19911(27-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  19911   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 058.  

          Bogotá D.C., veintisiete de mayo de dos mil tres.   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre de la admisión formal  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  CESAR  AUGUSTO  PUENTES BASTIDAS, contra la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Neiva el 7  de  marzo  de  2002,  mediante la cual confirmó el fallo dictado por el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad  que  lo condenó a la pena  principal  de  35  años  y  6  meses de prisión como coautor de los delitos de  homicidio  agravado,  hurto  calificado  agravado,  lesiones  personales y porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

HECHOS  

          Aproximadamente  a  la  1:30 de la tarde del 1º de octubre de 2000,  cuando    Alexander    Salazar   Herrera,  mensajero  de  la  Bodega  Agricultores  Asociados Surabastos, se  desplazaba  en  una  motocicleta en compañía de Oscar  Yimi   Segura   llevando  en  su  poder  la  suma  de  $1.900.000.oo,  fue  abordado  en  la  carrera  5ª  sur vía Neiva –  Campoalegre  por  dos  hombres que se  transportaban  en  un vehículo similar quienes lo increparon para que entregara  el  dinero  y,  ante  su  resistencia,  procedieron  a  disparar en contra de la  pareja,   ocasionándoles   lesiones   que,   en   el   caso   de   Alexander    fueron    causa    de    su  deceso.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La Fiscalía Segunda de la Unidad de delitos  contra  la  vida de Neiva dispuso el mismo día de los hechos la correspondiente  indagación  preliminar,  y  luego  de practicadas algunas diligencias abrió la  instrucción  el  24  de  los mismos mes y año, en cuyo marco vinculó a varias  personas,   entre   ellas   a  CESAR  AUGUSTO  PUENTES  BASTIDAS   que   fue  escuchado  en  indagatoria.  Al  resolverle  su  situación  jurídica  lo afectó con medida de aseguramiento de  detención  preventiva como presunto coautor del concurso material de delitos de  homicidio  agravado,  lesiones  personales  agravadas,  hurto  y porte ilegal de  armas de defensa personal.   

A solicitud de CESAR  AUGUSTO  PUENTES se llevó a cabo sin éxito audiencia  de  formulación  de  cargos  para  sentencia  anticipada el 9 de marzo de 2001,  debido    a    que   el   procesado   no   aceptó   los   formulados   por   la  Fiscalía.   

Cerrada  la  investigación  se calificó el  mérito  el  sumario  el 2 de abril de 2001 con resolución de acusación, entre  otros,     contra     CESAR     AUGUSTO     PUENTES  BASTIDAS  como  posible  coautor  de  los  delitos que  motivaron la imposición de medida de aseguramiento.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito de Neiva, donde realizada la audiencia  pública  profirió  sentencia  el  12  de  diciembre  de  2001,  por cuyo medio  condenó  a PUENTES BASTIDAS a  la  pena  principal  de  35  años  y  6  meses  de prisión y a la accesoria de  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas por 10 años, al hallarlo  penalmente  responsable  en  condición  de  coautor  del  concurso  material de  delitos  por  el  que  se  le  acusó.  Así mismo se lo condenó al pago de los  perjuicios   ocasionados   y   le   fue   negada   la   condena   de  ejecución  condicional.   

El  procesado  y  su  defensor impugnaron el  fallo  adverso  que  fue  confirmado  por el Tribunal Superior de Neiva mediante  sentencia  del  7  de  marzo  de  2002  que  ahora  es  objeto  de  impugnación  extraordinaria.   

LA DEMANDA  

El  censor  plantea  un solo cargo contra la  sentencia  de  segunda  instancia,  formulado  al  amparo  de la causal primera,  cuerpo  primero,  por  violación directa de la ley sustancial que determinó la  indebida  aplicación  del  artículo  23 del derogado estatuto penal y falta de  aplicación  del  artículo  24  del mismo ordenamiento, en cuanto considera que  “la  norma  sustantiva vigente para la época de los  hechos,  no  contiene  una claridad taxativa para definir la coautoría inpropia  (sic) o funcional”.   

