19113(27-08-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19113  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 97  

          Bogotá,  D.C.,  veintisiete  (27)  de  agosto de dos mil dos (2002).   

          Se   pronuncia   la   Sala  sobre  la  admisibilidad  de  la demanda de casación presentada en defensa de ORFA  CARVAJAL MEDINA contra la sentencia  de  fecha  agosto  14  de  2001,  mediante la cual el Tribunal Superior de Neiva  revocó  la  absolutoria  de  primera instancia dictada por el Juzgado 4º Penal  del  Circuito  de  esa  misma  ciudad,  para  condenarla  a la pena principal de  treinta  y  seis  (36) meses de prisión, como autora del delito de falsedad por  ocultamiento de documento público.   

  HECHOS  

         Dan cuenta los autos que por intermedio  de  apoderado judicial, la Cooperativa Coonfie Ltda. instauró demanda ejecutiva  en   contra   de  las  deudoras  Argenis  Carvajal  de  González,  ORFA  CARVAJAL MEDINA y Liliana González  Zambrano,  en  la que solicitó el embargo del 50% del salario devengado por las  citadas  en su condición de empleadas del Instituto Nacional de Medicina Legal,  Seccional Regional Sur Oriente con sede en Neiva.   

          El  Juzgado  6º  Civil  Municipal  de  Neiva  admitió el libelo y  accedió  a  la  medida  cautelar,  de  manera que para su efectividad libró la  comunicación   respectiva   al  Tesorero  de  la  mencionada  entidad  oficial,  reiterada  en  varias  oportunidades,  pero como transcurrió más de un mes sin  obtenerse  respuesta,  atendiendo solicitud del apoderado de la parte ejecutante  se  requirió  la misma, estableciéndose entonces que los oficios librados para  materializar    el   embargo   no   aparecían   registrados   en   los   libros  correspondientes de la Pagaduría Regional.   

          En  la investigación  se  determinó  que  la  primera de las comunicaciones dirigidas al Instituto de  Medicina  Legal,  de  número 1706 y fecha octubre 26 de 1995, por lo menos, fue  recibida  directamente  por  la  sindicada ORFA     CARVAJAL    MEDINA.   

ACTUACION  PROCESAL   

         1.   Con  fundamento en las copias  expedidas  por  el  Juzgado  6º  Civil  Municipal  de  Neiva,  la  Fiscalía 20  Seccional  de  esa  misma  ciudad  adelantó las diligencias preliminares.   Posteriormente,   en  resolución  del  31  de  octubre  de 1996, abrió la  investigación,   vinculó  mediante  indagatoria  a  la  imputada  ORFA  CARVAJAL  MEDINA  y  resolvió  su  situación  jurídica  en  providencia  del  28  de  noviembre  del  mismo año,  afectándola  con  detención  preventiva por el delito de falsedad de documento  público  por  ocultamiento,  cometido por servidor público en ejercicio de sus  funciones.     En   la   misma   decisión   le   concedió   la   libertad  provisional.   

         Clausurado  el  ciclo  instructivo,  la  Fiscalía  calificó  su  mérito  probatorio  en providencia del 19 de marzo de  1997,  mediante  la  cual  formuló  acusación  en  contra de la sindicada como  autora   del  punible  imputado  en  la  medida  de  aseguramiento  (fs. 94, cd. 1).   

2.  El Juzgado 4º Penal del Circuito de  Neiva  asumió  la  etapa  del juicio, de manera que una vez agotado el trámite  ordinario,  en  fallo  del 30 de mayo de 2001 absolvió a la procesada del cargo  deducido  en  la  resolución  acusatoria. La Fiscalía y el Procurador Judicial  interpusieron  el  recurso  de  apelación, desatado por el Tribunal Superior de  esa  ciudad  a través de la sentencia objeto de la impugnación extraordinaria,  de  fecha  agosto  14 del pasado año, mediante la cual revocó en su integridad  el  pronunciamiento  del  a  quo  para  condenar  a  la  sindicada  CARVAJAL  MEDINA  a  la  pena  principal  atrás precisada.   

  LA  DEMANDA   

         La defensora de la procesada anuncia la  formulación  de  las censuras contra la decisión condenatoria de segundo grado  con  fundamento  en  “la  causal segunda por ser la  sentencia  violatoria  de  la  norma  sustancial por error de hecho y de derecho  (sic) en la apreciación de  la   prueba  indiciaria”,  reparos  que  finalmente  concreta en los siguientes términos.   

