17716(18-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17716  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado  Acta  No.  195  (Diciembre  12  de  2001)   

          Bogotá,   D.C.,  dieciocho  (18)  de  diciembre  de  dos  mil  uno  (2001).   

          Examina  la Sala los requisitos formales de la demanda de casación  presentada  en  defensa  del  procesado JOSÉ REINALDO  CELIS  BARÓN, contra  la  sentencia  proferida  el  8  de  junio  de  2000 por el  Tribunal Superior de Cundinamarca.   

HECHOS  

          Dan  cuenta  los  autos  que  en  la tarde del 13 de enero de 1997,  cuando  el comerciante Manuel Guillermo Borbón Mora arribó a su residencia del  barrio  Granada de la localidad de Girardot, fue interceptado por dos individuos  que  pretendieron  obligarlo  a  descender  del  vehículo  en  cuyo interior se  movilizaba  con el propósito de consumar su secuestro con fines extorsivos; sin  embargo,  como  la  víctima  opuso resistencia, los antisociales accionaron las  armas  de  fuego  que  portaban  ocasionándole  las heridas que determinaron su  deceso  en  el  centro  asistencial  a  donde fue conducido.  Los agresores  emprendieron  la  fuga  en  dirección  a la población de Flandes en un campero  Trooper, en el que se desplazaban otros dos sujetos.   

          En  las investigaciones adelantadas se estableció que el frustrado  plagio  había  sido  planificado por miembros de las autodenominadas “Fuerzas  Armadas    Revolucionarias    de    Colombia”,   entre   ellos,   TEODOLINDO  VARGAS,  alias  “Teo”  y  JOSÉ    REINALDO    CELIS   BARÓN,   también     conocido    con    los    apodos    de    “El    Indio”,    “Diego”    o  “Rey”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          1.   Con   fundamento   en   los   resultados  de  las  diligencias  preliminares  llevadas  a  cabo,  la  Fiscalía  Seccional de Girardot abrió la  correspondiente   investigación,   vinculó  en  indagatoria  a  los  imputados  TEODOLINDO   VARGAS   y  JOSÉ     REINALDO    CELIS    BARÓN,  a  quienes  resolvió  la situación jurídica en providencias de  septiembre   1º  y  noviembre  10  de  1997,  respectivamente,  con  detención  preventiva  por  los  delitos  de  secuestro extorsivo tentado y agravado por el  homicidio, rebelión y concierto para secuestrar.   

          2.   Clausurado el sumario, el instructor calificó su mérito  probatorio  el  3  de  abril  de  1998  con  resolución  acusatoria  contra los  sindicados    VARGAS   y  CELIS  BARÓN en calidad de  coautores  de  los  hechos  punibles  imputados  en  la medida de aseguramiento,  confirmada  por  la  Fiscalía  Delegada  ante  el entonces Tribunal Nacional al  resolver la apelación presentada por la defensa.   

          3.   El  Juzgado  2º  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cundinamarca, en fallo del 22 de diciembre de 1999,  condenó   a   los   mencionados   VARGAS     y     CELIS    BARÓN  a  las  penas  principales  de veintiún (21) años de prisión y  multa  de  doscientos  cincuenta (250) salarios mínimos legales mensuales, como  coautores  de  los  delitos  de  secuestro extorsivo en modalidad de tentativa y  concierto  para  secuestrar.   Los  absolvió por la rebelión y retiró el  agravante  deducido en la acusación al tenor del numeral 11º, artículo 3º de  la  Ley 40 de 1993, para ordenar la expedición de copias para la investigación  separada del homicidio.   

          4.    El  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  al resolver la alzada interpuesta por la defensa, en decisión del  8  de  junio de 2000, modificó la sentencia de primer grado para condenar a los  procesados  a  las  penas  principales  de  veinticinco (25) años de prisión y  multa  de  doscientos  cincuenta  (250) salarios mínimos legales mensuales como  coautores,  en  concurso  de  hechos  punibles,  de  los  ilícitos de secuestro  extorsivo     agravado     y     tentado,    rebelión    y    concierto    para  secuestrar.   

LA  DEMANDA   

            El defensor del procesado formula un único cargo al amparo de la  causal  primera  de  casación,  por  considerar  que el sentenciador de segundo  grado  incurrió  en violación indirecta de la ley sustancial debido a un error  de derecho por falso juicio de convicción.   

          Al  desarrollar  el  reproche  plantea  que  el desatino acusado consistió en haberle concedido a la  declaración  de  Henri  Guzmán Montaña, “informante   a   sueldo”  del Ejército Nacional, un valor que legalmente no le corresponde  a  esta  clase  de  versiones  al  tenor  del  artículo  50 de Ley 504 de 1999.   

