17452(21-05-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17452  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 54  

          Bogotá,   D.C.,   veintiuno   (21)   de   mayo   de   dos  mil  dos  (2002).   

          Decide  la Sala el recurso de reposición interpuesto contra el auto  de  fecha  diciembre  19  del  pasado  año,  mediante  el  cual la Corporación  inadmitió  por  extemporánea la demanda de casación presentada en defensa del  procesado  RAFAEL EDUARDO PÉREZ CABALLERO,  contra  la sentencia  proferida el 23 de febrero de 2000 por  el Tribunal Superior de Valledupar.   

ANTECEDENTES  

            1.   En      fallo  del 13 de enero de 2000, el Juzgado 2º Penal del Circuito de  Valledupar  condenó  al  acusado RAFAEL EDUARDO PÉREZ  CABALLERO  a  la  pena  principal de doce (12) años y  seis  (6)  meses  de prisión, como autor responsable del delito de homicidio en  grado  de  tentativa  del  que  hizo  víctima  a  Víctor  Rafael Lozano Campo,  confirmado  el  23  de febrero de los mismos mes y año por el Tribunal Superior  de   esa   misma   ciudad   al   resolver   la   apelación   incoada   por   el  defensor.   

          2.  Inconforme  el apoderado del sindicado con el pronunciamiento de  segundo  grado,  presentó la demanda de casación que la Sala en auto del 19 de  diciembre  último  encontró extemporánea, pues advirtió que su presentación  se   produjo   luego   de  transcurrido  el  término  legal  de  treinta  días  perentoriamente  señalado  en  el  artículo 6° de la Ley 553 de 2000, bajo el  cual  se  rituó la misma, y que debía contabilizarse a partir de la ejecutoria  de  la  sentencia  atacada. Concretamente, sobre las razones que determinaron la  referida decisión, la Corte precisó:   

“…de conformidad  con  lo  expuesto en precedencia y atendida la fecha de la última notificación  –  efectuada  el  2 de marzo de 2000 en forma personal al defensor -, del simple  cotejo  cronológico  se  colige que el fallo adquirió firmeza el día 7 de los  mismos  mes  y  año.   En  consecuencia, a partir del 8 de marzo siguiente  inició  el  cómputo  de  los  treinta  (30) días para presentar la demanda de  casación, que venció el 26 de abril de 2000.   

“En este orden de  ideas,  como  el  defensor  del procesado allegó el respectivo escrito el 11 de  mayo  de  2000  (f.  33,  cdno.  Tribunal),  resulta  forzoso  colegir  que  fue  presentado  en  forma  extemporánea,  sin  que  pueda  excusar tal falencia que  impide   la  consideración  del  libelo  en  la  equivocada  constancia  de  la  Secretaría  del  Tribunal,  pues  como  tiene  discernido  de antaño la Sala y  reitera   ahora,  el  control  de  los  términos  en  la  actuación  penal  es  responsabilidad       de       los       sujetos       procesales…”.   

          3.   El  defensor  de  PÉREZ  CABALLERO  pretende la revocatoria  del  auto  impugnado para que la Sala califique la demanda de casación u ordene  corregir  la  irregular contabilización secretarial del término para presentar  el  respectivo libelo, dándose aplicación, según aduce, al perentorio mandato  del artículo 15 del Código de Procedimiento Penal.   

          Al   sustentar   la   inconformidad  el  recurrente  admite  que  la  ejecutoria  del  fallo  de  segunda  instancia  se operó dentro del lapso   señalado  en  el  artículo  197  del  estatuto procesal penal entonces vigente  (Decreto  2700  de  1991),  pero  rechaza  la  posibilitad  de que el desacierto  cometido  por  la  Secretaria  del  Tribunal  en  el  cómputo del término para  presentar  la  demanda  de  casación le resulte imputable a la defensa, pues el  control del mismo era función de la citada dependencia.    

          En sustento de dicho criterio invoca los  artículos  107  y 118 del Código de Procedimiento Civil:  El primero, por  cuanto  impone al Secretario el deber de hacer constar la fecha de presentación  de  los  escritos  recibidos  y salvo norma en contrario pasarlos a despacho del  juez  al  día  siguiente;  en  tanto  que el segundo precepto establece que los  traslados  correrán  en  la  Secretaría, donde se mantendrá el expediente sin  solución de continuidad por el respectivo término.    

