19894(19-08-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19894  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  069  

         

Bogotá, D. C., diecinueve (19) de agosto de  dos mil cuatro (2004).   

V   I   S   T   O  S   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda de revisión presentada por el apoderado de LEONARDO   CEBALLOS  MILLÁN  contra  la  sentencia  proferida, el 23 de noviembre de 1998,  por el Tribunal Superior  de  Distrito  Judicial  de  Bogotá  D.  C.,  en  la  que  al confirmar, con una  modificación,  la  del  Juzgado  Once  Penal  del  Circuito de la misma ciudad,  fechada  el 18 de agosto de dicho año, lo condenó por los delitos de homicidio  agravado,    secuestro   y   hurto   calificado   y   agravado   en   grado   de  tentativa   

  H   E   C   H   O  S   

El     juzgador     de   segunda    instancia   los   sintetizó   de   la   siguiente manera:   

“El 22 de Marzo  de  1997,  promediando  las  ocho  de  la  noche, a la altura de la variante del  barrio  Fontibón  de  esta  ciudad,  fue  interceptado por cuatro individuos el  camión  doble  troque  Dodge  de  placas  SNA  804  conducido por José Leoncio  Sepúlveda  Vásquez, quien fue obligado a subir a un taxi marca Volga en el que  se  movilizaban  los  asaltantes,  dos  de  los  cuales se lo llevaron con rumbo  desconocido,   al   tiempo   que   los   otros  dos,  entre  ellos  Leonardo  Ceballos  Millán,     se   apoderaron   del   doble  troque.   Todo  este  acontecer fue observado por el ciudadano Campo Elías  Algeciras,  quien  se  desplazaba en un camión y avisó a un agente de policía  de  un  CAI cercano, iniciándose la persecución que culminó con la captura de  Ceballos  Millán.  El  otro  individuo  que  lo  acompañaba, apodado “El Moto”, logró huir.    

Veinticuatro horas después apareció muerto  el  conductor del camión doble troque, José Leoncio Sepúlveda Vásquez, en un  lugar   despoblado   de   la   hacienda  “Tintal  Vallado”,  al  sur  de  la  ciudad.”   

L  A      D  E  M A N D  A   

1.  Luego  de  sintetizar  la  actuación  procesal,  de  identificar  los  despachos  que  profirieron  las  decisiones de  primera  y  segunda  instancia  y de precisar las conductas punibles por las que  fue  condenado  el  procesado,  con fundamento en la causal 3ª consagrada en el  artículo    220   del   Código   de    Procedimiento    Penal,   pretende    el    actor   la   revisión  del  fallo,  cuyos  argumentos se sintetizan, así:   

En  el  título  que denominó “La  causal invocada y los fundamentos  de   hecho   y   de   derecho   en   que   se   apoya  la  solicitud”,   el   libelista  afirma  que  las  declaraciones  extrajuicio  de  Luis  Carlos  Rincón  López,  Orlando Alvarado  Fisgativa  y  Fanny  Quiroga  Correa,  allegadas a la demanda, demuestran que su  defendido  no  tenía  conocimiento  de los hechos por los cuales fue condenado;  por  el  contrario,  se  limitó  a  actuar  bajo las condiciones de un contrato  celebrado  con el objeto de “conducir un camión”,  negocio perfeccionado mediante llamada telefónica el  día de los hechos.   

En  ese  orden  de  ideas,  el actor trae a  colación  fragmentos de las citadas declaraciones extra proceso, en especial la  versión  rendida  por  la  señora  esposa  del condenado, Fanny Quiroga, quien  afirma  que  la noche de los ilícitos su esposo recibió una llamada de alguien  que  le ofreció un trabajo, consistente en recoger un camión en la variante de  Fontibón y llevarlo hasta la localidad de Puentearanda.   

Anota  que  con  base  en  las  otras  dos  declaraciones   se  puede  establecer  “que  no  se  demostró  dentro  del  proceso el factor culpabilista necesario para emitir una  sentencia condenatoria”.   

