17574(29-01-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17574  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Aprobado acta No. 04   

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá,  D.  C., veintinueve de enero de dos  mil cuatro.   

Resuelve  la  Corte  el  recurso de casación  interpuesto   por   el   Fiscal  del  proceso  y  el  defensor  de  CLAUDIA  EDILMA  HERNANDEZ VELASQUEZ contra  la  sentencia  de 14 de abril de 2000, mediante la cual el Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de  Cundinamarca  absolvió  a LUIS  FERNANDO  CONTRERAS  ROMERO  (ex- Alcalde del Municipio  de  Zipaquirá)  de los cargos imputados en la resolución de acusación por los  delitos  de  peculado  por  apropiación  y  celebración  de  contratos  sin el  cumplimiento   de   los   requisitos   legales,   y   condenó   a  CLAUDIA  EDILMA  HERNANDEZ  VELASQUEZ  a la  pena  principal  de  4  años  de  prisión  y  multa  equivalente a 20 salarios  mínimos   legales  mensuales,  como  autora  responsable  del  segundo  de  los  referidos ilícitos.   

Hechos  y  actuación  procesal.   

El   3   de  julio  de  1996,  Luis  Fernando Contreras Romero, en calidad  de   Alcalde   del   Municipio   de   Zipaquirá,  suscribió  con  Claudia  Edilma  Hernández  Velásquez, en  condición  de  Gerente  y representante legal de la Administración Cooperativa  para   el   Desarrollo   del   Gualivá   (ADCOOPGUALIVA   LTDA),   el  convenio  interadministrativo   059,  mediante  el  cual  la  cooperativa  se  obligaba  a  suministrar  al Municipio, a título de compraventa, la cantidad de 4.300 metros  de   tubería   PVC  RDE  26  x  14  pulgadas,  por  valor  de  $357’908.952.oo,  para  la ampliación de la  red  del  acueducto  regional  Cogua-Nemocón-Zipaquirá,  en  el  tramo Neusa –  tanque San Antonio (fls.11-12/1).    

Dentro  de  los  cinco días siguiente (no se  tiene  certeza  si  el  4 o 8 de julio), Claudia Edilma  Hernández   Velásquez,   en  calidad  de  Gerente  y  Representante  Legal  de  la  Administración Cooperativa para el Desarrollo del  Gualivá,  suscribió  con  Matilde Alvarado de Cabra,  representante  legal  del  establecimiento  comercial  Distribuidora  Eternit  del  Municipio  de  Zipaquirá,  el  contrato  No.59  A,  mediante  el  cual  esta  última  se  obligaba a transferir a la Cooperativa, a  título  de  venta,  4.300 metros de tubería RDE 26 X 14 pulgadas, por valor de  $347’171.684.oo (fls.74-77  del Anexo No.1).     

En  desarrollo  del  primero de los referidos  contratos,  el  Municipio  de  Zipaquirá  pagó  el 6 de septiembre el anticipo  pactado,   equivalente   al   50%   del  valor  del  contrato  ($178’164.931.oo),   y  el  6  de  diciembre  siguiente  el  saldo  (fls.8  y  20/1).  El  15  de noviembre del mismo año, se  suscribió  por   funcionarios  de la División de Bienes y Suministros del  Municipio  de  Zipaquirá,  “ACTA  DE RECIBIDO” de 400 tubos (equivalentes a  2400   metros),   y  se  dejó  constancia  de  que  el  resto  de  la  tubería  permanecería  en  las  bodegas  de  PAVCO  de Cazuca, para evitar su deterioro,  debido  a la falta de espacio para un almacenamiento adecuado en el Municipio de  Zipaquirá (fls.23/1).   

El  10  de  octubre  de  1997,  Edgar  Rodríguez Méndez, en condición de  Contralor  Municipal de Zipaquirá, presentó denuncia penal en averiguación de  responsables,  por  los  hechos  que  vienen  de ser relacionados, destacando al  efecto  varios  aspectos:  (1)  Que  la  celebración  del contrato requería de  licitación   pública   en   razón   a   su   cuantía,   y  que  ADCOOPGUALIVA  sirvió de intermediaria con  el  fin  de  obviar  el  cumplimiento  de esta exigencia. (2) Que la Cooperativa  debió  contratar a través de licitación pública, según concepto SRC-4 de 17  de  febrero  de 1995, emitido por el Jefe de Asuntos Legales de DANCOOP, y no en  forma  directa  como lo hizo. (3) Que el contrato celebrado entre el Municipio y  ADCOOPGUALIVA  habría tenido  en   sobrecosto   aproximado   de   $63’616.952.oo,  según  cotizaciones  que  realizó  personalmente  con  otros  proveedores. (4) Que un año después de la celebración del contrato, no  había  sido iniciada todavía la obra, ni recibida toda la tubería (fls.1-7/1,  52-56/1).   

La  Fiscalía abrió investigación por estos  hechos   y   vinculó   al   proceso   mediante   indagatoria   a   Luis    Fernando   Contreras   Romero   y  Claudia  Edilma  Hernández  Velásquez.  El   primero   aseguró   que   la   negociación  con  ADCOOPGUALIVA  se  cumplió con fundamento  en  lo  previsto  en la ley 80 de 1993, y aunque se buscó evitar la licitación  por   razones   de   urgencia,  no  se  desconoció  su  contenido.  Tampoco  se  presentaron   sobrecostos,  en  tanto  los valores pagados correspondían a  los   vigentes,   y   las  cotizaciones  que  el  Contralor  adjuntó  contienen  especificaciones   distintas   de   la   tubería  requerida  por  el  Municipio  (fls.145-149/1).  La  segunda  sostiene que de conformidad con lo establecido en  los  artículos  24  literal  c),  y  32 de la ley 80 de 1993, la Cooperativa no  estaba  obligada a realizar licitación pública, por tratarse de un contrato de  suministro (fls.75-79/1).   

La  investigación estableció que la entidad  denominada  Administración  Cooperativa para el Desarrollo de los Municipios de  la  Provincia  del  Gualivá  (ADCOOPGUALIVA LTDA), se constituyó en el año de  1990  como  empresa  prestadora  de  servicios,  en  la forma de Administración  Pública  Cooperativa,  con domicilio en el Municipio de Villeta, de conformidad  con  lo  establecido en el artículo 2º del Decreto 1482 de 1989, y que de ella  hacían  parte  los  Municipios  de  La  Vega,  Nocaima, Nimaima, San Francisco,  Villeta,  y  el  Departamento  de  Cundinamarca,  siendo  su  objetivo  general,  propender  por  el  desarrollo social y económico de los Municipios integrantes  de la referida Provincia  (fls.28, 86-122/1).   

Se  determinó  igualmente  que  la  señora  Ana   Matilde   Alvarado   de   Cabra,   representante  legal  del  establecimiento  comercial  encargado  de  suministrar  en  venta  los  tubos  al Municipio por intermedio de ADCOOPGUALIVA  LIMITADA,  es  esposa  de  Pedro  Jesús Cabra Alonso,  persona   con   la   cual   el  Alcalde  Luis  Fernando  Contreras  Romero mantenía  relaciones  de  amistad  y  políticas,  y  que  durante  su  administración el  Municipio  celebró  varios contratos de suministro con el mismo establecimiento  comercial,  por  diferentes  valores,  según  consta en certificación de 30 de  julio   de   1999,   expedida   por   la   Secretaria   de   Hacienda  Municipal  (fls.332/3).    

