17510(04-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 17510  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

Dr. HERMAN GALAN CASTELLANOS  

APROBADO ACTA No.38  

Bogotá, D.C., cuatro (4) de abril de dos mil  dos (2002).   

VISTOS  

El Juzgado Penal del Circuito Especializado de  Neiva,  condenó el 12 de octubre de 1999 a SANDRA YANETH MOLINA BARRIOS, RAMIRO  DIAZ   SALGADO,   ELBER  CHAVARRO  TEJADA  y  ALDINEVER MENESES PELAEZ a 50 años de prisión, como coautores  responsables   de   los   delitos   de   homicidio   agravado   en  Constantino  Chamorro Erazo, concierto para  delinquir,  porte ilegal de armas de uso privativo de la fuerza pública y hurto  calificado  agravado;  a  JOSE  ROBERTO  TRUJILLO ESPINEL a 52 años de prisión  como  coautor  responsable de los delitos anteriormente referidos y de homicidio  simple  en Nelson Guaca Peña;  a  ILDE  JIMENEZ LOSADA a 28 años de prisión como coautora de homicidio simple  en   la   misma   víctima   Guaca  Peña.  A  todos  los  procesados  les  impuso  como  pena  accesoria  la  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por 10 años y los conminó a  pagar  los  perjuicios  civiles.  Igualmente  autorizó el decomiso definitivo a  favor  del  Comando  General  de  las  Fuerzas  Militares  del  material bélico  incautado,  a  excepción  de  un  revólver  marca  llama, calibre 38L, número  IM6911H.  Ordenó  consultar  la  providencia  en  lo  que  no  fuere recurrida.   

El  Tribunal  Superior de Neiva con sentencia  del  29  de  marzo  de 2000,  confirmó  la decisión del a  – quo al resolver  los recursos de  apelación  interpuestos,  excepto  la  revocatoria  parcial  respecto de SANDRA  YANETH  MOLINA  BARRIOS para absolverla de los cargos formulados por los delitos  de  homicidio agravado y hurto calificado agravado, manteniendo la condena en lo  referente  a  los  hechos punibles de concierto para delinquir y porte ilegal de  municiones  de  uso  privativo  de las fuerzas armadas que le fueron atribuidos,  imponiéndole  una pena de 48 meses de prisión y por igual período la sanción  accesoria.   Dispuso   su  libertad  por  pena  cumplida,  exonerándola  de  la  obligación  de  pagar  perjuicios.  Igualmente ordenó la expedición de copias  para  investigar  la  participación  de  ILDE  JIMENEZ  LOSADA  en el delito de  homicidio    agravado    cometido    en   la   víctima   Constantino   Chamorro  Erazo.   

El   Juzgado   Único  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Neiva,  con  auto  del  4 de diciembre de 2001 y aplicando el  principio  de  favorabilidad  por  las modificaciones punitivas que introdujo el  nuevo  código  penal,  para  hacer  referencia  sólo a lo que concierne a este  proceso,  procedió  a  redosificar las penas privativas de la libertad para los  procesados   RAMIRO   DIAZ   SALGADO,  ELBER  CHAVARRO  TEJADA y ALDINEVER MENESES PELAEZ, a quienes les tasó  la  pena  en  35 años de prisión, a JOSE RUPERTO TRUJILLO ESPINEL le impuso 37  años  de  prisión  y  a  ILDE JIMENEZ LOSADA 16 años de prisión, manteniendo  incólume  las  demás  determinaciones  adoptadas  en  los fallos de instancia.   

HECHOS  

Entre  noviembre  y  diciembre  de 1993, un  grupo  de  personas  se  dedicó a la comisión de delitos de homicidio, hurtos,  secuestros,  extorsiones,  en  el  área  del  sur  del  Departamento  del Huila  (Pitalito y lugares circunvecinos).   

Ante las autoridades militares del Batallón  Magdalena  de  Pitalito  se  presentó  una  persona  conocida como “Tribilín”,  delatando  a  sus  compañeros  de  andanzas  y  conduciendo  al  Ejército  hasta  las  caletas  donde guardaban el  siguiente  material bélico: Un fusil AR-15, calibre 5.56, sin número, un fusil  AMK-47,  calibre  5.56,  número  M002988,  un fusil AK47, calibre 5.56, número  M002425,  una  subametralladora  Integrat  Warnig, calibre 9 mm, sin número, un  proveedor   para   M-16,  un  proveedor  para  AMK  o  Ak,  4  proveedores  para  subametralladora,  148  cartuchos  calibre  5.56,  148 cartuchos calibre 9 mm, 8  tacos  de dinamita, 300 estopines, 5 metros de mecha lenta.  En otra caleta  se  halló  una  subametralladora MP-5, calibre 9 mm, modelo 175, número C2088,  una   subametralladora  Uzi,  calibre  9 mm, número MI-02654, un revólver  llama  calibre  38L,  número  IM9460K,  un revólver Smith Wesson, calibre 30L,  número  J84  2360,  47  cartuchos  calibre 38L, 148 cartuchos calibre 9mm y una  granada de mano Indumil.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La  policía  de  Pitalito  capturó a SANDRA  YANETH  MOLINA  BARRIOS,  RAMIRO  DIAZ  SALGADO,  ELBER  CHAVARRO   TEJADA,  ALDINEVER  MENESES  PELAEZ,  JOSE  RUPERTO  TRUJILLO ESPINEL, ILDE JIMENEZ LOSADA y dos sujetos mas no vinculados a  este  proceso.  Decomisó dos revólveres, un Smit Wesson número 6D53331 y otro  llama calibre 38L, número 16911H.   

Los  anteriores  hechos dieron lugar a que la  fiscalía adelantara por separado las siguientes investigaciones:   

a). Por el delito de  concierto   para   delinquir  con  fines  terroristas  formuló  resolución  de  acusación  el   24 de enero y el 24 de marzo de 1995, en primera y segunda  instancia,   contra   SANDRA   YANETH   MOLINA  BARRIOS,  RAMIRO  DIAZ  SALGADO,  ELBER   CHAVARRO   TEJADA,  ALDINEVER MENESES PELAEZ y JOSE RUPERTO TRUJILLO ESPINEL.   

La  causa  por  estos  hechos  correspondió  inicialmente a un Juzgado Regional de Bogotá.   

b). Por los delitos  de   homicidio   agravado   en   Constantino  Chamorro  Erazo  (arts. 29 y 30, numerales 7 y 8 de la Ley 40 de  1993),  hurto calificado agravado (arts. 349 y 350, numerales 1, 2 y del C.P.) y  porte  de  armas  de  uso  privativo  de  las fuerzas armadas (art. 2, D.3664 de  1986),  la  Fiscalía  profirió  acusación  en primera y segunda instancia con  resoluciones  de  fecha 12 de julio de 1996 y 17 de abril de 1997, contra SANDRA  YANETH  MOLINA  BARRIOS,  RAMIRO  DIAZ  SALGADO,  ELBER  CHAVARRO  TEJADA,  ALDINEVER  MENESES  PELAEZ  y  JOSE  RUPERTO TRUJILLO ESPINEL.   

La  organización delincuencial integrada por  los   sujetos   antes   mencionados  tenía  como  propósito  despojar  de  sus  pertenencias  a  los transeúntes, sin importar que fuera de día o de noche, en  sitios  alejados de la población, valiéndose para cometer tales actos de armas  de  defensa  personal,  explosivos  y  prendas  de  uso privativo de las Fuerzas  Militares.   

