libelo a  nombre     de    JUAN    CARLOS    POLO).   

Reiteradamente ha puntualizado la Sala que si  bien  la  acreditación  de  la  causal  tercera  de  casación resulta ser más  flexible  que  la requerida para demostrar las otras causales, es imprescindible  que  el  demandante  proceda con precisión, claridad y nitidez a identificar la  clase  de  irregularidad sustancial que determina la invalidación, plantear sus  fundamentos  fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón  de su quebranto, especificar el límite de la actuación a  partir  del  cual  se  produjo  el  vicio, así como la cobertura de la nulidad,  demostrar  que  procesalmente no existe manera diversa de restablecer el derecho  afectado,  y  lo  más  importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva en la declaración de justicia contenida en  el   fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado  que  este  recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas, afirmaciones  carentes de demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

En  el  cargo  objeto de estudio advierte la  Sala  que  si  bien los demandantes señalan la irregularidad que deploran, esto  es,  la  falta de sustentación de los recurso de apelación interpuestos contra  el  fallo  de  primer  grado  por  la  Fiscalía y la Parte Civil, no proceden a  demostrar  fehacientemente  su  ocurrencia,  omisión que a la postre les impide  señalar  de  qué  manera  se produjo la violación del debido proceso, y cómo  ello condujo a socavar las bases y la estructura del trámite.   

          Se inadmite el reproche.   

          3.        Nulidad   por   violación   del  derecho  de  defensa  (segundo   cargo   de   la   demanda   a   nombre   de  JUAN      CARLOS     POLO).   

Oportuno  se ofrece señalar que también en  este  libelo  se viola el principio de prioridad, dado que el demandante formula  en  el  primer  cargo  un  error de hecho por falso juicio de identidad, y luego  sí,  esta  censura,  que  en caso de prosperar invalidaría el fallo de segundo  grado, y por tal razón debía ser propuesta en primer lugar.   

Además,  aunque  el  censor  en  los cargos  segundo  y  tercero  de  su  escrito  distingue  entre violación del derecho de  defensa  y  del  debido  proceso  de su asistido, respectivamente, en manifiesta  inobservancia  del  principio  de  autonomía de los cargos, según el cual, los  argumentos  para  pretender  el  reconocimiento  de  una  causal de casación no  pueden  ser  presentados  para  conseguir otra, ensaya demostrar la vulneración  del  debido proceso con los mismos elementos y razonamientos con los que intenta  acreditar  la  lesión del derecho de defensa, sin percatarse que corresponden a  ámbitos  sustancialmente diversos y que por tanto, su violación opera también  de distinta manera.   

          Así las cosas, no es procedente admitir la censura.   

4.              Error    de   hecho   por   errónea  interpretación  de  la  prueba  (primer  cargo  de la  demanda  a  nombre  de  los procesados VARGAS MARTINEZ  y        VERGARA  VALENCIA).   

Acerca  de la violación indirecta de la ley  sustancial   determinada   por   errores  de  hecho,  la  Sala  ha  puntualizado  reiteradamente  que  estos  se  presentan  cuando  el  juzgador  se  equivoca al  apreciar  la  prueba,  bien  sea  porque  obrando  en el proceso omite valorarla  (falso  juicio  de  existencia  por  omisión);  ya  porque  sin  figurar  en la  actuación  supone que allí aparece y la tiene en cuenta en su decisión (falso  juicio  de  existencia  por suposición); ora porque al considerarla distorsiona  su  contenido  cercenándola, adicionándola o tergiversándola (falso juicio de  identidad);  también,  cuando  sin  incurrir  en alguno de los yerros referidos  deriva  del  medio  probatorio deducciones que contravienen los principios de la  sana  crítica, esto es, los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o  las  reglas  de la experiencia (falso raciocinio), correspondiendo a cada uno de  ellos una acreditación diversa y autónoma.   

Además de lo expuesto, de conformidad con el  principio  de  claridad y precisión que rige la presentación y fundamentación  del  cargo  en  este  trámite,  corresponde  al  actor  dentro de la violación  indirecta  de  la ley sustancial por errores de hecho, identificar la especie de  yerro  que  reprocha  y  conforme  a ello desarrollar la censura, dado que no se  aviene  al  referido  principio  que  respecto  de la misma prueba y en el mismo  reproche,  o  en  otro  postulado  sin  señalar  su  prioridad,  se confunda la  argumentación    y    acreditación    propias    de    errores   de   distinta  especie.   

En  el caso de la especie se advierte que el  defensor  no  sujeta la presentación de los cargos a las obligaciones anotadas,  pues  la  censura  es  confusa  y  ambigua,  en  la  medida que no determina con  claridad   si  el  ad  quem  omitió  apreciar  las  pruebas,  las  tuvo  en cuenta sin estar presentes en la  actuación,  las  adicionó,  cercenó  o tergiversó, o si con quebranto de las  reglas  de  la  lógica,  la  ciencia  y  la  experiencia arribó a conclusiones  equívocas a partir de ellas.   

          Ahora  bien,  afirma  la impugnante que el Tribunal erró al valorar  el  acervo probatorio, pero no acredita por qué ello fue así, pues únicamente  antepone  su  particular  apreciación  de  las pruebas a la que adelantaron los  funcionarios  judiciales,  con total olvido por la dual presunción de legalidad  y acierto que corresponde al fallo atacado.   

También   la   censora  ataca  la  prueba  indiciaria,  sin  percatarse  que  para  emprender  tal  cometido  era  su deber  identificar   si   la   equivocación   se   cometió  respecto  de  los  medios  demostrativos  de  los  hechos indicadores,  la inferencia lógica, o en el  proceso  de  valoración  conjunta  al apreciar su articulación, convergencia y  concordancia  de  los  varios indicios entre sí, y entre éstos y las restantes  pruebas, para llegar a una conclusión fáctica desacertada.   

          Finalmente  debe  resaltarse  que la demandante no adelanta esfuerzo  alguno  por  acreditar  que  sin  los  yerros  que de manera carente de técnica  presenta,   el   fallo   habría  sido  sustancialmente  diverso,  circunstancia  adicional  para  que  el  reproche no satisfaga las exigencias dispuestas por el  legislador     para     acceder     a     este     medio    extraordinario    de  impugnación.   

          El cargo no se admite.   

5.             Violación  de  una  norma  de  derecho  sustancial  (segundo  cargo  de la demanda a nombre de  los    procesados   VARGAS   MARTINEZ   y     VERGARA     VALENCIA).    

Pronto  advierte la Sala que la casacionista  omite  en  su  reproche  señalar  el  sentido  de la causal invocada, es decir,  precisar  si  se  trata  de  violación  de la ley sustancial por vía directa o  indirecta,  indicar  y demostrar en el primer supuesto la exclusión evidente de  normas  sustanciales,  su aplicación indebida o su interpretación errónea. Y,  en  el  segundo,  pertinente  resulta que identifique la presencia de errores de  hecho  en  la  actividad de los juzgadores, bien por falso juicio de existencia,  ora  por  falso  juicio  de identidad o ya por falso raciocinio, o de errores de  derecho,  determinados  por  un falso juicio de convicción o un falso juicio de  legalidad.   

Además,  como en el desarrollo del reproche  señala  que  “no  existe  plena prueba, evidente y  clara”  sobre la responsabilidad de su representado,  evidente  resulta  que  ingresó  en  el  discurrir  propio de la alegación del  principio  in  dubio pro reo  que   simplemente   enunció,   pero   no  procedió  a  desarrollar  de  manera  alguna.   

          Siendo  ello así, la Corte se encuentra imposibilitada para conocer  con  precisión  el  motivo  de  inconformidad  y  por tal razón, en virtud del  principio  de  limitación  que  rige  su  competencia,  carece de facultad para  estudiar   de   fondo   el   cargo   propuesto  y,  por  tanto,  le  corresponde  inadmitirlo.   

          La censura se inadmite.   

            

6.            Error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  (tercer  cargo  del  libelo  a  nombre del  acusado        FABIAN       MARQUEZ).   

Acerca  del  falso  juicio  de existencia ha  dicho  la  Sala que tiene lugar cuando se estructura la providencia judicial con  total  marginación  de un medio probatorio válidamente practicado o aducido al  proceso,  o  cuando se supone una prueba que no obra, siempre que, en uno y otro  caso,  la  omisión  o  la  suposición  probatoria se refleje en el sentido del  fallo,  motivo  por  el  cual  corresponde  al  demandante  indicar  el medio no  valorado  o  supuesto, cuál es la información que objetivamente brinda y dejó  de  valorarse  o  aquella que fue supuesta, qué mérito demostrativo debe serle  asignado,  y  cómo  su  estimación  conjunta  con  el  resto  de elementos que  integran  el  acervo  probatorio conduce a trastrocar las conclusiones del fallo  censurado.   

          En  el  asunto  objeto  de  estudio se advierte que el impugnante no  identifica  el  medio  de prueba omitido o supuesto por los falladores, falencia  que  le imposibilita cumplir con las demás exigencias demostrativas propias del  reproche postulado.   

Simplemente, el defensor expresa, como si se  tratara  de  un  alegato  de  instancia,  que  se debe otorgar credibilidad a lo  expuesto  por  su  representado,  sin  detenerse  a señalar por qué el mérito  demostrativo  de  las  demás  pruebas,  con base en las cuales los funcionarios  profirieron la sentencia de condena, debe ser descartado.   

Ahora, si lo pretendido era demostrar que lo  expuesto  por  el  procesado  no  podía  ser  tildado  de  inverosímil  por el  Tribunal,  correspondía  al  demandante  acudir a la violación indirecta de la  ley  sustancial  por  error  de hecho determinado por falso raciocinio, esto es,  demostrar  que en la valoración de la injurada se quebrantaron las reglas de la  ciencia,  la  lógica  y la experiencia, o bien, la presencia de un falso juicio  de  identidad, constituido por la tergiversación de lo afirmado por el acusado,  asumiendo la técnica propia de tales reproches.   

Sin  duda,  propender  porque  se  otorgue  credibilidad  al  procesado  y  se  le  niegue  a  otros  medios  de prueba, sin  demostrar  que hubo errores de los sentenciadores en su apreciación, no es cosa  diversa  a  intentar  sobreponer  el criterio personal sobre el de aquellos, con  desconocimiento  de  la  dual  presunción  de legalidad y acierto que ampara el  fallo censurado, proceder inadmisible en sede de casación.   

          Por tanto, la censura se inadmite.   

          7.        Error   de   hecho   por   falso  juicio  de  identidad.  (cuarto  cargo  del  libelo  a  nombre  del  acusado  FABIAN   MARQUEZ,  primer  cargo  de  la  demanda  a  nombre  de  JUAN  CARLOS POLO).   

Aunque   el   defensor   del   incriminado  FABIAN  MARQUEZ  postula un  error   de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento  de  la  declaración    de    Jenny   Marulanda,  no  procede  a  indicar los apartes que fueron recortados por los  falladores,  circunstancia  que  deja  sin  comprobación  la configuración del  yerro,  y a la postre le impide acreditar su trascendencia en el fallo, omisión  que  unida  a  la  confusión  argumentativa,  deja  ayuno  de  demostración el  cargo.   

Además, no demuestra de qué manera ocurrió  el  yerro  que  denuncia,  pues  como  si  se tratara de un alegato de instancia  dirige  su  discurrir  a  plantear  sus  propias  conclusiones  en  torno  a  la  responsabilidad  de  su  asistido,  proceder  inaceptable  en  esta impugnación  extraordinaria.   

Tampoco  el  casacionista demuestra por qué  razón  el  fallo  de  reemplazo  que solicita debe ser absolutorio en favor del  procesado       MARQUEZ      CARDONA.   

Por  lo  anotado,  el  cargo  no  puede  ser  admitido.   

A su vez, aunque el defensor de JUAN  CARLOS POLO comienza por postular un  falso   juicio   de  identidad,  al  desarrollarlo  orienta  su  crítica  a  la  valoración  probatoria, las inferencias y los razonamientos de los funcionarios  judiciales  de  segundo  grado,  con lo cual ingresó en el discurrir propio del  error de hecho por falso raciocinio.   

En  tal  caso,  le competía establecer qué  dicen  concretamente  los  medios  probatorios,  qué se infirió de ellos en la  sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado,  y  lo  más  importante,  determinar el postulado lógico, la ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar  la  proposición  lógica,  la  regla  científica,  o  el  supuesto de  experiencia  que debió considerarse, identificar la norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o indebidamente aplicada, y finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  correcta  apreciación  de  aquella  pruebas, con la indeclinable obligación de  acreditar  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente  diverso   y   opuesto   al   censurado,  deberes  que  no  acometió  de  manera  alguna.   

Por  el  contrario, como si se tratara de un  escrito  de  libre  alegación,  el  demandante dirige su actividad a cotejar su  particular  valoración  de  las  pruebas  con  la apreciación que de las misma  efectuó  el  ad  quem,  en  ostensible  desconocimiento  de la dual presunción de acierto y legalidad de la  sentencia impugnada.   

Evidente   resulta  que  en  este  recurso  extraordinario  no  pueden  efectuarse  censuras  generales, vagas e imprecisas,  tales  como  que  los  falladores  erraron  en  la  valoración probatoria, pues  menester  resulta  que  la denuncia de yerros sea concreta, y en especial que se  demuestre,  tanto su configuración efectiva, no presunta, como su trascendencia  en     la     sentencia     impugnada,     labores     desatendidas    por    el  casacionista.   

Tampoco el defensor señala norma sustancial  alguna  que  estime  conculcada, y tanto menos expone de manera razonada de qué  forma  se  presentó su quebranto, como que ello es al fin al cabo el fundamento  de este recurso.   

          La  confusión  del  actor  es  tan  grave, que culmina esta censura  afirmando   que   a   la   declaración   de   Jenny  Marulanda  se le dio un alcance objetivo que no tiene,  otorgándole  un sentido que no corresponde con su contenido fáctico por exceso  (error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad), con lo cual quebrantó el  principio  de  claridad  y de nitidez que gobierna este trámite, pues de manera  sincrónica,  en  el mismo cargo, sobre el mismo medio probatorio y por el mismo  motivo  invoca  falso juicio de identidad y falso raciocinio, que corresponden a  errores de diversa especie.   

          Por lo expuesto, se inadmite el cargo.   

          8.        Error     de     hecho    por    falso    raciocinio    (quinto   cargo   del  libelo  a  nombre  del  acusado  FABIAN MARQUEZ).   

Encuentra la Sala que el defensor no señala  como  era  su deber qué dicen concretamente la primera y la cuarta declaración  de  Orlando Mera Rojas, qué  se  infirió  de  ellas en la sentencia atacada, cuál fue el mérito persuasivo  otorgado,  y  tampoco  determina  el  postulado lógico, la ley científica o la  máxima de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo.   

Además, no señala la proposición lógica,  la  regla  científica,  o el supuesto de experiencia que debió considerarse, y  si  bien identifica las norma de derecho sustancial que indirectamente considera  violadas,  no  expone  de  qué  manera  se  concretó  de  manera  efectiva  su  quebranto,  y  tanto  menos  demuestra la trascendencia del error expresando con  claridad  cuál  debe ser la correcta apreciación de las citadas declaraciones,  circunstancia  que  le impide probar que la enmienda del yerro daría lugar a un  fallo esencialmente diverso al reprochado.   

          En  efecto, el censor plantea la violación del principio lógico de  no  contradicción, pero no procede a acreditar las inconsistencias que denuncia  y  tampoco  efectúa  alusión  alguna  a su injerencia efectiva en la sentencia  atacada,  al  punto  que en su exposición alude, sin más, a la “ilegalidad    jurídica”    de    las  conclusiones  derivadas  del  referido  medio probatorio y de la declaración de  Jenny Marulanda, con lo cual  ingresa  de  manera  confusa  y  antitécnica  en la argumentación inherente al  error   de   derecho   por  falso  juicio  de  legalidad,  que  no  postuló  ni  demostró.   

          Igualmente  omite  el casacionista explicar por qué razón el fallo  de  reemplazo  que  solicita  a  la  Corte  debe  ser absolutorio en favor de su  asistido.   

Evidente resulta entonces, que el impugnante  se  sustrae  de  las exigencias legales que para invocar, desarrollar y postular  el   cargo   exige   el   legislador,  motivo  por  el  cual  no  satisface  los  requerimientos para que el reproche sea admitido.   

En    consecuencia,   se   inadmite   la  censura.   

Cuestión  final   

          Como  consecuencia  de la cesación de procedimiento determinada por  la  prescripción  de  la  acción  penal  derivada  de  los  delitos  de  falso  testimonio,  fraude  procesal,  falsedad  ideológica  en  documento  público y  falsedad  en  documento  privado que se dispuso en esta providencia, corresponde  marginar  de  la  dosificación  punitiva  establecida  en  el fallo atacado las  sanciones  impuestas  por  tales comportamientos, en cuanto los procesados sólo  resultan  condenados  como  coautores  del  concurso  de  tres  (3)  delitos  de  homicidio  agravado,  para  lo  cual  es  pertinente  establecer la pena que les  corresponde de acuerdo con el principio de favorabilidad.   

          No  hay  duda  que  al  verificar el citado principio en punto de la  dosificación  de la pena se tiene que respecto del delito de homicidio agravado  resulta  más  beneficiosa  para  los  procesados la punibilidad señalada en el  artículo  104  de  la  Ley  599  de 2000 (25 a 40 años de prisión), en cuanto  inferior  a  la  establecida en el artículo 323 del derogado ordenamiento penal  (40  a  60  años  de prisión), como en efecto fue aplicada por el ad quem.   

Respecto  de los criterios para dosificar la  pena,  en  la  Ley  599  de  2000 al delito de homicidio agravado corresponde un  primer  cuarto  de  movilidad  entre  trescientos (300) y trescientos cuarenta y  cinco  (345) meses, el segundo cuarto entre trescientos cuarenta y cinco (345) y  trescientos  noventa  (390)  meses;  el  tercer cuarto entre trescientos noventa  (390)  y  cuatrocientos  treinta  y  cinco  (435) meses, y el cuarto final entre  cuatrocientos   treinta   y   cinco   (435)   y   cuatrocientos   ochenta  (480)  meses.   

Habida cuenta que en este asunto se dedujo en  la   resolución   de  acusación  la  circunstancia  de  agravación  genérica  determinada  por  haber  obrado  en  coparticipación  criminal (numeral 7º del  artículo  64 del Decreto 100 de 1980, numeral 10 del artículo 58 de la Ley 599  de  2000),  la cual fue tenida en cuenta por el Tribunal al momento de dosificar  la  pena,  así como la circunstancia de atenuación determinada por la ausencia  de  antecedentes  penales  (numeral  1º  del  artículo  55  del estatuto penal  vigente,  numeral  1º  del  artículo  64 del Decreto 100 de 1980), el Tribunal  partió   del  extremo  superior  del  segundo  cuarto  punitivo,  el  cual  fue  incrementado  en  veinticuatro  (24) meses por los delitos de homicidio agravado  concurrentes,  para  un  total  de  cuatrocientos  catorce (414) meses, esto es,  treinta  y  cuatro  (34)  años  y  seis  (6) meses de  prisión.   

          Analizado  el  tópico  de  la dosificación punitiva de conformidad  con  los  criterios  establecidos en el artículo 61 del derogado estatuto penal  se  tiene  que  el  procedimiento  es  más  simple,  habida cuenta que el marco  punitivo  genérico  de veinticinco (25) a cuarenta (40) años no está afectado  por            factores            reales2, de modo que de acuerdo con lo  que  disponía  el  artículo  67,  no puede partirse del mínimo de la pena (25  años)  porque  concurre  una  circunstancia  de  agravación y resulta también  necesario   ponderar   cuantitativamente  la  referida  circunstancia  de  menor  punibilidad,  para  luego  sí,  incrementar la pena en virtud de los delitos de  homicidio agravado concurrentes.   

Así las cosas, partiendo de veintiocho (28)  años,  luego de tener en cuenta las circunstancias de mayor y menor punibilidad  ya  referidas, se incrementa la sanción en cuatro (4) años por cada uno de los  delitos  de homicidio agravado, en atención a que los comportamientos recayeron  sobre   menores   que   se  encontraban  al  cuidado  del  Estado,  mediante  un  procedimiento  dirigido  a  arrogarse la facultad sancionadora que corresponde a  los  funcionarios  judiciales,  e  imponiendo una pena de muerte de carácter no  solo  extrajudicial  sino contraria a los valores y principios constitucionales,  la  cual  reviste  especiales características de gravedad tanto para los bienes  jurídicos  individuales  de  las  víctimas,  como para el conglomerado social,  para  un  total  de  treinta  y  seis  (36)  años  de  prisión.   

Entonces, fácilmente se advierte que en sede  del   principio   de   favorabilidad   resultan   aplicables  los  criterios  de  dosificación  punitiva  establecidos  en el artículo 61 de la Ley 599 de 2000,  en  cuanto  conducen a una sanción menos gravosa, como en efecto lo realizó el  Tribunal en el fallo atacado.   

Por  tanto,  la  pena que corresponde a los  condenados  por  el  concurso  de  tres (3) homicidios  agravados  es de treinta y cuatro (34) años y seis (6)  meses  de  prisión,  sin  que  la pena accesoria de interdicción de derechos y  funciones públicas sufra variación alguna.   

La  pena  principal  impuesta  al procesado  JOSE  FERMÍN  VARON coautor  del   citado   concurso   de  homicidios  agravados  no  se  modifica  en  forma  alguna.   

         

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA EN SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          1.        DECLARAR   prescrita   la  acción  penal  derivada  de  las  conductas  punibles  de  falso  testimonio,  fraude procesal,  falsedad  ideológica en documento público y falsedad en documento privado, por  las razones expuestas en la anterior motivación.   

          2.        ORDENAR, en consecuencia, la cesación del  procedimiento   adelantado   contra   los  procesados  FABIÁN  MÁRQUEZ  CARDONA, JOSÉ OBIRNE VARGAS   MARTÍNEZ,   CARLOS   VERGARA  VALENCIA,  JUAN  CARLOS  POLO COLLAZOS y JOSE  JAIRO  OLARTE  BAENA por los delitos  de   falso  testimonio,  fraude  procesal,  falsedad  ideológica  en  documento  público y falsedad en documento privado.   

3.           PRECISAR  que,  por  razón  de  la  prescripción  que  aquí  se  decreta,  la  pena principal  impuesta     a    los    procesados    FABIÁN  MÁRQUEZ  CARDONA,  JOSÉ  OBIRNE  VARGAS  MARTÍNEZ,  CARLOS      VERGARA      VALENCIA,     JUAN  CARLOS  POLO COLLAZOS y JOSE  JAIRO  OLARTE BAENA, por el concurso  homogéneo  de  tres  (3)  delitos  de homicidio agravado es de treinta y cuatro  (34)  años  y  seis  (6)  meses  de  prisión,  conservando vigencia las demás  sanciones dispuestas.   

          4.        INADMITIR   las   demandas  de  casación  presentadas   a  nombre  de  los  procesados  FABIÁN  MÁRQUEZ  CARDONA, JOSÉ OBIRNE VARGAS MARTÍNEZ, CARLOS VERGARA VALENCIA y JUAN  CARLOS  POLO  COLLAZOS, por las razones consignadas en  la anterior motivación.   

          Contra  esta  providencia  sólo  procede  el recurso de reposición  respecto de la declaratoria de prescripción de la acción penal.   

          Cópiese,    notifíquese    y    devuélvase    al    Tribunal   de  origen.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Auto  del  12  de  marzo  de  2001.  M.P.  Dr.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego, entre  otras.   

2 Ver  sentencia   del  3  de  septiembre  de  2001.  M.P.  Dr.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *