17388(06-08-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso No 17388  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 89  

          Bogotá,    D.C.,   seis   (6)   de   agosto   de   dos   mil   dos  (2002).   

          Califica  la Sala la demanda de casación presentada en defensa del  procesado  SANTIAGO  DEL  VALLE  SASTRE  contra  la  sentencia  proferida  en  su  contra  por  el  Tribunal  Superior  de  Pereira,  con miras a determinar si reúne los requisitos formales  para su admisión.   

HECHOS  

          Dan  cuenta  los autos que al medio día del 19 de febrero de 1998,  la  odontóloga  Victoria Eugenia Téllez Cabal salió de su sitio de trabajo en  la  escuela  Fabio  Vásquez  Botero  de  la población de Dosquebradas, sin que  arribara  a  la  residencia  de  sus  padres  en  la ciudad de Pereira, como era  habitual,  a  compartir  la  hora  del  almuerzo  en  compañía  de su esposo e  hijo.   Iniciada la búsqueda, a eso de las seis de la tarde el cadáver de  la  profesional  fue  hallado por miembros de la Sección de Policía Judicial e  Investigación  en  el  paraje  conocido  como  “El  basurero”,  sobre  la vía que conduce al municipio  de   Marsella,  y  presentaba  un  disparo  de  arma  de  fuego  en  la  región  parieto-occidental derecha.   

          En  las investigaciones adelantadas se estableció que la camioneta  que   conducía   la  víctima  había  sido  abandonada  por  dos  jóvenes  en  inmediaciones  del  parque cementerio Prados de Paz, donde encargaron a Norberto  Zapata  Acevedo  de  su  cuidado.   Así  mismo,  que uno de los individuos  guardó  en  la  pretina un revólver mientras que el otro cerraba el automotor,  luego abordaron un taxi y se retiraron del lugar.   

          Las     primeras    sospechas    recayeron    sobre    SANTIAGO  DEL  VALLE SASTRE, amante de la  occisa,  quien en diligencia de reconocimiento efectuada el 11 de marzo de 1998,  fue  identificado  por  el  mencionado  Zapata  Acevedo  como uno de los sujetos  referidos en su declaración.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          1.  Abierta  la  investigación,  la Fiscalía Seccional de Pereira  escuchó   en   indagatoria  al  imputado  DEL  VALLE  SASTRE.   Después, vinculó también al sumario  a    ALEXANDER    HINCAPIÉ   JARAMILLO,  quien  el  15 de marzo de 1998 se presentó ante las autoridades  de policía a confesar la autoría del homicidio.   

          La   situación   jurídica   de  los  sindicados  fue  resuelta  el 19 de marzo siguiente con detención preventiva en  contra  del  incriminado  DEL VALLE SASTRE  por  el  delito  de  homicidio.   Respecto  de  HINCAPIÉ  JARAMILLO,  el  instructor se  abstuvo  de  afectarlo  con  medida  de  aseguramiento al discernir el carácter  fantasioso  de  su versión, desvirtuada cabalmente con la prueba aportada a las  diligencias.   

          En  la  ampliación de injurada DEL VALLE  SASTRE  admitió  la  ejecución  del homicidio, pero  adujo  haber obrado por las insistentes solicitudes de su amante, afligida desde  hacía  varios  meses  por  haber  sido víctima de un atraco y de abuso sexual,  hechos  en  los  que  resultó  embarazada  y  contagiada,  según  creía,  del  síndrome de inmunodeficiencia adquirida.   

          2.   Clausurado el sumario, el instructor calificó su mérito  probatorio  en providencia del 3 de agosto de 1998 con resolución acusatoria en  contra  del  sindicado  DEL  VALLE  SATRE,  en calidad  de  autor  del  delito  de  homicidio  simple,  decisión en la que descartó la  pretensión  de  la  defensa de ubicar la conducta del sindicado en la modalidad  del  homicidio  por  piedad  y,  subsidiariamente,  en  la inducción o ayuda al  suicidio.    El  vinculado  HINCAPIÉ  JARAMILLO  fue    favorecido    con    preclusión    de    la  investigación.    