          Cargo   primero.               

         Al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación,  la  demandante  acusa la violación indirecta de los artículos 232,  285 y 287 del actual  Código de Procedimiento Penal.   

          En  la  concreción  del  reparo  discurre  sobre la estructura del  indicio   y   respecto   de  las  exigencias  de  correlación,  concordancia  y  convergencia  necesarias para que derive la certeza.  Advierte después que  la   acusación   erigida   en   detrimento   de   la   sindicada   CARVAJAL  MEDINA, acogida por el Tribunal  en  el  fallo impugnado, se sustenta exclusivamente en prueba de tal naturaleza,  pues  los  demás  medios  demostrativos  incorporados al expediente simplemente  demuestran  la existencia del documento público y su recepción por parte de la  procesada.   

          Alude  a  las  explicaciones  que  rindió  la  incriminada  al ser  interrogada  sobre  el  extravío  de los oficios que informaron al Instituto de  Medicina  Legal acerca del embargo dispuesto en el proceso ejecutivo; transcribe  los  apartes del fallo en los cuales fueron desestimadas esas justificaciones; y  plantea  a continuación sus conceptos sobre el sentido y alcance que tienen los  elementos  integradores  del  indicio  de  conformidad  con el artículo 284 del  derogado Código de Procedimiento Penal.   

          La   censora   emprende  después  “la  revisión”   de   las  inferencias  de  cargo  que  sustentan   la  condena  con  miras  a  demostrar,  según  aduce,  “la   indebida   valoración   de  la  prueba  y  su  consecuente  incidencia    en    el   fallo”   impugnado.    

         En  este  orden  de ideas, enfrenta el  mérito  del  indicio  surgido  de  la  recepción por parte de la sindicada del  oficio  mediante  el  cual se informó al Instituto de Medicina Legal el embargo  del  salario  de  las ejecutadas, con la versión obtenida de esta última en la  indagatoria,  a  través del énfasis en las específicas funciones que cumplía  la    acusada    CARVAJAL    MEDINA   en   la   dependencia   oficial   donde  laboraba,  destacando  la  inexistencia  de prueba sobre la omisión imputada a aquella en el sentido de no  haber  informado  de  dicha  medida  cautelar a su compañera Liliana González,  pues  en  este punto, asegura, tan sólo obran las declaraciones antagónicas de  las citadas.   

         A  continuación rebate el indicio del móvil para delinquir, pues  contrario  a  lo atestado en el fallo recurrido, la afectada directamente con el  embargo  dispuesto  era la codeudora Liliana González Zambrano; además, porque  la  Tesorera  del Instituto de Medicina Legal sabía de la existencia del primer  oficio  de  embargo  o  al  menos  de  su  extravío,  como lo dejó entrever al  contestar  el  1º  de  diciembre  de  1995  el  requerimiento del Juzgado donde  cursaba el proceso ejecutivo.   

        Agrega   por  otra  parte,  que  el  Tribunal  aseguró  sin  fundamento  probatorio que el público  tenía  dificultad  para  apoderarse  de  los  documentos en las dependencias de  Medicina  Legal,  ante las restricciones para el ingreso a ellas; más aún, que  tal   apreciación  se  desvirtuó  a  través  de  los  testimonios  de  Carlos  Quiñónez  y  Carlos  Rubiano,  quienes  declararon sobre la inseguridad de las  instalaciones de la referida entidad oficial.     

       Con  apoyo  en los anteriores argumentos esboza  las  siguientes  conclusiones:   El  Tribunal no podía “elevar  a  la  categoría  de  indicios  los  relacionados  sin  que  estuvieran debidamente demostrados”.   En el análisis de los testimonios que  los   sustentan  el  ad  quem  incurrió  “en  error  de  hecho por violación a los principios de la sana  crítica  que  induce  a  un  falso  juicio  de  identidad”.   La prueba indirecta de cargo no ofrece  gravedad,  convergencia  y  concordancia,  esto  es, surgen intrascendentes para  forjar  la  certeza  exigida  para endilgar la responsabilidad.  No resulta  entendible    que    la    sindicada    CARVAJAL        MEDINA    estampara   su   firma   en   el   documento   para   después  ocultarlo.   La  deducción  de  los hechos indicadores “no   corresponde   a   las   reglas  de  la  experiencia,  la  lógica,  la ciencia y el sentido común”; y finalmente, el yerro planteado opera en dos  sentidos,  “al  apreciar  indebidamente  la  prueba  considerada  como  indicio  y  por  violación  a los  principios   de   la   sana   crítica”.   

