18996(18-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    República   de  Colombia   

       

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 18996  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 200  

         Bogotá,  D.  C.,  dieciocho  (18)  de  diciembre  de  dos  mil uno  (2001).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la colisión de  competencias  que  se  suscita  entre  los  Juzgados  Sexto  Penal  del Circuito  Especializado  y  Treinta  Penal  del  Circuito  de  Bogotá, dentro del proceso  seguido   contra  John  Alexánder  Cuéllar  Dávila  o   Giancarlo   Ferrer  Daza,  Juan  David  Mejía  Ramírez   y   Hámilton  Oswaldo Carranza Fajardo.   

ANTECEDENTES  

         El  10  de  mayo  de  1999  funcionarios  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigación  de  la  Fiscalía  hallaron,  en  el camellón de la Avenida San  Nicolás,  vereda  La  Moya,  del  municipio de Cota (Cundinamarca), unos restos  humanos  correspondientes  a dos personas (una cabeza, un tronco y cuatro manos,  desmembrados),  restos  identificados  como de quienes en vida respondían a los  nombres  de  LUIS  ORLANDO  MAZO CARDONA y HUGO DANIEL ORJUELA HENAO, de quienes  sus  familiares  dijeron  que  laboraban  en  el  “Club  Nueva  Era”  de  la  transversal  27  número  118-54  de esta ciudad, lugar en el que el propietario  Giancarlo portaba armas de  fuego,   consumía   drogas   y   había   amenazado   a   HUGO   DANIEL  “por  sapo”.   

         La   Fiscalía  Seccional  de  Soacha  dispuso  allanar  el  lugar,  diligencia  que  se  realizó  el  14  de  mayo  de 1999 (fl. 36, C. 1), en cuyo  interior  se  encontraron  evidencias de que allí se realizaron los homicidios.  En  un  espacio  habilitado  en  el  techo  de  una habitación se encontró una  subametralladora  calibre .380 con su proveedor y accesorios, con referencia SAP  3805,  un  silenciador  y  un  proveedor,  varios  proyectiles,  14 calibre 7.65  milímetros y 17 calibre .380 y 10,6 gramos de marihuana.   

         El    28    de    mayo   de   1999   fue   capturado   Giancarlo   Ferrer   Daza,   quien   se  identificó    como    John   Alexánder   Cuéllar  Dávila   e   iba   en  compañía  de  Juan  David  Mejía Ramírez (que portaba  nueve   gramos   de   marihuana),  Hámilton  Oswaldo  Carranza  Fajardo  y Harold  Bernardo Salas Cuéllar (fl. 56, C. 1).   

         La  investigación  que por tales hechos se adelantó, culminó con  el  calificatorio  del  tres  de  mayo  de  2000,  mediante  el cual se acusó a  Giancarlo      Ferrer      Daza      o     John     Alexánder    Cuéllar  Dávila  como  autor de los delitos de fabricación y  tráfico  de  armas  de  fuego, fabricación y tráfico de armas de fuego de uso  privativo  de  las  fuerzas militares, uso de documento público falso, falsedad  personal  para  obtener  documento público, homicidio agravado e infracción al  artículo  34  de  la  ley  30  de  1986; a Juan David  Mejía  Ramírez como cómplice del homicidio y autor  de  fabricación  y  tráfico  de  armas  de  fuego y fabricación y tráfico de  estupefacientes;   y  a  Hámilton  Oswaldo  Carranza  Fajardo  en  calidad  de  autor  de encubrimiento por  favorecimiento  (fl.  141, C. 4). Esta decisión fue apelada y confirmada por la  segunda  instancia,  el  17 de octubre, previa modificación para deducir, sobre  el  homicidio,  únicamente  la  causal  de  agravación del artículo 324-7 del  Código Penal de 1980.   

         El  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito  Especializado  de Bogotá  inició  la fase del juzgamiento y, encontrándose en desarrollo de la audiencia  pública,  el  12  de  octubre de 2001 profirió auto en el que, tras citar como  soporte  la  decisión  de  esta  Sala  del  28 de septiembre (radicado 18.711),  concluyó  que  los  cargos  aluden  al “porte” de armas de fuego de defensa  personal  y de uso privativo de la fuerza pública, conductas que de conformidad  con  el  nuevo Código de Procedimiento Penal son de competencia de los juzgados  penales  del  circuito,  a  cuyo  reparto  remitió  el  expediente, proponiendo  conflicto negativo de competencia.   

         El  Juzgado  Treinta  Penal  del  Circuito, al que correspondió el  asunto,  no  aceptó la competencia porque la subametralladora fue encontrada en  el  techo  de  la  habitación,  lo  cual  equivale  a  que se “conservaba”,  conducta  que,  conforme  a  la  jurisprudencia  de  la Corte, está comprendida  dentro de la expresión “tráfico”.   

CONSIDERACIONES  

1.  De  conformidad  con  el  artículo  18  transitorio  del  nuevo  Código  de  Procedimiento  Penal  (ley  600  de 2000),  corresponde  a  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia  resolver  “los  conflictos  de  competencia  que se presenten en asuntos de la  jurisdicción  penal  entre  los Jueces Penales del Circuito Especializados y un  Juez Penal de Circuito”.   

2.  De los varios delitos por los cuales se  formuló  resolución  de  acusación,  los  jueces especializado y del circuito  sólo  difieren  en la competencia respecto de los relativos al arma encontrada,  conducta  que el primero describe como “porte”, en tanto que para el último  se “conservaba”.   