En punto de la demostración del cargo dirige  su  labor  a  reprochar  la  forma  en  que  la  Fiscalía  valoró lo dicho por  Miguel   Angel  González  Bedoya,  Deivis  Pimentel,  Joaquín  Gutiérrez, Marco Tulio Bernal, Sara Santos y Diego Pérez,  para  acto  seguido  indicar que “A su  turno  el Juzgado de instancia, acoge la coautoría propuesta por la Fiscalía y  a  partir  de  similar  valoración  probatoria  unifica  la acción homicida en  gracia  de  la  previsión  y  probabilidad,  desechando  la  posibilidad de ser  utilizadas  para  intimidar  y  le abona a CESAR, un dominio de derecho ajeno, y  finaliza  por  preguntarse  que  su acción voluntaria en el hecho criminoso del  hurto,  lo  hace  asumir  las  consecuencias  que  de  el se deriven como era la  probabilidad de matar”.   

El  censor reprocha también la forma en que  el  Tribunal  asumió  las  pruebas, así como las citas que se plantearon en el  fallo,  pues expresa que “…HARLINSON SANCHEZ, en su  condición  de extrabajador del señor PARDO y de la Bodega MERCAHUILA, sabe que  ALEXANDER  SALAZAR  HERRERA,  es  una  persona  indefensa  y  en  tal condición  esgrimir  el  arma  era suficiente para asegurar la comisión del hurto, es más  si  a pesar de estar armado el mismo CUCUÑAME, primero forcejea hasta lograr el  maletín  con  el  dinero  de  manos del hoy occiso, es porque aún en él no ha  brotado  su designio homicida, que desencadena después de ejecutado el hurto, a  pesar  de  tener  un medio idóneo de transporte y su compañero en disposición  de salir del lugar…”.   

          Agrega,  que  a  otros procesados “se les  reconoció  el  límite  del  delito de hurto frente al homicidio, suerte que no  alcanzó  para  CESAR  AUGUSTO,  por  su  presencia  en  el  acto  mismo  de  la  apropiación,  sin  más controvertido examen, que el porte de su arma y haberla  esgrimido    en   forma   intimidatoria   para   lograr   el   hurto”.   

          Considera  entonces  el  impugnante que se aplicó en forma indebida  el  artículo  23  del  anterior estatuto penal, pues de una parte la coautoría  supone   división   de   trabajo   y   accionar   mancomunado,  “donde   se   comparte   el   que   hacer   del   todo  y  la  suerte  sobreviniente”, y de otra, el derogado Código Penal  no  establecía  esta  clase  de  coautoría,  motivo  por  el  cual,  al  darle  aplicación, se violó el principio de legalidad.   

Con base en lo expuesto, el actor solicita a  la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada,  y  en  su  lugar  proferir fallo de  reemplazo  por  cuyo  medio  se  condene  a  su  defendido como cómplice de los  delitos de homicidio agravado y lesiones personales.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

En  atención a que la demanda no reúne los  requisitos  formales  exigidos por el artículo 212 del estatuto procesal penal,  se  impone  de  plano  su inadmisión según el mandato imperativo del artículo  213  ejusdem. Para proveer en  el sentido indicado se tienen en cuenta los argumentos siguientes:   

Encuentra  la  Sala  que el demandante no se  sujeta  a las exigencias que de tiempo atrás han sido reiteradamente señaladas  en  punto  de la técnica para plantear en casación la violación directa de la  ley  sustancial,  en  tanto  que  constituye  requisito  ineludible que el actor  acepte  íntegramente  los  hechos  tal  como  fueron  acreditados  en  el fallo  atacado,  así como la validez de las pruebas y la valoración que de las mismas  realizó  el juzgador. Ello en consideración a que la censura que por esta vía  se  formula  es  exclusiva y rigurosamente jurídico-conceptual, donde el debate  tiene  por  objeto  de  manera  estricta  y cerrada la disposición legal pura e  independiente,  ya  que no se trata de un asunto de valoración probatoria, sino  de  falta  de aplicación, aplicación indebida o interpretación errónea de la  ley.   

