17353dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 17353  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

                              Magistrado Ponente   

                              DR. CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

                              Aprobado Acta No.213   

Bogotá,  D.C.,   diecinueve  (19)  de  diciembre de dos mil (2.000).   

          VISTOS:   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  por  el  artículo  225  del  C.  de  P.P. y al tenor de la normatividad vigente antes de  entrar  a regir la Ley 553 de 2.000, se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  formal  de la demanda de casación presentada por el defensor de EDISSON VERGARA  JIMENEZ  contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior de Neiva fechada el 9 de  diciembre  de 1.999, que confirmó la decisión de primer grado proferida por el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Garzón el 7 de septiembre del mismo  año,  mediante la cual lo condenó a la pena principal de 51 años y 3 meses de  prisión,  como  coautor  responsable  de  los  delitos  de homicidio, homicidio  tentado, hurto y porte ilegal de armas.   

          HECHOS:   

Son sintetizados por el Tribunal Superior en  los siguientes términos:   

“Alrededor  de la 1:00 a.m. del 17 de julio  de  1.998  se  desplazaba  el  camión de placas BCE-452 de Santafé de Bogotá,  carrocería   furgón,  por  la  vía  que  de  Altamira  conduce  a  Guadalupe,  transportando  insumos  agrícolas  y  veterinarios,  en donde se movilizaban el  propietario  del vehículo NOLBERTO SALAZAR CORREDOR, el dueño de la carga ROSO  FIDEL   SUAREZ  ACUÑA  y  el  conductor  ALBEIRO  PÉREZ  SALDAÑA,  cuando  se  encontraron  un automóvil estacionado sin luces que poco después los adelantó  y  se  les  atravesó  en  la  vía para obligarlos a detenerse. De este último  automotor  se bajaron varios individuos armados de revólveres, quienes a su vez  obligaron  a  bajarse  del  camión  a  sus  ocupantes, resultando muerto SUAREZ  ACUÑA  y  herido  de  gravedad  SALAZAR  CORREDOR,  en tanto que PEREZ SALDAÑA  resultó  ileso  al  fallarle  el  arma  al  asaltante encargado de eliminarlo y  lograr  escapar  internándose  en zona buscosa. EDISSON VERGARA JIMENEZ y PEDRO  ANTONIO  RODRIGUEZ  FRANCO, dos de los integrantes de la banda de depredadores y  homicidas,  se  dirigieron  en  el  camión  a  la casa de JAVIER MOLINA MURCIA,  ubicada  en la vereda Alto Bellavista, comprensión municipal de Pitalito, donde  guardaron  el  botín,  en  tanto que los otros delincuentes, identificados como  NOVER  SUAREZ y YESID N. alias “Collares” siguieron en el automóvil por la vía  que  lleva  al  municipio  de  Acevedo,  al  parecer  acompañado  de una mujer.  VERGARA,  RODRIGUEZ y MOLINA fueron capturados por la policía de Pitalito, a la  salida  de  este  último  municipio,  y  el  producto  del hurto fue decomisado  gracias  a  la  información  que  aportara  oportunamente  PEREZ SALDAÑA a las  autoridades.   

         LA DEMANDA:   

Con fundamento en la primera causal del art.  220   del   C.   de   P.P.,  tres  cargos  propone el defensor del procesado VERGARA JIMENEZ contra el fallo  impugnado,  por  violación  indirecta  de  la ley sustancial, a consecuencia de  errores  de  hecho en que habría incurrido el sentenciador, los que postula una  vez  “enunciadas  y  estudiadas  (analizadas)” las diversas pruebas allegadas al  proceso,  esto es, los informes policivos, las indagatorias y sus ampliaciones y  diversos   testimonios,   cuyas  contradicciones  dice,  son  ostensibles.    

Así,       el       primero  se  sustenta  por  omisión  y  tergiversación  probatorias,  acusando  el demandante como preceptos vulnerados  los  arts. 29 de la C.P., 6 y 201 del C.P., 2, 10, 246, 247, 294, 296, 298, 300,  301,  302  303  y  445  del  C. de P.P., así como los arts. 9, 11.1�         y         2�  de  la  “Declaración  Universal  de  Derechos  Humanos”,  14.2� y  15   del   “Pacto   de   Derechos   Civiles  y  Políticos”  y  26.1�         y         2� de la “Declaración Americana de   los  Derechos y Deberes del Hombre”.   