         Por  todo  lo  anterior solicita de la  Corte,  entonces, que case el fallo impugnado y dicte  la sentencia sustitutiva absolutoria.   

         Segundo cargo.   

         Con  carácter  subsidiario, también de conformidad con la causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  la  demandante  acusa  la  violación  indirecta  de los artículos 232, 285 y 287 del estatuto procesal penal vigente,  “por     error     de    derecho”.   

         En  la  sustentación  de  la  censura  reitera  que la condena se  cimienta  en  la  prueba  indiciaria. Repite las consideraciones esbozadas en el  anterior  reparo  sobre  la  naturaleza  y  la  estructura compleja del indicio,  sometido   a   una   valoración  conjunta  determinada  por  los  vínculos  de  concordancia  y  convergencia  a  partir  de  los  cuales  se  logra pasar de la  probabilidad  a  la  certeza,  como se establece en los artículos 232 y 287 del  Código de Procedimiento Penal.   

         Afirma  que  el  juzgador desconoció el artículo 284 ibídem, de  conformidad  con el cual todo indicio debe basarse en la experiencia y supone un  hecho  indicador,  de manera que un mismo hecho “no  puede  tenerse  en  cuenta  más  que  una  sola  vez y aunque presente diversos  aspectos  o pueda tener una aplicación o significación múltiple no constituya  más que un solo indicio”.   

           Plantea que el oficio por medio del cual se comunicó el embargo  fue  entregado  personalmente  por el apoderado de la ejecutante a la sindicada,  quien  en  el  curso  de  la  investigación  negó su ocultamiento para argüir  entonces  su  simple  extravío.   Reseña los indicios sobre los cuales el  Tribunal  edificó  la condena y los elementos que integran este medio de prueba  al  tenor  del  precitado artículo 284 del estatuto procesal vigente, sobre los  que  discurre a renglón seguido, para colegir que los tenidos como tales por el  juzgador  “no  reúnen  la  calidad  exigida en la  norma” citada.   

        En  primer  lugar,  porque  no  se  definen cuáles son los hechos indicadores ni el hecho indicado,  pero      además,     pues     se     “confunde    la    parte   con   el   todo”.     Así,    por   “ejemplo”.    Tratándose    del   “supuesto de ser la única persona interesada  en     desaparecer     el     oficio”,  omitió  precisarse el hecho indicador, la inferencia lógica y  el  hecho  indicado,  pasándose por alto además que no era la única revestida  de  dicho  móvil  porque  la orden de embargo incluía a otra de las empleadas,  interés   que   en  todo  caso  no  podía  ser  suficiente  para  predicar  la  responsabilidad  penal,  tanto  así  que  no se vinculó a las diligencias a la  compañera de labores de la acusada.   

         Agrega  que  recibir  el  oficio, “no  sellarlo  y radicarlo, no comentar con otras personas y ser la única interesada  en  desaparecerlo, independientemente de la veracidad de tales afirmaciones, son  potencialmente  hechos  indicadores derivados de la recepción del documento que  nunca  negó la procesada, más no indicios sobre su responsabilidad como autora  del     delito     de     falsedad    de    documento    público”.                      

         El  artículo  286  del  actual  estatuto  procesal penal exige la  prueba  del  hecho  indicador,  y  en  el  presente caso está demostrado que la  procesada  si  colocó  en el oficio el sello de su dependencia, como lo indican  las  declaraciones  de  Gloria  Rodríguez  y  Liliana  González, documento que  debía  radicarse  en  el libro de correspondencia, no en el de reconocimientos,  dependencia  esta última a cargo de aquella, quien en ese momento se encontraba  sola  por  tratarse  de  día  de  pago.   Por otra parte, la pagaduría al  recibir      una      posterior      comunicación      debió      “realizar  las  gestiones administrativas pertinentes y tramitar  la  orden  de  embargo  y no esperar como en efecto ocurrió nuevos oficios  por  el  cual  requerían  el  cumplimiento  del embargo, evento que solo ocurre  varios    meses    después   en   febrero   y   mayo   de   1996”.   