       En  punto  de  la trascendencia de la prueba, el  casacionista  destaca  que  el testimonio referido constituyó pilar fundamental  de  la  condena  y  transcribe  los apartes del fallo en los cuales sustenta tal  aserto,  para  aducir  luego  que  sin esa prueba que califica de inexistente la  decisión  habría  sido  absolutoria, pues en los restantes elementos de juicio  incorporados  al proceso ninguna alusión se hace a su defendido, con excepción  del  testimonio  rendido  ante  la  inteligencia  militar por Dubier Leguizamón  Rivera,  enseñada  a  Guzmán  MONTAÑO  “quien  la  repitió  colocándole  nombres”.   

          Cita  como  norma  infringida  el  artículo  246  del  Código  de  Procedimiento  Penal  entonces  vigente,  porque  contrariando  el mandato allí  contenido  de  fundamentar  las  decisiones  judiciales  en  las  pruebas legal,  regular  y  oportunamente allegadas, se “estimó una  prueba  inexistente  que  no  podía  ser  apreciado (sic) por los falladores de  instancia por expresa prohibición legal”.   

          Invoca  también  la  violación  del  artículo  445  ibidem,  pues al prescindirse de la prueba cuestionada surgiría  una  duda  razonable  que  obligaría  a  los  falladores  a  dar aplicación al  principio  del in dubio pro reo; duda en todo caso reconocida por el Tribunal en  la  sentencia  atacada  respecto  de su asistido, como pretende demostrar con la  trascripción de uno de los apartes de la sentencia.   

                                 

         

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         Repetidamente  ha indicado la Sala, que la casación constituye un  juicio   técnico   –  jurídico  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  amparada  por la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  cuyo  quebrantamiento  sólo es posible  mediante   la   demostración   de   errores   in   iudicando  o  in  procedendo  trascendentes,  planteados  además con satisfacción de las exigencias de forma  y  contenido  establecidas  en  la  normatividad  procesal  penal,  que  de  ser  inobservadas  determinan  la inadmisión del libelo en su revisión previa, como  precisamente  acontece  en este asunto respecto de la demanda presentada a favor  del     procesado     JOSÉ     REINALDO    CELIS  BARÓN   ante   las  insalvables  deficiencias  que  presenta.   

         1.   En  efecto, el defensor denunció la infracción mediata  del  artículo 445 del Código de Procedimiento Penal (Decreto 2700 de 1991) sin  precisar  el  concepto  de  la violación y si bien del desarrollo argumentativo  podría  colegirse que lo deriva de la exclusión evidente de dicho precepto, en  aparte  alguno  del  escrito integró tal acusación con el señalamiento de las  disposiciones  que conforme sugiere resultaron indebidamente aplicadas, esto es,  de  aquellas que describen y sancionan los delitos por cuya absolución propugna  al  reclamar  un  fallo  sustitutivo de ese carácter en beneficio del procesado  CELIS BARÓN.   

         En fin, el demandante perdió de vista  con  esta  deficiente  propuesta,  que  cuando  se invoca el desconocimiento del  aludido  postulado, tal alegación ciertamente procede en casación a través de  la  causal  primera,  en sus modalidades de la violación directa o indirecta de  la  ley  sustancial, según el caso, por falta de aplicación de la norma que lo  consagra  y  aplicación  indebida  de  las  respectivas normas sustanciales que  determinan  la  condena  atacada,  pues sólo así se satisface el formalismo de  invocar  la  totalidad  de  los  preceptos  que  tienen  incidencia  en el punto  controvertido.   

         2.   Además  de  la  impropiedad  anterior, en el desarrollo  argumentativo  de  la  censura  el casacionista con ostensible yerro de técnica  entremezcló   esas   dos   formas   posibles  del  quebrantamiento  de  la  ley  sustancial.   

         Ciertamente,  en  cuanto  a la norma del artículo 445 del Código  de  Procedimiento Penal entonces vigente, postuló en un comienzo su infracción  mediata   como  consecuencia  del  error  de  derecho  que  le  atribuye  a  los  sentenciadores  de  instancia  en la valoración del testimonio de Henri Guzmán  Montaño;  sin  embargo,  en los apartes posteriores de la demanda, a través de  un  planteamiento  del  todo  diferente e incompatible, desvió el reproche a la  violación  directa  del  aludido  precepto,  al argüir que el fallador ad quem  profirió  la  condena  no  obstante  reconocer  la  existencia  de  la  duda en  relación   con   el   compromiso   endilgado  a  su  representado  CELIS  BARÓN en el concurso de hechos  punibles  objeto  de  la  causa,  que  se esfuerza por sustentar a través de la  simple  transcripción  de  un  aparte  aislado  de  las  motivaciones del fallo  censurado,  que  incluso  en  nada  alude  a  la  responsabilidad  predicada del  sindicado    en    los    episodios    delictivos    investigados    en    estas  diligencias.   

