19155(15-09-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  19155   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 077.  

          Bogotá   D.C.,   septiembre   quince   (15)   de   dos  mil  cuatro  (2004).   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  de  fondo  sobre la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado CARLOS  AUGUSTO  CORREA  LOPEZ,  contra la  sentencia  de  segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Medellín  el  21  de  agosto  de  2001, confirmatoria de la dictada por el Juzgado Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de la misma ciudad el 20 de abril del mismo  año,  por  cuyo  medio  lo  condenó,  junto  con JUAN  FERNANDO   HOLGUIN   ORTIZ,  como  coautor  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos de homicidio agravado en el Investigador  del  Cuerpo  Técnico  de Investigaciones Jaime Augusto  Piedrahíta  Morales  y  concierto  para delinquir con  fines terroristas.   

          A  su  vez,  se  decide  lo  que en derecho corresponda respecto del  incriminado  JUAN  FERNANDO  HOLGUIN ORTIZ,  quien  según  la  información  obrante en este diligenciamiento  falleció  el  pasado  14  de  marzo, razón por la cual, pese a que su defensor  también  presentó  recurso  de casación, cuya demanda fue admitida y sobre la  cual  rindió  concepto  el  Ministerio  Público,  no se hará referencia a tal  libelo  ni  a  lo  que de él se derive, dada la configuración de una causal de  extinción de la acción penal.   

El  Procurador  Tercero  Delegado  para  la  Casación  Penal  solicita  en  su  concepto no casar la sentencia impugnada por  considerar  que,  además de las falencias técnicas de la referida demanda, los  argumentos planteados por el recurrente carecen de fundamento.   

HECHOS  

Los  hechos motivo de esta actuación fueron  adecuadamente  declarados  por  el  a  quo en el fallo de primer grado, así:   

“Tuvieron  desarrollo  a  partir  del  momento  en  que  el servidor público Jaime Augusto  Piedrahíta  Morales,  en  ejercicio  de  sus  funciones como miembro activo del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación,  adscrito  a  la  Fiscalía  General de la  Nación,  inicia la pesquisa en contra de la banda nominada Los Pepes, comandada  y  agenciada  por Carlos Augusto Correa López y de la que hacen parte también,  entre  otros,  Juan Fernando Holguín López, circunstancia de la que se enteró  la  cofradía  criminal, por tal razón el segundo de los mencionados cumpliendo  órdenes  del  primero,  el  día  cuatro  de julio de mil novecientos noventa y  siete,  promediando  las  cinco de la tarde, en el vecino municipio de Itagüí,  le  propina  seis  impactos  de bala en la cabeza al investigador, segándole la  vida de manera instantánea”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

La Fiscalía Seccional de Itagüí dispuso la  apertura  de  investigación  previa,  y  luego de practicar algunas diligencias  remitió  el  expediente  a  la Unidad Nacional Fiscalía de Derechos Humanos en  Bogotá,  avocando  conocimiento un Fiscal Regional, quien profirió resolución  de  apertura  de  la instrucción el 18 de marzo de 1998, en cuyo marco vinculó  mediante  indagatoria,  entre  otros  a  CARLOS AUGUSTO  CORREA  LOPEZ y JUAN FERNANDO  HOLGUIN ORTIZ.   

Enviada la actuación a la Fiscalía Regional  de  Medellín, y una vez surtida la instrucción, el sumario fue calificado el 9  de  abril  de  1998  con  resolución  de  acusación en contra del primero como  presunto  “COAUTOR INTELECTUAL Y MATERIAL”  del  delito  de homicidio con fines terroristas y organizador o  dirigente  del  punible  de  concierto para delinquir. El sindicado HOLGUIN   ORTIZ  fue  acusado  como  autor  material    del    referido    delito   contra   la   vida   y   “miembro   activo”   del   ilícito   de  concierto para delinquir.   

          Impugnada   la   acusación   por  los  defensores  de  los  citados  procesados,  la  Fiscalía  Delegada ante la Sala de Descongestión del Tribunal  de   Bogotá   la   confirmó   mediante   resolución   del  31  de  agosto  de  1999.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Segundo Penal del Circuito Especializado de Medellín, despacho que  una  vez  surtido el rito pertinente profirió fallo el 20 de abril de 2001, por  cuyo  medio  condenó  a  los  acusados  CARLOS AUGUSTO  CORREA   y   JUAN  FERNANDO  HOLGUIN  como  coautores  penalmente  responsables del  concurso  de  delitos de homicidio agravado y concierto para delinquir con fines  terroristas,  al  primero  a  la  pena principal de cincuenta y un (51) años de  prisión  y  multa  de  dos mil (2000) salarios mínimos legales mensuales, y al  segundo  a  la pena principal de cuarenta y nueve (49) años de prisión y multa  de mil seiscientos (1600) salarios mínimos legales mensuales.   

También los condenó a la pena accesoria de  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por diez (10) años y al pago  de  la correspondiente indemnización de perjuicios morales establecida en nueve  mil (9000) gramos oro.   

Impugnada la sentencia por los defensores, el  Tribunal  Superior  de Medellín la confirmó mediante fallo del 21 de agosto de  2001,  pero  en  aplicación  del  principio  de favorabilidad dosificó la pena  principal   para   CARLOS  AUGUSTO  CORREA  en  treinta y ocho (38) años y seis (6) meses de prisión, y para  JUAN  FERNANDO  HOLGUIN  en  treinta  y  siete  (37)  años  y  seis  meses de prisión; a su vez, revocó la  condena  al pago de los perjuicios morales derivados de los delitos, providencia  que  ahora  es objeto de impugnación extraordinaria por parte de los apoderados  de  los  mismos,  las demandas se declararon ajustadas a las exigencias formales  establecidas  en  el  artículo  212  de  la  Ley  600 de 2000 y en el curso del  trámite   casacional   se   obtuvo   el   respectivo  concepto  del  Ministerio  Público.   

