17180(12-06-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17180  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

APROBADO ACTA No.66  

Bogotá, D. C., doce (12) de junio del dos mil  tres (2003).   

ASUNTO  

          Se  decide  el recurso de casación interpuesto por la defensora del  señor   HENRY  ALONSO  HERNÁNDEZ  BEDOYA  contra  la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Medellín  el 18 de enero del 2000.   

HECHOS  

          En  la  tarde  del 20 de octubre de 1998, en la ciudad de Medellín,  el  joven  CRISTIAN  CAMILO MARÍN ECHAVARRÍA le disparó a ALINA MARÍA ZAPATA  ZAPATA  cuando  ésta se desplazaba con su hermana SANDRA MILENA en un vehículo  de   servicio  público,  ocasionándole  heridas  de  las  que  más  tarde  se  recuperó.  Al  proceso,  además  de  MARÍN  ECHAVARRÍA,  quien  se acogió a  sentencia  anticipada,  fue vinculado igualmente, en calidad de determinador, el  señor   HENRY  ALONSO  HERNÁNDEZ  BEDOYA.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Concluida  la  instrucción,  el  9  de  febrero  de  1999 un fiscal  seccional   de  Medellín  dictó  resolución  acusatoria  contra  HENRY   ALONSO   HERNÁNDEZ  BEDOYA,  como  determinador,  y CRISTIAN CAMILO MARÍN ECHAVARRÍA, como autor material, por el  delito  de  homicidio  agravado, en la modalidad de tentativa. A este último lo  convocó  a  juicio,  además,  por  el  porte  ilícito  de  arma  de fuego. La  providencia,      apelada      por      el      defensor     de     HERNÁNDEZ,  fue confirmada el 14 de abril  del  mismo  año por una fiscal delegada ante el Tribunal Superior de Medellín.   

Como  MARÍN  ECHAVARRÍA  se  acogió en la  etapa  de  juzgamiento  al  beneficio  de  la  sentencia  anticipada, se produjo  ruptura  de  la  unidad  procesal.  Por  esta  razón  la  audiencia pública se  celebró  sólo  con  la  participación  de HERNÁNDEZ  BEDOYA, a quien el 22 de octubre de 1999 el Juzgado 18  Penal  del  Circuito  condenó a la pena de 20 años de prisión e interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  término  de 10 años. El fallo,  recurrido  por  el  defensor,  fue  confirmado  el  18  de enero del 2000 por el  Tribunal  Superior  de  Medellín,  que  suprimió  la  circunstancia  agravante  deducida  en  la  primera  instancia  y  modificó  la pena, fijándola entonces  definitivamente en 12 años y 6 meses de prisión.   

LA  DEMANDA   

          Con  fundamento  en  la causal primera de casación, cuerpo segundo,  la  defensora  del  procesado  acusó  la  sentencia  de  segunda  instancia por  violación   indirecta   de  la  ley  sustancial  derivada  de  un  error  de hecho que, bajo la modalidad del  falso  juicio de existencia,  supuestamente  cometió  el  Tribunal  por  omitir  la  valoración  de  algunas  pruebas.   

En  ese  sentido,  la  demandante  dice que,  seguramente  por  provenir de la conviviente del procesado, no se tuvo en cuenta  la  declaración  de  NORA  ELIANA  CIFUENTES  cuando  afirmó  que  nunca  tuvo  problemas  con  ALINA  MARÍA ZAPATA; tampoco la de ANA MARÍA MONTOYA, prima de  ALINA  MARÍA,  quien  narró  antiguos  atentados que ésta sufrió debido a su  carácter  belicoso  y  a  su  manía  para  mentir e informó así mismo de los  problemas  que  tuvo  con un tal HENRY, apodado El Zarco, diferente de quien fue  vinculado  a  este  proceso;  se  omitió también el testimonio de GLORIA OLIVA  ZAPATA,  prima  de la ofendida, quien igualmente la señala como problemática y  recuerda  anteriores  atentados que la hicieron abandonar el barrio donde vivía  con  su  familia.  El  dicho  de  CARLOS  ADÁN  LÓPEZ  LONDOÑO, para quien el  procesado   es   persona   seria,   trabajadora,  responsable  y  pacífica,  en  contraposición  de  ALINA  MARÍA, problemática y conflictiva, fue desconocido  por  el  fallador,  lo  mismo  que  el  de MARÍA CECILIA RÍOS CIFUENTES, quien  declaró en similar sentido que los anteriores.   

Si   el   Ad  quem  hubiese apreciado esos testimonios, considera la  libelista,  habría tenido que reconocer la duda probatoria y absolver al señor  HERNÁNDEZ   BEDOYA,  pues  tendría  que  haber  acogido  la versión del coprocesado MARÍN ECHAVARRÍA en  cuanto  admitió  la  autoría  del  hecho  explicando que en diversas ocasiones  ALINA  MARÍA  le  había  hurtado  en  su negocio, máxime que se desvirtuó la  supuesta       subordinación       de       CRISTIAN       a       HENRY,  pues fue aquél quien le dio a éste la oportunidad de  trabajar  en su expendio de víveres.    

         

EL    MINISTERIO  PÚBLICO   

          Para  el  señor Procurador Tercero Delegado para la Casación Penal  el  cargo  no  está  llamado  a  prosperar  porque,  no  obstante  su  correcta  formulación,  carece de fundamento en tanto las declaraciones reseñadas por la  demandante  sí  fueron  examinadas  por el Tribunal, sólo que no les concedió  capacidad  suficiente  para  desvirtuar  las provenientes de la víctima y de su  hermana.   