         La  Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Pereira mantuvo el pronunciamiento del a quo en providencia del 15  de  septiembre  siguiente, al resolver la alzada interpuesta por el defensor del  acusado.   

          3.    Finalizada   la  audiencia  pública,  en fallo del 4 de noviembre de 1999 el Juzgado 4º Penal del Circuito  de  Pereira,  condenó  a DEL VALLE SASTRE,  en  consonancia  con el pliego de cargos, a la pena principal de  veinticinco  (25)  años y cuatro (4) meses de prisión como autor del delito de  homicidio,  confirmado por el Tribunal Superior de esa misma ciudad en sentencia  del 17 de febrero de 2000.   

          Inconforme  la  apoderada  del  sindicado,  presentó la demanda de  casación que se examina en sus requisitos formales.   

LA  DEMANDA   

            La  casacionista eleva un único cargo en el ámbito de la causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  al  acusar  el  fallo del Tribunal de  quebrantar  indirectamente  la  ley  sustancial  por  otorgarle  a las medios de  persuasión   recaudados   “un  contenido  fáctico  diverso al alcance mismo de la prueba”.   

         Reseña  seguidamente  que  la  causal  invocada  se  estructura  a  partir  de  los  falsos  juicios de convicción, de  identidad,  de  legalidad  y  de  existencia,  a  través de los cuales se puede  llegar  a infracción mediata de la ley sustancial, que implica por lo tanto, el  desconocimiento  de  las  reglas  establecidas para la valoración de la prueba,  consideraciones  a  partir  de  las  cuales  le endilga al juzgador “la  equivocada  interpretación…de algunas pruebas recaudadas  a    lo    largo   del   proceso,   lo   que   implicó   a   que   (sic) estas  probanzas produjeran  efectos  que  no  se  derivaban de su contexto, cambiando por tanto su sentido y  alcance  en  lo  relacionado específicamente con la culpabilidad” del acusado frente al homicidio voluntario.   

         Más      adelante,     bajo     el     epígrafe     “Fundamento   probatorio   del   fallo  impugnado”,  la  censora  discurre  sobre  el  alcance  del  falso juicio de  identidad.    Indica   que  el  juzgador  por  ausencia  de  certeza  sobre  “la  existencia  de móviles diversos al dolo para  el  despliegue  de  la conducta” dedujo entonces el  “elemento    doloso    y   profirió   sentencia  condenatoria”   por   el   homicidio  voluntario;  asimismo,  que  por  desfigurar la prueba de la culpabilidad dejó de aplicar el  in  dubio pro reo para dar paso a una condena “cuya  motivación  se  torna  relevante  por  la  carencia  de  medios  de  prueba que  demuestren el dolo”.   

         Transcribe  las  consideraciones  con  fundamento en las cuales el  Tribunal  descartó  el  homicidio  piadoso,  frente  a  las  cuales  atesta que  “no  extrajo  de  manera correcta de los medios de  prueba  el  sentido que los mismos debían tener en concordancia con su realidad  fáctica  para  estructurar de manera cierta la existencia de dolo en la acción  penalmente     relevante     desplegada    por    el    sindicado”.    En   síntesis,   asegura  la  demandante,  el  ad  quem  estructuró   el   dolo   “en   la  insuficiencia  probatoria  que  en  su criterio, rodeó la confesión calificada”  del  acriminado,  a  través de una exposición que “denota  duda  en  torno  a  los  elementos  de  la culpabilidad  requeridos    para   la   estructuración   del   hecho   punible”.   

         Critica  el  análisis  que  el  Tribunal  efectuó de las pruebas  acopiadas  con  miras a discernir la intención del sindicado en la realización  de  la  conducta. Destaca las versiones de los confidentes de la occisa, quienes  declararon   “tener  conocimiento  de  que  había  solicitado  que  se  le diera muerte”, para colegir  que  ante  la insuficiencia de la prueba no es posible desvirtuar ni fundamentar  la  versión  del  acusado.   Afirma que el ad quem contrarió “toda  lógica”  cuando  concluyó  que  la  occisa  no padecía una enfermedad grave, pues por lo menos tal aspecto  se  ofrecía  dudoso, máxime que el resultado de la citología en manera alguna  descartaba   el   padecimiento   de  cáncer.  Resalta  que  sólo  mediante  un  diagnóstico  psiquiátrico  integral podía establecerse si el sindicado tenía  propensión  a  la  manipulación o problemas de personalidad.  Finalmente,  en  este  punto,  distingue  las diversas finalidades de los homicidios simple y  piadoso,  respecto  de  las cuales en el caso de autos abunda la duda, de manera  que la sentencia ha debido ser absolutoria.   

         Dedica  un  capítulo a los “Aspectos  sustanciales”,  bajo  el  cual  discurre  sobre la  culpabilidad,  el  in  dubio  pro  reo  e  insiste  que  como  se  le endilgó a  DEL   VALLE  SASTRE  el  homicidio  simple,  el  dolo  debe estar demostrado sin dudas probatorias.    

          En  la  pretendida  concreción  del  “error        de        hecho”,  la  impugnante alude a sus diversas  modalidades,  en  particular,  transcribiendo decisiones de esta Corte, al falso  juicio  de  identidad,  para  aducir  a  renglón  seguido  la conformidad de la  defensa  con “el análisis probatorio condensado en  el  fallo  atacado”  y  centrar  el  disenso en la  suposición  que  hizo  el  Tribunal  del  dolo tras descartar los elementos del  homicidio por piedad.   

         Reseña  los  aspectos  que  fueron objeto de actividad probatoria  durante  las  instancias,  y  con tal orientación plantea que los testimonios y  las  experticias incorporados a los autos ponen en duda el estado de salud de la  víctima,  quien  le  manifestó  a  sus  allegados Manuela Giraldo y Juan Diego  Gómez  los  graves padecimientos sufridos, en tanto que el procesado atesta que  le  confesó estar contagiada de sida; sin embargo, estos elementos de juicio se  desestimaron  por  el  fallador a partir del errado análisis de otros medios de  persuasión.     

         Adicionalmente, afirma la censora, las  pruebas  acopiadas  en  manera  alguna le permitían al Tribunal concluir que la  ofendida  no  le  solicitó  al  acriminado la causación de su muerte.  En  contraste,  la  demandante con sustento en el análisis que postula colige en la  occisa  Téllez  Cabal  un desorden en la personalidad, que por lo menos, diluye  la    certeza    sobre   la   intención   del   procesado   de   ocasionar   su  deceso.   

         Sobre  esta  última  afirmación vuelve en posteriores acápites,  más  aun “con la finalidad de desarrollar el cargo  planteado”,   la   actora  presenta  “el    análisis    de    las    pruebas    obrantes    en    el  expediente”,   que   interpretadas   “dentro  de los parámetros de las reglas de la experiencia y el  sentido  común”  habrían  conducido a atestar la  “duda  probatoria  sobre  uno  de  los  elementos  configurativos  del  punible  consagrado en el artículo 323 de nuestro estatuto  punitivo”.    

         Con  tal  orientación alude al contenido de la indagatoria, a las  declaraciones  recibidas en el proceso y los hechos que establecen.  Trae a  colación   la   carta  signada  por  la  víctima  y  dirigida  a  SANTIAGO  DEL  VALLE SASTRE, que afirma  fue  interpretada  de  manera  equivocada  por  el  Tribunal,  pues a su juicio,  “evidencia  el  ánimo de morir y el requerimiento  al  sindicado  de que sea por él eliminada”.   Esta   prueba  está  corroborada  con  el  informe  emitido  por el perito  psiquiátrico,  y  si  bien el galeno pretendió explicar el estado emocional de  la   víctima,   tal   cuestión   “admite  otras  deducciones    y    no    se   convierte…en   verdad   procesal”.   