La  causa  correspondió al Juzgado Penal del  Circuito Especializado de Neiva.   

c). Por el delito de  homicidio     simple      en    Nelson    Guaca  Peña  (art.  29  ley  40  de  1993)  la  Fiscalía 22  Seccional  de  Pitalito  profirió resolución de acusación contra ILDE JIMENEZ  LOSADA  y  JOSE  RUPERTO  TRUJILLO  ESPINEL.  Estos  hechos  ocurrieron el 24 de  diciembre  de  1993  en  el municipio de Isnos (Huila), cuando JIMENEZ LOSADA se  encontró  con  Guaca Peña a  la    media    noche    en    el    camino    de    la    vereda    ‘Canastos’,  disparando  contra éste el arma de  fuego   que   le  suministró  TRUJILLO  ESPINEL,  ocasionándole  heridas   mortales.   

La  causa  por  estos hechos correspondió en  principio    al    Juzgado    Tercero    Penal    del   Circuito   de   Pitalito  (Huila).   

Con  auto  del  23 de octubre de 1996 y 30 de  mayo  de  1997  se acumularon las causas referidas en los literales a) y c) a la  relacionada en el literal b).   

Agotados  los  presupuestos  procesales,  el  Juzgado  Penal del Circuito Especializado de Neiva y el Tribunal Superior de ese  Distrito  Judicial, profirieron los fallos de instancia, cuyo contenido se dio a  conocer  en  párrafos anteriores. La decisión del ad  quem  fue  recurrida  en  casación  por  el procesado  ELBER  CHAVARRO  TEJADA y su  defensor.  Habiéndose  presentado  oportunamente  la demanda, la Sala procede a  resolver lo que corresponda en derecho.   

                                                 LA DEMANDA   

Primer        cargo.   

Con base en la causal tercera de casación del  artículo  220  del  C.P.P. anterior, sostiene el recurrente que la sentencia de  segunda  instancia  se profirió en un proceso viciado de nulidad, conforme a lo  dispuesto  en los artículos 148, 304, 324, ibídem, al realizarse la diligencia  de   versión   libre   sin   la   presencia   de   un   abogado  titulado  como  defensor.   

En   apoyo  de  lo  aseverado  señala  que  ELBER   CHAVARRO   TEJADA  rindió,  en  forma  inconcebible,  versión  libre  en  la  Unidad  de Policía  Judicial  de  Pitalito,  en  la  cual  confesó una serie de conductas ilegales,  diligencia  en  la  que  fue  asistido  como  apoderada  por  la  señora  NURTH  RODRIGUEZ,  persona  que  se  ocupa  en  el oficio de lavar ropa y que dados sus  conocimientos  carecía de la mínima preparación que le permitiera entender el  cargo  desempeñado, por lo que no podía brindar defensa al procesado. Con este  argumento   concluye  el  demandante  que  la  defensora  oficiosa  “ni  siquiera  se  puede catalogar como  ciudadana           honorable”.   

Pitalito  es cabecera de circuito con más de  100.000  habitantes y por lo menos 50 abogados litigantes, razones que junto con  el  alcance asignado a la versión libre en los fallos de instancia, contribuyen  a  dar por desconocido el derecho de defensa técnica y que obligan a retrotraer  la actuación hasta su inicio.   

Segundo   cargo.             

El juzgador incurrió en violación indirecta,  por  error  de hecho, falso juicio de identidad, en cuanto al hecho revelado por  la   prueba,   al  darle  un  alcance  objetivo  que  no  le  corresponde.    

Los  falladores  solamente  describieron  los  tipos   penales  vulnerados  y  tasaron  la  pena,  sin  sustentar  “en    ningún    momento”  la  participación  de  ELBER  CHAVARRO  TEJADA en cada uno de los  delitos  que  le  imputan, así ocurrió con el homicidio agravado por la muerte  de  Constantino  Chamorro, a  quien  se  le  responsabilizó por pertenecer a la banda sin definir el grado de  participación.   

En  cuando  a  la  contemplación  de toda la  prueba  incorporada  al  proceso  sostiene  el  demandante  que  el  juzgador la  cercenó,  tomó  partes  como  un  todo, impidiéndole expresar al medio lo que  revelaba.   

En   las  informaciones  suministradas  por  “Tribilín”,  en  los  descargos rendidos por los  que  han  sido  vinculados  a la investigación, los testimonios, diligencias de  reconocimiento  fotográfico  y  en  fila  de personas, ninguna de tales pruebas  señalan    a   ELBER   CHAVARRO   TEJADA     como     participe     en    la    muerte    de    Constantino  Chamorro.  La responsabilidad  en  ese homicidio le fue derivada al inculpado por el simple hecho de pertenecer  a  una  banda  más  no porque así lo evidenciaran las pruebas practicadas, las  que,  entre  otras cosas, demuestran la no participación de aquél en el delito  contra la vida a que se hace referencia.   

Tercer cargo.  

El Tribunal incurrió en violación indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error de hecho al ignorar la existencia de la duda  razonable  a  que  conducía  el  caudal  probatorio  y  pese  a ello condenó a  ELBER  CHAVARRO TEJADA por el  delito de homicidio agravado.   

Las pruebas aunque no determinan la inocencia,  tampoco  dan certeza sobre la responsabilidad del incriminado – recurrente en el  homicidio   de   que   fuera   víctima   Constantino  Chamorro.   

Hace  alusión  a  conceptos  sobre certeza y  prueba  expuestos  por  doctrinantes  extranjeros,  para  concluir que no existe  caudal   probatorio  para  responsabilizar  al  incriminado  por  el  delito  de  homicidio  agravado  cometido  en  la  persona  que  ejercía  las  funciones de  Inspector  de  Policía  de  Gallardo, por lo que solicita casar parcialmente la  sentencia    y    absolver    a    ELBER    CHAVARRO  TEJADA por ese delito.   

Cuarto cargo.  

Repitiendo los argumentos fácticos expuestos  en  el  cargo  primero  concluye  que  el  Tribunal violó indirectamente la ley  sustancial  al  incurrir  en  falso  juicio de legalidad al apreciar la versión  libre  rendida  por  ELBER CHAVARRO TEJADA,  diligencia  ilegal  porque  fue recibida con la asistencia de una  persona  que  carecía  de  idoneidad  profesional  en el campo del derecho para  cumplir esa tarea.   

La única prueba que vincula y responsabiliza  al   recurrente   con   la   muerte   de   Constantino  Chamorro  es  la  confesión  hecha  por  CHAVARRO  TEJADA en la versión libre, por  lo  que se debe casar la sentencia absolviéndolo de ese ilícito, imponiéndole  la pena que legalmente le corresponda.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

La  Procuradora  Cuarta Delegada en lo Penal,  sostiene  que  la demanda en estudio no tiene vocación de éxito. Solicita a la  Sala  decretar  la  prescripción de la acción penal por el delito de concierto  para  delinquir  y  hacer  la  consiguiente  redosificación de la pena, y casar  oficiosamente  para  anular  la  actuación  a partir de la sentencia de primera  instancia.   

Primer        cargo.   

La ausencia de técnica en la formulación del  cargo  impide su prosperidad. Así por ejemplo, la nulidad  que pregona con  base  en  la versión libre debió alegarse como falso juicio de legalidad, pues  dicha  diligencia  no  es  presupuesto  procesal  de  actuaciones  o  decisiones  posteriores.   

Segundo   Cargo.   

