20718(10-04-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20718  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  044  

Bogotá, D. C., diez (10) de abril de dos mil  tres (2003).   

V    I    S   T   O  S   

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  LUZ  MARINA YANCE CUENTAS, condenada por el  delito  de  abuso  de  autoridad  por  acto arbitrario o injusto, conforme a los  lineamientos de la casación discrecional.   

A  N  T  E  C E D E N T E  S   

1.  Los  hechos los sintetizó el juzgador de  segundo grado, así:   

“El 17 de marzo de  1992,  la  Alcaldesa  del  municipio  de  Candelaria,  Luz Marina Yance Cuentas,  expidió  a  petición  de su primo Braulio Yance Valencia, un certificado en el  que  hace  constar  que  el Dr. Wilson Mazenett Guido no aparece registrado como  residente  o  vecino  de esa localidad. Igualmente, la Tesorera del municipio de  Candelaria,  Luz Marina Ruiz Ibáñez, a petición del solicitante Braulio Yance  Valencia,  expidió el 20 de marzo de 1992 un certificado basado en el kardex de  residentes  de  Candelaria, que hace constar que no existe registro de propiedad  urbana o rural a nombre del Dr. Wilson Mazenett Guido.    

“Las mencionadas  certificaciones  fueron usadas como pruebas en una demanda electoral de nulidad,  promovida   el  8  de  abril  de  1992,  ante  el  Tribunal  Administrativo  del  Atlántico”.   

2.  El Juzgado Primero Promiscuo del Circuito  de  Sabanalarga,  mediante  sentencia  del  25  de  abril  de  2002,  condenó a  Luz  Marina Yance Cuentas y a  Luz  Marina  Ruiz Ibáñez a las penas principales de multa de cinco mil pesos y  a  la  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el lapso de 1 año,  como  coautoras  del  delito  de  abuso  de  autoridad  por  acto  arbitrario  o  injusto.   

3.  Apelada  la  anterior  decisión  por  el  defensor  de las procesadas, el Tribunal Superior de Barranquilla, al desatar el  recurso, el 30 de octubre de 2002, la confirmó integralmente.   

4.  Dentro del término legal, el defensor de  Luz  Marina  Yance  Cuentas  interpuso  el  recurso de casación discrecional y,  concedido, presentó la respectiva demanda.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

Después de sintetizar los hechos, de reseñar  la   actuación  cumplida  en  el  diligenciamiento,  de  citar  a  los  sujetos  procesales  y  de  referirse  a los fallos de instancia, el censor, sin señalar  causal  específica de casación, acusa al Tribunal de haber vulnerado una norma  de  derecho  sustancial,  toda vez que, a su juicio, no tuvo en cuenta el acervo  probatorio  para  inferir  el  dolo  en  el comportamiento imputado a Luz Marina  Yance Cuentas.   

Sostiene que tanto el juzgador de primera como  el  de  segunda  instancia,  no  analizaron  ni  desarrollaron  el contenido del  artículo  22  del Código Penal, “ya que se concluye  la   existencia  del  dolo,  del  hecho  de  no  haber  encontrado  disposición  reguladora  de  las  funciones  de  alcaldes  y  de  tesoreros la atribución de  expedir  certificaciones  como  tampoco en sentido restringido, se ha demostrado  la  existencia  de  norma  alguna que les prohiba hacer constar que de acuerdo a  los  documentos  e  informaciones  que  llevan  en sus despachos o conocimientos  directos  de  los  servidores  públicos  no  resolver  un derecho de petición,  además  no  hay  crédito  de que las afirmaciones de mi defendida sean falsas,  este  no  análisis atenta contra los derechos fundamentales de Luz Marina Yance  Cuentas”.   

Igualmente, arguye que en el expediente no hay  prueba  que  demuestre  el  nexo  entre  su  defendida  y  los impugnantes de la  credencial   que   presuntamente  resultaron  afectados  por  el  comportamiento  imputado a las acusadas.   

Después  de cuestionarse sobre la existencia  de  la  prueba  que  indica  el  domicilio del denunciante y la tributación del  mismo  y  de  copiar  unas decisiones de esta Corporación sobre el tema, estima  que  la  sentencia  impugnada  vulneró  una  norma  sustancial, “pues  cuando se emitió estábamos frente a una nueva redacción del  artículo  152  del  depuesto  Código  Penal ante el 416 del actual Estatuto de  Sanciones”.    

Por  tal  motivo,  considera  que tampoco fue  objeto  de estudio por el juzgador lo atinente a la norma que más le favorecía  a  su  defendida  por  razón  del  tránsito de legislación, por lo que, en su  opinión,  “existe  atipicidad para sustentar que la  sentencia   recurrida   es   violatoria   de  una  norma  sustancial”,  tal  como  lo  ha venido exponiendo, procediendo a valorar los  hechos desde su personal punto de vista.   

Afirma  que  la  calidad de sujeto activo que  exige  el tipo penal fue probada “en forma heterodoxa  y  precaria, de pronto no se auscultó mas este punto y se dio por descontado el  mismo,  entendiendo  la  tarea como superflua, la sentencia recurrida igualmente  no  se pronuncia sobre este aspecto…”, para lo cual  aporta    sus    personales    opiniones   frente   al   verbo   “cometa acto”.   

En  esas condiciones, advierte que el dolo no  se  puede  inferir  en  la  actividad  de certificar sobre la existencia o no de  residencia  del concejal denunciante. Además, asevera que el fallo transgredió  el  artículo  11  del  Código  Penal,  toda  vez  que la antijuridicidad de la  conducta   requiere   la   conciencia   del   infractor,   lo   que   aquí   no  ocurrió.   

Concluye:  

“En el asunto que  se  examina  mediante  este  recurso  no  tuvo  en  cuenta  el  ad  quem  que la  administración  municipal,  y  en general la pública, quedaron intactas, pues,  si  el acto no responde a una regular operación inserta en los estrictos marcos  funcionales  en los municipios de hoy, legislaciones de antaño sí ordenaban el  registro  de  los  residentes  como  método  de  control  y  cercanía  de  los  habitantes de la localidad.   

“No   se   ha  demostrado  el  deterioro  sufrido  ni  en  qué  consistió  o  de  existir  es  totalmente     imperceptible     y     sin    relieve    para    formular    una  acusación.   

“El  concejal  electo  nunca  vio  comprometida  su  credencial  y  es  cierto  que  no  tenía  residencia  en  Candelaria, como está probado por declaraciones que obran, esas  sí, legales y oportunamente brindadas”.   

Luego de cuestionarse sobre si hubo o no daño  en   el  comportamiento  juzgado,  solicita  a  la  Corte  absolver  a   su  defendida.   

ALEGATO    DEL   NO  RECURRENTE   

El apoderado de la parte civil informa que la  demanda  de  casación  no reúne los requisitos formales que exige el artículo  212  del  Código  de  Procedimiento Penal, por lo que, en su criterio, la misma  debe  inadmitirse,  máxime cuando los cuestionamientos planteados por el censor  se encuentran demostrados en el proceso.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Es  incuestionable que en este caso sólo  procede  la  casación discrecional, toda vez que el quantum punitivo que la ley  establece  para el delito de abuso de autoridad por acto arbitrario o injusto no  contempla  pena  máxima que exceda los ocho (8) años de prisión, ya que dicha  conducta  punible,  por  la que fue condenada la procesada, preveía, como penas  principales,   la   multa  y  la  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas,  según  el  artículo  152  del  Decreto 100 de 1980. Igualmente, el  defensor  de  la  procesada tiene legitimidad e interés para recurrir a través  de esta vía.   

2.  Sin  embargo,  en  lo  que  atañe  a los  requisitos  formales  de  la demanda, observa la Sala que el libelista no expuso  los  motivos  por  los  cuales  acudió a este medio excepcional, ya que toda la  argumentación  la  redujo  a  oponerse  al  mérito  otorgado  a  los medios de  convicción  en  que  se  fundamentó  la  condena, a reclamar por las supuestas  violaciones  de  unas  normas  sustantivas y a sostener la ausencia de dolo y de  antijuridicidad  en  el  comportamiento  de  su  procurada, sin que indicara, de  manera  clara  y  precisa, las razones por las cuales considera que a Luz Marina  Yance Cuentas se le vulneraron los citados postulados.   

Una  vez  más debe recordar la Sala que este  medio  de  impugnación  sólo se justifica por la urgencia de proteger derechos  fundamentales  conculcados,  si  el  daño  se  pone  en  evidencia  con la sola  indicación  descriptiva,  lo  que aquí no aconteció, pues el actor no dedicó  una  sola  línea  tendiente  a  demostrar  que  es  procedente esta excepcional  vía.   

En  consecuencia,  al no haberse ameritado la  necesidad  de  la  intervención  de  la  Corte en sede de casación, la demanda  será inadmitida.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR la demanda  de   casación   presentada   por  el  defensor  de  la  procesada  LUZ MARINA YANCE CUENTAS.   

Contra  esta  decisión procede el recurso de  reposición.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

YESID  RAMÍREZ   BASTIDAS   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                  HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

CARLOS A. GALVEZ ARGOTE                                 JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                                                        Comisión    de  servicio   

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO                                 ÁLVARO ORLANDO  PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                           JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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