         Reseña  los  testimonios  rendidos  por Juan Diego Gómez Orozco,  Fernando  Grisales  Salazar,  Gustavo Adolfo Téllez Cabal, Manuela Giraldo, Luz  Helena  Cano,  Gloria Fernanda Cardona Cañas, Magnolia Cañas y Osvaldo Antonio  Castilla,   precisando  en relación con cada uno de ellos los aspectos que  estima  se infieren de sus versiones, que enfrenta seguidamente a la valoración  efectuada  por  el  juzgador  ad  quem de tales pruebas, para hacer consistir el  acusado  desatino  en  la  disparidad   sobre  su  valoración,  en la  inconformidad  con  las  conclusiones  que  los  falladores  extrajeron de tales  declaraciones,  o  en  la  criticada  disminución  de su relevancia probatoria.   

         Aborda después las pruebas técnicas y  documentales,  concretamente,  los  extractos  de  las  cuentas  de  ahorro  del  sindicado     DEL     VALLE    SASTRE,  su historia clínica, el informe de las consultas de aquél con  el  siquiatra  Osvaldo Castilla, y el resultado de la valoración psicológica a  la cual fue sometido en el Instituto de Medicina Legal.    

         Compendia la diligencia de exhumación  cadáver  de  la  víctima  Téllez Cabal y sus hallazgos, las pruebas negativas  para  V.I.H.  a  las que fueron sometidos el sindicado, Mario Alejandro Molina y  Hernán  Alberto  Saraza  Gómez,  la última citología practicada en vida a la  occisa,   el   dictamen   de   ADN  mediante  el  cual  se  determinó  que  los  espermatozoides  encontrados  en esta última no correspondía a los mencionados  ni  a  Carlos  Felipe  Giraldo  o  Patrick Pool Aray, al igual que la experticia  psiquiátrica  respecto de la cartas obrantes en el expediente, cuya autoría se  atribuye  a  la  fallecida  Téllez Cabal, para postular las conclusiones que se  extraen  de  su  análisis  conjunto  de los medios de persuasión relacionados,  básicamente, que el dolo de homicidio no fue demostrado.    

           Finalmente,    bajo   el   título  “Pruebas    que    no    incidieron    en    el  fallo”,  la censora sintetiza las declaraciones de  Felipe  Giraldo,  Mario  Alejandro  Molina Álvarez, Mario Vélez García, Lilia  Yasmine  Soleiman  Carmona, Emma Murcillo de Cabal, Luz Helena Cabal de Téllez,  Carlos  Alfonso  Téllez  Cabal,  Aracelly  Jaramillo Trejos, Ana Milena López,  María  Patricia  Gutiérrez,  Hernán Alberto Saraza, Patrick Pool Aray y Jaime  López  Marín, en relación con las cuales colige que atestiguan una particular  percepción  de la personalidad de la occisa, “pero  no  conforman  un  material probatorio relevante para determinar, si la conducta  se  encuadra  dentro  del  tipo  de  homicidio  pietista o si Santiago del Valle  actuó   movido   por   la   exclusiva   intención  de  cegar  la  vida  de  la  víctima”.    

          Con   los   anteriores   fundamentos  solicita,  simple y llanamente, que se case la sentencia impugnada, sin postular  el sentido del fallo de sustitución correspondiente.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         1.  La Sala reitera una vez más,  que  la  casación  constituye un medio extraordinario de impugnación, donde no  es   posible   pretender   la   continuidad   de  los  debates  propios  de  las  instancias.   Por  el  contrario,  ante  el mencionado carácter, el libelo  mediante  el  cual  se sustenta, al amparo de las causales que la tornan viable,  con   observancia de los requisitos de forma y contenido establecidos en el  estatuto  procesal  penal,  debe  orientarse  necesaria  e  indefectiblemente  a  demostrar  la  existencia  de  errores  trascendentes, de juicio o actividad, es  decir,  revestidos  de  entidad  para  derruir  en  su  legalidad  o  acierto la  sentencia de segundo grado.   

