19909(27-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  19909   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                              DR.   JORGE   ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nº: 58   

          Bogotá D.C., veintisiete de mayo de dos mil tres.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Corte  en  relación  con el aspecto formal de la  demanda  de casación formulada por el defensor de LUIS  AUGUSTO  LEÓN  COLMENARES contra la sentencia del 8 de  mayo   de   2002  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga,   confirmatoria  de  la condena dictada con ocasión de este asunto por el Juzgado  Décimo  Penal del Circuito de dicha ciudad al declarar responsable al procesado  de  las  conductas punibles de homicidio culposo y lesiones personales culposas,  en concurso.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

A   eso   de   los   doce   de  la  noche,  aproximadamente,  del  día  6  de  agosto  de  1997,  luego de que LUIS  AUGUSTO  LEÓN  COLMENARES consumiera  algunas  viandas  e ingiriera licor en compañía del Gerente de la Caja Agraria  de  Bucaramanga,  Jorge  Anaya  Cárdenas,  de  quien  el  primero  esperaba  la  aprobación  de un crédito que invertiría en su empresa, y dos empleados de la  citada  entidad,  Leonel  Prada  Serrano  y  Edgar  Sarmiento,  se dispusieron a  retornar  a sus hogares en el sector de la vía que de la Ciudad de los Parques,  como  se  conoce a la capital del departamento de Santander, conduce a la vecina  población  de Girón, más concretamente frente al hotel San Juan de Girón, se  produjo  un aparatoso accidente al salirse de la calzada por donde transitaba el  vehículo     automotor    conducido    por    LEÓN  COLMENARES,  el  cual  colisionó  contra un bosque de  árboles  que  circundan  el lugar. A consecuencia del choque, instantáneamente  dejó  de  existir  Anaya  Cárdenas,  en  tanto que el propio conductor y Prada  Serrano    padecieron    lesiones   en   su   integridad   física   de   alguna  consideración.   

          La  Fiscalía  Primera  de la Unidad de Vida de Bucaramanga decretó  la  apertura  de  la  correspondiente investigación y ordenó vincular mediante  indagatoria  a  LEÓN COLMENARES, pero fue la Fiscalía Sexta la que escuchó en  descargos  al  sindicado  profiriendo  en  su  contra medida de aseguramiento de  detención  preventiva  al  resolverle  la  situación  jurídica.  Admitida  la  constitución  de  parte civil y perfeccionada en lo posible la instrucción, se  declaró  su cierre y por resolución del 23 de julio de 1998 el despacho citado  en  último  lugar  acusó  al  procesado  como  presunto  autor responsable del  concurso  de  las  conductas  punibles  de   homicidio  culposo  agravado y  lesiones  personales  culposas  igualmente  agravadas  causados  en accidente de  tránsito,  de cuya apelación conoció la Unidad Delegada de Fiscalías ante el  Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  impartiéndole  su  integral  confirmación  mediante proveído del 13 de octubre de 1998.   

Del  juicio  le  correspondió  conocer  al  Juzgado  10º  Penal del Circuito de la ciudad en mención, y celebrada la vista  pública,  conforme  con  el  pliego  de cargos en fallo del 15 de julio de 2001  profirió  contra  el encartado condena de 32 meses de prisión, multa de $5.000  y   suspensión   en  la  conducción  de  vehículos  automotores  por  un  (1)  año.   Por  el  mismo  lapso de la pena privativa de la libertad le impuso  pena  accesoria  de  interdicción  en  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas    y,    además,    lo   condenó   al   pago   de   $223’141.000  a título de indemnización de  perjuicios  materiales,  y  a 500 gramos oro equivalentes en moneda nacional por  perjuicios  morales  a favor de la cónyuge sobreviviente y para cada uno de los  tres hijos del extinto.   

          Impugnada  dicha determinación, el Tribunal Superior de Bucaramanga  la confirmó en su integridad por la suya del 8 de mayo de 2002.   

  LA  DEMANDA   

          Al  amparo de la causal primera, dos cargos formula el censor contra  la  sentencia  impugnada  por violación indirecta de la ley sustancial derivada  de  errores  de hecho por falso raciocinio, al estimar que el juzgador incurrió  en  los  eventos  denunciados  en vicios que conculcan los postulados de la sana  crítica.   

