17473(30-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17473  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado ponente:   

                                Dr.    Carlos    Eduardo    Mejía  Escobar   

                            Aprobado Acta # 48   

Bogotá  D.C., abril treinta (30) de dos mil  dos (2002).   

Vistos:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación  presentada  por  la  defensora  del  procesado  JAIME  ALBERTO MARTIN  ESTEBAN.   

Antecedentes:  

El  16  de  marzo  de 1995 MARTIN ESTEBAN le  vendió  a MAGDALENA BENAVIDES ROSERO, por la suma de $28.500.000.oo, el lote de  terreno   ubicado   en   la  calle  25  #40-57  de  Bogotá.   El  vendedor  supuestamente  le  había  comprado  el inmueble el 12 de julio de 1994 a ALVARO  MENDEZ   LUQUE.   Este,  sin  embargo,  no  firmó  la  escritura  pública  respectiva.   La  firma  que  en  el  documento  se hizo aparecer como suya  resultó falsa.   

JAIME  ALBERTO  MARTIN  fue  acusado por los  delitos  de  falsedad  material  de  particular  en  documento público y estafa  agravada  por la cuantía, mismos cargos por los cuales el Juzgado 3º Penal del  Circuito  de  Bogotá  lo  condenó  a  48  meses  de prisión, interdicción de  derechos  y  funciones públicas, multa de $2.000.oo y al pago de los perjuicios  causados  con los hechos punibles.  Esta decisión la confirmó el Tribunal  Superior  de  la  misma ciudad a través de la sentencia impugnada en casación,  expedida el 3 de marzo de 2000.   

La demanda:  

Nulidad  por  violación  del  principio  de  investigación  integral  es  lo que demanda la defensora en el único cargo que  le  hace a la sentencia.  Presenta como fundamentos de la transgresión los  siguientes:   

1.   No   se   desarrollaron  “variables    probatorias”  favorables a su representado, a pesar  de  que  existían  elementos de juicio dentro del proceso que permitían varias  hipótesis investigativas.          

2.  En  cada  una  de  sus  resoluciones  el  instructor     desestimó     las    “exculpaciones     ciertas”   del   procesado,   sin   profundizar   probatoriamente   en   las  mismas.   

3.   Constituye   un   grave  error  haber  considerado  indicio  de responsabilidad que su defendido haya ido a la Notaría  a  aclarar  la  extensión del predio, a través de la escritura pública 990 de  marzo  15  de  1995,  sin la concurrencia de otras personas.  El instructor  -dice  la abogada-ha debido oficiar a la entidad para saber si un acto así es o  no  regular  dentro  de  la actividad predial y si era necesaria la presencia de  ALVARO     MENDEZ    LUQUE.     “…en  cuanto  al  cuestionamiento  que  se  hace  sobre  llamar  en  saneamiento  al  vendedor  del  predio  -agrega-  se llama … cuando se ha sido  afectado  en alguna parte de la venta por hechos posteriores a la misma, pero en  este  caso  cuál  lesión  pudo  haber, si la aclaración comprendía una mayor  extensión        del       predio”.   

4.  Cuestiona  que dicha escritura haya sido  estimada  falsa  aduciéndose  equivocadamente  que  aclaró la escritura 991 de  marzo  16  de 1991, cuando en la 990 jamás se expresó algo así.  Además  ello    no    fue    corroborado    con   una   prueba   pericial   “o    ratificando    la    firma   del  notario”,  limitándose el  indicio  a  esas  suposiciones y decidiéndose al final compulsar copias para la  investigación de la posible falsedad.   

5.  En  su  momento  la defensa invocó como  prueba  los  planos  de  la  manzana donde se encuentra el predio, documento que  planeación  sólo  lo  entrega  a  su  propietario,  es  decir  al “supuesto” ALVARO MENDEZ LUQUE.   No se  ofició   a  dicha  entidad  para  constatar  a  quién  se  le  entregaron  los  mismos.   

6. La más flagrante violación al principio  de  investigación  integral la vincula al peritazgo grafológico hecho sobre la  firma  que  como  de  ALVARO  MENDEZ  LUQUE,  quien  ya falleció, aparece en la  escritura  de  compra  venta.  Aunque el experto la consideró “en         principio”  como  falsa,  adujo  que “por   ética   profesional”  sugería  un nuevo dictamen con otros  patrones  de  comparación.   Para la casacionista, entonces, el grafólogo  dejó  una  gran duda que debía haberse esclarecido con un nuevo dictamen y que  no  permitía  dar  por  establecida  la  falsedad. Tenía, además, que haberse  ordenado    “la   prueba  lofoscópica  de  las  huellas  dactilares  plasmadas  en las escrituras, lo que  jamás              sucedió”.   

7.   Menciona la defensa la providencia  del  Juez  de  1ª  instancia fechada el 3 de agosto de 1998, sin señalar cuál  fue  el  objeto de la misma.  En ella dijo el funcionario, sustentado en lo  expresado   por   el   perito,   que   “aún”  no  se  encontraba  demostrada  la  materialidad  de   la falsedad y se pregunta la  abogada con base en qué prueba dijo lo contrario en la sentencia.   

8.   No  se  solicitaron al CISAD de la  Fiscalía  los  antecedentes  penales  de  su representado.  Se allegó una  certificación   según   la   cual   “al  parecer” no  posee   ninguno   y  sin  embargo  el  juzgador  lo  calificó  de  “avezado”   en   los   ardides  propios  de  la  estafa.   

