17525(06-08-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República   de  Colombia   

       

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 17525  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 89  

         Bogotá,   D.   C.,   seis   (06)   de   agosto   de  dos  mil  dos  (2002).   

VISTOS  

         Mediante  sentencia  del  11 de junio de 1998, el Juzgado Promiscuo  del   Circuito   de   San   Martín   (Meta)  declaró  al  señor  Luis       Francisco       Angulo       Caraballo      penalmente   responsable,  como  autor,  del  delito  de  homicidio  agravado  en  los  términos  del  artículo 324-7 del Código Penal de 1980, le  impuso  la pena principal de 40 años de prisión, la accesoria de interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  diez, la obligación de cancelar los  perjuicios     causados    y    le    negó    la    condena    de    ejecución  condicional.   

         El  fallo  fue  recurrido  por sindicado y defensor y, en decisión  del  1°  de  diciembre  de  1999,  el  Tribunal  Superior  de  Villavicencio lo  confirmó.   

         

         El         procesado        Angulo  Caraballo  interpuso recurso de casación. La Sala se  pronuncia   sobre  la  demanda  que  en  su  sustento  presentó  su  apoderado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         Aproximadamente  a  las  tres  de  la  tarde del 29 de diciembre de  1996,  NELSE RAMÍREZ PEÑA, quien se encontraba en una heladería de la carrera  8ª  número  10-11  de  El Castillo (Meta), se dirigía hacia el orinal, cuando  Luis    Francisco    Angulo   Caraballo,  con  quien había tenido problemas, le hizo dos disparos, uno en  la  nuca  y otro en el lado izquierdo del mentón, que le causaron la muerte; el  agresor  salió corriendo y, ante señalamiento de los transeúntes, autoridades  de   la   Policía   lo   capturaron  y  le  decomisaron  un  revólver  calibre  38.   

         Iniciada  y  clausurada  la  investigación,  en cuyo desarrollo se  escuchó   en   indagatoria  al  sindicado,  a  quien  se  resolvió  situación  jurídica,  el seis de mayo de 1997 se profirió resolución de acusación en su  contra  como  autor del delito de homicidio agravado conforme con los artículos  324-7  y  66-1  del  Código  Penal  de  1980,  decisión  que,  recurrida,  fue  confirmada  por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Villavicencio  el ocho de septiembre del mismo año.   

         El  Juzgado  Promiscuo del Circuito de San Martín profirió, el 11  de  junio  de  1998,  la sentencia de condena ya reseñada, la que, apelada, fue  confirmada por el Tribunal Superior el 1° de diciembre de 1999.   

         El  sindicado  interpuso recurso de casación el siete de diciembre  de  1999  y su defensor presentó la demanda respectiva el tres de mayo de 2000.   

LA DEMANDA  

         El defensor, luego de teorizar respecto  de  las  violaciones directa e indirecta de la ley sustancial, de los errores de  hecho  y  de derecho y de la técnica de la casación, explica que “En el caso  que  nos  ocupa  existe un claro error de derecho … trascendente, es decir que  determinó  el agravante al desconocer incorrectamente la evaluación probatoria  u  omitiendo  evaluarlas,  bien  porque  el  juzgador  al  aplicar  el agravante  desconoce  y  entendió  mal  la disposición que era negar aplicar, pues … la  prueba  misma  no  permitía  aplicar  el  agravante  de  que trata el artículo  324-7”,  porque si en el sitio sólo estaban acusado y víctima, no se supo en  qué  lugar  se  produjo  el  primer disparo, luego no se demostró el estado de  indefensión,  dado  que  el  relato  del  agente  (que  la víctima orinaba) no  confirma  lo  demostrado  en el informe ni en el dicho de los que concurrieron a  la  escena del delito, en atención a lo cual lo que hizo el Estado fue crear en  la “imaginación fáctica” la causal de agravación.   

         Concluye  que  la  única  vía  era  aplicar  el artículo 323 del  Decreto  100  de  1980  y,  por  tanto, espera de la Sala una decisión “en el  sentido de que se reduzca la sanción”.   

