19947(27-03-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19947  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

                            Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

Aprobado Acta No. 038  

Bogotá D.C., veintisiete (27) de marzo de dos  mil tres  (2003).   

V I S T O S:  

Decide  la Sala sobre la demanda de casación  presentada  por  el apoderado de la parte civil dentro del proceso adelantado en  contra  de  RAFAEL  GUILLERMO  ARENAS  ÁLVAREZ  por la presunta comisión de la  conducta punible de estafa.   

HECHOS:  

          RAFAEL  GUILLERMO ARENAS ÁLVAREZ decidió rifar la camioneta Mazda,  línea  B-2000, de placas BJ – 813, color rojo montana de su propiedad, pagadera  a  quien  adquiriera  la  boleta  con  el  número  que  coincidiera con las dos  últimas  cifras  del  que  resultara ganador del premio mayor de la lotería de  Bogotá  que  jugaba  el  6  de  julio  de  1995.  Carolina Marín Méndez,  cuñada  suya  que  le  colaboró con la venta de boletas, dejó para sí la del  número    06   que   resultara   ganador   del   sorteo,   entregándosele   el  vehículo.   Posteriormente  y  durante  más  de un mes, la señora Marín  intentó  infructuosamente  venderlo,  aceptando  finalmente la oferta de compra  por  ocho  millones de pesos ($8.000.000.oo) que le hizo quien la había rifado,  recibiendo  un  adelanto  de  un millón ciento cincuenta y dos mil pesos.   ARENAS  ÁLVAREZ  se negó a pagarle el resto del dinero, alegando que como ella  no  había  cancelado previamente al sorteo la boleta que resultara ganadora, no  tenía derecho a reclamar el premio.   

ANTECEDENTES:  

          1.  La  Fiscalía  General  de  la Nación  dispuso  apertura  de  instrucción y adelantó el trámite hasta el 30 de marzo  de  1998  cuando  profirió  resolución de acusación en  contra de RAFAEL  GUILERMO  ARENAS  ÁLVAREZ  como  presunto  responsable  del  delito  de estafa,  agravada por la cuantía.   

2.   Mediante  sentencia  del  5  de  febrero  de  2001  el  Juzgado 10° Penal del Circuito de  Bogotá  D.C.  condenó  al  acusado  a  las  penas  principales  de 24 meses de  prisión  y multa de cinco mil pesos como autor responsable del delito motivo de  la acusación.    

3.  Contra  esa  sentencia  interpuso  recurso  de  apelación el defensor del procesado, que fue  desatado  mediante  fallo del 23 de abril de 2002 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá  D.C.  revocando  la sentencia de  primera instancia para en su lugar absolver al acusado. Y,   

4. El apoderado de  la  parte  civil  interpuso el recurso extraordinario de casación que sustentó  como a continuación se sintetiza.   

LA DEMANDA:  

          Se  presenta  con  fundamento  en la causal primera, cuerpo segundo,  del  artículo 207 del Código de Procedimiento Penal, bajo cargos de violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de hecho derivado de equivocados  juicios  que  indujeron  al  fallador  a no aplicar el artículo 356 del Código  Penal,  que concretamente ocurrieron porque los Magistrados de la Sala Penal del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá D.C.   

“incurren en error de lógica jurídica al  estructurar  juicios  de  inferencia  no  compatibles  con la realidad debido al  empleo de premisas desafortunadas”.   

          Para  desarrollar  esa  afirmación,  el  censor  transcribe algunos  apartes  del  fallo  del  Tribunal,  glosándolos  con  comentarios de su propio  tenor.  Así,  a  la afirmación conclusiva del ad quem sobre un acuerdo de pago  posterior  de la boleta que resultó ganadora entre el acusado y su denunciante,  del  que  aquél  finalmente  se arrepintió y por ello no le pagó la totalidad  del  precio  del vehículo que le había comprado, contrapone que ese acuerdo de  compraventa  del  automotor  que  aquella  supuestamente  se había ganado en la  rifa,   fue  una  treta  que  el  acusado  “maquinó,  ideó,  fabuló  y  diseñó”  para  despojarla  del  mismo y que la cuota inicial que le canceló  del  precio  acordado,  fue un ardid para llenarla de confianza y convencerla de  que tenía la intención de cumplir con el contrato.   

          A  continuación  se pregunta, cómo explicar que ARENAS ÁLVAREZ le  haya  entregado el vehículo a la denunciante, sino es por el acuerdo de pago de  la  boleta ganadora con posterioridad a la fecha de la rifa, pues de no existir,  el  encausado no hubiera realizado un contrato de compraventa de la camioneta, y  de  esa  manera  reconoció  la  propiedad  de ella sobre ese automotor. Con ese  comportamiento  –dice  el  censor—   el  procesado  exteriorizó  su  dolo, pues sabía que con esa conducta lesionaba el patrimonio  de la denunciante.   