         Primer cargo.   

          Vulneración  de  las  reglas de la sana crítica que conllevó a la  expedición  de  una  decisión  desfasada  y  arbitraria  con  menoscabo de los  preceptos  contenidos  en  los  Arts.  238  y  257  del  C.  de  P. Penal, es el  fundamento de este reproche.   

          En  el  desarrollo  de la censura sostiene el demandante que si bien  el  Tribunal  se  ocupó del tema de la velocidad que como factor desencadenante  del  accidente  vehicular  se  le  achaca  a su asistido, es lo cierto que en el  concepto  de  los  peritos,  tanto forense como particular, se evidencian graves  errores,  los  mismos  que  cometió  el  fallador  de  segunda  instancia en la  estimación  de las experticias al tomarlas “a secas,  sin   pasarlas   por   el   tamiz   de   una  valoración  crítica.”   

         

Luego  de  transcribir los razonamientos del  Tribunal  respecto  a tan específico tópico, el libelista diciendo cumplir con  el    cometido    crítico    de   la   defensa   realiza   un   “estudio  comparativo” de lo consignado en  el  croquis  que  acerca  del  siniestro  en  cuestión levantó el servidor del  Tránsito,  Nelson Plata Ardila, y de los estudios realizados tanto por Medicina  Legal,  como  por  el  ingeniero  de  Vías  y  Transportes  de  acuerdo con los  intereses  de  la  parte  civil,  examen  del  cual concluye que el Ad-Quem  dedujo  ese  exceso  de velocidad  atribuido  a su defendido en aspectos tales como: La deformación que sufrió el  carro  que  conducía,  sin  llevar  a  cabo  estudios técnicos profundos o sin  consultar  los  resultados  de las pruebas de choque hechas a los vehículos del  mismo  modelo por parte de la fábrica o la NHTSA, situación que conllevó a la  generación  de  especulaciones sin fundamento científico alguno. Tampoco tomó  en  consideración que el accidente ocurrió a “mitad  de  camino”  entre  la  ciudad  de  Bucaramanga y la  población  de  Girón distantes entre sí 18 kilómetros; que en el lugar donde  ocurrió  la  colisión  la  velocidad permitida es de 80 Km/h de acuerdo con la  certificación  emitida  por  la  autoridad  del  Tránsito  y Transporte local,  habida  cuenta  que  dicha  vía  no es urbana sino que está clasificada por el  Código     Nacional     de     Tránsito     Terrestre     como    autopista.   

          Aduce   igualmente   el   demandante   que  la  sentencia  impugnada  desconoció  aspectos  técnicos  que lo llevaron a una valoración diferente en  relación  con  el  exceso  de  velocidad  pregonada,  en cuanto “trastocó”      los      términos,  “huellas      de      deslizamiento”,  por “huellas de frenada”,   con   lo  cual  ignoró  lo  que  científicamente  se  tiene  establecido,   que  la  distancia  de  frenada  indispensable  para  detener  un  vehículo  depende  del  coeficiente  de  fricción  o  de agarre de las llantas  respecto  del  pavimento.  “Si tenemos un coeficiente  de  fricción  elevado  que  corresponde  a  la  adherencia  existente entre las  llantas  y  el  pavimento  seco en condiciones normales  -explica  el  casacionista-  necesitaría el vehículo  una  menor distancia para detenerse.” Empero, como en  el  lugar  del  accidente  las condiciones físicas de la vía no eran óptimas,  porque  sobre  la  carretera  existían  residuos sueltos y depósitos de arena,  circunstancias  estas  en  las  que  el  Tribunal  no  paró mientes, mal podía  computarse  la  velocidad  en  la forma en que se hizo; no es lo mismo transitar  por  un  terreno  seco y firme, a hacerlo por uno liso y jabonoso, por lo que la  base  de los cálculos que para el efecto se tuvo en cuenta deviene errónea. Si  se  hubiese  empleado  “la  distancia  real, con los  coeficientes  de  fricción  adecuados a la situación, arrojaría una velocidad  menor”,  razona  el  censor  luego  de  realizar sus  propios cómputos.   

          También  desconoció  el  juzgador  de  la segunda instancia que el  impacto  del  vehículo con el sardinel de la calzada produjo el estallido de la  llanta  trasera  izquierda  del automotor, lo cual derivó en la consecuencia de  que   la   fricción   contra   la   grama   o  la  tierra  hubiera  sido  mucho  menor.   

          Todas  estas  son variantes desconocidas por el sentenciador, que al  no  tenerse  en  cuenta inciden notoriamente aumentando ese factor de velocidad,  subjetivamente  deducido en el fallo recurrido.  Si no hubiese existido esa  valoración   equivocada   de   las   experticias,   pues  el  juzgador  omitió  confrontarlas  tanto  deductiva  como  inductivamente, el resultado hubiera sido  diferente al consignado en el pronunciamiento recurrido.   

          A  la  transgresión  de  la ley sustancial en la forma indicada, se  llegó  por  evidente  y manifiesto error de hecho por falso raciocinio, lo cual  condujo  al  fallador  a  escoger como precepto violado el Art. 329 del C. Penal  anterior  -109  del  actual-  “Equivocación  que lo  llevó  con desmedro de la verdad material distorsionada (…) a dejar de emitir  una sentencia absolutoria (…)”.   

Casar  la sentencia impugnada, es la escueta  petición  que  el  demandante  le  formula  a la Corte.       

          Segundo Cargo   

         Como  cargo subsidiario plantea el censor la incursión del fallador  en  un  error de hecho por falso raciocinio por transgresión a las reglas de la  sana  crítica, que lo llevó a violar indirectamente los preceptos sustanciales  que regulan lo atinente a la indemnización de perjuicios.   

          En  el  desarrollo  de  la  censura  sostiene  en  actor que para la  estimación  de  los  perjuicios el juzgador no tuvo en cuenta que se trataba de  una  conducta  culposa.  De  ahí que su tasación deviniera errónea, en cuanto  que   se   atribuyó  al  hecho  las  consecuencias  jurídicas  propias  de  un  comportamiento  doloso  en  términos  de su cuantificación, sin reparar en que  mientras  en este último evento la sanción es mayor por el conocimiento que el  sujeto  tiene  de  la  prohibición  del  hecho  y  del  derecho que lo rige, no  obstante  lo  cual  se  determina  a  ejecutarlo,  en  el  delito culposo lo que  subsiste es un mero vicio de la voluntad.   

          Luego  de  citar  lo  que se expuso en el fallo recurrido acerca del  tema  que  discute,  advierte el libelista que si bien el Tribunal, compartiendo  el  criterio  del  A-Quo,  adujo  como  sustento  normativo  de su decisión las  preceptivas  contenidas  en el Art. 2357 del C. Civil -la apreciación del daño  está   sujeta  a  reducción  si  el  que  lo  ha  padecido  se  expone  a  él  imprudentemente-,  es lo cierto que esa fundamentación no se corresponde con la  conclusión,  porque  en  la estimación de los perjuicios el juzgador procedió  como  si  se  tratara  de  un homicidio doloso agravado y no culposo, a pesar de  haber  afirmado  que  en  cierta forma la víctima contribuyó en la producción  del  resultado.   Valga decir, al momento de tasar los daños no se tuvo en  cuenta  que  el interfecto con su consentimiento y voluntad se expuso al riesgo,  produciéndose  de  esta  manera  una  indemnización  objetiva  que  rompe todo  principio  de  equidad  y  de justicia al cual deben estar sujetos tanto el juez  como los peritos.   

          En   el  caso  a  examen,  el  sentenciador  aceptó  la  operación  matemática  que  sin  ningún  análisis  jurídico  realizó  el  perito en la  valoración  pecuniaria  de  los  daños,  desechando aspectos tales como que la  institución  para  la cual trabajaba la víctima había indemnizado a la viuda,  sin  reparar  en  que  conforme  a nuestras leyes laborales, por tratarse de una  entidad  estatal,  la  cónyuge sobreviviente tendría derecho a una pensión; o  que  ante  el  bajo promedio de vida que impera en nuestro medio, el extinto era  ya  una persona madura, o que dada su trayectoria laboral, el difunto se hallaba  próximo  a  obtener  su jubilación; que sus hijos son mayores de edad y según  disposiciones  legales los padres deben contribuir con su manutención hasta los  18  años,  salvo  que  sobrevengan  circunstancias  extraordinarias. Tampoco se  examinó   si   el  75%  que  el  perito  estimó  como  indispensable  para  el  sostenimiento  de  la  familia  del finado, efectivamente sería destinado a tal  fin.   

          Esos  yerros,  tuvieron  trascendencia en el mérito de la decisión  adoptada  por  el  Tribunal  en  la  sentencia  censurada,  aduce  finalmente el  demandante,  señalando  como  objeto  de  violación  los  Arts.  106 y 107 del  anterior  C. Penal -97 del actual-, razón por la cual depreca de la Corte casar  el fallo recurrido.   

  ALEGACIÓN  DEL  SUJETO  PROCESAL NO RECURRENTE    

-PARTE CIVIL-  

Por  no  reunir los requisitos de claridad y  precisión  que  el  Art. 212-3 del C. De P. Penal exige, la parte no impugnante  propende  por  la  inadmisibilidad de la demanda, como que ni siquiera el censor  citó  las  normas  de  derecho  sustancial que estima infringidas, y si bien su  planteamiento  lo  enmarca  en  la causal primera por violación indirecta de la  ley  sustancial,  en  su desarrollo resulta oponiéndose al grado de convicción  que  al Tribunal le mereció la pericia técnica,  confirmatoria del exceso  de  velocidad atribuida al procesado en la conducción de su vehículo automotor  tenida como causa generadora del siniestro.   

La disparidad de criterio acerca de la fuerza  persuasiva  de los medios de prueba no constituye vicio demandable en casación,  recuerda  el  libelista,  pues  siempre prevalecerá el del funcionario judicial  dada   la   doble   presunción   del  acierto  y  legalidad  que  ampara  a  la  sentencia.   Así  pues, solo atinó el censor a señalar la hipótesis del  error  del  hecho argüido, pero no precisó el falso juicio que lo generó, por  lo que el reproche deviene inidóneo.   

          Los   yerros   técnicos  en  los  que  incurre  el  demandante  son  suficientes  para  que  la  demanda sea inadmitida, aduce el representante de la  parte civil, como así lo impetra la Sala.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Violación indirecta de la ley sustancial por  transgresión  a  las  reglas  de  la sana crítica, es el fundamento de los dos  cargos  que  al  amparo  de la causal primera, cuerpo segundo, formula el censor  contra  la  sentencia  recurrida, vicio traducido en sendos errores de hecho por  falsos  raciocinios  supuestamente  cometidos  por el fallador en la valoración  del  recaudo  probatorio allegado al proceso, en primer término, al estimar las  experticias  que  dan  cuenta  del  exceso  de  velocidad  con  que su defendido  conducía  el  vehículo  automotor  al  producirse el trágico accidente que le  costó  la  vida a uno de sus acompañantes, y lesiones en su integridad física  al  otro;  y  en  segundo  lugar,  al fijar el monto de la indemnización de los  perjuicios  cuantificado  a  través  del dictamen que para el efecto rindió el  perito.   

          Como  quiera  que  las dos censuras formuladas versan sobre el mismo  motivo  de  casación -violación indirecta de la ley sustancial- y se resienten  de  idéntico  defecto  en  su postulación, la Corte asumirá su estudio formal  conjuntamente.   

          Prima  facie,  encuentra  la  Sala  que la demanda instaurada por el  defensor  del  procesado  LEÓN COLMENARES  carece  de  las  formalidades mínimas que al tenor de lo previsto  por  el  artículo 212 del estatuto procesal penal permiten abrir el debate para  establecer  si por parte del Tribunal a cuyo cargo estuvo la confirmación de la  condena, se incurrió en los yerros denunciados.   

          En  efecto,  si bien el libelo cumple con las exigencias referidas a  la  identificación  de los sujetos procesales y de la sentencia impugnada, así  como  de  la  síntesis  de los hechos materia de juzgamiento y de la actuación  procesal,  igual  no  acontece  con  la obligación de señalar en forma clara y  precisa  los  fundamentos  en que se apoya la causal, porque mientras la demanda  despunta  el  cargo  afirmado  que  el  examen  de  las  pruebas  reputadas como  erróneamente  apreciadas  se  hizo  a  espaldas  de  los  postulados de la sana  crítica,  que  es  el  falso  raciocinio  que  el censor le achaca al juzgador,  aparte  de  echarse  de  menos  el  señalamiento  del  argumento irracional del  sentenciador  en  la ponderación de dichos medios de convicción o el atropello  a   las   reglas   de  la  experiencia,  aunque  apenas  sí  deja  entrever  la  transgresión  a  las leyes de la ciencia, sin embargo el dislate lo traslada al  terreno  de  la  dilogía, pues no se aviene con la lógica predicar respecto de  un  mismo  medio  de  prueba  su  trastocamiento,  esto es, la distorsión de su  contenido  fáctico  como se hace en la demanda respecto de la valoración de la  prueba   pericial   censurada   cuando   se   afirma   que   se  “trastocó  los  términos  huellas  de  deslizamiento por huellas de  frenada”   -falso  juicio  de  identidad-,  y  su  apreciación desasida de los  parámetros  de  la  sana  crítica, ya que este último ejercicio del intelecto  para  que  constituya  un  error de hecho por falso raciocinio, presupone que la  prueba   se   haya   contemplado  en  su  integridad  material,  es  decir,  sin  distorsiones  en  su  contenido  fáctico,  como  ya  ha  tenido  oportunidad de  precisarlo la Sala.   

          Ciertamente,  distorsionar  el contenido fáctico de una prueba para  hacerle  decir  lo  que  materialmente  no  dice  es  bien  distinto  a apreciar  erróneamente  la  capacidad  suasoria del medio, debido a que su examen se hace  en   contravía   de  las  pautas  de  la  sana  crítica  que  son  de  forzosa  consideración para el juzgador en la ponderación probatoria.   

          Precisamente,  porque  estas  dos  modalidades  del  error  de hecho  afecta  de  manera  diferente  la estimación probatoria, no pueden postularse o  desarrollarse  en  el  ámbito de un mismo cargo, en tanto es de elemental rigor  técnico  que  para  apreciar  equivocadamente  un medio de prueba con un examen  desligado  de las reglas de la sana crítica, se repite, es preciso partir de la  contemplación  de  la  unidad de investigación en un integridad material -Cfr.  Auto  de  casación  del  1º  de noviembre de 2001, Rdo. 16.332, y Sentencia de  casación  del  29  de  enero  del  mismo  año, Rdo. 12.723, M.P. Jorge Aníbal  Gómez Gallego-.   

          De  ahí que el desatino se torne aún más patente cuando el censor  finaliza  la  fundamentación del primer reparo sosteniendo que la equivocación  del  Tribunal  lo  llevó  a  distorsionar  la  verdad  material  presente en el  proceso,  dejando  de  emitir por tal razón la sentencia absolutoria que había  lugar a expedir.   

          El   dislate   deviene   mayúsculo  al  alegar  el  censor  que  el  Ad-    Quem   desconoció  “variantes”     del  acontecimiento  que le impedían predicar el exceso de velocidad que le atribuye  al  justiciable  como causa generatriz del accidente, tales como el estallido de  la  llanta  a  raíz del impacto violento del automotor contra el sardinel de la  calzada  por  donde  transitaba,  o  los  depósitos  de  arena y otros residuos  existentes  en  la  vía,  o  el  estado  en que quedó el vehículo luego de la  colisión  -su  deformación-,  con  lo cual sugiere la presencia de un error de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  si  es  que  de tales  circunstancia  informaban otras pruebas, o de un error de hecho por falso juicio  de  identidad  por  cercenamiento,  si  de  aquéllas  se  daba  cuenta  en  las  experticias  cuya  errónea  estimación se arguye -situación que el demandante  no  precisa-,  pues  esos  elementos  de  juicio,  según el criterio del actor,  permitían  establecer con acierto el coeficiente de fricción y la distancia de  frenada,  factores a partir de los cuales se podía calcular la velocidad con la  que realmente el agente marchaba.   

          Otro  tanto  acontece con la pregonada violación de la reglas de la  sana  crítica  en  razón  de la valoración hecha por el juzgador del dictamen  pericial  por  cuyo  medio  fijó  el  monto de los perjuicios irrogados con las  delincuencias  imputadas,  pues  no  atina el censor a indicar de qué manera el  fallador   produjo  una  decisión  absurda  por  irracional  en  virtud  de  la  vulneración  de  los  dictados  de la lógica, las máximas de la experiencia o  los  postulados  de la ciencia, no empece admitir que en los fallos de instancia  atendiéndose  a  las  preceptivas  contenidas  en el Art. 2357 del C. Civil, se  dijo  que  era  menester  reducir  la  cuantificación del daño en tanto que la  víctima   “en   cierta  forma  contribuyó  en  la  producción     del    resultado”    exponiéndose  imprudentemente al riesgo.   

          Y  no  obstante  que  el casacionista señala el valor de la condena  por  perjuicios  impuesta  finalmente en el fallo impugnado, omite indicar cuál  fue  el  avalúo  de  los  daños establecido por el perito en su dictamen, y la  cifra  en  que dicha cantidad se redujo con ocasión del actuar imprudente de la  propia  víctima, como admite lo hicieron los falladores en las instancias, para  ver  de  establecer  la  arbitrariedad  de la determinación que descalifica por  injusta e inequitativa.   

         Ahora,  igualmente  se  abstuvo  el  libelista  de  concretar si los  aspectos  de  cuya  ausencia de estimación se duele en el examen probatorio que  el   fallador  realizó  y  que  permitían  establecer  el  monto  real  de  la  indemnización,  fueron  ignorados  a  pesar de la existencia de las pruebas que  informaban  de su presencia, caso en el cual el reparo debió postularse como un  error  de  hecho por falso juicio de existencia por omisión, o si fue que tales  factores  no  fueron  tenidos  en  cuenta  no  empece que la pericia cuestionada  informaba  de  ellos,  evento  en  el  cual la censura debió encauzarse por los  senderos  del  error  de  hecho por falso juicio de identidad por cercenamiento,  mutilación  de  la prueba que condujo a la distorsión de su contenido material  poniéndola   a   decir   cosa   distinta  de  la  que  su  expresión  fáctica  enseña   

         Como  con  la  claridad  y  precisión que para los menesteres de la  casación  perentoriamente  exige el ordinal 3º del Art. 212 del C. De P. Penal  el  demandante  no  atinó  a demostrar en los eventos propuestos como motivo de  casación  cuál  de  los  principios  de  la  lógica,  la  ciencia,  o  de  la  experiencia  común  pudo  haber  desatendido  el  Ad-Quem al apreciar la prueba  pericial  glosada, ni tampoco acreditó la distorsión del contenido fáctico de  los  medios  probatorios  cuestionados,  dedicándose  en  cambio  a la estéril  réplica  del  examen  crítico  que  de  las  conclusiones  contenidas  en  las  experticias  hizo  el  sentenciador,  como  colofón  se  impone  el  de que sus  planteamientos  quedan reducidos a un alegato de libe elaboración por medio del  cual  ofrece  su  particular  óptica  de la valoración probatoria, cometido de  imposible   recibo  en  esta  sede  extraordinaria  concebida  únicamente  para  confrontar  la  legalidad  de  las sentencias eventualmente afectadas de errores  in   iudicando   o   in   procedendo,   mas  no para mostrar la discrepancia del impugnante con el valor que  el juzgador con mayor autoridad ha dado al acervo probatorio.   

         Por  estas  razones  se  dispondrá  la  inadmisión  de  la demanda   

         En   mérito  a  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala  de  Casación  Penal,   

RESUELVE  

            INADMITIR la demanda de  casación   presentada   en   nombre  de  LUIS      AUGUSTO      LEÓN     COLMENARES.     En         consecuencia,     se  declara  desierto el correspondiente recurso.    

         Contra  esta  decisión  no  cabe  recurso  alguno,  conforme  a  lo  previsto en los Arts. 213 y 187, inc. 2º de la Ley 600 de 2000.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

           

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

CARLOS   A.  GÁLVEZ  ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

ÉDGAR   LOMBANA  TRUJILLO                    ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Comisión de servicio  

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                      JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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