18102(31-07-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  18102   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 087.  

          Bogotá D.C., treinta y uno de julio de dos mil tres.   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Corte  de  fondo sobre la  demanda  de  casación presentada contra el fallo de segunda instancia proferido  por  el  Tribunal  Superior de Ibagué el 5 de octubre de 2000, confirmatorio de  la  sentencia dictada el 24 de diciembre de 1999 por el Juzgado Único Penal del  Circuito   Especializado   de  la  misma  ciudad,  por  cuyo  medio  condenó  a  WILSON  JAIR  PAZ RIVERA a la  pena  principal  de  37  años  y  6 meses de prisión y multa de 83.34 salarios  mínimos  legales  mensuales, como coautor penalmente responsable de los delitos  de homicidio agravado, hurto calificado y agravado, y rebelión.   

El  Procurador  Cuarto  Delegado  para  la  Casación  Penal sugiere a la Corte no casar el fallo impugnado porque el libelo  presenta     insubsanables     defectos    de    técnica    y    ausencia    de  fundamento.   

HECHOS  

Fueron  adecuadamente  sintetizados  por  el  ad  quem  en  el  fallo  de  segunda instancia, así:   

“El veintiséis  de   septiembre  de  mil  novecientos  noventa  y  siete  en  la  población  de  Palocabildo  Tolima  fue  atacada  por  varios  individuos  una  patrulla  de la  policía  que  custodiaba  el  dinero  que  había llegado con destino a la Caja  Agraria de esa localidad”.   

“Los autores del  asalto   de   apoderaron   de  doscientos  cincuenta  millones  de  pesos  m/cte  ($250.000.000.oo)  así  como del armamento de los sorpresivamente agredidos. En  el  mismo  acto  violento perdió la vida el agente Eder Rodríguez Monterrosa y  resultaron  gravemente  heridos Wilfredo Cabrera Pérez, José Vargas Gutiérrez  y  José  Antonio  Sánchez  Conde,  al igual que un empleado de seguridad de la  empresa Thomas Greison´s”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  1º  de  octubre  de  1997  miembros del  Batallón   de   Infantería  No.  16  Patriotas  aprehendieron  a  WILSON   JAIR  PAZ  RIVERA  poniéndolo  a  disposición   de   la   Fiscalía   Regional   Delegada  ante  la  SIJIN  del  Tolima,  que  ordenó  al día  siguiente  la  apertura  de  la instrucción, en cuyo marco lo vinculó mediante  indagatoria,  definiéndole  su  situación jurídica el 22 de octubre siguiente  con  medida  de  aseguramiento  de  carácter  detentivo  sin derecho a libertad  provisional,  como  presunto  coautor  del  concurso  de  delitos  de rebelión,  homicidio agravado y hurto calificado y agravado.   

Cerrada  la  investigación, el 8 de mayo de  1998  se  calificó  el  mérito  del  sumario  con resolución de acusación en  contra  de  WILSON  JAIR  PAZ  como  posible  coautor  de los delitos que motivaron la imposición de medida de  aseguramiento;  esta providencia fue confirmada el 4 de noviembre de 1998 por la  Fiscalía   Delegada  ante  el  Tribunal  Nacional  al  desatar  el  recurso  de  apelación interpuesto por el defensor del procesado.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  a  un Juzgado Regional de Bogotá, donde una vez surtido el rito correspondiente  se  citó  para  sentencia  y  fue  surtido  el  traslado dispuesto para que los  sujetos  procesales  presentaran  sus  alegatos.  En  virtud  de  la  entrada en  vigencia  de  la  Ley  504  de 1999 la actuación fue remitida al Juzgado Único  Penal  del  Circuito Especializado de Ibagué, el cual profirió sentencia el 24  de  diciembre  de 1999, por cuyo medio condenó al procesado a la pena principal  de  37  años  y  6 meses de prisión y multa de 83.34 salarios mínimos legales  mensuales,  y  a la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  por  10 años, como coautor penalmente responsable de los delitos por los que se  le  acusó. También se le condenó al pago de los perjuicios derivados de tales  conductas.   

Interpuesto  el recurso de apelación por el  defensor  contra  el  fallo  de primer grado, el Tribunal Superior de Ibagué lo  confirmó  en  todas sus partes mediante sentencia del 5 de octubre de 2000, que  ahora es objeto de impugnación extraordinaria.   

LA DEMANDA  

El  defensor  plantea  un  solo  cargo  por  violación  directa de la ley sustancial (falta de aplicación del artículo 127  del anterior estatuto penal) que fundamenta y desarrolla así:   

La norma citada en precedencia disponía que  los  rebeldes  o  sediciosos  no  quedarían  sujetos  a  pena  por  los delitos  cometidos  en combate, siempre que no constituyeran actos de ferocidad, barbarie  o  terrorismo.  Mediante  sentencia C-456 del 23 de septiembre de 1997, la Corte  Constitucional  declaró  la inexequibilidad del referido precepto, así como la  del  artículo 184 del Código Penal Militar (Decreto 2550 de 1988), providencia  que  fue  publicada  en  el Tomo 9 de la “Gaceta de la Corte Constitucional”  correspondiente al mes de septiembre de 1997.   

Por   tanto,   concluye   el  censor,  que  “para  el  26  de  septiembre  de 1997, fecha de los  hechos  por  los que se investigó y juzgó al, hoy, sentenciado WILSON JAIR PAZ  RIVERA,  la  Sentencia No. C-456 de la Corte Constitucional, de 23 de septiembre  del  año  citado,  aún  estaba  en proceso de notificación, no había cobrado  ejecutoria  y  por  lo tanto el art. 127 del Código Penal (Decreto 100 de 1980)  estaba  aún  vigente,  porque dicha sentencia no había adquirido la categoría  judicial         de        cosa        juzgada        constitucional”.   

Manifiesta  el  demandante  que el procesado  aceptó  que  formaba  parte  del grupo “Bolcheviques  del  Líbano”  que  actuaba  bajo  las orientaciones  ideológicas    del   “Ejército   de   Liberación  Nacional”  (ELN)  con  el  propósito de derrocar el Gobierno Nacional y suprimir o  modificar  el  régimen  constitucional  y  legal  vigente  con el empleo de las  armas,  comportamiento  que  se  adecua  a las exigencias objetivas y subjetivas  establecidas  en  la  ley para el delito de rebelión, todo lo cual se encuentra  acreditado probatoriamente en la actuación.   

Y  agrega  que los hechos investigados, esto  es,  el  apoderamiento  violento  de  $250.000.000  que  la empresa de seguridad  Thomas  Greison´s  transportaba  para  la  Caja  Agraria, en cuyo desarrollo se  produjo   la   muerte   del   Agente   de   la  Policía  Nacional  Eder  Rodríguez  Monterosa y las lesiones  del     Dragoniante     José    Antonio    Sánchez  Conde,    del    Agente    Patrullero   Wilfredo  Cabeza  Pérez  y del particular  Fernando  Camargo  Raigoso,  ocurridos  el  26 de septiembre de 1997, tuvieron lugar en medio de un combate –  entendido  en sentido amplio – entre el referido grupo subversivo y los miembros  de la Fuerza Pública que protegían el traslado del dinero.   

          En  consecuencia,  señala  el  defensor  que  para  el  día en que  sucedieron  los  acontecimientos  que  motivaron  este  proceso, la sentencia de  inexequibilidad  del  artículo 127 del anterior Código penal estaba en proceso  de  notificación,  sin  que  aún hubiera cobrado ejecutoria ni “categoría     de     cosa     juzgada    constitucional”.    

          Así  las  cosas,  considera  que  el fallo atacado violó de manera  directa  la  ley  sustancial,  por falta de aplicación del precepto mencionado,  que  se  encontraba  vigente para cuando ocurrieron las conductas por las cuales  fue   condenado  WILSON  JAIR  PAZ  RIVERA,  “con  lo cual se le hizo más gravosa  su  situación,  porque  bien pudo ser condenado a una pena entre 5 y 9 años de  prisión  nada más y no a la de 37 años y 6 meses de prisión que se le dedujo  en  dicha  providencia, teniendo en cuenta que por ninguna parte en la sentencia  que  es  materia  de  impugnación se afirma que los hechos por los cuales se le  condenó  tuvieran  la  categoría  de  ferocidad,  barbarie  y  terrorismo, los  cuales,  por  lo  demás,  fueron  la  consecuencia de un combate entre el grupo  subversivo      y      alzado      en      armas     denominado     ‘Bolcheviques  del  Líbano’  y  efectivos de la Policía Nacional  por   la   protección   y   apoderamiento   de  la  su  suma  de  dinero  antes  indicada”.   

También  expresa  el  defensor  que como el  ad   quem  no  aplicó  el  artículo  127  del  anterior  estatuto penal incurrió en un error in  iudicando,  pues  no tuvo en cuenta el  principio  de  legalidad  ni  el  principio  de  favorabilidad, en perjuicio del  sentenciado.   