Al entrar a demostrar la existencia del falso  juicio  de  identidad  cuestionó simultáneamente el mérito probatorio, lo que  resulta   técnicamente  desacertado,  como  también  lo  es  haber  dejado  de  confrontar   el   contenido  de   los  medios  con  el  fundamento  de  los  fallos.   

El  Tribunal  y el Juzgado Penal del Circuito  Especializado  no  examinaron  lo  manifestado por los declarantes o por quienes  participaron  en  las  diligencias  de  reconocimiento  en fila de personas o de  fotografías,  luego  mal puede aducirse tergiversación de dichas pruebas. Ante  esta  ausencia  de  análisis  y  valoración  para  fundamentar  la  condena de  ELBER  CHAVARRO TEJADA por el  delito  de  homicidio agravado otra debía ser la vía para atacar la sentencia.   

Tercer cargo.  

El  demandante  no  dio  ningún argumento en  orden  a  demostrar  la  duda.  No  atacó  el material probatorio para poner de  presente  los  errores en que incurrió el fallador. La censura se convirtió en  una   apreciación  personal,  en  la  que  la  proposición  jurídica  no  fue  integrada.   

Cuarto cargo.   

La  irregularidad  la denunció en dos cargos  separados  y  con  fundamento  en  causales  de  casación diferentes, lo que se  contrapone a las reglas de técnica que imperan en casación.   

En el momento en que se recibió la diligencia  de  versión libre con la intervención de una persona no abogada estaba vigente  el  artículo  34  del decreto 196 de 1971 y 148 del C.P.P., no siendo de recibo  el reclamó  del recurrente.   

Casación      oficiosa.   

Para la Delegada, es evidente la irregularidad  que  afecta  el  debido  proceso,  debiéndose  declarar  la nulidad por haberse  vulnerado  el  artículo  13,  170  –  4  y  29  de  la C.N., pues los fallos de  instancia   “carecen  por  completo  del  análisis  y  la  valoración  jurídica de las pruebas en que se  fundamenta  la  determinación adoptada”  en  relación  con  el  delito  de homicidio agravado de que fuera  víctima el Inspector de Policía del Municipio de Gallardo.   

Para   la   Procuraduría  el  a  quo  no  se  refirió  a  la  conducta  ejecutada  por  cada  uno de los implicados, el compromiso que les correspondía  en  cada  uno  de  los  delitos  ejecutados,  en  cuáles  de  ellos  estuvieron  presentes,  el  grado  de  participación,  no  fueron examinadas las pruebas en  relación  con  tales  aspectos,  como  tampoco  para llegar a la atribución de  “responsabilidad  de cada  uno  de  los  sindicados”,  por  lo  que  los sujetos procesales no conocieron las razones por las cuales se  profirió la condena por el delito de homicidio agravado.   

El     defensor     de     CHAVARRO    TEJADA    reclamó   en   la  sustentación   del  recurso  de  apelación  que  al  procesado  se  le  estaba  declarando  responsable  por  el hecho de pertenecer a una banda, sin examinarse  en  concreto  la  situación de aquél, y pese a ello, el Tribunal no respondió  tales  planteamientos,  se  limitó  al  asunto  que  concernía a SANDRA YANETH  MOLINA      BARRIOS,      sin      hacer      referencia      a     “los  demás  procesados,  ni  de  los  planteamientos  esbozados  por  los  demás  sujetos  procesales  que decidieron  impugnar  el  fallo  de  primer  grado”.   

No quedó satisfecho en este caso el numeral 4  del  artículo  180 del C.P.P. de 1991, por lo que se sugiere casar la sentencia  y  decretar  la  nulidad de la actuación a partir de fallo de primera instancia  para corregir la irregularidad puesta de presente.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  SALA           

Primer cargo  

El  recurrente  reclama  la  nulidad  de  la  actuación  desde  la  iniciación  del  sumario,  afirmando que la sentencia de  segunda  instancia se profirió sin advertir que la diligencia de versión libre  rendida  por  CHAVARRO TEJADA  era  nula  y  se había recibido con la asistencia de una persona que no reunía  los  requisitos  para  ser  apoderada  del  incriminado  en  ese  acto procesal.   

                                                                                     

El  inciso  primero  del  artículo  148  del  Código      de      Procedimiento      Penal      establecía:     “Personas  habilitadas para la defensa  del  imputado.  De  conformidad  con  lo dispuesto en el Decreto 196 de 1991, el  cargo  de  defensor  para la indagatoria del imputado, cuando no hubiere abogado  inscrito  que  lo  asistiera  en ella, podrá ser confiado a cualquier ciudadano  honorable,     siempre     que     no    sea    servidor    público”.   

La     Corte     Constitucional   dispuso:   “Declarar  que  los artículos 34 del Decreto 196 de 1971, el inciso  primero  del  artículo  148  y  el  artículo  355 del Decreto 2700 de 1991 SON  INEXEQUIBLES”.   

                                

El  funcionario  de  la  Unidad  de  Policía  Judicial  obró  de conformidad con lo establecido por la ley vigente a la fecha  en  que  se  cumplió la actuación procesal cuestionada por el demandante, esto  es,  dentro  de  las  facultades  conferidas  expresamente por el inciso 1° del  artículo  148  del C.P.P. y el artículo 34 del decreto 196 de 1971, pues en el  presente  caso,  la  aludida  sentencia  de  la  Corte  Constitucional  no tiene  incidencia,  por  cuanto  que  ella  sólo produjo efectos hacia el futuro, como  así lo dispone el artículo 45 de la ley 270 de 1996.   

El  cotejo de las condiciones establecidas en  el  artículo  148  del  C.P.P.  y  las circunstancias en las que se recibió la  versión,  permite  señalar  que  la  designación de una persona honorable (lo  humilde  no niega lo honorable) como defensora del imputado, habilita legalmente  la  diligencia,  sin  que  ello  signifique menoscabo de la defensa técnica. En  esta  ponderación  no  debe  pasarse  inadvertido  lo  que  ahora  es  doctrina  pacífica   de   la   Sala,   en   cuanto   a   que   el  adverbio  “cuando”,   referido   a   que   “no  hubiere  abogado  inscrito  que lo  asista  en  ella,  no se debe equiparar a  la ausencia material de abogados  en  el lugar sede del despacho judicial donde se realiza la diligencia, sino que  ha  de  concebirse  como  la  disponibilidad  de  aquellos para el momento de la  diligencia.   

La  fecha en la que se oyó en versión libre  al  sindicado  merece  una consideración especial, pues ella satisfactoriamente  explica  la  conducta  del  Jefe  de  la  Unicidad  de  Policía Judicial que la  recibió,  ya que el acto procesal fue evacuado en tiempos en que la mayor parte  de   los   despachos   judiciales   están  en  vacaciones  colectivas  por  las  festividades  de fin de año (11:45 del 30 de diciembre de 1993) y, aunque no se  haya  dejado  expresa  constancia, es notorio que ello incide en la actividad de  los  litigantes  por  cuanto  en  esas  fechas  no  es fácil conseguir abogados  titulados disponibles o de consultorio jurídico.   

Lo  dicho  significa,  asumiendo  una visión  integral  del  proceso, que el procesado, tanto antes como después del fallo de  inexequibilidad  de  la Corte Constitucional, no careció del derecho de defensa  técnica.   

Desafortunada  resulta,  además,   la  argumentación  relacionada  con  la  nulidad  de  la  prueba  practicada en las  condiciones  a  que  se  ha  hecho  alusión,  puesto que  una censura así  formulada,  procedía hacerla al amparo de un error in  judicando  y no como argumento para demostrar un error  in procedendo.   

