20222(09-02-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 20222  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No. 006  

          Bogotá,   D.   C.,   nueve   (9)  de  febrero  del  dos  mil  cinco  (2005).   

VISTOS  

          Mediante  sentencia del 28 de septiembre  del  2001,  el  Juzgado  28  Penal  del  Circuito  de Bogotá declaró al señor  Raúl    Hermes    Clavijo    Garzón   responsable,    como    autor,    del    delito    de   concusión.   Le   impuso   la  sanción  principal  de  36  meses y 20 días de prisión, multa equivalente a 36 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  interdicción  de  derechos y funciones  públicas  y  prohibición de celebrar contratos con la administración pública  por  el  mismo  término  de  la  pena  privativa  de  la  libertad. Le negó el  subrogado   de   la   condena   de   ejecución   condicional   y   la  prisión  domiciliaria.   

          El  fallo  fue  apelado  por  el defensor. El 30 de mayo del 2002 el  Tribunal  Superior de Bogotá lo ratificó, pero modificó el numeral primero de  la  parte  resolutiva  en el sentido de imponer al procesado la pena de 32 meses  de  prisión  y  multa  equivalente  a 33.34 salarios mínimos legales mensuales  vigentes.   

          El   defensor   interpuso   casación   y   presentó   la   demanda  correspondiente.   La  Corte,  tras  entender  por  el  desarrollo  de  los  reproches     que    se    interponía    casación  discrecional,  ajustó  el  libelo  por los dos cargos  fundados  en la causal tercera de casación e inadmitió el último, relacionado  con   la   violación  indirecta  de  la      ley      sustancial     por  error  de  hecho  por falso  juicio  de existencia, pues conforme la norma aplicable  al  caso  concreto  por  favorabilidad –artículo  140  del  Código  Penal de 1980, modificado  por la  Ley  190  de  1995-  la  pena máxima prevista para la infracción no cumple las  exigencias  para  la procedencia del recurso y el recurrente omitió señalar si  se trataba de la casación discrecional.   

HECHOS  

          En  la noche del 13 de enero del 2000, los agentes de tránsito John  Nelson  Rodríguez  González  y  Raúl Hermes Clavijo  Garzón,  hicieron  saber  al ciudadano Carlos Alberto  Gerena  Liberato que su vehículo automotor que permanecía aparcado frente a su  residencia,  era  hurtado  y  para  que no se viera involucrado en el asunto era  necesario  que  les  diera  dinero. Ante el requerimiento de los policías optó  por  entregarles  treinta  mil  pesos  y  como lo apremiaran por más dinero que  tendría  que  entregar  al  día  siguiente  a  cambio de la devolución de los  documentos del automotor, decidió denunciar el hecho.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

         

          Vinculado   formalmente   al  proceso,  Rodríguez  González  optó  libremente   por  la  sentencia  anticipada  y  posteriormente  hizo  lo  propio  Clavijo  Garzón,   quien   en   la   diligencia   de  formulación  de cargos celebrada el  11 de septiembre del 2001 aceptó sin  reparos los cargos.   

          Luego se profirieron las sentencias ya mencionadas.   

LA DEMANDA  

          Dos  cargos se dirigen contra la sentencia, a saber: i) al amparo de  la  causal  tercera, nulidad  por  falta  de  competencia;  y  ii),  con  base en la misma causal, nulidad por  motivación   anfibológica   en   la   audiencia   de  formulación  de  cargos  .   

          En  relación con el primero, considera el censor que si el hecho se  cometió  cuando  el  procesado se encontraba de servicio y se trata de conducta  relacionada  con  éste,  la  competencia para conocer de la investigación y el  juzgamiento  corresponde a la Justicia Penal Militar, tal y como lo prescribe el  artículo  221  de  la Constitución Política. La sentencia desconoce  los  artículos  29,  221 y 250 de la Constitución Política, del mismo modo que los  artículos  195  del  Código  Penal  Militar y 1, 2, 6, 9, 10, 66, 67 y 186 del  Código de Procedimiento Penal.   