Precisa  el casacionista que su representado  fue  condenado  por  penas  que  en su caso particular eran inaplicables, ya que  así  lo  disponía  la norma cuya falta de aplicación reprocha en el libelo, y  por   ello   reclama   que  se  hagan  “los  ajustes  correspondientes  relacionados  con  la  multa  impuesta,  la  pena accesoria de  interdicción   de   derechos   y  funciones  públicas  y  la  liquidación  de  perjuicios,        tanto        morales        como       materiales”.   

Con fundamento en lo expuesto, el demandante  solicita  a  la  Corte  casar  el  fallo  atacado  y  dictar  la  sentencia  que  “en    derecho    y    en    justicia” corresponda.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador  Cuarto  Delegado  para  la  Casación  Penal  sugiere  a la Corte no casar el fallo impugnado en atención a  que  el  libelo  presenta  insubsanables  defectos  de  técnica  y  ausencia de  fundamento   en   los   argumentos   planteados,  con  base  en  las  siguientes  razones:   

          Comienza    por    señalar    que    le    asiste   “holgada  razón  al  demandante  cuando  se  apoya  en  la  falta de  agotamiento  de  la  notificación  de  la  sentencia  de  inexequibilidad, para  pregonar  también  con  acierto  que la norma contenida en el artículo 127 del  Código  Penal  anterior  aún  mantenía  su  vigencia  para  la  fecha  de  la  ocurrencia  de los hechos el 26 de septiembre de 1997, opinión que coincide con  el  criterio  de  la  Sala  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia”.   

Aduce el Delegado que la calidad de sedicioso  del  procesado  está  fuera  de discusión, pues así lo señala su confesión,  corroborada con la prueba testimonial y documental recaudada.   

Pese  a  lo expuesto, el Ministerio Público  señala  que  la  censura  no  tiene  posibilidad  de  prosperar “por    incurrir    en    insubsanables    defectos    de   técnica,  irreconciliables  con  el  principio  de  autonomía  que  gobierna  el  recurso  extraordinario  de  casación,  sin contar que también se manifiesta carente de  todo fundamento”.   

En  efecto,  señala  que  en  punto  de  la  violación  directa  de la ley sustancial debe el actor aceptar los hechos y las  pruebas  como fueron asumidos por el juzgador, circunstancia que no se evidencia  en   este   asunto,  pues  en  el  fallo  atacado  se  expresó  “que   no   se   trató   de   un   convencional  combate”  y  que  se  tratabó  de un “acto de  barbarie  al no permitir en manera alguna la defensa de esas personas una de las  cuales  falleció  en  el  acto  quedando  otras  gravemente heridas”.   

          Por  el  contrario,  señala  el  Delegado, el actor asumió que sí  hubo  combate  entre el grupo subversivo y los miembros de la Policía Nacional,  y   que   en  ninguna  parte  del  fallo  atacado  se  afirma  que  los  sucesos  “por   los   cuales  se  le  condenó  tuvieron  la  categoría      de      ferocidad,     barbarie     y     terrorismo”.   

          Además  expone  que  en  la  sentencia  de  primer  grado  se  dijo  expresamente  que  “No  existió combate sino que se  actuó  con  ferocidad,  barbarie  y  por  que  no  decirlo  bajo el imperio del  terrorismo”;  a  su  vez  resalta que también en la  resolución  de acusación se descartó la ejecución de los hechos investigados  con ocasión de una confrontación armada.   

          En  suma,  el Ministerio Público manifiesta que si bien en el fallo  atacado   se  reconoció  que  los  sucesos  fueron  cometidos  por  rebeldes  o  sediciosos,  no  se  admitió  que ocurrieron en desarrollo de un combate, y que  fueron  ajenos  a  actos de ferocidad, barbarie o terrorismo, como lo asumió el  actor sin sujeción a la vía por la cual encausó su reproche.   

Adicional  a lo señalado expresa que según  las  sentencias  del  6  de junio de 2000 y del 27 de mayo de 1999 de esta Sala,  por   combate  debe  entenderse  el  “enfrentamiento  armado  de  carácter  militar,  regular  o  irregular, colectivo determinado en  tiempo  y espacio con el propósito de someter al contrario y con el fin último  de   imponer   un   nuevo   régimen   constitucional  o  derrocar  el  Gobierno  Nacional”.   