        En  lo  atinente  a  “los denominados indicios  ‘facilidad  para  que  en  estas dependencias se  refundan  documentos  o  se  archiven  mal, pero solamente en esa ocasión se ha  perdido’  y  el  ‘era   difícil   para   el   público   tomar  documentación  de  los  escritorios  porque  hay  separaciones  en cubículos y  solamente      pueden      ingresar      particulares      con     la     debida  autorización’   se  refieren” a la seguridad,  por  lo  tanto,  no  pueden  tenerse  en  cuenta  sino  para  integrar  un  solo  indicio.   

         Además   de   las   versiones  de  los  testigos  no  se  infiere  “tal  afirmación”,  porque  en  la  oficina funcionaban dos dependencias de Medicina Legal, la parte  administrativa  y la sección de reconocimientos, ambas con atención permanente  de  público.   “A la fecha de la declaración  se  habla  de  la  existencia  de cubículos y ante de ella (sic) de una baranda  igual  a  la  que  existe  en  la  mayoría  de  los  despachos  judiciales  del  país”.   

         

         A  continuación  alude  a  la  conducta  punible  atribuida  a la  acusada.   Precisa  las  funciones que cumplía en el Instituto de Medicina  Legal.   Insiste  en  la  necesidad  de  la  convergencia y la concordancia  tratándose  de  la  prueba  indiciaria.   Advierte  que el yerro planteado  “básicamente  se  produce por un desacierto en la  inferencia  lógica  entre  el  hecho  indicador  y  lo  realmente afirmado como  probado”,   y   concluye   que  se  trata  de  un  “ostensible     y     manifiesto    error    de  derecho”  al  desconocerse  las  formalidades y la  valoración  de  la norma que le asigna al indicio el valor de prueba, que de no  haberse   cometido,   la   sentencia   hubiese   sido   absolutoria.                        

         Con  los  anteriores  fundamentos  solicita a la Corte que case la  sentencia del Tribunal y profiera sentencia absolutoria.   

CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

         La  demanda de casación examinada no satisface las exigencias que  al  tenor  del  artículo  212 del Código de Procedimiento Penal condicionan su  admisibilidad,  como  quiera  que  los reproches formulados en forma principal y  subsidiaria  adolecen  de  insalvables  fallas  de  técnica,  unas  que les son  comunes  y  ameritan  por  lo  tanto consideración conjunta, en tanto que otras  devienen  particulares  frente a cada uno de los ataques erigidos a la sentencia  del  Tribunal,  de  manera  que  de  las  mismas  se  impone  su  discernimiento  separado.   

         1.   Partiendo  de  la  anterior premisa y tratándose de ese  primer  grupo  de  falencias,  se  tiene que la casacionista omitió integrar la  proposición  jurídica con la cual pretende derruir el fallo impugnado, pues se  limita  a  denunciar  exclusivamente  la  infracción  de  las normas procesales  referidas  a la prueba indiciaria, esto es, de los artículos 232, 284 a 287 del  actual  estatuto  procesal  penal.  Así las cosas, surge evidente entonces  la  conformidad  de  la  censora  con la simple invocación de las disposiciones  medio  que  estima  vulneradas,  por  cuanto  omite  indicar  los  preceptos  de  carácter  sustancial que supuestamente resultaron quebrantados a través de los  dislates  cometidos  en la apreciación de las pruebas.  De ahí se explica  que  tampoco  brinde ningún señalamiento respecto del sentido de la violación  denunciada,   es  decir,  si  lo  fue  por  aplicación  indebida  o  exclusión  evidente.   

         2.   Anuncia también, con equivocación en la causal aducida  para  infirmar  el  fallo,  la  presentación  de  las dos modalidades del yerro  susceptible  de  ser incurrido en la apreciación probatoria, perdiendo de vista  que  son  incompatibles  respectos de los mismos elementos de persuasión.   En    efecto,    al    amparo   de   la   “causal  segunda”  de casación plantea que en la sentencia  del  Tribunal  se evidencian errores de hecho y de derecho respecto de la prueba  indiciaria  que  la  soporta,  es decir, no distingue y por eso mezcla estas dos  clases  de  desatino,  que  tienen  origen,  alcance  y  formas de demostración  diversas.   