         En otros términos, el censor abandona  el  desatino  que  afirmó  fue  cometido  en  el  fallo atacado tratándose del  análisis  del  testimonio  de Guzmán Montaño, para plantear luego un yerro de  simple  lógica  jurídica  en  el  que  se  excluye  toda controversia sobre la  apreciación  probatoria,  motivo por el cual el escrito se ofrece en particular  confuso sobre el cargo y sus fundamentos.   

         3.   Por otra parte, el libelista  acusa  un error de derecho por falso juicio de convicción, que a pesar de estar  consagrado  como  principio  general  la  inexistencia  de  la tarifa legal y el  sistema  de  la  persuasión  racional  en  la  valoración  de la prueba, puede  presentarse  de  manera  excepcional,  conforme  ha  admitido  la Sala en cuanto  interesa  para  los  actuales fines (providencias del  23  de  julio  de  2001,  radicados  16.695  y  16.876,  M.P. Dr. Hermán Galán  Castellanos),  cuando  el  fallador le concede a los  informes  de  la  policía  judicial  y  a  las  versiones suministradas por los  informantes  un  valor  probatorio que la normatividad procesal expresamente les  niega  en el artículo 50 de la Ley 504 de 1999, norma que regía para la época  de  los  fallos  de  instancia  y reproducida en esencia en el artículo 314 del  actual Código de Procedimiento Penal.   

En  el  libelo examinado el casacionista  derivó  el  dislate así atribuido a los juzgadores, concretamente, del mérito  que  le  fue  otorgado  a Henri Guzmán Montaño cuando ningún valor probatorio  podía  tener, a su juicio, en virtud de las previsiones contenidas en el citado  artículo  50  de  la  Ley  504  de  1999,  según afirma, pues se trataba de la  versión   de   un   informante   del   Ejército   Nacional;  sin  embargo,  la  formalización  de  este  reproche no guarda ninguna armonía con tal enunciado,  más  aún,  fluye  contradictorio  sustrayéndolo de las exigencias formales de  claridad   y   precisión   que   resultan   ineludibles   en   la   demanda  de  casación.   

         

         En  primer  término, pues con abierto  distanciamiento  de  lo  alegado,  el  libelista  le  resta  al dicho de Guzmán  Montaño  el  carácter extraprocesal que necesariamente le atribuye al enunciar  el  reparo  con  asidero  en  la  transgresión  de  la aludida norma medio, que  advertido   sea,  le  resta  todo  valor  probatorio  a  las  versiones  de  tal  naturaleza,  pues  no  sólo indica a renglón seguido que el cuestionamiento se  dirige  contra  la  declaración rendida bajo juramento en el respectivo proceso  por  el  mencionado  testigo, sino que también trae a colación los apartes del  fallo  a  través  de los cuales se determinó su mérito con apego a las reglas  de  la  sana  crítica,  sugiriendo  con  este derrotero argumentativo, también  aquí  de  manera  incompatible,  un  error  de  hecho  por falso raciocinio que  sustrajo además de todo desarrollo en la demanda.   

           Finalmente,    acrecentando    las  impropiedades  técnicas  ya  advertidas, el demandante respecto del mismo medio  de  prueba  al  que  asevera  se  le  concedió valor no empece que la ley se lo  niega,   al   denunciar   la   violación  del  artículo  246  del  Código  de  Procedimiento  Penal  entonces  vigente, insinúa también sin ninguna relación  con  el reparo así erigido y en forma discordante, que el fallador lo acogió y  le  otorgó  mérito  como  fundamento de la sentencia, a pesar de no haber sido  legal, regular y oportunamente allegado a la actuación.   

Así  las  cosas,  como  la Corte no puede  suplir  las  deficiencias ni  corregir los errores de la demanda, se impone  su  inadmisión  mediante providencia que adquiere ejecutoria en la fecha en que  es  suscrita  y  contra  la  cual  no  procede recurso alguno, lo que implica la  declaratoria de deserción de la casación presentada.   

           

         En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

         NO  ADMITIR  la  demanda presentada en  defensa   del   procesado   JOSÉ   REINALDO  CELIS  BARÓN.   En consecuencia, declarar desierta la  casación presentada.   

         Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

         Cópiese,  comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

No hay firma  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                      JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                                         CARLOS A. GALVEZ ARGOTE   

JORGE   A.  GÓMEZ  GALLEGO                              ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN                            NILSON  E. PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

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