          Era   entonces   imperioso  para  el  Tribunal  dar  aplicación  al  artículo  356 del Código Penal (derogado) y no revocar la sentencia de primera  instancia,  pues  al conocer de los hechos para enfrentarse a las opciones de si  se  trataba  de una conducta punible o de un negocio civil de incumplimiento del  contrato  y  decidirse  por  ésta  última,  dejó desprotegida la buena fe que  asiste  a  los  ciudadanos  en  sus  transacciones,  en conclusión que sólo se  explica  como  fruto  de  una  desafortunada  valoración  y  análisis  de  los  elementos probatorios.   

El  Tribunal  valoró  mal la naturaleza del  contrato  de  compraventa celebrado entre la denunciante y el procesado, pues si  bien  es  cierto  que aquella entregó voluntariamente la camioneta, ese acto no  culminaba  la  transacción,  apenas  la  iniciaba,  de  modo  que  la  falta de  cancelación  total  del bien es un engaño  que “clama por la existencia  de  la  estafa”,  tal como se ha reconocido jurisprudencialmente en decisiones  que  indican  la  necesidad  de obrar de buena fe no sólo al contratar, sino al  cumplir el contrato.   

Finalmente,  para  señalar la trascendencia  del  vicio,  indica que lo fue por cuanto se afectó el patrimonio psicológico,  moral  y  afectivo  de  la víctima porque el sindicado era su cuñado y ella lo  creía  un  hombre  leal  y  honesto,  aparte  que  la violación de la norma le  generó  un  sensible  detrimento de su patrimonio económico, consecuencias que  no  habrían ocurrido si se “hubiera realizado una valoración en conjunto del  contrato  y  de  la  responsabilidad  del  comprador  presunto del vehículo”,  razones  todas  que  lo  conducen  a  solicitar que se case la sentencia y en su  lugar  se  confirme  la  sentencia condenatoria que dictó el Juzgado 10° Penal  del    Circuito    de   Bogotá   en   contra   de   RAFAEL   GUILLERMO   ARENAS  ÁLVAREZ.   

LA CORTE CONSIDERA:  

         

         1.  Insistentemente ha señalado la Corte  que  el  adecuado  entendimiento  de la naturaleza del recurso extraordinario de  casación  es  imprescindible  para  la  presentación  de  la  demanda que debe  demostrar  de  manera  clara  y precisa los fundamentos de la causal y del cargo  que  se  enuncia  y  formula,  respectivamente, en contra de la sentencia de las  instancias.   

         2. La falta de ese entendimiento genera,  como  en este caso, que se sustente esa forma de impugnación con un escrito que  prescinde  de  todas  las  reglas  de  la  técnica que informa la actuación en  casación,  pasando  por  alto  elementos  tan  basilares como la significación  extraordinaria  del  recurso,  las  presunciones  de  legalidad y acierto de las  sentencias  y  el  carácter  asertivo  de  los  errores que se denuncien, entre  otros.   

         3.   El  apoderado  de  la  parte  civil  constituida  dentro  de  la  actuación  procesal  que se adelantó en contra de  RAFAEL   GUILLERMO  ARENAS  ÁLVAREZ  pretende  la  casación  de  la  sentencia  absolutoria  dictada  por  el  Tribunal,  razón que ubica el recurso dentro del  ámbito  estrictamente  penal con prescindencia del artículo 208 del Código de  Procedimiento Penal.   

         

         4.  Para  obtener tal propósito enuncia  la  causal  primera,  cuerpo segundo, del artículo 207 del mismo Código,   precisando  el cargo dentro de lo que se denomina como error de raciocinio, pues  reclama  que  los  Juzgadores incurrieron en juicios equivocados al realizar las  inferencias     lógicas     a     partir     del    “empleo    de    premisas  desafortunadas”.   

         No  obstante  ese anuncio, la demanda no aborda la comprobación de  lo  que indica, sino que se queda en esa afirmación general, sin pasar siquiera  por  la  demostración  de  las  que  llama “premisas desafortunadas”.   Limitado  el  ataque  de  forma  tan rigurosa por el censor, ha debido comprobar  primero  cuáles  son  las  premisas  del razonamiento lógico formal que imputa  equivocadas  por  parte  del  Tribunal,  pues  si  se  refiere  al entendimiento  tradicional  de  la  sentencia como un ejercicio silogístico en el que la norma  es  la  premisa  mayor,  los  hechos  son  la premisa menor y la decisión es la  conclusión,  la expresión premisas no es única, sino múltiple o por lo menos  plural.   

