20114(12-05-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20114  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 40  

          Bogotá,   D.   C.,   doce   (12)   de   mayo  del  dos  mil  cuatro  (2004).   

VISTOS  

          Mediante  sentencia  del  3 de abril del  2002,  el  Juzgado  19  Penal  del Circuito de Medellín declaró a los señores  Carlos   Andrés   Ceballos  Alzate,  John  Jairo  Ramírez  Usme,  Oscar   Andrés   Agudelo  y  Oscar   Emilio  Vélez  Muñoz  penalmente  responsables,  como  coautores,  del concurso de delitos de homicidio agravado y  hurto  calificado agravado. Al último también le dedujo porte ilegal de armas.   

          A  Ceballos, Ramírez y Agudelo   les   impuso   30   años   de   prisión,   y   a   Vélez  Muñoz  37  años  y  4  meses  de  prisión.   

          Les  dedujo,  además,  la  accesoria de interdicción de derechos y  funciones   públicas   por   10  años  y  la  obligación  de  indemnizar  los  perjuicios.   

          El   fallo   fue   apelado   por   los  defensores  de  Vélez  Muñoz, Ceballos Alzate y Ramírez  Usme.   

          El  25  de  junio  del  mismo año, el Tribunal Superior de la misma  ciudad   lo   ratificó   en   relación   con  Vélez  Muñoz,  pero  le  modificó  la  pena privativa de la  libertad,   que   fijó   en   27  años,  tras  observar  que  el  A  quo había incrementado genéricamente  la  pena  con  base  en  una  causal  que  ya  había sido deducida a título de  específica,  y  en  que  se  había  agregado  otra  de  mayor  punibilidad  no  acreditada  en  la  acusación,  amén de que la 1ª instancia había acudido al  nuevo  régimen  de  determinación judicial de la pena, cuando ha debido seguir  la ruta del Código Penal derogado.   

          A los dos últimos los absolvió.   

          Y  expresamente  afirmó que no se ocupaba de la situación del otro  procesado,    Oscar    Andrés   Agudelo,  procesado ausente, porque respecto de él no se interpuso ningún  recurso    “y   por   ende   el   fallo   adquirió  firmeza” (destaca la Corte).   

          El  nuevo  apoderado de Oscar Emilio Vélez  Muñoz  recurrió  en casación, que fue concedida. La  Sala  resuelve  de  fondo,  una  vez recibido el concepto del Procurador Segundo  Delegado en lo Penal.   

HECHOS  

          En  horas  de  la  noche  del 4 de marzo del 2000, John Fredy Correa  Quiroz  ingresó  a  un  establecimiento abierto al público ubicado en la calle  81EE,  No.  54B-25  de  Medellín,  y  se  dedicó  a consumir licor y a bailar.   

          En  la madrugada del día 5, dada la congestión, alguien lo empujó  y  cayó  sobre  alias  “Malacara” –Oscar   Emilio   Vélez   Muñoz-.  Éste,  después  de  insultarlo,  lo  lesionó  con  una  navaja  que  le  pasó  “El  Chinche”   –John  Jairo  Ramírez   Usme-.   Los   acompañantes   de   Vélez  Muñoz,   es   decir,  “Malacarita”  –Oscar   Andrés   Agudelo-,      “Yiyo”     –Juan     Carlos     González-    y    “Aladino”    –Carlos  Andrés  Ceballos  Alzate-, lo  sacaron  del  establecimiento y lo llevaron a rastras por algunas cuadras. Luego  lo  detuvieron para que “Malacara” lo degollara. También le dispararon y lo  despojaron de sus pertenencias. Y lo dejaron muerto en el sitio.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

         

          Adelantada  la  correspondiente  investigación,  el  17 de mayo del  2001  los  sindicados fueron acusados como coautores de los delitos de homicidio  agravado   y   hurto  calificado  agravado.  A  Vélez  Muñoz  se le adicionó la autoría de porte ilegal de  arma  de  fuego. La decisión fue apelada y la segunda instancia la ratificó el  19 de julio siguiente.   