          El  segundo cargo lo sustenta en la consideración según la cual la  acusación  se  limitó  a  señalar  a Clavijo Garzón  como  acompañante  de  Rodríguez  González  sin que  aparezca  claro  a  qué  título se reprocha su participación en el hecho. Aun  cuando    se    le    condena    como    autor,    el    vocablo    acompañar   estaría    denotando  complicidad y, por tanto, la  formulación  del cargo perjudicó la situación del procesado si se mira que su  participación  fue  mínima. Se impone la nulidad de la actuación a partir del  acta  de  formulación de cargos para que en su lugar se remitan las diligencias  a   la  fiscalía  seccional.  Por  éste  aspecto,  la  sentencia  vulnera  los  artículos  2,  4,  5,  29,  248  y  250  de  la  Constitución Política, y los  artículos  1,  6,  13, 24, 67, 120, 248, 260 y 303 del Código de Procedimiento  Penal.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

          El   Señor  Procurador  Cuarto  Delegado  recomendó  no  casar  la  sentencia,  con base en los siguientes argumentos:   

          a)   Tratándose   de   la  sentencia  anticipada,  la  facultad  de  impugnación  del  procesado  y  el  defensor  está  limitada  a  los  aspectos  relacionados  en el último inciso del artículo 40 del Código de Procedimiento  Penal  y,  por  tanto,  no se puede cuestionar la responsabilidad por los cargos  que  libre  y  voluntariamente  se  aceptaron. Excepcionalmente, la impugnación  puede  versar  sobre afectación a garantías sustanciales como la incompetencia  del  funcionario, los agravios al derecho a la defensa, yerros en la adecuación  típica  del  comportamiento, falta de claridad en la aceptación de los hechos,  vicios  en  el  consentimiento  del  imputado  y  situaciones que comprometan el  principio de legalidad.   

          Aunque  resulta  indiscutible  el  interés jurídico del demandante  cuando  alega  la  nulidad por falta de competencia del funcionario judicial, la  demanda  no  cumple  las  exigencias de la causal tercera de casación, pues las  irregularidades  por  falta  de competencia se presentan por vicios in   iudicando,  en  forma  directa  por  aplicación   indebida,   exclusión  evidente  o  interpretación  errónea  de  disposiciones  de  carácter  sustancial  y,  en  forma  indirecta,  por  errada  interpretación  probatoria,  eventualidades  en  las que la demostración de la  censura  debe  transitar  por  los  derroteros técnicos de la primera causal de  casación.   

          Los  argumentos del recurrente se reducen a la afirmación genérica  acerca  de  la  relación  entre  el ejercicio del cargo y la conducta ejecutada  para  deducir  que  la competencia corresponde a la jurisdicción penal militar,  sin  detenerse  a  acreditar  la  correspondencia entre el hecho delictivo y los  deberes  que  incumben  a  los miembros de las fuerzas militares o de Policía y  sin   probar   que   la  conducta  investigada  fue  producto  de  un  ejercicio  extralimitado de las funciones propias del servicio.   

          No  se  puede  otorgar  razón al demandante ya que los elementos de  juicio  incorporados al expediente no permiten tener por establecido un vínculo  o   correspondencia   clara   y  directa  entre  la  conducta  ejecutada  y  las  obligaciones  propias  de  su  condición  de servidor público. La relación se  percibe  abstracta  y  circunstancial, derivada del simple hecho de saber que la  conducta  fue  realizada  por  un miembro de la Policía Nacional en momentos en  que se encontraba en servicio.   

          Exigencia  como  la  que se hizo al denunciante no es comportamiento  susceptible  de  ser  ejecutado  dentro  de  los  límites de la legalidad y las  funciones  inherentes  a  los  miembros  de la Policía Nacional destinados a la  regulación  del tráfico vehicular. Dicha conducta no puede ser catalogada como  un  ejercicio  extralimitado  o  desviado  de las funciones propias del servicio  que   amerite   la  investigación  y  juzgamiento  en  cabeza  de  la  jurisdicción penal militar.   

          Aunque  para  el  día  de los hechos Raúl  Hermes  Clavijo Garzón se encontraba prestando turno y  exhibía  el  uniforme  que lo distinguía como miembro de la Policía Nacional,  la   conducta   ejecutada   se   aparta  notoriamente  de  la  misión  legal  y  constitucional   a  él  encomendada  y  su  realización  estaba  planeada  con  anterioridad.   

          En  abono  a  sus afirmaciones, reproduce fragmentos de la Sentencia  C-358  del  5  de  agosto de 1997 de la Corte Constitucional, en la que se fijan  las  condiciones  que  determinan  el  carácter excepcional de la jurisdicción  penal  militar  y  la  naturaleza  del  vínculo  entre  el delito cometido y la  actividad propia del servicio.   

          b)  Considera desacertada la proposición de cargos subsidiarios con  fundamento  en  la  misma causal tercera de casación, porque todas las posibles  irregularidades  se  deben   denunciar  como  principales,   aunque su  presentación debe ser discriminada.   

          Apenas  teóricamente  la  ambigüedad  en  la  formulación  de los  cargos  tendría cabida en la causal tercera de casación. La argumentación del  recurrente,  lejos  de perseguir el restablecimiento de garantías fundamentales  transgredidas,  deja  notar  que  la  solicitud  de nulidad lo que revela es una  tácita    retractación    de    los    cargos    consciente    y    libremente  aceptados.   

          La  censura  del libelista sobre la supuesta ambigüedad en el grado  de  participación  de  su  defendido  no  se muestra razonable. Se adivina como  estrategia  encaminada  a  obtener  que  la  actuación retroceda a la etapa del  sumario  en la aspiración de revivir una controversia probatoria que posibilite  la  atribución del hecho a título de complicidad, sin advertir que sin ninguna  condición  el procesado aceptó su responsabilidad en el delito imputado. No se  pretende  discutir  la  deficiente  o  ausente  motivación,  sino  el  grado de  participación  del  sindicado  en  el  delito,  asunto  que  no  fue  objeto de  cuestionamiento  en  el recurso de apelación interpuesto contra la sentencia de  primera instancia.   

          La  pretensión  resulta  infundada porque en la formulación de los  cargos   se   hizo  expresa  referencia  al  comportamiento  que  en  compañía  realizaron  los dos procesados y se dejó clara la participación de cada uno de  ellos   como   autores,   para   lo   que   basta  remitir  al  texto  del  acta  respectiva.   

CONSIDERACIONES  

             

Primer   reproche.   

La  nulidad  que  plantea  el demandante por  incompetencia  de  la  justicia  ordinaria  para  conocer  del  asunto,  la hace  consistir  en  que para el momento de comisión del hecho el procesado ostentaba  la  calidad  de  miembro  activo  de  la  Policía  Nacional  y se encontraba en  servicio.  Luego,  concluye,  se  trata  de  conducta  estrechamente  unida a la  actividad  funcional  del  imputado; es  delito común conforme lo previsto  por  el  artículo  195 del Código Penal Militar y su juzgamiento corresponde a  las  cortes marciales en cumplimiento de lo dispuesto por el artículo 221 de la  Constitución Política.   

Se responde:  

En  consonancia  con  los  argumentos  que  sustentan  el  concepto  de  la  Procuraduría,  para  la  Sala los presupuestos  enunciados  en  el  artículo  221 de la Carta Política como indispensable para  deferir  la  competencia  a  las  cortes  marciales,  no  se  cumplen en el caso  examinado.   

En  efecto,  como  se  extracta  de la densa  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional  y  la acuñada por ésta Sala, un  delito  tiene  relación con el servicio en cuanto su ejecución se cumpla en el  ámbito  de  las  tareas  propias  y  consustanciales a la labor que cumplen los  miembros    de    la    fuerza    pública.    Las    expresiones   “en  servicio  activo”  y “en relación  con  el  mismo  servicio”,  confirman  la  proximidad  que  debe  existir entre la  conducta  punible  y  el  elenco  de  esas funciones constitucional y legalmente  discernidas.   

Sobre    la   noción   conceptual   del  término          “servicio”,   la  Corte  Suprema de Justicia ha sostenido:   

“El  término  ´servicio´  alude  a  las  actividades  concretas  que  se  orienten  a  cumplir o realizar las finalidades  propias   de  las  fuerza  militares  –  defensa  de  la  soberanía,  la  independencia, la integridad del  territorio     nacional     y     el     orden    constitucional    –   y   de   la   policía   nacional  –  mantenimiento  de  las  condiciones  necesarias  para el ejercido de los derechos y libertades públicas  y  la  convivencia pacífica-” (Sentencia del 21 de febrero del 2001, radicado  12.308, M. P. Jorge Aníbal Gómez Gallego).   

          La   conducta  punible,  entonces,  debe  ser  el  resultado  de  un  desbordamiento  funcional  que  en  el caso examinado sólo se percibe aparente.   

         

          Para  determinar  si la competencia por comportamientos sancionables  cometidos  por miembros de la fuerza pública radica en las cortes marciales, no  basta  acreditar  la  actualidad  del  servicio  o  la  exhibición de prendas o  distintivos  que  regularmente  los  distinguen. Es indispensable que al lado de  esas  condiciones  materiales,  se  confronte  la  conducta imputada con miras a  establecer  su  proximidad  y  relación  sustancial  con la esfera de funciones  inherentes al cargo.   

          La   exacción   ejecutada   por  los  procesados  para  liberar  al  denunciante  de  una  penosa  judicializacion y de la retención de su vehículo  supuestamente  reportado  como  hurtado, no es comportamiento que potencialmente  pueda  resultar  anejo  o consecuencial al ejercicio de las funciones habituales  que  cumple  la  policía de tránsito, como tampoco podría serlo el fraude que  bajo  la  forma  de  estafa  ejecuta  un  agente  uniformado en servicio o el abuso  sexual  que  despliega  en  condiciones  similares. De  tales  acciones  no se puede predicar una cercanía acompasada con la naturaleza  de  las  funciones  constitucional y legalmente discernidas a los miembros de la  policía  nacional, cuyos fines se dirigen a la preservación de las condiciones  necesarias  para  el  ejercicio  de  los  derechos  y  libertades públicas y el  aseguramiento de la convivencia pacífica.   

          Segundo reparo.   

          Al  amparo  de  la  misma  causal  tercera de casación, discurre el  recurrente  para afirmar que la motivación en el acta de formulación de cargos  alrededor  del  grado de participación de su defendido en el delito es ambigua,  en  la  medida  en que no se concretó si se trataba de cómplice, determinador,  autor  o coautor. A partir de un pasaje del acta de formulación de cargos donde  se  le  menciona  como  la  persona  que acompañaba al otro policial implicado,  deduce que se trataba de un acto de complicidad y no de autoría.   

          Responde la Sala:   

                    

            Reiteradamente   la  Corte  ha  sostenido  que  a  la  sentencia  anticipada  la  distinguen            el           principio           de           irretractabilidad   y   la  renuncia  a controvertir la prueba y el contenido de la   acusación,  excepto   las   posibilidades   de  recurrir  el  fallo  en  lo  atinente  a  la  dosificación  de  la  pena,  los subrogados penales y la extinción del dominio  sobre bienes.   

           Esas  mismas   limitaciones  a  las  que  se  contrae la posibilidad de apelar el  fallo,  se  conservan  indemnes  y sirven para fijar fronteras a las censuras de  quienes acuden al recurso extraordinario de casación.   

           El  interés  legítimo  del  recurrente debe superar las expectativas soterradas de  alcanzar  por  vía  del  supuesto  quebranto  a las garantías fundamentales la  anulación  del  proceso  en  condiciones  que comprometan la aceptación de los  cargos  como  hecho  cumplido  e  irrevocable.  En  esa tarea el demandante debe  demostrar  con  proposiciones  y  argumentos  sólidos,  que  en  el curso de la  actuación  procesal  el inculpado pudo ser embaucado y maliciosamente conducido  a  la  aceptación  de  los  cargos con menoscabo de esas garantías superiores.   

             

           De  ésta  manera, carece de interés para recurrir el  demandante  que  pretextando  lesión  a las garantías fundamentales abrigue la  velada  pretensión  de  obtener  por  ese medio la retractación de la voluntad  libre  y  espontáneamente expresada por el procesado en el acta de formulación  de cargos.   

            En   el   caso   examinado,  el  señor  Raúl  Hermes Clavijo Garzón, luego de ser  ilustrado  sobre  la  naturaleza  y  alcances  de  la  figura  de  la  sentencia  anticipada,  aceptó  el  cargo  que  la  fiscalía  le formuló en la audiencia  correspondiente.  Del  siguiente  segmento  se   desprende  que el grado de  coparticipación    fue    como    coautor    del    delito    de   concusión:   

   “…toda vez que para el mes  de  enero  del  año dos mil el Sr. CALVIJO (sic) y el Sr. JHON NELSON RODRIGUEZ  en  su condición de agentes de la policía se hicieron presentes en el edificio  donde  reside  manifestándole  que  el  vehículo que se encontraba estacionado  frente   a   ese   inmueble   tenía   pendientes   y  se    comprometieron   a  colaborarle  exigiéndole   a cambio la entrega de  una suma de dinero….” (Negrillas fuera de texto).   

  Aunque la concreción del cargo y el  grado  de concurrencia del procesado no remite a duda, la motivación oscura que  el  recurrente  glosa  acudiendo  a  un  examen  descontextualizando,  apenas se  adivina  encaminada  a  intentar  la anulación del proceso que involucre y deje  sin  valor  y  efecto  el  acta  de formulación de cargos, para revivir por ese  medio   la   controversia   probatoria   e   intentar  la  declaratoria  de  una  responsabilidad   como   cómplice  y no como coautor. Deja de lado el  libelista  la  aceptación libre e incondicional que del cargo hizo el procesado  como coautor de la conducta punible atribuida.   

No  atendió  el censor los parámetros y  limitaciones  establecidas en el ordinal 4º del artículo 37-B del Decreto 2700  de  1991,  hoy  inciso  9º  del  artículo 40 de la Ley 600 del 2000, ni logró  demostrar,  más  allá de sus anhelos de precipitar la retractación del cargo,  que  por  actos  procesales  indebidos  se  hubieran  conculcado  las garantías  fundamentales  del  imputado. La motivación ambigua que encuentra en el acta de  formulación   de   cargos   contradice  la  claridad  de  los  términos  allí  consignados   y  se  aparta  de  la  aceptación  que  en  forma  inequívoca  y  comprensiva  hizo  el  procesado como expresión de su libre y decidida voluntad  de acogerse a la sentencia anticipada.   

Sirve lo dicho para contestar negativamente  el cargo.   

            En  mérito de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando justicia, en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

                 No       casar      la      sentencia  demandada.   

Notifíquese y Cúmplase  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO    ESPINOSA    PÉREZ                                    HERMAN  GALÁN CASTELLANOS   

                                                                                                           Permiso   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO      

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN            JORGE L.  QUINTERO MILANÉS   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS                                 MAURO   SOLARTE   PORTILLA   

                                          

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                               Secretaria     

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