19904(11-08-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19904  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                    Dr.  YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS   

                                     Aprobado Acta #  091   

Bogotá  D.C.,  agosto  once (11) de dos mil  tres (2003).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación    presentada   por   el   defensor   del   procesado   VLADIMIR   GIL  VANEGAS.   

ANTECEDENTES:  

1.   Aproximadamente  a la una de la mañana del 29 de agosto de 1998 Fabio García y  Alexánder  Agredo Serrano, quienes se encontraban en la esquina de la calle 72W  con  la  carrera  28D  del  Barrio  El  Poblado  II de Cali, fueron atacados con  disparos  de  arma  de  fuego  por  dos  sujetos. Como consecuencia falleció el  primero  y  el  segundo,  aunque  recibió  un  impacto  en la cara, sobrevivió  gracias a la oportuna intervención médica.   

2. Al proceso fueron  vinculados  mediante  indagatoria  VLADIMIR  GIL  VANEGAS  y JOHN ARLEX SÁNCHEZ  CARVAJAL,  a  quienes  se  les  resolvió  situación  jurídica  con detención  preventiva    el   21   de   septiembre   de   20001  y  se  les dictó resolución  acusatoria  el  25  de  enero de 2001, como coautores de los cargos de homicidio  agravado  (arts.  29  y  30-7  de  la  ley  40  de 1993), tentativa de homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de arma de fuego de defensa personal. Esta decisión  fue  confirmada  en segunda instancia por la Fiscalía, mediante providencia del  23        de        abril        de        20012.   

3.   Tramitado  el  juicio, el Juzgado 10º Penal del Circuito de Cali, mediante fallo del 30 de  enero  de  2002,   los  condenó a 31 años, 6 meses y un día de prisión,  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el término de 10 años y  al  pago  en  concreto  de  los  perjuicios causados con los atentados contra la  vida.  Adicionalmente  decidió  expedir copias de lo pertinente para investigar  por  posible  falso  testimonio  a  los  declarantes Edwar Ómar Quintero Ríos,  Julio  César  Díaz Villota, Marco Wilfredo Salcedo, Luis Fernando López, Juan  Pablo  Zuluaga  Muñoz  y  Elis Franciso Guerrero Cabezas, agente de la Policía  Nacional. Y,   

          4.   Los   defensores  y  los  procesados  apelaron  esa  sentencia  y  el Tribunal Superior de Cali decidió confirmarla a  través   del   fallo   recurrido  en  casación,  expedido  el  9  de  mayo  de  2002.   

LA DEMANDA:  

1. Con fundamento en  la  segunda  parte  de  la causal primera de casación, dice el impugnante en el  único  cargo que presenta en  contra  de la sentencia que el Tribunal “tergiversó y distorsionó el sentido  de  la  prueba  testimonial”.  Específicamente “torció con interpretación  mal  aplicada”  lo  dicho  por Alexánder Agredo Serrano, quien señaló a los  procesados  como los atacantes, “y no se tuvo en cuenta lo que apostillaron”  los  declarantes  Elis  Francisco Guerrero Cabezas, Yésica Molina, Claudia Ivon  Londoño,  Óscar  Londoño,  Amanda  Reyes,  Edwar Ómar Quintero, Julio César  Díaz  Villota,  Luis  Fernando López Lozano, Juan Pablo Zuluaga Muñoz y Marco  Wilfredo  Salcedo,  los  cuales   “han sido enfáticos en señalar que el  autor  responsable de los hechos es persona distinta a VLADIMIR GIL VANEGAS y al  otro  sentenciado, en donde la acción sicarial se atribuye a las  milicias  urbanas,  concretamente   a  un  militante  de  nombre  Alejo  –persona   ya   fallecida—como  igualmente  es probable que haya  sido     Alejandro     Salcedo     –también  ultimado  dentro  de  la  ley de los arrabales—”.   

2. Según el censor,  las  instancias  le hicieron producir al testimonio de Agredo Serrano, el único  presencial  de los hechos,  “una eficacia probatoria … que no tiene”.  Cuestiona  su seriedad por haberse “aparecido” sólo 7 meses después de los  hechos  a  formular  cargos  en  contra  de  su  representado  y porque, como lo  reconoció  el  testigo,  cuando  el  atentado  había ingerido cinco cervezas y  fumado  tres  cigarrillos  de marihuana mezclados con bazuco. Esta circunstancia  traduce  para  el  casacionista que se hallaba en “estado de alucinación” y  por  lo  tanto  “sus  controles  volitivos  no  eran  los  más adecuados y la  realidad  que  sensopercibía  no  era  la  calificada”.  Así  las  cosas, al  otorgarle  credibilidad  el  Tribunal  le  “infirió  agravio”  al procesado  VLADIMIR GIL VANEGAS.   

Advierte que la percepción del declarante no  fue  imparcial,  que  no  se puede argumentar “que los testimonios infirmantes  sean  inveraces”  y  menos el del Agente de la Policía Guerrero, respecto del  cual  las  instancias,  al  suponer  la  mala fe, violaron el artículo 83 de la  Constitución Nacional.   

“Se    ha    elegido    –precisa—la  vía del error de hecho puesto que  fue  en la tergiversación y dimensionamiento del testimonio citado, donde narro  la  actitud  del  Juez colegiado, es decir, el ad quem erró y desvió el juicio  de  identidad  y  el  proceso  de  análisis  lógico de las pruebas, obteniendo  caprichosa  y  arbitrariamente  la  certeza  legal  para condenar, lo cual torna  ilegítimamente (sic) la providencia impugnada”.   

3.   Agrega  el  defensor,  de  otra parte, que al no ordenarse prueba técnica de toxicología y  sicología,  para  determinar  los efectos en una persona sana como en un adicto  al  consumir  las  sustancias  que  admitió  haber  ingerido  la víctima de la  tentativa  de  homicidio,  no se dio cumplimiento al principio de investigación  integral.  Se echa de menos, además, que no haya sido interrogado el testigo de  cargo  acerca  de la afirmación del uniformado Guerrero Cabezas, atinente a que  en  su  lecho de convaleciente Agredo Serrano señaló a las milicias urbanas, y  en  concreto  a  un  tal Alejandro, como sus victimarios, lo cual genera para el  recurrente una duda comprensible acerca de lo sucedido.   

4. En el aparte del  libelo  titulado  “demostración  del  error de hecho” se duele de que no se  haya  creído  en  los testigos que respaldaron el dicho de su defendido, según  el  cual  la  noche  de  los  acontecimientos estuvo en el Club La Rivera con su  novia  y  amigos celebrando su cumpleaños. Estima, al tiempo, que la judicatura  incumplió  con su deber de constatar tal información con la administración de  ese establecimiento.   

“Hipervaloración del testimonio único”  y  “tergiversación  de  los testigos que acompañan la exculpación” es, en  suma,  en  lo  que  hace  consistir  el  censor el yerro del Juzgador de segundo  grado.  Anota,  además,  que  “de  haberse  analizado correctamente la prueba  acusada,  sin  hesitación  alguna,  el  fallo hubiese sido absolutorio. Pues es  evidente,  claro  y  preciso  que el testimonio de Alexánder Agredo Serrano por  las  condiciones  particulares de percepción de aquél 29 de agosto de 1998, no  genera  certidumbre  y  muy  por  el contrario, los dichos de las personas a las  cuales  se  les  compulsó  copias  por  falsedad  testimonial, suman potísimas  razones  para  pensar  en  la  inocencia de Vladimir Gil Vanegas y compañero de  causa”.   

Dice  adicionalmente  que el Tribunal, al no  analizar  la  prueba  de  conjunto,  desconoció “el precepto que rige la sana  crítica”.  Y  más  adelante advierte que se incumplió con “la obligación  legal  de  motivar suficientemente la sentencia”, pues en las instancias “se  olvidó   el principio integral de la valoración de la prueba, en donde lo  favorable también contaba”.   