          Con idéntica orientación agrega, de una  parte,   que “cargar a  los  sujetos  procesales  el control de los términos, es relevar en su función  al   Secretario”,  por  lo  tanto,  que  los  errores  de  este  último  en  manera alguna pueden generarle  consecuencias   adversas   a  quienes  actúan  como  partes  en  la  actuación  respectiva;  y  de  otra, que la buena fe no resulta ajena a las consideraciones  expuestas.   

          Critica   que  la  Corte  argumentando  el  principio  de  economía  procesal  declaró  la extemporaneidad de la demanda y, sin embargo, prescindió  de  dicho  postulado  cuando ante el desacierto cometido por la Secretaría, con  sustento   en   él   habría  podido  “darle  trámite  a  la demanda y así se acortaba el tiempo para la  decisión  y  error  resguardando  la  buena  fe,  quedaba subsanado”              (sic).   

          Plantea  finalmente,  que  al  tenor del  artículo  22 del anterior estatuto procesal penal, coincidente con el artículo  24  de  la  codificación  actual, las normas rectoras son obligatorias y tienen  prevalencia  sobre  cualquier  otro  precepto,  además que constituyen criterio  para  interpretar  todo el ordenamiento instrumental; consideración a partir de  la   cual   resalta  los  postulados  de  celeridad  y  eficacia  así  como  la  preeminencia  del  derecho  sustancial,  que  obligan  entonces  al  funcionario  judicial  a  corregir los actos irregulares respetando los derechos y garantías  de los sujetos procesales.   

         

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          1.   El  impugnante  en  manera alguna discute que la casación  estaba  sujeta  en  estas  diligencias a las regulaciones de la Ley 553 de 2000,  con  sujeción  a  las  cuales  y  al  tenor de su artículo 6º, se imponía la  presentación    de    la   demanda   “dentro  de  los treinta (30) días siguientes a la ejecutoria de la  sentencia    de    segunda   instancia”.   

          También  admite,  expresamente por demás, que la firmeza del fallo  impugnado  por dicha vía, de fecha 23 de febrero de 2000, se produjo tres días  después  de  la  última  notificación  de  conformidad con lo dispuesto en el  artículo  197  del  anterior  Código  de  Procedimiento Penal, de manera que a  partir  de  entonces  debía contabilizarse el lapso atrás indicado, vencido el  26  de  abril  de  2000,  mientras  que el libelo se presentó el 11 de mayo del  mismo  año;  en fin, el casacionista no ofrece ninguna controversia respecto de  la  realidad  fáctica  y  procesal  con  sustento  en  la  cual la Corporación  coligió  que  ese  escrito  allegado  en  defensa  del  procesado  PÉREZ  CABALLERO resultó manifiestamente  extemporáneo,  para  insistir  entonces  en  que la equivocada constancia de la  Secretaría  del  Tribunal  Superior de Valledupar sobre la fecha de iniciación  del  aludido  término,  a la que afirma se atuvo la defensa, no puede derivarle  el efecto desfavorable consistente en la inadmisión de la demanda.   

          En   dicho  punto,  sea  lo  primero  advertir,  que  en  verdad  la  mencionada  dependencia  en  forma  desatinada  y  tratándose  del  fallo   dictado  por  el  ad  quem,  dejó  anotación en autos en el sentido de haberse  producido  su  firmeza  quince  días  después  de  la  última  notificación,  fundamentada  al parecer, como afirmó la Corte en el proveído impugnado, en la  aplicación  del término establecido en la preceptiva anterior a la vigencia de  la  Ley 553 de 2000 para la interposición del recurso de casación, pasando por  alto  las  previsiones  del  artículo  197  del  Código de Procedimiento Penal  anterior, alusivas a la ejecutoria de las providencias judiciales.   