         O  si  dentro  del  mismo  tipo  de  razonamiento  lo hace con  referencia  a  los  aspectos puramente probatorios, tiene que demostrar cuál es  la  premisa  mayor  (ley  de ciencia, principio lógico o regla de experiencia),  cuál  es  el  hecho  (medio  probatorio) y cuál es la conclusión, demostrando  porqué  resulta  equivocada.   Sin  embargo  en  cada  uno de esos eventos  deberá  tener  en  cuenta  la  existencia  y  corrección  de  cada  una de las  premisas,  aceptándolas  o  demostrando  lo  contrario,  pues  cada  aspecto en  particular  puede  dar  origen  a  errores propios que tienen sus propias reglas  lógicas de ataque.   

         En   todo  caso,  no  todos  los  razonamientos  que  contiene  una  sentencia  son  necesariamente  deductivos porque pueden existir algunos de tipo  inductivo  y  otros de clase abductiva, cuyas conclusiones no estén sustentadas  necesariamente  en la regla que sirve de premisa, sino en la construcción de la  misma y en la demostración de su probabilidad.   

                

         5.  A  contrario sensu, el demandante se  limita  a la transcripción de algunos párrafos de la sentencia, para enseguida  anotar  su  crítica  particular  indicando  conclusiones  diferentes de las del  Tribunal,  pero  sin  especificar ningún error concreto en sus razonamientos en  el  que  haya  podido  incurrir.  De  esa  manera el escrito queda reducido a un  alegato   de   instancia,   que   no   demuestra  ninguna  equivocación  ni  su  trascendencia  en  la  estructuración  del fallo que se ataca, que es de lo que  trata el juicio de casación.   

         6.   Carga   además  al  Tribunal  una  supuesta  equivocación al valorar el incumplimiento del contrato de compraventa  como  un  asunto puramente civil, por desconocerlo como elemento de una presunta  actividad  artificiosa  y  engañosa  del  procesado  para  hacerse  entregar el  vehículo  por  parte de la víctima en actividad típica de estafa, afirmación  perfectamente  entendible  del texto de la demanda, pero  insuficiente para  cumplir  con  el  requisito  formal  de  la  indicación  “de  forma  clara  y  precisa”  de  los fundamentos del cargo que exige el artículo 212 del Código  de Procedimiento Penal.   

         Lo  anterior  por  cuanto  la  sentencia  de  las  instancias viene  amparada  por  las  presunciones  de  legalidad  y  acierto,  de  modo que si el  Tribunal,  como lo afirma el censor, estimó el incumplimiento de un contrato de  compraventa   con  esa  precisión  y  alcance,  el  deber  del  censor  no  era  simplemente  oponerse  a  esa  conclusión,  sino  demostrar  por qué resultaba  equivocada.   

         Y  para  hacerlo  ha  debido  identificar  los  fundamentos  de esa  conclusión  y  demostrar  que eran erróneos, ya fuera como lo anunció, “por  el  empleo de premisas desafortunadas” o porque, como también lo dice, “por  estructurar  juicios de inferencia no compatibles con la realidad”, pero en un  caso  o  en  otro  ha  debido señalar cuáles eran esas premisas y por qué las  valoraba  como  desafortunadas;  o  cuál  era  la  inferencia  y  por  qué era  incompatible  con  la  realidad,  sin  olvidar  que primero debía demostrar con  cuál  realidad,  pues  debía aclarar si con tal expresión denota la declarada  en  el  proceso  o  una  diferente, caso en el cual debía también comprobarla,  nada de lo cual hizo el demandante.   

         7.    Finalmente,   el  censor  al  referirse    al   principio   de   trascendencia   del   error   demuestra   una  conceptualización  equivocada  del  término, que  en materia de casación  no  hace  relación a la incidencia de la vulneración legal para la víctima en  el  plano  fáctico,  como lo indica el apoderado al reclamar que se lesionó el  patrimonio  moral,  sicológico,  afectivo y material de su representada, sino a  la  importancia  estructural  del  vicio en la construcción de la sentencia, de  modo  tal  que  sólo  su  existencia  la  sostiene  por  lo que señalándolo y  comprobándolo   se  deconstruye  su  arquitectura   haciéndose  necesario  casarla.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la    Corte    Suprema    de    Justicia,   Sala   de   Casación   Penal,   administrando    justicia   en   nombre   de   la   República y    

por autoridad de la ley,  

R E S U E L V E  

         INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por el apoderado de  la   parte  civil  y,  en  consecuencia,  declarar  desierto  el  recurso.    

         Contra la presente decisión no procede recurso alguno   

CÚMPLASE  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                                 HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                          

CARLOS   A.   GÁLVEZ   ARGOTE                                                            JORGE                                  A.                                 GÓMEZ  GALLEGO                                  

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                            ÁLVARO      O.     PÉREZ     PINZÓN                                    

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                              JORGE  L. QUINTERO MILANÉS   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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