20998(27-04-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20998  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  031  

Bogotá. D. C., veintisiete (27) de abril de  dos mil cinco (2005).   

V    I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por   la   apoderada  de  la  parte  civil.   

ANTECEDENTES   

1.-   Los  hechos  que  motivaron  el  presente  diligenciamiento, fueron resumidos por el juzgador de primer grado, de  la siguiente manera:   

“Se  conoce  en  los  autos  a raíz de la  denuncia  formulada por GLADYS OSPINA DE SEDANO, que CARLOS SEDANO OSPINA firmó  contrato  de  compraventa  con  ANIBAL  LÓPEZ GAMBOA, el 27 de octubre de 1997,  relacionado  con  la  adquisición  de  una  camioneta marca Mazda, modelo 1992,  motor   F26805558,   chasis   No   B220000128,   de   placas   CAU  –  835  de  propiedad  de Colapia S. A.,  cuyo  precio  se  pactó en $11.300.000, comprometiéndose LÓPEZ GAMBOA a pagar  dicho  valor  con  un  campero  Samurai,  modelo 1993, color beige sahara, motor  613BA602804,  chasis SSD39332, más $1.800.000,oo que se cancelarían una vez se  pignorara  la  camioneta  a favor de INVERCRÉDITO. Que el sindicado recibió el  rodante  y  los  documentos de propiedad, empero los correspondientes al campero  dado  como  parte  de pago no estaban en regla, por cuanto existía un pendiente  que  hizo inscribir la Fiscalía 29 Seccional, lo cual impidió que el vehículo  Samurai  que  a  su  turno  fuera vendido a MARÍA AMANDA ROMERO VALENCIA, fuera  inscrito  en  la  Secretaría  de  Tránsito, deduciendo la denunciante que hubo  mala  fe  en  el  señor  LÓPEZ GAMBOA puesto que en el contrato firmado, en su  cláusula  cuarta  se  estipulaba  de  que  los  automotores no tenían gravamen  alguno o limitación de dominio”.   

2.-  El  Juzgado Décimo Penal del  Circuito  de Cali,  el 15 de febrero de 2002, condenó Anibal López Gamboa  a  la  pena  principal  de  un  (1)  año  de  prisión  y multa de $1000 y a la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo  lapso, como autor del delito de estafa.   

Apelado  el  fallo,  por  el  defensor  del  procesado,  el  Tribunal  Superior de Cali, el 18 de febrero de 2003, lo revocó  y,  en su lugar, absolvió al procesado del cargo formulado en la resolución de  acusación.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Con  base en la causal primera de casación,  la  apoderada  de  la  parte  civil  presenta dos cargos contra la sentencia del  Tribunal, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer  cargo   

Textualmente dice:  

“La sentencia No.  31  del  18  de  febrero de 2003 emanada del HONORABLE  TRIBUNAL  SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE CALI, viola  indirectamente   el   debido   proceso   consagrado  en  pactos  internacionales  ratificados   por  Colombia  y  el  artículo  29  de  la  C.  P….”.   

En   título  que  llamó  “Primer  error  de  hecho, por falso juicio de identidad”,  manifiesta  que el sentenciador de segundo grado desdibujó el  hecho que revela la prueba.   

En  efecto,  dice  que  en el proceso hay 15  elementos  de  juicio  que llevan a concluir, en grado de certeza, los elementos  objetivos  y  subjetivos  del  hecho punible y, por lo mismo, la responsabilidad  del    procesado.    Sin   embargo,   el   Tribunal   escogió   “solamente  un  medio  para decidir (contrato de compraventa entre la  Nacional  de  Seguridad  Ltda y ANIBAL LÓPEZ GAMBOA),  lo  que  permite  obviar  el  factor  subjetivo  de la  conducta  y  convertir  un hecho socialmente reprochable y punible en una simple  compraventa      ilícita      de     la     jurisdicción     civil”.   

Afirma  que  del análisis del contrato, sin  tener  en  cuenta los restantes medios de convicción, condujeron al funcionario  judicial  “a juzgar un hecho completamente diferente  al  denunciado e investigado por la Fiscalía 78 y Juzgado 10 Penal del Circuito  de Cali”.   