            Sin   embargo,   esta   errada   nota  secretarial,  contrario  a lo atestado por el demandante, no tuvo la virtualidad  de  excusar  la  tardía  aportación  que  hizo  del  libelo  y, menos aún, de  extender  el  perentorio término señalado en la ley para el cumplimiento de la  carga  procesal  que  le  correspondía, derivada del principio de oportunidad y  consistente  en la presentación en tiempo de la respectiva demanda, máxime que  al   tenor   del  artículo  170  del  estatuto  procesal  penal  anterior,  con  independencia  de  las  constancias  de  los  servidores  judiciales,  el  lapso  señalado  en  la ley debía computarse “de        acuerdo        con        el       calendario” a partir de la ejecutoria del fallo, y  su  prórroga  sólo  resultaba  viable,  de  conformidad  con  el artículo 172  ibídem,  por petición “de  los  sujetos  procesales  hecha  antes  de  su  vencimiento,  por  causa grave y  justificada”.   

          Así  las cosas, de acuerdo con el reiterado y pacífico criterio de  la      Sala,      constituye      “obligación  de  cada  sujeto procesal estar atento a los términos  procesales  llevando  personalmente  las  cuentas respectivas, de acuerdo con lo  establecido   por la normatividad.  La ley, para el caso, es la única  guía  que  deben  seguir  para  sus intervenciones procesales.  Por tanto,  yerros  cometidos  por los funcionarios judiciales respecto al inicio, duración  o  vencimiento  de  los  términos, no son materia de excusa para una actuación  extemporánea     de    las    partes” .   

          Resta   añadir   en   este  punto,  que  las  normas  del  estatuto  instrumental  civil  invocadas por el impugnante en nada contradicen la anterior  apreciación,  pues  el  artículo 107 del citado código simplemente le imponen  al   secretario   la   obligación   de  dejar  constancia  sobre  la  fecha  de  presentación   de   los  escritos  allegados  al  expediente  por  los  sujetos  procesales  y  de  pasarlos  a  despacho al día siguiente salvo disposición en  contrario,  en  tanto  que  el artículo 118 ibídem establece que los traslados  corren  en la secretaría, sin asignarle a la misma la función de señalar como  ley del proceso el inicio o el cómputo de los términos.   

          2.    Por  otra  parte,  el  principio  de prevalencia del  derecho  sustancial  sobre el procesal en modo alguno comporta la posibilidad de  prescindir  de  las disposiciones instrumentales, menos aún, en cuanto interesa  para  los  actuales  fines,  de obviar el carácter perentorio de los términos,  como  parece  entenderlo  el  defensor   de PÉREZ  CABALLERO  cuando  solicita a la Corte con sustento en  él  que  proceda a calificar la demanda a pesar su extemporánea presentación;  por  el  contrario,  tal postulado en contra vía de esa equivocada comprensión  por  la  cual propugna, significa tan sólo que las formalidades deben aplicarse  en   función   de  la  efectividad  de  los  derechos  reconocidos  en  la  ley  sustancial.     

          Así  las  cosas,  también  desde  esta  perspectiva  la  Sala  reitera  que  las  partes  deben  cumplir  con las cargas  procesales  que  les  corresponden,  obviamente, dentro de los lapsos señalados  por  la  ley  o  el  funcionario  judicial,  en este último evento cuando está  facultado para precisarlos.   

          3.   Similar  consideración  debe  efectuarse desde la óptica  del  principio de economía procesal igualmente invocado por el recurrente, pues  al  estar  referido  a la obtención de los mayores resultados con el mínimo de  actividad  de  la  administración  de  justicia,  entre otros aspectos, tampoco  habilita a prescindir del estricto cumplimiento de los términos.   

          En    síntesis,   como   persiste   demostrada   la   extemporánea  presentación  de  la  demanda  de  casación, la impugnación  interpuesta  contra  la  providencia  que  la inadmitió por dicha causa habrá de mantenerse  mediante  decisión  contra  la  cual no procede ningún recurso, de conformidad  con el artículo 190 del Código de Procedimiento Penal.   

          En  mérito  de  lo  expuesto,  la Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

          NO  REPONER el  auto  de  fecha  diciembre  19  del  pasado año, por medio del cual se declaró  inadmisible  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado  RAFAEL    EDUARDO    PÉREZ    CABALLERO.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase,   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                       JORGE     E.     CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS               CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE        

JORGE   A.   GÓMEZ  GALLEGO                                EDGAR  LOMBANA  TRUJILLO   

CARLOS        E.        MEJÍA  ESCOBAR                        NILSON   PINILLA   PINILLA                 

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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