          Después      fueron      proferidas      las      sentencias     ya  mencionadas.   

LA DEMANDA  

          El  defensor formuló un cargo  con  base  en la causal tercera, nulidad  por   violación   del   derecho   a  la  defensa.  Lo  desarrolló así:   

          1.  A  pesar  de  que  al sindicado le fue  asignado  un  abogado  para  todo  el proceso, lo cierto es que no contó con un  asistente  que  lo  hubiera  instruido  sobre  la  sentencia  anticipada,  y  el  descuento  punitivo  que  significaba,  ni  sobre  la  búsqueda de pruebas para  demostrar su inocencia.   

          2.   Los  dos  testimonios  de  cargo  se  recibieron  antes  de  la  vinculación del procesado. Por esto le fue imposible  ejercer un control sobre ellos y controvertirlos.   

          3. El apoderado contractual renunció y se  generó  un  vacío  que  la  fiscalía  trató  de  colmar con una designación  oficiosa.  Pero  al  poco  tiempo  cerró  la investigación. Durante esta fase,  además,  no  se  solicitaron  pruebas a favor del imputado, vgr. ampliaciones a  los  testigos  de cargo y una inspección al lugar de los hechos para determinar  el sitio donde se encontraban aquellos y la visibilidad.   

          4.   La  defensa  oficiosa  no  presentó  alegatos  precalificatorios,  no  recurrió  la  acusación, ni se pronunció en  forma  alguna  a  propósito  del  traslado consecuencia del recurso que sí fue  interpuesto por otros.   

          5.  En  el  juicio,  el  profesional  del  derecho  no  reclamó  la nulidad por ausencia de defensa técnica, ni buscó el  acopio de medios probatorios.   

          Solicitó  se  invalide la actuación a partir del acto de clausura,  petición   que  hizo  extensiva  para  Oscar  Andrés  Agudelo,          quien          –agregó-   careció  en  absoluto  de  asesoría técnica.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

          El  Procurador  Segundo  Delegado  recomendó no casar la sentencia.  Sus razones fueron:   

          1.  Las simples falencias en la defensa no  constituyen  irregularidad.  Es necesario que hayan generado, razonablemente, la  causación       de       algún       perjuicio      material      –no   formal-.  El  demandante  no  lo  demostró.   

          2. El censor olvidó que la contradicción  no  se  ejerce  exclusivamente  con  el  contra-interrogatorio  a  los testigos.  También  constituyen  controversia  las valoraciones que se hagan en torno a la  prueba,  la  interposición y sustentación de recursos  y la intervención  en el debate oral.   

          3.  No  demostró  que la práctica de las  pruebas  señaladas  realmente  pudiera  incidir favorablemente en la situación  del acusado.   

          4.  La  simple  pasividad  del  abogado no  basta para comprometer la legalidad del proceso.   

          5. La solicitud que hiciera el actor en el  sentido  de  extender  la  nulidad  a  otro  enjuiciado no es atendible, pues el  casacionista carece de legitimidad para postular en su favor.   

          Aclaró  que  al señor Agudelo  se  le afectó su derecho a la defensa, por cuanto en la audiencia  pública  su  apoderado  se  limitó  a  expresar  que  se  atenía  a la prueba  legalmente  aportada,  y  el  Tribunal  no  lo favoreció con la rebaja de pena,  porque  erradamente  entendió  que,  por  no haberla impugnado, la sentencia de  primera instancia había causado una ejecutoria parcial.   

                  Pero        –advirtió-,  según  jurisprudencia  de  la  Sala, no procedería la  casación  oficiosa,  que  debe tener como punto de partida la demanda en forma,  salvo  que  a  la  conjunción adversativa “pero” se le dé un alcance mayor  para   la   efectividad  del  derecho  material  y  de  las  garantías  de  los  intervinientes, incluso de los no recurrentes.   

CONSIDERACIONES  

Sobre la demanda.  