         En  la  demanda examinada, de la simple lectura de la misma, surge  ostensible  el desconocimiento por parte de la defensora de estas exigencias que  supeditan  su  admisión,  pues so pretexto de la violación indirecta de la ley  sustancial,  presenta  en  últimas  un  deshilvanado  alegato donde se limita a  oponer   su   personal   e   interesada  valoración  a  la  efectuada  por  los  sentenciadores,  sin una clara precisión de la propuesta sometida al escrutinio  de  la Corte y  pasando por alto que la casación tiene, entre otros fines,  la  efectividad  del  derecho  material  y  de  las  garantías  de  los sujetos  procesales,   de   manera   que  no  puede  encontrar  sustento  en  esa  simple  discrepancia con los fundamentos probatorios del fallo impugnado.   

         2.   En  efecto,  de conformidad con el artículo 225-3º del  Código  de  Procedimiento  Penal anterior, subrogado por el artículo 8º de la  Ley  553  de  2000,  disposición  vigente  para  la época de presentación del  libelo,  a  la  impugnante le corresponde no sólo enunciar la causal y formular  el  cargo  con  apego  a  la  misma, sino indicar también las normas que estima  infringidas  y el sentido de su violación, teniendo en cuenta, desde luego, que  tratándose  de la transgresión mediata de la ley sustancial no pueden ser sino  de esta mencionada naturaleza.   

         Frente  a  este  requisito, la defensora se conformó con postular  el  reparo dentro del ámbito de la causal primera de casación, cuerpo segundo,  sin  especificar,  en  forma  expresa por lo menos, las disposiciones de derecho  sustancial  quebrantadas  a  través  de  la  desatinada apreciación probatoria  endilgada a los juzgadores.   

         Ahora  bien,  no  desconoce  la  Sala que la impugnante en algunos  acápites  de  la  demanda reprocha al Tribunal el desconocimiento del principio  in  dubio  pro  reo,  incluso,  cita  el precepto que lo recogía en el derogado  estatuto  procesal  penal (artículo 445);  sin  embargo,  así  se  dedujera  de tal enunciado la argüida  falta   de   aplicación  de  dicha  norma  de  derecho  sustancial,  este  laxo  entendimiento  en  manera  alguna  arrojaría  claridad  sobre  la  proposición  jurídica    a   través   de   la   cual   se   pretende   quebrar   el   fallo  impugnado.   

         En  primer término, porque ninguna mención se hace en el escrito  al  precepto  sustancial indebidamente aplicado al excluirse de manera evidente,  como  se  sugiere,  el  que  recoge  el aludido postulado, que no sería diverso  entonces  del  definitorio  del  delito  por el cual se dictó la condena.   Pero  primordialmente,  al  confrontarse  este  incompleto  señalamiento con el  desarrollo  argumentativo  del  ataque,  donde  la  censora  plantea  de  manera  indistinta,  la  ausencia  del dolo homicida, la existencia de dudas insalvables  en  torno  a  la  culpabilidad  que  medió en la ejecución del homicidio, cuya  autoría  finalmente  confesó el sindicado DEL VALLE  SASTRE,  según  destaca,  así  como la adecuación  típica  de  la  conducta  punible  investigada  al tipo penal del homicidio por  piedad,  postulaciones  que  involucran  la  infracción  de  normas  diversas y  conceptos disímiles de violación.   