Del proceso hacen parte, entre otras pruebas,  el  acta de 28 de diciembre de 1997, donde consta el ingreso a los almacenes del  Municipio  de  la  tubería  pendiente  de  entrega  (fls.139/1).  También, los  testimonios   de   Pedro   Rafael   Guerrero  Bustos,  Alcalde  del  Municipio de Cogua para la época de los  hechos     (fls.246/1);    Pedro    Nel    González  Escobar,  Gerente  Comercial  de  PAVCO  (fls.345/3);  Carlos    Alfonso    Castillo    Garzón,  Gerente  de  la  empresa  de Acueducto de Zipaquirá (fls.357/3),  Ana   Matilde   Alvarado   de   Cabra,   representante    legal   de   Distribuidora   Eternit   (fls.369/3);  Pedro    Jesús    Cabra    Alonso,    esposo  de  la anterior (fls.377/3); Angela  María   Giraldo  Díaz,  investigadora  judicial  del  C.T.I.  (fls.500/3);  y  Gabriel Prieto, Víctor Manuel  Tinjacá  Sánchez, José María León Poveda, y Wilson Giovanny León Guerrero,  funcionarios de la administración del  Municipio  de  Zipaquirá  para  la  época de la suscripción del contrato  (fls.506,  513, 516 y 519/3).   

El  30  de  noviembre  de  1998, la Fiscalía  calificó  el  mérito  probatorio del sumario con resolución acusatoria contra  Luis  Fernando  Contreras  Romero  y  Claudia  Edilma  Hernández  Velásquez  por  el delito de peculado por  apropiación,  el  primero  en  condición  de autor, y la segunda en calidad de  determinadora  (fls.1-38/2).  Apelada  esta  decisión  por la representante del  Ministerio  Público  (fls.117,  137/2), para que se adicionara en el sentido de  proferir  también cargos contra los implicados por el delito de celebración de  contratos  sin  el cumplimiento de los requisitos legales, la Fiscalía Delegada  ante  los  Tribunales  de  Bogotá  y  Cundinamarca,  mediante decisión de 9 de  febrero  de  1999,  accedió  a  las  pretensiones  del recurrente (fls.5-19 del  cuaderno de la Delegada).   

Rituado  el  juicio,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de Zipaquirá, en  sentencia de 5 de noviembre de 1999, absolvió  a  los procesados por el delito de peculado por apropiación, y los condenó por  el  de  celebración de contratos sin el cumplimiento de requisitos legales a la  pena  principal  de  4 años de prisión y multa de 20 salarios mínimos legales  mensuales,  y  la  accesoria  de interdicción de derechos y funciones públicas  por  el  mismo término de la pena aflictiva (fls.611-659/3). Apelado este fallo  por  los  defensores  de  los  procesados,  y el Fiscal del proceso, el Tribunal  Superior,  mediante  el  suyo  de  14  de  abril de 2000, absolvió en decisión  mayoritaria   a   Luis   Fernando   Contreras  Romero  de  los  cargos  por  el  delito  objeto de condena, y  confirmó  la  decisión  en  lo  demás  (fls.8-46  del cuaderno del Tribunal).  Contra  esta  decisión,  recurrieron  en  casación el Fiscal del proceso, y el  defensor     de     Claudia    Edilma    Hernández  Velásquez.   

Las        demandas.   

    

1. Del Fiscal:     

Con  fundamento  en la causal primera, cuerpo  segundo,  el  demandante  acusa  la  sentencia  impugnada  de  violar  de manera  indirecta  la  ley  sustancial, por falta de aplicación, los artículos 146 del  Código  Penal (modificado 32 de la ley 190 de 1995), y 247, 253, 254, 294, 300,  301,  302  y  303  del  estatuto  procesal  penal, debido a errores de hecho por  falsos  juicios  de existencia en la apreciación de las pruebas, al disponer la  absolución  del  procesado  Luis  Fernando  Contreras  Romero  por el delito de celebración de contratos sin  el cumplimiento de los requisitos legales.   

Asegura que el Tribunal ignoró los siguientes  elementos   de   juicio   aportados  legalmente  al  proceso,  que  prueban  que  interesadamente   el   Alcalde   acudió   a   la  figura  de  la  contratación  interadministrativa  para  eludir  el proceso licitatorio, con violación de los  principios    de   transparencia,   economía   y   selección   objetiva:    

-El  oficio No.SH625/99, de la Secretaría de  Hacienda  Municipal  de  Zipaquirá,  de  donde surge que la administración del  doctor      Contreras      Romero     contrató  en  varias  oportunidades  con  los  esposos Cabra Alvarado.   

-El  oficio  479  de  9  de  octubre de 1997,  suscrito  por  el  Contralor Municipal de Zipaquirá, donde bajo la gravedad del  juramento  muestra  una  serie  “de  falencias  dolosas en la celebración del  convenio interadministrativo 059 de 1996”.   

-Los documentos que prueban la celebración de  los  contratos  entre  la Alcaldía y ADCOOPGUALIVA LIMITADA, y entre ésta y la  señora  Ana  Matilde  Alvarado de Cabra, de  donde se desprende que en ningún momento se realizó proceso de  licitación  pública,  como  lo  exigen los artículos 2º y 24 de la ley 80 de  1993.   

-El concepto SRC-4 de DANCOOP de 17 de febrero  de  1995,  y la comunicación de la misma entidad de 10 de diciembre de 1996, de  las  que  se concluye que los convenios administrativos no son patentes de corso  para  que la entidades territoriales contraten con quienes quieran, sin observar  los     requisitos     legales     esenciales     requeridos    por    la    ley  contractual.   

-Los  oficios 417 de 11 de septiembre de 1997  emanado  del  despacho  del  Contralor  Municipal,  y  143  de  15 de septiembre  siguiente  de  la  Alcaldía  Municipal  de  Zipaquirá,  de  cuyo  contenido se  establece  que los tubos correspondientes al contrato interadministrativo 059 de  1996,  no  fueron  entregados  en  los  plazos estipulados, sin que se evidencie  acción  alguna  del  burgomaestre  orientada  a evitar el incumplimiento de los  términos.   

-El  oficio  del  Almacén  General  de  la  Alcaldía  de  Zipaquirá,  de  21  de julio de 1999 (corroborado por múltiples  testimonios  y  otras  pruebas),  que  indica  que  los  tubos adquiridos por la  Alcaldía   en  1996,  no  habían  sido  todavía  utilizados  en  el  año  de  1999.   

-El    testimonio    de    Pedro  Rafael  Guerrero Bustos, Alcalde del  Municipio  de  Cogua,  quien  asegura  que  el  Alcalde de Zipaquirá inició el  proceso  de  ampliación del acueducto Municipal de Zipaquirá sin contar con la  anuencia  de  los Municipios de Cogua y Nemocón, en condición de socios, y sin  haber   constituido   las   servidumbres   requeridas   para   el   paso  de  la  tubería.   

-El    testimonio    de    Pedro   Nel   González  Escobar,  Gerente  Comercial  de  PAVCO, quien señala que el señor Pedro  Jesús  Cabra  Alonso  es el único distribuidor de sus  productos  en  Zipaquirá, afirmación de la que se desprende que el negocio era  manejado  no  solo  por la señora Ana Matilde Alvarado  de  Cabra  (representante legal), sino también por su  esposo.  Sostiene  igualmente  el  testigo  que  PAVCO  acostumbraba  participar  directamente  en  los  negocios  cuando se hacían por licitación, información  que  contradice  la  suministrada  por  el  procesado, quien asegura que solo lo  hacía a través de sus distribuidores.   

-Los    testimonios    de    Ana   Matilde  Alvarado  de  Cabra  y  Pedro  Jesús  Cabra  Alonso,  de  cuyo contenido se deduce que mantenían relaciones  de  amistad  y  políticas  con el Alcalde, y que las explicaciones que la   primera  suministró  en  torno a la invitación que le hicieron a cotizar, y la  forma como lo hizo, son confusas y contradictorias.   

-El    testimonio    de    Angela  María Giraldo Díaz, investigadora  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigaciones  de  la Fiscalía, quien en audiencia  pública  confirmó  los  vínculos  políticos,  comerciales,  y de amistad que  unían  a  los  esposos  Cabra  Alvarado  con el procesado.   