CONSIDERACIONES  

El   artículo   226   del   Código   de  Procedimiento  Penal de 1991 (decreto 2.700), bajo cuya vigencia se profirió la  sentencia  de  segunda  instancia  y  se  interpuso  el  recurso  de  casación,  establece  que “Si la demanda no reúne los requisitos, se declarará desierto  el  recurso  y  se  devolverá  el  proceso  al tribunal de origen”. Según se  detalla  a  continuación,  el  libelo  no satisface las exigencias formales que  establece    el    legislador,    por    lo    cual   la   Sala   procederá   a  inadmitirlo.   

El  numeral  tercero  del artículo 225 del  estatuto  procesal  anterior  dice que la demanda debe contener “La causal que  se  aduzca  para  pedir  la  revocación  del  fallo, indicando en forma clara y  precisa  los  fundamentos  de ella y citando las normas que el recurrente estime  infringidas”.  La  censura  propuesta  por  el  defensor no sólo carece de la  inteligibilidad,  fácil  comprensión,  concisión  y  exactitud  rigurosa  que  demanda  el  legislador,  sino que son totales su incoherencia y confusión. Por  ello, el rechazo deviene obligatorio.   

1°) De manera indistinta discurre sobre la  violación  directa  e  indirecta,  cuando  los  presupuestos  de una y otra son  disímiles  y, por contradictorios, deben ser propuestos en capítulos separados  y  de  manera  subsidiaria, por cuanto aquella comporta que el actor admita, sin  cuestionar,  la  estimación  probatoria  judicial, dado que el yerro que imputa  radica  no en la eficacia que se concedió a los elementos de juicio, sino en la  selección  de  la norma aplicable, porque dejó de aplicarse la que regulaba el  caso,  o se adoptó la que no correspondía, o se interpretó de manera errónea  la  que era de recibo. Ésta, la indirecta, por su parte sí es la vía adecuada  para  cuestionar la valoración que de los elementos de juicio hizo el juzgador,  demostrando  que  erró,  a  través de un error de hecho, en sus modalidades de  falsos  juicio  de  existencia,  identidad  o  raciocinio,  o de derecho, en sus  especies de falsos juicios de legalidad o convicción.   

2°) En un solo contexto presenta argumentos  teóricos  sobre  los  errores de hecho y de derecho, lo cual es contradictorio,  pues  los  mismos  se  oponen,  toda  vez  que si bien son las dos modalidades a  través  de las cuales se presenta la violación indirecta de la ley sustancial,  los  primeros  aluden  a  yerros  en  el proceso de contemplación y valoración  probatoria,  en  tanto  que los últimos se contraen a aquellos que versan sobre  las   normas   legales   que   regulan   la   aducción   de  los  elementos  de  convicción.   

3°)  No  especifica  “La  causal  que se  aduzca  para  pedir  la  revocación del fallo”, la que ni siquiera mencionó;  por  el  contrario, al presentar razones conjuntas sobre las violaciones directa  e  indirecta  genera  perplejidad  y  contradicción,  en  oposición al mandato  según   el  cual  es  imperativo  indicar  “en  forma  clara  y  precisa  los  fundamentos  de  ella”.  Por  esa  razón,  la Sala no puede conocer a ciencia  cierta  si  se  invoca  el  cuerpo  primero o el segundo de la causal primera de  casación.   

4°)  Acusa  al  fallo  de  incurrir  en un  “claro  error de derecho”, que es “trascendente” porque “determinó el  agravante”  del  artículo 324-7 del Código Penal de 1980, yerro que, como se  sabe,  comporta  un  quebranto por parte del juzgador respecto de las normas que  regulan  la  aducción  de  los  medios  de  prueba, pero el actor agrega que el  equívoco  consistió en “desconocer incorrectamente la evaluación probatoria  u  omitiendo  evaluarlas,  bien  porque  el  juzgador  al  aplicar  el agravante  desconoce  y entendió mal la disposición que era negar aplicar, pues es verdad  como  lo  demostró que la prueba misma no permitía aplicar el agravante de que  trata el artículo 324-7”.   

Aparte  del  galimatías  que  traduce  lo  transcrito,  si  el  actor  quiso cuestionar la estimación probatoria judicial,  por  una  “incorrecta  evaluación  probatoria”  o  por “omitir evaluar”  otras,  ello  es  ajeno al error de derecho que postula, por cuanto se trataría  de  un falso juicio de existencia (por excluir del análisis un medio allegado),  de  identidad  o raciocinio (ante la equivocada valoración), especies a través  de las cuales se presenta el error de hecho.   

5°)  Al  pretender  demostrar  el error de  derecho,  enfatiza  que las pruebas no demostraban el estado de indefensión, lo  cual  se  supuso  por el juzgador, argumentos que, reitera la Sala, no coinciden  con  la  definición  de  aquel  yerro y sí con la del de hecho por medio de un  falso   juicio   de   existencia   por   suponer  pruebas  no  obrantes  en  las  diligencias.   

6°)  Lo  que  se  presenta como prueba del  error  es un deshilvanado e incoherente escrito de instancia que pretende que la  Sala  privilegie  sobre los estudios realizados por los juzgadores de instancia,  desconociendo  la  doble presunción de acierto y legalidad con que estos llegan  en sede de casación.   

7°)  Dice  que  el  fallador  asignó a la  prueba  “un  mérito  que  le  tenía  la  ley  prohibido para el caso que nos  ocupa”,  expresión  que  hace referencia al falso juicio de convicción, como  modalidad  del error de derecho. Por parte alguna del defensor siquiera insinúa  cuál  fue  la  tarifa  legal  que  dejaron  de  aplicar  los  falladores  y  la  disposición  que  la  regula,  como  tampoco el elemento de juicio sobre el que  cayó  el  equívoco,  además  de  que  olvida  que  años ha fue recogido este  sistema  de  valoración,  en  tanto  que  el  que  rige  es  el  de la libertad  probatoria,  siempre  que las evidencias se aprecien en conjunto con apego a las  reglas  de  la  sana  crítica  y  con  el deber de exponer en forma razonada el  mérito que se asigna a cada una.   

8°) Afirma que se presentó el “error de  derecho”   como   “producto   de   una   violación   de  hecho  desconocida  erradamente”,  mención en extremo confusa y que viola el principio lógico de  no  contradicción  al  pretender  que  un  yerro  de  hecho, que se opone al de  derecho, puede ser medio para que se presente éste.   

9°)  Argumentos  como  que “La sentencia  debe  estar  en  consonancia con los hechos y pretensiones aducidos en el libelo  introductorio  por  lo que sería incongruente y se funda en supuestos fácticos  no  alegados  oportunamente  por  las  partes,  el  artículo 305 del código de  procedimiento  civil,  permite  que  la condena se extienda hasta el monto de lo  probado  pero  no  autoriza  que  se  condene  por lo no pedido”, se presentan  aislados,  sin conexión alguna con lo que se busca y aluden, sin saber por qué  y  para  qué, a disposiciones ajenas a la casación penal. Lo propio sucede con  la  expresión  de  que  “no debe olvidarse que una prueba demuestra y otra de  existir  no  puede el fallador fácilmente agravar una situación cualquiera”,  que no tiene sentido alguno.   

         Como  la  demanda  presenta  graves errores de técnica tanto en la  formulación  del  cargo  como  en  su  desarrollo,  no satisface los requisitos  legales  para  conocer de ella, lo cual impide el estudio del fondo del asunto y  lleva  declarar desierto del recurso de casación, de acuerdo con lo establecido  en  el artículo 226 del decreto 2.700 de 1991, bajo cuya vigencia se surtió su  trámite.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

1.  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de Luis Francisco Angulo  Caraballo.   

2. Declarar desierto el recurso de casación  interpuesto  contra  la  sentencia del 1° de diciembre de 1999 proferida por el  Tribunal Superior de Villavicencio.   

Esta  decisión  no  admite recurso alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ     ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                        

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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