LA DEMANDA  

El  defensor  del  incriminado  CARLOS  AUGUSTO  CORREA  LOPEZ  plantea un  solo  cargo  al  amparo  de  la causal primera de casación, cuerpo segundo, por  “violación  directa  del artículo 7º del C. de P.  Penal   de   2000   (principio   del  ‘in    dubio    pro    reo’)  y  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por aplicación  indebida  de  los  artículos  103  y  104-10  del C. Penal de 2000 por error de  hecho,     surgido     de     un    ‘Falso  juicio de raciocinio’  (sic)  por violación de las reglas de la  sana   crítica   frente   a   los  indicios”,  cuya  demostración acomete así:   

1.            Expone  que  en  el  fallo  se dedujo el  indicio  de  presencia,  con  base   en   el   testimonio  de  la  Jefe  de  Unidad  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación,   doctora   Piedad   Lucía   Vanegas  Villa,  quien  expone que fue informada, sin decir por  quién,  que  los homicidas estuvieron en el lugar de los sucesos la mayor parte  del   día,   y   que   allí  estaba  CARLOS  AUGUSTO  CORREA,  quien  abandonó el sitio cinco minutos antes  de cometerse el delito de homicidio.   

          Indica  que la declarante se refiere a la presencia del sindicado en  un  parqueadero  ubicado  detrás  de  las  instalaciones del Cuerpo Técnico de  Investigación  que  aquel  frecuentaba,  así como también acostumbraba a ir a  una agencia de arrendamiento localizada en la misma zona.   

          El  casacionista  asevera  que  la  misma declarante precisó que en  punto   de   “la  autoría  intelectual”   de   la   muerte  de  Jaime  Augusto  Piedráhita  se  trabajaron  varias  hipótesis, entre  otras,  la  aceptada  por  el  Tribunal, según la cual, la doctora Piedad  Lucía  Vanegas  fue informada por  Mónica    Patricia    Valencia    Serna  que  la  orden de cometer el delito de homicidio fue impartida por  CARLOS AUGUSTO CORREA LOPEZ y  fue    ejecutada    por    JUAN   FERNANDO   HOLGUIN  ORTIZ;  entonces,  aduce  que  no se verificaron otras  hipótesis  sobre  la  identidad  y  responsabilidad  de  quienes cometieron los  delitos investigados.   

          Acerca  de  la  declaración  de  Mauricio  Velásquez  Cardona,  quien  expresa  que el sindicado  CARLOS      AUGUSTO      CORREA      permanecía  frecuentemente  en  el  parqueadero  contiguo al Cuerpo  Técnico  de  Investigación,  el  defensor  anota  que  conduce  a  la  duda de  establecer  si la presencia de su representado en tal lugar no era algo especial  sino  rutinario,  sin que por tanto “sirva de índice  inequívoco,    o    siquiera    indicio    serio,    grave   o   vehemente   de  responsabilidad”.   

          Puntualiza  que  de  la  presencia de su asistido en el lugar de los  hechos  cinco  minutos  antes  de la comisión del homicidio puede inferirse que  “pudo  ser  autor  intelectual,  como  pudo ser otro  cualquiera  de  los  sospechosos,  u otro diferente”,  circunstancia  que  comporta  sólo una posibilidad que no conduce a la certeza,  en    cuanto    “no   demuestra   nada”,  dado  que  no  permite  establecer  una  relación entre hecho  indicante (presencia) y hecho indicado (acto de mandar matar).   

          De  conformidad  con  lo  anterior dice que si de la presencia de su  procurado   en   el   sitio   de   los  sucesos  se  deduce  la  “oportunidad  para  delinquir”,  ello  no  corresponde    a   una   inferencia   real,   en   cuanto   el   “autor  intelectual  nunca  requiere  su  presencia  en  el lugar del  ilícito”  y  constituye  un  acto  de torpeza estar  allí,   cuando  es  el  primer  interesado  en  la  impunidad  de  la  conducta  ejecutada.   

          En  cuanto  se  refiere  a  que  el Tribunal expuso que CARLOS  AUGUSTO  CORREA trató de huir del  lugar  del  crimen  y  chocó  con  tres  vehículos,  el  censor afirma que tal  observación    no    responde    la   duda   acerca   de   si   “intentó  huir  como  consecuencia  del  crimen,  o  por  razón del  accidente”,  además,  que  no  se estableció si la  referida colisión tuvo lugar el día de los hechos investigados.   

          2.        El  recurrente  expresa  que  el indicio de  personalidad  o capacidad para delinquir deducido en el  fallo  de condena se basa especialmente en lo dicho por los testigos con reserva  de  identidad;  así, pues, el declarante 001 refirió que una mujer, al parecer  “madre  de  Chilinga”, le  comentó  que  el homicidio había sido cometido por Pepe (alias de CARLOS  AUGUSTO CORREA LOPEZ). No obstante,  el  casacionista  destaca  que el Tribunal no tuvo en cuenta que “Chilinga”  también aparece comprometido  en la investigación.   

          Y  agrega  que  con quebranto de la lógica, el Tribunal afirmó que  el  mencionado  testigo  no  reconoció a su asistido porque no fue capturado el  día  de  los  hechos.  También destaca que el mismo declarante dijo que quién  causó     la     muerte     a     Jaime    Augusto  Piedrahíta    fue   Juan  Guillermo  Arango, alias “La  Bruja”,   por   orden   del   Alcalde  de  Itagüí  Jorge Alberto Muñoz Zuluaga,  Juan Carlos Moncada Morales y  Martín  de Jesús González,  razón  por  la cual este testimonio no podía lógicamente servir de fundamento  al  fallo  de  condena,  en cuanto no compromete de manera alguna a su defendido  CARLOS     AUGUSTO     CORREA     LOPEZ.   

