17688(01-12-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17688  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

          Magistrado  Ponente   

         Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

         Aprobado Acta No. 109   

Bogotá D. C., primero (1º) de diciembre de  dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

Mediante  sentencia  del 9 de septiembre de  1999,  el  Juzgado  Primero  Penal  del Circuito de Soacha condenó a CRISTÓBAL  ALEZANDER  CARO  PRIETO  y  a ROBINSON SUÁREZ NOVOA, en calidad de coautores de  homicidio   agravado  en  concurso,  a  la  pena  principal  de cuarenta y cinco (45) años de prisión, a  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el lapso de diez (10)  años,  a indemnizar solidariamente los perjuicios generados con la infracción;  y les negó el subrogado de la condena de ejecución condicional.   

Al desatar la apelación interpuesta por los  procesados  y el defensor, en fallo del 8 de junio de 2000, el Tribunal Superior  de  Cundinamarca  confirmó  la  decisión de primer grado, con la modificación  consistente  en  declarar  que  CRISTÓBAL  ALEZANDER  CARO  PRIETO respondía a  título  de  cómplice, no de autor; y, por ende, redujo la pena a él impuesta,  tasándola    en    veintidós    (22)    años   más   seis   (6)   meses   de  prisión.   

En esta oportunidad, con el fin de verificar  si  reúne los requisitos formales que condicionan su admisión, examina la Sala  la  demanda de casación presentada por el defensor de CRISTÓBAL ALEZANDER CARO  PRIETO.   

HECHOS  

Fueron relatados de la siguiente manera por  el   Tribunal   Superior   de   Cundinamarca   en   la   sentencia   de  segunda  instancia:   

“Se  extrae  del  plenario  que  éstos  sucedieron  el  16  de  octubre de 1997, a eso de las 7:00 P.M., cuando momentos  antes  fueron  vistos  en  forma sospechosa dos individuos que se movilizaban en  una  motocicleta  de  color  blanco,  uno  de ellos llegó hasta el supermercado  “La  Y”,  ubicado en la carrera 12 # 10-68 del Barrio Compartir de Soacha, a  dos  cuadras  de  distancia  de  donde  quedó  la moto, y disparó en repetidas  ocasiones  en  contra  de  la humanidad de LIBARDO LAITON y ROSA ISABEL GUERRERO  ORTIZ y luego desaparecieron del lugar.   

El  primero  de  ellos murió casi en forma  inmediata,  mientras  que  la  segunda,  que  se  hallaba en estado de gravidez,  falleció    días    después    en   el   Hospital   de   la   Samaritana   de  Bogotá.   

Informada  la  Policía  Nacional  de  los  hechos,  así  como  de las características de la moto observada en el sector y  de  sus  ocupantes, se dispuso un operativo y se logró la captura de CRISTÓBAL  ALEXANDER  (sic)  CARO  PRIETO  y  ROBINSON  SUÁREZ  NOVOA. El primero de ellos  aceptó  haber  estado  a  dos  cuadras  del  lugar  de  los hechos esperando al  segundo,   mientras   que   éste   fue   reconocido   como   el  autor  de  los  disparos.”1   

LA  DEMANDA   

Un  cargo propone el defensor de CRISTÓBAL  ALEZANDER   CARO   PRIETO   contra   la   sentencia  del  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  con  fundamento  en la causal primera de casación contemplada en  el  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento Penal, Decreto 2700 de 1991,  modificado  por  la  Ley 553 de 2000 -vigente al momento de proferirse el fallo-  por    violación   indirecta   de   la   ley   sustancial,   por   errores   de  hecho.   

Asegura que el acopio probatorio dejó dudas  razonables,  que  nunca  fueron despejadas, sobre la real participación de CARO  PRIETO  en los acontecimientos criminales, de suerte que no podía predicarse su  responsabilidad  penal y, sin embargo, fue condenado en calidad de cómplice del  doble homicidio.   

Se  refiere  a  distintos  aspectos  en los  cuales  centra  el  reproche  casacional,  consistente  en  error de hecho en la  apreciación  de  las  pruebas,  porque  “todas las  deducciones  que  hizo  el Tribunal Superior de Cundinamarca…son equivocadas y  contrarias  a  la realidad procesal existentes dentro del expediente”:   

1.  En  el  fallo  no  se  demostró  que  CRISTÓBAL  ALEZANDER  CARO  PRIETO  hubiese  prestado  una  ayuda  posterior al  homicida, cumpliendo un acuerdo previo.   