          La  sentencia  no  puede  ser  casada  con  fundamento  en el libelo  presentado, porque:   

          1.  No  es  cierto que se haya ordenado la  vinculación  del  imputado en forma tardía: la instrucción se inició el 4 de  septiembre  del  2000  y el primer acto que se dispuso fue su captura con el fin  de escucharlo en indagatoria.   

          2.  La  defensa  técnica  fue  integral y  continua  y  gozó  de  todas  las  potestades  y  posibilidades  de actuación.   

          En  la  diligencia  de descargos el procesado designó un abogado de  confianza  para  que  lo  asistiera  en  todas  las  fases de la investigación.   

          En  la  misma  fecha  en  que el apoderado contractual renunció, el  sindicado  fue  enterado  y  se  le  designó uno de oficio. Este, a su vez, fue  reemplazado por otro que escogiera el detenido.   

          3.   Es  inadmisible  que  se  apoye  una  hipotética   lesión  al derecho de defensa en la conjetura consistente en  que  los abogados anteriores no asesoraran al procesado en materia de beneficios  fruto de la sentencia anticipada.   

          De  una  parte,  el  actor  no demostró que el procesado no hubiera  sido  ilustrado  sobre el tema por sus defensores; y, de otra, tampoco comprobó  que  conociendo  esa posibilidad la “parte” defensiva, hubiera optado por el  sometimiento al debate por la ruta normal.   

          4.  La  simple  discrepancia en torno a la  estrategia  que  pudo ser utilizada por los togados en desarrollo del proceso no  constituye  vulneración  al  derecho  de defensa, menos si, como sucede en este  caso,  la  disputa  se  quiere  centrar  y  sustentar  en  argumentos elaborados  a posteriori.   

         5.  La  conducta  “pasiva” del togado,  entendida  como “no hacer”  frente a algunos actos judiciales, por sí,  no  constituye  agresión  al  derecho.  El  derecho  de  defensa es cercenado o  mutilado  sólo  cuando hay abandono total de la gestión, concebido como que ni  siquiera se ejerza control sobre el expediente.   

         Esto  no  sucedió  en el asunto que es objeto de examen. Quienes se  desempeñaron  como defensores siempre estuvieron atentos al trámite. Véase la  siguiente reseña:   

         a)  El apoderado de confianza inicial se notificó de la resolución  que  impuso  medida  de  aseguramiento.  Renunció al mandato el 29 de marzo del  2001.  El  procesado  fue  enterado  en la misma fecha y ese día se le designó  apoderado   de  oficio.  No  hubo,  entonces,  interrupción  de  la  asistencia  docta.   

         b)  El  togado  de oficio se enteró personalmente de la mayoría de  las  decisiones  más  importantes:  cierre  de  la  investigación; acusación;  traslado  previsto  en  el  artículo  400  del  Código de Procedimiento Penal;  determinación    de    fecha    para    audiencia   preparatoria   –compareció  en  las dos oportunidades  en  que ésta se desarrolló-; y fijación de data para el desarrollo del debate  oral.   

         c)  El acusado designó nuevo defensor contractual, y éste asistió  al  despacho;  fue  notificado  de  las decisiones adoptadas, como fecha para la  audiencia  pública  y  resolución  que negó libertad provisional; e intervino  activamente  en  la  vista: interrogó a varios procesados y testigos, presentó  estudios  previos al fallo, y recurrió la sentencia, impugnación que sustentó  oportunamente.   

         Como  se  percibe  con  facilidad, globalmente es claro que sí hubo  defensa,  especialmente  por  la  atención  que  los letrados le dispensaron al  trámite.    Y    esa    atención   –es  apenas  lógico-  se  hallaba  precedida  del  cuidado  que  les  acompañó durante el desenvolvimiento del proceso.   