5.  Como  normas  sustanciales  quebrantadas  se  relacionan  en la demanda los artículos 232 del  Código  de  Procedimiento Penal (247 del Código de 1991), en cuanto se aplicó  indebidamente,  y  el  7º  (445  del  Código  Derogado),  porque  no se le dio  aplicación.   

La  petición del recurrente es, en fin, que  se  case  la  sentencia  condenatoria impugnada “por absoluta falta de certeza  legal para condenar” y se absuelva a su defendido.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. El error de hecho  por  falso  juicio  de identidad, que es la equivocación que el casacionista le  atribuye  al  Tribunal, tiene ocurrencia cuando el juzgador tergiversa, agrega o  cercena  el  contenido  objetivo  del medio de prueba, es decir cuando lo pone a  decir lo que no dice.    

Esto  significa que el libelista, en orden a  satisfacer  las  exigencias legales de claridad y precisión en la presentación  del  reproche,  contaba  con  el  deber  de  identificar  lo  que  materialmente  expresaba  el  medio  de prueba en el que a su parecer recayó el error, aquello  distinto  que  le  hizo  decir  el fallador y demostrar que otra hubiera sido la  sentencia  si  la  irregularidad  no hubiera tenido ocurrencia. Pero incumplió,  como se verá enseguida.   

2.  Es evidente que  su  inconformidad  es  con  la  circunstancia  de  que  el  Tribunal  le otorgó  credibilidad  al testigo presencial de los hechos Alexánder Agredo Serrano y no  a  los  procesados  ni  a  los  declarantes  que  los  respaldaban. No se trata,  entonces,  de  una  hipótesis de tergiversación probatoria, sino de discusión  sobre  el  mérito  persuasivo dado en la sentencia a los medios de convicción,  que  como  se  sabe  es  indiscutible  en  el marco del recurso casación, salvo  cuando  es  planteado a partir de un posible desbordamiento de la sana crítica,  que no es lo que sucede en el presente caso.   

Aunque  es  cierto  que  el  recurrente hizo  referencia  a  una  transgresión  así, no realizó ningún desarrollo sobre el  particular.  No  mencionó  y  mucho  menos  demostró que una regla de ciencia,  lógica  o  de  experiencia  haya sido vulnerada por el juzgador, bastándole al  respecto  vincular el desconocimiento de la sana crítica con la no apreciación  conjunta  de  los  medios  de  prueba,  cuya  definición no escapa a la lógica  orientadora  del  cargo,  que  es  la  de  cuestionar  los  alcances  que  se le  otorgaron  en las instancias a los medios de prueba.   

3.  La pretensión  clara  del casacionista es, en conclusión, proseguir el debate que se agotó en  las  instancias,  al  insistir  sencillamente,  a  partir  de una lectura de los  medios  de  prueba  que contrapone a la del juzgador, en la circunstancia de que  su  defendido no participó en el ataque de que fueron víctimas Fabio García y  Alexánder Agredo.   

En tales circunstancias no puede admitirse la  demanda,  porque el cargo planteado no encierra una propuesta jurídica completa  que  pueda ser examinada por la Corte.  Y mucho menos cuando sin desarrollo  alguno   y  manifiesta  vulneración  del  principio  de  no  contradicción  el  recurrente  incluye  temas que debía proponer como censuras separadas, apoyadas  en  la  causal  tercera  de  casación,  tales como las supuestas violación del  principio   de   investigación   integral   y   falta   de  motivación  de  la  sentencia.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de   casación   presentada   a  nombre  del  procesado  VLADIMIR  GIL  VANEGAS.   

Contra  la  presente  decisión  no  procede  ningún recurso.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS          CARLOS  AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE          

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                     ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                       

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                    MARINA      PULIDO      DE     BARÓN                         

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                       MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  .  Folios 105, 110 y 129/1.   

2  .  Folio 397 y 450/2.     

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