El cargo no prospera.  

Segundo cargo.  

Sostiene  el demandante que el fallador en la  contemplación  de  la  prueba,  la cercenó, pues ninguno de tales elementos de  juicio  señalan  a  ELBER CHAVARRO TEJADA     como     partícipe    en    la    muerte    de    Constantino  Chamorro, esa responsabilidad  le  fue  derivada  por el simple hecho de pertenecer a una banda, sin motivar ni  determinar su grado de participación.   

Una de las reglas que elementalmente gobiernan  el   recurso   de   casación,  consiste  en  la  autonomía  de  sus  causales,  precisamente  la   ignorada  por el recurrente, dado que, no obstante haber  dirigido   la  acusación  contra  el  fallo  del  ad  quem  por cercenamiento de la prueba, simultáneamente  y  en  el mismo reproche, reclamó por la violación al debido proceso por falta  de  motivación  de la sentencia recurrida. Los errores de actividad y de juicio  así  planteados,  simultáneamente  y  como  principales, resultan excluyentes,  razón  por  la  cual  debieron  formularse entonces  de manera separada y,  necesariamente, este último, con carácter de subsidiario.   

En  la  demanda se sacrifican los principios  básicos  de  la  lógica, que es primordial en un juicio que se le formula a la  sentencia  de  segundo  grado  y  no  al  facto que la motiva,  restándole  claridad  a  la fundamentación y, consecuencialmente, dejando sin demostración  la  trascendencia  del  error  atribuido  a  la  decisión  del Tribunal. A esta  situación  se  llegó  porque,  de  manera  equivocada,  la sustentación de la  acusación  cambió  el  discurso  lógico-jurídico propio de la causal primera  invocada,   para    trasladarla   con  inadmisible  ligereza  a  la  causal  tercera.   

Prescindir   de   la  técnica  propia  del  recurso   extraordinario  de  casación,  que  por  ello  no  es un recurso  ordinario  más,  significa  condenar al fracaso la pretensión, puesto que, por  la  naturaleza  rogada  del  mismo,  la Sala está de tal manera limitada en sus  facultades,  que  no  puede oficiosamente corregir la plana del recurrente. Este  defecto,   a   él   atribuible,   impide    examinar  a  fondo  el  asunto  planteado.     

La  Sala  se verá precisada a consignar otra  acotación,  ésta  vez  relacionada  con  la  referencia  que la Delegada de la  Procuraduría  hace  al conceptuar sobre el cargo que se viene examinado, cuando  señaló  que  el  Tribunal  y  el  Juzgado  Penal del Circuito Especializado no  examinaron  lo manifestado por los declarantes o por quienes participaron en las  diligencias  de  reconocimiento  en  fila  de  personas  o de fotografías, para  concluir   que,   así   las   cosas,   mal  podía  el  recurrente  aducir  tergiversación de pruebas no analizadas.   

Y  es  que  el  planteamiento  del Ministerio  Público  no  resulta  ajustado  a  la  realidad  procesal. Los servidores de la  justicia  en  los  fallos que pusieron fin a las instancias, sí se pronunciaron  con  relación  a  las  pruebas que el recurrente cita como distorsionadas, como  así pasa la Sala a constatarlo.   

El  demandante  vinculó  el reproche con las  versiones   rendidas  por los procesados SANDRA YANETH MOLINA BARRIOS (fls.  60,  68, 77, 80, 83, 92 a 94), RAMIRO DIAZ SALGADO (fls. 66, 68, 72, 73, 76, 83,  93),  JOSE  RUPERTO TRUJILLO ESPINEL (fls. 63, 68, 72, 73, 74, 76, 78,  82,  89,  93),  ALDINEVER  MENESES  PELAEZ (fls. 68, 72, 73, 76, 78, 79, 83, 92, 93),  BERTULIO  HOMES  CLAROS  (fls.68,72,  73,  76,  77,  82, 83, 86) y MARCO AURELIO  CALDERON  PEÑA  (fls.68,  73,  76,  82,  83,  87); con los  testimonios de  HERMELINDA  SILVA  de CHAMARRO (fls. 71, 72), HERMELINDA SILVA PLAZAS (fls. 62),  LUDIVIA  CHAMORRO  SILVA  (fls.  62, 71) y LIBARDO DUARTE ALMARIO (fls. 71) como  con  las diligencias de reconocimiento fotográfico y en fila de personas en las  que  intervinieron  HERMELINDA  SILVA  PLAZAS  (folios  ya citados), ANGEL MARIA  SERRANO (fl. 72) y JAIME CESPEDES ANDRADE (fl. 72).   

Pues bien, la afirmación de la Procuraduría  sólo  obedece  a un lectura incompleta de la sentencia del Tribunal, puesto que  en  ella  se  hizo  alusión  al  contenido  de  las citadas pruebas, como puede  constatarse  a los folios del cuaderno del Tribunal indicados en la relación de  los  medios  de prueba que acaba de hacerse en el párrafo anterior, con base en  la misma demanda de casación.   

Además,  debió  tener en cuenta la Delegada  que  el  ad quem precisó que  la     valoración     probatoria    la    hacía    en    forma    “global   y   en  conjunto”   para   los   elementos  de  prueba  allegados  al proceso, lo cual no quiere decir que una prueba haya dejado de ser  estimada  por el hecho de no invocarse al procesado o al testigo por sus nombres  y  apellidos,  o  por no citar el número del folio o la fecha del documento que  la  contiene,  o  por  utilizar una expresión diferente a la denominación más  general  con  que  se  conozca  la  prueba  en  la  actuación  o en el lenguaje  jurídico.  Más  que  a  denominaciones  y  formalismos,  lo  que  se  exige al  sentenciador   es   que   haya  hecho  referencia  con  objetividad,  lógica  y  juridicidad  a  su  contenido,  como  lo hizo en este caso el Tribunal de Neiva,  corporación  que además de este método, también para hacer alusión al tenor  literal  y a la identificación de la prueba sobre el tema que trataba, utilizó  expresiones     tales     como:     ‘colegas’,  ‘familiares’,             ‘vecinos   del  interfecto’,             ‘contexto     probatorio’,             ‘reconocimiento   fotográfico   y  de  personas’,  ‘jóvenes’,             ‘muchachas’,             ‘versiones’,             ‘testigos    presenciales’,             ‘tía’,             ‘integrantes   del   grupo’,             ‘esposa    del    difunto’,               ofendidos  patrimonialmente’,  ‘indagados’,             ‘acusados’,             ‘sentenciados’,             ‘aprehendidos’,‘todos         ellos’  (fls. 70, 72, 74, 87, 89, 90, 93) en  fin,  se  repite, referencias que impiden que pueda predicarse ambigüedad en el  análisis   probatorio,  por  cuanto  que  su  concreción  se  aprecia  por  el  desarrollo conceptual dado en el momento en que fueron invocadas.   

El cargo no prospera.  

Tercer cargo.  

La  violación indirecta de la ley sustancial  que  en  esta  censura le atribuye el recurrente al fallo del Tribunal por error  de  hecho,  al  ignorar  la  existencia  razonable  de  la  duda para absolver a  CHAVARRO TEJADA del delito de  homicidio  agravado,  constituye  una  premisa  no desarrollada ni en el aspecto  fáctico, ni en el probatorio, como tampoco en el jurídico.   

