20428(27-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20428  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 58  

          Bogotá,  D.  C.,   veintisiete  (27)  de mayo del dos mil tres  (2003).   

VISTOS  

          Mediante  sentencia  del  22 de abril de  2002,  el  Juzgado Penal del Circuito de Fusagasugá (Cundinamarca) absolvió al  señor    Juan   Carlos   Amaya   Mateus  del  cargo  de  disparo  de  arma  de fuego contra vehículo. Y lo  declaró  penalmente  responsable,  como  autor,  de  un  concurso de delitos de  tentativa  de homicidio y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal. Le  impuso  la  sanción  principal  de  7  años  de  prisión,  las  accesorias de  inhabilitación  de derechos y funciones públicas y privación del derecho a la  tenencia  y  porte  de elementos bélicos por igual lapso, y le negó la condena  condicional y la prisión domiciliaria.   

          El  fallo  fue  apelado por el defensor y confirmado por el Tribunal  Superior de Cundinamarca, el 1° de agosto siguiente.   

          El  apoderado  acudió  a la casación, que se concedió. La Sala se  pronuncia    sobre    los    presupuestos    formales    de   la   sustentación  presentada.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          En  horas  de  la  noche  del  23  de  diciembre  de 2000, el señor  Adalberto  Enrique Chilito Leal conducía una camioneta desde Melgar con destino  a  Bogotá; entre los pasajeros iba su esposa Idaly Rocha Díaz. En el trayecto,  el   señor   Juan  Carlos  Amaya  Mateus,  quien  estaba  bajo efectos del licor, solicitó lo transportara.  Cerca  de  Silvania  pararon  para  utilizar  un  baño y el señor Amaya       Mateus       –quien  se  había  quedado dormido- se  despertó,  dijo  que  lo  estaban  robando  y  se bajó del carro. El conductor  retornó   a   su   puesto   y   Juan   Carlos  Amaya  Mateus le colocó un revólver en la cabeza, que aquel  eludió    para    reiniciar    la    marcha.   Amaya  Mateus   disparó   en  varias  ocasiones  contra  el  automotor;  uno  de  los proyectiles rompió el vidrio trasero y se alojó en la  nuca  de  Idaly  Rocha  Díaz,  quien  fue  trasladada  de inmediato a un centro  asistencial. La señora no falleció   

          Adelantada  la  correspondiente  investigación, el 27 de septiembre  de  2001  el  sindicado  fue  acusado  como  autor  de un concurso de delitos de  tentativa  de  homicidio,  porte de armas de fuego de defensa personal y disparo  de arma de fuego contra vehículo.   

          Proferidas  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancias, se  acudió a la casación.   

LA DEMANDA  

          El apoderado formuló un cargo. Lo desarrolló así:   

          Causal   primera,   segunda   parte.  La  sentencia     violó     indirectamente,  por  aplicación  indebida,  los  artículos  22,  323  y 195 del  Código  Penal  de  1980, y los artículos 6, 20, 170, 232, 234, 238, 282, 283 y  370  del  de  Procedimiento  Penal  de  2000.  Por errada valoración de algunas  pruebas,  a  través  de manifiestos errores de hecho, se concluyó que se daban  los  presupuestos exigidos por la primera norma, cuando lo que estaba demostrado  era  el  delito  de  disparo  de  arma  de  fuego contra vehículo. Los indicios  favorables  no  fueron  considerados y las dudas tampoco se resolvieron en favor  del  sindicado. De haberse efectuado un análisis conforme con las disposiciones  procesales  y sustanciales, la decisión “hubiera tenido que ser absolutoria o  menos rigurosa”.   

          El  Tribunal  confundió  los elementos de la fase subjetiva con los  de  la  objetiva,  los  actos  preparatorios  con  los ejecutivos, procedió con  ambigüedad  e  incongruencia  y  en  algunos casos dirigió la prueba contra el  acusado,  cuando realmente lo beneficiaba. Realiza una reseña de los argumentos  del  fallo,  a  los  que contrapone su personal análisis sobre los elementos de  juicio  y  concluye que la incertidumbre respecto del propósito homicida debió  favorecer  al  acusado,  además  de  que  los  disparos se dirigieron contra el  carro, no contra persona determinada.   

          El  acto  del sindicado fue irresponsable e imprudente, pero por sí  mismo  no  demostraba la intención de matar. El Ad quem encontró pruebas de la  tentativa   donde   no  estaban  y  configuró  sus  presupuestos  con  base  en  suposiciones,  sin  señalar las circunstancias que evitaron la consumación del  homicidio,  ni  tomar  en  consideración  que  a  la  víctima se le dictaminó  incapacidad de 15 días, que tipificarían una contravención.   

          La  Corporación  no  solo  no apreció los indicios favorables -las  circunstancias  antecedentes,  concomitantes  y subsiguientes al hecho- sino que  los tomó contra el procesado.   