         6.  El  hecho  de  no  pedir pruebas no da  lugar,  sin  más,  a  declarar  ausencia de protección técnica, pues esa  conducta  silente  puede  obedecer  a  una  manera  de  observar  y  entender el  ejercicio   del   derecho   de   defensa.  Pero,  además,  la  afirmación  del  casacionista  no  corresponde  a  la  plena  verdad.  Nótese como en el acta de  audiencia preparatoria con nitidez se plasmó lo siguiente:   

         “Manifiestan  los  señores defensores de manera respetuosa que se  escuche  en  declaración  al  señor  José  Alvear,  quien  mediante  memorial  recibido  en  este  despacho… se retractó de lo declarado en la Fiscalía; en  el mismo sentido coadyuva la petición el señor Fiscal”.   

         Se  desprende  de  esas  frases  que  los apoderados requirieron del  despacho  judicial  la  práctica  del elemento de juicio señalado. Y dentro de  los  concurrentes  a la audiencia se hallaba el defensor del señor Vélez Muñoz.   

         7.   El   demandante   no   demostró  la  incidencia  que  en  la  situación  de  su representado hubiera podido tener el  contrainterrogatorio  que,  dice, ha debido hacer el anterior apoderado frente a  la  intervención del testigo José Alvear Correa Vélez. Y, además, fíjese la  atención  en  que sobre el tema extrañado -la presunta enemistad del deponente  con  el  acusado-  en  la  audiencia  pública  tal declarante fue cuestionado a  espacio,  incluido  lo  referente  al  punto  indicado.  Así,  por  ejemplo, la  fiscalía le preguntó:   

         “Cómo   eran   sus   relaciones  con  su  primo  MALACARA  y  sus  compañeros  para  el  día  cinco  de  marzo  de dos mil? CONTESTÓ: buenas, no  habíamos tenido problemas”.   

         8.  El  trabajo  desplegado por la defensa  desvirtúa,  entonces,  la  afirmación  sobre su inexistencia. En concreto, esa  labor,  especialmente  realizada  durante  el debate público y en el escrito de  sustentación   de  la  alzada,  enseña  cómo  fue  problematizada  la  prueba  testimonial.  Otra  cosa  es  que  para el actor el principio de controversia se  limite exclusivamente a los “interrogatorios de parte”.   

         9.  Tangencialmente,  el censor ha querido  hacer    alusión    a    desconocimiento    del   principio   de   investigación  integral, con base en que  no  se  realizó  una inspección al sitio de los hechos para establecer la  posición  de los testigos y las condiciones de visibilidad. Pero, de una parte,  no  desarrolló  la  inquietud;  y,  de  la  otra,  no podía hacerlo por cuanto  olvidó  que  como  los declarantes sí se refirieron a esas circunstancias y el  tema  jamás  fue  puesto en duda en el curso de las disputas procesales, no era  imprescindible adelantar tal diligencia.   

         En  resumen,  no  hubo abandono ni descuido del proceso por parte de  los  apoderados  y,  por  tanto,  las  censuras  hechas  al  fallo no pueden ser  admitidas.   Al   contrario,   de   la  actuación  de  la  defensa  emana  algo  indiscutible:  resultado  de  la  apelación  respecto  de  la  sentencia de 1ª  instancia,  una de las decisiones finales: reducción de la pena de prisión, de  37  años  y 4 meses, a 27 años, es decir, una disminución notoria, de más de  diez años.   

Sobre la casación oficiosa.  

         La  Corte  casará  de oficio el fallo en relación con Oscar  Andrés Agudelo a pesar de que, como  ya  se  dijo, condenado en ausencia, no impugnó la sentencia de 1ª instancia y  tampoco recurrió en casación. Estas son las razones:   

         1.  En  el  asunto  que  ahora  estudia la  Corte, ha ocurrido lo siguiente en relación con este procesado:   

         a)  Fue  emplazado,  declarado  persona  ausente,  y  se le designó  defensor  de  oficio.  Este  se  posesionó  y  se notificó personalmente de la  resolución   que   resolvió   la   situación  jurídica,  del  cierre  de  la  investigación y de la resolución acusatoria.   