Argumenta que si el Tribunal hubiera tenido en  cuenta  estas pruebas, habría llegado a las siguientes conclusiones: (1) Que se  obviaron    todos   los   principios   de   la   contratación   administrativa,  principalmente  los  de  transparencia, selección objetiva y economía. (2) Que  entre  el  ex-Alcalde  y  los  esposos  Cabra Alvarado  existían  disímiles vínculos de negocios, amistad y  política.  (3) Que en el proceso de contratación solo se recibió la oferta de  la  señora Ana Matilde Alvarado de Cabra, quien  la  envió  directamente a la oficina del Alcalde, y no a las  dependencias  de  ADCOOPGUALIVA,  como  se supone que debió hacerlo. (4) Que el  Alcalde   tenía  interés  en  que  el  contrato  se  otorgara  a  los  esposos  Cabra  Alvarado.  (5) Que el  Alcalde  utilizó  como  intermediaria  para  sus  propósitos  a la cooperativa  ADCOOPGUALIVA  LIMITADA, evitando de esta manera el proceso licitatorio. (6) Que  el  procesado,  al  igual que Claudia Edilma Hernández  Velásquez,  “actualizó el artículo 146 del Código  Penal  y  cometió  un  delito  de  contrato  sin  el cumplimiento de requisitos  legales”.   

En el análisis que hace de la incidencia del  error,   asegura   que  el  Tribunal  se  limitó  a  acoger  las  explicaciones  suministradas  por el  procesado en indagatoria, con el argumento de que no  habían  sido   desvirtuadas,  cometiendo  un error trascendente, en cuanto  omitió  valorar  las mencionadas pruebas. Esta sesgada apreciación probatoria,  lo   llevó  a  una  conclusión  insólita:  Que  “CLAUDIA  EDILMA  HERNANDEZ  VELASQUEZ  cometió  un  delito  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  en  el  cual  ni  siquiera  participó LUIS FERNANDO CONTRERAS ROMERO,  quien  a  todas luces planificó una estrategia dirigida a asignarle el contrato  a  sus  amigos  políticos, olvidando de esa forma los principios básicos de la  contratación administrativa y de la función pública”.   

Si  los  documentos  que soportan el convenio  administrativo  hubiesen  sido  analizados  por el ad quem, habría advertido la  inexplicable  rapidez  con  la  cual  se cumplió el trámite y se suscribió el  contrato  de compraventa entre ADCOOPUALIVA y  la Distribuidora Eternit (el  día  siguiente  de  haber  sido  suscrito el convenio con la Alcaldía, o cinco  días  después  como máximo, dada la duda existente en torno a su fecha). Así  mismo,  que  hubo  incumplimiento  en los términos de entrega de la tubería, y  que  el  proceso  de  compra  no  solo  era innecesario en ese momento, sino que  comprometía los rubros presupuestales en forma indebida.   

El  Tribunal  le  dio  total  credibilidad al  procesado.  Pero ello se debió al error que cometió al no valorar las aludidas  pruebas,  de cuyo contenido surge con claridad meridiana que dentro del marco de  un  verdadero  contubernio  criminal,  los procesados concertaron voluntades con  los     esposos    Cabra    Alvarado    para  obviar los principios de transparencia, economía y selección  objetiva,  y  asignarles  el  contrato, que les dejó una ganancia del 25% de su  valor  total, según lo reconoció Ana Matilde Alvarado  en  su  testimonio.  Esto  patentiza la ocurrencia del  delito  de  celebración  de  contratos  sin  el  cumplimiento de los requisitos  legales,  en  el  cual no solo intervino Claudia Edilma  Hernández  Velásquez,  como lo declaró el Tribunal,  sino     también     Luis    Fernando    Contreras  Romero.   

Sustentado en estas consideraciones, solicita  a  la  Corte  dejar  sin  valor  la absolución por el delito de celebración de  contratos  sin el cumplimiento de los requisitos legales, y en su lugar proferir  uno de  condena (fls.102-115 del cuaderno del Tribunal).   

    

1. Del  defensor  de  Claudia  Edilma Hernández Velásquez.     

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  apartado  primero,  el  demandante  acusa  la sentencia impugnada de  violar  de  manera  directa  la  ley  sustancial,  por  aplicación indebida del  artículo  146  del Código Penal de 1980 (modificado por el 32 de la ley 190 de  1995),  y  falta  de  aplicación  de  la ley 142 de 1994 (estatuto de servicios  públicos  domiciliarios),  y  de  los  artículos  1º y 3º del primero de los  estatutos mencionados.    

Sostiene  que  el  artículo  146 del Código  Penal  de 1980 es una norma en blanco, en cuanto el legislador se remite a otros  ordenamientos  para actualizar y concretar la conducta. En el caso analizado, el  Tribunal  debía  establecer, en primer lugar, si los procesados tenían o no la  obligación  de  aplicar el régimen jurídico consagrado en el estatuto para la  contratación  administrativa.  En  este  proceso de selección normativa, el ad  quem  se  equivocó,  como  quiera  que  estimó aplicable el referido estatuto,  cuando   el   llamado   a   regular  el  caso  era  el  de  servicios  públicos  domiciliarios, o ley 142 de 1994.   

Arguye  que  el Municipio de Zipaquirá, para  estar  en  sintonía  con la ley 142 de 1994 (artículo 19), creó la empresa de  Acueducto  y  Alcantarillado  Municipal.  El  artículo 27 de este ordenamiento,  faculta  a  la  Nación,  a  las  entidades  territoriales y descentralizadas de  cualquier  nivel  para  participar  a  cualquier  título  en  el capital de las  empresas  de  servicios  públicos,  quedando  sometidas a las reglas especiales  allí  previstas,   dentro  de las que se impone destacar la concerniente a  que  los  aportes  efectuados por estas entidades se regirán en un todo por las  normas de derecho privado.   

En el presupuesto del Municipio de Zipaquirá  correspondiente  a  la  vigencia  fiscal  de  1995,  se  asignó  una partida de  $388’234.000.oo  para  la  construcción  de  la  segunda red del acueducto, la cual no pudo ser ejecutada.  Por  esta  razón  se  incorporó  en  el  presupuesto  de  1996,  con  la misma  destinación   “Red   Neusa,   Tanque  San  Antonio  de  Zipaquirá”.  Dicha  apropiación  presupuestal,  en  cuanto  constituye un aporte del Municipio a la  empresa  de  acueducto,  debía  regirse por la ley 142 de 1994, “en virtud de  que   así   lo   indica  la  destinación  específica  de  dicha  apropiación  presupuestal”.  Esto  indica que no requería licitación pública, puesto que  dicha  exigencia  no  la  consagra  el  referido  estatuto,  cuyo  artículo  31  establece   textualmente   que  “los  contratos  que  celebren  las  entidades  estatales  que  prestan  los servicios públicos a que se refiere esta ley y que  tengan  por  objeto  la  prestación  de  esos  servicios,  se  regirán  por el  parágrafo  primero del artículo 32 de la ley 80 de 1993 y por la presente ley,  salvo en lo que la presente ley disponga otra cosa”.   

De  lo  expuesto  se  sigue que los contratos  relacionados  con  la  prestación  de  los servicios públicos domiciliarios no  requieren  licitación  pública,  porque se ejecutan de acuerdo a la excepción  consagrada  en  el  parágrafo  primero  del  artículo 32 de la ley 80 de 1993,  siendo  por  tanto  aplicable  a  ellos  el  estatuto  de  servicios públicos y  domiciliarios,  en  cuyo  artículo  28  se  establece que “la construcción y  operación  de  redes  para  el  transporte  y distribución de aguas, residuos,  electricidad,  gas  y  telefonía  pública  básica conmutada, telefonía local  móvil  en  el  sector  rural,  así como el señalamiento de las tarifas por su  uso,  se  regirán  exclusivamente  por  esta  ley y por las normas ambientales,  sanitarias   y   municipales  a  las  que  se  alude  en  los  artículos  25  y  26”.   

Esto significa que la voluntad del legislador  fue  que  a los contratos relacionados con la prestación de servicios públicos  domiciliarios   no   se  les  aplicara  el  estatuto  general  de  contratación  administrativa  previsto  en  la  ley 80 de 1993. Las razones que se tuvieron en  cuenta   para  dejar  establecido  en  el  parágrafo  primero  transitorio  del  artículo  81  ejusdem  que  sus disposiciones “para todo lo que tenga que ver  con  la  prestación del servicio de agua, alcantarillado y aseo” entrarían a  regir  solo  tres  años  después  de  su promulgación, fueron básicamente de  orden  práctico  y  técnico:   por la época de ser expedida ya se estaba  tramitando  en  el  Congreso la ley de servicios públicos domiciliarios, que se  convirtió  en  ley  el  11  de  julio  de  1994, y que entró a regular todo lo  relacionado con ellos.   

Cuando Luis Fernando  Contreras      Romero,     en     condición     de  Alcalde,     

ejecutó la apropiación presupuestal, lo hizo  desconociendo  la  autonomía administrativa que tenía el gerente de la empresa  de  acueducto y alcantarillado de Zipaquirá, quien de acuerdo con la ley 142 de  1994,  era  el  llamado  a  celebrar  el  contrato de adquisición de los tubos.  Obviamente  el  Alcalde,  por  ser  el  ordenador  del gasto, podía ejecutar la  partida  presupuestal,  pero  contrariando el sentido de la ley 142 de 1994, que  le  imponía  una  serie  de  reglas  que  no  cumplió,  lo cual no modifica el  régimen jurídico aplicable.   

Si  el  requisito  de  realizar  licitación  pública  no  le era exigible al Alcalde, tampoco podía serlo para Claudia  Edilma  Hernández Velásquez como  gerente  de  ADCOOPGUALIVA LIMITADA, “porque ella en el contrato de suministro  de  la  mencionada tubería procedió como cualquier particular que compra y que  vende  de acuerdo a las leyes de la oferta, y de la demanda y sin estar sometida  al  cumplimiento de formalidades legales”. Por tanto, pide a la Corte casar la  sentencia  impugnada  en punto a la condena proferida en su contra por el delito  de  celebración  de  contratos sin el cumplimiento de los requisitos legales, y  en su lugar proferir una de carácter absolutorio.   

Alegato      apreciatorio.   

La  apoderado  del  Municipio  de  Zipaquirá  (parte  civil),  solicita  a  la Corte desechar las pretensiones del defensor de  Claudia  Edilma  Hernández  Velásquez,  y  estimar  el cargo presentado por el Fiscal del proceso. En cuanto  a  las  alegaciones  del  primero,  argumenta  que  cuando  las  Cooperativas de  Administración   Pública   celebran   contratos  en  desarrollo  de  convenios  interadministrativos,  como  el  suscrito  con la Alcaldía de Zipaquirá, deben  sujetarse  a  la  ley  80  de  1993. La ley 142 de 1994 no era aplicable, porque  quien  celebró  el  contrato  fue  el Municipio de Zipaquirá, no la empresa de  Acueducto.   

El relación con los cargos presentados por el  segundo,  afirma  que el Tribunal desconoció pruebas de las que surge que en el  contrato  celebrado por el Municipio de Zipaquirá existieron sobrecostos, y que  si  bien  es cierto el establecimiento denominado “Distribuidora Eternit” es  de  propiedad de Matilde Alvarado, no lo es menos que Pedro Cabra es su esposo y  que  actúa  como  si  fuera  su socio. Existen también pruebas que indican que  ADCOOPGUALIVA,  por  servir  de intermediaria en un contrato celebrado por fuera  de  su  objeto  social,  se  benefició  con  el  3%  de  su  valor,  y  que  la  representante  legal  de  “Distribuidora  Eternit”  obtuvo  una utilidad del  25%.   

Se  encuentra  igualmente  demostrado  que el  Alcalde  adquirió  la  tubería sin existir estudio técnico, ni contar con los  recursos  suficientes  para la ejecución del proyecto, y sin haber obtenido los  permisos   pertinentes   de  los  Municipios  de  Cogua  y  Nemocón,  ni  haber  constituido  las  servidumbres  requeridas  para  la instalación de la red. Tan  cierto  es  lo  dicho, que la  tubería solo vino a ser utilizada dos años  después  de  su  adquisición.  Esto,  y  la  circunstancia  de  haber recibido  directamente  la cotización de Distribuidora Eternit,  muestran que fue el  encargado  de  la celebración del contrato, y que actuó con dolo e interés en  su adjudicación.   

Concepto  del Ministerio Público:   

La  Procuradora  Primera  Delegada  para  la  Casación  Penal  solicita  a la Corte casar parcialmente la sentencia impugnada  en  cuanto  concierne a la absolución de Luis Fernando  Contreras  Romero  por  el  delito  de celebración de  contratos  sin el cumplimiento de requisitos legales, para que cobre vigencia la  decisión  de  condena impartida por el Juez de primera instancia, y mantener el  fallo  en  relación  con  la  acusada  Claudia  Eilma  Hernández  Velásquez.  Las siguientes constituyen, en  síntesis, las argumentaciones que sustentan su posición.   

    

1. Demanda del Fiscal:     

Sostiene que el recurrente tiene razón cuando  afirma  que  el  Tribunal  ignoró  los  documentos  que sirvieron de soporte al  convenio  interadministrativo  059  de  1996,  y los testimonios de Pedro  Rafael  Guerrero  Bustos, Edgar Rodríguez Méndez, Pedro Nel  González  Escobar,  Ana Matilde Alvarado de Cabra, Pedro Jesús Cabra Alfonso y  Angela  María  Giraldo  Díaz, elementos de juicio que  acreditan  la  estructuración  del  delito  de celebración de contratos sin el  cumplimiento   de   los   requisitos   legales   por   parte   de   Luis   Fernando   Contreras   Romero  y  Claudia  Edilma  Hernández  Velásquez.   

Explica que en el contrato celebrado entre la  Alcaldía  Municipal  de  Zipaquirá  y ADCOOPGUALIVA LIMITADA, y en el suscrito  entre  la  Cooperativa  y  Distribuidora  Eternit,  debieron  ser observados los  mandatos  contenidos en los artículos 24 parágrafo 2º de la ley 80 de 1993, y  2º  del  Decreto  855  de  1994,  que  aluden  a  los  principios de economía,  transparencia  y  selección  objetiva.  Empero,  Luis  Fernando  Contreras Romero, en condición de Alcalde, y  Claudia  Edilma  Hernández  Velásquez,  en  condición  de  Gerente  de  la Cooperativa, desconocieron estos  principios,  pues  aunque  formalmente  resultaba  lícito  realizar el convenio  administrativo  para  la  adquisición  de  los  tubos,  la  verdad es que dicho  mecanismo  fue  utilizado para evitar el proceso licitatorio (artículo 24 de la  ley   80   de   1993),   con   evidente   perjuicio   para  el  presupuesto  del  Municipio.   

El 24 de junio de 1996, el Alcalde aprobó el  pedido  de  los  tubos,  según  consta a folios 8 del cuaderno 4, decisión que  explica  aduciendo  urgencia manifiesta. Esta emergencia, no existió, pues así  quedó  establecido  en  el  proceso,  y  tampoco  fue  declarada  por  un  acto  administrativo  motivado,  con la vigilancia de la Contraloría (artículos 42 y  43  de  la  ley 80 de 1993), como corresponde hacerlo en estos casos.  Ello  habría  permitido  la  contratación  directa,  acorde  con lo dispuesto en los  artículos  24  ejusdem  y  3º  del  Decreto  855  de  1994,  inclusive  con el  distribuidor exclusivo de PAVCO en Zipaquirá.   

Pero esta urgencia fue supuesta, en cuanto el  ejecutivo,  vulnerando  también  el principio de planeación en su gestión, no  había  pedido  los  permisos  correspondientes  a  los  Municipios  de  Cogua y  Nemocón  para  adelantar  la  obra,  ni  había  constituido  las  servidumbres  necesarias  para  la  extensión  de  la  tubería.  Esto resulta violatorio del  numeral  12  del  artículo 25 de la referida ley 80, que establece la necesidad  de  elaborar  con  la  suficiente antelación a la apertura del procedimiento de  selección  y  la  firma  del  contrato,  los  estudios,  diseños  y  proyectos  requeridos  para  que la administración conozca en tiempo oportuno los aspectos  objeto de la contratación.   

Desconoció  también  el deber de selección  objetiva  previsto  en el artículo 3º del Decreto 855 de 1994, al incumplir la  exigencia  de  obtener al menos dos ofertas previas. El proceso demostró que el  Alcalde  no  convocó  a  los interesados a presentar propuestas. Si lo hizo, no  aparecen  los  proponentes  ni  la declaración de deserción del concurso. Solo  contactó  a  la  cooperativa  ADCOOPGUALIVA,  pero, como también lo informa el  proceso,  dicha  entidad  no  era distribuidora de PAVCO, ni tenía dentro de su  objeto   social   ser   intermediaria   para  la  compra  de  estos  materiales.   

Se  acreditó igualmente que la única oferta  presentada  fue  la  de  Ana Matilde Alvarado de Cabra,  en  representación de Distribuidora Eternit, y que la  mima  no  se  entregó  a  la entidad que supuestamente estaba contratando, sino  directamente  al  Alcalde,  quien  a  su  vez  aceptó  las pólizas de parte de  Distribuidora  Eternit,  cuando  ha  debido ser ADCOOPGUALIVA LIMITADA quien las  constituyera,  circunstancias  de  las  que  se  infiere  que  el Alcalde tenía  conocimiento  de  la  persona  con  la cual la cooperativa había subcontratado.   

Angela  María  Giraldo  Díaz  corroboró  la  existencia  de  “disímiles vínculos de negocios,  amistad  y  política”  entre  el  Alcalde  Contreras  Romero  y  los  esposos Cabra  Alvarado,   y   aunque   éstos   tratan  de  mostrar  independencia  total  en  sus negocios, y negar la injerencia que la amistad que  mantenían  con  el  burgomaestre  llegó a tener en la negociación, el proceso  contiene  pruebas  que indican todo lo contrario. Pedro  Nel  González  Escobar  (Gerente Comercial de Pavco),  manifestó  que  el  representante  de  la firma en Zipaquirá era Pedro  Jesús  Cabra  Alonso, afirmación de  la  que  se sigue que los negocios de los esposos Cabra  Alvarado  eran manejados por ambos, pues quien aparece  realmente  como  representante  legal  es  Ana Matilde  Alvarado.    

          

Cimentar, por tanto, un “querer distinto”  del  Alcalde,  con  apoyo  en  sus manifestaciones explicativas, como lo hace el  Tribunal,  no puede ser de recibo, porque ellas no justifican su conducta frente  a  la  contundencia  de  las  pruebas  recaudadas, y que son relacionadas por el  censor  en  la  demanda.  Sostener,  por  ejemplo,  que  la contratación con la  cooperativa  resultaba  más  confiable y menos onerosa para la administración,  es  justificación  que  resulta  inadmisible,  porque  la  subcontratación que  realizaron  implicaba necesariamente mayores costos. No se está reprochando que  la  cooperativa  haya  obtenido  ganancias.  Lo que resulta censurable es que se  hayan  pagado  unos  valores mayores o superiores a los debidos, y que ello haya  resultado    benéfico    para    la    subcontratista,    en   detrimento   del  erario.   

2.   Demanda  del  defensor     de     Claudia     Edilma     Hernández     Velásquez.   

Sostiene que las alegaciones del casacionista  son  infundadas,  porque  de acuerdo con el  artículo 1º de la ley 142 de  1994,  dicho  estatuto  se  aplica  a  los  servicios públicos domiciliarios de  acueducto,  alcantarillado  y  aseo, a las actividades que realicen las personas  prestadoras  de  servicios  públicos  de  que trata el artículo 15 de la misma  ley,  y  las  actividades complementarias definidas en el Capítulo II del mismo  Título,  y  los  otros  servicios  previstos  en  normas  especiales  de  dicha  normatividad.   

El servicio público domiciliario de acueducto  es   definido   por   el  artículo  14.22  del  referido  estatuto  como  “la  distribución  municipal  de  agua  apta  para  el  consumo  humano, incluida su  conexión  y  medición.  También  se  aplicará  esta  ley  a  las actividades  complementarias  tales  como captación de agua y su procesamiento, tratamiento,  almacenamiento,  conducción  y  transporte”.  Estos  servicios  públicos son  prestados  por  personas  naturales  o  jurídicas,  las  empresas  de servicios  públicos,  los  Municipios  y  demás  sujetos  relacionados en el artículo 15  ibídem.   

En las anotadas condiciones, en manera alguna  puede  ser  afirmado  que  la  citada  ley 142 de 1994 sea el estatuto llamado a  regir  la  contratación  celebrada  por  el Municipio de Zipaquirá. Si bien el  aporte  estaba  destinado  a  la empresa de Acueducto Municipal, fue el Alcalde,  como  ordenador  del  gasto,  quien  celebró el contrato, pretextando al efecto  urgencia   manifiesta,   sin  observar  las  formalidades  legales.  La  partida  presupuestal  del  Municipio  no fue objetivamente incorporada al presupuesto de  la  empresa  de  Acueducto  de  Zipaquirá,  por  lo  que, su gerente, no podía  disponer del dinero.   

Resulta  claro,  entonces,  que  por  la sola  nominación  de  los  aportes  para la empresa de Acueducto y Alcantarillado, no  podían  ser  aplicadas  a  la  contratación  referida “las normas de derecho  privado”,  como  lo  pretende  el censor, con fundamento en lo dispuesto en el  artículo  27.7  del referido estatuto. Si se aceptara, en gracia de discusión,  que  el  contrato  celebrado entre ADCOOPGUALIVA y Distribuidora Eternit, debía  regirse  por  el  derecho  privado,  con  desconocimiento  de lo previsto en los  artículos  2º  de  la  ley  80  de  1993,  y 2º del Decreto 2251 de 1993, las  pretensiones  del  casacionista no podrían de todas maneras coadyuvarse, puesto  que  no  puede  perderse  de  vista que se trata de un convenio realizado por la  administración  pública, cuyos objetivos y alcances tienen que estar sometidos  al  interés  general,  como  lo sustuvo la Corte en sentencia de 10 de julio de  2001,    con    ponencia    del    Magistrado   Ponente   Dr.   Nilson   Pinilla  Pinilla.   

En  síntesis,  para  la  tipificación de la  conducta  prevista  en  el  artículo  146  del  Código  Penal  de  1980, no es  necesario  que  el  contrato  ilegalmente  tramitado pertenezca a una categoría  determinada,  o  esté  regulado  por  un régimen jurídico específico. Lo que  realmente  cuenta  es  que  haya  sido  celebrado  por  el  servidor público en  ejercicio  de  sus  funciones, con el propósito de obtener un provecho ilícito  para  sí,  para el contratista, o para un tercero, y sin el cumplimiento de los  requisitos  legales,  como  lo  destacó  también la Corte en sentencia de 7 de  abril    de    1998,    con    ponencia   del   Magistrado   Fernando   Arboleda  Ripoll.   

SE        CONSIDERA:   

    

1. Demanda   presentada   por   el   Fiscal   del   proceso.     

Afirma el casacionista que el Tribunal omitió  tener  en cuenta todo un conjunto de pruebas legalmente incorporadas al proceso,  de  las  que  se  establece  que  el  procesado contrató con la Administración  Cooperativa  para  el  Desarrollo  de  la  Provincia del Gualivá (ADCOOPGUALIVA  LIMITADA)  con  el  único  propósito  de  obviar  el  proceso  licitatorio,  y  favorecer  indebidamente a su amigo y compañero de causas políticas, ingeniero  Pedro    Jesús    Cabra    Alonso,    esposo    de    Ana   Matilde   Alvarado,  representante  legal del establecimiento comercial que  finalmente suministró los tubos.    

Estas afirmaciones son en buena parte ciertas.  La  declaración  de  responsabilidad por el delito de celebración de contratos  sin  el  cumplimiento  de  los  requisitos  legales, que la sentencia de primera  instancia  contiene,  se  sustenta  en  la  consideración  de  que  el contrato  celebrado  por el Municipio de Zipaquirá con la Administración Cooperativa del  Gualivá  (ADCOOPGUALIVA  LIMITADA)  es  formalmente válido, pero materialmente  ilícito,  como  quiera que la cooperativa fue utilizada en condición de simple  intermediaria,  para  darle visos de transparencia a una contratación ilícita,  con  dos  objetivos:  (1)  rehuir el proceso licitatorio que debía cumplirse en  atención  a la naturaleza y cuantía del contrato, y (2) contratar directamente  el   suministro  de  los  tubos  con  Distribuidora  Eternit  del  Municipio  de  Zipaquirá.   

La  sentencia absolutoria, a su vez, parte de  afirmar  que  el  contrato suscrito entre Luis Fernando  Contreras   Romero,   en   representación  del   Municipio  de  Zipaquirá,  y Claudia Edilma Hernández  Velásquez,  en  condición  de representante legal de  ADCOOPGUALIVA  LIMITADA,  se  suscribió  con fundamento en lo establecido en el  literal  c),  numeral  1º del artículo 24 de la ley 80 de 1993, que excluye de  proceso   licitatorio   los  contratos  interadministrativos,  y  que  en  tales  condiciones,   resultaba   legítimo.   Sustentado   en   esta   premisa,  y  la  argumentación  de  que  el  referido  convenio  cumplía además los requisitos  requeridos  por  las  normas que regulaban la contratación directa, el Tribunal  afirmó      la      atipicidad      de      la      conducta,      sin     más  consideraciones.      

Pues bien. Del contenido de la  ley 80 de  1993,  y  las disposiciones reglamentarias, se establece que la celebración del  contrato  para  la  adquisición  de  los  4.300  metros de tubería PVC, debía  regirse  por sus disposiciones. Así se deduce de lo dispuesto en sus artículos  1º  y  2º  numeral  primero, que definen el objeto de la ley, y relacionan las  organismos  que  para efectos de su aplicación tienen el carácter de entidades  estatales, siendo uno de ellos el Municipio.   

También  se  establece  que el contrato, por  razón  de  su  objeto  y  cuantía,  debía someterse a proceso de licitación,  según  lo  previsto  en  el artículo 24 de la referida ley, por tratarse de un  contrato  de  compraventa  de  mayor cuantía. Es de precisar que el presupuesto  del  Municipio de Zipaquirá para 1996 ascendía a la suma de $6.639’609.261.52  (fls.239 del Cuaderno Anexo  3),  y  que  el salario mínimo legal mensual para ese año se encontraba fijado  en la suma de  $142.125.oo (Decreto 2310 de 1995).   

Conocedor  de  esta  situación, el procesado  acudió  a  la  figura  de  la  contratación interadministrativa, prevista como  excepción  por  el  literal  c),  numeral  1º del artículo 24 del estatuto de  contratación,  y con apoyo en ella suscribió el convenio 059 con ADCOOPGUALIVA  LIMITADA,   

empresa  prestadora de servicios, constituida  en  1990  en  la  modalidad  de  Administración Pública Cooperativa, cuya  naturaleza,  constitución,  características, y marco jurídico interno, regula  el  Decreto  1482  de  1989.  Ello,  en  consideración  a que el parágrafo del  artículo  2º  de  la  ley  80 de 1993, y el artículo 2º del Decreto 2251 del  mismo  año,  las  asimila  a  entidades  estatales, y las sujeta al régimen de  contratación   consagrado   en    la   primera   de   ellas   (ley  80  de  1993).     

En  las  anotadas condiciones, el contrato se  revelaba  lícito,  pues  por  convenio  interadministrativo  se  entiende,  por  definición     legal,    el    celebrado    entre    sí    por    entidades  estatales  (artículo  7º  del  Decreto  855 de 1994), y  ya se dejó visto cómo ambas, tanto el Municipio  como  la  Administración  Cooperativa,  ostentaban  dicha condición, según la  dispuesto  en  el artículo 2º de la ley 80 de 1993, y 2º del Decreto 2251 del  mismo  año.  Esta  legalidad, sin embargo, solo era aparente, pues la actividad  probatoria  demostró  que  la decisión del procesado de acudir a esta forma de  contratación,  se  erigía  en  una  simple  patraña  para  obviar  el proceso  licitatorio, y favorecer a terceros.   

En  la  sentencia  impugnada, el Tribunal, al  exponer  las razones en las cuales sustentaba la decisión absolutoria, analizó  el  primer  aspecto  (legalidad  formal del convenio), pero omitió referirse al  segundo.  Nada  dijo sobre los argumentos en los cuales se encontraba sustentada  la  acusación  y  la  decisión  de  condena  por  el delito de celebración de  contratos  sin  el  cumplimiento de los requisitos legales, ni sobre las pruebas  aportadas   al   proceso   que  servían  de  substrato  a  la  declaración  de  responsabilidad  por este ilícito, que ahora el demandante en casación retoma,  para  mostrar cómo el Tribunal, al ignorar su contenido, incurrió en evidentes  errores  de  existencia  por  omisión,  que  lo  llevaron a tomar una decisión  equivocada.    

¿Qué  aspectos  muestran la afirmación del  recurrente  en  el  sentido  de  que  la  Administración Cooperativa actuaba en  condición  de  simple  intermediaria?  En primer lugar, la ausencia absoluta de  capacidad  de   ADCCOPGUALIVA  LIMITADA para cumplir el objeto de contrato.  Los  elementos  de  prueba  allegados  al  proceso,  entre los que se cuentan el  testimonio   de   Pedro  Nel  González  (Gerente  Comercial  de  Pavco),  la  certificación  de  5 de marzo  expedida  por  el  Jefe  del  Departamento  de Licitaciones y Contratos de dicha  empresa,  y los estatutos de la administración cooperativa, acreditan que ésta  no  producía,  ni  distribuía,  ni  comercializaba  tubos  PVC  RD  26X14 para  construcción de acueductos (fls.345/1, 207/1 y 91/1).   

De  allí  la  identidad de objeto en los dos  contratos  consecutivamente  celebrados.  Basta  confrontar el convenio suscrito  por  el  Municipio  de  Zipaquirá  con  ADCOOPGUALIVA  LIMITADA, y el realizado  inmediatamente    después   por   ADCOOPGULIVA   LIMITADA   con   DISTRIBUIDORA  ETERNIT,   para  advertir  que  el  objeto contractual es el exactamente el  mismo  (compraventa de 4.300 metros de tubería PVEC RD 26X14 pulgadas), aspecto  que  de  suyo  indica  que  la  Administración  Cooperativa no se encontraba en  condiciones  de  cumplir  el  objeto  de  contrato, y que para hacerlo necesitó  acudir a la figura de la subcontratación.   

Las pruebas ignoradas por el Tribunal permiten  afirmar   igualmente   que   el   Municipio  de  Zipaquirá  no  tenía  ninguna  vinculación   con   la  Administración  Cooperativa  para  el  Desarrollo  del  Gualivá,  que la moviera a utilizar sus servicios,  y que la actividad que  esta   última   se  comprometió  a  realizar,  tampoco  hacía  parte  de  las  actividades  propias  de su objeto social. El Municipio de Zipaquirá, según se  dejó  visto  en el recuento que se hizo de la actuación procesal, no era socio  de  la  Administración  Cooperativa,  ni  ésta  tenía fijada su sede en dicho  Municipio.  Y  sus  estatutos,  en  los  literales b) y c) del artículo 9º, la  autorizaban   para  “construir  y  mantener  obras  de  acueducto”,  y  para  “coordinar  la  adquisición de equipos, maquinarias, materiales e insumos”,  no para comercializarlos (fls.95-122/1).       

Aparte  de estos elementos de juicio, existen  otros  que  surgen  del  proceso  de celebración, ejecución y cancelación del  contrato,  que  indican que la relación contractual se estableció, no entre el  Municipio  y  ADCOOPGUALIVA  LIMITADA (contratante y contratista), sino entre el  Municipio   y  DISTRIBUIDORA  ETERNIT.  Obsérvese  cómo  las  cotizaciones  no  provinieron  de  ADCOOPGUALIVA  LIMITADA,  sino  directamente  de  DISTRIBUIDORA  ETERNIT  (fls.55  y  69  de  la  carpeta  correspondiente  al informe del Cuerpo  Técnico),  y  que  al  menos  unos de los cheques girados por la tesorería del  Municipio   para   cancelar   el   valor  del  contrato,  fue  retirado  por  la  representante  de  DISTRIBUIDORA  ETERNIT  (fls.20/1).  Igual  sucedió  con las  pólizas,  pues  también éstas fueron constituidas por DISTRIBIDORA ETERNIT, y  no por ADCOOPGUALIVA LIMITADA (fls.13-14/1).   

Un  elemento  de  prueba  más  que conduce a  mostrar  la  ausencia  de  transparencia en la negociación, es la diferencia de  precios  que  en  relación  con  el  mismo pedido (4.300 metros de tubos PVC RD  26X14),  certificó  DISTRIBUIDORA ETERNIT en sus cotizaciones. Uno al Municipio  por       valor       de       $357’908.952.oo  (fls.69  Anexo 1 y 69 de la carpeta del C.T.I), y otro a  ADCOOGUALIVA  LIMITADA por valor de $347’171.684.oo   (fls.70   ibídem),  situación  que  solo  admite  una  explicación  de cara a la verdad que revela el proceso: evitar que el precio de  los dos contratos fuese el mismo.   

Los   vínculos  de  amistad  y  políticos  existentes  entre  Luis  Fernando  Contreras  Romero y  Pedro  Jesús Cabra Alonso (esposo de la propietaria de  DISTRIBUIDORA  ETERNIT),  aparecen  también  probados en el proceso. El informe  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigaciones  de  30  de  julio  de  1998 (fls.1-3  carpeta),  el  testimonio  de  la  investigadora Angela  María  Giraldo  Díaz  (fls.500/3), los testimonios de  los  esposos  Cabra  Alvarado  (fls.369  y  377/3),  el oficio SH625/99 de la Secretaría de Hacienda Municipal  de  Zipaquirá  (fls.332/3), y el oficio 124/99 de la Registraduría Especial de  Zipaquirá  (fls.299, 300, 301, 303/3), pruebas todas que el casacionista afirma  igualmente  omitidas,  acreditan  no  solo la existencia de los referidos nexos,  sino  también  que  el ex Alcalde venía contratando desde la  iniciación  de   su  administración  con  dicho  establecimiento  comercial  (DISTRIBUIDORA  ETERNIT).   

Aparte  de  lo que se deja expuesto, se tiene  que  el contrato ninguna ventaja representaba para la administración Municipal.  Por  el  contrario,  la  sola  intermediación de la Administración Cooperativa  generaba    para    el    Municipio    un    sobrecosto    de    $10’737.268.oo,  sobre  el  precio ofrecido  por   distribuidora,  la que a su vez, reportó ganancias equivalentes a un  20  o  25%  sobre  el  precio  total  del  contrato  (es  decir, $70’000.000.oo       aproximadamente),  condiciones  que,  como  destaca  acertadamente  la  Delegada  en  su  concepto,  resultaban  demasiado onerosas para el fisco municipal. Mejores precios hubieran  podido  lograrse  con otros distribuidores, o directamente con la productora, de  haberse acudido al proceso licitatorio.   

En  su  indagatoria,  el acusado afirma haber  suscrito  el  contrato  con ADCOOPGUALIVA LIMITADA, entre otras razones, por las  siguientes:  (1)  En  cumplimiento  de la política de apoyo a las cooperativas,  auspiciada  por  el  gobierno  departamental  con  arreglo  a lo dispuesto en el  artículo  147 de la ley 79 de 1988, para entonces vigente; y (2) por motivos de  urgencia,  dado  que  la  comunidad  requería  con  apremio  la ampliación del  acueducto.  Estas  explicaciones,  que el Tribunal acoge en el fallo, se diluyen  frente   a   la  prueba  allegada  al  proceso,  y  el  contenido  de  la  norma  citada.          

El  principio  de prelación obligatoria y de  tratamiento  especial  de  las  cooperativas en los procesos de adjudicación de  los  contratos  con las entidades estatales, que preveía el artículo 147 de la  ley  79 de 1988, solo  operaba cuando el organismo cooperativo cumplía los  requisitos  legales,  y  se  encontraba  en  iguales o  mejores  condiciones  frente a los demás proponentes,  en  manera  alguna  cuando  actuaba  por  fuera  del  marco  legal o estatutario  aplicable,  o  cuando su propuesta resultaba desfavorable frente a otras ofertas  del   mercado,   como   sucedía  en  el  caso  objeto  de   estudio.    

Las  razones de urgencia que reclama, tampoco  resultan   de   recibo.   Además   de   que  no  fue  declarada  mediante  acto  administrativo,  como  correspondía  hacerlo,  la  prueba  demostró  que no se  cumplían  las  condiciones  requeridas  para ello (artículo 42 de la ley 80 de  1993).  De  una  parte, se carecía de los estudios necesarios para adelantar el  proyecto,  y de otra, de los recursos para ejecutarlo totalmente. Simplemente se  buscaba  ejecutar  la partida, a cualquier costo, con el propósito de favorecer  a  terceros,  como lo indica el hecho de que un año después no todos los tubos  habían  sido  recibidos  por  el  Municipio, y que para el año de 1999 aún no  habían  sido utilizados. Así se desprende de los oficios 417/97,  143/97,  y  de  21 de julio de 1999 (fls.35 y 36/1, 304/3), y de otras múltiples pruebas  que  convergen  a  corroborarlo  (fls.23,  137,  139,  y  223-230  del  cuaderno  No.1).   

En  síntesis,  la  prueba  ignorada  por  el  Tribunal  demuestra  que  procesado omitió deliberadamente cumplir un requisito  esencial  (proceso  licitatorio)  en  el  contrato  de  compraventa de los tubos  destinados    a    la   ampliación   de   la   red   del   acueducto   regional  Cogua-Nemocón-Zipaquirá,  con  violación  de  la prohibición contenida en el  numeral   8,   artículo   24  del  Estatuto  General  de  Contratación  de  la  Administración  Pública,  y  de  los  principios de transparencia, economía y  deber  de  selección  objetiva  definidos  por el mismo estatuto, movido por el  propósito  de favorecer a un tercero, y que su conducta, por tanto, se ajusta a  la  descripción  típica  del  artículo 146 del Código Penal de 1980 (410 del  actual estatuto).             

El  cargo prospera.       

       

2. Demanda presentada  por   el   defensor   de   Claudia   Edilma   Hernández  Velásquez.   

Dos  argumentaciones  básicas sustentan esta  censura:  (1)  Que  el  contrato  celebrado  por la acusada no requería licitan  pública,  porque  la  ejecución de la apropiación presupuestal destinada para  tales  efectos   quedaba cobijada por el régimen previsto en la ley 142 de  1994   (estatuto  servicios  públicos  domiciliarios),  de  acuerdo con lo  dispuesto  en  sus  artículos  27, 28 y 31. (2) Que el legislador quiso que los  contratos  relacionados  con  la prestación de los servicios públicos quedaran  por  fuera del régimen de la ley 80 de 1993, según lo establecido en el primer  parágrafo transitorio del artículo 81 de la ley 80 de 1993.   

Este reparo carece de fundamento. El contratos  suscrito   por  el  Alcalde  Luis  Fernando  Contreras  Romero,   en   representación   del   Municipio   de  Zipaquirá,  con  Claudia Edilma Hernández Velázquez,  en   condición  de  gerente  de  la  Administración  Cooperativa  para el Desarrollo de la Provincia del Gualivá; y el celebrado por  Claudia    Edilma    con  Matilde    Alvarado    de    Cabra,    representante  del  establecimiento  comercial DISTRIBUIDORA ETERNIT  del  Municipio  de  Zipaquirá,  son  jurídicamente independientes, no obstante  coincidir en su objeto.   

Las  partes  son  distintas,  el  precio  es  diferente,  y  los recursos destinados para sufragar el valor de los contrato es  igualmente  diverso.  Mientras   los  dineros  destinados  para el pago del  precio  en  el  contrato  celebrado  por el Municipio con ADCOOPGUALIVA LIMITADA  provenían  de  recursos  del  presupuesto  municipal (Programa 100, subprograma  110,  artículo  111. Construcción ampliación red Neusa – Tanque San Antonio),  los   aplicados   para   el   pago  del  precio  del  contrato  celebrado  entre  ADCOOPGUALIVA  LIMITADA  y  DISTRIBUIDORA  ETERNIT, provenían del capital de la  Administración  Cooperativa.  Esta  diferencia es importante, en cuanto deja en  claro  que  la  acusada,  al suscribir el contrato con DISTRIBUIDORA ETERNIT, no  ejecutó  la  partida  presupuestal  destinada  a  la  ampliación del acueducto  regional  Zipaquirá  –  Cogua  –  Nemocón.         

Si paralelamente a lo dicho se tiene en cuenta  que  la  declaración  de  responsabilidad  de  Claudia  Edilma   Hernández   Velásquez   por  el  delito  de  celebración  de  contratos  sin  el  cumplimiento  de  los  requisitos  legales  esenciales,  derivó  de la inobservancia del proceso licitatorio en el contrato  celebrado  por  ella  con  DISTRIBUIDORA  ETERNIT,  mas  no  del suscrito con el  Municipio  de  Zipaquirá, se concluye, sin esfuerzo, que las argumentaciones en  las  cuales  se  sustenta la censura devienen impertinentes, pues, como viene de  ser  visto,  la  negociación  realizada  por  ella  no  se  hizo  con  cargo al  presupuesto  de  ingresos  y  gastos  del  Municipio,  ni por ende, a la partida  destinada para la ampliación de la red de acueducto.   

Esto,   sumado   el   hecho   de   que   la  Administración  Cooperativa  para  el  Desarrolla  del  Gualivá  no  tenía la  condición  de  empresa  de  servicios  públicos,  ni  los  prestaba, y que los  dineros  destinados  para  la  ampliación  de  la red del acueducto regional no  ingresaron  a  su  arcas   en  condición  de  aportes  a  capital,  ni  de  contribuciones  para  esos específicos fines, como tampoco al presupuesto de la  empresa  de Acueducto y Alcantarillado de Zipaquirá, deja sin sustento fáctico  jurídico  las  alegaciones  expuestas  por  el  recurrente, referentes a que el  contrato  suscrito por la acusada con DISTRIBUIDORA ETERNIT, debía sujetarse al  régimen  de  contratación de las empresas de servicios públicos, por tratarse  de un “aporte” para un servicio público.   

Aunque esto sería suficiente para desestimar  la  censura,  resulta  importante precisar que las conclusiones de los fallos de  instancia   referidas   a   que   el   contrato   suscrito  por  la  acusada  en  representación  de  ADCOPGUALIVA  LIMITADA,  con  DISTRIBUIDORA ETERNIT, debía  sujetarse  al  régimen  contractual previsto en la ley 80 de 1993, y someterse,  por  tanto,  a  proceso  de  licitación  pública,  no  admiten  discusión. El  parágrafo  único  del  artículo 2º del referido estatuto, y el artículo 2º  del  Decreto  2251  del mismo año (reglamentario de aquélla), no dejan espacio  de duda al respecto.     

Por  su  parte,  el  concepto  SRC-4 de 17 de  febrero  de  1995, emitido en torno al punto por la División de Asuntos Legales  del  Departamento  Administrativo  Nacional  de  Cooperativas  (fls.30/1),  y el  pronunciado  por  la  Sala  de  Consulta del Consejo de Estado el 26 de julio de  1996,  que  los  juzgadores  de  instancia  igualmente  citan,  lo  confirman, y  reiteran  que  los  contratos  celebrados  por  las  Administraciones  Públicas  Cooperativas  deben  someterse  a  proceso  licitatorio  cuando  su naturaleza y  cuantía  así  lo  exijan, de acuerdo con lo establecido en el artículo 24 del  referido  estatuto.  Vemos, en lo sustancial, el contenido del segundo de ellos:   

“A  partir  de  la vigencia de la ley 80 de  1993,  las administraciones públicas cooperativas deben observar integralmente,  el  estatuto  de  la  contratación  de  la  Administración  Pública,  en  los  contratos que celebren.   

“No  se aplica el régimen de contratación  de   las  empresas  industriales  y  comerciales  del  Estado,  por  cuanto  las  administraciones  públicas  cooperativas  constituyen  una especie de entidades  públicas   asociativas.  Las  cuales  se  rigen  por  el  Estatuto  General  de  Contratación de las Administración Pública (ley 80 de 1993).   

“Los   contratos   que   celebren   las  administraciones  públicas  cooperativas  con  particulares,  en  desarrollo de  convenios  o  contratos  interadministrativos  suscritos con sus asociados, vale  decir,  con  las  entidades territoriales, están sujetos al Estatuto General de  Contratación  de la Administración Pública, el cual dispone que la escogencia  del  contratista  se  efectúa  a  través  de licitación o concurso públicos,  salvo los casos allí previstos”.       

Se desestima la censura.  

    

1. Fallo de sustitución.     

Acorde  con  lo  establecido  en el artículo  217.1  del  estatuto  procesal penal, la Corte casará la sentencia impugnada en  cuanto   dice   relación   con   la   absolución  del  procesado  Luis  Fernando  Contreras  Romero  por  el  delito  de celebración indebida de contratos, y en su lugar, dejará vigente la  sentencia  proferida  por  el  Juez  de  Primera  Instancia.  Por  consiguiente,  quedará  condenado  a la pena principal de cuatro (4) años de prisión y multa  de  veinte  (20)  salarios  mínimos  legales  mensuales,  y  las  accesorias de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término de la  pena      aflictiva,      como      autor      responsable      del     referido  ilícito.           

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL, oído el concepto de la Procuradora Primera  Delegada,  y  los alegatos de los sujetos no recurrentes, administrando justicia  en nombre de la república y por autoridad de la ley,   

R   E   S   U   E   L   V   E:   

1.  Desestimar  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de la acusada Claudia        Edilma        Hernández       Velásquez.   

2.  Estimar el cargo  presentado  por  el  Fiscal  del  proceso. En consecuencia, se CASA la sentencia  impugnada   en   cuanto   dispone  la  absolución  del  procesado  Luis  Fernando  Contreras  Romero  por  el  delito  de  celebración  de  contratos  sin  el  cumplimiento de los requisitos  legales,  y  en  su  lugar,  se  lo  condena,  en  los términos indicados en la  sentencia de primera instancia.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.  Notifíquese y devuélvase al Tribunal de origen. CUMPLASE.    

HERMAN GALAN CASTELLANOS  

JORGE         A.         GOMEZ  GALLEGO                      ALFREDO GOMEZ QUINTERO   

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                     ALVARO                                O.                              PEREZ  PINZON                      

MARINA        PULIDO        DE  BARON                     JORGE L. QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIRZ  BASTIDAS                        MAURO SOLARTE PORTILLA   

                                                                             Teresa Ruiz  Núñez   

                                                        SECRETARIA   

    

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