18346(19-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18346  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE E. CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N° 201  

Bogotá D. C., diecinueve (19) de diciembre de  dos mil uno (2001).   

V I S T O S  

Resuelve  la  Corte  sobre  una  solicitud de  prescripción  de la acción penal y sobre la admisibilidad formal de la demanda  de  casación  presentada  conjuntamente  por  los  defensores  de  HÉCTOR   ANIBAL   LÓPEZ,   ANGELBERTO   VÉLEZ   PATIÑO  y  EDGAR  SANTAMARÍA PERDOMO.   

A N T E C E D E N T E S  

1.-   El  juzgador  de segunda instancia  sintetizó los hechos así:   

“Por  irregularidades  acaecidas  desde  el  año de 1988 en la Alcaldía Municipal de  Yumbo  (Valle),  se  denunciaron  unos  hechos,  los  cuales inicialmente fueron  conocidos  por  la Procuraduría Regional de esta capital (Cali) y la Oficina de  Investigaciones  Especiales  de la Procuraduría General de la Nación, en donde  se  da  cuenta  de  múltiples contratos celebrados sin las debidas formalidades  legales  y  peculados  por  apropiación,  todo  lo  cual  llevó  a  que fueran  denunciados   diversos   funcionarios   de   la   administración   municipal  y  particulares  con  ellos  relacionados”.     

2.-  El Juzgado Diecinueve Penal del Circuito  de   Cali,   mediante  sentencia  del  24  de  agosto  de  2000,  los  condenó,  así:   

2.1.   A  Héctor  Aníbal  López  y Angelberto  Vélez  Patiño  a las penas principales de 8 años de  prisión,  multa  de  $2.000.000,oo y a la interdicción de derechos y funciones  pública  por el mismo lapso de la pena privativa de la libertad, como coautores  del   delito   de   peculado   por   apropiación   en   concurso  homogéneo  y  sucesivo.   

2.2.   A   Edgar  Santamaría  Perdomo a las penas principales de 8 años  y  6  meses de prisión, multa de $2.000.000,oo y a la interdicción de derechos  y  funciones  pública  por  el mismo lapso de la pena privativa de la libertad,  como  coautor del delito peculado por apropiación, cometido en cinco ocasiones,  en concurso homogéneo y sucesivo.   

3.-  Apelado el fallo por los defensores  de  los sentenciados, el Tribunal Superior de Cali, al desatar el recurso, el 12  de  enero  de  2001,  lo  confirmó  en  su  integridad,  decisión  que  cobró  ejecutoria material el 25 de enero de la misma anualidad.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

Un solo escrito presentaron los defensores de  los  tres  procesados y en él, luego de referirse a los hechos y de comentar la  decisión  del  sentenciador  de  segundo  grado,  sostienen  que  demandan  con  fundamento  en  el artículo 220 del C. de P.P., por ser la sentencia violatoria  de la ley sustancial.   

En el capítulo que denominaron “CONCEPTO DE  LA  VIOLACIÓN”, aseveran que la transgresión es por la vía indirecta frente  al  artículo  133 del Código Penal, pues el sentenciador consideró que estaba  determinada la cuantía de lo apropiado.   

Afirman  que  la  violación  se  debió a la  comisión  de  un  error  de  hecho,  al darle equivocadamente mérito a “unos  informes  parciales,  incompletos  e  inexactos”  de  los  funcionarios  de la  Contraloría  y  la  Procuraduría  en  los  que  se basó el juez para fijar la  cuantía  y,  por  ende,  para  deducir  la  pertinencia en la imputación de la  agravante   punitiva   de   que   trata   el   inciso   segundo   de  la  citada  disposición.   

Igualmente sostienen que el yerro del Tribunal  consistió   en   considerar   que  el  valor  de  lo  apropiado  podía  quedar  “indeterminado”  en  la  resolución  de  acusación,  lo  que contraría la  posición  de  la  Sala  Penal  de  la  Corte  Suprema  de  Justicia1 que transcribe,  olvidando   que  lo  procedente  era  aplicar  la  norma  pero  sin  agravación  alguna.   

La prueba de ello, sostienen los censores, se  encuentra  en  las conclusiones a las que llegó el instructor en la resolución  de  acusación,  y  que  pasan  a detallar, anunciando el tipo de contrato y las  afirmaciones  del  acusador de que era necesaria la designación de peritos para  que tasaron los montos de la contratación y de la apropiación.   

Reiteran que el Tribunal se equivocó al dejar  “indeterminada”  la cuantía y eludir la demostración de que era superior a  los  quinientos  mil pesos, siendo necesario que en la acusación se determinara  concretamente  esa  suma,  por  ello, al aplicar la agravante se incurrió en un  indebida aplicación del inciso segundo del artículo 133 del C.P..   

Con base en lo anterior, solicitan se case la  sentencia y se “revoque la agravante” deducida.   

LA     CORTE  CONSIDERA   

Una    acotación  preliminar   

Estando  el  proceso  ante  esta  Sala  para  resolver  acerca  de  la  casación  interpuesta  contra  el  fallo  de  segunda  instancia,    el    defensor    de   Héctor   Anibal  López  solicita se cese todo procedimiento a favor de  su  procurado,  toda  vez  que  la  acción  penal  adelantada  por el delito de  peculado   por   apropiación  se  extinguió  por  el  transcurso  del  tiempo.   

Dice que teniendo en cuenta los artículos 80,  82  y  84  del  Código  Penal, el término de prescripción es, en la etapa del  juicio,  de  diez  años,  razón  por  la  cual si la resolución de acusación  quedó  ejecutoriada  el 11 de junio de 1991 “y desde  esa  fecha  hasta hoy han pasado más de diez años”,  se impone la declaratoria de dicho fenómeno procesal.   