         Esta  falta de norte en la proposición jurídica trascendió a la  sustentación   del  reparo,  pues  la  actora  entremezcló  los  tres  ataques  referidos  en  precedencia,  perdiendo de vista que al revestirlos de implícita  entidad  para  propiciar  cada  uno de ellos por diferente motivo la ruptura del  fallo  impugnado, exigían una presentación y desarrollo separados.    Más  aún,  tan  notorio  se  muestra  el  barullo en este discurrir con el que  pretendió  soportar  el  cargo,  que de los argumentos de la libelista no logra  desentrañarse  en  forma  unívoca  lo  perseguido  en  últimas de la Corte de  encontrar  prosperidad  la  censura,  al  esbozar  la  absolución  del  acusado  DEL  VALLE  SASTRE  por  ausencia  de  dolo  o  como consecuencia de las dudas en torno a la culpabilidad  dolosa,  pero  de  igual  modo,  la condena de aquél por el delito de homicidio  piadoso,  aspectos  alegados  con  indebida  mixtura  al fundamentarse el único  reproche formulado a la decisión de segunda instancia.   

         De  ahí entonces, que la defensora en  el  aparte  conclusivo  de  la  demanda  omitiera concretar su pretensión, para  limitarse  a solicitar a la Sala que se case la sentencia impugnada, sin sugerir  siquiera el sentido de la decisión sustitutiva correspondiente.   

         3.   Abundando  en  consideraciones, las fallas comentadas no  son  las  únicas  detectadas  en  la  revisión  previa  del  libelo,  pues  la  presentación  y  desarrollo de los yerros de apreciación probatoria endilgados  al Tribunal adolecen también de insalvables deficiencias.   

         Ciertamente,  de conformidad con el reiterado criterio de la Sala,  cuando  se  aduce  la  violación  indirecta de la ley sustancial por errores de  hecho  o  de  derecho  en  la  estimación  de  los elementos de persuasión que  soportan  la  sentencia, al censor le corresponde concretar la configuración de  alguno   de  los  desaciertos  de  tal  índole  y  viable  alegación  en  sede  extraordinaria,  demostrar  su realidad con apego a las formalidades que les son  propias  y,  finalmente,  acreditar  la trascendencia de los mismos en relación  con  el  pronunciamiento  censurado,  es  decir, comprobar cómo habría sido de  diverso  sentido  y  favorable  al  impugnante  de no haber mediado los dislates  denunciados.   

         En  el  presente caso, la demandante acusa la violación indirecta  de  la  ley  sustancial  derivada  de  la  desatinada  apreciación  probatoria,  concretamente,  le  endilga a los juzgadores la incursión en el falso juicio de  identidad,  no  por  su  nomenclatura,  sino  al reprocharles insistentemente la  distorsión  del “contenido fáctico”  de las pruebas incorporadas a los autos, pero la fundamentación  del  reparo  así  esbozado,  desde  ninguna óptica, se orientó a constatar la  existencia  de esta específica modalidad de yerro, que surge configurado cuando  en  la contemplación de la prueba se distorsiona, cercena o adiciona su sentido  objetivo haciéndola producir efectos que no se desprenden de ella.   

         En  efecto,  la  actora omitió, como le resultaba ineludible para  demostrar  el  desacierto  de  la  naturaleza  invocada, confrontar el contenido  literal  o  material  de  las  pruebas  que afirma fueron tergiversadas en dicho  ámbito,  a  partir de los textos o de las actas en las cuales están recogidas,  con  aquél  asignado a las mismas en el fallo censurado, para plantear simple y  llanamente,  en  un alegato propio de las instancias, su inconformidad frente al  análisis    probatorio    sobre    el    cual    se   cimienta   la   sentencia  condenatoria.   

Así,  en  la pretendida sustentación del  reparo,  con  las  imprecisiones  comentadas  en  precedente  acápite, esto es,  postulando  indistintamente la ausencia de dolo, las dudas sobre la culpabilidad  dolosa  del  sindicado  y  la  adecuación  del  comportamiento  investigado  al  homicidio  piadoso, no al simple por el que se halló responsable a DEL  VALLE  SASTRE, la casacionista se  limita  a  reseñar  el  contenido  de las pruebas documentales, testimoniales y  técnicas  acopiadas,  en forma prolija además y repetitiva respecto de algunas  de  ellas,  para  postular  después  sus  propias  conclusiones, que finalmente  contrapone  a  las del fallo impugnado reclamando preeminencia para las plurales  tesis  que  formula.   En  fin,   en este discurrir argumentativo hace  consistir  el dislate denunciado, no en la alteración del contenido material de  tales   elementos   de   persuasión,  conforme  adujo,  sino  en  la  falta  de  coincidencia de los juzgadores con sus personales apreciaciones.   

