17936(13-08-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República   de  Colombia   

       

Corte Suprema de Justicia  

Proceso     No  17936   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 92  

Bogotá, D. C., trece (13) de agosto de dos  mil dos (2002).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  si  es procedente admitir la demanda de casación  presentada  por  el defensor de LUIS ALEJANDRO CORTÉS  AVENDAÑO.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          En   la   mañana   del  22  de  noviembre  de  1998,  LUIS  ALEJANDRO  CORTÉS  AVENDAÑO  dio  muerte   a  su  compañera  permanente,  FLORALBA  MONTENEGRO  FLOREZ,  a  quien  estranguló  en  la  pieza  de  inquilinato  que  compartían  en  la  ciudad de  Bogotá.   

          El  señor  CORTÉS AVENDAÑO   fue  capturado  al  día  siguiente  y  de  inmediato  dejado  a  disposición  de  un  fiscal  seccional,  quien luego de decretar la apertura de  instrucción  lo  escuchó  en  indagatoria  (fl.  24) y le resolvió situación  jurídica,  imponiéndole  medida  de  aseguramiento  por el delito de homicidio  simple  (fl. 36). Cerrada la investigación, el 19 de marzo de 1999 calificó su  mérito   con   resolución   acusatoria   por  el  mismo  ilícito  (fl.  116).   

          Le   correspondió   adelantar  la  etapa  del  juicio  al  Juzgado  Veintisiete  Penal  del Circuito de Bogotá, que por sentencia del 5 de abril de  2000  condenó  al procesado a las penas de 25 años e interdicción de derechos  y  funciones  públicas  por  el  término de 10 años (fl. 25 C.3), providencia  confirmada  en  su integridad por el Tribunal Superior de Bogotá el 29 de junio  de 2000 (fl. 12 C.T.).   

LA DEMANDA  

          Con  apoyo  en  la  causal  primera  de  casación,  el defensor le  formuló cinco reproches a la sentencia de segunda instancia:   

1º.  Que  el  juzgador  incurrió en falso  juicio  de existencia por omisión, respecto de las declaraciones de JAIME ABRIL  CÁRDENAS  y JANETH PLAZAS VARGAS y del examen psiquiátrico que se le practicó  al   procesado.   Después   de   transcribir  apartes  de  tales  elementos  de  convicción,  anota  que  el  error  incidió en el sentido del fallo porque, de  haberlos  tenido  en  cuenta  y  analizado,  debió  reconocer la diminuente del  estado  de  ira  que  consagraba  el  artículo  60  del anterior Código Penal.   

          2º.  Que  incurrió  en  error  de  derecho  por  falso  juicio de  convicción,   por   las   siguientes   razones:   a)   porque  el  Ad  quem,  en  el acápite que denominó  “de  la  sentencia  apelada”,  se  limitó a transcribir en forma parcial lo  expuesto  por  el  A quo y a  referirse   de  manera  generalizada  a  las  pruebas,  sin  valorarlas.  En  el  hipotético  caso  que  hubiese  observado  el  caudal  probatorio,  no  le  dio  credibilidad  según  la  ley procedimental a las declaraciones de JAIME ABRIL y  JANETH  PLAZAS,  en los segmentos que de nuevo transcribe; b) omitió analizar o  no  le  dio  credibilidad  al  dictamen psiquiátrico; c) en las consideraciones  transcribió  en  forma  mínima  la  declaración  de  MARLENE  MONTENEGRO para  colegir  con  desacierto  que  no  se  estructuraba  la circunstancia de la ira.   

          Concluye   que   si   esas   pruebas  las  hubiera  considerado  el  Ad   quem,  el  fallo  de  primera  instancia  hubiese  tenido  que revocarse parcialmente para reformar la  pena como consecuencia del reconocimiento del estado de ira.   

3º. Por violación directa del artículo 60  del  Código  Penal  de  1980,  porque  no obstante que los testimonios de JAIME  ABRIL     y     JANETH    PLAZAS    –cuyos  segmentos  transcribe-  y  el dictamen pericial –que    también   fragmentariamente  reproduce-  demostraban  que  el  procesado  había  actuado  en estado de ira o  intenso  dolor,  el  Tribunal  no  aplicó  la norma sustantiva que regulaba esa  circunstancia.  Si  hubiera  valorado  adecuadamente  las pruebas, la diminuente  tendría que haber sido reconocida y la pena rebajada.   

4º.  Por  violación directa del artículo  445  del  Código  de  Procedimiento Penal entonces vigente, que no fue aplicado  por  el  Tribunal  a  pesar  de  haber admitido en la sentencia que el procesado  estaba  ebrio  “no  se  sabe  si  con  anterioridad  o  con posterioridad a la  ejecución  del  homicidio,  ni  en  que  grado”,  expresión  que  revela  la  existencia de duda en cuanto al estado psíquico del acusado.   

          Solicita,  en  consecuencia, se case parcialmente el fallo “en lo  que  se refiere al quantum de la pena impuesta para y en su lugar aplicar la que  en equidad y justicia merece mi defendido”.   

         

          5°.  Con  posterioridad  a  la entrega de su demanda, el apoderado  hizo  llegar  otro escrito, que llamó de adición al libelo anterior, en el que  formuló  otro cargo basado en falso juicio de existencia por omisión. Dijo que  el  Tribunal no había reducido la pena por confesión, a pesar de que se había  pronunciado  así:  “  acerca de la rebaja de pena por confesión, no obstante  que  se cumplieron los requisitos previstos por el art. 296 del C.P.P., estos no  pueden  ser valorados objetivamente, por cuanto siempre que existan otros medios  de  pruebas  con  base  en  los  cuales  pueda  determinarse,  con  certeza,  la  responsabilidad  del agente no puede hablarse de confesión, esto es, que sin la  confesión  vertida  no  se  hubiere  llegado,  por  ningún  medio probatorio a  determinar  la  responsabilidad, criterio que ha sido reiterado por doctrinantes  y por la jurisprudencia del derecho penal…”.   

  CONSIDERACIONES   

          La  Sala  inadmitirá  la demanda y declarará desierto el recurso,  por las siguientes razones:   

          1.  Cuando  se  plantea un cargo por violación indirecta de la ley  sustancial  en la modalidad de error de hecho por falso juicio de existencia por  omisión,  le  compete al demandante no sólo identificar la prueba ignorada por  el  Tribunal  sino  también  demostrar  su  incidencia  en  el  sentido  de  la  decisión,  de manera que, de haberse apreciado, otra muy diferente hubiera sido  la   adoptada.   Pero   para   acreditar   esa   trascendencia  no  basta,  como  equivocadamente  lo  entendió  el  libelista,  que  se  hagan  genéricas y muy  superficiales  afirmaciones  como  que la valoración de un específico medio de  convicción  conduciría inexorablemente a un determinado resultado –reconocer  el  estado  de  ira,  por  ejemplo-  sino  que es indispensable que se examine en su integridad el sustento  de  la  sentencia  para  ver  cómo la inclusión en el haz probatorio del medio  omitido, afecta sustancialmente las conclusiones del fallo.   

Si,  como se afirma en la demanda, el A quo  dio  relevancia  probatoria a la confusa y controvertida injurada del procesado,  mientras  el  Ad  quem, que  ratificó  el  fallo,  no  reconoció  la  atenuante  porque acogió la versión  suministrada  por  la  hermana  de la víctima y lo hizo a pesar de verificar lo  dicho  por  otros  declarantes,  era  imperativo en punto a la trascendencia del  error  contrastar  la  prueba  ignorada  con  la  apreciada  por  el  juzgador y  demostrar  cómo  ésta  carecía  entonces  de toda eficacia para desvirtuar la  presencia  del  alterado  estado  de  ánimo  del  procesado,  de  manera que la  conclusión   obligada   no   pudiera   ser  otra  que  la  aceptación  de  esa  circunstancia.  Súmese a ello, que el propio actor, cuando relaciona las piezas  que  dice  fueron  omitidas, alude a tales medios pero afirma que ellos son unos  de los elementos que conforman el total de la prueba.   

          En  consecuencia,  incompleto  el  ataque,  el cargo no podría ser  examinado  por  la  Corte  en  virtud del principio de limitación que le impide  suplir tan relevantes omisiones del recurrente.   

          2.   Se   configura  el  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  cuando  el fallador le otorga a la prueba un mérito diferente del  que  le  reconoce  la ley o no le da el valor que ésta le atribuye. Por ello es  propio  de  regímenes  en  los  que  impere  la  tarifa  legal, pero extraño a  sistemas  que  permiten, como el nuestro, la apreciación racional de la prueba.  Por  lo  demás,  no indicó el censor cuáles eran las normas que, por señalar  un  determinado  mérito,  desconoció  el  Tribunal  en  la  valoración de los  testimonios  y  de  la experticia a que alude en el segundo cargo, con lo que le  impondría  a  la  Sala  la inaceptable tarea de confrontarla con toda la “ley  procedimental penal” que reputa violada.   

          Y  agréguese:  dentro  del  mismo  cargo,  que soporta en error de  derecho  por  falso  juicio de convicción, formula reproches porque la justicia  no  dio  credibilidad  a  unas declaraciones, porque omitió “y/o” no le dio  credibilidad  a  un  dictamen  y  porque  acudió  mínimamente a un testimonio,  reparos  que  el  actor  ha  debido  independizar,  liberar  y  desarrollar  con  autonomía, separadamente.   

          3.  Cuando se invoca la violación directa de la ley sustancial, el  demandante  tiene  que  aceptar  los hechos, las pruebas y la valoración que de  ellas  se  hace  en  la  sentencia impugnada, pues un ataque planteado desde esa  perspectiva  se reduce a temas puramente jurídicos. Contrariando esta elemental  regla  técnica, en el tercer cargo el libelista acusa simultáneamente la falta  de  aplicación  del  artículo  60  del  anterior Código Penal y la inadecuada  observación  y  valoración  de  la  prueba testimonial y pericial, lo que hace  inestudiable el reproche.   

          4.  En  el cuarto cargo, en cambio, aunque acierta en la selección  de  la  causal  y  en el planteamiento del error, se abstiene de demostrar cómo  podría  influir  en la atribución de responsabilidad la duda sobre el grado de  alicoramiento   de   CORTÉS  AVENDAÑO  y  si  en  tal  condición  se  hallaba  desde antes de ejecutar el  homicidio,  como  que  la  embriaguez,  per  sé,  no  excluye  ni  disminuye la  culpabilidad.  En verdad, no es cualquier duda la que permite mantener incólume  la  presunción  de  inocencia  que  de  todo  procesado  se predica, sino sólo  aquella  referida  a  su responsabilidad o a  la materialidad del hecho. El  cargo,  así, deviene incompleto, por falta de demostración de la trascendencia  del yerro.   

          5.  Y  el quinto cargo también se frustra porque el actor parte de  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  de la prueba de confesión  y  transcribe  un trozo de la sentencia de segunda instancia que a espacio se ocupa  precisamente  del  análisis  de esa prueba, para concluir que no podía generar  consecuencias  en  pro  del procesado porque existían otras que conducían a la  certeza.  Y si los jueces estudiaron ese medio, mal se puede hablar, respecto de  él,   de   violación   indirecta   por   falso   juicio   de   existencia  por  omisión.   

          Dígase,   entonces,  que  la  demanda  no  reúne  los  requisitos  establecidos  por  el  artículo  225 del Código de Procedimiento Penal vigente  para  la  fecha  de  expedición  de  la  sentencia  de  segunda  instancia, que  corresponden  al  212  del  actual  estatuto, razón suficiente para disponer su  inadmisión,   declarar  desierto  el  recurso  y  ordenar  la  devolución  del  expediente al Tribunal de origen.   

          En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

         

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación   presentada   por   el  defensor  de  LUIS  ALEJANDRO  CORTÉS AVENDAÑO. Por lo tanto, se declara  desierto  el recurso de casación interpuesto y se ordena devolver el expediente  al Tribunal de origen.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Cúmplase  

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ  PINZÓN   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁL­VEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS   E.   MEJÍA   ESCOBAR                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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