Por  tanto,  puntualiza,  que en este asunto  “se  trató de una acción de despojo de una suma de  dinero   a   unos   particulares,  que  acompañados  de  agentes  de  Policía,  transitaban  por  la  zona  urbana  del municipio de Palocabildo (Tolima) con un  propósito  totalmente  ajeno  a  enfrentar  guerrilleros,  de  tal forma que se  estaba  frente  a  civiles  inermes  sobre  quienes  se utilizó la violencia en  extremo  letal,  que no por provenir de un grupo subversivo, se debe entender la  conducta  realizada  como  configurativa  únicamente  del  delito de Rebelión,  mucho  menos  confundírsela  con  acciones  propias del combate con las fuerzas  regulares de la Nación”.   

También  aduce  que  en  la  actuación  se  acreditó  que efectivamente se trató de un acto de barbarie, como lo asumieron  los  falladores,  teniendo  en cuenta para ello la manera como se desarrolló el  ataque  abriendo  fuego  contra  el  convoy  para  doblegar  la  poca  o ninguna  resistencia  que podría ofrecer, así como el sitio escogido para llevar a cabo  el  comportamiento,  esto  es,  el casco urbano de la población, y el numero de  rebeldes  que intervinieron, cercano al medio centenar, lo cual denota fiereza y  desproporcionado  e innecesario ejercicio de la fuerza, circunstancia que impide  aceptar    la    propuesta    del    impugnante    por   carecer   de   sustento  probatorio.   

          Con  fundamento en lo expuesto el Ministerio conceptúa que el cargo  formulado no puede prosperar.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Tiene dicho la Sala que constituye requisito  sine   qua   non  para  la  procedencia  de  la  censura  por  la  vía  directa,  que  el demandante acepte  íntegramente  los  hechos  que se estiman acreditados en el fallo atacado, así  como  la  validez de las pruebas y la valoración que de ellas hizo el juzgador,  pues   el   reproche   que   aquí   se  produce  es  estricta  y  rigurosamente  jurídico-conceptual,  esto es, el debate tiene por objeto de manera exclusiva y  cerrada  la disposición legal pura e independiente, en cuanto no se trata de un  asunto  de  valoración  probatoria,  sino  de falta de aplicación, aplicación  indebida o interpretación errónea de la ley.   

           Por  tanto,  quien  demanda  no  puede  sustraerse  a  la  valoración  judicial  de  las  pruebas contenida en el fallo  atacado,  esto  es, a la forma en que los falladores asumieron el aporte de cada  una  de  ellas  para  adoptar su decisión, sino que tiene el deber de demostrar  que  pese  a  la  correcta  apreciación  de  los  medios probatorios que fueron  tenidos  como  válidos por parte de los funcionarios judiciales, estos violaron  preceptos  sustanciales en la medida que no dieron a los elementos fácticos que  tuvieron  como  demostrados,  la respectiva consecuencia jurídica señalada por  el legislador.   

En  el caso objeto de estudio se observa que  si  bien el demandante selecciona adecuadamente la vía para plantear la posible  falta  de  aplicación  de  un  precepto  sustancial  que estima vigente para el  momento  en que ocurrieron los sucesos, pronto se advierte sin dificultad alguna  que  no  acepta  los hechos tal como fueron asumidos en el fallo atacado, pues a  partir   de   una   valoración   probatoria   opuesta  a  la  del  ad  quem reconstruye el acontecer fáctico  de  una manera diversa, con ostensible quebranto de la técnica propia del cargo  que postula.   

          Así, pues, el impugnante expresa que:   

“…por  ninguna  parte  en la sentencia que es materia de impugnación  se  afirma  que  los hechos por los cuales se le condenó tuvieran la categoría  de  ferocidad,  barbarie  y  terrorismo,  los  cuales,  por lo demás, fueron la  consecuencia  de  un  combate  entre  el  grupo  subversivo  y  alzado  en armas  denominado  ‘Bolcheviques  del  Líbano’ y efectivos  de  la  Policía  Nacional  por  la protección y apoderamiento de la su suma de  dinero antes indicada”.   

          Con  lo  anterior  desconoce  de manera ostensible lo expuesto en el  fallo  de  primer  grado,  que  integra  una  sola  unidad  con  el  de  segunda  instancia:   

“…el  querer  de  todo el grupo guerrillero que actuaba era el de dar  muerte  a  quienes  escoltaban  el  helicóptero y el carro que transportaba los  valores,  con el propósito de apoderar del dinero, lo que en efecto ocurrió, a  sabiendas  que  se  trataba  de  Agentes  de la Policía y más allá con el fin  inequívoco   de  contrarrestar  las  funciones  propias  que  les  había  sido  encomendadas.  En pocas palabras, no existió combate,  sino  que  se  actuó  con  ferocidad,  barbarie,  y por que no decirlo, bajo el  imperio    del   terrorismo”   (negrillas   en   el  texto).   