En  la  fundamentación  del  cargo  se  hizo  alusión  de  manera  genérica  a las “pruebas     que     obran     en    la    investigación”,   igualmente   se   intentó   una  referencia  conceptual  acerca  de  la  presunción  de  inocencia,  la duda, su  eliminación,  pero  sin determinar los medios de prueba y sin vincular el error  específicamente   a   las   que   el   sentenciador   tuvo   en   cuenta   para  condenar.   

El  problema  jurídico  fue  enunciado  y se  sugirió  la solución a la cual aspiraba el recurrente. En apoyo de lo anterior  simplemente  se  invocaron  conceptos  teóricos de doctrina extranjera sobre la  prueba  y la certeza, sin ensayar cómo y por qué eran aplicables en este caso;  no  enfrentó  el  contenido  de  la  prueba  ni  del  fallo  para  demostrar la  existencia  del  error  de  hecho  endilgado  a  la  decisión  del ad  quem. En estas condiciones no le dejó  conocer  a  la  Sala  el  yerro  atribuido al Tribunal, incumpliendo el deber de  comprobar  tanto  su existencia como su trascendencia con la técnica exigida en  casación.   

El   cargo   imponía   la  obligación  al  casacionista  de  realizar  un  raciocinio  lógico,  ordenado,  acorde  con  la  naturaleza  y  alcance  de  la  censura formulada, principios a los cuales no se  dedicó  consideración  alguna,  pues  el  reproche  fue  planteado  como  mera  hipótesis,  y así se dejó, pues no cita la demanda, en el cargo examinado, un  sólo   ejemplo  de  prueba  que  haya  sido  supuesta,  omitida,  tergiversada,  distorsionada  o  apreciada  con  desconocimiento  de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  por  lo  que  el  argumento  no  tuvo  categoría distinta a la de un  alegato  de  instancia  en  el  que el censor se limitó a enfrentar sus propias  apreciaciones  con  las  que,  con  presunción  de  acierto,  hizo el Tribunal.   

El cargo no prospera.  

Cuarto cargo.  

El  desacato  del  censor  a  las  reglas  de  técnica  con  que  debió  abordar  la  formulación del cargo impide a la Sala  resolver de fondo el asunto planteado.   

Repite  en  el  reproche  la  motivación que  utilizó  para  fundamentar  el  primer  cargo,   propuesto al amparo de la  causal  tercera  de  casación,  sólo  que  el ahora examinado lo ampara con la  causal   primera   (falso  juicio  de  legalidad),  con  el  ingrediente  de  no  haberlo  formulado como subsidiario de aquél.   

El  raciocinio excluyente de este reproche en  relación  con  el  presentado  como  primero  es  evidente.  La  técnica de la  casación  obligaba en este caso a plantear los cargos separadamente y de manera  subsidiaria,  como ya se dijo, deber que el demandante incumplió, faltando a la  unidad  de  pensamiento y coherencia. Frente a este defecto, nada puede hacer la  Corte,  pues  le  está  vedado  exceder  los límites que le impone la demanda,  salvo  el  decreto  oficioso  de  la  nulidad  o  la  violación  a los derechos  fundamentales, situaciones éstas que no pertenecen a este caso.   

    

En  lo demás, al resolver el primer cargo se  dieron  las  razones  por  las  cuales  no  se desconoció el derecho de defensa  técnica  por  la no asistencia del procesado por un abogado en la diligencia de  versión  libre,  por  lo  que  ahora  la  Sala  se  remite a lo allí expuesto.   

El cargo no prospera.  

                                            

CASACION  OFICIOSA.   

La  sugerencia  formulada  a la Sala sobre la  casación  oficiosa  por  la Procuradora Delegada, obliga a la Corte a consignar  una  explicación  específica  sobre  la  razón  que  le asiste para negarse a  acudir a dicha facultad.   

La  Sala  sólo debe pronunciarse con base en  las  facultades  oficiosas  a  que  hace  referencia el artículo 216 del C.P.P.  actual,  cuando  en  verdad  debe  proceder así positivamente, en razón de los  vicios  de  estructura  que  ostente  el  proceso  o de garantía que afecten al  procesado,  situaciones éstas que no corresponden al expediente revisado por la  Sala  en  casación.  No obstante, por la importancia del planteamiento la Corte  se pronunciará al respecto.   

La  Procuraduría Delegada aduce que la Corte  debe  oficiosamente  casar  el  fallo  impugnado e invalidar lo actuado desde la  sentencia  de  primera  instancia,  por  falta de motivación, por no haber sido  analizadas  las  pruebas,  determinado  el  grado  de  participación de quienes  fueron  declarados  responsables  en  el  homicidio agravado, además, por haber  omitido   responder  las  reclamaciones  de  los  procesados,  expuestas  en  la  sustentación   de   la   apelación   a  la  sentencia  de  primera  instancia.   

El artículo 180 del Código de Procedimiento  Penal  vigente  a  la  fecha  en  que se profirieron los fallos de instancia, al  ocuparse  de  la  redacción  de  la  sentencia como pronunciamiento destinado a  definir  de  fondo  la  causa  exige  una  motivación, a fin de que los sujetos  procesales   puedan  conocer  las  razones  que  se  tuvieron  para  adoptar  la  decisión,   generándose  la  posibilidad  de  ser  cuestionadas  mediante  los  recursos pertinentes.   

Los defectos en la motivación de la sentencia  desconocen   el   debido   proceso,   lo  que  ocurre  si  el  fallo  carece  de  fundamentación,  ésta  es  incompleta,  ambigua, equívoca o ambivalente. Esto  es,  cuando  no se precisan las causas jurídicas y probatorias de la decisión,  o  cuando  a  pesar de hacerse resultan contradictorias o no permiten definir el  fundamento.    

El  Tribunal  y  el  Juzgado  de Circuito que  conocieron  de  las  causas  acumuladas,  identificaron  las  pruebas  de  cargo  allegadas  (unas veces por su contenido y otras por su denominación), en cuanto  a  la  materialidad  de  los  ilícitos  y la responsabilidad de los procesados,  haciendo  expresa  mención  a  la  condición  de  autoría  y coautoría en la  ejecución  de los ilícitos, sin hacer la más mínima referencia ni dar cabida  a  otras  formas  de  participación  criminal.  Precisaron los hechos que tales  evidencias  demuestran,  como la certeza obtenida, analizaron las circunstancias  modales,   espaciales   y   temporales  dentro  de  las  cuales  los  procesados  desplegaron  las  acciones  para  lesionar  los bienes jurídicos de la vida, la  seguridad  pública  y  el  patrimonio  económico.  Concretaron,  además,  las  maniobras  fraudulentas  de  algunos testigos de descargo, confrontado la prueba  en  forma  integral, para examinar jurídicamente las decisiones adoptadas y, en  cuanto  respecta  al ad quem,  señaló   las   modificaciones   que  hizo  a  la  sentencia  del  a quo.   

                               

Si  el objeto de la casación es la sentencia  de  segunda  instancia,  las  acusaciones  que se formulen contra esta decisión  deben  partir  del supuesto de la unidad jurídica que integran con la sentencia  de  primera  instancia  en  todo  aquello  que  hubiese  sido  confirmado por el  ad quem. En el planteamiento  de  la  Delegada  para  sugerir  la casación oficiosa no se tiene en cuenta ese  principio.  Si  la lectura y el  análisis de la decisión que es objeto de  impugnación,  se  hubiere  hecho  con mayor atención, se habría advertido que  las  decisiones  se  ajustaron  a  las  exigencias  del citado artículo 180 del  C.P.P.   