Arguye  que  el hecho que juzgó el Tribunal  fue  la compraventa del vehículo, situación que no comparte, pues el acontecer  fáctico  que  se  investigó  “y sobre el cual debe  decidir   legalmente   es   el   hecho   punible   realizado   por  ANIBAL   LÓPEZ   GAMBOA   en  contra  de  CARLOS  EDUARDO  SEDANO  en  fecha    27    de    octubre   de   1997   (ocho   meses   después)”.   

Sostiene que el error de hecho es manifiesto  y  se demuestra analizando el “aparte de antecedentes  de  la  providencia  demandada  concordando este con los apartes considerativo y  resolutivo de ésta”.   

Agrega que el yerro es tan grave que anula el  estatus  jurídico alcanzado por el demandante, resultando contradictorio con la  providencia  de  la  fiscalía.  Como normas violadas cita el artículo 29 de la  Constitución       Política,      y      como      normas      “inaplicadas”, enuncia los artículos 230  de   la   Constitución  Política,  187  y  254  del  C.P.P.  y  60  y  61  del  “C.P.L.”.   

Segundo  cargo   

Lo  apoya  en  el  error  de hecho por falso  juicio  de  existencia.  A  continuación  asevera que el juzgador desconoce los  hechos   que   demuestran   lo   medios   probatorios,  creando  “dudas  que realmente no existen en el mundo del proceso  y  con fundamento en ese parecer errado considera que hay   interrogantes   insolutos,   que   la   investigación  está  incompleta  y  que  la  tarea quedó mutilada por que no se trajeron al plenario  más        atestaciones        y        más        documentaciones”.   

A  continuación  resalta  las  dudas  del  Tribunal, que según el censor fueron:   

“Por  qué no se  llamó  a  RICARDO  GARCÍA PRIETO a declarar: ¿Por qué motivo no ha cancelado  el  pendiente?,  Que RICARDO GARCÍA PRIETO no informó a la Fiscalía si Anibal  López  Gamboa  conocía  el  pendiente,  Que  si  RICARDO GARCÍA PRIETO no fue  citado  a  la  Fiscalía,  como  sabía  ésta  cuál  había  sido el beneficio  económico   que   obtuvo  ANIBAL  comprando  un  vehículo  con  esa  clase  de  problema”.   

Luego   de   referirse  a  la  promesa  de  compraventa,   según   la  cual,  Sedano  hizo  entrega  de  una  camioneta  de  propiedad   de  Colapia,  “con traspaso a nombre  de            ANIBAL           directamente.”,  resalta  que  también obra certificado de tradición. En esas  condiciones,  manifiesta  que  no  comparte  las  dudas  del Tribunal. Enseguida  cita    unas   jurisprudencias   de   la  Sala,  y  cita  como  normas  “inaplicadas”,   los  artículos     “246     AL     48    –         251        –         243        –         258        –         180        – 13 del C.P.P.   

Finalmente aduce:  

“El hecho de no analizarse debidamente las  pruebas  del  proceso,  además  tiene  como  consecuencia  que  la  providencia  demandada  queda  incursa en la causal No. 2 del artículo 207 del C.P.P. puesto  que  la decisión de revocar la sentencia de primera instancia hace que no quede  en    consonancia   con   los   cargos   formulados   en   la   resolución   de  acusación”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Como  lo  ha  dicho  la Corte, la demanda de  casación  debe  ser  un escrito lógico en el que se deben postular los reparos  formulados  contra  la sentencia de segunda instancia, a través de las causales  estatuidas  en  la ley y con apego en los estrictos presupuestos contemplados en  el  artículo  212 del Código de Procedimiento Penal, pues en caso contrario se  impone su inadmisión.   

En  el  evento  que ocupa la atención de la  Sala,  se  observa que la demanda de casación presentada por la apoderada de la  parte civil no cumple con los citados presupuestos. Veamos:   

En lo que atañe  al primer cargo,   se  observa  que  desconoce el contenido y alcance de las causales de casación,  pues  las mezcla indistintamente al demandar de manera simultánea la violación  del  debido  proceso (causal tercera de casación),  la errada apreciación  de  la  prueba  (causal primera) y la falta de consonancia entre la acusación y  la sentencia (causal segunda).   