          A  su  vez,  también  se aparta el demandante de lo indicado por el  ad  quem en el fallo atacado  sobre el particular:   

“…no se trató  de   un   convencional   combate,  valga  decir,  de  conformidad  con  las  pautas del Derecho Internacional Humanitario, sino de una  emboscada  –a mansalva y  sobresegura-  mediante  la  cual se sorprendió no sólo a quienes transportaban  sino  a  aquellos  que  custodiaban  el  traslado  del  dinero, constituyéndose  entonces   en   un   acto   de  barbarie  al  no  permitir en manera alguna la defensa de esas personas una  de    las    cuales   falleció   en   el   acto   quedando   otras   gravemente  heridas” (subrayas fuera de texto).   

Más  adelante  en  la  misma  decisión  se  precisó:   

“…innegable  es  que  al  ser  evaluado  armónicamente  el  material  probatorio  debe  responder,  -tal  cual  acertadamente lo determinó el juez de  primera   instancia-,   además   de   la   rebelión,   por   los  actos   cometidos   fuera   de   combate  endilgados   en  la  resolución  de  acusación…”  (subrayas fuera de texto),   

De   las   anteriores  transcripciones  se  evidencia  que  el  censor  no  acepta  las  apreciaciones  de los falladores de  primera  y  segunda  instancia en punto de la ausencia de combate y la presencia  de  actos  de  barbarie  y  ferocidad, desacuerdo que le imposibilita postular y  desarrollar  de  manera  adecuada  el  cargo  por  violación  directa de la ley  sustancial,  pues  apartándose  de  las conclusiones de las instancias y de las  valoraciones  probatorias que las sustentan insiste desde su particular forma de  asumir  los  hechos  que  sí hubo combate, y que no se presentaron conductas de  ferocidad  y  barbarie, con lo cual intenta oponer su particular valoración del  suceso  a  la  contenida  en  el  fallo, olvidando que un cuestionamiento de tal  naturaleza  debe  postularlo  al  amparo  de  la  violación indirecta de la ley  sustancial.   

A  pesar  de las observaciones anteriormente  señaladas  que  de  suyo conducen a la desestimación del cargo por la palmaria  falta  de  técnica en su presentación y desarrollo, menester resulta expresar,  como  lo  destacó  el  Tribunal  en  las  citas  anotadas  en precedencia, y lo  señaló  el  Procurador  Delegado en su concepto, que la actuación señala que  no  se  trató  de un combate librado entre las fuerzas del estado y el grupo de  subversivos,  sino  del  apoderamiento  de  una  suma de dinero transportada por  civiles  con  la  protección  de  miembros  de la Policía Nacional, en la zona  urbana  del  municipio  de Palocabildo (Tolima), con excesivo y desproporcionado  uso  de  la  fuerza  física,  dado  el número de subversivos que intervinieron  (cerca  de  cincuenta)  y  la  manera  en  que  causaron  la  muerte  al  agente  Eder  Rodríguez Monterrosa y  las  graves  heridas  a  Wilfredo Cabrera Pérez, José  Vargas  Gutiérrez  y  José Antonio Sánchez Conde, al  igual  que  a  un  empleado  de  seguridad  de  la  empresa  Thomas  Greison´s,  circunstancia    que    denota    además,   la   ferocidad   y   barbarie   del  comportamiento.   

Por las razones anteriores, como con acierto  lo  señala  el  Delegado,  adicional  a  la  falta de técnica casacional de la  demanda,  se  advierte  que  carecen  de razón y de sustento los argumentos del  censor  como  para desvirtuar la presunción de acierto y de legalidad de la que  está   revestido   el   fallo,   motivo   por  el  cual  no  es  procedente  su  casación.   

CUESTIÓN  FINAL   

          Habida  cuenta  que  con  ocasión  del  tránsito legislativo de la  normatividad  penal,  el  sentenciado puede eventualmente tener derecho a que se  redosifique  la  pena  impuesta  en  aplicación del principio de favorabilidad,  considera  la  Sala  que al no ser casado el fallo impugnado y cobrar ejecutoria  la  decisión  de  condena,  compete al Juez de Ejecución de Penas pronunciarse  sobre ello.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO CASAR la sentencia recurrida.  

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Comisión    de  servicio   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                   ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO    DE    BARÓN                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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