         En  otros  términos,  la mayor parte de las argumentaciones de la  censura  traducen  la  pretensión  de  la actora de someter al escrutinio de la  Corte  su  análisis personal e interesado de las pruebas, con la aspiración de  que  se  le  conceda prevalencia sobre el efectuado en la sentencia objeto de la  impugnación extraordinaria.   

         4.   En  otro  acápite  del  libelo, la defensora pretendió  encaminar  el  reproche  a la postulación del falso raciocinio y afirmó que el  juzgador     ad     quem     contrarió    “toda  lógica”  cuando  coligió  que  la  víctima  no  padecía  de una enfermedad grave o terminal, insinuando con tal razonamiento la  inobservancia  de  los  principios  de  la  sana  crítica; sin embargo, tampoco  frente  a  esta  otra  objeción  satisfizo  la  exigencia de demostrar el yerro  sugerido  ni  su incidencia en las conclusiones de la sentencia impugnada.   Más  aún,  soslayó  por  completo  dicho  cometido, pues la sustentación del  ataque  consistió aquí en la critica del análisis que se hizo en la decisión  impugnada  de  las  pruebas  a  partir  de  las cuales se coligió la intención  homicida  del  sindicado, afirmó después que el quebranto grave en la salud de  la  víctima  se  ofrecía  por lo menos dudoso, como quiera que el resultado de  una  citología practicada en vida a la fallecida Téllez Cabal en manera alguna  descartaba  el  cáncer  en  órganos  diversos  de  los examinados, sostuvo que  únicamente  mediante  un  dictamen  psiquiátrico  integral podía excluirse la  posibilidad  de  haber  sido manipulado el procesado por la occisa, a la vez que  discurrió  sobre  las  diversas finalidades de los homicidios simple y piadoso,  que  al  no  encontrarse esclarecidas plena e indubitadamente en las diligencias  imponía  la  absolución,  es  decir,  planteó  una  mera inconformidad con el  análisis probatorio del juzgador ad quem.   

         Situación  similar  detecta  la  Sala  en  el  error  imputado al  Tribunal  al deducir el dolo, según arguye la actora, sin medios de persuasión  que  lo  sustentaran,  porque  también  aquí  ningún  esfuerzo  desplegó  la  casacionista  con  miras  a acreditar la realidad y trascendencia del yerro así  sugerido,  concretamente,  el  falso  juicio  de  existencia  por suposición de  prueba.   Por  el  contrario, en las argumentaciones siguientes repudió la  estructuración  del  desatino  insinuado  para  acudir  a una mera discordancia  apreciativa   en  torno  a  los  elementos  de  persuasión  que  sustentan  las  conclusiones  del  ad  quem,  que  en opinión de la  demandante    surgían    precarios    e    insuficientes    para   “para     estructurar     de     manera    cierta”  el  “dolo en la acción penalmente  relevante        desplegada        por        el        sindicado”.   

         5.    De  otra  parte,  conforme  al  reiterado  y  pacífico  criterio  de  la  Sala,  quien  pretende  establecer en sede de casación que el  juzgador  desconoció  el  principio  in  dubio  pro  reo,  como  fue  una de la  aspiración  de  la  defensora  en  el  libelo examinado, al menos en una de las  propuestas  aducidas sin la separación debida, le corresponde formular el cargo  con  apoyo en la causal primera por alguna de las dos vías que la misma ofrece,  según  la  forma  en la que se reproche la transgresión de la norma sustancial  que contiene dicho postulado.   

