17450(14-05-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17450  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE E. CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N° 52  

Bogotá,  D.  C., catorce (14) de mayo de dos  mil dos (2002).   

V I S T O S  

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre de los procesados JAIME  ANDRÉS  PATIÑO  TRUJILLO,  GIOVANY GUEVARA y JOSÉ TRINIDAD  SÁNCHEZ.   

A N T E C E D E N T E S  

1.   El  Tribunal  Superior  de  Neiva  sintetizó los hechos así:   

“Refieren los autos  que  el  atentado  a  la vida de Humberto y Javier Valbuena Morales tuvo lugar a  las  dos  y  media  de  la  tarde del primero de octubre del año inmediatamente  anterior  en  el perímetro urbano del municipio de Algeciras (H.), época en la  cual  los  citados  hermanos transitaban en un campero Mitsubishi, de placas RFK  575   tripulado   por   Humberto,  siendo  interceptados  a  la  altura  de  las  instalaciones  de  la  Alcaldía  por  un  campero  marca  Toyota, color habano,  con   una  calcomanía   roja  en el sector derecho, del cual se bajó  inicialmente  un  individuo  alto, para proceder a detonar repetidamente un arma  de  fuego,  interviniendo  en  esta acción dos individuos más, lo que llevó a  los  agredidos  a  repeler  de  inmediato  el  ataque  con  similares elementos,  haciendo   que   huyeran   los   agresores  por  la  vía  que  conduce  a  esta  capital.”.   

2.  El Juzgado 5° Penal del Circuito de  Neiva,  mediante  sentencia  del  27  de agosto de 1999, condenó a JAIME  ANDRÉS  PATIÑO  TRUJILLO,  GIOVANY GUEVARA y JOSÉ TRINIDAD  SÁNCHEZ  a la pena principal de 13 años y 4 meses de  prisión  y a la accesoria de rigor, como autores de los delitos de homicidio en  el grado de tentativa.   

3.  Inconforme con la anterior decisión,  el  defensor  interpuso  recurso  de  apelación, el cual al ser desatado por el  Tribunal  Superior  de  Neiva,  el  5  de  noviembre de 1999, la confirmó en su  integridad.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El defensor del procesado, luego de referirse  a  los  hechos  y comentar la decisión del sentenciador de segundo grado, en el  capítulo      que      llamó     “CAUSALES   QUE   SE   ADUCEN   PARA   PEDIR   LA   REVOCACIÓN   DEL  FALLO”, asevera que acusa  la  sentencia  con  base en la causal primera de casación por violación de una  norma  de  derecho  sustancial,  derivada  del  error  en la apreciación de las  pruebas.   

Concreta  que  se  trata de un error de hecho  “de  aquéllos  que  se  presentan  cuando  el  fallador  le  da a la prueba un sentido que no tiene y en  consecuencia  le  hace  producir  efectos  probatorios  que  no se derivan de su  contexto.”   

Dice  que  el  cargo  se  soporta  en que las  “circunstancias”  que  para la defensa hacían dudosa la versión de que los recibos  de  un  teléfono  celular del señor Fabio Guevara Rojas, fueron encontrados en  el   vehículo   Toyota  Land  Cruiser,  argumento  principal  de  la  sentencia  condenatoria,     no     fueron     “tenidas     en    cuenta”  al momento de asignar el mérito probatorio, de conformidad con la  obligación contenida en el artículo 254 del C. de P. P.   

Afirma  que  no le cabe duda que la sentencia  condenatoria  se  fundó  en  el  hallazgo al interior del vehículo utilizado y  abandonado  por  los  delincuentes  de  recibos  de  un celular perteneciente al  hermano   de  Giovani  Guevara  Rojas,  lo  que  se  creyó  demostrado  con  un  “supuesto”    y   no   con   un   “testimonio claro y preciso”,   condición  que  no  ostentó  la  declaración  del Sargento José Carlos Hernández Huertas quien, como él mismo  lo  aceptó,  no  fue  quien  encontró personalmente los documentos sino que lo  oyó     del    agente    Diego    Fabio    Correa    Vinchirá,    “quien  durante  el proceso jamás pudo  determinar      la      veracidad      de     esta     circunstancia”  y,  antes  por el contrario, sostuvo  bajo  la  gravedad  del  juramento  que  no supo realmente en cuál vehículo se  encontraban los recibos.   

En consecuencia, sostiene que entre estas dos  versiones      existe      una     “evidente   contradicción”,  a  lo  que  se  suma  que  los  sindicados, desde los inicios del  proceso,  aseveraron  que los papeles del celular se encontraban en el Chevrolet  Samurai  blanco  en que se transportaban y no en el automotor abandonado por los  agresores.   

Agrega que aunque esta duda no fue dilucidada  por  el  instructor,  tal  como  lo  ordena el artículo 445 del C. de P. P., se  edificó     el     fallo     condenatorio,    para    concluir:    “…   no   comparte   la  defensa  el  análisis  que del indicio se hace en la primera y segunda instancias, porque no  es  preciso  darle al testimonio de oídas del Sargento Hernández Huertas mayor  valor    probatorio,    que    al    de    Correa   Vinchirá,   …”.   

Advierte  que  de  ninguna  manera  se  puede  establecer          la         “convergencia”  y  la  “concordancia para  establecer   una   relación   causal”  que  lleve  a  la  certeza  para  condenar, en cuanto “por      lo      menos”  se  está  en presencia de una duda,  que  no  logró  dilucidarse  a  través  de  la  prueba indiciaria vista por el  sentenciador.   

Otro  elemento  indiciario  surge,  según la  condena,   de   la  “mala  justificación”,  por  el  hecho  de  que  los  declarantes  hubieran  sostenido que el vehículo Chevrolet  Samurai  se  había  accidentado  y,  aún  así,  continuaron  la marcha con el  parabrisas     roto,     cuando     “por  las  carreteras  de  la geografía colombiana, es frecuente ver  transitando       vehículos       en      el      mismo      estado”.   