Los  artículos 365 y 366 del nuevo Código  Penal  (ley  599  de  2000),  con  la  adición  de  la conducta “traficar”,  recogieron  las  previsiones  de  los  artículos 1° y 2° del decreto 3.664 de  1986  que  fueran  declarados  permanentes por el 1° del decreto 2.266 de 1991.  Así,  el primero, bajo el título de “Fabricación, tráfico y porte de armas  de  fuego  o  municiones”,  define  como delictivas las conductas de importar,  traficar,  fabricar,  transportar,  almacenar,  distribuir, vender, suministrar,  reparar   o   portar  “armas  de  fuego  de  defensa  personal,  municiones  o  explosivos”.  Por  su  parte,  el  366 describe la “Fabricación, tráfico y  porte  de  armas  y  municiones  de  uso privativo de las fuerzas armadas” que  consiste   en  importar,  traficar,  fabricar,  reparar,  almacenar,  conservar,  adquirir,  suministrar  o  portar  “armas o municiones de uso privativo de las  fuerzas armadas”.   

3. Como quiera que las normas que, tanto en  el  anterior  estatuto  procesal  (decreto 2.700 de 1991) como en el actual (ley  600  de  2000),  regulan  la  competencia en lo que corresponde a esas conductas  punibles,  hacen  referencia a algunos o varios de los comportamientos descritos  por  el  legislador penal, se hace necesario delimitar el alcance de cada uno de  ellos.   

Debe  partirse  de  la  premisa  de que las  palabras  de la ley han de entenderse en su sentido natural y obvio, esto es, el  gramatical,  “pero  cuando  el  legislador las haya definido expresamente para  ciertas  materias,  se  les dará en éstas su significado legal”, según reza  el  artículo  28  del  Código  Civil.  De  ahí  surge  que  la  acepción  de  porte debe ser la prevista  por  el  artículo  17 del decreto 2.535 de 1993, según el cual, “Se entiende  por  porte de armas y municiones la acción de llevarlas consigo, o a su alcance  para defensa personal”.   

Mientras     tanto,     Conservar  es  mantener  una  cosa  con  ánimo  de  permanencia,  esto  es,  guardarla  con  cuidado, con perseverancia,  estabilidad  o  inmutabilidad,  o,  lo  que es lo mismo, con la intención de no  despojarse de ella, al menos en el corto tiempo.   

Los  límites  que  se observan entre una y  otra  acepción,  en veces se muestran sutiles, pero es necesario considerarlos,  en  especial  en  aquellos  eventos en que uno u otro comportamiento signifiquen  cambio  de  competencia.  Una tal delimitación de conceptos corresponde hacerla  en  cada  caso  concreto  dilucidando  con  base  en  las  pruebas recaudadas el  propósito  que  animaba al sujeto pasivo de la acción penal, ocurrido lo cual,  deberá  escogerse  la conducta típica que con mayor riqueza descriptiva recoja  en su integridad el comportamiento investigado.   

4.  En  el  caso  objeto  de  decisión, la  diligencia  de  allanamiento  del  14 de mayo de 1999 (fl. 36, C. 1), arrojó el  hallazgo  de  una  subametralladora  con un silenciador, elementos que, no queda  duda,  el legislador describe como de uso privativo de la fuerza pública en los  artículos  8°  y  15  del  decreto  2.535 de 1993. Para dilucidar el conflicto  suscitado,  debe considerarse que los objetos bélicos se hallaron en un espacio  habilitado en el techo de una habitación.   

Si,  como queda claro, “portar” implica  llevar  consigo el objeto para su defensa, se concluye que asiste razón al juez  del  circuito,  por  cuanto  las  armas no tenían esa disposición respecto del  agente  activo  del  delito, como tampoco la de estar a su alcance, esto es, que  fueran  de  fácil consecución, pues por el contrario se guardaban con especial  cuidado  dentro  de  un  hueco  abierto  en  el  techo, circunstancias que en su  integridad recoge la acción “conservar”.   

5. Siguiendo los lineamientos de la Sala, se  tiene  que “De las conductas a que se refiere el artículo 366 ibídem, son de  competencia  del  juez  penal  del  circuito especializado, la fabricación y el  tráfico  de  armas  de  fuego  de  uso  privativo de las Fuerzas Militares y de  municiones   para   las   mismas,  entendiendo  en  la  expresión  ‘tráfico’, la importación, la reparación, el  almacenamiento,     la    conservación, la adquisición y el suministro”.   

“Y  son  de  competencia  del  juez  del  circuito,  el  porte  de  armas  de  uso  privativo  de las Fuerzas Armadas y de  municiones    para    las   mismas”   (Subrayas   no   originales)1.   

De  lo  anterior  concluye  la  Sala que la  competencia  para  seguir  conociendo el juicio radica en el Juzgado Sexto Penal  del  Circuito  Especializado de Bogotá, porque el artículo 5-5 transitorio del  Código  de Procedimiento Penal le adjudicó el conocimiento de la conservación  de armas de fuego de uso restringido de la fuerza pública.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

         1.  Asignar  la  competencia  para  conocer del juzgamiento seguido  contra  John Alexánder Cuéllar Dávila o  Giancarlo  Ferrer  Daza  y  otros,  al  Juez  Sexto  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bogotá.   

         2.  Comunicar  esta decisión al Juez Treinta Penal del Circuito de  esta capital.   

         Cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                          JORGE   E.  CÓRDOBA  POVEDA             

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN            NILSON E.  PINILLA     PINILLA                              

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1 Auto  del  28  de  septiembre  de  2001, radicado 18.711, M. P. JORGE ENRIQUE CÓRDOBA  POVEDA.     

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