Respecto  de  las  normas  que  cita  como  vulneradas  no  dio  las  razones  jurídicas  por  las cuales estima que fueron  transgredidas en la elaboración del juicio de derecho.   

Ahora  bien,  dentro  del  entendido  que la  censura  la postuló por la causal primera de casación, por cuanto invoca error  de  hecho por falso juicio de identidad, se advierte que la censura carece de la  claridad y precisión requerida.   

En  efecto, desconociendo que en el error de  hecho   por  falso  juicio  de  identidad  incurre  el  juzgador  cuando  en  la  apreciación  de  una  determinada  prueba   le  hace  decir  lo  que  ella  objetivamente  no  reza,  erigiéndose  en una tergiversación o distorsión por  parte  del  contenido material del medio probatorio, bien por que se le coloca a  decir  lo  que  su texto no encierra u haciéndole expresar lo que objetivamente  no  demuestra,  procede,  como  si  la  casación fuese una tercera instancia, a  oponerse  al  grado  de  credibilidad que el Tribunal le otorgó a los medios de  convicción.   

Así,  la  casacionista pasa por alto que el  fallo  llega  a  esta  sede  precedido  de  la  doble  presunción  de acierto y  legalidad,  según  la  cual,  los  hechos  y  las  pruebas fueron correctamente  evaluadas  y  el  derecho  estrictamente  aplicado,  estando  en  su deber el de  desvirtuarlas.   

Por consiguiente, no es atinado que presente  una  personal  valoración  de  los  elementos  de  juicio.  Ahora  bien,  de la  argumentación  de  la  censura  también  se  observa que incursiona, de manera  antitécnica,  en  el  error de hecho por falso juicio de existencia al sostener  que  el  Tribunal  para  absolver  al  procesado  sólo  se apoyó en una de las  pruebas  allegadas  válidamente  a  la  actuación,  yerro que, en su criterio,  condujo   a   “convertir   un   hecho   socialmente  reprochable  y  punible  en  una simple compraventa ilícita de la jurisdicción  civil”.   

Finalmente, no señaló en qué consistieron  las  tergiversaciones  o  distorsiones  del  contenido material de la prueba, al  punto  que llevó al Tribunal a declarar una verdad distinta de la que revela el  proceso,  y  menos  evidenció  la  trascendencia  del  yerro  de  la  actividad  probatoria.   

En lo relativo al segundo error, también se  presentan  los  precedentes  errores  en  la construcción de la censura, habida  cuenta  que en vez de enseñar a la Corte cuáles fueron las pruebas omitidas en  el  examen  individual y mancomunado de los medios de convicción, afirma que el  juzgador  de  segunda instancia desconoció los elementos de juicio, aspecto que  lo  condujo  a  “crear dudas que realmente no existen  en  el  mundo  de  proceso”,  máxime  cuando, en su  personal  criterio,  al expediente “no se trajeron al  plenario     más     atestaciones     y     más    documentaciones”.   

Así,  se  observa  que  el censor mezcla el  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  con  la  transgresión del  principio  de  investigación  integral,  cuya  vulneración  se debe postular a  través de  la causal tercera de casación.   

En  definitiva,  la  labor  demostrativa del  cargo  la  centró  en  presentar  una  personal  valoración  de  la promesa de  compraventa,  sin  que  en  manera  alguna  evidencie  un  error en la actividad  probatoria.   

Finalmente, si estimaba que las conclusiones  a  las  que llegó el juzgador de segunda instancia vulneraron los postulados de  la  sana  crítica  ha  debido  invocar  el error de hecho por falso raciocinio,  señalando  cuál  principio de la lógica, de la ciencia y de la experiencia se  quebrantó,  de  qué  manera  lo fue y su incidencia en la parte resolutiva del  fallo impugnado, labor que tampoco emprendió la casacionista.   

Ante  la  falta  de  la  debida técnica, la  demanda se inadmitirá.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR   la  demanda  de casación presentada por la apoderada de la parte civil.  En consecuencia, se declara desierto el  recurso extraordinario de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                          HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                   EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO                       

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                   MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

                   TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

                     Secretaria     

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