          Pide  casar  la  sentencia. En su lugar, reclama: a) absolución por  el  delito  de  homicidio  tentado,  por no estar probada la tipificación de la  conducta;  b) similar decisión respecto del disparo de arma de fuego, porque no  se  demostraron  las  circunstancias  del  presunto  hecho. “Si lo anterior no  fuere     posible,     subsidiariamente  le  solicito  mantener la condena por el delito de disparo de arma  de  fuego”;  y,  c)  dejar  en  firme  la  sanción  por  el  porte  ilegal de  armas.   

CONSIDERACIONES  

          1.  El  artículo 213 del Código de Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000)  dice  que  “Si  el demandante carece de interés o la demanda no reúne  los  requisitos  se  inadmitirá  y  se  devolverá el expediente al despacho de  origen”.   

          La  Sala  resolverá  en  esos  términos,  por cuanto el escrito no  cumplió  con  la  exigencia  técnica  del  artículo  212-3,  esto  es,  la de  presentar  “La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante estime infringidas”.   

          2.  El  impugnante  hizo un estudio de libre factura. Partió de los  argumentos  del  fallo  censurado,   a  los  cuales  opuso  su  personal  y  subjetivo  modo de estimar los elementos de juicio, para solicitar a la Sala que  privilegiara los suyos.   

          Ese  mecanismo  quizás  podría  ser admitido en las dos instancias  que  conforman  el  proceso  penal,  pero resulta extraño en sede de casación,  cuyo  carácter  excepcional y rogado, requiere que quien acuda a ella demuestre  la  ilegalidad  de  la  sentencia  de  segunda  instancia,  que llega a la Corte  precedida  de  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad. Ésta sólo se  desvirtúa  a  través de la demostración de errores precisos, lo que no logran  las genéricas elaboraciones del defensor.   

          3.  El  demandante  invocó  la  segunda  parte  de  la causal  primera,  esto  es,  violación    indirecta    de    la    ley   sustantiva,     “como     consecuencia     de    manifiestos    errores   de   hecho   al  examinar  los  elementos  estructurales  de  la  tentativa  de homicidio para cotejarlos con el  acervo  probatorio”. Pero no especificó, como le correspondía, los elementos  de  juicio  con  los  cuales  ocurrió  ello.  Y se quedó en la mención que no  desarrolló,  porque  no  dilucidó  si los yerros fueron producto de errores de  hecho  o  de  derecho, y, en cada caso, a través de cuál falso juicio sucedió  la equivocación.   

          Por    lo    primero    –errores   de   hecho-  se  imponía  que  precisara  si  en  la  valoración  probatoria  el  juzgador incurrió en: a) un  falso  juicio de existencia,  señalando  el  medio  que,  habiendo  sido  allegado  en  forma  legal,  no fue  estimado,  o  aquél  que,  por  no  obrar,  se  supuso  en  la decisión; b) un  falso  juicio  de identidad,  indicando,  con  las  citas  respectivas,  qué  prueba  fue distorsionada en su  sentido,  falseada  en  su  expresión  fáctica,  haciéndole  decir  lo que no  decía;   o,   c)   un  falso  raciocinio,  en  cuyo  caso  le  competía  señalar  que  en  el  proceso  de  apreciación  de un elemento de convicción, el juzgador vulneró los postulados  de  la  sana  crítica, lo que conllevaba la carga adicional de precisar cuáles  reglas  lógicas, máximas de la experiencia o aportes científicos –componentes   de  la  sana  crítica-  fueron  desconocidos y, a la vez,  cuáles han debido ser los atendidos por  los jueces.   

          Por    lo    segundo    –errores   de  derecho-  le  correspondía  demostrar  que  en  la  valoración  el  fallador  cometió:  a) un falso  juicio de convicción, en cuanto, o  le  negó  al  medio  probatorio el valor asignado en la ley, o le confirió uno  diverso   del   que   le   otorgó   el   legislador;   o,  b)  un  falso   juicio   de   legalidad,  en  el  entendido  de que en la decisión se admitió y concedió eficacia a un elemento  que  se  allegó  con  la  omisión de las formalidades que la ley exige para su  aducción.   

          4.  En  algunas  frases aisladas, el defensor apuntó críticas a la  estimación  judicial  de  “las  pruebas  indiciarias”.  No señaló, con la  claridad  y  exactitud  requeridas, cuáles fueron esas construcciones lógicas.  Además,  la  técnica  en  casación  exige del censor que precise –lo  que no hizo- si su queja radica en  la  prueba  del hecho indicador, la inferencia lógica o el grado de persuasión  que  le  concedió  el juez, ocurrido lo cual, en cuanto al primero, debe probar  si  se  cayó  en  errores  de  hecho  (en  sus  modalidades  de falso juicio de  existencia,  identidad  o raciocinio) o de derecho por falso juicio de legalidad  o  convicción,  en  tanto  que  si  se  acusa  la deducción lógica le compete  acreditar  que  en  la  aplicación  de  las  reglas  de  la  sana crítica hubo  equivocación  de hecho por falso raciocinio; finalmente, si el ataque se dirige  al  grado  de  convicción conferido al indicio, ello comporta aceptación de la  prueba del hecho indicador y del proceso de inferencia.   