Sostiene  enseguida  que referido como está  este  reproche  al  delito  de  porte  ilegal  de  armas de fuego, si bien no es  discutible  que  hubo  un  muerto  y  un  herido  mediante  el  empleo de dichos  artefactos,  debe demostrarse “quiénes de los sindicados estaban armados”, pues  participaron  cerca  de  cuatro o cinco en los hechos, sin que este aspecto haya  sido  clarificado  por  los  testigos  Pérez Saldaña y Nolberto Salazar, ni se  pueda  inferir  a  través  de indicios, de donde el yerro acusado tiene que ver  con  la “interpretación” y “sentido” que se le ha dado a las referidas pruebas,  al  igual  que  no fue tenida en cuenta la ampliación de injurada de Rodríguez  Franco,  dentro  de  la  cual  confesó haber participado en los hechos y llevar  consigo  un  arma de fuego, lo cual liberaría de cualquier responsabilidad a su  representado.   

Por  tanto,  favoreciendo  a su procurado la  presunción  de  inocencia  y  dado que las pruebas obrantes en su contra no son  suficientes  en  “calidad”  y  “cantidad” para su condena, pues por el contrario  resultan  contradictorias,  emerge  la  duda  en  su  favor,  que  habría  sido  reconocida    si    las    mismas    se    “hubieran    valorado    integral   e  idóneamente”.   

A     manera     de     segundo  cargo,  acusa  también  yerros  fácticos   por   omisión   y  tergiversación  de  pruebas,  remitiéndose  al  “análisis”  previo  que  de  las allegadas hiciera y de conformidad con el cual  descarta  la  participación  del  procesado en los delitos contra la vida, esto  es,  los informes policivos, los testimonios de Albeiro Pérez, Nolberto Salazar  y  Jairo  Hernando  Ruíz, el reconocimiento en fila de presos, la injurada y su  ampliación  por  parte  de  Rodríguez.  En particular, observa cómo el propio  fallador  a  quo  desechó  el  reconocimiento  en  fila de personas, resultando  “fracazado  (sic)”  el “ensayo” en la construcción de “indicios graves”, que en  su criterio no existen.   

Se    opone     a     la   coautoría   impropia  que  se le atribuyera frente a los delitos contra la  vida,  pues  si  bien  no  desconoce que iba manejando el vehículo y que había  descargado  previamente  la  mercancía robada, de allí no puede deducirse “con  ligereza  digna  de  mejor causa que estaba complotado previamente para asaltar,  herir  y/o matar”, pues en su concepto el indicio “es débil en cuanto hace a la  coautoría  del  homicidio  y  la  tentativa,  aunque  nó  en  cuanto  al  robo  agravado”.   

También  se  manifiesta  contrario  con  la  explicación  del  a  quo  según  la  cual  la  intervención  del procesado se  articula  en la nuevo “modus operandi” de las bandas de asaltantes, pues el plan  delictivo  supone  una  coparticipación sectorizada queriéndose dar apariencia  de   absoluta  independencia  entre  cada  uno  de  los  varios  comportamientos  realizados.   

Acota  además  que,  en relación con todas  estas   pruebas   “y   su   valoración   criteriológica-penal   se  dirige  el  señalamiento  del error por apreciación errónea o falso juicio de identidad”,  pues  se las valoró parcialmente, o no se advirtieron sus contradicciones, o no  se confrontaron sus diversos contenidos.   

Cita apartes de la sentencia de primer grado,  relievando  que  en  ella  se reconoce que todos los asaltantes no efectuaron la  acción  material  de  matar,  de  donde  debe  colegirse  que el juez “tiene la  certeza  de  que  VERGARA  JIMENEZ  no  participó  ni  en el homicidio ni en la  tentativa”,   máxime   cuando  a  éste  no  pudo  demostrársele  la  afirmada  “coautoría  impropia”,  aspecto reconocido por el Tribunal, según extracto del  fallo  al  que  también  acude,  en  el cual se afirma, según el actor, que es  válido  aceptar  que  aquél se quedó esperando a sus compañeros para recoger  el  vehículo,  pues  esto  también  demuestra  que no se le pueden imputar los  delitos contra la vida.    

Como          tercer  reproche, sostiene el impugnante  que  al  momento  de  dosificar  la  pena,  el  juzgador de primer grado omitió  diversas  pruebas  que  habrían  servido para reconocerle atenuantes punitivas,  teniéndose  en  cuenta  con  exclusividad  circunstancias  agravantes,  como se  desprende  de  los propios informes policivos en que se dejara constancia que el  procesado  colaboró  desde  un  principio  con  los  investigadores y que fuera  ratificado  por  el  dragoneante  Henry  Quintero Echeverry. En el mismo sentido  está  la carencia de antecedentes penales y la recuperación de las mercancías  también  merced a su decidido apoyo. Censura así la pena que le fuera impuesta  a  su  procurado,  por  estimarla  “draconiana”, máxime cuando no se aplicó el  art. 12 del C.P., sobre las funciones que a la misma corresponden.   

         CONSIDERACIONES:   

1. El muy extenso  escrito  de  demanda  que  el  defensor del procesado EDISSON VERGARA JIMENEZ ha  presentado   en   sustento  de  la  impugnación  extraordinaria  en  este  caso  propuesta,  no  reune  ciertamente  los  requisitos mínimos contemplados por el  artículo  225  del C. de P.P. para ser admitida por la Corte, toda vez que pese  a  señalar  la  causal en que se apoya, no existe una indicación técnicamente  correcta precisa y clara de sus fundamentos.   

2. En efecto, acusa  el  demandante  el  fallo  por  violación  indirecta  de  la  ley sustancial, a  consecuencia  de errores de hecho en que habría incurrido el sentenciador en la  apreciación  probatoria.  Sin  embargo,  anticipándose  al  real  objeto de la  impugnación,  en   acápite  previo  a  la  concreta  enunciación  de los  supuestos  yerros  fácticos,  en  prolegómeno que luego le sirve de referencia  para  sustentarlos,  procede  a  valorar  desde  su óptica las diversas pruebas  allegadas,  resaltando  la  credibilidad  que  cada  una  le  merece  y  que  se  manifiesta  en  evidente  oposición  con el análisis que de ellas hicieran los  juzgadores.   

3.  Así,  para  comenzar,   al   enunciar   el   primer  reparo,  alude  el  actor  entre  otras  disposiciones  supuestamente  vulneradas,  al  art. 29 de la Carta Política y a  preceptos  de  orden  supranacional cuya impertinente cita es ostensible dada la  violación   a  la  ley  promovida,  pero  además,  pese  a  reconocer  que  la  participación  delictiva  de  VERGARA  JIMENEZ  en  los  hechos punibles le fue  atribuída  a  título  de  coautoría impropia, como también que si bien no es  discutible  que  hubo  un  muerto  y  un  herido  mediante  el  empleo de dichos  artefactos,  es  enfático  en  sostener  que  no  se  demostró cuáles de “los  sindicados   estaban   armados”,   dado   el   número   plural  que  intervino,  circunstancias  que  lo  favorecerían  pues  con  las pruebas acopiadas esto no  obtuvo verificación.   

Como  es  ostensible,  el reparo no apunta a  demostrar  ningún  error  de  hecho,  sino  a  descartar a través de una nueva  valoración  de  las  pruebas,  la  concurrencia  del  delito de porte ilegal de  armas,  pues  como  el  propio  libelista lo advierte, este tiene que ver con la  “interpretación”  y  “sentido”  que  se  le diera a las mismas, siendo esta una  propuesta ajena por completo a la casación.   

La  única concreta referencia que hace a un  presunto  yerro  fáctico,  es aquella según la cual habría omitido considerar  el  Tribunal  la ampliación de injurada de Rodríguez Franco, quien confesó su  participación  en  los  hechos  y admitió llevar consigo un arma de fuego, sin  explicar  los  efectos favorables que este defecto probatorio podría tener para  el imputado.   

4. Lo propio sucede  con  el  segundo  cargo, pues los aducidos errores en la apreciación probatoria  por  omisión  y  tergiversación  de algunos medios, de nuevo quedan absorvidos  por   el   “análisis”  previo  que  el  actor  hace  de  las  pruebas  bajo  el  convencimiento  de  que  el  procesado  no  intervino en los atentados contra la  vida,  oponiéndose  decididamente  a  la valoración contenida en la sentencia,  siendo  meridianamente  claro  que  el  actor  ha  confundido  por completo esta  impugnación   con   una  tercera  instancia,  nivel  al  que  quedan  reducidos  argumentos  tales  como afirmar que los falladores dedujeron “con ligereza digna  de  mejor  causa  que  -el imputado- estaba complotado previamente para asaltar,  herir  y/o  matar”,  y sostener que el indicio inferido a partir del hallazgo en  su  poder  del  vehículo propiedad de las víctimas “es débil en cuanto hace a  la  coautoría  del  homicidio  y  la  tentativa,  aunque  nó en cuanto al robo  agravado”,  o  su  oposición  con  el  análisis del Tribunal según el cual la  estrategia  de  los  delincuentes  en  el  presente caso obedece al nuevo “modus  operandi”  de  estos  asaltantes, que comprende una coparticipación sectorizada  que  permite  aparentar  absoluta  independencia  entre  cada  uno de los varios  comportamientos,   siendo  todos  estos  aspectos  del  análisis  del  fallador  inobjetables  por  vía de casación, como igual sucede con la cita fragmentaria  de  apartes  de  la  sentencia  en donde para destacar la coautoría impropia se  relieva  que  todos  los asaltantes no habrían efectuado la acción material de  matar,   pero   sin  que  desde  luego  esto  permita  colegir,  como  en  forma  incomprensible  lo  hace  el actor, que el juez “tiene la certeza de que VERGARA  JIMENEZ  no  participó  ni  en  el  homicidio  ni  en  la  tentativa”,  postura  francamente ilógica dado el verdadero sentido del fallo.   

5.  Por  último,  dentro  de  la  misma  tónica  que  hace  palmaria la falta de atinencia de los  argumentos  expuestos  con  la  vía  de ataque propuesta, está el tercer reproche, en donde siendo materia  de  inconformidad la pena que le fuera impuesta al procesado, por cuanto para el  demandante  concurrían  algunas  circunstancias  atenuantes  que  no  le fueron  deducidas,  así  presentado  este cargo, ha debido acudirse a la primera causal  de  casación  pero  por  la  vía  directa  acusando  falta  de aplicación del  precepto  correspondiente,  pero no como procedió el censor, resaltando algunas  pruebas  de  las que dice se pueden inferir la presencia de diminuentes, pues de  ser  así,  ha  debido  concretar  cuáles  de  las  previstas  en  la  ley eran  deducibles  y  de  qué  manera  podrían  haber  influído favorablemente en la  tasación  punitiva,  aspectos  que,  defintivamente,  no  son  abordados por el  casacionista   y   que   por   consiguiente,  tampoco  obtuvieron  demostración  alguna.   

En estas condiciones, siendo ostensibles los  desaciertos  en  la  proposición  y  fundamento  de  los  reparos propuestos la  demanda   será   inadmitida,   declarándose   por   consiguiente  desierto  el  recurso.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, en SALA DE CASACION PENAL,   

        RESUELVE:   

1.   RECHAZAR   IN   LIMINE  la  demanda  presentada  por  el  defensor del procesado EDISSON  VERGARA JIMENEZ.   

2. DECLARAR como  consecuencia  desierto  el  recurso  extraordinario interpuesto ante el Tribunal  Superior de Neiva.   

Contra  la  presente  decisión  no procede  recurso  alguno,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  por  el artículo 197 del  Código de Procedimiento Penal.   

Cópiese,   cúmplase  y  devuélvase  el  expediente al Tribunal de orígen.   

          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE  ENRIQUE CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS       AUGUSTO      GÁLVEZ  ARGOTE           JORGE   ANíBAL  GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO           MANTILLA  NOUGUES              CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO       ORLANDO       PÉREZ  PINZÓN               NILSON PINILLA PINILLA    

        Teresa Ruiz Núñez   

        Secretaria     

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