         No  se  enteró  de  la  misma  manera  del  traslado previsto en el  artículo  400  del  Código  de Procedimiento Penal, tampoco de la fijación de  fecha  para  audiencia preparatoria y no asistió a esta, razón por la cual fue  necesario  fijar  otro  día.  Y  producida la sentencia de 1ª instancia, no se  notificó y, por ende, tampoco la impugnó.   

         Hasta  aquí  podría  pensarse en que el comportamiento del abogado  quizás obedeciera a una estrategia o táctica defensiva.   

         Sin  embargo,  en  la  audiencia  pública  se notan otras cosas: se  iniciaron      varias     sesiones     sin     su     presencia     –basta  mirar  las  constancias dejadas  por  el  juzgado y la ausencia de su firma en algunas de las actas de sesión- y  su  intervención  se  redujo  a esto, como se percibe al folio 554 del cuaderno  número 3:   

“Dadas las circunstancias de tiempo, modo  y  lugar  en  la  que se desarrollaron los hechos materia del proceso y toda vez  que  mi prohijado se encuentra ausente del Estrado judicial, solo me resta decir  que  me  atengo  a  la  prueba oportuna y legalmente aportada al proceso, con la  consecuente decisión judicial”.   

         Fácilmente  se  establece,  así,  que el apoderado no hizo nada en  pro  de  su  defendido. No analizó las pruebas, no se ocupó de ningún aspecto  del  proceso  y,  en  últimas, ni es posible establecer con nitidez cuál es el  sentido  de sus palabras. Mejor dicho, la ausencia de defensa en el debate final  fue totalmente nula.   

         Y  esa  intervención  totalmente  negativa  en la audiencia muestra  que,  en  verdad,  la  pasividad  ya reseñada del letrado se aleja de cualquier  posibilidad   de   pensar   en  que  obedecía  a  una  estrategia,  y  que  las  notificaciones    personales    que   le   fueron   hechas   eran   pura  forma. Lo que enseña su conducta es  desidia,   carencia   de  ánimo  defensivo  y,  desde  luego,  profesional.  La  conclusión,     entonces,    es    sencilla:    el    procesado    Agudelo  no tuvo  defensa durante el proceso.   

         b)  Agudelo  fue  condenado  en  1ª  instancia  a  30 años de prisión, por homicidio agravado y  hurto  calificado  agravado.  Le  fueron  deducidas las mismas circunstancias de  mayor  punibilidad  acreditadas  a  Vélez,  aun  cuando  el  juzgado tuvo en cuenta, además, la presencia de  una  de atenuación punitiva. Y la pena fue inferior a la de éste, porque no se  le imputó porte ilegal de armas.   

         El   Tribunal,  con  el  argumento  equivocado  de  la  ejecutoria  de  la  sentencia respecto de  Agudelo,  y  porque  este no  impugnó,  dejó  intacta  la  pena que le fuera impuesta, cuando, en aras de la  igualdad,   ha   debido  reducirla  tal como lo hizo frente a Vélez,   es   decir  restarle  la  cantidad  deducida  por  dos  causales  genéricas de incremento, indebidamente utilizadas.    

         Son   predicables  de  Agudelo,  entonces,  violación  al  derecho  de  defensa    y    desconocimiento   del   principio   de   igualdad   en   materia  punitiva.   

         2.   Una   normatividad  básica  permite  resolver el punto. En efecto:   

         a)  Expresa  el  artículo 2º de la Constitución Política que uno  de   los   fines   esenciales   del   Estado   es   garantizar  la  efectividad    de    los    principios,  derechos    y   deberes  consagrados  en  ella  (inciso  1º),  tarea  que  compete  básicamente  a  las  autoridades  de la República, instituidas para proteger a todas las personas en  su     vida,     honra,     creencias,     bienes    y    demás    derechos  y libertades (inciso 2º). Como  es  obvio,  ese propósito tiene que ver sobre todo con el reconocimiento de los  derechos  inalienables de la  persona,  cuya  custodia  y  materialización gozan de primacía sobre toda otra  consideración,  sin  discriminación alguna (artículo 5º), incluso por encima  de  las  formas  y  formalidades,  pues  la  Carta también da preeminencia a lo  sustancial  en  materia  de  administración de justicia (artículo 228).   