9.  ALVARO  MENDEZ  LUQUE  sostuvo  en  la  ampliación  de  su  indagatoria  que  tenía el lote encerrado y cuidado por un  vigilante  que  él  pagaba.   La  demandante se pregunta cómo es entonces  posible   que   ésta   persona  no  se  enterara  de  la  venta  hecha  por  el  procesado.   

“…la sentencia  dictada  en  contra  de  mi  prohijado -concluye la censora-está viciada por la  causal  de  nulidad  ya  esbozada,  pues  de haberse practicado dichas pruebas y  estas  hubiesen  sentando  aún  más  las  bases  para  el in dubio pro reo tan  alegado  por  la defensa en sus escritos, y como se colige con este principio se  hubiese        dado        una        sentencia       absolutoria…”.   Su solicitud es que se case la  sentencia  del  Tribunal y se declare la nulidad de lo actuado a partir del auto  de cierre de la instrucción.   

Consideraciones de la Sala:  

La  Constitución  Nacional,  esto  se sabe,  impone  investigar  tanto  lo favorable como lo desfavorable al procesado.   Esto  significa  la  obligación  para  el  funcionario  judicial  de  ordenar y  practicar  las  pruebas  necesarias orientadas a la verificación de las citas y  de  las  afirmaciones que en el ejercicio de su derecho material de defensa haga  el  sindicado  en sus intervenciones procesales.  Naturalmente a condición  de    que    sean    razonables    y    en    consecuencia    susceptibles    de  comprobación.   

Dicho   deber  Estatal  de  investigación  integral  se  constituye  en  una garantía para el sindicado y hace parte de la  noción  de  debido  proceso.   Su  transgresión,  por  lo  tanto, acarrea  nulidad  procesal.   Pero su propuesta en casación, como lo tiene definido  la   jurisprudencia   de   la   Corte,  supone  unas  exigencias  formales  cuyo  incumplimiento no permite la admisión de la demanda.    

En  primer lugar, es obvio, debe precisar el  sujeto  procesal  demandante  qué pruebas se dejaron de traer al proceso, cuál  era  su  contenido  y qué es lo que se hubiera demostrado con las mismas.   En  segundo  lugar,  para  que  la propuesta pueda ser considerada como completa  desde  el  punto  de vista jurídico, la demostración de la trascendencia de la  omisión  probatoria,  ejercicio  que  debe conducir al resquebrajamiento de los  términos  del  fallo,  lo  que  sólo  es posible lograrlo oponiendo a ellos el  contenido   de   los   medios   probatorios   que   se  dicen  omitidos  por  el  casacionista.    

No es lo que sucedió en el evento objeto de  examen.   El  contenido del cargo no dejó claro ni siquiera cuáles fueron  los  fundamentos  de la sentencia que se pretende remover. Y si no se hizo así,  sus  cuestionamientos  aparecen  como  simples  apuntes  marginales orientados a  convencer  de  que  se  hicieron  inferencias  indiciarias  equivocadas, en unos  casos,  que orientan el ataque a una supuesta violación indirecta de la ley que  tampoco  concreta la defensora; o a advertir, en otros, que el fallo se basó en  suposiciones,  más  en  ningún  caso a demostrar, como le correspondía, cómo  los  medios  de  convicción  omitidos  habrían variado su sentido.     

A  lo  que  se  dedicó  la  abogada  -es lo  evidente-  escudada  en la supuesta violación de la garantía de investigación  integral,  fue a insistir en la existencia de dudas acerca de la responsabilidad  penal  de  su  representado,  a  partir  de  su  propia lectura de los medios de  prueba.   

Presenta como la más grave circunstancia que  condujo  a  la violación de la garantía procesal la de no haberse producido un  segundo  dictamen  grafológico  sobre  la  firma  que  aparece  en la escritura  pública  de  compraventa  como  perteneciente  a  ALVARO  MENDEZ  LUQUE,  o una  confrontación  dactilar  de la huella allí estampada, sin indicar el análisis  sobre  el  particular realizado por el juzgador.  En tales condiciones hace  depender  su solicitud de nulidad de no haber atendido la sugerencia del experto  de  repetir  la prueba técnica con mayores elementos de juicio.  Solamente  de  ello.   Evitó,  sin  embargo,  el  enfrentamiento de los términos del  fallo  que condujeron al Tribunal a declarar probada la falsedad documental y en  esa  medida  incumplió, como se dijo, con su deber de demostrarle a la Corte la  trascendencia de la omisión probatoria.   

Debe   advertirse,   finalmente,   que  la  eventualidad  de  que el Juez de 1ª Instancia haya expresado en una providencia  anterior  a la sentencia que la materialidad de la falsedad documental no estaba  demostrada,  no  es  prueba  de  la violación de la garantía de investigación  integral.    La   abogada   ni   siquiera  mencionó  el  objeto  de  dicho  pronunciamiento,  no  hizo  referencia  a  la  consideración que sobre el punto  realizó   el   Tribunal   -si  en  realidad  efectuó  alguno-  tratándose  en  consecuencia  de  un  planteamiento   marginal al contenido de la sentencia  impugnada,   que   por   ende   nada   aporta   a  la  demostración  del  yerro  invocado.   

Así  las  cosas,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda.   

Por  lo expuesto, la Sala de Casación Penal  de la Corte Suprema de Justicia,   

Resuelve:  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  a  nombre del procesado JAIME ALBERTO MARTIN ESTEBAN.   

Contra  la  presente  decisión  no  procede  ningún recurso.   

Cúmplase.   

ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                  JORGE E. CORDOBA POVEDA   

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS           CARLOS  AUGUSTO GALVEZ ARGOTE         

JORGE        ANIBAL       GOMEZ  GALLEGO                     EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

No hay firma  

CARLOS       EDUARDO       MEJIA  ESCOBAR                 NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

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