Tan  evidente es lo que se acaba de señalar,  que   para   su  comprobación  basta  poner  de  presente  un  resumen  de  los  planteamientos  hechos  en  los  fallos  de  instancia para proferir la condena.   

El           ad-quem  bajo  el  título  de  hechos  y  actuación  procesal  precisa  las  fechas,  los  lugares  y  la  autoridad  que  suministró  la  información  necesaria  para  la presente investigación, así  como  los  nombres  y  apellidos  de  las  personas  que  en  el  contexto de la  providencia      identificó      como      integrantes      de     ‘la          banda’  a  la cual le atribuyó la comisión  de  los  delitos  de  homicidio, secuestro, extorsión, hurto, porte de armas de  uso  privativo  de  las  Fuerzas Armadas de Colombia. De manera concreta dijo el  fallo   de   segunda  instancia  que  ‘la  banda’ de  delincuentes  acusados  de  la  comisión  de  tales  delitos  y  de  los hechos  imputados   en   las   causas   acumuladas  estaba  integrada  por  “Aldeniver   Meneses  Peláez,  Sandra  Yaneth  Molina  Barrios,  Marco  Aurelio  Calderón Peña, Ilde Jiménez Losada,  Elber  Chávarro  Tejada, Bertulio Home Claros, José Ruperto Trujillo Espinel y  Ramiro  Díaz  Salgado”. A  continuación  hizo  alusión  a  los actos procesales cumplidos hasta llegar el  expediente  a  conocimiento  del  Tribunal  por  el  recurso  de apelación y la  consulta  surtida  respecto  de  la sentencia de primera instancia (fl.68 a 70).  Estos  mismos  aspectos  fueron  tratados en la sentencia de primera instancia a  los folios 1 a 11 del cuaderno original número 5.   

Bajo    el   acápite   de   “EL  MADERÁMEN  PROBATORIO”, la sentencia de segundo grado en los  primeros  seis  numerales  hace  una  descripción fáctica de los ilícitos que  fueron  objeto  de  pronunciamiento,  precisando  sujetos  activos y pasivos del  delito,  circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar  en  que  se consumaron las  acciones,  las  personas  o  los  objetos  sobre  los cuales recayó la conducta  ilícita,  referencias de prueba testimonial y documental con base en la cual se  registró  en  la  providencia la información correspondiente (contenidas en el  cuerpo  mismo  o como pie de página). Estos tópicos fueron igualmente tratados  en  el  fallo del a quo, como  se observa a los folios 20 a 23 de dicha providencia.   

Como   las   recriminaciones  de  falta  de  motivación  las vincula principalmente el concepto de la Delegada con el delito  de   homicidio   cometido   en   el   Inspector  de  Policía  Departamental  de  Gallardo-Suaza,   expolicía   Constantino   Chamorro  Erazo,  la  Sala  encuentra  que  con  respecto a este  ilícito,  en  el  numeral  primero del capítulo de la providencia que se viene  invocando,  se  estableció  la fecha y la prueba material sobre el homicidio de  dicho  ciudadano. En el numeral segundo y siguientes se precisaron los móviles,  y  los  autores del crimen, aduciéndose que según las informaciones de quienes  participaron  en  los  hechos,  así  como  de  los  familiares  y  vecinos  del  interfecto,  los  procesados obraron como retaliación por el comportamiento que  la  víctima  tuvo  días  anteriores y que obligó a la banda de delincuentes a  huir  del  municipio  por  la oportuna intervención de la policía. Prosigue el  fallo  señalando  que  las  declaraciones  de  LUDIVIA  CHAMORRO SILVA, LIBARDO  DUARTE  ALMARIO,  HERMELINDA  SILVA  DE  CHAMORRO  y el inspector CARLOS RAMIREZ  LOPEZ  con  sus  informaciones permitieron establecer que de los integrantes del  grupo  armado  a  quienes  vieron  deambular  por la población, cuatro de ellos  fueron   los   encargados   de   sacar   de   la   residencia   a   Chamorro  Erazo,  para conducirlo a cuatro  kilómetros  adelante,  donde fue sacrificado con disparos que le ocasionaron la  muerte.  Igualmente  la providencia hace referencia al reconocimiento en fila de  personas  y fotográfico en que intervino su viuda. En el numeral cuarto se hace  mención  a los reconocimientos fotográficos recaídos en BERTULIO HOME CLAROS,  ALDINEVER  MENESES  PELAEZ,  RAMIRO DIAZ SALGADO, MARCO AURELIO CALDERON PEÑA y  JOSE  RUPERTO  TRUJILLO  ESPINEL,  efectuado  por  LEONTE  COLLAZOS ROJAS, JESUS  ANTONIO TRUJILLO y FERNANDO TRUJILLO.   

La  sentencia  proferida por el Juzgado Penal  del  Circuito  Especializado de Neiva se ocupó del examen de las circunstancias  y   pruebas   que   daban  cuenta  de  la  muerte  del  Inspector  Chamorro  Erazo, así como lo relativo a la  tipicidad,  antijuridicidad  y culpabilidad de los demás delitos por los cuales  se  profirió fallo de condena, razón por la cual, la Sala considera pertinente  transcribir   el  siguiente  aparte,  bien  pertinente,  de  dicha  providencia:   

“Similares  consideraciones  deben  hacerse respecto de SANDRA YANETH MOLINA BARRIOS, RAMIRO  DIAZ  SALGADO,  ELBER CHAVARRO TEJADA y ALDINEVER MENESES PELAEZ, pues junto con  los  demás  partícipes  planearon y ejecutaron los punibles por los que fueron  vocados   a   juicio   criminal  (…)”.   

Refiriéndose  a la imputación, a título de  coautoría,  extendida  a  los  procesados  a  quienes  expresamente  no  se les  atribuyó  autoría  material  del  homicidio  agravado,  dijo  el  a quo:   

“si  bien  es  cierto  que  algunos  de  ellos  no  fueron  los  directos  autores   de algunos de los delitos, por ejemplo en la ejecución  del  Inspector  de Policía, (…) tomaron parte varias personas con conciencia,  voluntad,  división  de  trabajo  para  la  obtención de un resultado típico,  todos  responden  como  coautores  en  esa  empresa  criminal  (…)”.   

Continuando  con  las referencias al fallo de  segunda  instancia,  se  advierten  en  el  numeral  3º  comentarios  sobre los  aspectos  correspondientes  a  la  consumación  del delito contra el patrimonio  económico  y  en  el   5º  lo  atinente  al  homicidio cometido en NELSON  CALDERON  GUACA,  aclarando  que  respecto  a  éste  último  ilícito sólo se  hacían  imputaciones  en  calidad  de  coautores  en  el  proceso por la prueba  recopilada  en contra de ILDE JIMENEZ LOSADA y JOSE RUPERTO TRUJILLO ESPINEL. En  el  numeral 6º se determina que las pruebas con base en las cuales se imputa el  delito  de  porte  de  armas  de  uso  privativo  de  las  Fuerzas  Militares lo  constituyen   la   recuperación   de   aquellas  en  las  veredas  “Mateo         Rico”         de        “Timaná”       y        “Salto    de    Mortiño”        en      “Isnos”,  los  informes  aportados  por  las  Fuerzas  Militares de Colombia y por la declaración del oficial que dirigió el  operativo.   