         b)  El  artículo 13 de la Constitución, entre otras disposiciones,  sienta    el   principio   de   igualdad,  de  acuerdo con el cual todas las personas deben recibir el mismo  trato  de  las autoridades, sin distinción alguna, misión que obliga al Estado  a     promover     las     condiciones     para     que     sea     real         y        efectiva.   

         c)  El  artículo 29 de la Carta plasma y regula el marco del debido  proceso,  o  proceso  como  es  debido, o proceso justo, dentro del cual incluye  como    una    de    sus    especies    el    derecho    a    la    defensa  y  a la asistencia de un abogado  escogido  por  el  procesado o determinado de oficio por el Estado. Este derecho  es  fundamental y, por tanto,  inenajenable e inalienable.   

         d)  La  Ley  Estatutaria  de  la Administración de Justicia (270 de  1996)    impone    a    los    jueces    el    deber   de   hacer   efectivos  los  derechos,  garantías  y  libertades  consagradas  en  la  Constitución  (artículo 1º), así como el de  respetar,  garantizar  y  velar  por  la  salvaguarda  de  los  derechos  de los  intervinientes en el proceso (artículo 9º).   

         e)  Por  mandato  del artículo 234 de la Carta, la Corte Suprema de  Justicia  es  el  máximo  tribunal  de la jurisdicción ordinaria, y su primera  atribución,  dice  el  artículo siguiente, es la de “Actuar como tribunal de  casación”.  En  el mismo sentido se pronuncian los artículos 15 y 16.2 de la  ya mencionada Ley Estatutaria de la Administración de Justicia.   

         f)  El  Código  de  Procedimiento  Penal  desarrolla los anteriores  mandatos     constitucionales    de    varias    formas,    especialmente    las  siguientes:   

         Una.  El  artículo 75.1, que otorga a la  Sala  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia la competencia relacionada con el  recurso de casación.   

         Dos. El artículo 142, que establece como  deberes  de  los servidores judiciales los de resolver los asuntos con sujeción  a    los    principios   y   garantías   que  orientan el ejercicio de la función jurisdiccional (No  1)   y   hacer   efectiva   la  igualdad  de los sujetos procesales en el trámite de la actuación judicial  (No 5).   

         Tres.  El  artículo  206,  que fija como  finalidades  de  la  casación  “la efectividad del derecho material y de  las  garantías  debidas  a  las  personas  que  intervienen  en  la  actuación  penal…y  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las  partes  con la  sentencia demandada”.   

         Cuatro.   Y   el   artículo   216,  que  positiviza  el  principio  de limitación  en  materia  de  casación, pero que le establece como excepciones  aquellos  casos  en  los que la Corte debe anular o casar de oficio, bien porque  concurre   una   causal   de   nulidad  (incompetencia,  violación  al debido proceso o desconocimiento del  derecho  de  defensa),  bien porque ostensiblemente la  sentencia  atenta  contra las garantías fundamentales.   

         Esta  normatividad,  decíase,  sería  suficiente  para resolver el  caso.   Bastaría,   entonces,   mirar  las  normas  acabadas  de  citar  de  la  Constitución,  la  Ley  Estatutaria  y  el  Código  de  Procedimiento Penal, y  compararlas  con  el expediente, para concluir que, en realidad, hubo violación  de derechos.   

           3. No obstante  lo  anterior, porque lo ha planteado el Señor Procurador y porque tiene que ver  con  la  solución  del  asunto examinado, accesoriamente la Corte presenta otro  argumento.   

         El problema es el siguiente:   

         Tal  como  lo  ha  interpretado la Sala, en principio la facultad de  oficiosidad  prevista  en  el  artículo  216 del Código de Procedimiento Penal  supone   la   previa   admisión  de  la  demanda  de  casación.                 Desestimada  ésta  en  el  análisis  de  fondo,  si  se  encuentran  causales  de  nulidad  o  violaciones a los derechos  fundamentales    de    la    persona    representada    por    el   demandante,  la  Corte se debe pronunciar  de  oficio,  en  general ordenar la restauración del proceso y, si es del caso,  hacer  extensiva  su  decisión  a  los  demás  procesados  que puedan resultar  favorecidos  con su fallo. No hay, entonces, inconveniente, pues así resulta de  la    norma   citada   y   del   contenido   del   artículo   229   del   mismo  estatuto.   