Anota  que  no  puede  extraerse  inferencia  lógica  alguna, si se considera que en ninguna parte del expediente aparece que  el  vehículo Chevrolet Samurai haya sido implicado en el atentado de Algeciras,  sino  que  más  bien  se  habló  de  un vehículo automóvil pequeño de color  blanco.   Entonces,   “no  puede  hacerse  ninguna  inferencia  lógica, para establecerse compromiso penal  contra  mis  defendidos,  cuando  el  vehículo  en  que  se  movilizaban  no es  mencionado  por  quienes en esos momentos presenciaban los acontecimientos de la  Vega de Oriente (Campoalegre).”   

Pero “lo    más    importante”,  estima el demandante, es que sus defendidos no fueron reconocidos  en  la  respectiva  diligencia por el ofendido, no obstante que al momento de la  denuncia  manifestó  que estaba en condiciones de reconocer a sus agresores, ni  por  la señora Martha Reyes Cachayá (“Testigo  del  abandono  del  campero Toyota en la Vega, Campoalegre,  por   parte   de   quienes   presumiblemente   fueron  los  autores  del  delito  investigado”),  pero  que  aún  así  no  fue  suficiente  para  “reforzar  las  dudas  respecto a los indicios analizados”.   

Considera   que  estos  no  reconocimientos  debieron  tener  relevancia en la sentencia, pues se trataba del propio ofendido  “quien   descartó   la  participación   de   los   procesados   en   los   hechos  de  los  cuales  fue  víctima” y de la ausencia  de  reconocimiento  de  la  señora  Reyes  Cachayá,  quien  debía reconocer a  quienes,   en   “afanosa  carrera”,    dejaron  abandonado el Toyota.   

Así  mismo, afirma el censor que habiéndose  establecido  pericialmente que la pistola encontrada a Giovani Guevara Rojas, no  fue  el  arma  con  que  se  disparó  al  vehículo  en el que se desplazaba el  denunciante,   “es   un  elemento   más   a   favor  de  los  intereses  de  los  procesados”.   A   lo   que  se  debe  sumar  la  intervención  del  agente  del  Ministerio  Público,  quien  en  la  audiencia  pública solicitó la absolución por la existencia de la duda.   

Concluye  sosteniendo  que  en  este  caso se  otorgó  indebido  mérito  a  un  testigo  de  oídas  como  lo  es el Sargento  Hernández  Huertas,  “sin  contemplar   otras   posibilidades   de  acercamiento  a  la  verdad”, motivo por el cual se debe reconocer  la  presencia  de  “muchas  dudas”,  las  que  han de  resolverse a favor de su prohijado.   

   

LA CORTE CONSIDERA  

La  demanda  de  casación  presentada por el  defensor  de los sentenciados, no reúne los requisitos de claridad y precisión  que  estatuía  el  numeral  3°  del  artículo  225  del Decreto 2700 de 1991,  vigente para la época.   

Entre   sus   desatinos,  se  destacan  los  siguientes:   

1.  No  dice  cuál  fue  la norma sustancial  infringida  ni  su sentido, esto es, si fue quebrantada por falta de aplicación  o por aplicación indebida.   

2.  Aunque denuncia que el Tribunal incurrió  en  error de hecho por falso juicio de identidad, con relación a ninguno de los  medios  de convicción a que se refiere en su disertación muestra que haya sido  falseado  en  su  contenido  material  “haciéndole  producir  efectos  probatorios  que no se derivan de su  contexto”,  es decir, que  no  haya  correspondencia  entre  lo que objetivamente dice y lo que el Tribunal  manifestó que su texto rezaba.   

3.  En  lo  que respecta al ataque que dirige  contra  la  prueba  indiciaria, no dice si lo orienta contra la prueba del hecho  indicador,  contra  el proceso intelectual valorativo de la inferencia lógica o  contra  su  apreciación  conjunta,  al  considerar  su gravedad, convergencia y  concordancia.   

Si se entiende que quiso orientarlo contra la  inferencia  lógica,  se  encuentra que no muestra cuál fue el falso raciocinio  en  que  incurrió el sentenciador, esto es, cuáles fueron los principios de la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de  la experiencia común  vulnerados,  de  qué manera lo fueron y cómo ese desatino lo llevó a declarar  una  verdad  distinta  a  la  que  revela el proceso, limitando la exposición a  cuestionar   la   credibilidad  otorgada  por  el  Tribunal  a  unos  medios  de  convicción  y  negado  a  otros,  sin  percatarse  que  ello no configura error  demandable  en  casación, dentro del sistema de la persuasión racional que nos  rige,  y  a  oponerse  a  sus conclusiones probatorias, desconociendo que las de  aquél  prevalecen,  por  llegar  la sentencia a esta sede amparada por la doble  presunción de acierto y legalidad.   

Frente a los anotados yerros de la demanda, se  impone  su  inadmisión,  de  acuerdo  con lo que disponía el artículo 226 del  Decreto   2700   de  1991,  pues  la  Corte,  en  acatamiento  al  principio  de  limitación, no puede corregirlos.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de    casación   presentada   a   nombre   de   los   procesados   JAIME  ANDRÉS  PATIÑO  TRUJILLO,  GIOVANY GUEVARA y JOSÉ TRINIDAD  SÁNCHEZ.  En  consecuencia,  se  declara  desierto el  recurso interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso,  conforme a lo que disponían los artículos 226 y 197 del C. de P. P.,  (Decreto 2700 de 1991, aplicable a este caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                          CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

                    

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA ESCOBAR                                          NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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