Sólo  un error de evaluación permitió al  Tribunal  Superior  concluir  que  CARO PRIETO era cómplice de ROBINSON SUÁREZ  NOVOA,  porque  estuvieron  juntos buena parte del día de los acontecimientos y  los  dos  llevaban  cascos  y chalecos que, además, eran utilizados simplemente  para cumplir las exigencias de tránsito.   

2.  Es  cierto que CARO PRIETO conducía la  moto  y  esperó  durante un lapso aproximado de 15 minutos al autor material de  los  disparos,  ROBINSON SUÁREZ NOVOA; pero ello no indica que aquél conociera  o estuviera enterado de la intención criminosa de éste.   

3.  También en forma equivocada el Ad-quem  concluyó  que  CRISTÓBAL  ALEZANDER  estaba  enterado  de  las  intenciones de  ROBINSON,  porque  lo  estaba esperando a una distancia inferior a cien metros y  podía    escuchar    los   disparos,   como   se   demostró   en   inspección  judicial.   

Según  el  censor,  en este aspecto existe  duda,  porque  lo  verificado  en  la  inspección  judicial  fue que se podían  escuchar  las detonaciones “pero siempre y cuando la  persona  tuviera  la  atención alerta, pues perfectamente podía confundirse el  ruido    de    los    disparos    con    otro   acontecer   fáctico.”   

4. Agrega que de las declaraciones de Jesús  Alberto  Chingate Herrera y Margarita Botello Ramírez, quienes vieron rondar la  moto  y  luego  la  observaron estacionada “en el callejón con la cabrilla al  lado  de  la  entrada  del  ABC”, no podía inferirse que CRISTÓBAL ALEXANDER  CARO  PRIETO  tuviera  conocimiento previo del crimen que iba a cometer ROBINSON  SUÁREZ  NOVOA,  tópico  que  el  Tribunal  Superior  sopesó equiovocadamente,  volviendo a incurrir en error de hecho.   

5. El Tribunal Superior yerra al afirmar que  CRISTÓBAL  ALEZANDER  estaba  enterado de que ROBINSON se aprovisionó del arma  de fuego.   

Dice  el  censor  que es cierto que los dos  implicados  anduvieron juntos en la motocicleta antes del crimen, y que mientras  deambulaban  la  policía  los  requisó  una vez sin encontrarles ninguna arma,  pero  que,  poco después de la requisa “ROBINSON le  solicitó  a  ALEXANDER  (sic)  que lo esperara, volviendo al los cinco minutos,  sin  saber  ALEXANDER (sic) en qué andanzas se encontraba ROBINSON y donde bien  pudo   haber   conseguido   el   arma   homicida.”   

6.  El  Tribunal  Superior  no  concedió  credibilidad  a  las  explicaciones  suministradas por CRISTÓBAL ALEZANDER CARO  PRIETO,  sobre  su  casual  encuentro  con ROBINSON SUÁREZ NOVOA, aduciendo que  eran inconsistentes y que existían mentiras e imprecisiones.   

Ello,   dice   el  libelista,  indica  la  conciencia  del juzgador acerca de que las pruebas en contra del “cómplice”  eran  endebles  y  por  ello  acudió  al  análisis  conjunto  de los medios de  convicción   para   obtener   el   resultado   vertido   en   la  sentencia  de  condena.   

Entre las normas infringidas indirectamente  señala    el    artículo    247    (prueba   para  condenar)   y   el   artículo   445   (in   dubio  pro  reo)  del  Código  de  Procedimiento  Penal, Decreto 2700 de 1991, y solicita  a  la  Corte  casar el fallo impugnado en el sentido de declarar que CARO PRIETO  es inocente de los cargos que se le endilgan.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La  demanda  presentada  por el defensor de  CRISTÓBAL   ALEZANDER   CARO   PRIETO  no  satisface  los  requisitos  formales  establecidos  en  el  artículo  225 del Código de procedimiento Penal, Decreto  2700  de  1991,  modificado  por la Ley 553 de 2000, vigente al tiempo en que se  profirió el fallo. Debido a ello, será inadmitida.   

1.  La admisión de la demanda de casación  está  condicionada al cumplimiento de las exigencias impuestas por el artículo  225  del  Código  de Procedimiento Penal anterior, equivalente al artículo 212  del   régimen   vigente.   Tal   disposición  establece  requisitos  meramente  enunciativos y otros inherentes a la esencia de la impugnación.   

Dado  que  el  recurso  extraordinario  de  casación  se  rige por el principio dispositivo, las pretensiones de la demanda  delimitan  la  competencia  de  la Sala de Casación Penal, con excepción de la  nulidad  que  puede ser decretada oficiosamente en aras de la protección de las  garantías fundamentales.   

Por  tanto,  no  constituye  una especie de  tercera  instancia; no consiste en someter a un nuevo juicio al procesado, ni en  sede  de  casación  puede  postularse  un  debate probatorio generalizado y sin  acatamiento  de  la  lógica  argumentativa  que  le es inherente, puesto que el  recurso  extraordinario  no  fue  concebido como un medio adicional para litigar  libremente,  sino  como  una  excepcional  manera  de  llevar a conocimiento del  máximo  tribunal  de  la  jurisdicción  ordinaria  el  fallo  proferido por el  Ad-quem,  por las causales taxativamente señaladas en la ley, que hubiesen sido  seleccionadas y adecuadamente desarrolladas en la demanda.   

Entonces, el recurso de casación se concibe  como  un  instituto  procesal extraordinario que busca remediar o poner fin a la  violación  de la ley que hubiese ocurrido en la sentencia de segunda instancia,  por  errores de juicio o de actividad, y como tal comporta la elaboración de un  juicio  lógico  jurídico  sobre  la  sentencia  misma,  siguiendo el derrotero  trazado en las causales invocadas.   

2.  En  el  presente  asunto  el  libelista  incumplió   el   deber  de  indicar  fundadamente  cuáles  normas  de  derecho  sustancial  estimaba  infringidas, pues señaló el artículo 247 del Código de  Procedimiento  Penal  anterior,  sin  suministrar  a la Sala explicación alguna  tendiente  a  enseñar  los  motivos  que  lo  movían a pensar que ese precepto  instrumental   era   de   contenido  sustancial,  y  en  qué  sentido  resultó  transgredido.   

3.   La  demanda  tampoco  satisface  los  requisitos  inherentes  a  la  esencia  de la casación, pues aunque menciona la  existencia    de    errores   de   hecho,  se  concreta  en  múltiples  afirmaciones  en  tal sentido, sin  argumentación  lógica  y  profunda  en cada caso, de suerte que no es factible  desentrañar  la  formulación  del cargo, ni si fundamentación “en  forma  clara  y  precisa”,  según  exigía  el  numeral  3°  del  artículo 225 del Código de Procedimiento Penal  anterior, equivalente al artículo 212 del régimen vigente.   

A decir del libelista, el Tribunal Superior  vulneró   indirectamente   la  ley  sustancial,  al  incurrir  en  errores  de  hecho en la apreciación de  las  pruebas;  no  obstante,  el  discurso  se  reduce  prácticamente  a  dicha  afirmación   conclusiva,  siendo  imposible  comprender  en  dónde  radica  el  supuesto  desatino  del  Ad-quem,  puesto  que ni siquiera acometió la labor de  identificar  textualmente  cuáles  son  las pruebas cuya valoración se afectó  por alguna de las especies de error de hecho.   

4. La jurisprudencia de la Sala ha reiterado  en  múltiples  ocasiones  que  puede  demandarse  la  casación  del  fallo con  fundamento  en la causal primera, cuerpo segundo, por violación indirecta de la  ley   sustancial,  cuando  el  Tribunal  en  el  ejercicio  de  la  apreciación  probatoria haya incurrido en errores de hecho o de derecho   

El   error  de  hecho,  camino  elegido por el libelista, puede estar  determinado  por:  falso juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso  raciocinio.   

4.1   Incurre   en  error  de  hecho  por  falso  juicio de existencia  el  juez que omite apreciar una prueba legalmente aportada al proceso, o cuando,  contrario  sensu,  infiere  consecuencias  valorativas  a  partir de un medio de  convicción    que    no   forma   parte   del   mismo   por   no   haber   sido  incorporado.   

4.2  El  error  de  hecho  por falso  juicio  de  identidad  supone, en  cambio,  que  el  juzgador  sí  tiene  en  cuenta  el  medio probatorio legal y  oportunamente  practicado; no obstante, al sopesarlo lo distorsiona, tergiversa,  recorta o adiciona en su contenido literal.   

En este evento, el censor tiene la carga de  confrontar  por  separado  el  tenor  literal  de  cada prueba sobre la que hace  recaer  el  yerro,  con  lo  que  el  Tribunal pensó que ellas decían; y así,  demostrada  la diferencia y el desfase, debe continuar hacia la trascendencia de  aquella impropiedad.   

4.3  Si  la  prueba existe legalmente y es  valorada  en  su  integridad,  pero  se  le asigna una fuerza de convicción que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de la experiencia común y los aportes de las ciencias,  se   incurre   en   error   de   hecho   por   falso  raciocinio.   

En esta hipótesis, el demandante corre con  la  carga  de  demostrar  cuál  postulado  científico, o cuál principio de la  lógica,  o  cual  máxima  de  la  experiencia  fue  desconocido por el juez, e  igualmente  tiene  el deber de indicar cuál era el aporte científico correcto,  o  cuál el raciocinio lógico, o cuál la deducción por experiencia que debió  aplicarse para esclarecer el asunto debatido.   

La  trascendencia de los yerros endilgados  al  Ad-quem  no consiste, como suele creerse, en las afirmaciones personales que  al  respecto haga el demandante, sino en demostrar con argumentos racionales que  de  haberse valorado correctamente las pruebas sobre las que se hacen recaer los  errores,  entonces  el sentido del fallo sería distinto, porque sus fundamentos  actuales perderían sustento y no podrían subsistir.   

5.  Con todo, en cuanto la queja pareciera  referida    a    supuestos    falsos   juicios   de  identidad  en  la  apreciación  de algunos medios de  convicción  (inspección  judicial  y  testimonios  de  Jesús Alberto Chingate  Herrera  y  Margarita  Bello  Ramírez),  era  de  esperarse  que  el  libelista  desarrollara  su  propuesta  a  cabalidad, pero no lo hizo, porque incumplió el  deber  de  identificar  con  precisión dichas pruebas; no señaló el contenido  objetivo  y  literal de las mismas; ni y frente a cada una especificó lo que el  Tribunal  Superior leyó o entendió que decían, con la finalidad de enseñar a  la  Corte  en  qué  consistió  la  tergiversación  por  recorte,  adición  o  alteración de su contenido.   

Ahora  bien,  si  trataba  de  censurar al  Tribunal  por  otorgar a dichas pruebas un poder de persuasión que no tienen, o  por  negarle  tal  fuerza  a  otros  medios  de  convicción  (por  ejemplo,  la  indagatoria  de  Caro  Prieto),  ese  enunciado  no  fue desarrollado dentro del  ámbito  de  la casación, pues su fundamento no se dirige a la comprobación de  alguna  tergiversación  de lo manifestado por unos y otros, deformación que de  darse  hubiese  extralimitado o recortado su alcance probatorio, sino que apunta  a  criticar  el  mérito  de  cada  uno,  anteponiendo  su  particular manera de  entender  el asunto, con la esperanza de que su criterio prevalezca sobre el del  Ad-quem.   

6.  Agotado  el  debate  probatorio en las  instancias,  tampoco  puede  esperar  el  censor que la Corte deduzca o descubra  oficiosamente  la  falta  de certeza para condenar, por el sólo hecho de que el  libelista  piensa  que  la investigación dejó vacíos. De ahí que, el reclamo  sin  la  fundamentación  adecuada  por  la  falta  de aplicación del principio  in   dubio  pro  reo,  no  alcanza  la entidad que se requiere para sustentar la pretensión de que se case  el fallo.   

Esa  manera  de  postular el cargo le hace  perder  consistencia  jurídica,  lo  ubica en términos distantes de la lógica  que  requiere  el  recurso  extraordinario,  donde  lo  exigible  es  precisar y  demostrar  el  error  del  juzgador  con  reflexiones que revistan la suficiente  entidad  para  desquiciar  la  solidez  de  un  fallo,  que  ha cobrado la doble  presunción  de  acierto y legalidad; no siendo suficiente, por el contrario, la  simple    oposición    al    criterio    del    juzgador    con   discrepancias  genéricas.   

7.  El principio de limitación que impera  en  el  trámite  del recurso extraordinario impide a la Sala de Casación Penal  tener  en cuenta causales no postuladas en debida forma, e igualmente enmendar o  corregir los desaciertos de la demanda.   

En  consecuencia,  la  demanda  no  será  admitida  y  así  se  declarará  en  este  auto,  contra  el  cual no proceden  recursos.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda     de     casación     presentada    a    nombre    de    CRISTÓBAL         ALEZANDER         CARO        PRIETO.   

Contra  la presente providencia no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                                          ÁLVARO O. PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                                          JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Folio  106 cdno. 2.     

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