21788(01-12-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21788  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 109.  

          Bogotá   D.C.,   diciembre   primero   (1°)   de  dos  mil  cuatro  (2004).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   JOSÉ           ARISMENDY   ALARCÓN   PEÑA,  contra  la  sentencia  del Tribunal Superior de Santa Rosa de Viterbo, de fecha agosto 12 de  2003,  por  cuyo  medio  modificó la dictada por el Juzgado Segundo Penal   del  Circuito  de  Sogamoso,  del  11  de  febrero  11 de ese mismo año, que lo  condenó    como    autor    de    los   delitos   de   homicidio   y   lesiones  personales.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Los   sucesos  que  originaron  la  presente  investigación  fueron  declarados por el Tribunal de la siguiente manera:    

“El día 18 de junio de 1993 a eso de las 3:30  p.m.,  en  la  cantina  de  ADELINA  RIOS  ubicada en el perímetro urbano de la  localidad  de  Labranzagrande, se hallaban entre otros, Manuel Ríos Hernández,  María  del  Carmen  Beltrán  Niño,  Marco Aurelio Pacagui, Arismendy Alarcón  Peña,  José  Anselmo Beltrán y Luis Alberto Ríos;  debido a un cruce de  palabras  que  los  asistentes se lanzaron, de un momento a otro se presentó un  intercambio  de  disparos  que accionaron Arismedy Alarcón Pena y Marco Aurelio  Pacagui,  a  consecuencia  de los cuales fallecieron este último y Manuel Ríos  Hernández  y resultaron lesionados José Anselmo Beltrán, María Cecilia Caro,  María  del  Carmen  Beltrán  Niño  y  Arismendy  Alarcón  Peña, quien fuera  señalado          como          presunto          autor          de         los  hechos”           

El   Juzgado   Promiscuo   Municipal   de  Labranzagrande  declaró abierta la investigación, en cuyo marco fue vinculado,  mediante  diligencia  de  indagatoria,  JOSÉ ARISMEDY  ALARCÓN,   contra   quien   se   dictó   medida  de  aseguramiento  de detención de preventiva como presunto autor de dos homicidios  en  concurso  con  igual  número  de lesiones personales.  En cuanto a las  lesiones    ocasionadas   dentro   de   los   mismos   hechos   a   María   del   Carmen  Beltrán,  en  esta  providencia se dispuso la ruptura de la unidad procesal.   

          Clausurada  la  instrucción, se profirió resolución de acusación  el  28  de noviembre de 1997 en contra del sindicado, como presunto autor de los  delitos que sustentaron la medida de aseguramiento.   

          La   etapa  de  juzgamiento  correspondió  adelantarla  al  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Sogamoso,  despacho  que,  una vez surtido el  trámite  legal pertinente, condenó al procesado el 11 de febrero de 2003, como  autor  penalmente  responsable  de  dos  homicidios  en  concurso  simultáneo y  sucesivo  con  dos lesiones personales “de que fueron  víctimas  MARCO  AURELIO  PACAGUI, MANUEL RIOS HERNÁNDEZ, MARIA CECILIA CARO y  JOSÉ  ANSELMO  BELTRÁN”, a las penas principales de  256  meses  de prisión y multa de $ 3.000,oo, a las accesorias de interdicción  de  derechos y funciones públicas por un lapso igual al de la pena privativa de  la  libertad  y  a la privación del derecho de tenencia y porte de armas por un  término  de  15  años,  al  tiempo  que  lo  condenó  a  pagar los perjuicios  ocasionados por la comisión de los delitos.      

          Impugnada  la  anterior  decisión por la defensa del procesado y el  agente  del  Ministerio Público, se modificó por el Tribunal Superior de Santa  Rosa  de Viterbo, mediante providencia de fecha agosto 12 de 2003, en el sentido  de  declarar  la  prescripción  de la acción penal por las lesiones personales  ocasionadas   a   María  Cecilia  Caro  y   José   Anselmo  Beltrán,  razón  por  la  cual  redujo  la  pena de prisión a 230 meses y  disminuyó  a  10  años  la  accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas;   también  revocó  la prohibición para el procesado del porte  de  armas  durante  15  años  “en  aplicación  del  principio  de  favorabilidad”. Finalmente, concretó  el   pago  de  los  perjuicios  sólo  a  lo  relacionado  con  los  delitos  de  homicidio.   En  lo  demás,  el  fallo  fue  confirmado.             

Contra  esta determinación del Tribunal, el  defensor  del  procesado interpuso recurso extraordinario de casación.  En  orden  a  sustentarlo,  allegó  al proceso la demanda objeto de estudio para su  admisibilidad formal.   

LA DEMANDA  

          Un   solo   cargo   formula   el  defensor  técnico  del  procesado  ALARCÓN  PEÑA  contra  el  fallo  de  segundo  grado,  con  fundamento  en la causal primera por violación  indirecta  de la ley sustancial a consecuencia de “un  error   de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad,  consistente  en  apreciar  erróneamente  las  pruebas,  lo  que llevó a dejar de aplicar el numeral 6 del  artículo 32 del Código Penal”.   

          En  el  desarrollo  del  error  que  refiere,  el actor sostiene que  “se  apreció  parcialmente  la prueba testimonial y  aislada   de   los   demás   medios  documentales  existentes  en  el  proceso,  desconociendo  sin razón la versión del procesado ARISMEDY ALARCÓN PEÑA, que  corresponde   a   la   realidad   fáctica   y   verdad   procesal   que  logró  probarse”.   

Dice  el  recurrente  que  de acuerdo con la  valoración  que  de  los  testimonios  se  efectuó  en la sentencia impugnada,  pareciera  como  si  su  defendido  hubiera  actuado sin ninguna razón y con un  ánimo   vindicativo,   cuando   la   realidad   es  otra,  porque  “todos    los   declarantes   en   forma   unánime”  sostienen  que el procesado y su acompañante se encontraban en el  establecimiento    departiendo   tranquilamente   unas   cervezas   “hasta  que llegó …MARCO AURELIO, que pidió cerveza, asumiendo  una  actitud  desafiante  le  brindo  (sic)  una  al  ahora  procesado,  quien no la aceptó lo que suscitó un  primer  enfrentamiento verbal entre estas dos personas, casi inmediatamente hace  presencia  ISAAC PACAGUI, quien la emprende contra ALARCÓN PEÑA envolviéndose  en   su   mano   la   ruana   le   envía   un   golpe,  que  le  hace  caer  el  sombrero”.   

Por  lo  anterior, según el defensor, queda  claro  que  existió  una agresión grave e injusta hacia su prohijado que no se  limita   solamente   “a   las   manifestaciones   y  actuaciones  que  ya  se  sabe  tuvieron ocurrencia”,  sino   que   la   sola   presencia  de  Marco  Aurelio  en  el  establecimiento “ya  representaba  una  amenaza  a  su  vida e integridad personal, pues aquél años  atrás  había  dado  muerte  a JORGE ALARCÓN hermano del procesado, por lo que  sabía el peligro que corría”.   

En  esas  condiciones,  señala,  no  podía  exigirse   otro   comportamiento   a  su  defendido,  porque  hubiera  resultado  indignante  “como  hubiese sido la retirada o que no  hubiese  actuado  y  haber  esperado  que  se  concretara  la  agresión  de  su  contrincante  lo  que   hubiese  sido  fatal  para su vida e integridad, si  actuó  como  lo  hizo  es porque en su psiquis sintió la necesidad de defensa,  pues      sabía      que     su     vida     corría     peligro”.   

Aduce,  de esa manera, que la versión de su  defendido  encuentra  respaldo  en  la  prueba  documental  y testimonial que se  recaudó  en  el  proceso,  para  lo cual “no es sino  observar  la  historia  clínica de ARISMENDY donde se resalta que recibió tres  heridas  de  armas  de fuego, es muestra contundente de haber sido víctima  de  una  agresión,  que  al  ver amenazada su vida no tuvo más alternativa que  repelerla utilizando su arma de fuego”.   

En definitiva “Los  testimonios  en  su  conjunto  e  integridad  nos  brindan  una  verdad procesal  diferente  a  la percibida por el Tribunal Superior de Distrito Judicial, que no  es  otra  que  ALARCÓN  PEÑA actuó en legítima defensa, una agresión grave,  injusta  e inminente se presentaba, su vida e integridad personal se encontraban  en   peligro   por   la   actuación  de  MARCO  AURELIO  PACAGUY”.   

Por tanto, considera demostrado el error que  atribuye   al   Tribunal,   el   cual   es  “de  tal  trascendencia  que por el mismo produjo sentencia condenatoria.  Si hubiese  tomado  todos  los  testimonios  en  su  conjunto  e  integridad, atendiendo las  coincidencia  (sic)  de  los  mismos  sobre  la ocurrencia de los hechos, integrados con la prueba documental,  en  vez  de  descartar  la  posición de ARISMEDY ALARCÓN PEÑA, su conclusión  hubiese  sido la de reconocer la legítima defensa en la que actuó el procesado  y    como    desenlace   producir   una   sentencia   absolutoria”.   

De  acuerdo con lo expuesto, en el capítulo  de   la   “petición”,  solicita  que  se  case  el  fallo impugnado y en su lugar se profiera sentencia  absolutoria  en  favor  del  procesado,  “por  haber  actuado  dentro  de  los  parámetros  del  numeral  sexto  del artículo 32 del  Código  Penal,  esto  es,  en  Legítima  Defensa”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  demanda  objeto  de  examen, en el único reproche que contiene,  desconoce  de  manera  ostensible  los  presupuestos  formales que regentan este  extraordinario  medio de impugnación previstos en el artículo 212 del estatuto  procesal  penal  y  por  esa  razón  se  inadmitirá.   Para  llegar a esa  conclusión,  la  Sala  se  apoya  en  los  siguientes argumentos, sustentados a  partir  de  la  confrontación de la demanda con el fallo de segundo grado y con  el proceso, como se ha venido haciendo:   

Señala   la   mencionada   disposición,  específicamente  en  su  numeral  3°,  que  la  demanda  de  casación deberá  contener   “La  enunciación  de  la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las    normas    que    el    demandante    estime    infringidas”.   

         

El  demandante  acude a la causal primera de  casación  por  violación indirecta de la ley sustancial al considerar que  en  la  apreciación de la prueba el fallador incurrió en un error de hecho por  falso juicio de identidad.   

         

En  tratándose de este tipo de error, se ha  dicho  en forma reiterada por esta corporación, resulta necesario para quien la  alega,  que  individualice  o concrete la prueba sobre la cual recae el supuesto  yerro.   Luego  de estar plenamente determinado el medio de persuasión que  acusa  el defecto que se endilga, el demandante debe mostrar cómo fue apreciada  por  el  fallador  y  de  qué forma esa valoración tergiversa o distorsiona su  contenido   material,  en  tanto  esa  es  la  circunstancia  que  determina  su  procedencia,  en  otras  palabras, resulta indispensable que se enseñe mediante  un  cotejo  objetivo  efectuado  entre  lo  que  valoró el fallador y lo que en  verdad  contiene  la  prueba,  que  hubo supresión o agregación de su contexto  real para inferir que en realidad se alteró su sentido.   

Pero  lo  anterior no es suficiente para dar  por  demostrado  el  error,  pues  siempre  será  preciso  que se establezca su  trascendencia  o,  dicho  de  otro modo, que por virtud de la deformación de la  prueba  la  sentencia  se  muta en favor del interés que se representa y que el  fallo  impugnado  no  se  mantiene  con  fundamento en las restantes pruebas que  sustentan   la   determinación   adoptada.   Dicha  demostración  apareja  igualmente,  la  obligación  para  el  censor  de  evidenciar  que  el yerro de  apreciación  probatoria,  incidente  frente  a  los contenidos declarados en el  fallo,  vulnera  una  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación o aplicación  indebida.   

Es ostensible que la única censura propuesta  dentro  del libelo no satisface los requerimientos referidos, indispensables, se  insiste,  para  que  se  pueda afirmar que expresa con claridad y precisión los  fundamentos  de  la causal invocada y así aceptar que cumple con los requisitos  formales exigidos en la preceptiva procesal.   

Para empezar, oportuno se ofrece precisar que  ni  siquiera  se  individualiza  o  concreta  la  prueba  sobre la cual recae el  presunto  error  por tergiversación o deformación de su contenido.    El  casacionista  simplemente  realiza  una crítica probatoria generalizada, en  donde  advierte  regularmente  que  se  “se apreció  parcialmente  la  prueba testimonial y aislada de los demás medios documentales  existentes  en  el  proceso”  o, como se patentiza en  mayor  grado  más  adelante  cuando  indica que “Los  testimonios  en  su  conjunto  e  integridad  nos  brindan  una  verdad procesal  diferente  a  la  percibida por el Tribunal”, sin que  señale  una  prueba en particular de acuerdo con la valoración efectuada en el  fallo.   

Es  decir, el censor no concreta cuál es la  prueba  testimonial  o  documental  objeto de distorsión a que se refiere en la  censura;   así las cosas, menos aún se ocupa de evidenciar cómo ocurrió  esa  tergiversación  y  de demostrar su trascendencia en relación con el fallo  objeto de impugnación.   

En el único párrafo de su escrito en donde  hace  alusión  a  una prueba en particular se refiere a la historia clínica de  su  defendido,  mas  no  con  el  propósito  de demostrar que fue objetivamente  distorsionada,  a  consecuencia  del  cercenamiento  o agregación de contenidos  objetivos,  como  ya se dijo, sino para poner de manifiesto el criterio personal  que  ella  le merece, pues a su juicio esta probanza corrobora, contrariamente a  lo  que  sostiene  el  Tribunal,  que la presencia de heridas en el cuerpo de su  representado  permite  colegir  que  fue  objeto  de  una  injusta  e  inminente  agresión  que  ameritó  la  salvaguarda  de  su  vida  y,  en  consecuencia un  comportamiento justificado excluyente de responsabilidad penal.   

Tal actitud errónea se vislumbra a lo largo  de  todo  el  cargo,  en el cual so pretexto de un falso juicio de identidad que  apenas   enuncia,   esboza   su   punto  de  vista  in  genere  sobre  la  prueba  que  obra en el proceso, de  acuerdo  con  el cual es procedente la eximente de responsabilidad penal para su  defendido  por haber actuado en legítima defensa, sólo porque así lo estima y  no  porque  el  sentenciador  al  arribar  a esa conclusión incurrió en algún  error de juicio en la valoración probatoria.   

El  criterio  personal y generalizado que el  actor  tiene  de  la prueba no sólo no se adecua a los postulados del error que  invoca,  como  ya  se  adujo,  sino  que permite afirmar sin ninguna duda que en  definitiva  el  censor no desarrolló el único cargo que propone con fundamento  en   la  causal  primera  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  a  consecuencia  de un error de hecho por falso juicio de identidad.  Además,  con   esa   postura   se   aparta   totalmente  de  la  naturaleza  del  recurso  extraordinario  de  casación,  al  concebirlo  simplemente  como  una instancia  adicional dentro del proceso.    

Por otra parte, la exposición de su criterio  personal  y generalizado tampoco tiene la entidad de resquebrajar la presunción  de  acierto  y  legalidad que gobierna a la sentencia impugnada y, en esa medida  su  esfuerzo  se  torna  infructuoso, máxime cuando lo que se logra advertir es  que  su  única  pretensión  es que se aprecie la prueba de modo que los hechos  permitan  inferir  que  su  prohijado  actuó  amparado  bajo  la  excluyente de  responsabilidad   de   la  legítima  defensa,  pero  sin  demostrar  que  dicha  situación  se  produjo  a  raíz de un error en la apreciación de las pruebas,  pues  en  últimas  el  yerro  que  acusa  se  reduce a que no fueron apreciadas  conforme a su criterio personal.   

El principio de limitación que regenta este  medio   extraordinario   de   impugnación,  y  que  por  vía  legal  encuentra  consagración  en  el  artículo  216 del estatuto procesal penal, impide a esta  Sala  subsanar  las  incorrecciones anotadas en las que incurre el casacionista,  la  cuales atentan contra la debida fundamentación en forma clara y precisa del  cargo  que  formula  y,  por  consiguiente,  conducen  a colegir que el cargo no  reúne  los  requisitos  formales  previstos  en  el  artículo 212 ibídem.   

          Por  todo  lo anterior, es evidente que la decisión que corresponde  adoptar  es  la de inadmitir la demanda presentada por el defensor del procesado  JOSÉ ARISMEDY ALARCÓN PEÑA  y  devolver  el  expediente  al  despacho  de  origen,  como  lo indica  el  artículo         213        ejusdem.  Además,  porque  no  se  advierte  que  se  haya  incurrido  en  violación de garantías  fundamentales.      

         

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por el defensor de JOSÉ ARISMEDY ALARCÓN  PEÑA,  por  las  razones  consignadas  en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                             ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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