         3.   Finalmente,  la  demandante  pasa  por alto que en forma  reiterada   la  Sala  ha  precisado  que  el  ataque  al  indicio,  atendida  su  naturaleza,  puede encaminarse a cualquiera de los momentos de su construcción,  concretamente,  a  la  prueba  que  soporta  el hecho indicador, a la operación  intelectiva  de la inferencia del dato indicado, o a la valoración individual o  conjunta  de  su poder suasorio, debiéndose precisar entonces en cuál de estas  fases  se configuró el dislate y de qué especie, pues según el aspecto que se  ataque las reglas a seguir difieren.   

         En  el  caso  examinado,  desatendiendo  los anteriores derroteros  para  asimilar  las  censuras a una alegación de instancia, la recurrente acude  al  enfrentamiento  de  su  propio  y  personal  análisis  al  efectuado  en la  decisión  impugnada,  sin intentar demostrar siquiera la existencia de un error  trascendente  y determinante de la infirmación del fallo, deficiencia mantenida  y  afianzada  en el desarrollo argumentativo de los dos reparos formulados, como  pasa a considerar seguidamente la Corte.   

         Primer cargo.   

         En  el  reparo  inicial  del  libelo,  la  impugnante  no parte de  señalar  en  forma  clara y precisa si la inconformidad radica en la prueba del  hecho  indicador,  en  la  inferencia  lógica, o en el momento de determinar su  fuerza  demostrativa,  y  si  bien  podría deducirse que el ataque se orienta a  esta  última  fase,  ante la expresa referencia que verifica a la correlación,  concordancia  y  convergencias necesarias para que el indicio derive certeza, se  tiene  que  la  casacionista  no  concreta  algún  desatino en el análisis del  fallador  ad  quem  pues  orienta  la  sustentación,  en  últimas,  a  obtener  prevalencia  para  su  personal  valoración  del  acervo probatorio frente a la  consignada  en  el  fallo  impugnado,  que  como  es sabido, prevalece por venir  precedido de la doble presunción de acierto y legalidad.   

         Por   tal  motivo,  alude  a  las  explicaciones  que  rindió  la  inculpada  al  ser  interrogada sobre el extravío de los documentos públicos y  descalifica  los  argumentos con asidero en los cuales el Tribunal desestimó su  veracidad,   para   anunciar   “la   revisión”  de las inferencias de cargo que soportan la condena,  y   que  desenvuelve  a  través  de  la  simple  confrontación  de  criterios.   

         Refiere  después al indicio surgido de la recepción por parte de  la     sindicada    CARVAJAL    MEDINA  de  la  comunicación  por  medio de la cual se materializaba el  embargo  de  su salario, pero no para plantear algún desacierto del fallador ad  quem,  sino  con miras a cuestionar su eficacia a partir de la versión injurada  de  aquella;  inclusive,  la  defensora  sugiere  de  manera  contradictoria  la  inexistencia  de  la  prueba  que  sustenta la omisión imputada a la acusada al  edificar  tal  inferencia,  para  reconocer a renglón seguido su soporte en las  declaraciones  de  Liliana  González,  que descalifica entonces al tildarlas de  contradictorias.   

         También  sin  concretar  yerro  alguno en la construcción de los  denominados  indicios  del  móvil para delinquir, y de la dificultad que tenía  el  público  para apoderarse de los documentos en las instalaciones de Medicina  Legal  ante  las  restricciones para el ingreso a ellas, la casacionista acude a  las  críticas  que  desde  su  sesgada  perspectiva suscitan estos elementos de  juicio,  en  las  que  insiste  en  anteponer  su  particular  criterio sobre la  precariedad  de  la  fuerza  incriminativa  de  tales  medios  de  prueba.   Respecto  del  primero,  pues  el  embargo  del  salario  también  había  sido  dispuesto  en  relación  con  otra de las empleadas, y porque la pagadora de la  institución  tuvo  conocimiento,  por  lo  menos,  del extravío del oficio que  inicialmente   comunicó  la  medida  cautelar;  mientras  que  tratándose  del  segundo,  atendidas  las  declaraciones  de  Carlos  Quiñónez y Carlos Rubiano  referidas a la inseguridad de la dependencia oficial.   

         De  ahí  que  las  conclusiones  del reproche revelen también la  pretensión  de  la  actora  de  imponer  su  particular  interpretación de las  inferencias  de  cargo,  donde  entremezcla  indistintamente las diversas formas  posibles  de  atacar  el indicio en sede de casación.  Colige entonces que  los  hechos  indicadores  no  fueron  debidamente  demostrados  y acusa el falso  juicio  de identidad, cuando ningún esfuerzo verificó con miras a acreditar la  distorsión,  el  cercenamiento o la adición de los contenidos materiales de la  prueba  que  los sustentan.  Plantea en forma contradictoria de igual modo,  radicando  la censura en la determinación del poder suasorio de las inferencias  de  cargo,  por  ende, con implícita aceptación de los hechos indicadores, que  las  mismas  carecen  de  la  convergencia y concordancia para forjar la certeza  sobre  la  responsabilidad  de  su asistida; y argumenta por último, retornando  una  vez  más  al  punto  de  partida, que la equivocación radicó en el hecho  indicador   ante  el desconocimiento de los principios de la sana crítica,  pasando  por  alto  que  nada  esboza  para constatar tal aserto, derivado de la  simple   inconformidad   con   las   conclusiones   probatorias   del  Tribunal.   

         Segundo cargo.   

         Con  carácter  subsidiario  y  fundamento en la causal primera de  casación,  la demandante acusa el fallo del Tribunal de ser violatorio en forma  indirecta  de  las normas procesales del actual estatuto procesal penal alusivas  a  la  prueba  indiciaria, y afirma que a tal desatino se llegó por un error de  derecho, cuya especie omite señalar.   

         Por otra parte, en la sustentación del  reparo  así  precariamente  enunciado,  revelando  además  una gran confusión  conceptual,  la  recurrente  en  manera  alguna precisa si la censura se orienta  contra  la  prueba  del  hecho  indicador, a la inferencia lógica o al poder de  convicción  del  indicio  en  su  estimación individual o conjunta.  Más  aún,  el  desarrollo  argumentativo  del reparo demuestra con evidencia, que la  inconformidad  de la defensora con el fallo impugnado es producto de su personal  e  interesada  valoración de los medios demostrativos que sustentan la condena,  no  de la demostración de algún yerro de apreciación probatoria del Tribunal,  menos aún, del alegado al formular el ataque.    

         De ahí que a partir de la cita de las  normas  procesales que regulan la prueba indiciaria, cuya trasgresión denuncia,  discurra  deshilvanadamente  sobre las diversas fases en la construcción de los  indicios  que  soportan la condena, argumentando supuestos desatinos en cada una  de  ellas  y  perdiendo  de  vista,  como  lo ha sostenido la Sala, “que  cuando se plantean en casación errores en la apreciación  de  la prueba indiciaria, no resulta posible invocar, a la vez, en relación con  el  mismo  indicio, errores en la apreciación de la prueba del hecho indicador,  error  en  la  inferencia  lógica,  y  error  en  la  valoración de su mérito  persuasivo,  por  implicar un contrasentido, puesto que entre dichas fases de la  construcción  indiciaria  se  presenta  un  encadenamiento lógico que hace que  cada  una  de  ellas sea presupuesto necesario de la siguiente, y que su validez  lógica   jurídica   dependa   de  la  validez  de  la  anterior”1.   

         En  efecto,  la  libelista  plantea  en  un comienzo la estructura  compleja  del  indicio, así como el imperativo legal de su valoración conjunta  determinada  por  los  vínculos  de  concordancia  y  convergencia,  con lo que  parecería  perfilar  el  reproche  a  la  fuerza  demostrativa  que en conjunto  generan,  pasando  por alto, en todo caso, que de haber sido esa su pretensión,  mal  podía  argüir  en  este específico momento alguna de las expresiones del  error  de  derecho,  conforme adujo al enunciar el reproche, pues en el ataque a  dicho  estadio  únicamente  le resultaba viable acreditar el desconocimiento de  las reglas de la sana crítica.   

         Más   adelante   la  censora  en  contra  vía  de  este  inicial  enunciado,  argumenta  que  de  conformidad  con  el  artículo 284 del estatuto  procesal,  todo  indicio  debe  basarse  en  un  hecho  indicador,  resultado de  “un medio de prueba”,  sugiriendo  entonces  que  el  desatino del fallador ad quem se configuró en la  apreciación  de los medios demostrativos de los hechos indicadores deducidos en  el  fallo,  dislate  que  finalmente tampoco concreta, pues se limita a reseñar  los  indicios sobre los cuales el Tribunal edificó la condena para negarles tal  condición,  simplemente  y  de  trasfondo, porque en su opinión no podían ser  suficientes   para  “predicar  la  responsabilidad  penal”,     conforme     concluye    en    este  acápite.   