         Así,  si  el  fallador  reconoce  la  existencia de la duda sobre  algunos  de  los factores de exigida certeza para dictar la condena y a pesar de  ello   la   profiere,   el   demandante  sin  cuestionamiento  alguno  sobre  la  apreciación  probatoria debe formular la impugnación acudiendo a la violación  directa  de  la  ley  sustancial.   Por  el  contrario,  si derivada de una  incorrecta  estimación de los elementos de persuasión el sentenciador dejó de  resolver  la  duda  a  favor  del  procesado,  el  cargo  debe  erigirse  por la  transgresión mediata.   

         En  la demanda cuyos requisitos formales se examinan, la defensora  en  detrimento  de  la claridad y precisión exigida en la propuesta, soslayando  de  paso  el  principio  lógico  de  no contradicción, con indebida mixtura le  imputó  al  juzgador  de  segundo grado ambas modalidades de desatino, esto es,  adujo  la violación directa e indirecta respecto del postulado del in dubio pro  reo,   sin  desarrollar,  con  estricto  rigor  técnico,  ninguna  de  las  dos  hipótesis mencionadas.   

         En  efecto,  la actora al presentar el  reparo  arguyó  el  quebranto indirecto de la ley sustancial, después, con las  impropiedades  advertidas  en  precedencia sugirió las diversas expresiones del  error  de  hecho,  para  ensayar  finalmente  su  propia  valoración probatoria  pretendiendo  desvirtuar  la  efectuada  por  el  Tribunal.   Así las  cosas,   insiste   la   Sala,   la  sustentación  del  reparo  se  tradujo  en  la  exposición   del  criterio  personal  de la  demandante   sobre  la  valoración  de  las  pruebas,  particularmente,  de  la  ampliación  de  indagatoria  del sindicado DEL VALLE  SASTRE,  donde  confesó  en  forma  calificada  la  autoría  del  homicidio, de los testimonios, documentos y pruebas técnicas que  desde  su  interesada  perspectiva  le  brindan apoyo, que enfrenta al análisis  realizado  por  el  Tribunal  en   la  sentencia  impugnada, sustrayéndose  entonces  de  manera  ostensible  al deber de demostrar la existencia de errores  trascendentes   en  la  apreciación  probatoria,  por  lo  tanto,  con  entidad  suficiente  para  quebrar la doble presunción de acierto y legalidad que ampara  la decisión censurada.   

          Pero  además  de  lo  anterior,  la  defensora  en  otros  apartes del libelo se orienta hacía la vía directa de la  ley   sustancial,   pues   afirma  que  el  ad  quem  reconoció  el  estado  de  incertidumbre,  cuando  al analizar la confesión calificada del acusado acudió  a  una  exposición que “denota duda en torno a los  elementos  de  la  culpabilidad  requeridos  para  la  estructuración del hecho  punible”.   Mas adelante anuncia incluso  la  conformidad  de  la  defensa  con “el análisis  probatorio  condensado  en  el fallo atacado”, pero  muy  pronto  abandona  estos  derroteros pues en las  consideraciones  siguientes,  apartándose  de  los  lineamientos así trazados,  insistió  en  endilgarle  al  Tribunal  la  incursión  en  desaciertos  en  la  apreciación de los medios de persuasión acopiados.   

           

         6.   En síntesis, se muestra ostensible el incumplimiento de  los  requisitos  formales  que  por disposición legal deben satisfacerse.   Por  lo  tanto,  la  Corte  inadmitirá  la  demanda  presentada  en defensa del  sentenciado     DEL    VALLE    SASTRE  con  la  consecuente  declaratoria de deserción de la casación  presentada,  mediante  providencia que adquiere ejecutoria en la fecha en que es  suscrita y no admite recurso alguno.   

           

         En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

         NO  ADMITIR  la  demanda presentada en  defensa   del   sentenciado   SANTIAGO   DEL  VALLE  SATRE.  En consecuencia, se declara desierta la  casación interpuesta.   

         Cópiese,  comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                      JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                                         CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO                                        ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                            NILSON  E. PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *