20478(29-10-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  20478   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 115  

          Bogotá   D.C.,   veintinueve  (29)  de  octubre  de  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

La  Sala  decide  el  recurso  de apelación  interpuesto  por  la defensa contra la sentencia proferida el 29 de noviembre de  2002,  por  cuyo  medio  el  Tribunal  Superior de Buga condenó al doctor   MEDARDO  GUTIERREZ FONTAL, en  su  condición  de  Fiscal  138  Seccional  de  Palmira  (Valle),  a  las  penas  principales  de  sesenta  (60)  meses de prisión y multa de ochenta y tres (83)  salarios  mínimos legales mensuales, y a las accesorias de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso y pérdida  del  cargo,  al  ser  hallado  penalmente  responsable  en  calidad de autor del  concurso homogéneo sucesivo de delitos de prevaricato por acción.   

En  la  misma oportunidad le fue revocada la  libertad     provisional,     pero     se     le     concedió    la    prisión  domiciliaria.   

HECHOS  

          Actuando  en  calidad  de  Fiscal  Seccional  138  de  Palmira en la  instrucción    adelantada   contra   Darío   Osorio  Gómez  por  el  delito  de  homicidio en Oscar  Fabio  Montealegre Zapata, el doctor  MEDARDO   ALVAREZ  adoptó,  entre otras, las siguientes decisiones:   

1.            El  7 de abril de 1995 revocó la medida  de    aseguramiento    proferida    contra    Osorio  Gómez   por considerar que el incriminado actuó  en   legítima   defensa,   y   por   tanto,   dispuso   la  preclusión  de  la  instrucción.   

2.            El  14  de septiembre de 1995 ordenó la  suspensión  de  la  detención  preventiva  del procesado, pues estimó que los  peritos  del  Instituto  de  Medicina  Legal habían conceptuado que sufría una  grave  enfermedad  al  corazón  que  no  podía ser tratada adecuadamente en un  centro carcelario.   

3.            Mediante  providencia del 3 de noviembre  de  1995 decidió no acceder a la revocatoria de la suspensión de la detención  preventiva  del  incriminado  Osorio Gómez  solicitada  por  el  Ministerio  Público, y a la vez, dispuso por  segunda  ocasión  precluir  la  investigación  en  cuanto  consideró  que  el  procesado   actuó  en  legítima  defensa,  para  lo  cual  dedicó  espacio  a  desvirtuar  lo  expuesto  por  el  ad quem  al  revocar  en  ocasión anterior la preclusión proferida por el  mismo motivo.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Con  base  en  la  denuncia  presentada  por  Oscar  Montealegre, padre de  Oscar    Fabio    Montealegre    Zapata,  quien  perdiera  la vida con ocasión de las heridas causadas por  proyectiles  de  arma  de  fuego que le disparó Darío  Osorio  Gómez, la Unidad de Fiscalías Delegadas ante  el   Tribunal   Superior  de  Cali  dispuso  el  inicio  de  la  correspondiente  investigación  previa  el  25 de junio de 1997, para luego de practicar algunas  pruebas  proferir  el  18  de  julio  siguiente  resolución  de  apertura de la  instrucción,  en cuyo marco vinculó mediante indagatoria al doctor  MEDARDO  GUTIERREZ  FONTAL, definiéndole  su  situación  jurídica el 19 de noviembre de 1998 con medida de aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional, sustituyendo  aquella  por detención domiciliaria, como presunto autor de tres (3) delitos de  prevaricato  por  acción,  a  la vez que ordenó la suspensión en el ejercicio  del cargo de Fiscal Seccional.   

          El  defensor  del incriminado interpuso recurso de apelación contra  la  providencia  que  definió  la  situación  jurídica,  pero luego presentó  desistimiento de la impugnación que fue aceptado por la Fiscalía.   

Cerrada  la  investigación,  el sumario fue  calificado  el  25  de marzo de 1999 con resolución de acusación en contra del  doctor    MEDARDO   GUTIERREZ   FONTAL   como  posible  autor  de tres (3) delitos de prevaricato por acción  en concurso homogéneo y sucesivo.   

La  etapa  del  juicio fue adelantada por el  Tribunal  Superior  de  Buga,  en  cuyo  desarrollo  se  otorgó al procesado la  libertad  provisional  garantizada mediante caución con base en lo dispuesto en  el   numeral   5º   del   artículo   415   del   derogado   estatuto  procesal  penal.   

Una  vez  surtido  el rito correspondiente y  realizada  la  audiencia  pública  el  Tribunal  profirió  sentencia  el 29 de  noviembre   de   2002,   por   cuyo   medio   condenó  al  doctor  MEDARDO  GUTIERREZ FONTAL, en su condición  de  Fiscal  138 Seccional de Palmira (Valle), a las penas principales de sesenta  (60)  meses de prisión y multa de ochenta y tres (83) salarios mínimos legales  mensuales,  y  a las accesorias de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso y pérdida del cargo, al ser hallado  penalmente  responsable  en calidad de autor del concurso homogéneo sucesivo de  delitos  de  prevaricato  por acción, agravado por la posición distinguida del  procesado  en  la sociedad (numeral 11 del artículo 66 del Decreto 100 de 1980,  numeral 9º del artículo 59 de la Ley 599 de 2000).   

En   el   fallo  se  revocó  la  libertad  provisional   otorgada   anteriormente,   pero  le  fue  concedida  la  prisión  domiciliaria.   

Entonces,  la  defensa  interpuso recurso de  alzada contra la sentencia, que se desata en esta decisión.   

SENTENCIA IMPUGNADA  

          Para proferir el fallo  condenatorio,  el Tribunal identifica las tres (3) providencias que se tildan de  prevaricadoras, así:   

          1) Resolución del 7 de  abril  de 1995: Por cuyo medio  el  procesado  revocó  la  medida  de  aseguramiento  proferida  en  contra  de  Darío  Osorio  argumentando  que se  presentaba  una situación de legítima defensa y no había nexo causal entre la  agresión y el resultado.   

          El  Tribunal  destaca que no estaban demostrados los requisitos para  reconocer   en   favor  de  Osorio  Gómez  la  causal  de justificación de la legítima defensa, pues por el  contrario,  se  encontraban  reunidas  las  exigencias  para imponerle medida de  aseguramiento,   como  en  efecto  lo  establecieron  el  Fiscal  Seccional  que  inicialmente   conoció   de   la   actuación,   así   como   el  ad  quem  al  conocer  de  la impugnación  interpuesta   contra   la  referida  medida,  razón  por  la  cual,  el  Fiscal  GUTIERREZ    contrarió  manifiestamente  los  artículos  36  y  388  del Código de Procedimiento Penal  vigente para la época.   

Unido  a lo expuesto señala que las pruebas  indican  que  entre  víctima  y  agresor  se  produjeron agravios verbales, los  cuales  fueron  repelidos por Osorio Gómez  esgrimiendo  un  machete, pero posteriormente disparó con arma de  fuego     sobre     Oscar    Montealegre,  cuando  este  se  encontraba  sentado  en el andén, todo lo cual  descarta   la   legítima   defensa   reconocida   por  el  doctor  MEDARDO GUTIERREZ.   

          Así   mismo,   precisa   que   la   declaración   de  Jorge  Enrique  Durán, quien acompañaba a  Osorio  en el momento de los  sucesos,  no  resultaba  atendible  para  dar  soporte  a  la  legítima defensa  alegada,  pues  sus  asertos  son  insulares, evidencian contradicciones y sólo  permiten  advertir  que  intentan  favorecer  al  sindicado,  circunstancias que  fueron   analizadas  por  la  Fiscalía  de  segundo  grado  al  conocer  de  la  impugnación  presentada  contra  la  medida  de  aseguramiento, y que el Fiscal  GUTIERREZ    desconoció  completamente.   

          Además,  si  bien  en  la  actuación  se acreditó que la falta de  cuidado  de  la  víctima  en  atender las prescripciones médicas determinó la  peritonitis  que  a  la  postre  causó su fallecimiento, de ninguna manera ello  facultaba  al  doctor  MEDARDO  GUTIERREZ para   descartar   el   vínculo   causal   entre  la  agresión  de  Osorio  sobre  Montealegre  con  proyectiles  de  arma de  fuego,  en punto del delito de homicidio en grado de tentativa, como lo señaló  la Fiscal Delegada ante el Tribunal.   

          Agrega  que  el procesado tergiversó las pruebas, en cuanto afirmó  que  la  víctima  había  agredido  con  piedras,  y  luego  con  un cuchillo a  Osorio  Gómez, circunstancia  esta última que no encuentra soporte en las diligencias.   

          También    aduce   el   Tribunal   que   el   doctor   GUTIERREZ           FONTAL  aseveró  en  su  decisión que la  Fiscal  de  segundo  grado  no  había  reconocido  la  legítima defensa por no  existir  proporcionalidad entre la reacción y el ataque injusto de Montealegre,  cuando  en verdad, la Fiscal  lo   que  señaló  fue  que  no  hubo  agresión  de  este  sobre  Osorio Gómez.   

          2)  Resolución del 14  de  septiembre  de  1995:  A  través   de   la   cual   el   doctor   GUTIERREZ  FONTAL  suspendió   la   detención   preventiva  del  incriminado  Osorio          Gómez,  por considerar que sufría de grave enfermedad  al corazón.   

          El  a  quo expone  que    el    experticio    forense    practicado   al   procesado   Osorio  Gómez diagnosticó que sufría de  una  enfermedad  coronaria, y que se hacía necesario realizar otros exámenes y  obtener  ciertos  conceptos médicos especiales para completar el dictamen, pese  a  lo  cual,  el  doctor  MEDARDO GUTIERREZ   caprichosamente  inventó  que  el  procesado  tenía  una  grave  enfermedad,  con base en lo cual decidió suspender la detención preventiva que  le fue impuesta.   

          Por  tanto,  concluye el Tribunal que si el incriminado Osorio  no  sufría  la  enfermedad  grave  exigida  por  el  artículo  407  del  Decreto  2700  de 19991 para suspender la  detención  preventiva, el doctor GUTIERREZ   adoptó  una  decisión  ostensiblemente  contraria  al  referido  precepto;  además,  advierte que la mencionada suspensión fue concebida por el  legislador  para  preservar la salud del enfermo y procurar su restablecimiento,  en  tanto  que  el Fiscal MEDARDO GUTIERREZ  la  dispuso  para  que el procesado Dario  Osorio  se  practicara  los  exámenes  y  se  hiciera  valorar  por el cardiológo a fin de establecer si su enfermedad era o no grave;  es  decir,  primero  suspendió  la  detención,  y  luego  si  dispuso  que  se  verificara si se daban o no los presupuestos legales para ello.   

          Para  acreditar  que  el comportamiento del sindicado fue doloso, el  Tribunal   resalta  que  cuando  la  Personera  Delegada,  doctora  Clara  Inés  Hurtado, se presentó con el  escrito  de sustentación del recurso de apelación que interpuso al notificarse  de   la   providencia   que  suspendió  la  detención  preventiva,  el  doctor  GUTIERREZ le solicitó que la  palabra   “apelación”  fuera   sustituida   por   “reposición”,  con  lo  cual  consiguió que la referida providencia no fuera  revisada  en  segundo  grado,  “asegurando  así  el  resultado  ilícito  de  suspender  la privación de la libertad de un sindicado  que  no padecía grave enfermedad para que, de acuerdo a lo dispuesto en la ley,  pudiera  gozar  de  ese beneficio, por lo que el capricho y la voluntad ilícita  del  Fiscal  pasaron  a  gobernar  ese momento del proceso penal a su cargo, con  grosero      y      frontal     desplazamiento     de     la     ley”.   

          3) Resolución de 3 de  noviembre  de  1995:  Mediante  la  cual  el funcionario procesado precluyó la investigación adelantada contra  Darío  Osorio  aduciendo  que  los  testimonios           de          Eduardo  Villegas,     Carlos  Madrigal    y   Medardo  Colorado  acreditaban  la situación de legítima defensa  en       la      que      actuó      Osorio,   que  faltaba    el    nexo    causal    y    que    este    actuó   sin   propósito  homicida.   

          Comienza  el a quo  por  destacar  que  no  se  encontraba  demostrada  plenamente  la situación de  legítima      defensa     que     reconoció     el     Fiscal     GUTIERREZ  como lo exigía el artículo 36  del  derogado  estatuto  procesal  penal  para precluir la investigación, y que  además,  los  testimonios  en  los  cuales se fundamentó la providencia fueron  incorporados  por  mención  tardía  que  formulara la compañera del procesado  Dario  Osorio, circunstancia  negativa  en  punto de la valoración de su imparcialidad, además de evidenciar  múltiples contradicciones.   

Destaca   por   ejemplo   que  el  testigo  Villegas  Mosquera  expresó  que   en  dos  oportunidades  el  sindicado  fue  advertido  del  comportamiento  traicionero  de  la  víctima,  circunstancia que ni siquiera es relatada por el  propio  sindicado, y además el testigo señaló que el incriminado Dario  Osorio disparó contra Montealegre   cuando  lo  tenía  encima,  aseveración   falsa,   habida   cuenta   que   Osorio  Gómez  dijo  haberle  disparado  a  tres  metros,  e  inclusive  otro  testigo,  Enrique  Durán,  afirmó  que  el  disparo  se  produjo a unos ocho o diez metros.   

En consecuencia, estimó el Tribunal, que el  Fiscal  se apartó de las reglas de valoración de las pruebas para plantear una  “torcida   consideración   probatoria”,  “en actitud claramente parcializada  y  carente  de  toda objetividad los declaró creíbles  (los  testimonios  de  Eduardo  Villegas,   Carlos             Madrigal        y       Medardo            Colorado,    se   aclara)   y  sobre  esa  base se inventó con su propio capricho apoyada en la  falacia  de  los  nuevos  declarantes,  una  legítima defensa inexistente en el  proceso”.   

         

          Adicionalmente   el   a   quo   señala   que   en   esta   providencia  el  doctor  MEDARDO  GUTIERREZ inicia afirmando que se  pronunciará  sobre  el  recurso  de  reposición  interpuesto  por la Personera  Delegada  contra  la decisión de suspender la detención preventiva, y entonces  reconoce  que  faltaba  determinar  la gravedad de la enfermedad, pero a su vez,  con   base   en   el   ecocardiograma  practicado  por  el  doctor  Narváez,   dice  que  tal  requisito  se  encuentra  ahora  satisfecho,  pese  a que el referido médico no afirmó que la  enfermedad  fuera grave, sino que la afección cardiaca registra episodios leves  y  triviales,  mientras  que  otras  partes  del  corazón las reporta normales,  circunstancia   que   denota  una  vez  más  que  el  procesado  subvirtió  lo  establecido  en  el  artículo  407  del  anterior estatuto procesal penal, para  hacer  viable  la  suspensión  de  la  detención  preventiva  de  Osorio Gómez.     

          También  agrega el Tribunal que si bien en la providencia el Fiscal  expone  que  en  la  parte resolutiva mantendrá la suspensión de la detención  preventiva,  finalmente  omite  pronunciarse  sobre  ello,  pues “dicha  parte  de  la providencia la destina a concretar su principal  propósito  torcido  cual  es  el de ordenar la preclusión de la investigación  acudiendo  a  parcializadas  argumentaciones  y a la tergiversación probatoria,  bases   espurias   que   le   sirven   para   consolidar   su  dolosa  decisión  manifiestamente contraria a la ley”.   

Con  base  en  lo  expuesto,  el  Tribunal  consideró   demostrada   la   materialidad   de  los  delitos  imputados  y  la  responsabilidad  del  procesado,  como en la vista pública fue planteado por la  Fiscalía,    y    en    consecuencia,    condenó    al   doctor   MEDARDO  GUTIERREZ  FONTAL en su condición  de Fiscal 138 Seccional de Palmira en la forma ya señalada.   

LA IMPUGNACIÓN  

No  obstante  la  referencia  a  múltiples  aspectos  que contiene el escrito sustentatorio del recurso, el defensor refiere  su  argumentación  a  cada  una  de  las  tres (3) providencias que el Tribunal  consideró  manifiestamente  contrarias  a  la  ley, que se exponen sucintamente  así:   

          1) Resolución del 7 de abril de 1995:   

          Asevera     el     impugnante    que    el    doctor    GUTIERREZ    revocó    la   medida   de  aseguramiento  proferida en contra de Dario     Osorio,  reconoció  una  situación de legítima defensa y adujo la inexistencia de nexo  causal,  porque  efectivamente la agresión se produjo por parte de la víctima,  quien  era  un  drogadicto; se refirió al arma cortopunzante sin intentar crear  la  confusión  que  le  endilga  el  Tribunal; se apartó de lo expuesto por la  Fiscalía   de   segundo   grado   de  conformidad  con  argumentos  doctrinales  razonablemente aplicables al asunto.   

          También   manifiesta   que   no   se   evidencian   contradicciones  trascendentes  entre los declarantes que favorecían los intereses del procesado  Dario  Osorio; este disparó  inicialmente    al    aire    para   eludir   la   agresión   de   Montealegre,    pero    no    consiguió  contenerlo,  circunstancia que determinó un segundo disparo para defenderse del  ataque;  la  decisión no es manifiestamente contraria a los artículos 36 y 388  del  anterior  estatuto  procesal, pues cuenta con una fundamentación jurídica  soportada  en  el recaudo probatorio; además, la providencia revela voluntad de  acertar,  lo  cual  excluye  la  presencia  de  dolo  en  el doctor MEDARDO            GUTIERREZ,  quien  adelantó  un  estudio  juicioso  sobre  la  inexistencia  del  nexo  causal a partir de los dictámenes  médicos y los testigos técnicos sobre el tema.   

          2) Resolución del 14 de septiembre de 1995:   

          Argumenta     el     apelante    que    el    doctor    GUTIERREZ           FONTAL suspendió la detención preventiva  del   incriminado   Osorio  Gómez teniendo en cuenta el  dictamen  médico  legal  y conceptos especializados, con el propósito de poner  en  peligro  la  vida  del  procesado,  circunstancia que permite evidenciar que  actuó de buena fe.   

          Agrega  que  el  incumplimiento  de las complejas recomendaciones no  puede  ser  atribuido como prevaricato; también dice que el Tribunal no valoró  en  conjunto  la  prueba  y  que  además descartó o ignoró los testimonios de  defensa,  en  tanto  que otorgó credibilidad a las declaraciones de cargo, como  la   de   la   Personera   Delegada  Clara     Inés  Hurtado    Durán.   

Así  mismo,  reprocha  que  el a   quo  no  otorgara  credibilidad  a  lo  expuesto  por  la  Fiscal  Coordinadora,  la  Jefe de la secretaría común y el  notificador  de  las  fiscalías  seccionales  de  Palmira,  acerca  de  que con  frecuencia  los  personeros  interponían  recurso  de  apelación y cambiaban a  recurso   de   reposición   o  viceversa  sin  que  mediara  solicitud  de  los  Fiscales.   

          Finalmente  señala  el defensor que la ubicación de la oficina del  doctor  MEDARDO GUTIERREZ  hacía poco menos que imposible  acceder   a   la   Personera   Delegada,   en   la   forma   en   que   esta  lo  declaró.   

          3) Resolución del 3 de noviembre de 1995:   

          Manifiesta  el defensor que su procurado precluyó la investigación  adelantada   contra   Darío  Osorio  aduciendo  que  los  testimonios   de   Eduardo  Villegas,   Carlos             Madrigal        y       Medardo            Colorado  acreditaban  la  situación  de  legítima  defensa  en la que actuó Osorio,  que  faltaba  el  nexo  causal  y  que este actuó sin propósito  homicida,   por   considerar   que   los   referidos  declarantes  no  generaban  desconfianza.   

          También   anota  que  Eduardo   Villegas  y  Héctor    Madrigal  coinciden  en referir el disparo  al  aire  que  inicialmente realizó Osorio  Gómez, con lo  cual   el  doctor  GUTIERREZ  asumió  que  el  procesado  no tenía ánimo de causar la muerte a Montealegre    y    que    al   analizar  ponderadamente  que  no  existía  tentativa  de homicidio en atención a que la  muerte   se   produjo   por   causas   ajenas  a  la  voluntad  de  Dario             Osorio,  quien simplemente reaccionó ante  la  agresión  de la víctima, no había posibilidad diversa a la de disponer la  preclusión de la investigación.   

Entonces  agrega  que  de  acuerdo  con  lo  expuesto   no   se   advierte   que  lo  decidido  por  el  doctor  MEDARDO            GUTIERREZ  contrariara  manifiestamente la  ley.   

Destaca el impugnante que no se ha tenido en  cuenta    el    testimonio   de   Roberto     Arturo  Polo     González,  declaración  que  revela  la  buena  fe  del  Fiscal  acusado,  sin que la contrariedad de su decisión con el  pronunciamiento  de  segunda  instancia  pueda  por  ese  solo hecho ser llamado  prevaricato,  pues  el  desacuerdo  de  tesis entre funcionarios no conduce a la  comisión  del  referido  delito,  como  reiteradamente  lo  ha  señalado  esta  Corporación.   

Con  base  en  lo  expuesto,  el  impugnante  solicita  a  la  Corte  “la revocatoria de su condena  por  no  ser  autor  de  manera  dolosa  de  la  conducta  que  se  endilga como  prevaricadora”.   

A  fin  de evitar repeticiones innecesarias,  los  argumentos del recurrente serán expuestos y contestados puntualmente en la  parte motiva de la presente decisión.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La  Sala  es  competente  para  resolver  el  recurso  de apelación interpuesto por la defensa contra la sentencia dictada en  este  proceso,  de  conformidad con lo dispuesto en el numeral 3º del artículo  75  del Código de Procedimiento Penal, pues la acción penal es ejercida contra  un  Fiscal Seccional de Palmira (Valle) que fue juzgado en primera instancia por  el Tribunal Superior de Buga.   

Conforme  se  había  anunciado,  la  Sala  abordará  cada  uno  de  los  aspectos  postulados  por  el impugnante para dar  sustento a su pretensión absolutoria, de la siguiente manera:   

          1) Resolución del 7 de  abril de 1995:   

          Para la Sala carecen de  razón  los  argumentos  planteados  por  el  impugnante,  habida  cuenta que el  reconocimiento  de  la  situación  de  legítima  defensa  por parte del doctor  MEDARDO  GUTIERREZ   en  favor  del  incriminado   Dario  Osorio  Gómez carecía evidentemente  de soporte probatorio, por varias razones:   

          El  2 de junio de 1994  se  había  proferido  en  contra  de  este medida de aseguramiento de carácter  detentivo  como posible autor del delito de homicidio, providencia confirmada en  segunda  instancia el 29 de julio del mismo año, sin que posteriormente hubiera  variado  la prueba en punto de la forma en que ocurrieron los sucesos, como para  que  se  desvirtuaran  los  supuestos  de la medida cautelar de índole personal  impuesta.   

          En efecto, en el lapso  comprendido  entre  la  confirmación  de  la medida de aseguramiento en segundo  grado  y la providencia objeto de análisis, se recibió ampliación de denuncia  a         Oscar  Montealegre,  en  la cual se  limitó  a  suministrar  datos para ubicar a algunos testigos, fueron escuchados  en  declaración a los agentes de policía que conocieron del procedimiento; fue  recibida  la historia clínica  de la víctima; se recepcionó declaración  a  los  médicos  Jorge Prieto  Peñuela       y  Oscar  Alonso Plaza Patiño,  y    a    la   enfermera  Alba   Miryam   Bedoya  de  González, quienes refirieron  detalles  de  las  complicaciones  que tuvo el herido hasta cuando se produjo su  muerte  y se recibió dictamen médico acerca de las causas del fallecimiento de  Oscar   Fabio  Montealegre  Zapata.   

          También se escuchó en  declaración  a  María Luisa  Montealegre                 y  María  del  Carmen  Montealegre  quienes  fueron    enfáticas    en    señalar   que   no   presenciaron   los   sucesos  acaecidos.   

          Como puede observarse,  si  en virtud de lo dispuesto en el artículo 412 del derogado estatuto procesal  penal,  la  revocatoria  de  la  medida  de  aseguramiento era procedente cuando  sobrevinieran  pruebas  que  la  desvirtuaran,  pronto  advierte  la Sala que el  doctor   MEDARDO  GUTIERREZ  no se sujetó a tal exigencia  dispuesta  por  el  legislador,  pues  sin  que  variara  el  recaudo probatorio  respecto  de  la acreditación o no de la legítima defensa alegada, simplemente  procedió  a  efectuar  un  nuevo  estudio de los mismos elementos de juicio que  condujeron  a  su antecesora y a la fiscalía de segundo grado a proferir medida  de   aseguramiento,   para   entonces  “REVOCAR  LA  MEDIDA  DE  ASEGURAMIENTO  de detención preventiva que  pesa  contra  el  señor DARIO OSORIO GOMEZ”1.   

          Sobre  el punto ha expuesto la Sala que la exigencia de prueba nueva  que  desvirtúe los presupuestos que determinaron la imposición de la medida de  aseguramiento  “se  justifica en la necesidad de que  la  petición  tenga  un  soporte  probatorio  nuevo,  capaz  de  desvirtuar los  fundamentos  sobre  los cuales se optó por imponer la medida de aseguramiento y  darle  así  un propósito distinto al que el legislador  le atribuye a los  recursos,  ya  que  se  requiere  que  la  resolución  que  impone la medida de  aseguramiento  se  encuentre  formalmente  ejecutoriada  y  se  sustente en unos  nuevos  elementos  de  juicio,  por  cuanto  su  formulación no está llamada a  revivir  momentos  precluidos,  ni  es alternativa del ejercicio de los recursos  ordinarios,  sino  como  una  opción,  distinta,  factible cuando concurran los  elementos   señalados”2.   

          Considerar  como  lo  menciona  el impugnante, que la condición de drogadicto del occiso hace suponer  de   acuerdo   a  las  reglas  de  la  experiencia  que  este  mantenía  cierta  “sensibilidad”  por  el  constante  rechazo  de sus prácticas, y ello desencadenó su agresión  contra                   Osorio,  es  una  percepción  que  en  nada  acredita  la  procedencia  de  revocar  la medida de  aseguramiento  que  había  sido  impuesta,  se reitera, ante la inexistencia de  elementos     probatorio     novedosos    que    la    desvirtuaran.     

          En  cuanto  se  refiere  a  que  el  Fiscal  acusado expresó que la  víctima  empuñaba,  además de las piedras, un arma cortopunzante (cuchillo) y  que  tal  aseveración  no  tenía  el  propósito  de  crear confusión como lo  señaló  el  Tribunal,  suficiente  resulta destacar que sobre la presencia del  mencionado   instrumento   en   poder  de  Montealegre  Zapata  adujo  la  Fiscalía  al  imponer la medida de  aseguramiento:  “Darío Osorio Gómez y Jorge Enrique  Durán  Velasco  son  los  únicos  que  sostiene  objetivar  en  la víctima la  supuesta  arma  cortopunzante.  Extrañamente  los demás no la vieron y algunos  refieren  haber  visto en sus manos una prenda de vestir. Y aceptamos en vía de  discusión   la  veracidad  del  implemento.  Tampoco  sería   un   argumento  de  peso  y  envergadura  a  estructurar  la  legítima  defensa.    Existe   absoluto   desface   entre   la  proporcionalidad   del   ataque   al  acto  de  agresión  que  lógicamente  lo  desnaturaliza.  Ningún peligro reviste esta clase elemento mientras no se esté  en    proximidad    de    quien    se    quiere    hacer    víctima”3 (subrayas fuera de texto).   

A su vez, sobre el mismo tópico se expresó  en   la   providencia  que  confirmó  la  medida  asegurativa:  “Se  precisa  pues  que  a  pesar  de  que  las  personas  que se han  relacionado  como  declarantes,  estuvieron  presentes en el sitio escena de los  acontecimientos,  no  todos señalan a OSCAR FABIO provisto de un arma y las que  hacen  referencia  de  que este llevaba consigo un cuchillo, lo exponen en forma  insegura,  como  es  el caso de DURAN VELASCO y del agente de la policía WILIAM  ROA  PAZ,  quien  explicó  en  su  declaración  que  pudo  observar  que en el  ‘piso  había  como  una  camisa  y  debajo  como  un cuchillo…’.  Por tanto es un imposible jurídico por  ahora  pensar  positivamente  que  MONTEALEGRE estuviera provisto de un cuchillo  con  el  cual  agrediera  al  sindicado”4   (subrayas  fuera de texto).   

Así las cosas, palmario resulta que en aquel  estadio     procesal     el     doctor     GUTIERREZ  FONTAL carecía de los supuestos probatorios y legales  para  revocar la medida de aseguramiento, como no fuera valorar sesgadamente las  declaraciones,   las   mismas   que   determinaron  su  imposición,  vislumbrar  forzadamente  una  agresión  de la víctima al procesado y estructurar a partir  de  ello  una respuesta lesiva amparada por la legítima defensa para este, como  en efecto ocurrió.   

          Es   oportuno   señalar   que   si   bien  el  doctor  MEDARDO    GUTIERREZ   planteó   en   la  providencia   analizada   los   motivos   por   los  cuales  no  compartía  los  planteamientos  de  la  Fiscal  de segunda instancia, tal circunstancia no tiene  por  sí  misma la virtualidad de descartar la manifiesta contrariedad de la ley  con  lo  decidido,  pues  se reitera, el artículo 412 del Decreto 2700 de 1991,  como  ahora  lo  establece  el  artículo 363 de la Ley 600 de 2000, exigía que  sobrevinieran  pruebas  que  desvirtuaran  la  medida de aseguramiento, para que  fuera  viable  su  revocatoria, circunstancia que no se presentó en este asunto  respecto  de  la  legítima defensa reconocida por el Fiscal acusado con base en  las  misma  pruebas  que  determinaron  la  imposición  de  la  referida medida  cautelar de carácter personal.   

          Respecto  de  la  ausencia  de  contradicciones trascendentes en los  testimonios  que  favorecían  los  intereses del Dario  Osorio,  necesario  se  ofrece  resaltar  que  para el  momento  en  que el doctor GUTIERREZ FONTAL  revoca  la  medida  de  aseguramiento,  sólo  obraba en favor del  procesado  la  declaración  de  Jorge  Enrique Durán  Velasco,  quien  brinda  una  versión  de los sucesos  sustancialmente   diversa   a   la   declarada  por  los  testigos  presenciales  Nestor   Raul   Rojas   Iriarte,   Fernando  Libreros  Martínez,  Elder  Martínez  de Libreros y Juan Carlos Valencia Murillo.   

          En  cuanto  comporta  la acreditación de un disparo inicial al aire  que  realizara  el  procesado  Dario Osorio,  encuentra  la  Sala  que  para  el  momento  en que se produjo la  resolución  estudiada,  tal  circunstancia  únicamente  fue  expuesta  por  el  incriminado    y    por    Jorge    Enrique   Durán  Velasco, pero a su vez, fue desvirtuada por los demás  testigos  señalados  en  precedencia,  quienes son coincidentes en señalar que  luego       de       la       discusión,       y       cuando      Montealegre se encontraba en un andén, el  sindicado  Osorio  Gómez le  disparó.   

         

Adviértese, además, que los relatos de los  testigos   son   coincidentes   en   punto   de   la   huida   de   Montealegre   al  ser  amenazado  con  un  machete   por   parte   de   Dario  Osorio,  circunstancia  que  permite  vislumbrar que resultaba innecesario  herir  con  arma  de  fuego  al  muchacho  que  discutía  con  este, pues otros  mecanismos,  como  el  inicialmente  intentado  habrían  bastado para eludir su  agresión verbal.   

          Por  el  contrario de lo expuesto por el defensor estima la Sala que  si      no     se     encontraba     “plenamente  demostrada     una     causal     excluyente     de  antijuridicidad”, y existían múltiples pruebas, no  únicamente  indicios, que comprometían de manera importante la responsabilidad  del     incriminado     Osorio    Gómez,  la providencia estudiada irrumpe como manifiestamente contraria a  la  ley, no solo a los artículos 36 y 388 del anterior estatuto procesal penal,  sino  también  al  artículo  412  ibidem,  dado  que  como  quedó  demostrado,  no existían pruebas nuevas  sobre  la  ocurrencia  de  los  hechos  que  desvirtuaran  las tenidas en cuenta  para  proferir la medida de aseguramiento.   

          Tampoco  es cierto que  la  decisión  permita  advertir  voluntad  de  acertar,  pues por el contrario,  pronto  se evidencia que la argumentación y fundamentación que en ella plantea  el     doctor    MEDARDO  GUTIERREZ  ponen de presente  la  conciencia  de  su  actuar  antijurídico  como que se aparta de la realidad  probatoria  en  procura de conseguir un propósito, cual fue el de beneficiar al  procesado      Osorio  Gómez.   

         En   efecto,   luego   de  señalar  las  pruebas  obrantes  en  la  actuación,  y al adentrarse a analizar la presencia de la legítima defensa, el  Fiscal  acusado expuso: “Respetando profundamente la  exposición  de  la señora Fiscal FANNY DAVILA DE RAMIREZ, de fecha 29 de julio  de  1994 donde manifiesta la inexistencia de la Legítima Defensa en la falta de  proporcionalidad  que  debe existir entre el agredido y el agresor; como lo dije  al  principio  respeto  profundamente  el  criterio  de  nuestra  querida Fiscal  Delegada,  pero  que  no  comparto  porque a esa altura procesal no existía las  nuevas  pruebas  que  se  han  allegado a la sumaria, reconociendo sí que a esa  altura   procesal   podía   ser  esa  una  disquisición  aceptable”5.   

         Si  como atrás se dijo, en punto de la ocurrencia de los hechos no  había  prueba  nueva  a  la  valorada  al  momento  de  imponer  la  medida  de  aseguramiento  y para cuando fue confirmada en segundo grado, carecen de soporte  fáctico  las afirmaciones plasmadas en la decisión analizada, donde una y otra  vez   se   dice   respetar  lo  decidido  por  el  ad  quem,  pero  acto  seguido,  con  el  pretexto de una  realidad   probatoria   nueva,   en  todo  caso  inexistente,  se  efectúa  una  valoración  sui generis de  las  pruebas, dirigida a favorecer los intereses del procesado, para culminar en  la  revocatoria  de  la  medida  de  aseguramiento  y  en  la  preclusión de la  investigación.   

         No  hay duda que lo expuesto también conduce a la certeza sobre la  presencia  de dolo en la conducta del doctor GUTIERREZ  FONTAL,  pues  no  de  otra  manera  se  concibe  que  reconozca  que  se  va  a  apartar  de  lo  expuesto por la Fiscalía de Segunda  instancia,  y que argumente de manera inconsistente un nueva realidad probatoria  inexistente.   

             

          En cuanto se refiere al  estudio  que  sobre  el  nexo  causal  adelantó  el  doctor MEDARDO        GUTIERREZ,  y  que destaca su defensor, pronto se advierte  que   tal   valoración   de   los  medios  probatorios,  (historia  clínica  y  declaraciones  de  médicos y enfermera que conocieron de la intervención y del  post-operatorio),  quebranta  abruptamente  las  reglas  de  la  sana  crítica,  especialmente  los principios de la lógica y más en particular las leyes de la  física.   

          Así,          pues,          el         doctor         GUTIERREZ   expuso   en   su   decisión:  “En  el  presente caso que nos distrae la atención,  la  muerte  de  Montealgre  Zapata se produce por una concausa que sobreviene al  presentarse  una  infección  a  consecuencia  de  la  inmunodepresión  y al no  seguimiento  de  las  órdenes  post-operatorias”, y  más  adelante  reiteró  “el  paciente  sale  de la  cirugía  debidamente reparado, es decir, fuera de peligro porque la trayectoria  de  los  proyectiles  no era de tal peligrosidad que le cegara la vida, sino que  se    interpone    una    concausa   de   la   infección   séptica”6.     

          Por  tanto,  resulta  bastante  curioso,  por decir lo menos, que el  doctor   GUTIERREZ   FONTAL  reconozca   la   presencia   de  una  concausa  en  la  muerte  de  Montealegre   Zapata  determinada  por  su  falta  de  cuidado  en  el  post-operatorio,  pero  a su vez, descarta cualquier  imputación    fáctica    al    comportamiento   del   procesado   Osorio  Gómez.  Esto  es, si se acepta la  ocurrencia  de  una  concausa,  quiere  ello  decir  que  a  la causa inicial se  adicionó  una  causa  nueva que confluyó al resultado final, sin que por ello,  obvio  es  decirlo,  desaparezca  del  mundo  físico  la  causa  inicial,  cuya  importancia  corresponde  valorar cotejando el aporte al resultado de la segunda  causa.   

Ahora  bien,  si  al  analizar  las  causas  determinantes  del  resultado  se  advierte  que  sólo una de ellas bastó para  producirlo,  desaparece lógica y físicamente la existencia de la concausa, por  no guardar vínculo alguno con la relación causa-efecto valorada.   

Pero aún más, ilógico resulta afirmar que  si  una  persona  agredida  y lesionada es cabalmente atendida por los médicos,  quienes  logran  restaurar  su  cuerpo  o  su salud, desaparece con ello el nexo  causal  entre  la  conducta  del autor del ataque y el daño restaurado, pues lo  cierto  es  que  la  conducta  fue  desplegada  y  con  ella se produjo un daño  (integridad  personal) o un peligro (vida) a bienes jurídicos protegidos por el  Estado;  la  recuperación posterior es asunto diverso que no tiene aptitud para  negar la existencia material del atentado.   

Lo  expuesto conduce a señalar que también  el    doctor    GUTIERREZ  quebrantó  de  manera protuberante y grosera lo dispuesto en el artículo 21 de  Decreto  100  de  1980,  al  negar  cualquier  nexo causal entre los disparos de  Osorio  Gómez y la muerte de  Montealegre  Zapata, siquiera  para  plantear,  en  gracia  de  discusión, un homicidio en grado de tentativa,  como lo presentara la Fiscal de segunda instancia.   

Por las razones expuestas, se confirmará el  fallo  impugnado  respecto  de  la  conductas penal atribuida por razón de esta  decisión.   

          2)  Resolución del 14  de septiembre de 1995:   

          Estima  la  Sala  que  tampoco  en punto del estudio de la decisión  anunciada,   por   cuyo   medio  el  doctor  GUTIERREZ  FONTAL   suspendió   la  detención  preventiva  del  procesado  Osorio  Gómez, se  evidencia que asista razón a los planteamientos del defensor.   

          Si     bien    el    doctor    GUTIERREZ  FONTAL  procedió  de  la  forma indicada, teniendo en  cuenta  para  ello  el  dictamen  médico  legal, según el cual, el incriminado  Osorio  Gómez  sufría  de  “varios  riesgos  coronarios,  como son la obesidad,  dislipidemia  e hipertensión y de su enfermedad actual el cuadro clínico de 72  horas  de  evolución  consistente  en  dolor precordial opresivo acompañado de  náuseas,  mareos  y  malestar general”, lo cierto es  que  en  tal  concepto  médico  no  se  dijo,  ni  con  criterios  lógicos  de  ponderación  puede llegar a deducirse que el procesado sufriera “grave  enfermedad”,  como  lo exigía el  artículo 407 del anterior estatuto procesal penal.   

          Además,   en  la  referida  decisión  el  Fiscal  acusado  anotó:  “Por  último  recomiendan  los  señores  médicos  legistas  que  para  completar  la  experticia  debe  aportar la valoración por  internista  y/o  cardiólogo,  además  de  los  exámenes sugeridos”7,  circunstancia  que  permite  aseverar  que el dictamen no solo no  daba  cuenta  de  la  enfermedad grave requerida por el precepto citado para que  procediera  la suspensión de la detención preventiva, sino que además, echaba  de  menos  otros  diagnósticos  y  exámenes, lo que en sana lógica descartaba  cualquier   posibilidad   de   acceder   a   la   solicitud  presentada  por  la  defensa.   

          También  se  tiene  que  más adelante en la decisión que viene de  estudiarse,  el  doctor  MEDARDO GUTIERREZ  expresó:  “Los galenos Legistas opinan  en  su  dictamen  que  efectivamente  el  señor  DARIO OSORIO GOMEZ, padece una  enfermedad  grave  a  nivel  de  corazón  y  que  por tal motivo no puede estar  recluido  en  el  sitio  carcelario por cuanto deben practicársele una serie de  exámenes  y  valoraciones  cardiacas  que   no pueden hacerse en el centro  penitenciario  habida  cuenta  que  allí el estrés, la presión, la dificultad  para  trasladarlo  a un centro médico de urgencias, pone en peligro la vida del  señor  Osorio  Gómez”8   

          Pese  a  lo  expuesto,  pronto  advierte  la  Sala  que  el referido  dictamen  médico  legal  informaba una situación sustancialmente diversa, pues  allí  se  anotó: “En base al exámen (sic) clínico  y  paraclinicos  aportados  es  un  examinado  con antecedentes de hipertensión  arterial    no    controlada    y    con   episodios   isquemicos   ‘angina’ a nivel del corazón; con tratamiento  Médico   inicial.   Al   momento  de  la  experticia  está  compensado  en  su  sintomatología,  debe  ser  evaluado por cardiólogo  periódicamente  y  realizarse  otros  paraclínicos como prueba de esfuerzo y/o  ecocardiograma  con el fin de realizar un diagnóstico concreto (…) Para poder  completar  la experticia debe volver aportando la valoración por internista y/o  cardiólogo  y  los  exámenes sugeridos”9   (subrayas  fuera de texto).   

          Es   decir,  no  era  cierto  que  los  médicos  legistas  hubieran  dictaminado   una   “enfermedad  grave  a  nivel  de  corazón”,  ni  que  hubieran  expuesto  que por tal  motivo   el   incriminado   Osorio  Gómez  no podía estar recluido en un establecimiento carcelario. Tampoco  resultó  verídico  que el dictamen señalara que la práctica de los exámenes  y  valoraciones no podían hacerse en el lugar de reclusión por “el  estrés,  la  presión,  o  la  dificultad para trasladarlo a un  centro médico de urgencias”.   

          En   suma,   lo   destacado   pone  al  descubierto  que  el  doctor  GUIERREZ     adicionó  caprichosamente  y  a  su  acomodo  el  dictamen  médico,  para con base en tal  distorsión,  construir  y  fundamentar la decisión manifiestamente contraria a  la  ley  que  adoptó, sin que se dieran los presupuestos legales dispuestos por  el  legislador  para  conceder  la  suspensión  de  la detención preventiva al  procesado   Dario   Osorio,  circunstancia  que  a  la postre desvirtúa de manera palmaria la buena fe en el  Fiscal acusado, alegada por el impugnante.   

En  cuanto  se  refiere  a  que  el  Fiscal  MEDARDO  GUTIERREZ  también  valoró  para  adoptar  su  decisión  lo  expuesto  por el médico Harold   Rodríguez   quien  refirió  en  Dario     Osorio    un  “cuadro   coronario   agudo  y  urgente”,   baste   señalar  que  en  la  providencia   del  14  de  septiembre  de  1995 ninguna referencia se plantea sobre el punto, circunstancia  que deja sin soporte la afirmación del defensor en tal sentido.   

          Ahora  bien,  respecto de lo expuesto por el apelante, en el sentido  de  que  por  mediar  “un error del funcionario ante  unas  recomendaciones  complejas  como  son las médicas, no puede atribuírsele  prevaricato”,  una  vez  más  el recaudo probatorio  desvirtúa  su  aserto,  pues de las transcripciones anotadas anteriormente, sin  esfuerzo  alguno  advierte  la  Sala que el dictamen médico legal planteaba sin  dubitación  alguna  la necesidad de nuevas valoraciones y exámenes para rendir  el  concepto  técnico solicitado sobre la gravedad de la enfermedad, y además,  nada  diferente a la intención dolosa de proferir una decisión ostensiblemente  contraria   a   la   ley,   permite   entender   que   el   doctor  GUTIERREZ  FONTAL  dirigiera su esfuerzo a  plasmar   consideraciones  y  observaciones  mentirosas,  no  contenidas  en  el  referido   dictamen,   con  el  único  propósito  de  favorecer  al  procesado  Osorio con la suspensión de  la  detención preventiva, sin que hubiera soporte probatorio claro y definitivo  para adoptar tal providencia.   

          Oportuno  se  ofrece  señalar  que  si  bien  el  concepto  médico  corresponde  a  un  conocimiento  especializado  y  en principio ajeno al doctor  MEDARDO   GUTIERREZ,   se  evidencia  sin  dificultad  que  la conclusión del dictamen era suficientemente  clara,  en  el sentido de requerir otras valoraciones y exámenes para rendir el  experticio  solicitado,  sin  que  entonces  pueda pretextarse que se trataba de  “recomendaciones        complejas”, como lo asevera el apelante.   

          En  punto  de  la queja del defensor acerca del valor otorgado en el  fallo  a la declaración de la Personera Delegada Clara  Inés  Hurtado  Durán, suficiente resulta señalar que  su  aporte  sobre  la  responsabilidad del procesado no radica en informar sobre  aspectos  de  la  vida personal de este, o si pertenece o no la masonería, sino  en   señalar   que   cuando  se  presentó  en  la  Fiscalía  con  el  escrito  sustentatorio  del recurso de apelación que interpuso contra la providencia que  suspendió  la detención preventiva, el Fiscal MEDARDO  GUTIERREZ   le  solicitó  que  borrara  el  término  “apelación”  y  anotara  “reposición”,  para  lo  cual  le  facilitó  los  medios  necesarios,  y en efecto, tal circunstancia se  evidencia  en  el  original  del  referido documento10,  así  como  con  la  prueba  técnica    que    al    respecto   se   practicó11,    circunstancias    que  corroboran lo afirmado por la citada declarante.   

          Lo  expuesto  en  precedencia  permite vislumbrar, como en efecto lo  destacó   el   Tribunal,   que  el  doctor  GUTIERREZ  FONTAL  tenía  un  especial interés en evitar que su  providencia  fuera  conocida  en  segundo  grado,  pues muy seguramente allí se  detectaría  su  desafuero,  circunstancia  que  lo  llevó  a  solicitar  a  la  Personera   Delegada   que   no   instaurara  recurso  de  apelación,  sino  de  reposición,   de   tal   manera   que  él  mismo  se  pronunciaría  sobre  el  tema.   

          Pero  aún  más, al conseguir que la Personera Delegada accediera a  su  pretensión, el Fiscal procedió a confirmar la providencia argumentando que  con  base  en  el  electrocardiograma  practicado  al  incriminado  Osorio  Gómez,  se  había establecido la  gravedad  de  la  enfermedad,  pese  a  reconocer  que  para  el  momento en que  profirió  la  decisión  atacada,  no se encontraban acreditados los requisitos  para    suspender    la    detención,    tópico    que    más   adelante   se  abordará.   

          Aquí  resulta intrascendente si la Coordinadora, la Secretaria o el  Notificador  de  la  Unidad  de Fiscalías Seccionales de Palmira declararon que  nunca  observaron  situaciones  irregulares  en  los  funcionarios,  o  que  con  frecuencia  los  personeros  interponían  recurso  de  apelación y cambiaban a  recurso  de  reposición  o viceversa sin que mediara solicitud de los Fiscales,  pues  lo  cierto  es que lo ocurrido en este asunto no puede ser desvirtuado con  declaraciones  vagas  y  generales  como  las  referidas,  con fundamento en las  cuales  el  impugnante  intenta  sin  éxito  quitar valor a lo declarado por la  Personera Delegada.   

          Finalmente  en  cuanto  se  refiere  a  que  la  oficina  del doctor  GUTIERREZ    FONTAL   se  encontraba  en  el  tercer  piso y la secretaría común se hallaba en el primer  piso,  y  que  por  ello,  según  el  impugnante, resulta temerario afirmar que  abandonó  su  oficina  “para  estar todos los cinco  días  de  ejecutoria  del  recurso,  pendiente  de  la llegada a la secretaría  común  de la personera”; pronto advierte la Sala que  el recaudo probatorio deja sin piso alguno el argumento.   

          En   efecto,   la   doctora   Clara  Inés  Hurtado,   quien   se   desempeñaba  como  Personera  Delegada,  es enfática al afirmar: “hice un recurso,  inicialmente  de  apelación,  pero cuando fui a la fiscalía el mismo fiscal me  dijo  que  le  borrara  y  le  pusiera reposición, que no apelara, él mismo me  prestó  el  bolígrafo  de  él,  el  borrador  y  el  bolígrafo, yo  subí  a  hablar  con  él  porque no  consideraba  correcto  que  obrando  la  misma  prueba  y  sin tener fundamentos  valederos  como  era  el dictamen del médico forense que es un médico general,  como   es   el   Dr.   PLAZAS   ,  se  deja  libre  a  una  persona  acusada  de  homicidio”12    (subrayas    fuera   de  texto).   

Como viene de verse, no fue necesario que el  Fiscal  acusado  permaneciera  en  la  secretaría  pendiente  del  arribo de la  Personera  Delegada,  pues como ella lo advierte, subió a la oficina de aquel y  allí  fue que le solicitó que no impugnara por vía del recurso de apelación,  sino  de  reposición,  como  finalmente  sucedió,  razón  por  la cual carece  también de fundamento este argumento del apelante.   

          Por   las   razones  expuestas,  no  procede  revocar  o modificar lo decidido en el fallo atacado en  punto  de  la  resolución  del 14 de septiembre de 1995 a través de la cual se  concedió   al   procesado   Osorio  Gómez  la  suspensión  de  la  detención  preventiva.   

          3) Resolución del 3 de  noviembre de 1995:   

          Inicialmente bien está  destacar  que  previamente a la emisión de la providencia del 3 de noviembre de  1995,   por   cuyo   medio   el   doctor  GUTIERREZ  FONTAL  precluyó  la  investigación adelantada contra el sindicado Osorio          Gómez   al  reconocer  una  situación  de  legítima  defensa, la actuación procesal evidenciaba lo siguiente:   

          El   2  de  junio  de  1994  la  Fiscal  que  antecedió  al  doctor  MEDARDO   GUTIERREZ  en  el  conocimiento  del  asunto  definió  la  situación  jurídica  de  Dario  Osorio  con medida de aseguramiento  de  detención  preventiva  como  posible  autor  del  delito de homicidio; esta  decisión    fue    confirmada   en   segunda   instancia   el   29   de   julio  siguiente.   

          El    7    de    abril    de    1995    el    doctor    GUTIERREZ    revocó    la   medida   de  aseguramiento  y a la vez dispuso la preclusión de la investigación adelantada  contra    el   incriminado   Osorio   Gómez.  La parte civil impugnó esta decisión y la Fiscalía Delegada  ante  el  Tribunal  de  Cali se pronunció el 29 de junio siguiente revocando la  decisión  impugnada,  “para  en  su  lugar PROFERIR  RESOLUCIÓN  DE ACUSACIÓN contra DARIO OSORIO GOMEZ, como autor responsable del  delito      de      Homicidio      en     grado     de     tentativa”13.   

          El  7  de  julio del mismo año, el Fiscal dictó una resolución de  sustanciación  en  la  que expuso “el Despacho acata  en  su  totalidad  lo  ordenado  por la señora Fiscal Delegada ante el Tribunal  Superior  entendiendo  que  se  le  presentó  una  equivocación  al momento de  ordenar  la  Resolución  de  Acusación  en contra de DARTIO GOMEZ OSORIO, acto  procesal  éste  que  no  es  de su resorte, entendiendo esta agencia fiscal que  quiso   ordenar   que   se   calificara   el   mérito  del  sumario”14.   

A  su  vez  el  21  de  los mismo mes y año  profirió   otra   decisión   de  la  misma  índole  en  la  que  puntualizó:  “Estése a lo dispuesto por el Superior, acatando en  su  totalidad  lo  ordenado,  entendiendo esta instancia que se le presentó una  equivocación  a la señora Fiscal Delegada ante el Tribunal Superior al momento  de  ordenar  la Resolución de Acusación contra DARIO OSORIO GOMEZ toda vez que  este  Despacho  no  ha  decretado  el  cierre  de  la investigación”15.   

Como   fácil  puede  observarse,  resulta  incomprensible  que  de  una parte Fiscal acusado dejara plasmado su acatamiento  integral  a  lo dispuesto por su superior funcional, pero, de otra, acto seguido  procediera       a      “interpretar”  la providencia, cuando en verdad lo que le correspondía frente  a  la  resolución  de  acusación proferida, era devolver la actuación ante la  evidencia  del yerro para que fuera corregido, o bien, cumplir lo decidido, y en  consecuencia  remitir las diligencias al funcionario competente para conocer del  juicio  a  quien  correspondía  sanear  los  vicios de la actuación, previo el  debate del juicio.   

Si, por el contrario, el doctor MEDARDO  GUTIERREZ procedió a interpretar  y  dar  alcance  a  aquella  decisión, ello demuestra su interés en retener la  competencia  a  fin  de  conseguir  su  propósito  prevaricador,  y  de contera  favorecer   los   intereses   del   procesado   Dario  Osorio, como en efecto ocurrió.   

          Ahora    bien,    es    cierto    que    el    doctor   GUTIERREZ     FONTAL    precluyó    la  investigación     adelantada     contra     Darío  Osorio  con  base  en  lo expuesto por los declarantes  Eduardo    Villegas,           Carlos             Madrigal        y       Medardo            Colorado;   no   obstante,   olvida   el  impugnante  que  para  tomar  tal decisión de fondo el artículo 36 del Decreto  2700  de  1991  exigía  en  punto de la presencia de causal de exclusión de la  antijuridicidad   que   esta  estuviere  “plenamente  desmostrada”,  es  decir,  que  no existiera duda al  respecto,  situación  que  no  se  presentó  en  el  proceso adelantado contra  Osorio  Gómez,  en  el cual  obraban  varias  declaraciones  como las de Nestor Raul  Rojas   Iriarte,  Fernando  Libreros  Martínez,  Elder  Martínez  de  Libreros  y   Juan  Carlos  Valencia  Murillo,  que  descartaban  por completo la reconocida  defensa,  y  que  por  el  contrario,  brindaban  datos  sobre  la  agresión de  Osorio    Gómez    sobre  Montealegre  Zapata  una vez  terminado  el  disgusto  inicial  y  cuando  este  se  encontraba  sentado en un  andén.   

          Pero  aún  más,  como  lo  señalara  el  Tribunal,  no es que los  referidos  testimonios debieran ser desechados por haber sido mencionados por la  esposa  del  procesado Osorio,  sino  que  además  de  que  su alusión se muestra como tardía, pues ya había  avanzado  un  tiempo  considerable  la  instrucción  sin que a ellos se hubiera  hecho  referencia alguna, lo cierto es que evidencian múltiples contradicciones  respecto  de  la  ocurrencia de los sucesos, como por ejemplo la distancia desde  la  cual Osorio disparó sobre  Montealegre, pues mientras el  testigo      Villegas     Mosquera     expresó  que  el disparo se produjo cuando el segundo se encontraba  “encima” del primero, el  propio  Osorio  Gómez  dijo  haberle  disparado  a  tres  metros,  y  además  otro  declarante, Enrique  Durán, afirmó que el disparo se  produjo a unos ocho o diez metros.   

En  consecuencia,  no hay duda para la Sala,  que   una   vez  el  Fiscal  acusado  consiguió  retener  la  competencia  tras  “interpretar”    la  decisión  de segunda instancia que revocó la preclusión de investigación por  él  proferida,  encaminó  su  actividad  a  efectuar una valoración sesgada y  tendenciosa   del  recaudo  probatorio,  para  sin  más,  concluir  que  estaba  “plenamente  demostrada”  una   situación   de   legítima   defensa   en   el   actuar  de  Osorio   Gómez,  y  por  tanto,  precluir  nuevamente la investigación adelantada en contra de este.   

Adicional a lo expuesto se tiene que resulta  bastante  extraño  que  en  la  providencia  objeto  de  estudio el funcionario  incriminado  expresara  que  se  pronunciaría  sobre  el recurso de reposición  interpuesto  por  la  Personera Delegada contra la resolución que suspendió la  detención  preventiva, y sobre la solicitud de preclusión de la investigación  incoada  por  el defensor del procesado, pero al momento de resolver no realizó  ningún pronunciamiento sobre la referida impugnación.   

En  efecto,  sobre el recurso de reposición  interpuesto,  el  doctor  GUTIERREZ FONTAL   expuso   que   le   asistía  razón  a  la  Personera  Delegada,  “pues  faltaba  la  valoración  de  un  internista  conforme  a  las  voces  del Art. 407 numeral 3º del C. de P. Penal”16,  pese  a lo cual señaló a  continuación  que  “rituada la instancia se subsana  el  error  presentado,  pues  el  doctor  JOSE  V.  NARVAEZ  B., cardiólogo con  registro   numero   9741,   certifica   en   su   dictamen   le  enfermedad  que  padece”, y en virtud de ello no revocó la decisión  reprochada,  sin  que  se  advierta  de  alguna  manera  que  la  enfermedad del  procesado   Osorio   Gómez  tuviera  el  carácter  de  grave  como lo exigía el artículo 407 del derogado  estatuto  procesal  penal  para  que  fuera  procedente  la  suspensión  de  la  detención  preventiva,  pues  en  el  concepto  médico,  como  lo  destacó el  Tribunal,  simplemente  se  informa que la afección cardiaca registra episodios  leves   y  triviales,  mientras  que  otras  partes  del  corazón  las  reporta  normales.     

Respecto  de lo expuesto por el apelante, en  el   sentido   que   el  doctor  GUTIERREZ  para  adoptar  sus  decisiones  realizó un gran esfuerzo mental y  citó  doctrina referida a la legítima defensa, basta señalar que la sujeción  que  deben los funcionarios judiciales a la ley y a su vez al recaudo probatorio  objetiva  e  imparcialmemnte valorado, permite concluir que las decisiones aquí  analizadas   se  apartaron  abruptamente  del  contenido  de  la  ley  y  de  la  información  suministrada por las pruebas, dado que el Fiscal acusado procedió  a  valorar  caprichosamente  los  medios  probatorios en procura de conseguir el  resultado  pretendido  por  él,  que  no era otro que asegurar la libertad y la  declaración    de    irresponsabilidad   penal   del   procesado   Dario   Osorio,  sin  que  entonces  tenga  importancia   alguna   las  citas  jurisprudenciales  o  doctrinarias  sobre  el  tema.   

En cuanto atañe a que el Tribunal no tuvo en  cuenta   el   testimonio   de   Roberto  Arturo  Polo  González, quien según lo resalta el defensor, expuso  que  desde  el  comienzo  del  proceso  penal  adelantado  contra el incriminado  Osorio  Gómez,  el  doctor  MEDARDO  GUTIERREZ fue de la  opinión  que  se  trataba  de  una  legítima  defensa,  imprescindible resulta  concatenar  tal  declaración,  con  la  que, sobre el mismo tópico efectuó la  doctora   Clara   Inés   Hurtado  Durán, Personera Delegada, al decir:   

“Yo pude detectar  desde  el  comienzo que el fiscal no estaba obrando con imparcialidad, el fiscal  era  el  Dr.  MEDARDO  GUTIERREZ,  al  sindicado se le escuchó en diligencia de  indagatoria  y  él  trató  de  justificar  su  actuar,  se  le fijó medida de  aseguramiento,  no recuerdo si fue que apelaron y entonces el tribunal le dictó  detención  sin beneficio de libertad; Yo observaba como ministerio público que  el  fiscal trataba a toda costa de dejar en libertad al sindicado…”17.   

En  efecto,  contrario  a lo expuesto por el  apelante,  en  punto  de que de la declaración de Polo  González  se deduce la buena fe y la ausencia de dolo  en     las    decisiones    del    doctor    MEDARDO  GUTIERREZ,   lo  cierto  es  que aquel testimonio  coincide  con  el  de  la Personera Delegada, y lo que permite concluir sin duda  alguna,  es  que  por  razones  personales  diversas  a  la imparcialidad y a la  sujeción  al  imperio  de la ley, el Fiscal acusado decidió por sí y ante sí  que   el   procesado   Osorio   Gómez   no  era  responsable por el delito de homicidio que se le imputó, y  en  esa  medida  encaminó  sistemáticamente  su esfuerzo a proferir decisiones  abrupta  y  ostensiblemente  contrarias  a  la  ley  para favorecerlo, hasta que  finalmente lo consiguió.   

Debe   precisarse  que  si  el  delito  de  prevaricato  por  acción  está  constituido  por una decisión manifiestamente  contraria    a    la    ley,    al   doctor   MEDARDO  GUTIERREZ  no  se le ha condenado, como erradamente lo  ha  asumido  la defensa, por no acatar lo dispuesto por su superior funcional en  el  proceso adelantado contra Osorio Gómez,  sino  por apartarse de manera grosera de los cánones legales que  regían su actividad judicial.   

          Lo  dicho  en  precedencia,  por tanto, constituye razón suficiente  para  concluir  que  no  resulta  procedente revocar el fallo de condena como lo  solicita el apelante.   

Finalmente  observa la Sala que como en este  asunto  se  dedujo en el fallo atacado la circunstancia de agravación genérica  determinada  por  la  posición  distinguida del procesado en la sociedad por su  carácter  de  funcionario  judicial (numeral 11 artículo 66 del Decreto 100 de  1980,  numeral  9º,  artículo  58  de  la  Ley  599  de  2000), la cual no fue  planteada  expresamente  en la resolución acusatoria, corresponde mediante este  proveído   prescindir   de   su   aplicación,   pues  según  lo  ha  expuesto  recientemente  la  Sala,  sólo  debe  ser  tenida  en  cuenta  cuando haya sido  atribuida   en   la   resolución   de   acusación18  a  fin  de  garantizar  el  principio de consonancia entre la acusación y el fallo.   

No obstante, como al momento de dosificar la  pena   de  conformidad  con  los  criterios  del  derogado  estatuto  penal,  el  a   quo  no  le  atribuyó  consecuencia  punitiva  específica  a esta circunstancia a pesar, se repite, de  haberla  mencionado,  es  claro que no existe quantum de pena a marginar, lo que  no   es   óbice   para  que  con  criterio  pedagógico  se  haga  la  anterior  precisión.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

CONFIRMAR el fallo  de   primera   instancia   en   cuanto  fue  objeto  de  impugnación,  con  las  aclaraciones  consignadas en la anterior motivación.   

Contra  esta  sentencia  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

Comisión de servicio  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO    DE    BARÓN                    

Comisión de servicio  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Folio  442. C. anexo 1.   

2  Sentencia    del    13   de   agosto   de   2003.   M.P.   Dr.   Herman   Galán  Castellanos.   

3 Folio  240. C. anexo 1.   

4  Folios 274 y 275. C. anexos 1.   

5 Folio  434. C. anexo 1.   

6  Folios 439 y 439 vto. C. anexos 1.   

7 Folio  531 vto. C. anexos 1.   

8 Folio  532. C. anexos 1.   

9 Folio  525. C. anexos 1.   

10  Folio 310. C. original 1.   

11  Folios 349 y 350. C. Original 1.   

12  Folio 141. C. original 1.   

13  Folio 468 ss. C. anexos 1.   

14  Folio 491. C. anexos 1.   

15  Folio 499. C. anexos 1.   

16  Folio 552. C. anexo 1.   

17  Folio 140. C. original 1.   

18  Providencia   del   23   de   septiembre   de   2003.  M.P.  Dr.  Herman  Galán  Castellanos.     

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