El Tribunal de Neiva en el capítulo a que se  ha  hecho  referencia,  recuerda  lo  manifestado  por  los  procesados  en  las  diligencias  de  versión  libre,  indagatorias,  ampliaciones  de indagatoria y  versiones  en la audiencia pública. Debe resaltarse la alusión al contenido de  lo  expuesto  por  JOSE  RUPERTO  TRUJILLO  ESPINEL,  quien  acepta  haber  sido  contratado  para  trabajar  en compañía de los demás integrantes de la banda,  afirmando  que  “lo primero  que   hicieron  fue  ir  a  matar  al  Inspector  de  Policía  de  “Gallardo”       porque       “les  echó la policía y casi los hace  coger,       “las  debía”, es la expresión  utilizada,  encargándose  ILDE con un fusil R-15 de ejecutarlo, versión que se  torna  congruente  con la cita de SANDRA YANETH MOLINA BARRIOS, quien admite que  el  Inspector  de  Policía   fue  sacado  de  su  residencia  por orden de  “Bertulio”.  Igualmente,  el juzgador de segundo  grado   subraya   que   ELBER   CHAVARRO   TEJADA   admitió   que  “pasaron”        por        ‘GALLARDO’,  sacaron  al  inspector  de su casa,  “a  quien  más  adelante  ejecutó              ILDE”.   

La sentencia recurrida en casación igualmente  resumió  las retractaciones de los procesados en la indagatoria, pero recabando  que  en  tales  diligencias,  para  citar  el  caso  del demandante CHAVARRO  TEJADA,  adujeron sí haber sido  torturados,   pero   admitieron  que  “Tribilín”,   quien si había pertenecido al grupo de crímen organizado,  no sólo entregó las armas sino que además, los delató.   

En el último capítulo de la motivación del  fallo   y   con   el   título   de   ‘EL   TRIBUNAL   CONSIDERA’  se  analizaron  expresamente  los cuestionamientos a las versiones  libres,  la asistencia en dichas diligencias sin la presencia de un togado, para  concluir  con base en la legislación vigente a ese momento procesal que ninguna  nulidad  se  presentaba. Se hizo énfasis en los informes de los integrantes del  Batallón  Magdalena  y  de  la  Policía  Nacional de Pitalito, con base en los  cuales se logró adelantar este proceso.   

Recaba       el       ad-quem  a  partir  del  folio  189 y ss.  nuevamente  los aspectos relacionados con el asesinato del inspector de policía  de  “Gallardo”, Constantino  Chamorro  Erazo,  así como el hurto de algunas armas,  joyas  y  dinero,  aspectos  que para el Tribunal no fueron negados “expresamente       por       los  inculpados”,  quienes  le  imputaron  a  ILDE  JIMENEZ LOSADA la acción material de disparar. Reconocieron  haber  enterrado  las  armas de uso privativo de las Fuerzas Militares, y que la  esposa  del  occiso  y los ofendidos patrimonialmente, por haber tenido contacto  con  “algunos”,        los        reconocieron  después.   

Considera  el juez colegiado que el delito de  rebelión     sólo    fue    un    “señuelo”,  pues  los  procesados  admitieron  su  concertación  para el delito. Dedujo que  aquellos  se declaraban responsables de estos hechos, al admitir la “delación   efectuada   por   alguien  hábilmente  infiltrado”,  calificando  esta  última  situación  como  una  confesión  tácita  de haber  ejecutado   las   acciones   delictivas  imputadas  y  agrega  el  juzgador  que  “cada  quien  se cuida de  señalar    a    los   restantes   como   los   autores   materiales”.   

El   Tribunal   con  su  decisión  revocó  exclusivamente  las  decisiones  que  la  sentencia  de primera instancia había  adoptado  contra  SANDRA  YANETH  MOLINA  BARRIOS,  por los delitos de homicidio  agravado  y  hurto  calificado  agravado,  en  calidad de coautora, e igualmente  modificó  la  decisión  del juzgado en cuanto a que resultaba impertinente las  imputaciones  que  a  los  procesados hizo por comunicabilidad de circunstancias  con  base  en  el  artículo  25 del C.P., dejando consignado expresamente en la  motivación  y  en  la  parte  resolutiva  la  confirmación  en todo lo demás,  aspecto  éste  determinante para el examen de los fallos de instancia, conforme  al  principio de unidad jurídica aludido, lo que conduce a las conclusiones que  se han dejado consignadas.   

Otro aspecto al cual ha de hacerse referencia  es  el  pertinente  a  la  aseveración  de la Procuraduría en el sentido de no  haberse   respondido   en   el   fallo   de   segunda   instancia   “los  planteamientos  esbozados por los  sujetos  procesales que decidieron impugnar el fallo de primer grado”.   

La  sentencia  de primera instancia proferida  por  el juzgado Penal del Circuito especializado de Neiva fue apelada por SANDRA  YANETH  MOLINA BARRIOS, RAMIRO DIAZ SALGADO, ELBER CHAVARRO TEJADA, JOSE RUPERTO  TRUJILLO  ESPINEL  y  los  defensores de MOLINA BARRIOS y  CHAVARRO TEJADA.   

La  inconformidad  de  los  apelantes  y  que  atañen  a  las causas acumuladas, se relacionan con la nulidad de la actuación  (irregularidades  atinentes  al debido proceso y defensa técnica), negación de  participación  en  la muerte del Inspector de Policía, descalificación de las  informaciones     dadas     por     “Tribilín”, la  censura  al  fallo  del a quo  por  derivar  responsabilidad  penal por el hecho de pertenecer los procesados a  la  agrupación  criminal,  falta de prueba para condenar, la ambigüedad que se  le   atribuye   al  fallo  de  primer  grado,  aspectos  que  a  detalle  fueron  identificados  al  referirse  al  contenido  de  los  recursos  en  la sentencia  proferida por el Tribunal de Neiva (folios 57 a 68 Cd. Trib).   

El juez colegiado no incurrió en la omisión  que  le  atribuye  inexplicablemente la Procuraduría Delegada, quien censura la  decisión,  como  se  dijo  antes,  sin  tener  en  cuenta  que  el ad  quem  hizo  la ponderación fáctica,  probatoria  y  jurídica,  así  como de las pretensiones, en forma “global   y   en  conjunto”,  como  lo  aconsejaba la complejidad  del  asunto,  dado  que  se trataba de tres causas acumuladas, siete procesados,  cinco  delitos, amén del cúmulo de actuaciones y diligencias por analizar, sin  escatimar  esfuerzo  para referirse a particularidades, cuando así lo demandaba  legalmente las circunstancias.   

Las  situaciones  que generaron el recurso de  apelación  contra  la  sentencia  de  primera  instancia,  condensadas  en  las  premisas  señaladas  en  uno de los párrafos anteriores, quedaron resueltas en  los  fallos de instancia, bien porque se dejaron consignadas en la sentencia del  Tribunal   o   porque   al   confirmar   la   del   a  quo  inmediatamente  resultaron  incorporadas  a  esa  decisión   por   virtud  del  principio  de  unidad  jurídica  que  los  rige.   

La  única  situación  que en verdad no cabe  considerar  comprendida en el fallo del Tribunal de Neiva fue la relacionada con  la  manifestación  que  hizo  el  defensor  de  ELBER  CHAVARRO  TEJADA en cuanto a la tasación de la pena en  la  sustentación  oral  del recurso, la que expuso en los siguientes términos:  “Preocupa  también  a la  defensa  la  forma  como el juzgado  de primera instancia ha tasado la pena  de    manera   errada”.   