          También  indica  el  censor  que el citado testigo informó que los  compañeros    del    occiso    lo   rechazaban   porque   hacía   labores   de  contrainteligencia y los investigaba.   

Respecto del testigo 002 anota el impugnante  que  sólo  dijo  que  la  víctima  al  momento  de  la comisión del delito se  encontraba  investigando  una  oficina  de  cambio  de  cheques y una escuela de  conducción,  lo  cual  fue  corroborado  con  las  notas  que se hallaron en el  escritorio    del    investigador    Jaime   Augusto  Piedrahíta y reconoció a los procesados CORREA     LOPEZ     y     HOLGUIN  ORTIZ  como miembros de una banda  de  delincuentes  dedicada  a cometer delitos de homicidio, lo cual configura el  delito de concierto para delinquir.   

No obstante, argumenta que de lo anterior no  se  puede  concluir que su asistido fue quien ordenó la muerte del investigador  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación, dado que si en Colombia se rechaza el  derecho  penal  de  autor  y  se  proclama  el  derecho  penal de acto, no puede  sancionarse  a  alguien  por  su  capacidad  para  delinquir,  sino en cuanto se  demuestre  que  efectivamente  delinquió, circunstancia que carece de prueba en  este  asunto,  y  que  por  tanto,  al  condenar  a  su  representado  se violó  “la lógica y la ciencia y con ello las reglas de la  experiencia”.   

3.              Con    relación   al   indicio   de  móvil  para  delinquir,  el  casacionista  expone  que  la  víctima  se  encontraba  investigando no sólo a  “Los Pepes”, a quienes se  dice    que   pertenecía   CARLOS   AUGUSTO   CORREA  LOPEZ,   sino   también   a   la   cúpula   de  tal  organización,        entre        quienes        estaban        “Semilla”,         “Maximiliano”,       “Victor             Loco”,          “Chilinga”,  etc.  A  su  vez,  también  investigaba  al  Alcalde  de  Itagüí Juan     Carlos  Moncada    Morales  por la desaparición de cinco mil  millones  de  pesos  y  había  rumores  de todo orden sobre quiénes fueron los  determinadores  del  homicidio  y  quiénes  lo  ejecutaron, circunstancias que,  entonces,    no    conducen    a    establecer    la   responsabilidad   de   su  patrocinado.   

Por  tanto,  concluye  que si no hay lugar a  “condenas  alternativas”,  a  un  miembro  de  una banda de delincuentes se le puede condenar por concierto  para  delinquir,  pero  no  por  un  homicidio, en cuanto no se demuestre que lo  cometió.   

          También  expone  que  en  las  notas  de  la  víctima  no  aparece  registrado    el    nombre    de    CARLOS   AUGUSTO  CORREA  a  quien  desde niño le dicen “Pepe”, sin que ello guarde relación con  el  grupo de “Los Pepes” a  los cuales aluden las referidas anotaciones.   

          En  punto de los motivos para cometer el delito, el defensor señala  que  otras  personas  tenían razones para ello en razón de las investigaciones  adelantadas  por  el  occiso,  como es el caso de Jorge  Alberto  Muñoz,  dueño  de  la  oficina de cambio de  cheques,  el  Alcalde  de  Itagüí Juan Carlos Moncada  Morales,  los  propietarios  de  los parqueaderos, las  personas  de  la escuela de conducción Autogavi, los compañeros de la víctima  o   cualquier   otra   persona   afectada  por  las  investigaciones  que  aquel  adelantaba.   

          Siendo  ello  así, estima que acerca de la autoría intelectual del  delito     investigado     emerge     “una    duda  enorme” que ante la imposibilidad de su eliminación  debe  ser  resuelta  en  favor  del procesado, en cuanto el indicio de móvil ha  sido construido en contra de la lógica y la ciencia.   

          Con  base  en  lo  anterior  anota  que  para  condenar no basta con  señalar  que  su  defendido  tenía  motivo  y  capacidad  para delinquir, pues  resulta  necesario acreditar empíricamente que en verdad cometió el delito, es  decir,  demostrar  que dio la orden de matar al investigador del Cuerpo Técnico  de  Investigación,  situación  que  no  está  demostrada,  dado que no se han  determinado  las circunstancias de tiempo, modo y lugar en las que fue impartida  la referida orden.   

Y  agrega  que  los  falladores  violaron el  principio  in dubio pro reo al  condenar  a  su  representado  pese  a  las  dudas  existentes,  quebrantando el  artículo  7º  del  estatuto  procesal  penal  y  los  artículos 103 y 104 del  Código  Penal  al  vulnerar  las  reglas  de  la sana crítica en el proceso de  inferencia  lógica  adelantado  para  concluir  que  el  sindicado CARLOS   AUGUSTO   CORREA  fue  el  autor  intelectual del comportamiento investigado.   

Finalmente  aduce  que  la trascendencia del  error   de   hecho   que   postula   “es  sumamente  clara”, pues de no haber tenido ocurrencia, el fallo  habría sido absolutorio.   