Resalta que dentro de la investigación los  funcionarios  de  policía  judicial dieron total respaldo a la declaración del  procesado  frente  a  la  identificación  y  localización de la persona que lo  contactó   y,  posteriormente,  celebró  el  contrato,  sujeto  conocido  como  “El    Maletilla”,  situación   que   no   fue  tenida  en  cuenta  por  los  juzgadores  de  ambas  instancias.   

Concluye   diciendo  que  no  era  motivo  suficiente  para  apoyar  el  juicio de reproche en la circunstancia objetiva de  encontrar  a  su  representado en el vehículo. Por ello, con base en las nuevas  declaraciones,  solicita  la “absolución por vía directa” o la aplicación  del  principio  del  indubio pro reo a favor de su representado, agregando que a  su  defendido  en ningún momento de la actuación procesal se le pudo comprobar  lo        que       denomina       “intención  criminal”, aspecto que, en su criterio, contraviene  lo  preceptuado  en  los  artículos  12  y 29 del Código Penal y 7° y 399 del  Código de Procedimiento Penal.   

2.  De  otra  parte,  en  memorial que hizo  llegar  a  esta Corporación el sentenciado Ceballos Millán solicita a la Corte  la  admisión de la demanda de revisión presentada por su apoderado, reiterando  que    es    inocente    de   las   conductas   punibles   por   las   que   fue  condenado.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

Como  lo ha reiterado la Sala en múltiples  ocasiones,  al  ser  probable que la sentencia condenatoria o absolutoria, o las  providencias  de  preclusión  o  cesación  de  procedimiento que se encuentran  ejecutoriadas   no  contengan  la  verdad  histórica,  originándose  así  una  injusticia,  el  legislador  penal  instituyó  la  acción  de  revisión  como  mecanismo  idóneo  para  remover  la cosa juzgada y declarar sin valor el fallo  objeto  de  la  acción,  dictando  la providencia que corresponda o disponiendo  tramitar  nuevamente  el  proceso  desde el momento en que se indique, según la  causal invocada y que la Corte encuentre fundada.   

Así, la remoción de la cosa juzgada sólo  es  posible  cuando  frente  a  la  demostración  de  alguna  de  las  causales  taxativamente   señaladas   en  la  ley,  se  evidencia  que  se  cometió  una  injusticia.   

Por  tal  circunstancia, la demanda deberá  ser  confeccionada  con  sujeción  a los parámetros legales y con respeto a la  causal  en  que  se  apoya,  pues,  en caso contrario, el escrito se torna en un  alegato  de  instancia,  lo  que  constituye  un desafuero al desnaturalizar los  fines de la revisión.   

En  el  caso  concreto,  de  la lectura del  libelo  se  colige  que  el actor no sólo desconoce los soportes filosóficos y  doctrinales  en  que se ampara este instituto, sino que ignora que el proceso ya  terminó  con  sentencia  ejecutoriada  que  ha hecho tránsito a cosa juzgada y  que,  por  lo  mismo,  no  se  trata  de  una instancia más en la que se puedan  discutir  nuevamente  los  aspectos  jurídicos  o  los  elementos de juicio que  sirvieron  de  fundamento a una decisión que tiene el carácter de definitiva e  inmutable.   

En  efecto,  si  bien  es  cierto  que  el  memorialista  apoya  su solicitud en la causal 3ª del artículo 220 del Código  de  Procedimiento  Penal,  esto es, el aparecimiento de prueba nueva no conocida  en  ninguna  de  las etapas del diligenciamiento, constituida, en este caso, por  las  declaraciones rendidas por Fanny Quiroga Correa, esposa del condenado, Luis  Carlos  Rincón  López  y Orlando Alvarado Fisgativa, también lo es que dichos  testimonios  carecen de la eficacia requerida para demostrar el hecho básico de  la   petición,   esto   es,   la  inocencia  del  procesado  Leonardo  Ceballos  Millán.   

Cabe reiterar que cuando la acción se funda  en  la  causal  tercera,  es  decir,  la  aparición  de  hechos o pruebas   respecto   de   las   cuales   el  sentenciador no tuvo  oportunidad  de  pronunciarse  por  no haberlas conocido, y que de haberlo hecho  habría      llevado      definitivamente     a     la   absolución   o   a  la  declaración de inimputabilidad del  procesado  frente  al  acontecer  fáctico por el que fue  condenado,   es     deber     del    demandante    no    sólo   relacionar   y   allegar  al  libelo  los medios de convicción en que  funda  su  pretensión,  sino también demostrar que de haber sido oportunamente  conocidas  en  el  curso de los debates ordinarios del proceso, la solución del  asunto  habría  sido  la  absolución  o la declaración de inimputabilidad del  sentenciado, dada la contundencia demostrativa de tales pruebas.   

Además,   como   lo   ha   precisado  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  “no  se  aviene a la  naturaleza  y  alcance  de esta causal la pretensión por aducir cualquier clase  de  medio  probatorio,  sino  solamente  aquellos  que  apuntan  a establecer la  inocencia  del  procesado  o  su inimputabilidad, pues la revisión, en cuanto a  esta  causal se refiere, no ha sido instituida para dar lugar a la continuación  del  juicio que culminó con la providencia que hizo tránsito a cosa juzgada, o  revivir  el  debate  jurídico-probatorio  que  se  llevó a cabo en el fenecido  proceso,  sino  para postular, con base en la prueba ex novo, un cuestionamiento  serio  a  la  declaración  de  justicia que puso fin a la controversia procesal  mediante decisión definitiva e inmutable.   

“Por esa razón,  como  presupuesto  de  admisibilidad  del  libelo  demandatorio de la revisión,  cuando  de  la  causal tercera se trata, establece la ley la obligación para el  accionante     de     relacionar    ‘las  pruebas  que  se aportan para demostrar los hechos básicos de  la  petición’, esto es,  allegarlas  con  la  demanda  y acreditar al tiempo que tienen la virtualidad de  modificar  el  sentido  del  fallo,  es  decir,  que  reúnen  los  dos extremos  mencionados  en  precedencia:  novedad  y trascendencia, pues de no cumplir esta  carga,  ha  de  entenderse  que  lo  pretendido  es  prolongar el debate de modo  inútil  e  impertinente como si el juicio no hubiera fenecido con la ejecutoria  de  la  decisión  cuya revisión se demanda, imponiéndose, en consecuencia, la  inadmisión       del      libelo”.1   

Si  bien  el libelista allegó como pruebas  nuevas  las  declaraciones de Fanny Quiroga López, Orlando Alvarado Fisgativa y  Luis  Carlos  Rincón  López,  de  todos modos no demostró como sus lacónicas  afirmaciones   llevan   inevitablemente  a  concluir  que  su  representado  fue  injustamente  condenado,   limitando  su argumentación a personales puntos  de  vista  frente  a la forma como el sentenciador valoró los medios de prueba,  olvidando  que  el  debate probatorio termino en las instancias a través de una  sentencia que ha hecho tránsito a cosa juzgada.   

En fin, los medios de convicción aportados  por  el  accionante carecen de la necesaria trascendencia que la ley impone a la  prueba nueva, razón por la cual no se admitirá la demanda.   

En  esas  condiciones,  no  se admitirá la  demanda.   

Por último, que el sentenciado coadyuve la  demanda  presentada  por  su  apoderado  con  el  propósito de que la misma sea  admitida,  no  es  una  aspecto  que  la  ley consagre como presupuesto para tal  efecto   máxime   cuando   legal  y  jurisprudencialmente,  se  ha  exigido  la  intervención  del  profesional  del derecho para dicho fin, en los casos en que  el accionante no es abogado.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

    

1. Reconocer  al  doctor  Carlos Alberto Riveros Santos como apoderado  del condenado LEONARDO CEBALLOS MILLÁN.     

2.           INADMITIR  la  demanda  de revisión contra el fallo proferido, el 23 de noviembre de 1998, por  el  Tribunal Superior de Distrito Judicial de Bogotá D. C., mediante el cual se  condenó  a  LEONARDO  CEBALLOS  MILLÁN por   los   delitos   de  homicidio  agravado,  secuestro  y  hurto  calificado y agravado en grado de tentativa.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                  ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO                       ÁLVARO ORLANDO  PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                            MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

1  Revisión  19252  del  11  de  marzo  de  2003,  M.  P.  Dr.  Fernando  Arboleda  Ripoll.     

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