La  situación  a  que  se  viene  haciendo  referencia  en  el  acápite anterior no constituye irregularidad sustancial que  afecte  los  derechos y las garantías de los sujetos procesales, y en este caso  concreto,  dado  que  el  juzgador  sólo  está  en  el  deber  de resolver las  peticiones  que se ajustan a los requerimientos que expresamente señala la ley,  por  tratarse  de  un  recurso  de  apelación, el impugnante no cumplió con la  carga  procesal  impuesta  por  el  legislador  de  motivar y demostrar el yerro  atribuido  al fallo del a quo  en  cuanto  a  la dosificación de la pena. Se limitó el recurrente ha expresar  un  enunciado  abstracto y una ligera referencia peyorativa de cómo le parecía  que  a otros procesados se les había tratado más benévolamente, sin concretar  el  cargo,  ni  el error endilgado a la providencia del juzgado, como tampoco el  interés que le asistía para proponer una tal reclamación.    

No se atenderá, entonces, la solicitud de la  Delegada para casar oficiosamente la sentencia recurrida.   

Prescripción.  

El  29  de marzo de 2000 el Tribunal de Neiva  condenó   por   el   delito   de   concierto   para  delinquir  a  ELBER  CHAVARRO  TEJADA, ALDINEVER MENESES  PELAEZ,  SANDRA  YANETH  MOLINA  BARRIOS, JOSE RUPERTO TRUJILLO ESPINEL y RAMIRO  DIAZ   SALGADO.   Tal  ilícito  había  sido  imputado  a  los  procesados  con  resolución  de  acusación  de  segunda instancia de fecha 24 de marzo de 1995,  providencia  ésta  última que confirmó integralmente la de primera instancia.   

En  la calificación del sumario fue imputado  el  delito de concierto para delinquir con fines terroristas, pero en los fallos  de  instancia se adecuó la conducta al concierto para delinquir de que trata el  artículo  186  –  1  del  decreto 100 de 1980, que preveía una pena máxima de  seis  años.  En  razón  a la sanción máxima prevista, la acción penal en la  causa para dicho ilícito prescribe en 5 años.   

Significa  lo  anterior, que la acción penal  por  el  delito a que se viene haciendo referencia prescribió el 24 de marzo de  2000,  cinco  días  antes de proferirse la sentencia de segunda instancia, pues  la  resolución  de  acusación  quedó ejecutoriada el 24 de marzo de 1995 y el  ad  quem sentenció el 29 de  marzo siguiente.   

En  razón  a  la  prescripción  que  debe  decretarse,  se  impone la necesidad de hacer los ajustes punitivos pertinentes,  sólo  respecto  de  la  acción  penal  prescrita,   bajo  las  siguientes  premisas:   

El Juzgado Penal del Circuito Especializado de  Neiva,  conforme  a  la  sentencia  de  primera  instancia  y  al  auto del 4 de  diciembre  de  2001  en  el  que  modificó  la  punibilidad  por  principio  de  favorabilidad,  al dosificar la pena partió de 29 años de prisión, por ser el  homicidio  agravado  el  delito  base a considerar para efectos de la pena en el  concurso  y  habida consideración de la naturaleza y modalidades de los hechos,  el  número  de personas afectadas, la proclividad y personalidad de los sujetos  agentes,  sanción  que  aumentó  por  los delitos concurrentes (concierto para  delinquir,  hurto  calificado  agravado)  en  6  años. El resultado anterior lo  incrementó  en 2 años más para JOSE RUPERTO TRUJILLO ESPINEL a quien declaró  igualmente  responsable  por  el  homicidio  simple  concurrente  con los demás  delitos.   A  ILDE  JIMENEZ LOSADA le redujo a 16 años de prisión la pena  por el homicidio simple.   

Con   base   en   los   señalamientos  del  a  quo, excepto para SANDRA  YANETH  MOLINA  BARRIOS, para los demás procesados que fueron condenados por el  delito  de  concierto  para  delinquir, se les deduce una proporción igual a la  que  se  estimó  para  tasar la sanción en concurso, esto es, de la pena total  impuesta  se  reduce  el  equivalente a tres años de prisión. Por lo tanto, la  pena   privativa   de   la  libertad  para  RAMIRO  DIAZ  SALGADO,  ELBER  CHAVARRO  TEJADA y ALDINEVER MENESES  PELAEZ  será  de  32  y no de 35 años de prisión y para JOSE RUPERTO TRUJILLO  ESPINEL   34  y  no 37 años de prisión, quedando de esta forma modificada  la  dosificación  punitiva  impuesta en las instancias contra tales procesados,  por razón de la prescripción declarada.   

El  Tribunal  al  resolver  el  recurso  de  apelación  dosificó  la pena para SANDRA YANETH MOLINA BARRIOS por los delitos  de  concierto  para  delinquir  y porte ilegal de municiones de uso privativo de  las  fuerzas armadas, partiendo de la establecida para el primero de los delitos  en  mención, esto es, de 36 meses de prisión, los que aumentó en 12 meses por  el  concurso,  en razón a la naturaleza y modalidades del hecho, a ese término  igualmente redujo la pena accesoria.   

Como   el   ad  quem impuso la pena mínima con base al concierto para  delinquir  que  ahora  se  declara  prescrito, en las mismas condiciones se debe  proceder  para  el delito cuya acción queda vigente, esto es, el porte de armas  de  fuego  de uso privativo de las Fuerzas Armadas, previsto en el artículo 202  del  decreto  100  de  1980,  modificado  por el artículo 2 del decreto 3664 de  1986,  que  corresponde  a 36 meses de prisión, lapso al cual se reduce la pena  accesoria.   

Esta  decisión queda en firme en la fecha de  su firma y contra ella no procede recurso.   

En mérito de lo expuesto la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en nombre de la República y  por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1. Declarar prescrita  la  acción  penal  dentro  del  proceso  que  por  el  delito de concierto para  delinquir     se    venía    adelantando   en   contra   de   ELBER  CHAVARRO  TEJADA, ALDINEVER MENESES  PELAEZ,  SANDRA  YANETH  MOLINA  BARRIOS, JOSE RUPERTO TRUJILLO ESPINEL y RAMIRO  DIAZ  SALGADO,  de  conformidad  con  lo  expuesto  en  la  parte motiva de esta  providencia.  En  consecuencia,  se  ordena  cesar  el  procedimiento a favor de  aquellos, conforme a lo dispuesto en este numeral.   

Como  consecuencia,  la  pena privativa de la  libertad  será  de  32 años de prisión para RAMIRO DIAZ SALGADO, ELBER  CHAVARRO  TEJADA y ALDINEVER MENESES  PELAEZ  y para JOSE RUPERTO TRUJILLO ESPINEL la pena es de 34 años de prisión,  quedando  de  esta  forma  modificada  la dosificación punitiva impuesta en las  instancias  contra  tales  procesados, por razón de la prescripción declarada.   

La  pena privativa de la libertad para SANDRA  YANETH  MOLINA  por  el  porte de armas de fuego de uso privativo de las Fuerzas  Armadas  corresponde  a  36  meses  de prisión, lapso al cual se reduce la pena  accesoria.   

Las  demás  determinaciones de los fallos de  instancia en materia de punibilidad se mantienen en firme.   

2.  NO  CASAR  la  sentencia impugnada.   

3.    Devuélvase    al    Tribunal   de  origen.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

ALVARO O. PÉREZ PINZON  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

         

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

                                                             No  Hay  firma   

JORGE    ANÍBAL   GOMEZ   GALLEGO                                     EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                             

CARLOS   E.  MEJIA  ESCOBAR                                                                                    NILSON   PINILLA   PINILLA                            No hay firma   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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