         Pero  surge  inquietud  frente a un problema similar, más no igual.  Este  es  el  tema:  un  coprocesado  condenado  en  1ª instancia no impugna la  sentencia  y  tampoco  recurre  en  casación,  como  sí lo hace otro condenado  dentro  del  mismo  fallo.  Después  del examen correspondiente del proceso, la  Corte  concluye  que  la demanda examinada no conduce a la decisión de casar el  fallo  y  que tampoco es viable la casación oficiosa respecto de ese recurrente  porque  no  se  reúnen  los  requisitos  establecidos  en  el artículo 216 del  Código  de  Procedimiento  Penal.  Sin  embargo,  del  análisis del expediente  resulta  que al condenado que no impugnó la decisión de 1ª instancia y que no  acudió   a   la   casación  se  le  han  desconocido  derechos  fundamentales.  Dígase:   

         a)  El  artículo  216  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  que  establece  el  principio  de  limitación en materia de casación, dice lo siguiente:   

         “En principio,  la  Corte  no  podrá  tener en cuenta causales de casación distintas a las que  han    sido    expresamente    alegadas    por   el  demandante.  Pero tratándose de la causal prevista en  el  numeral  tercero del artículo 220, la Corte deberá declararla de  oficio. Igualmente podrá casar  la sentencia cuando sea ostensible  que   la   misma   atenta   contra   las   garantías  fundamentales”.   

         b)   Deben  ser  afrontados  tres  aspectos:  primero,  En   principio;   segundo,  Pero;   y   tercero,   los  puntos   seguidos  de  la  oración  que  escribe el artículo 216.   

         c)  El artículo comienza diciendo que, en  principio,  la  Corte  sólo  se  puede  ocupar de las  causales  de  casación  formuladas  por el demandante. Esa es la regla general.  Como  en principio significa  para  comenzar, inicio,  primer  paso  o  paso  inicial, punto  de  partida, es claro que si del estudio del expediente  se  desprende  que respecto del demandante  es  predicable  una  causal  de  nulidad o una vulneración de sus  garantías,   procede   la   declaración   de   nulidad   o  la  casación  del  fallo.   

         d)   Sigue   la   norma.   “…por   el  demandante.  Pero…”.   

         Pero,  conjunción adversativa, es decir,  palabra  que  denota oposición y diferencia entre la frase que precede y la que  sigue,    significa    también   sin   embargo   de  ello,  contraposición a un  concepto  diverso o ampliación del mismo –per  hoc-.  Gramaticalmente,     entonces,     pero  debe  ser entendido como pasar a otro lugar, convocar a otro texto  diferente al anterior, tener en cuenta otra unidad.   

         Si  Pero  está  ubicado  inmediatamente después del punto  que  pone fin a la primera hipótesis -la que tiene que ver con el  libelo  presentado  por el demandante-, es obvio que la segunda parte se refiere  a  otra  situación  del mismo fenómeno, o sea a aquella en la que no existe el  núcleo  de  la  primera  tesis, es decir, la vinculada con el presupuesto de la  demanda;  o  que el segundo  planteamiento    amplía,  extiende   el  primero  a  aquellos    eventos    en    los    cuales    no    existe    la    demanda.   

         e)       El      artículo      contiene      tres      disposiciones,    es    decir,    tres  textos   o   unidades,  perfectamente  separables, aun  cuando  conformantes  de la misma temática, es decir, la casación, tal como lo  hizo    el    legislador    al   acudir   al   punto  seguido.   

