19501(25-03-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  19501   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 24  

          Bogotá   D.C.,   marzo   veinticinco   (25)   de   dos  mil  cuatro  (2004).   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  de  fondo sobre las  demandas   de   casación   presentadas   por  los  defensores  de  HECTOR  ALFONSO ACEVEDO CANO y JOSE  MIGUEL  ARIZA  BENAVIDES,  contra la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior Cundinamarca  el  17  de  mayo  de  2001,  mediante  la cual confirmó el fallo dictado por el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito Especializado del mismo departamento el 13  de  diciembre  de  2000,  por  cuyo  medio  los  condenó a la pena principal de  treinta  y  ocho  (38)  años de prisión como coautores penalmente responsables  del  concurso de delitos de secuestro extorsivo agravado y porte ilegal de armas  de uso privativo de las Fuerzas Armadas.   

La  Procuradora  Primera  Delegada  para  la  Casación  Penal  solicita  en  su  concepto no casar la sentencia impugnada por  considerar   que   los   argumentos   planteados   en  los  libelos  carecen  de  razón.   

HECHOS  

Fueron  adecuadamente  sintetizados  por  el  ad  quem  en  el  fallo  de  segundo grado, así:   

“A  eso  de las  11:00  de  la  mañana  del  25  de  enero  de 1997, cuando los esposos FERNANDO  CABALLERO  ARGAEZ  y PATRICIA GAVIRIA MEZA se dirigían a la hacienda Noruega de  la  Vereda Noruega Baja del municipio de Silvania, en la camioneta de placas FEB  836,  tipo  estacas,  pasando  el  puente  sobre  el  río  Subia,  en un sector  despoblado,  fueron interceptados por cinco personas que vestidas con camuflados  y   portando   armas   de   fuego  de  largo  y  corto  alcance,  como  fusiles,  ametralladoras  y pistolas, simulaban un retén militar y luego de hacer detener  el  vehículo  bajaron a sus ocupantes de la cabina y los obligaron a pasar a la  carrocería  para  más  adelante  dejar libre a la señora Patricia Gaviria, en  tanto  que  al  señor Caballero Argáez lo llevaron consigo a zona montañosa y  desconocida  para él, manteniéndolo retenido contra su voluntad hasta el 25 de  abril  siguiente, fecha en la cual fue liberado después de que a los plagiarios  les   fuera   cancelada   la   suma   de  ciento  cincuenta  millones  de  pesos  ($150.000.000.oo)”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Con fundamento en la denuncia presentada por  Patricia  Gaviria  Mesa,  la  Fiscalía  dispuso  la  correspondiente investigación previa el 3 de febrero de  1997  y,  posteriormente,  el 22 de mayo del mismo año profirió resolución de  apertura  de  la  instrucción,  en  cuyo  marco vinculó mediante indagatoria a  HECTOR  ALFONSO ACEVEDO CANO,  JOSE MIGUEL ARIZA BENAVIDES y  otros,  definiéndoles  su  situación  jurídica  el  5  de junio siguiente con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  como presuntos coautores  materiales  del  concurso  de  delitos  de  secuestro extorsivo agravado y porte  ilegal    de    armas    de   defensa   personal,   sin   derecho   a   libertad  provisional.   

          Posteriormente  la  Fiscalía denegó la solicitud de revocatoria de  la   medida   de   aseguramiento   presentada  por  el  defensor  del  sindicado  ACEVEDO CANO; providencia que  al  ser  impugnada  fue  objeto  de  confirmación  por  parte  de  la Unidad de  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Nacional.   

Cerrada la investigación, el 27 de agosto de  1998   la  Fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario  con  resolución  de  acusación    contra    HECTOR    ALFONSO    ACEVEDO  CANO  y  JOSE  MIGUEL  ARIZA  BENAVIDES,  entre  otros, como presuntos coautores del  concurso  de  delitos de secuestro extorsivo agravado y porte ilegal de armas de  uso  privativo  de  las  Fuerzas  Armadas. Esta providencia fue impugnada por el  defensor  del primero de los nombrados y la Unidad de Fiscalía Delegada ante la  Sala  Especial  de  Descongestión del Tribunal de Bogotá la confirmó mediante  resolución del 21 de julio de 1999.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito Especializado de Cundinamarca, despacho  que  una  vez  surtido  el rito pertinente profirió fallo el 13 de diciembre de  2000,  por cuyo medio condenó a HECTOR ALFONSO ACEVEDO  CANO  y  JOSE  MIGUEL  ARIZA  BENAVIDES,  y  otros, a la pena principal de treinta y  ocho  (38)  años  de  prisión  y  multa  de doscientos (200) salarios mínimos  legales  mensuales,  a  la  accesoria  de  interdicción de derechos y funciones  públicas   por  diez  (10)  años,  y  al  pago  solidario  de  los  perjuicios  ocasionados,  como coautores penalmente responsables del concurso de delitos por  el cual fueron acusados.   

La  sentencia  fue  impugnada  tanto por los  procesados  como  por  sus defensores, y el Tribunal Superior de Cundinamarca la  confirmó  mediante  fallo  del  17  de mayo de 2001, el cual es ahora objeto de  impugnación  extraordinaria por parte de los asesores técnicos de HECTOR  ALFONSO ACEVEDO CANO y JOSE MIGUEL ARIZA BENAVIDES.   

LAS DEMANDAS  

1.             Demanda   a   nombre   del   procesado  HECTOR ALFONSO ACEVEDO CANO:  Violación indirecta de la ley sustancial.   

El  defensor plantea un solo cargo al amparo  de  la  causal primera de casación, cuerpo segundo, por violación indirecta de  la  ley  sustancial  derivada de errores de hecho y de derecho, que fundamenta y  desarrolla así:   

1)            Comienza el casacionista por señalar que  el  Tribunal  erró  al  considerar  que  el  informe  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  y  lo que el funcionario que lo suscribió declaró tenía valor  probatorio,  pues  de  acuerdo  al  artículo  313  del  estatuto procesal penal  derogado   “en  ningún  caso  los  informes  de  la  Policía  Judicial  y  las  versiones suministradas por los informantes tendrán  valor  probatorio  en  el proceso”, como a su vez fue  puntualizado    por    la   Corte   Constitucional   en   sentencia   C-392   de  2000.   

          Considera    entonces,    que    el    ad  quem incurrió en un error de derecho por falso juicio  de  convicción,  al otorgarle al referido informe de policía un valor del cual  carece.  Estima  violado  directamente el artículo 50 de la Ley 504 de 1999 que  modificó  el  artículo  313  del anterior Código de Procedimiento Penal, y de  manera  indirecta  los artículos 2º, 61, 66, 67, 202, 268, 270 del Decreto 100  de  1980,  que  se referían a la exigencia de conducta típica, antijurídica y  culpable,  a  los  criterios de dosificación de la pena y a la tipificación de  los delitos por los que se procede.   

          2)        Expresa  el actor que el Tribunal incurrió en un error de hecho por  falso  juicio de identidad, en cuanto “se inventó el  contenido  del  testimonio  del  señor VARGAS GOMEZ; pues, lo puso a decir algo  que   no  manifestó  en  el  testimonio  vertido  por  éste  en  la  audiencia  pública”.   

          Precisa   que   el   ad  quem  no  debió  fusionar  el  informe  y  el  testimonio  rendidos por  Omar  Vargas  Gómez, pues el  primero  no  constituye  por  mandato  legal  medio  de  prueba.  Además, en la  declaración  no fueron señaladas sus fuentes, pues simplemente versó sobre lo  expuesto  por  un informante y miembros del cuerpo de inteligencia del Ejército  Nacional,  “ilegal  el  primero, por mandamiento del  artículo    50    de    la   Ley   504/99   y   completamente   anónimos   los  segundos”.   

          Como  normas  violadas  indirectamente indicó los mismos artículos  anteriormente relacionados.   

          3)        Asevera  el  defensor  que  en  el fallo se incurrió en un error de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  en  la  medida  que otorgó valor de  documento   a   las   grabaciones   fonográficas   obtenidas   a   través   de  interceptación  telefónica,  pues  si  técnicamente no fue posible establecer  quién  era  el autor de aquellas, así como de las transliteraciones, la prueba  pierde el carácter de documento, por resultar anónima.   

Anota  que,  contrario  a  lo  dicho  en  la  sentencia  atacada,  su  asistido  no  reconoció  haber  intervenido  en  tales  conversaciones,  pues  jamás  se  le  pusieron  de  presente,  y además, en la  audiencia  pública  afirmó  que  desconocía  totalmente  el  contenido de las  referidas grabaciones.   

De  lo anterior concluye el casacionista que  si  el  Tribunal  admitió  las  grabaciones  como  pruebas documentales sin que  aquellas   tuvieran   las   características  exigidas  para  ser  tenidas  como  documentos,  se  incurrió  en  un error de hecho por falso juicio de existencia  por  suposición,  con  el  cual se violaron directamente los artículos 255 del  Decreto  100  de  1980  y  277  y  351  del  Decreto  2700  de  1991,  así como  indirectamente los preceptos ya mencionados.   

          4)        Aduce  el  libelista que para deducir responsabilidad de su asistido  se  tuvo  en cuenta, a manera de indicio, que recibió parte del dinero obtenido  como   pago   del  rescate  del  secuestrado  Fernando  Caballero   Argáez,  según  se  acreditó  con  las  grabaciones  fonográficas,  pero  no  se  tuvo  en cuenta que la estructura del  indicio  exige  la  prueba  del  hecho  indicador,  de la cual se carece en este  asunto,  por no existir testimonio o documento que pruebe que el referido dinero  ingresó al patrimonio del procesado.   

          Refiere  que aún si se acepta que en las grabaciones aparece la voz  del  procesado  ACEVEDO CANO,  se  desconoce  de  qué manera el Tribunal concluyó que se pagó el rescate del  secuestrado  o que el dinero repartido era producto del ilícito, pues lo cierto  es  que  la  víctima  declaró que desconocía el monto pagado a los plagiarios  por su liberación.   

          En  consecuencia,  estima  el  censor  que el Tribunal construyó el  indicio  a partir de un error de hecho por falso juicio de existencia, en cuanto  supuso  la  prueba  del  hecho  indicador,  con  lo  cual violó directamente el  artículo  302  del  anterior Código de Procedimiento Penal y las mismas normas  ya referidas.   

          5)        Manifiesta  el  casacionista  que  erró el Tribunal al construir el  indicio  de  que  el procesado ACEVEDO CANO   era   “líder   de   una   banda  de  secuestradores”  a  partir  de  lo  expuesto  en  el  informe  de  inteligencia elaborado por el Cuerpo Técnico de Investigación, el  cual,  de  acuerdo  con lo establecido en el artículo 311 del derogado estatuto  procesal  penal  (modificado por el artículo 50 de la Ley 504 de 1999) carecía  de valor probatorio.   

          Por    tanto,    estima    que    el   ad  quem  incurrió  en un error de hecho por falso juicio  de  convicción al otorgar valor demostrativo al referido informe, y a partir de  ello construir el indicio citado.   

          Estima  que  con  tal  proceder  se  violó  de  manera  directa  la  mencionada  norma  procesal,  y  de manera indirecta los artículos 2º, 61, 66,  67, 202, 268, 270 del Decreto 100 de 1980.   

          6)        Indica  el  censor que también se incurrió en el fallo en un error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad, en cuanto fueron tergiversados los  testimonios  de  la víctima del plagio y de su esposa, pues a pesar de no haber  reconocido  en  fila  de  personas al procesado ACEVEDO  CANO,  y ser tal diligencia de acuerdo con lo expuesto  por  esta  Sala  en providencia del 26 de agosto de 1987 complemento de aquellas  declaraciones,   el  Tribunal  “se  limita  a  hacer  conjeturas  que no tienen ningún asidero, con el único propósito de no abonar  en  favor  del procesado esa importantísima pruebas, solicitada por la defensa,  y   en   su  afán  de  poder  edificar  la  sentencia  condenatoria”.   

Considera  violado directamente el artículo  294  del  derogado  estatuto procesal penal y de manera indirecta los artículos  ya citados.   

          7)        Afirma  el  demandante  que  si  las  personas  que  secuestraron  a  Fernando  Caballero vestían  prendas  y  armas  de  uso privativo de las Fuerzas Armadas, el Tribunal omitió  tener   en   cuenta   el  “contraindicio”  que obra a favor del sindicado ACEVEDO  CANO,  pues  en  el  lugar donde fue aprehendido no se  encontraron   uniformes   o   prendas   de   índole   militar,  “desprendiéndose,  entonces, que el procesado en mención es ajeno a  los hechos que se le endilgaron”.   

          En  consecuencia,  expresa que se incurrió en un error de hecho por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  en la valoración del citado hecho  indicante.   

Estima   que  se  violó  directamente  el  artículo  249 del Código de Procedimiento Penal anterior y de manera indirecta  los artículos ya relacionados.   

          8)        También  refiere  el  defensor  que  en el fallo se incurrió en un  error  de  hecho  por  falso  juicio de existencia por omisión, en cuanto no se  tuvo  en  cuenta que al momento de allanarse y registrarse el inmueble donde fue  aprehendido  el  incriminado  ACEVEDO CANO,  no  se encontraron armas de fuego de uso privativo de las Fuerzas  Armadas,  de  lo  cual  “se  infiere  que  éste  no  participó    en    los    ilícitos    que    se   le   atribuyeron”.   

Señala  que  se  violó  directamente  el  artículo  249 del Código de Procedimiento Penal derogado y de manera indirecta  los   artículos   2º,   61,   66,  67,  202,  268,  270  del  Decreto  100  de  1980.   

Finalmente el casacionista señala que de no  haberse   incurrido   en   los   denunciados   yerros,  el  fallo  habría  sido  absolutorio.   

Con  base  en  lo  anotado,  el  impugnante  solicita  a  la  Corte  casar  el  fallo  atacado  y  en  su  lugar  disponer la  absolución   del  procesado  HECTOR  ALFONSO  ACEVEDO  CANO.   

2.             Demanda   a   nombre  del  incriminado  JOSE     MIGUEL     ARIZA    BENAVIDES:   

El defensor plantea dos cargos que fundamenta  y desarrolla así:   

2.1.          Primer cargo: Nulidad por violación del  derecho   a   la   defensa   técnica   y   del   principio   de  investigación  integral.   

          Al  amparo  de  la causal tercera de casación, el demandante expone  que  a  su  asistido  le  fue  violado  el  derecho  de  defensa  técnica, pues  “estuvo  durante  gran  parte de la investigación y  parte     de     la     etapa     del     juicio     sin    defensor”.   

          Para   demostrar   la   censura  aduce  que  asistió  al  procesado  ARIZA   BENAVIDES   en  su  injurada,  pero  posteriormente,  al realizarse la ampliación de tal diligencia  fue   desplazado   por   otro   profesional   del   derecho   designado  por  el  incriminado.   

No  obstante,  a  tal  defensor no le fueron  notificadas   providencias   tales   como   el   cierre  de  investigación,  la  calificación  del  sumario,  el  trámite del recurso de apelación interpuesto  contra  la  resolución  de  acusación,  el  traslado  para pedir pruebas en el  juicio  y  preparar  la  audiencia,  y  fue únicamente hasta que se llegó a la  audiencia   pública  que  el  juez  solicitó  a  la  Defensoría  Pública  la  designación  de  un profesional, abogado que en varias ocasiones no concurrió,  y   por  ello,  como  el  actual  apoderado  del  demandante  venía  asistiendo  técnicamente   a   otro  procesado  JOSE  NOEL  ARIZA  BARRERA,  el  funcionario lo designó como defensor de  oficio  de  JOSE  MIGUEL  ARIZA  BENAVIDES,  motivo  por el cual considera que su asistido no tuvo oportunidad  de contar con defensa técnica.   

          Señala  que se violó el principio de investigación integral y con  ello  el  derecho  de  defensa  del  sindicado,  pues  desde  la  diligencia  de  indagatoria  solicitó la recepción de dos testimonios que acreditaban que para  la  fecha de los sucesos aquí investigados se encontraba en otro sitio, sin que  los   funcionarios   hubieran  procedido  a  decretar  la  práctica  de  dichas  pruebas.   

Con base en lo anotado, el censor solicita a  la    Corte   declarar   la   invalidez   de   la   actuación   “desde     antes    del    cierre    de    investigación”.   

          2.2.                      Segundo  cargo:  Nulidad  porque el ad   quem  se  limitó  a  estudiar  los  planteamientos de los impugnantes.   

          También  al amparo de la causal tercera de casación, el demandante  manifiesta  que  se  violó  el  debido proceso, pues el Tribunal al conocer del  recurso  de  apelación  interpuesto contra el fallo circunscribió su estudio y  pronunciamiento  únicamente  a  los  motivos de inconformidad, y no procedió a  estudiar  la  actuación  en  su  integridad,  omisión  que  condujo  a  que no  decretara la nulidad planteada en el cargo primero.   

          Expresa  que en el curso del proceso no se acreditó la materialidad  del  delito,  pues  “en ningún momento se demostró  por  parte  de  la Fiscalía, que efectivamente se hubiera cancelado alguna suma  de   dinero   por   el   rescate   del   señor   CABALLERO   ARGAEZ”,   ya   que   el   hermano   de   la   víctima  “en  declaración  rendida en audiencia pública, no atina a expresar  o    informar,    cuánto    o    cómo    se   pagó   el   rescate”.   

Sin  señalar  el  efecto  invalidante de la  nulidad  planteada, el censor expresa que acoge los planteamientos contenidos en  el salvamento de voto al fallo de segundo grado.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

La  Procuradora  Primera  Delegada  para  la  Casación  Penal solicita en su concepto no casar la sentencia impugnada por las  fallas  técnicas  de  los  libelos  y por considerar que no asiste razón a los  impugnantes,  con base en los argumentos que a continuación se exponen, para lo  cual  procedió a estudiar en primer término la demanda presentada a nombre del  procesado       ARIZA       BENAVIDES.   

1.             Demanda   a   nombre  del  incriminado  JOSE     MIGUEL     ARIZA    BENAVIDES:   

1.1.          Con  relación  al primer cargo: Nulidad  por   violación   del  derecho  a  la  defensa  técnica  y  del  principio  de  investigación integral.   

          Inicialmente  la  Delegada  destaca  que  el  actor  no demostró la  trascendencia  de  las irregularidades denunciadas, y además, mezcló de manera  indebida  diversos  motivos  de  nulidad  sin  sujetarse  a  su  ordenación  de  conformidad  con  el  efecto  invalidante  que  pudiera derivarse de cada uno de  ellos.   

          Pone  de presente que el impugnante alude de manera indiscriminada a  la  violación  del  debido  proceso y al derecho de defensa, sin percatarse que  corresponden  a  ámbitos  diversos,  como lo tiene precisado la jurisprudencia,  caso  en  el  cual  estaba  llamado  a  plantear  diversos  cargos en capítulos  separados.   

          Acto  seguido agrega que aún si los cargos hubieran sido formulados  adecuadamente  lo  cierto es que las irregularidades denunciadas no ocurrieron o  carecen de trascendencia.   

En efecto, asevera que si bien el derecho de  defensa  técnica  debe  ser  continuo, resultaría exageradamente formal exigir  que  de  manera inexorable el defensor tuviera que estar presente a lo largo del  proceso,  pues  aunque  existen  actuaciones  que requieren de su asistencia, la  garantía    de    la   defensa   técnica   debe   evaluarse   en   cada   caso  concreto.   

También indica que si la irregularidad pudo  ser  corregida  con la actuación de un defensor, debe entenderse que el derecho  no  sufrió  lesión,  pues  carecería  de sentido invalidar la actuación para  otorgar  a  la  defensa  oportunidades  que  ya  tuvo,  como  lo ha señalado la  jurisprudencia de esta Sala.   

La   Delegada   precisa   que  el  abogado  Ricardo   Sanabria  Ortíz,  designado  en  la  ampliación  de  indagatoria  por  el  procesado ARIZA   BENAVIDES  solicitó  su  libertad  provisional  por  vencimiento  de  términos,  petición que al ser denegada fue  notificada   personalmente   al   profesional   José  Francisco  Morales  Soler,  quien interpuso recurso de  apelación  pero  no  procedió  a sustentarlo, motivo por el cual fue declarada  desierta la impugnación.   

Igualmente  anota  que  si el defensor no se  notificó  personalmente  del  cierre  de  investigación, ni presentó alegatos  precalificatorios,  tal  omisión  no entraña afectación de la garantía, pues  se  trata  de  una oportunidad a la que discrecionalmente los sujetos procesales  pueden o no acudir.   

A  su  vez, si el defensor consideró que no  debía  impugnar  la  acusación o solicitar pruebas en el juicio, dado el cabal  cumplimiento  de la investigación integral por parte de la Fiscalía, razonable  resulta  concluir  que  ello  podría constituir una estrategia defensiva, y por  tanto, no se lesionó la referida garantía.   

          En  punto  de la violación del principio de investigación integral  por  no  haber  sido decretados dos testimonios solicitados por el procesado, la  Procuradora  Delegada  expresa  que  no  se  demostró  la  trascendencia  de la  omisión,  pues  el  mismo  sindicado  no  señaló  el  nombre  completo de los  declarantes  ni  especificó  su  ubicación,  circunstancia  que imposibilitaba  citarlos,  y  además,  no  insistió a lo largo del proceso en la recepción de  tales     testimonios,    seguramente    por    carecer    de    “soporte     probatorio     para     corroborar    sus    pretendidas  justificaciones”.   

          Adicionalmente  destaca que el censor no tuvo en cuenta otros medios  de  prueba que señalan a su defendido como coautor de los delitos investigados,  caso  en  el cual, las pruebas echadas de menos no tendrían aptitud para variar  la  decisión  cuestionada,  y  por  ello,  el  reproche carece de trascendencia  frente a la prueba de cargo que lo compromete.   

          De   conformidad   con   lo  anterior,  considera  la  Delegada  que  “los   cargos   resultan   inadmisibles”.   

1.2.           En  cuanto  atañe  al  segundo  cargo:  Nulidad  porque el ad quem se  limitó a estudiar los planteamientos de los impugnantes.   

          Comienza  la  representante del Ministerio Público por señalar que  de  acuerdo  con  el  artículo  206 del Decreto 2700 de 1991, modificado por el  artículo   35  de  la  Ley  504  de  1999,  la  consulta  respecto  de  ciertas  providencias  proferidas por los funcionarios penales del circuito especializado  sólo procedía cuando no se interpusiera recurso alguno.   

Además, según el artículo 217 del derogado  estatuto  procesal  penal,  modificado  por  la Ley 81 de 1993, la apelación le  permite al superior revisar únicamente los aspectos impugnados.   

En  consecuencia, considera que si el motivo  de  inconformidad de la defensa respeto del fallo de primer grado giró en torno  a  la  valoración de la prueba de cargo y la responsabilidad del incriminado, y  sobre  ello  se  pronunció  el Tribunal, no hay duda que no se violó de manera  alguna  el  debido proceso, pues precisamente los fundamentos de la impugnación  delimitan   la  competencia  del  ad  quem, como lo ha precisado la jurisprudencia de esta Sala.   

Concluye   entonces,  que  “el  cargo  resulta  inadmisible  y ha de ser desestimado”.   

2.            Respecto  de  la  demanda  a  nombre del  procesado  HECTOR  ALFONSO  ACEVEDO  CANO:   

          1)        Acerca  del  primero  y  quinto  cargo,  a  través de los cuales el  censor  reprocha  que se le haya otorgado valor probatorio al informe del Cuerpo  Técnico  de  Investigación en contrariedad a lo establecido en el artículo 50  de  la  Ley  504  de 1999, por lo cual considera que se incurrió en un error de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción, la Delegada señala que si bien la  norma  citada prohibía otorgar valor a tales informes, lo cierto es que en este  asunto  quien lo rindió concurrió como testigo, y en tal medida, además de la  correspondiente  ratificación,  lo amplió y explicó diversos tópicos, razón  por  la  cual  no  hay  duda  que  dicho  testimonio  sí  podía  ser objeto de  valoración como en efecto lo precisó el Tribunal.   

          2)        Sobre  el  segundo  cargo,  referido  a  un error de hecho por falso  juicio   de   identidad,   en   cuanto  el  censor  considera  que  el  Tribunal  “se inventó el contenido del testimonio”  del  Técnico que suscribió el informe, la Delegada expone que  el  reproche  es  infundado  pues  el  citado  testigo  únicamente se limitó a  exponer  que  a  través  de  las  informaciones  recaudas pudo concluir que los  procesados  integraban  una  banda  de  secuestradores  que  retenían  personas  adineradas,  a  las cuales posteriormente entregaban a las FARC y percibían por  ello  una  ganancia  ilícita,  pero  no  señaló que el procesado ACEVEDO  CANO  fuera  responsable  de  los  delitos   investigados,   en   cuanto  ello  correspondía  a  los  funcionarios  judiciales.   

          Concluye  entonces  que  lo pretendido por el censor es restar valor  probatorio  al testimonio del técnico que rindió el informe, sin demostrar que  se  hubiera  falseado  su  contenido,  ni  acreditar que se hubieran violado las  reglas  de  la  sana  crítica, razón por la cual la censura resulta infundada,  pues  sólo  se  trata  de un enfrentamiento del criterio del defensor con el de  los falladores.   

          3)        Acerca  del  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia por  suposición  que el demandante señala respecto de las grabaciones fonográficas  obtenidas  a  través de interceptación telefónica, por considerar que carecen  de  valor  al  desconocerse  la  identidad  de quienes en ellas intervienen y no  haber  sido  reconocidas  por  el  procesado,  la  Delegada manifiesta que no le  asiste  razón al impugnante, pues las referidas grabaciones fueron consideradas  por  el  Tribunal  como pruebas de cargo, y además, el incriminado ACEVEDO  CANO  reconoció  en  su injurada  haber   conversado   telefónicamente  con  JOSE  NOEL  ARIZA,  circunstancia  que  denota  que  se  encuentra  tácita y expresamente reconocido el autor y su autenticidad.   

          Agrega  que  si  bien  no  pudo efectuarse el cotejo de voces por el  ruido  de  fondo  y  las  interferencias que se registran en las grabaciones, lo  cierto   es   que   su   autor,   esto   es,   HECTOR  ACEVEDO,  reconoció  tácitamente  que  intervino  en  ellas.   

Por  lo  expuesto, considera que el cargo no  está llamado a prosperar.   

          4)        En  cuanto  atañe  al cargo que por error de hecho por falso juicio  de  existencia  formula  el  demandante,  por considerar que el Tribunal dio por  demostrada  la  distribución  del  dinero producto del rescate del secuestrado,  para  de  allí  inferir el indicio de responsabilidad de su representado, aduce  la  Procuradora  Delegada que el referido reparto del dinero se probó tanto con  la    declaración    del    técnico   Omar   Vargas  Gómez, como con lo expuesto por los mismos procesados  HECTOR  ALFONSO ACEVEDO CANO, MIGUEL ARIZA BENAVIDES y  CESAR  JIMMY  ROJAS  GOMEZ, razón por la cual el cargo  debe ser desestimado.   

          5)        Con  relación  al  sexto  cargo,  que se refiere al falso juicio de  identidad   que   el  censor  postula  que  recayó  sobre  los  resultados  del  reconocimiento  en  fila  de  personas,  a  fin  de  hacerles  producir  efectos  contrarios  a  su contenido en procura de asegurar un fallo de condena contra su  asistido,  la  Delegada  afirma  que  el  Tribunal no incurrió en el mencionado  error   pues  no  alteró  lo  expuesto  por  Fernando  Caballero  Argáez y su esposa en punto de no reconocer  al      procesado      ACEVEDO     CANO.   

Precisa  que  asunto diverso es que de tales  diligencias  no  pueda concluirse que el procesado es ajeno a los hechos como lo  pretende  la  defensa, pues al valorar la prueba en conjunto se puede establecer  que   el   incriminado   sí   es   responsable   por   los  delitos  objeto  de  condena.   

También  indica  la  Delegada  que si en el  derecho  colombiano  no existe norma alguna que asigne al reconocimiento en fila  de   personas  un  valor  determinado  o  prevalente  sobre  otras  pruebas,  su  apreciación  está  deferida  al  juez,  quien  goza de autonomía y libertad y  sólo  está  limitado  por las reglas de la persuasión racional, circunstancia  que descarta la configuración de un error como el postulado.   

En consecuencia, si bien los reconocimientos  fotográficos  o  en fila de personas no son pruebas autónomas, si corresponden  a    pruebas    derivadas    del    testimonio,    en    la    medida   que   lo  complementan.   

Por  lo expuesto, considera la representante  del   Ministerio  Público  que  “el  cargo  resulta  infundado y debe ser rechazado”.   

          6)        En  punto  de  los  cargos  séptimo y octavo cargo, referidos a que  fueron  pretermitidos  dos  contraindicios favorables al procesado, derivados de  que  al no ser halladas prendas ni armas de uso privativo de las Fuerzas Armadas  en  el  lugar  donde  aquel  fue aprehendido puede concluirse que es ajeno a los  hechos  investigados,  la  Procuradora Delegada señala que el planteamiento del  casacionista  no  es  determinante  para  casar  el  fallo, pues “del  análisis  conjunto  del  restante material probatorio de cargo  efectuado  por los juzgadores tácitamente estos desecharon las pruebas aludidas  por el censor”.   

Puntualiza que por tratarse de una coautoría  material  impropia  configurada  por  división  de  trabajo, no era preciso que  todos  hubieran  “realizado personalmente la acción  sico-física  de  secuestrar,  con  armas  y  portando  uniformes de las Fuerzas  Militares”,  y  que  además se encuentra acreditado  que  los procesados conocían de la utilización de dichas prendas y armas, pues  el   acusado  ARIZA  BARRERO  acudió  al  sitio donde fue interceptada la víctima junto con las personas que  vestían  y  portaban la referida vestimenta y las armas de uso privativo de las  Fuerzas  Armadas,  circunstancia  de  agravación que en virtud del artículo 25  del derogado estatuto penal se les comunica.   

Concluye la Delegada señalando que el actor  se  desentiende del cargo formulado y procede a evaluar insularmente las pruebas  para  arribar  a  conclusiones  personales,  en  manifiesta  contrariedad  de la  realidad jurídico procesal.   

Por lo expuesto, considera que los reproches  deben ser desestimados.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Estima  la  Sala  que  si  bien  la  demanda  a nombre del procesado  JOSE  MIGUEL ARIZA BENAVIDES,  en  la  cual  se  plantean  dos  cargos dirigidos a conseguir la declaratoria de  nulidad  de  la  actuación,  fue  presentada con posterioridad a la del acusado  HECTOR  ALFONSO  ACEVEDO CANO  que  se  orienta  a  reprochar  que  el  fallo violó de manera indirecta la ley  sustancial,  es  pertinente  abordar en primer lugar el estudio de aquella, pues  en  caso  de  prosperar  tornaría  inane el estudio de los cargos contenidos en  esta, en cuanto afectaría la validez del trámite.   

1.             Demanda   a   nombre  del  incriminado  JOSE     MIGUEL     ARIZA    BENAVIDES:   

1.1.          Primer cargo: Nulidad por violación del  derecho   a   la   defensa   técnica   y   del   principio   de  investigación  integral.   

Impera  precisar ab  initio   que,   como   acertadamente  lo  señala  la  Procuradora  Delegada, el libelo adolece de algunas falencias técnicas, pues en  el  desarrollo  de  los  cargos  presentados  el actor postula la violación del  derecho  al  debido  proceso  y  el  derecho  a  la  defensa de su asistido, sin  percatarse  que  se  trata de dos ámbitos diversos precisamente delimitados. El  primero,  la  vulneración del debido proceso, constituye un vicio de estructura  (falta  de competencia, pretermisión de las formas propias del juicio, etc.), y  el  segundo,  el  quebranto del derecho a la defensa, engendra afectación de la  garantía,  motivo  por  el  cual  no  resulta  apropiado  invocarlos  de manera  sincrónica,  en  igualdad  de condiciones, por las mismas razones y en el mismo  capítulo.   

Además,  el casacionista no se sujeta a las  exigencias  del  principio  de prioridad que rige este trámite, según el cual,  cuando  de  la  propuesta  plural  de  circunstancias  generadoras de nulidad se  trata,  es preciso que el demandante las presente en riguroso orden de acuerdo a  la    mayor    cobertura   de   afectación   de   lo   actuado   en   caso   de  prosperar.   

No  obstante  lo  anterior,  y  en  aras  de  verificar  la  eventual procedencia de la facultad oficiosa de la Corte en punto  de  la  validez  de  la  actuación, encuentra la Sala que el artículo 29 de la  Carta  Política  reconoce  como  fundamental el derecho a la defensa, desde dos  ópticas  que  inescindiblemente  deben converger como condición de validez: la  defensa  material  ejercida  directamente  por  el  procesado  y  la  asistencia  técnica  o letrada que adelanta un abogado en representación de aquel, lo cual  se  asienta en la necesidad de asegurar un equilibrio, no solo entre los sujetos  procesales,  sino  también  respecto de quien está investido de la facultad de  decidir  en  nombre  del  Estado,  para obviar situaciones de indefensión en la  dialéctica propia del trámite judicial.   

El  derecho  de  defensa, entonces, tiene un  carácter  unitario,  real, continuo y permanente durante toda la actuación. No  obstante,  no  cualquier vacío que de él se produzca en el trámite conduce de  manera  ineludible a la invalidación del proceso, o a la nulidad de actuaciones  ulteriores,  pues  sólo  hay  lugar  a  ello  cuando  el  vicio  involucra  las  garantías  de  los  intervinientes  o  trastoca  los  pilares fundamentales del  sumario o de la causa.   

          Revisada  la  presente  actuación  se  encuentra  que  el procesado  ARIZA  BENAVIDES designó en  la  diligencia  de  injurada  al  doctor  Edgar Ricardo  Sanabria    Ortíz   como   su   defensor1,  el  cual se  notificó  personalmente  de  la  resolución por cuyo medio se impuso medida de  aseguramiento al incriminado.   

Luego,  el  citado profesional asistió a su  representado  en la diligencia de toma de muestra de voz realizada el 6 de junio  de  1997,  y después solicitó copias de la actuación. El 26 de septiembre del  mismo    año    el    sindicado    otorgó   poder   al   doctor   Francisco   Morales   Soler,   quien  fue  reconocido  como defensor el 20 de octubre siguiente, el cual también solicitó  copias del expediente.   

El  28 de noviembre de la misma anualidad se  llevó  a  cabo  la  ampliación  de  la  injurada  del  procesado  ARIZA  BENAVIDES,  en la cual fue asistido  por    el    doctor    Sanabria   Ortíz,  quien posteriormente solicitó sin éxito la libertad provisional  de  aquel  con  base  en  lo establecido en el numeral 4º del artículo 415 del  derogado estatuto procesal penal.   

En  la  diligencia  de audiencia pública se  anotó:  “respecto  del  procesado JOSE MIGUEL ARIZA  BENAVIDES  no  se  hizo  presente  RICARDO  SANABRIA  persona  que  había  sido  designada  por  el  mismo  procesado.  En  esas  condiciones  ante  la  falta de  presencia  de  los  señores  abogados  defensores, en pos de la celeridad en la  audiencia  pública  se  designa  de  oficio  al  doctor  JOSE FRANCISCO MORALES  SOLER”.   

Mediante  auto  del  14  de marzo de 2000 se  dispuso  solicitar  a  la Defensoría Pública la designación de un profesional  que  asistiera al procesado ARIZA BENAVIDES,   correspondiendo   al   doctor  Rodrigo  Maldonado   París,   ante  cuya  inasistencia  a  la  audiencia  pública  hubo de ser designado nuevamente como defensor de oficio el  doctor         Morales        Soler.   

Finalmente,  quien  intervino  en  la  vista  pública  solicitando  la  aplicación del principio in  dubio   pro   reo   en  favor  del  procesado,  y  en  consecuencia,   pidiendo   su   absolución,   fue   el   abogado   Maldonado París.   

         Del   recuento   anterior   puede  establecerse  que  el  procesado  ARIZA  BENAVIDES contó con  asistencia  técnica  efectiva  en  la  instrucción,  es  decir, tanto en la su  indagatoria  como  en  la  ampliación  de  la  misma y en la práctica de otras  diligencias  estuvo  asistido  de un profesional que veló por sus intereses, al  punto que fue solicitada su libertad provisional.   

          Ahora,  si  de  acuerdo  con  su  criterio  profesional, el defensor  consideró  que  no  debía  presentar alegatos o que debía adoptar una actitud  pasiva,  tal  estrategia  no  puede  ahora  ser censurada a partir del resultado  obtenido,  pues  si no existe una exclusiva y única forma de ejercer la defensa  de  un  procesado,  no es simplemente la diversidad de criterios lo que acredita  la  violación  del  derecho  de  defensa  técnica,  en  cuanto “debe  recordarse  que  defender  no  es una labor simple, que muchas  veces  la  actividad  y  tenacidad en pedir y alegar son necesarias, sin embargo  hay  casos en que la pasividad y el silencio son medios que pueden resultar a la  postre    efectivos”2.   

          Por  lo  anterior  es que, contrario a lo señalado por el actor, se  ha  reconocido  de  tiempo  atrás  que  “de ninguna  manera  la  simple  inactividad de los defensores dentro de alguna de las etapas  del  proceso  penal puede llegar a considerarse como vulneración del derecho de  defensa,  siendo  estrategia  válida  y  de  recibo  la simple tolerancia en el  recaudo  de  las  pruebas,  el  consentimiento de algunas providencias y aún la  permisividad  del  simple  transcurso  inactivo  del  tiempo, pues de todas esas  circunstancias  pueden  válidamente  esperarse  beneficios  procesales  para el  vinculado  (libertad,  prescripción,  duda,  pronunciamientos más favorables o  más  rápidos,  etc.),  lo  que  frecuentemente torna esa aparente pasividad en  efectivo   mecanismo   defensivo,   a  la  espera  del  pronunciamiento  de  los  juzgadores,  ora  en la expectativa de que así se procederá éste de modo más  benigno,  o  se  hará  vulnerable  frente  a  pruebas  ya obrantes, cuando no a  vacíos       importantes       y      difícilmente      superables”3.   

Adicional  a  lo  expuesto, el impugnante no  precisa,  ni  la  Sala  evidencia,  de  qué manera la presentación de alegatos  precalificatorios,  la  concurrencia del defensor a notificarse personalmente de  la  resolución de cierre de la investigación o de la providencia calificatoria  del  sumario, o la impugnación de la acusación, habrían arrojado un resultado  diverso  y  favorable  al  acusado  JOSE  MIGUEL ARIZA  BENAVIDES.  Tampoco  se observa que existieran pruebas  de  descargo  no  pedidas por cuya omisión se lesionó su derecho a la defensa,  pues  se  trata de actos dispositivos de carácter discrecional, no imperativos,  ni   constitutivos   de   condición   de   procedibilidad   de   la   actividad  posterior.   

          Igualmente,  si  el  mencionado abogado no solicitó la práctica de  pruebas  en  el  juicio  ni  invocó  causal alguna de nulidad que invalidara la  actuación,  ello  no  permite  vislumbrar  quebranto de la garantía de defensa  técnica,  como  de  antaño lo ha precisado reiteradamente esta Sala, en cuanto  resultaría  inconsistente  disponer la invalidación del proceso para conseguir  que  la  defensa  tuviera  momentos  y  oportunidades  de  intervención  que ya  tuvo.   

          En  suma,  conforme  al  principio  de  trascendencia  que  rige  la  declaratoria  de  las  nulidades  (numeral  2º  del  artículo 308 del anterior  Código  Procesal,  que  corresponde  al numeral 2º del artículo 310 del nuevo  estatuto),  según  el  cual,  no  es  suficiente  con  la  demostración  de la  irregularidad,  sino que es preciso acreditar que ella afectó garantías de los  sujetos  procesales  o  socavó las bases fundamentales de la instrucción o del  juicio,  resulta  palmario  que  en  este  asunto  no  se concretó la afección  sustancial,  y sin ella no resulta viable acceder a la solicitud de declaratoria  de nulidad de la actuación.   

          Como  también  en esta censura el defensor señala que se violó el  principio  de investigación integral de su asistido, en cuanto no fue decretada  la  recepción  de  dos  testimonios  que  solicitó  en  la  indagatoria, baste  señalar   que  en  virtud  del  principio  de  trascendencia  le  correspondía  demostrar  que  por  tales  omisiones  el  fallo fue adverso a los intereses del  procesado, cometido que de ninguna manera emprende.   

          En  efecto,  el  censor  se limita a echar de menos la recepción de  dos  declaraciones  que  según  lo manifiesta podrían acreditar que el día de  los  sucesos  el  procesado  se  encontraba  en Puerto Gaitán (Meta), sobre las  cuales  el  incriminado  efectuó  en su indagatoria una alusión genérica, sin  especificar  la  identidad  completa  de los supuestos testigos, sin señalar su  posible   ubicación  y  sin  posteriormente  suministrar  tales  informaciones,  circunstancias  que  permiten  advertir  que  el demandante se desentiende de la  exigencia  de  procedencia  que  requieren  los  medios  de  prueba,  la cual se  encuentra   vinculada   con   los   requisitos   de   conducencia,  pertinencia,  racionalidad y utilidad del medio probatorio.   

          Así,  pues,  evidente resulta que los testimonios cuya práctica se  dice  omitida  resultaban  manifiestamente  impertinentes, como que carecían de  aptitud  para  desvirtuar  las  abundantes  pruebas  de  cargo que señalaban al  procesado   ARIZA  BENAVIDES  como  miembro  de  la  empresa criminal que cometió los delitos investigados, y  además  de  ello, carecía de racionalidad, pues sin suministrar la identidad y  posible  ubicación  de  los  declarantes, resultaba poco menos que imposible su  comparecencia al trámite.   

          Por   tanto,  para  la  Sala  resulta  evidente  que  la  queja  del  casacionista  carece  de  fundamento  y  se  desentiende  de  las demás pruebas  válidas  obrantes  en la actuación, frente a las cuales ningún aporte podían  suministrar los referidos testigos de defensa.   

De  conformidad  con lo anotado, el cargo no  prospera.   

          1.2.                      Segundo  cargo:  Nulidad  porque el ad   quem  se  limitó  a  estudiar  los  planteamientos de los impugnantes.   

En  el  fallo  de  segundo grado el Tribunal  manifestó  que  procedía a “revisar únicamente los  aspectos  que  fueron  objeto de impugnación por cuanto, según lo plasmado por  la  Corte  Constitucional  en  sentencia  SU  1722  de diciembre 22 de 2000, con  ponencia  del  Magistrado doctor Jairo Charry Rivas, la revisión integral de la  providencia  por  el grado jurisdiccional de la consulta solamente es procedente  cuando  ella  no  ha  sido  objeto de apelación o cuando, aparte del procesado,  también  es  atacada  por alguno de los otros sujetos procesales, o únicamente  por éstos”.   

Contrario  a  lo expuesto por el Tribunal se  tiene  que  de  manera  reiterada  la  Sala  ha puntualizado que “tratándose   de  sentencias  consultables,  dicho  grado  legal  de  conocimiento    permite    al   superior   decidir   sin   limitación   alguna,  independientemente   de   que   el   procesado  o  su  defensor  sean  apelantes  únicos”4.  Por tanto, resulta claro que  en  este  asunto,  por  tratarse  de  un fallo proferido por un juez de circuito  penal  especializado,  que  no  tenía  el  carácter  de  sentencia anticipada,  correspondía  al superior funcional conocer de la consulta, y en virtud de ello  debía pronunciarse sin límite alguno.   

No obstante, como el censor reprocha que al  no  emprender  el ad quem el  análisis  de la actuación en su integridad no declaró la nulidad del trámite  por  violación  del  derecho  de  defensa  técnica  de  su  representado,  con  facilidad  se  advierte  que  la censura carece de trascendencia, pues de tiempo  atrás  se  ha  puntualizado  que un sistema de nulidades no puede construirse a  partir  de  la simple y llana verificación del hecho que configura el vicio, en  cuanto  a  la  par resulta imprescindible establecer sus efectos en perjuicio de  los  derechos  fundamentales  de  los  sujetos  procesales,  a  fin de obviar la  prevalencia  de  la  forma  sobre  lo  sustancial  (artículo  228 Constitución  Política),  en  el  entendido  de  que  si  la  garantía  y protección de los  referidos  derechos  debe ser material y real, también su quebranto como motivo  de  invalidación  del  trámite  debe  presentarse como cierto y efectivo, y no  únicamente          formal          (principio          de         trascendencia).   

En  efecto,  si  bien  el  Tribunal  sólo  procedió  a  pronunciarse  sobre  los  aspectos  motivo de impugnación, pese a  estar  facultado  por  la ley para decidir sin limitación alguna por conocer de  una  providencia  objeto  de  consulta, lo cierto es que el demandante parte del  supuesto  equivocado  de que en verdad se presentaban las condiciones materiales  para  adoptar  la  referida  decisión  invalidatoria,  circunstancias que no se  presentaron,  como  quedó  suficientemente dilucidado al abordar el estudio del  cargo  primero  de  su  libelo,  concluyéndose  que  correspondía  denegar  la  declaratoria de nulidad que solicitó con base en tal fundamento.   

          Por  tanto,  en  virtud  del principio de trascendencia que regla la  declaratoria  de  las  nulidades, evidente resulta que en el asunto estudiado no  se  concretó  perjuicio  sustancial  alguno  en  punto de las garantías de los  sujetos  procesales o de las bases del sumario o de la causa, razón por la cual  no  resulta  viable  disponer la invalidación de lo actuado como lo solicita la  defensa.   

          Como  también  el  censor  señala  en  este  reproche  que  no fue  acreditada  la  materialidad  del  delito  pues  no se demostró “que  efectivamente se hubiera cancelado alguna suma de dinero por el  rescate  del señor CABALLERO ARGAEZ”, baste señalar  que:  i)  Tal argumento no guarda relación alguna con la censura. ii) El delito  de  secuestro  extorsivo agravado no precisa para su consumación de la efectiva  entrega  de  dinero.  iii) El declarante Carlos Eduardo  Caballero    Argaez    expuso    sin   ambages   que  “finalmente  se pagaron en efectivo CIENTO CINCUENTA  MILLONES    DE   PESOS   y   en   especie   un   computador   personal   y   una  impresora”5, todo lo cual deja sin piso la  afirmación del casacionista.   

Por    lo    anterior,   el   cargo   no  prospera.   

2.             Demanda   a   nombre   del   procesado  HECTOR ALFONSO ACEVEDO CANO:  Violación indirecta de la ley sustancial.   

          1)        Dado  que los motivos primero y quinto se orientan a deplorar que en  el  fallo se presentó un error de derecho por falso juicio de convicción, pues  considera  el  actor  que se dio valor probatorio al informe del Cuerpo Técnico  de  Investigación en contrariedad a lo establecido en el artículo 50 de la Ley  504 de 1999, se procede a abordarlos conjuntamente.   

Sobre el particular ha precisado la Sala que  “con  esa  normativa, de manera excepcional frente a  las  restantes  disposiciones del ordenamiento adjetivo penal que consagraban el  sistema  de  libre  persuasión  basado  en  la  sana  crítica,  el  legislador  introdujo  un  límite  a  esa libertad apreciativa de la que en general goza el  juzgador,  es  decir,  un valor predeterminado, en este caso negativo, porque se  lo   niega  a  esa  gama  de  elementos”6.   

Pese  a lo anotado, el demandante olvida por  completo  que  el  Técnico Criminalístico Omar Vargas  Gómez,  miembro del Cuerpo Técnico de Investigación  de  la  Fiscalía General de la Nación, y quien suscribió el referido informe,  rindió   testimonio  en  la  actuación,  por  cuyo  medio  no  únicamente  lo  ratificó,  sino  que  brindó detalles acerca del desarrollo de sus pesquisas y  de la forma en que arribó a las conclusiones que plasmó.   

Siendo ello así, fácil resulta concluir que  no  fue  con  base en el informe cuya valoración se reprocha que los falladores  estructuraron  la  sentencia  de  condena, sino que, a partir de otros medios de  prueba   como   las  grabaciones  obtenidas  a  través  de  la  interceptación  telefónica,     la    declaración    jurada    del    técnico    Vargas  Gómez y las mismas indagatorias de  los  incriminados, concluyeron que el procesado ACEVEDO  CANO  sí  intervino en los delitos por los cuales fue  acusado,  sin  que  para  arribar  a  tal  aserto  fuese  menester otorgar valor  probatorio   a   un  informe  que  por  mandato  de  la  ley  carecía  de  él,  circunstancia   que   torna  palmaria  la  ausencia  de  razón  del  motivo  de  censura.   

          También  debe  resaltarse que el censor no adelanta esfuerzo alguno  que  conduzca  a  descartar  el valor demostrativo de las otras pruebas de cargo  mencionadas,   omisión  que  permite  establecer  que  aún  prescindiendo  del  informe,  el  sentido  del fallo sería igual, como que se mantendría incólume  con  base  en  otros  medios  de  prueba,  razón por la cual el motivo invocado  carece de trascendencia.   

          2)                         El  demandante  postula  un  error  de hecho por  falso   juicio  de  identidad,  por  estimar  que  el  Tribunal  “se  inventó el contenido del testimonio”  del      Técnico     Vargas     Gómez.   

Sobre  ello, sin dificultad se vislumbra que  la  queja  es  infundada,  en  cuanto  el  casacionista  no  señala, ni la Sala  advierte,  qué  apartes  del  mencionado testimonio fueron adicionados, pues lo  cierto  es  que  el  declarante  se  circunscribió a señalar pormenores de los  procedimientos  que  lo  condujeron a concluir que los procesados integraban una  empresa  criminal  dedicada  al  secuestro  extorsivo de personas en la zona del  municipio  de  Silvania,  a quienes en ocasiones entregaban a cambio de dinero a  los  grupos  subversivos,  y  tal  fue  el  aporte  que  tuvieron  en cuenta los  falladores para deducir las responsabilidades de los procesados.   

          Una  vez  más,  el  censor  olvida que en la actuación obran otros  medios  de  prueba, se reitera, como las grabaciones conseguidas a través de la  interceptación  telefónica  y  las  mismas  indagatorias  de los acusados, que  comprometen  la responsabilidad del incriminado ACEVEDO  CANO,  y  que  por  ello,  también si se marginara el  testimonio  del citado miembro de la Fiscalía General de la Nación, el sentido  del  fallo  no variaría, circunstancia que unida a la ausencia de fundamento de  la  crítica  por no acreditarse la supuesta adición a lo declarado, se muestra  también insuficiente para aspirar a la casación de la sentencia.   

          3)        En  cuanto  se  refiere  al  error  de  hecho  por  falso  juicio de  existencia  por  suposición  que  el  impugnante  indica  con  relación  a las  grabaciones  de  las  conversaciones  telefónicas,  en cuanto estima que no son  documentos  por  desconocerse  a sus autores y no ser reconocidas por el acusado  HECTOR   ALFONSO   ACEVEDO,  ostensible  resulta  la  ausencia de razón del reproche, pues de ninguna manera  el  referido  medio  probatorio  fue supuesto por el Tribunal, por el contrario,  las  grabaciones  existieron,  fueron aducidas al trámite, en lo posible fueron  transliteradas,  y  a partir de ellas los sentenciadores extrajeron conclusiones  que    sirvieron    para    proferir    el    fallo   de   condena   contra   el  sindicado.   

Ahora,  en  punto  de  que  se desconozca la  identidad  de  quienes  intervienen  en aquellas grabaciones, se tiene que en la  diligencia  de  injurada  el  mismo incriminado ACEVEDO  CASTRO  reconoció haberse comunicado telefónicamente  con  miembros  de  las  FARC,  así  como con JOSE NOEL  ARIZA  BARRERA  circunstancia  que,  como lo indica la  Delegada,  denota que se tiene conocimiento de quienes eran los que intervenían  en tales conversaciones.   

Asunto  diverso  es que el procesado señale  que  el  contenido de dichas comunicaciones es ajeno a los delitos investigados,  todo  lo  cual  es  desvirtuado  con  las  pruebas  de  cargo,  entre  ellas  la  declaración  del  Técnico  Vargas Gómez  y  lo que las mismas grabaciones permiten acreditar, circunstancia  que    a   la   postre   denota   la   ausencia   de   fundamento   del   motivo  invocado.   

          4)        En  punto  del  error  de  hecho  por falso juicio de existencia que  postula  el censor, por estimar que el Tribunal dio por demostrada, sin estarlo,  la  distribución  del  dinero  conseguido  por  la  liberación del secuestrado  Fernando Caballero Argáez, y  con  base  en  ello  dedujo  que  el  acusado  ACEVEDO  CANO  era  responsable  de  los  delitos investigados,  suficiente  se  ofrece  puntualizar que tal situación sí fue acreditada, de un  lado,    con    la   declaración   del   Técnico   Criminalista   Omar   Vargas  Gómez  y  las  grabaciones  producto  de  la interceptación telefónica, y de otro, con lo expuesto por los  propios  acusados  HECTOR ALFONSO ACEVEDO, MIGUEL ARIZA  y  CESAR  JIMMY  ROJAS,  motivo  por  el cual la queja  carece de fundamento.   

          En    efecto,    el    acusado    ACEVEDO  CANO    dijo   en   su   injurada:   “un  día llegaron los muchachos hace como un mes larguito, a mi casa  con  SIETE MILLONES DE PESOS, con una lista en la mano y me dijeron que le diera  eso  a  PABLO  para  que  el  hiciera  una remesa con un millón seiscientos mil  pesos,  entonces  yo  al  otro  día  llamé  a  PABLO  y  le entre (sic)  la plata para que hiciera la remesa  y  que ellos iban a retirarla, así ocurrió ese día, luego llame a JOSE NOEL y  le  comenté  que  yo  le  había dado un millón seiscientos mil pesos y que si  PABLO  llama  que  le  dijera  que  ellos  pagaban  sino  el 10 por ciento, y me  preguntó  por  el resto de la plata y yo le dije que le había dado seiscientos  mil  pesos  a  JIMMY  porque hacía varios días se los debía, entonces NOEL me  dijo  que  con  cuánto  me  había quedado y yo le dije que con CUATRO MILLONES  OCHOCIENTOS  MIL  PESOS,  al otro día nos encontramos con NOEL personalmente, y  el  me  dijo  que si ya habían venido los guacharacos por la plata y yo le dije  que  no,  luego  ellos  el  viernes  siguiente llegaron por la plata”.   

          Como  a través de este reparo nuevamente el defensor plantea que no  se  probó el pago del rescate del secuestrado, menester resulta reiterar que el  hermano  de  la  víctima,  Carlos  Eduardo  Caballero  Argáez,  puntualizó  que  fueron  entregados  a  los  secuestradores  ciento  cincuenta millones de pesos ($150.000.000.oo), junto con  un  computador  personal y una impresora, lo cual constituye argumento adicional  para evidenciar la sin razón del reproche.   

5)            Con referencia al sexto motivo planteado  por  el  demandante,  en  el  cual  aduce que se incurrió en un falso juicio de  identidad  acerca  de  los  resultados  del  reconocimiento en fila de personas,  baste  señalar  que  el  censor  no  se  detiene  a  indicar de qué manera las  referidas  pruebas fueron cercenadas, adicionadas o tergiversadas, pues evidente  resulta  que  la víctima del secuestro y su esposa no reconocieron al procesado  ACEVEDO  CANO  en la fila de  personas,   y   a   partir   de   tal   prueba   no   fue   posible  deducir  su  responsabilidad.   

Así  las  cosas, lo que advierte la Sala es  que  el  casacionista  pretende que con base en la ausencia de reconocimiento de  su  asistido se proceda a concluir que no participó en los hechos investigados,  pretensión  ajena  a  la  técnica de casación y al cargo postulado, pues como  tantas  veces  se  ha  dicho,  esta  impugnación extraordinaria no se encuentra  instituida  para  debatir  a  manera  de  una tercera instancia los elementos de  prueba,  dado  que  el simple cotejo de la apreciación probatoria del actor con  la  de  los falladores no tiene cabida en este recurso para irrumpir como causal  de casación de la sentencia atacada.   

Se  observa que el censor se desentiende del  aporte  demostrativo  de  otros  medios  de  prueba  que comprometen en grado de  certeza  la  responsabilidad  de su asistido, sin que por tanto, la ausencia del  reconocimiento  en  fila  de  personas  por  parte  la víctima y su esposa, sea  suficiente    para    conseguir    la    absolución,    como   erradamente   lo  ensaya.   

          6)        En  atención  a que los motivos séptimo y octavo guardan identidad  temática,  en  cuanto  se  refieren  a  que  en  el  lugar  de aprehensión del  procesado   ACEVEDO  no  se  encontraron  armas  ni  prendas  de  uso privativo de las Fuerzas Armadas, y que  ello   constituye   dos  “contraindicios”  que  no  fueron  valorados  por  los  falladores  en  favor del  acusado, la Sala abordará su estudio conjuntamente.   

Extraño,  por  decir  lo menos, resulta el  argumento   del  casacionista  al  señalar  que  como  no  se  encontraron  los  mencionados  elementos  en  el  lugar  donde  se  produjo  la aprehensión de su  representado,  ello  permite  concluir  que  fue  ajeno  a los delitos objeto de  investigación.   

En  efecto, no tiene en cuenta el actor que  su  procurado  fue  aprehendido  el  24  de  mayo  de 1997 en la calle 6 A No. 8  – 77, Barrio San Pablo de  Bogotá,  en  tanto  que la interceptación de Fernando  Caballero  Argáez  junto con su esposa, momento en el  cual  los  delincuentes  vestían  prendas  militares  y  portaban  armas de uso  privativo  de las Fuerzas Armadas, ocurrió el 25 de enero de 1997, en la Vereda  Noruega Baja del municipio de Silvania.   

Por  tanto,  resulta inconsistente señalar  que  de  la  ausencia  de  armas  y  de  prendas de uso privativo de las Fuerzas  Armadas  en  el  lugar  de aprehensión del procesado pueda concluirse de alguna  manera  que  no  cometió  los  delitos  investigados,  pues  sin  dificultad se  evidencia  que de una circunstancia no puede inferirse la otra, como lo pretende  la defensa.   

Pero además de lo anterior se tiene que el  demandante  no  explica  a  la Corte por qué el restante material probatorio de  cargo   debería   ser   descartado,   como  que  los  aducidos  “contraindicios”  carecen  de  cualquier  posibilidad  racional para desvirtuar la certeza obtenida sobre el compromiso de  responsabilidad   del   incriminado   en   punto   de   los  delitos  objeto  de  investigación,  motivos  por  los  cuales  la  censura  carece  por completo de  fundamento.   

Con  base  en lo anterior, evidente resulta  que  el  defensor  del procesado HECTOR ALFONSO ACEVEDO  CANO  no  consiguió  demostrar  que efectivamente los  falladores  violaron  de  manera  indirecta  la  ley  sustancial, y por tanto la  consecuencia  que  de  ello se deriva es que no se casará el fallo atacado como  lo solicita el demandante.   

CUESTIÓN  FINAL   

          Como  quiera cuenta que con ocasión del tránsito legislativo de la  normatividad  penal,  los  sentenciados pueden eventualmente tener derecho a que  se  redosifique  la pena impuesta en aplicación del principio de favorabilidad,  considera  la  Sala  que al no ser casado el fallo impugnado y cobrar ejecutoria  la  decisión  de  condena,  compete al Juez de Ejecución de Penas pronunciarse  sobre ello.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO CASAR la sentencia recurrida.  

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

Aclaración de voto  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Aclaración de voto  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Folio  199. C. original 2.   

2  Sentencia    de    septiembre   29   de   1983.   M.P.   Dr.   Fabio   Calderón  Botero.   

3  Sentencia  de  octubre  5  de  1994. M.P. Dr. Juan Manuel Torres Fresneda, entre  otras.   

4  Sentencia  del  11  de  diciembre  de 2003. M.P. Drs Herman Galán Castallenos y  Jorge Aníbal Gómez Gallego, entre otras.   

5 Folio  154. C. original 3.   

6  Sentencia   del   6   de   agosto   de  2003.  M.P.  Dr.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego.     

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