          Después  de  transcribir  un  párrafo de la sentencia en el que se  mencionan  expresamente  aquellos  testimonios,  el  Delegado  concluye  que  el  fallador  no  cometió  los errores denunciados y solicita, por lo tanto, que se  desestime el cargo.   

CONSIDERACIONES   

          El  falso juicio de existencia  se  presenta,  como  lo ha dicho repetidamente la Sala1,  cuando  el  fallador  omite apreciar una  prueba    válidamente    incorporada   al   proceso   o   cuando   supone        o        imagina    el    hecho    porque   cree  equivocadamente  que  la  prueba  está  en  el  expediente.  En el primer caso,  justamente  al que alude la impugnante, se dice que el error ocurre por omisión  (falta  de  apreciación  de  la  prueba) y en el segundo por suposición (falsa  apreciación de la prueba).   

          Ninguna  de  esas  modalidades se configura en este caso, porque los  testimonios  echados  de  menos  por  la impugnante obran en el proceso y fueron  valorados  por  el  Ad quem,  como  lo  demuestra  el  párrafo  de  la  sentencia  de  segunda  instancia que  acertadamente reprodujo el concepto fiscal, en el que se afirma:   

          “No      obstante     el     calificativo     de     ‘chismosas’,             ‘mentirosas’         y        ‘buscapleitos’  que se asigna a las hermanas Zapata  Zapata  por  parte  de  sus primas Ana María Montoya Zapata (Fs. 117), y Gloria  Oliva  Zapata,  (Fs.  123); Carlos Adán López Londoño, esposo de una amiga de  Alina  María  (Fs.  127),  y  Cecilia  Ríos  Cifuentes,  prima  de Nora Eliana  Cifuentes  Bedoya,  esposa del sindicado, (Fs. 130), mencionadas la primera y la  penúltima  por  el procesado  a  Fs.  99  y cuyas declaraciones, todas ellas, fueron solicitadas por el señor  defensor  (Fs.  115);  pese a la negativa, por cierto explicable, de Nora Eliana  sobre  la enemistad existente  entre  ella  y  Alina  María, y el rencor que Hernández Bedoya le demostraba a  raíz  de  lo anterior, según lo referido por la misma, (Fs. 69 y ss.), ello no  socava  de  suyo  los  testimonios  de  las hermanas Zapata Zapata ni amerita su  rechazo   (no   planteado  expresamente  por  el  letrado de la defensa) en lo que  concierne  a la ojeriza que dan a saber por parte del  sindicado  y a los movimientos de repudio el día de los hechos que le atribuyen  al  mismo  cuando  observó que pasaban por su puesto de trabajo, dado que no se  advierte   razón   alguna   susceptible  de  haberlas  determinado  a  noticiar  falsamente   esas   ocurrencias,   no   discutidas   tampoco   a  fondo  por  el  recurrente”.   

          En  realidad, como lo destaca el Delegado, no se trata de un defecto  en  la  valoración de la prueba porque aquellos medios no hubiesen sido tenidos  en  cuenta  por  el  fallador,  sino que, apreciados exactamente en los aspectos  resaltados  por  la  libelista, estimó aquél que no tenían mérito suficiente  para desvirtuar lo expresado por la víctima y su hermana.   

         La      crítica      se      reduce,     entonces     –por  fuera  de  la proposición hecha  por      la     casacionista-,     a     un     problema     de     credibilidad, reproche que,   

         “como  ha  tenido  oportunidad  de  decirlo la Sala en múltiples  oportunidades2,  no  se puede formular en casación con vocación de prosperidad,  pues  la  libertad de que goza el Tribunal para valorar la prueba de acuerdo con  las  reglas  de  la  sana  crítica  hace  que  prevalezca su criterio, en tanto  proviene  de  quien  concentra  la potestad del Estado para decir el  derecho con fuerza vinculante. Ésta es  también  la  razón por la que se insiste que las sentencias que arriban a esta  sede  lo  hacen  amparadas por las presunciones de acierto y de legalidad, sólo  desvirtuables  en  la  medida  en  que  el demandante demuestre la existencia de  errores  trascendentes  que,  por  haber  incidido  de manera determinante en el  sentido  de  la  decisión,  obliguen  a que ésta sea modificada”3.   

          El cargo, por lo tanto, no prospera.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

          No casar la sentencia impugnada.   

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

                    NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁL­VEZ  ARGOTE                      

JORGE   A.   GÓMEZ   GALLEGO                                ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

Comisión de servicio  

ÁLVARO   O.  PÉREZ  PINZÓN                              MARINA    PULIDO    DE  BARÓN           

JORGE  L.  QUINTERO  MILANÉS               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Cfr.,  entre  otras, sentencias del 16 de julio del 2001, radicado 10.233, M. P. Édgar  Lombana  Trujillo;  3 de octubre del 2001, radicado 11.736, M. P. Carlos Eduardo  Mejía Escobar y 15 de noviembre del 2001, radicado 12.031.   

2 Cfr.,  por  ejemplo, autos del 13 y 14 de marzo y 16 de mayo de 2000, radicados 15.878,  15.753  y  16.397, M.P. Édgar Lombana Trujillo, y del 11 de septiembre de 2000,  radicado  15.400,  M.P.  Jorge  Aníbal Gómez Gallego, así como las sentencias  del  16  y  29 de marzo de 2000, radicados 10.963 y 10.858, MM.PP. Jorge Aníbal  Gómez  Gallego y Carlos Eduardo Mejía Escobar, en su orden, del 3 de diciembre  de  2001,  radicado  10.041,  M.P.  Jorge  Enrique  Córdoba  Poveda y del 19 de  diciembre de 2001, radicado 14837.   

3 Sentencia del 1 de agosto del 2002, radicado 13.326.     

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