         Además   de   las  impropiedades  anteriores,  tal  objeción  la  desarrolla  perdiendo  de vista que tratándose de la violación indirecta de la  ley  sustancial,  para  una completa formulación de la censura le correspondía  enjuiciar  todos  y cada uno de los elementos de persuasión en los que se apoya  el  fallo  impugnado, demostrando que otra y favorable a su representada habría  sido  la  decisión  conclusiva  de  la instancia de no haberse incurrido en los  desaciertos denunciados.   

         Por  vía  de “ejemplo”  toma  el  indicio  del  móvil para delinquir, en el que echa de  menos  una exacta precisión del hecho indicador, de la inferencia lógica y del  hecho  indicado, reparo que la misma defensora diluye a renglón seguido, cuando  admite  que  de la sindicada se sostuvo que era “la  única    persona    interesada    en   desaparecer   el   oficio”  por  medio del cual se materializaba el embargo, para radicar la  crítica  entonces  en  el mérito que le fue otorgado, en su opinión precaria,  porque  tal  circunstancia  también era predicable de su compañera de labores,  quien  no  fue  vinculada  siquiera  a  las presentes diligencias.  En fin,  desatendiendo  la  naturaleza  de  la  impugnación  extraordinaria, antepone su  particular  punto  de vista al del fallador, sin tener en cuenta que prima el de  éste  porque  la sentencia impugnada viene precedida de la doble presunción de  acierto y legalidad.   

         Por  este  desviado  sendero  de  la  mera oposición de criterios  valorativos  transitan  también los cuestionamientos a la inferencia surgida de  las  circunstancias de no haber sellado la acusada la referida comunicación, no  radicarla,  ni  comentar su contenido con otras personas, frente a las cuales la  casacionista  afirma que “son potencialmente hechos  indicadores  derivados  de  la  recepción  del  documento  que  nunca  negó la  procesada,  más  no indicios sobre su responsabilidad como autora del delito de  falsedad  de  documento público”, aseveración que  entremezcla,  sin  intentar demostrar error alguno del Tribunal, con la crítica  acerca  de  la  forma  como  debieron  plantearse  y  respecto  de  su  menguada  eficacia.      

Similares  consideraciones  suscitan  las  objeciones   al   indicio   edificado   sobre  la  dificultad  que  tenían  los  particulares  para apoderarse del aludido documento público, pues la actora las  desenvuelve  a través de la descalificación de la eficacia concedida al mismo,  simplemente  porque  no  guardan coincidencia con el exiguo mérito que desde su  sesgada  perspectiva concita tal medio de prueba, ante los testimonios que ponen  en  entre  dicho  las  condiciones de seguridad de las instalaciones de Medicina  Legal.   

         El  acápite  final  del  cargo  lejos  de  disipar las advertidas  falencias   técnicas   las   acrecienta,  por  cuanto  la  defensora  concluye,  apartándose  de  todo lo deficientemente argumentado, que el dislate se produjo  “básicamente…por un desacierto en la inferencia  lógica”,   calificándolo  además  de  un  “ostensible y manifiesto error de derecho”,  sin  reparar  en  que  la  misma  sólo  es atacable en sede de  casación  por  la  vía del error de hecho por transgresión ostensibles de los  principios  de  la  sana crítica por ser el resultado de un proceso intelectual  valorativo.   

         En  síntesis, las anteriores consideraciones son suficientes para  reiterar  que  la  demanda  deberá  ser  inadmitida, lo cual conduce a declarar  desierta  la  impugnación  extraordinaria  interpuesta,  mediante decisión que  adquiere  ejecutoria  en  la  fecha  en  que  es  suscrita  y  no admite recurso  alguno.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   RESUELVE   

         INADMITIR la  demanda  de  casación  presentada  en  defensa  de  la  procesada  ORFA    CARVAJAL   MEDINA.    En  consecuencia,     declarar     desierta     la    impugnación    extraordinaria  interpuesta.   

         Contra  esta  providencia  no  procede  recurso alguno.   

         Cópiese, comuníquese y devuélvase al  Tribunal de origen.  Cúmplase,   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA  RIPOLL                               JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                                                  CARLOS           A.           GÁLVEZ  ARGOTE       

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                     ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR                                 NILSON  PINILLA     PINILLA                     

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia  de  diciembre 12 de 2000, M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll, radicado  12.560.     

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