          5.  En  forma  contradictoria, el apoderado afirmó que el artículo  195  del  Código  Penal  de  1980 se violó, “en cuanto no se aplicó, siendo  aplicable,  puesto  que  las  pruebas  dejaban de manifiesto que el procesado no  disparó  contra alguna persona en especial sino contra el vehículo”, pero al  precisar  el  “Alcance  de  la  impugnación”,  reclamó  “Absolver a JUAN  CARLOS  AMAYA por el delito de disparo de arma de fuego contra vehículo”. Las  dos  posturas  son  excluyentes y la Sala no puede conocer si se aspira a que se  condene o no por esa conducta.   

          6.  En  casación, el demandante hizo solicitudes sobre aspectos que  no  reclamó  cuando apeló el fallo de primera instancia, razón por la cual el  Tribunal  no  podía  decidir  sobre  ellos,  en  virtud  de  que su competencia  funcional   lo  limitaba  a  pronunciarse  sólo  respecto  de  los  motivos  de  queja.   Desde este punto de vista, la defensa carece de interés jurídico  al  acudir  a esta sede con pretensiones que no fueron  postuladas ante las  instancias  respectivas.  Tal  sucede  con  la  aspiración de que se conceda el  descuento  punitivo  previsto  para  la  confesión.  Además,  a  lo  largo del  escrito,  el  señor apoderado reiteró que la posición procesal de su asistido  fue  la  de  que  no  tuvo  la  intención  de  causar la muerte o lesiones a la  ofendida.  Este  discurso  niega la propuesta, pues es obvio que si el sindicado  no  admitió  responsabilidad en razón de la tentativa de homicidio, la condena  por  ésta se soportó en elementos de juicio diversos. Y la norma que el censor  reproduce,  claramente  exige,  para conceder la gracia, que “dicha confesión  fuere  el  fundamento  de  la  sentencia”.  Finalmente,  contraría  cualquier  lógica   exigir   rebaja   de   pena   respecto   de   un  delito  –disparo   de  arma  de  fuego  contra  vehículo-  en  razón  del cual el acusado fue absuelto,  aparte de que se  pide que se mantenga esa determinación.   

          7.  Sin  ninguna  explicación,  más  allá  de  una  frase  vacía  -“como  consecuencia  de los errores cometidos”-, el recurrente invocó como  infringida la norma que recoge el principio de legalidad.   

          Igual  hizo respecto del postulado de la investigación integral. No  indicó  los  elementos  de juicio que se dejaron de practicar, ni su incidencia  en   la   situación  del  señor  Juan  Carlos  Amaya  Mateus.  Y, de otro lado, por comportar un atentado al  derecho  a  la  defensa,  no  podía acudir a la causal primera, cuerpo segundo,  sino  a  la tercera, es decir, la nulidad. El mismo camino debió escoger con su  queja  centrada  en  que  se  faltó  a  las  formalidades  que  la ley adjetiva  –artículo 170 del Código  de  Procedimiento  Penal  de 1991- establece para la redacción de la sentencia,  sólo  que en este caso el motivo estaría dado por infracción a las normas del  debido proceso.   

          9.  La  Sala,  acatando  el  principio  de  limitación –artículo   216  procesal-  no  puede  completar  la  demanda.  Este  es  el  anhelo del apoderado cuando en la segunda  petición  solicita  que  el  sindicado  sea absuelto en razón del cargo por el  disparo     de     arma     de     fuego     contra    vehículo    –postulación     en    sí    misma  contradictoria,  como  que  así se pronunciaron las instancias-, o que “Si lo  anterior  no  fuere  posible”,  “subsidiariamente”  se mantenga la condena  –que  nunca se impuso por  esta   conducta-   siempre  que  se  concedan  “los  subrogados  y  beneficios  penales”.   

          Agréguese  que  esa postura parte del supuesto de que se cometa una  injusticia:  admitir  la  responsabilidad de quien se sabe inocente –por  eso  se  exige  su absolución- a  cambio de que se otorguen “beneficios penales”.   

         

          En  consecuencia,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,   

RESUELVE  

         

          Inadmitir la demanda de casación presentada.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

          Cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen.   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL   HERMAN  GALÁN CASTELLANOS   

CARLOS   A.   GÁLVEZ   ARGOTE                                                JORGE    ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO   

ÉDGAR    LOMBANA  TRUJILLO           ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Comisión    de  servicio   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                    JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANES   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  Secretaria   

    

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