Al  respecto,  debe  decirse que el delito de  peculado  por  apropiación  previsto  en  el  artículo  133 del Código Penal,  vigente  para  la  época de los hechos, que les fuera imputado a los procesados  en  la  resolución de acusación, contemplaba una pena privativa de la libertad  que  oscilaba  entre  4  y  15  años  de  prisión,  por razón del valor de lo  apropiado.   

Sin embargo, como quiera que los procesados al  momento  de  la  comisión  de  los  hechos  ostentaban la calidad de servidores  públicos,  al tenor de los artículos 82, 83 y 86 del Código Penal (ley 599 de  2000),  ibidem,  para  efectos  de  la  prescripción de la acción penal, deben  contabilizarse  diez  años,  a  partir  de  la  ejecutoria de la resolución de  acusación,  conforme  lo  ha reiterado la jurisprudencia de la Sala y lo acepta  el memorialista.   

Ahora bien, es incuestionable que la sentencia  de  segunda  instancia  quedó ejecutoriada el 25 de enero del presente año, de  acuerdo  con  lo  reglado por el artículo 218 del C. de P. Penal, subrogado por  el artículo 1° de la Ley 553 de 2000, entonces vigente.   

Aunque  la  citada disposición fue declarada  parcialmente  inexequible por la Corte Constitucional, mediante sentencia del 28  de  febrero  de  2001 (C-252), tal determinación, al tenor de lo previsto en el  artículo  45  de  la  Ley  270  de  1986,  Estatutaria de la Administración de  Justicia,  sólo  produce  efectos  hacia  el  futuro,  y  sin que la mencionada  Corporación  hubiere decidido lo contrario, motivo por el cual se debe concluir  que  el  proceso  penal  terminó  con  sentencia ejecutoriada, sin  que se  hubiera  cumplido  el  término de prescripción, ya que entre el 11 de junio de  1991,  en  que quedó ejecutoriada la resolución de acusación y el 25 de enero  de  2001  en que cobró ejecutoria la sentencia de segunda instancia, no habían  transcurrido  10  años,  por  lo  que  no  es procedente declarar tal fenómeno  procesal.   

El     asunto  principal   

La  demanda  de  casación presentada por los  defensores  de  los  sentenciados,  no  reúne  los  requisitos  de  claridad  y  precisión  que estatuía el artículo 225 del C. de P. Penal (Decreto 2700/91),  subrogado por el 8° de la Ley 553 de 2000, vigente por la época.   

Entre   sus   desatinos   se  destacan  los  siguientes:   

Aunque dice cuál fue la vía y en sentido de  vulneración  de  la  ley sustancial y señala cuál fue la naturaleza del yerro  cometido  por  el Tribunal, a saber, de hecho, sin embargo, no dice cuál fue el  falso  juicio que la determinó, si de existencia o de identidad, o si se debió  a  un  falso  raciocinio,  por  desconocimiento  de  los  postulados  de la sana  crítica.   

Así   mismo,   en   forma   imprecisa   y  contradictoria,  en  el desarrollo de la censura, en ocasiones se orienta por el  falso  juicio  de  existencia, cuando asevera que se eludió la demostración de  que  la cuantía era superior a $500.000, esto es, que al dar por demostrado tal  hecho  se  supuso  la  prueba,  pero  al mismo tiempo asegura que la cuantía se  tomó  de  los  informes  de  la  Procuraduría  y  de  la Contraloría y,   además,     que     el     valor    de    lo    apropiado    quedó    en    la  indeterminación.   

Lo  único  que  aparece  claro  es  que  los  censores  se  oponen  al  mérito  otorgado  por  el sentenciador a los mentados  informes,  desconociendo  que  esa discrepancia no configura desatino demandable  en   casación,  prevaleciendo  el  criterio  del  sentenciador,  por  venir  la  sentencia amparada por la doble presunción de acierto y legalidad.   

Ahora  bien, si lo pretendido era mostrar que  al   apreciar  los  mentados  informes,  los  sentenciadores  desconocieron  los  postulados  de la sana crítica, han debido orientar el reproche por la vía del  error  de hecho por falso raciocinio, indicando cuál fue la ley científica, el  principio  lógico  o la regla de experiencia común infringidos, de qué manera  lo  fueron  y cómo ese yerro los llevó a declarar una verdad fáctica distinta  de la que revela el proceso, lo que no hicieron.   

Frente a los anotados yerros de la demanda, se  impone  su  inadmisión,  de  acuerdo  con lo que disponía el artículo 226 del  Decreto  2700/91, modificado por el 9° de la Ley 553/00, aplicable a este caso,  pues   la   Corte,   en  acatamiento  al  principio  de  limitación,  no  puede  corregirlos.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

1.-   Negar  por  improcedente  la petición de prescripción de la acción penal elevada por  el defensor de HÉCTOR ANIBAL LÓPEZ.   

2.-   INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre de los procesados HÉCTOR   ANIBAL   LÓPEZ,   ANGELBERTO   VÉLEZ   PATIÑO  y  EDGAR  SANTAMARÍA   PERDOMO.  En  consecuencia,  se  declara  desierta la casación interpuesta.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso,  conforme  a lo dispuesto por los artículos 226 y 197 del C. de P. P.,  (Decreto 2700 de 1991, aplicable a este caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                          CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

                    

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN                                          NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria     

1  Sentencia del 27 de mayo de 1999.     

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