         Una.    Frente  a  la  demanda,  la  Sala solamente debe atender  las  causales  expresamente  alegadas  por el censor. Por tanto, le está vedado  mirar  otras,  que  desde  luego  resultan  excluidas  por  el querer del propio  demandante.   

         Punto seguido.   

         Dos.   Si  tras  el  estudio  total  del  expediente  la  Corte capta  una  causal  de nulidad dentro del proceso  -incompetencia,  vulneración  al  debido  proceso o al derecho de  defensa-  tiene  que  declararla,  además  porque  según  el artículo 307 del  Código  de  Procedimiento  Penal  es  deber del funcionario judicial hacerlo en  cualquier momento de la actuación en que la detecte.   

         Punto seguido.   

         Tres. Si luego de lo mismo, es decir, del  estudio       hondo      y      pormenorizado      de      los      folios en conjunto encuentra que han sido  violados     derechos     fundamentales,     igualmente     debe     casar    la  sentencia.   

         Siendo  tres situaciones diversas, la conclusión es prístina: ante  la   demanda,  sólo  las  causales  propuestas;  ante  el expediente,   cualquier   causal   de   nulidad;   y   ante   el  expediente,     toda     causal     de  casación.   

         Y   esta   deducción   se   confirma  con  la  observación  de  la  construcción gramatical utilizada:   

         Punto  tiene  varias acepciones: cada una  de  las  puntadas  que en las obras de costura se van dando para hacer una labor  sobre  la tela; cada uno de los asuntos o materias diferentes de que se trata en  un  sermón,  discurso  o  conferencia;  parte  o  cuestión  de  una ciencia. Y  punto  seguido es el que se  coloca cuando termina un periodo.   

         4.   Como   resultado  de  lo  dicho,  se  encuentra lo siguiente:   

            

         a)   El   procesado   Agudelo  careció  de  defensa  durante  el  proceso, razón por la cual se  impone  la  anulación del mismo respecto de él, desde los actos inmediatamente  posteriores  al  auto del 8 de agosto del 2001, por medio del cual el Juzgado 19  Penal  del Circuito dispuso correr el traslado a que se refiere el artículo 400  del  estatuto  procesal  penal.  A  partir  de  este momento se pueden ejercer a  plenitud  los  derechos  quebrantados.  Mientras  tanto, las pruebas practicadas  conservarán su validez.   

         b)  Con  la  sentencia  de  segunda instancia también fue vulnerado  otro    principio    capital    del    proceso   penal,   el   de   igualdad.   

         Sin   embargo,   como   el  primer  motivo  de  anulación  es  más  comprensivo, subsume lo dicho en el literal b).   

         c)  Para acomodar el procedimiento a las reglas legales es obvio que  se impone la designación de un defensor de oficio serio y capaz.   

         d)  Consecuencia del comportamiento del abogado Diego Alonso Cortés  Mejía,  altamente lesivo del Estatuto de Ética Forense, es necesario compulsar  copias  para  que el competente en materia disciplinaria se ocupe del estudio de  su actuación.   

         

         En  virtud  de  lo  expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         

         1.  Desestimar  la  demanda  presentada  a  nombre   de  Oscar  Emilio  Vélez  Muñoz.   

         2.   Casar  oficiosa  y  parcialmente  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Medellín el 25 de junio del  2002,     en    relación    con    Oscar    Andrés  Agudelo.   

         3.  Declarar  la  nulidad de todo lo actuado, exclusivamente respecto de  Oscar  Andrés  Agudelo,  a  partir  de los actos inmediatamente siguientes al auto del 8 de agosto del 2001,  por  medio del cual el Juzgado 19 Penal del Circuito de Medellín dispuso correr  el  traslado  del  artículo 400 del Código de Procedimiento Penal. Las pruebas  practicadas conservarán su validez.   

         4.               Remitir   al   competente   en   materia  disciplinaria  copia  del  proceso  para  que  examine la actuación del abogado  Diego Alonso Cortés Mejía y  tome  las  determinaciones  que  estime  necesarias frente al Estatuto de Ética  Forense.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

Comisión de servicio  

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO    ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO              ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN               JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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