          Por  tanto,  si  el defensor dirige la argumentación a demostrar su  desacuerdo  con  la valoración de las pruebas realizada por los falladores, por  ejemplo,   respecto   del   exclusivo   carácter  intimidatorio  de  las  armas  utilizadas,   la   previsibilidad   del   enfrentamiento  con  la  víctima,  la  probabilidad   de   causar   la   muerte  a  Alexander  Salazar,  entre  otras,  es  claro  que  abandonó los  cauces   del   cargo   que   anunció  para  ingresar,  equivocadamente,  en  el  razonamiento  propio  de  la violación indirecta, confusión que imposibilita a  la  Sala  declarar  ajustada la demanda para franquear el trámite subsiguiente,  por  virtud  del  cual  interviene  el Ministerio Público a través de concepto  obligatorio previo al fallo casacional de fondo.   

          Y  es  que  no  a  otra  conclusión  puede  llegarse a partir de la  fundamentación  del  cargo,  pues la pretensión de que a su representado se le  condene  como  cómplice  y  no  como  coautor  del  homicidio  sustentada en la  indebida  apreciación  probatoria,  pugna con la valoración que de las pruebas  realizó  el  Tribunal,  como  puede apreciarse en el siguiente aparte del fallo  atacado:   

          “Y  debe  tenerse como coautor, así los  apelantes  insistan  que  el acuerdo iba hasta asaltar y despojar a SÁNCHEZ del  dinero   y   por  tanto  del  exceso  –muerte  y  lesiones  de  quienes  opusieran  resistencia- sólo debe  responder  IBARRA  quien  disparó.  No  debe  olvidarse,  que  al emprender una  empresa  delictiva  de  esta  naturaleza  se  presentan obstáculos como los que  aquí  ocurrieron y que así expresamente no se hubieran acordado deben también  responder  los  coautores,  se  repite,  por eso al prever estas eventualidades,  ambos  iban  armados  y  de  hecho,  también  PUENTES  accionó  la pistola que  llevaba”.   

Si  lo  anterior es así, es evidente que la  demanda   acusa   una   grave   falencia   que,   per  se,  atrae  para  sí  la consecuencia prevista por el  artículo  213  del  Código de Procedimiento Penal, esto es, la declaratoria de  inadmisión.   

Ahora  bien,  si lo pretendido por el censor  era  denunciar  el  quebranto  del  principio  de  legalidad,  le  correspondía  orientar  su  reproche  a  través de la causal tercera de casación, caso en el  cual  debía  cumplir  con  los  deberes  propios  de  tal  alegación, esto es,  determinar  con  claridad y precisión los motivos de invalidación, vale decir,  si  se  derivan  de  la  falta  de  competencia,  de la transgresión del debido  proceso,  o  del  quebrantamiento  del  derecho  de defensa; concretar de manera  lógica  sus  fundamentos;  indicar  la  fase  procesal  donde  se  presentó la  afectación,  y el ámbito de la actuación sobre la cual proyectó el error los  efectos  invalidantes; demostrar que procesalmente no existe otra solución para  restablecer  el  derecho  afectado;  y  señalar  la trascendencia del vicio, es  decir,  si  posee  virtud  para  afectar  sustancialmente  las garantías de los  sujetos  procesales  o  socavar  la  estructura propia del proceso, cometido que  tampoco cumplió.   

Resta señalar que las indicadas falencias no  pueden  en  modo  alguno  ser  subsanadas  por  la Corte, pues ello lo impide el  principio  de  limitación  que rige el trámite casacional, por virtud del cual  la  Sala sólo puede pronunciarse sobre los aspectos específicamente propuestos  –  salvo  los  eventos  de nulidad que pueden ser oficiosamente abordados por la  Sala  –  a  condición,  claro  está,  que  la  demanda haya sido formulada con  estricto  apego  a  las  exigencias previstas en el artículo 212 del Código de  Procedimiento Penal.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  presentada  por  el  defensor  de CESAR AUGUSTO PUENTES BASTIDAS   de  conformidad  con  las  razones  consignadas  en  la  anterior  motivación.   

Contra  este auto no procede recurso alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL         HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

CARLOS  AUGUSTO GÁLVEZ  ARGOTE         JORGE  ANÍBAL GÓMEZ  GALLEGO   

ÉDGAR    LOMBANA    TRUJILLO                  ÁLVARO          ORLANDO          PÉREZ  PINZÓN   

Comisión de servicio  

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

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