          De  conformidad  con lo expuesto, el censor solicita a la Sala casar  la  sentencia  atacada  y su lugar proferir fallo de sustitución absolviendo al  sindicado  CARLOS  AUGUSTO  CORREA  LOPEZ del delito de homicidio.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador  Tercero  Delegado  para  la  Casación  Penal solicita en su concepto no casar la sentencia impugnada por las  fallas  técnicas  del  libelo  y  por  estimar  que  carece  de  fundamento  la  argumentación    del    impugnante,   de   conformidad   con   las   siguientes  consideraciones:   

          Comienza  el  Delegado  por  indicar  que  de manera antitécnica el  recurrente  afirma  que  el  fallo  violó  directamente  el  artículo  7º del  estatuto  procesal  penal  y  al  tiempo  postula la violación indirecta de los  artículos  103  y  104  del  Código  Penal, desatino que deja sin anunciar con  exactitud  el  error  atribuido  a  la  sentencia,  dado  que  en  la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  vicios en el análisis de la prueba, el  yerro  no  se  presenta  en  la norma sustancial que contiene el tipo finalmente  aplicado,  sino  en  la  aprehensión de los medios probatorios, pues en caso de  prosperar  la  censura  por violación del principio in  dubio  pro reo, la absolución debe proferirse respecto  del referido tipo penal.   

          También  expone que el censor identifica el error de raciocinio con  la  fuerza  demostrativa otorgada por los falladores a los medios de prueba, sin  demostrar  quebranto de las reglas de la sana crítica e intentando anteponer su  particular valoración de los mismos.   

          1.        En     punto     del     indicio     de  presencia,  el  Delegado afirma que el censor parte de  que  en  el  fallo  se  dijo  que  el  procesado CORREA  LOPEZ  estuvo en el lugar en que ocurrieron los hechos  momentos  antes  de cometerse el delito, cuando lo cierto es que en la sentencia  lo  que se dijo fue que el procesado se cambió de identidad al ser capturado el  22  de  febrero  de  1998  y  más  adelante  se  anotó  que  en  el  homicidio  participaron   miembros   de   la   banda   de  “Los  Pepes”,  de la cual era jefe el incriminado, sin que  entonces  la  presencia  de  este  en el teatro de los acontecimientos haya sido  aducida en la construcción de indicio alguno.   

          Y  continúa  afirmando que si bien el defensor dirige su esfuerzo a  demostrar  con  base  en el testimonio de Piedad Lucía  Vanegas   que  su  asistido  no  cometió  el  delito  investigado,  en  verdad  de  tal  declaración no se concluyó que el procesado  estuvo  en el parqueadero donde ocurrieron los sucesos cinco minutos antes, pues  a  lo  que  se  aludió  fue  a  la información que esta tenía de personas con  reserva  de  identidad  acerca de quienes ordenaron y cometieron el homicidio de  Jaime    Augusto   Piedrahíta   Morales.   

También  dice  que  en  la  valoración del  testimonio   de   Piedad  Lucía  Vanegas,  el  casacionista  destaca  los  apartes que le convienen a fin de  demostrar   que   varias   personas  tenían  motivos  para  cometer  el  delito  investigado,  descontextualizando la declaración y sin tener en cuenta lo dicho  en  el  fallo  reprochado  sobre  el  particular,  amén  de que no se ocupa del  indicio  de  presencia  contra  el  cual afirmó inicialmente que orientaría su  reproche.   

          Entonces  concluye  que  los  falladores  no dedujeron el indicio de  presencia  en  contra  del  procesado  para  demostrar  su responsabilidad, como  equivocadamente  lo  asume  el  recurrente,  pues en las sentencias de primera y  segunda  instancia se tuvieron en cuenta para ello múltiples pruebas directas e  indirectas   que   señalaron   al   acusado   CORREA  LOPEZ  como  determinador de la muerte de Jaime Piedrahita.   

          En  cuanto  al  análisis  que el demandante efectúa respecto de la  declaración      de      Mauricio      Velásquez  Cardona,  afirma  el  Delegado que la referencia a tal  declaración  es meramente tangencial en el fallo atacado, en atención a que el  sitio   de   reunión   de   la   banda   de   “Los  Pepes” no fue tenido como elemento para construir el  indicio    de    presencia   al   que   de   manera   inconsistente   alude   el  casacionista.   

          Igualmente  señala  que  el  hecho  de que el procesado al huir del  lugar  de los acontecimientos colisionara con varios vehículos no fue tenido en  cuenta  por  los  falladores   para construir el indicio de presencia, sino  para  establecer  la división de trabajo con la que actuaba la empresa criminal  dirigida   por  el  acusado  CORREA  LOPEZ,  lo  cual coincide con los informes suministrados a las Directoras  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  de  Antioquia  e  Itagúí  sobre  la  preparación  ponderada del delito, y por ello, los argumentos del recurrente en  punto  de  justificar  la  presencia  de  su asistido en el lugar de los sucesos  resultan impertinentes.   

          Por  tanto, considera el Delegado que el reproche no está llamado a  prosperar.   

          2.        En   cuanto   se  refiere  al  indicio  de  personalidad   o   capacidad   para   delinquir,  que  efectivamente  fue  tratado  en el fallo de primer grado y que al ser confirmado  por  el  Tribunal integra una sola unidad con la sentencia de segunda instancia,  estima  el Delegado que el censor se desentiende del contenido de la sentencia y  dirige  su esfuerzo a debatir los posibles motivos por los cuales se cometió el  homicidio     en     Jaime    Augusto    Piedrahíta  Morales,   resultando   por   tanto   incoherente  la  formulación del cargo con su desarrollo.   

          Afirma  que  si bien el impugnante acepta que su asistido pudo haber  cometido  el  delito  de  concierto para delinquir, descarta el de homicidio, lo  cual  resulta  incoherente  en  atención  a  que  se  demostró  que  entre los  procesados  CORREA  LOPEZ  y  HOLGUIN   ORTIZ  existían  vínculos para cometer delitos.   

          Acerca  del  indicio  de  capacidad para delinquir manifiesta que el  actor  no  atina  a señalar los errores en los que incurrieron los falladores y  destaca  que  el  fallo de condena no fue proferido en razón de la personalidad  del  procesado,  sino porque se demostró que efectivamente dispuso la comisión  del referido delito de homicidio.   

          3.        Respecto   del   indicio  de  móvil  para  delinquir,  estima  el  Ministerio  Público  que  el  defensor  no  tiene en cuenta lo dicho sobre el particular en el fallo, sino que  se  dedica  a  exponer  que  otras  personas  también estaban interesadas en la  muerte  del  investigador  judicial,  para  concluir  que  las  dudas existentes  ameritaban  la  aplicación  del principio in dubio pro  reo  a  partir  de  su  particular  valoración de los  medios  de prueba, sin sujetarse a las reglas técnicas que rigen tal especie de  reproche y   

confundiendo  el  falso  raciocinio  con  el  estado de duda.   

          Finalmente  advierte  que  en  punto del reproche de los indicios en  este   recurso   extraordinario  compete  al  impugnante  demostrar  que  en  la  elaboración  de las diversas variantes hubo pretermisión, equívoco u omisión  de  las reglas de la sana crítica, dado que “el acto  siguiente  de  escoger  cualquiera de las posibilidades enumeradas se sale de su  objeto,  en  tanto  que  la escogencia es un acto personal, discrecional, que se  produce  una  vez  han  sido conocidos todos los aspectos de la prueba, potestad  que  protege  el  legislador  al  darle al funcionario judicial la libertad para  decidir   la   forma   como   ocurrió   un   determinado  fenómeno”.   

          Con  base  en  lo  anotado,  el Procurador Tercero para la Casación  Penal   concluye   que   el  cargo  carece  de  fundamento  para  desquiciar  el  fallo.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Respecto   del  procesado  JUAN  FERNANDO  HOLGUIN ORTIZ.   

Como  inicialmente se advirtió, sería del  caso  que  la  Sala  se  pronunciara  de fondo sobre el libelo presentado por el  defensor  del  incriminado,  de  no  ser  porque  se  advierte  que se encuentra  extinguida  la  facultad punitiva del Estado en razón de la muerte del acusado,  según   lo   establece   el   numeral   1º   del  artículo  83  del  estatuto  penal.   

En  efecto,  obra en el diligenciamiento el  registro  civil  de  defunción  del  procesado  JUAN  FERNANDO  HOLGUIN  ORTIZ,  quien  falleció  el 17 de  marzo  del  año en curso, circunstancia que no deja camino diverso a seguir que  el  de declarar extinguida la acción penal derivada de los delitos de homicidio  agravado  y  concierto  para  delinquir con fines terroristas por los cuales fue  acusado  y,  en consecuencia, disponer la cesación del procedimiento adelantado  en su contra.   

          Demanda  a  nombre  del  sindicado  CARLOS  AUGUSTO CORREA LOPEZ.   

Impera  precisar ab  initio  que  si  bien  el  libelo  adolece  de algunas  falencias  técnicas,  formalmente la Sala encuentra que con independencia de la  razón  que  pueda o no asistir a la censura presentada, el actor desarrolló un  solo  cargo  mediante  la  postulación  de  varios  errores  de hecho por falso  raciocinio,  por  considerar  que  los falladores erraron en la construcción de  los  indicios  a partir de los cuales condenaron a su representado, a la vez que  no   resolvieron   en  favor  de  este  las  dudas  existentes  en  torno  a  su  responsabilidad,  motivo por el cual, el libelo fue ajustado a las exigencias de  forma   dispuestas   por   el   legislador   para  acudir  a  esta  impugnación  extraordinaria e impone un pronunciamiento de fondo.   

Advertido  lo  anterior,  en el desideratum  de  responder  el  cargo, por  elementales  razones  de  método  se  abordará  por  separado  cada uno de los  motivos  que  como  generadores  de la violación indirecta de la ley sustancial  presenta el defensor, así:   

1.            En cuanto se refiere a que en el fallo se  dedujo    el    indicio   de   presencia  con base en el testimonio de la Jefe de Unidad del Cuerpo Técnico  de   Investigación,  doctora  Piedad  Lucía  Vanegas  Villa,  sin  dificultad  se  advierte  que  ni  en  la  sentencia  de primera instancia ni en la de segunda se alude de manera alguna al  referido   indicio,  circunstancia  que  hace  incomprensible  el  reproche  del  actor.   

          En   efecto,  acerca  de  la  declaración  de  responsabilidad  del  procesado  respecto  de  la  comisión del delito contra la vida, en el fallo de  primer  grado  se  dijo  “En contra de Correa López,  milita,  igual  que para el penombrado Holguín Ortíz, las declaraciones de las  doctoras  Piedad Lucía Vanegas Villa y Marilú Méndez Rada, aunque se trata de  dos  testigos  de  oídas,  por  lo  menos  contienen  referentes  empíricos  y  racionales  para  inferir  que  las  imputaciones  a  los  procesados  no fueron  señalamientos  deliberados, engañosos o de último momento que hayan hecho los  integrantes  del Cuerpo Técnico de Investigación, como lo pretende la defensa,  sino  que pusieron de presente y corroboraron otros testimonios, entre ellos los  con  reserva  de  identidad  y  los  rendidos  en las diferentes averiguaciones,  igualmente   reseñas   que   dejí  plasmado  el  mismo  interfecto”.   

          Igualmente  se  destacó  que  en  las  notas de la víctima aparece  registrado    el    alias    del   procesado   CORREA  LOPEZ,       esto       es,       “Pepe”,  acerca  de  las  averiguaciones  adelantadas   respecto   de   la   banda   de   “Los  Pepes”;  también  se  resalta  que  “se  suma a ello, lo afirmado de manera directa por las declaraciones  bajo  reserva  de identidad, entre esta la deponencia del testigo con clave 002,  reconociendo  a  través  de  fotografía  a Carlos Augusto Correa López, alias  Pepe”.   

          Y  en  la  misma decisión se establece que al investigar a la banda  de   “Los   Pepes”,  la  víctima  encauzó  sus  averiguaciones “contra quien  la  comandaba,  Carlos  Augusto  Correa López, alias Pepe, como es elemental en  este  tipo de investigaciones, y en segundo plano a descubrir a sus integrantes,  entre  ellos  a  Juan  Fernando  Holguín  Ortíz.  Mana  sin mayor esfuerzo, el  interés  que  los embargaba y desesperaba para eliminar al funcionario antes de  que  pasara  el informe por escrito con el ánimo de judicializarlos”.   

          A  su  vez en la sentencia de segunda instancia se expresó sobre la  responsabilidad  del  acusado  CORREA LOPEZ  que  además  de  lo  dicho  en  el  fallo de primer grado, debía  tenerse  en  cuenta  que  “una  persona  sana en sus  costumbres   no   tiene   porque  (sic)  hacer  desaparecer  de  la Registraduría Municipal del Estado Civil  los  documentos soportes de su cédula de ciudadanía, ni cambiarse el nombre ni  huir  del  sitio del crimen en una forma tan desesperada como él lo hizo, yendo  con     su     vehículo     a     colisionar    otros    vehículos”.   

          Ahora,  como el defensor expone que la Directora del Cuerpo Técnico  de  Investigación  de Itagúí dijo que fue informada de que en el sitio de los  sucesos   estuvo   CARLOS  AUGUSTO  CORREA  la  mayor  parte  del  día  y  que  se fue cinco minutos antes de  cometerse  el  delito, encuentra la Sala que, tal como lo destacó el Procurador  Delegado,  el  casacionista  se refiere a elementos de convicción que no fueron  tenidos  en  cuenta  como pilares del fallo de condena, pues lo cierto es que la  condición   de   determinador   del  homicidio  del  investigador  Jaime    Augusto    Piedrahíta   Morales  predicada   del   acusado   CORREA  LOPEZ  no  se  sustenta  en su presencia permanente o esporádica, real o  presunta  en  inmediaciones  al  teatro  de  los  acontecimientos,  sino  en  su  condición  de  jefe de la empresa criminal, así como a partir de la acreditada  estrecha   relación   que  mantenía  con  el  otro  procesado,  esto  es,  con  JUAN  FERNANDO HOLGUIN ORTIZ,  quien  fue  acusado  como  autor  material  del  mencionado  punible  contra  la  vida.   

          Entonces,  los  planteamientos  del  recurrente  no  sólo  resultan  impertinentes  para  atacar el fallo condenatorio en cuanto no guardan relación  con  los fundamentos que sirvieron para edificarlo, sino que olvida por completo  que  es el contenido de la sentencia hacia donde debe dirigir sus reproches, sin  que  resulte  viable  que ofrezca una exposición en la cual analice subjetiva y  fragmentariamente  aspectos  del  devenir procesal y del recaudo probatorio, sin  un  sentido  específico y sin trascendencia alguna en la valoración judicial y  en    la    atribución    de    justicia    establecida   en   la   providencia  impugnada.   

          Así,  pues,  el  impugnante  no  sólo  no atina a señalar de qué  manera  los  falladores  erraron  al  estimar  acreditada en grado de certeza la  responsabilidad  del procesado CORREA LOPEZ  como  determinador  del homicidio investigado, sino que, sin más,  resalta  que según fue expuesto por la funcionaria de la Fiscalía Piedad   Lucía   Vanegas,  se  trabajaron  varias  hipótesis  en  la  investigación  del mencionado punible para llegar a  concluir   que   la   orden   de   cometerlo   fue  impartida  por  CARLOS   AUGUSTO   CORREA   LOPEZ  y  fue  ejecutada  por  JUAN FERNANDO HOLGUIN ORTIZ.   

          Como  viene  de  verse, es evidente que el demandante se desentiende  de  lo  expuesto en el fallo respecto de la responsabilidad de su representado y  entonces  procede  a  formular observaciones indemostradas y carentes de asidero  para  ensayar  el  desquiciamiento  de  la  sentencia,  pero  sin cumplir con su  obligación de denunciar errores trascendentes de los falladores.   

En  cuanto  se  refiere a la declaración de  Mauricio  Velásquez Cardona,  a  partir de la cual el casacionista señala que conduce a la duda de establecer  si  la  presencia de su asistido en el lugar en el cual ocurrió el homicidio no  era  algo  especial  sino  rutinario, basta indicar que, como ya se dijo, no fue  con  base  en  tal circunstancia que los funcionarios judiciales construyeron la  sentencia   condenatoria,  de  modo  que  lo  expuesto  por  el  censor  deviene  impertinente e irrelevante.   

Igualmente,  como  el  censor  afirma que el  “autor intelectual nunca requiere su presencia en el  lugar  del  ilícito” y que sería un acto de torpeza  que  estuviera  en  el  lugar  del  suceso  delictivo  en  cuanto  es  el primer  interesado  en  la  impunidad de la conducta ejecutada, pronto evidencia la Sala  que  una  vez  más  se  aparta  de  los  fundamentos  del  fallo  para formular  comentarios  que  no vienen al caso, pues, se reitera, el procesado CORREA  LOPEZ  no  fue condenado por haber  estado  en  el sitió donde se perpetró el homicidio del investigador judicial,  sino  porque  se  contó  con  pruebas  que lo señalaban en grado de certeza de  tiempo  atrás  y  para la época de los hecho investigados, como la persona que  dirigía  la  organización  criminal  que  tenía  como objetivo a Jaime   Augusto   Piedrahíta  Morales  en  razón de las investigaciones que contra sus miembros adelantaba.   

          Observaciones  similares  a  las  precedentes  pueden  efectuarse en  punto  de  lo  expuesto  por  el demandante, referido a que el Tribunal dijo que  CARLOS  AUGUSTO CORREA trató  de  huir  del  lugar  del crimen y chocó con tres vehículos, pues lo cierto es  que  no  fue  tal suceso tangencial el fundamento del fallo de condena, de donde  la  crítica  al  respecto  resulta  estéril  e  intrascendente.  Además,  tal  situación  fue destacada en el fallo de segundo grado únicamente para poner de  presente  la orquestación dispuesta por la banda delincuencial comandada por el  procesado  CORREA  LOPEZ para  causar  la  muerte  al  investigador  judicial,  como  acertadamente lo anota el  Procurador   Delegado,  todo  lo  cual  otorga  soporte  y  credibilidad  a  las  informaciones  que  en tal sentido recibieron las Directoras del Cuerpo Técnico  de  Investigación  de  Itagüí y Antioquia, las cuales fueron expuestas en sus  declaraciones.   

2.            Sobre el indicio  de  personalidad  o capacidad para delinquir, encuentra  la  Sala  que  si  bien  el  fallo  de  primer  grado  aludió  a dicho medio de  convicción,  al  rompe  se establece que sobre el particular el casacionista no  enfila   su  reproche  a  deplorar  la  apreciación  del  hecho  indicante,  la  construcción  de  la  inferencia  lógica  o  la  conclusión  que configura el  indicio,  pues  únicamente encamina su labor a especular acerca de los móviles  que  pudieron  determinar  la  comisión  del  delito  de  homicidio  objeto  de  investigación,  proceder  no  sólo inaceptable en el ámbito de la técnica de  casación,  sino  que  a  la  postre  deja ayuna de demostración la censura que  inicialmente postula.   

          Como   lo   señala   el  Delegado,  resulta  inconsistente  que  el  recurrente  acepte  que  su  asistido  pudo  cometer el delito de concierto para  delinquir,  pero  que  niegue  la  comisión  del punible de homicidio agravado,  cuando   se   observa   que   precisamente   la   relación   jefe  –   subalterno   que   existía  entre  CARLOS  AUGUSTO  CORREA LOPEZ  como     líder     de     la     organización    criminal    y    JUAN   FERNANDO  HOLGUIN  ORTIZ  como  autor  material  de  los delitos  ordenados,  fue  uno  de  los  pilares  a  partir  de  los cuales los falladores  arribaron  a  la  certeza  sobre  la  participación  que  tuvo el primero en el  homicidio  de  Jaime  Augusto  Piedráhita en condición de determinador.   

Dado  que también refiere el impugnante que  el  mencionado  indicio  de capacidad para delinquir fue deducido a partir de lo  expuesto  por  los testigos con reserva de identidad, uno de los cuales dijo que  la  “madre de Chilinga” le  comentó   que   el   homicidio   había   sido   cometido  por  “Pepe”    (alias    de    CARLOS  AUGUSTO  CORREA LOPEZ), y que no se  tuvo    en    cuenta    que   “Chilinga”  también  aparece  comprometido en la investigación, encuentra  la  Sala que como ya es común en el desarrollo del libelo objeto de estudio, el  casacionista  no  procede a emprender la cabal demostración de la censura, dado  que  se  queda  únicamente  en  el  comentario,  a  la  vez  que  no señala la  trascendencia  de su reproche, en cuanto no se percata de la existencia de otros  medios  de  prueba, como las declaraciones de las Directoras del Cuerpo Técnico  de  Itagúí  y  Antioquia,  y  las  inspecciones judiciales practicadas a otros  procesos   en  los  que  resultaron  involucrados  los  sindicados  CORREA     LOPEZ     y     HOLGUIN  ORTIZ,  que a la postre sirvieron  de fundamento al fallo de condena.   

          De  acuerdo con lo expuesto por el Procurador Delegado, lo cierto es  que  el  acusado  no  fue  objeto  de  sentencia  condenatoria  en  razón de su  personalidad  (derecho  penal  de  autor),  sino porque se demostró con pruebas  legalmente  practicadas  que  efectivamente  dispuso  la  comisión del referido  delito    de   homicidio   del   investigador   judicial   (derecho   penal   de  acto).   

3.              Como   respecto   del   indicio   de  móvil  para  delinquir,  el  censor  expresa  que  otras  personas diferentes a su asistido también podrían  encontrarse  interesadas  en  causar  la muerte a Jaime  Augusto  Piedráhita  en razón de las investigaciones  que  adelantaba,  circunstancia  que  configura una duda insalvable que debe ser  resuelta  en favor del acusado, estima la Sala que lo expuesto por el recurrente  no  pasa  de  ser  una  conjetura ajena a la información obrante en el proceso,  pues   si   bien   la  víctima  investigaba  a  varias  personas  por  diversas  actividades,  lo  cierto es que las pruebas recaudadas señalan en concreto a la  banda  de  “Los  Pepes”,  dirigida  por  CARLOS AUGUSTO CORREA LOPEZ  como la que orquestadamente y con la colaboración de otros de sus  miembros urdió la comisión del homicidio y lo ejecutó.   

Así  las  cosas,  carece  de  relevancia  y  pertinencia  aludir  a  que personas diferentes al procesado tenían interés en  causar     la     muerte     a     Jaime    Augusto  Piedráhita  a  fin  de plantear la existencia de duda  razonable  imposible  de  eliminar,  circunstancia que permite afirmar que no se  violó  el  principio  in  dubio  pro  reo,  más  aún  cuando  el defensor no señala en concreto errores de  los  falladores sobre el particular, a la vez que sin fundamento alguno pretende  desconocer  tanto  la  dual  presunción  de acierto y legalidad de la sentencia  atacada,  como  la  libre  valoración  que  de  las  pruebas  le  asiste  a los  falladores,   la   cual   sólo  puede  ser  deplorada  con  la  postulación  y  acreditación  de  errores  en  tal  actividad judicial, deber que no asumió el  demandante.   

          Así  las  cosas,  sin dificultad puede concluirse que los reproches  del  actor  no  pasan  de  ser  una  exposición subjetiva que, sin sujetarse al  recaudo  probatorio,  intenta variar la realidad de como ocurrieron los sucesos,  con  el  pretexto  de  introducir  dudas  donde  hay  certeza,  prescindiendo de  cualquier  ordenación lógica o científica al respecto y sin acreditar errores  de los sentenciadores.   

Como   tantas  veces  se  ha  dicho,  esta  impugnación  extraordinaria no se encuentra instituida para debatir a manera de  una  tercera  instancia los elementos de prueba, dado que el simple cotejo de la  apreciación  probatoria  del  actor  con  la  de los funcionarios judiciales no  tiene  cabida  en  este  recurso  para  irrumpir  como causal de casación de la  sentencia atacada.   

En  efecto,  acerca  de  la  postulación de  yerros  en  punto  de  los  indicios  ha  dicho  la  Sala que para emprender tal  cometido  corresponde  al  censor  identificar  si  la equivocación se cometió  respecto  de  los  medios  demostrativos  de  los  hechos  indicadores,  la  inferencia  lógica,  o  en  el  proceso  de valoración conjunta al apreciar su  articulación,  convergencia  y concordancia de los varios indicios entre sí, y  entre  éstos  y  las  restantes pruebas, para llegar a una conclusión fáctica  desacertada.   

Si  el  error  radica en la apreciación del  hecho  indicador, dado que éste necesariamente ha de acreditarse con otro medio  de  prueba,  necesario  resulta  postular si el yerro cometido fue de hecho o de  derecho,  a  qué  expresión  corresponde y cómo alcanza demostración para el  caso.   

Y  si  el  error  se  ubica en el proceso de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del medio con el  que  se  acredita el hecho indicador y demostrar al tiempo que el juzgador en la  labor  de  asignación  de  su  mérito persuasivo se apartó de las leyes de la  ciencia,  los  principios  de  la lógica, o las reglas de experiencia, haciendo  evidente  en  qué  consiste  y  cuál  es  la operancia correcta de cada uno de  ellos, y cómo en concreto esto es desconocido.   

Si lo pretendido es denunciar error de hecho  por  falso juicio de existencia de un indicio o un conjunto de ellos, lo primero  que  debe  acreditar el censor es la existencia material en el proceso del medio  con  el  cual  se evidencia el hecho indicador, la validez de su aducción, qué  se  establece  de  él,  cuál  mérito  le  corresponde  y luego de realizar el  proceso  de  inferencia  lógica  a  partir  de  tener acreditado el hecho base,  exponer  el  indicio  que  se  estructura  sobre  él,  el valor correspondiente  siguiendo  las  reglas  de la experiencia, y su articulación y convergencia con  los  otros  indicios  o  medios  de  prueba directos1.   

Además, dada la naturaleza de este medio de  prueba,  si  el  yerro se presenta en la labor de análisis de la convergencia y  congruencia  entre  los  distintos indicios y de éstos con los demás medios, o  al  asignar la fuerza demostrativa en su valoración conjunta, es aspecto que no  puede  dejarse de precisar en la demanda, concretando el tipo de error cometido,  demostrando   que  la  inferencia  realizada  por  el  juzgador  transgrede  los  postulados  de  la  sana  crítica, y acreditando que la apreciación probatoria  que  se propone en su reemplazo, permite llegar a conclusión diversa de aquella  a  la  que  arribara el sentenciador, pues no resulta de recibo en este trámite  anteponer  el  particular  punto de vista del actor al del fallador.     

Por  tanto,  lo  cierto  es  que  como  se  demostró,  en  el  fallo  atacado no se incurrió en errores de hecho por falso  raciocinio   sobre   las   pruebas  señaladas  por  el  censor,  en  cuanto  la  apreciación  probatoria  se  sujetó  rigurosamente  a  las  reglas  de la sana  crítica  y  se  expuso  razonadamente  el  aporte  demostrativo  de  los medios  probatorios,  motivo  de  más para que la presunción de acierto y legalidad de  la sentencia impugnada permanezca incólume.   

Con base en lo anterior, palmario resulta que  el   defensor  del  procesado  CARLOS  AUGUSTO  CORREA  LOPEZ  no  consiguió  demostrar que efectivamente los  falladores  violaron  de  manera  indirecta  la  ley sustancial, y por tanto, la  consecuencia  que  de  ello  se  deriva es que no se dispondrá la casación del  fallo atacado.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

         1.                      DECLARAR  extinguida  por   muerte  del  procesado  JUAN  FERNANDO  HOLGUIN  ORTIZ  la  acción  penal  derivada de los delitos de  homicidio  agravado  y  concierto  para  delinquir con fines terroristas por los  cuales fue acusado.   

         2.                      ORDENAR,    en  consecuencia,  la  cesación  del  procedimiento  adelantado  en razón de tales  delitos  contra  el referido sindicado, por las razones expuestas en la anterior  motivación.   

         3.                      NO CASAR la sentencia  recurrida.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Comisión de servicio  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Cfr.  Sentencia  del  2  de  agosto  de 2001. M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll, entre  otras.     

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