17104(30-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  17104   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                              DR.   JORGE   ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nro: 86   

          Bogotá D.C., treinta de julio de dos mil dos.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  en  relación  con el aspecto formal de las  demandas  de casación formuladas por el defensor de los procesados JOHN    JAIRO    CASTAÑO    RAMÍREZ   y  CÉSAR   AUGUSTO   JIMÉNEZ   SEPÚLVEDA,  contra  el  fallo del 15 de octubre de 1999 del Tribunal Superior  de  Pereira,  confirmatoria  de la condena de 25 años y 6 meses de prisión que  el  Juzgado  Promiscuo del Circuito de Belén de Umbría les impuso al hallarlos  incursos   en   las   conductas   punibles   de   homicidio   y   tentativa   de  homicidio.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          En  las  primeras horas de la madrugada del 9 de noviembre de 1998 y  sin  motivo  aparente  alguno,  a la entrada del teatro de la Casa de la Cultura  del  municipio  de  Belén de Umbría, Risaralda, se presentó un enfrentamiento  armado  entre  dos  grupos  de personas, William Galeano Sánchez y Luis Eugenio  Sánchez  Henao,  de un lado, y CÉSAR AUGUSTO JIMÉNEZ  SEPÚLVEDA   y  JOHN  JAIRO  CASTAÑO  RAMÍREZ,  del otro.  Como producto del  feral  encuentro  con  armas de fuego, Galeano Sánchez perdió la vida en tanto  que  Sánchez  Henao  y  CASTAÑO RAMÍREZ resultaron     lesionados.     Este     último    y    JIMÉNEZ   SEPÚLVEDA  fueron  señalados  desde  el  inicio de las pesquisas como los autores del homicidio y la tentativa  de   homicidio   perpetrados,   en   su   orden,   en   los   dos   primeramente  mencionados.   

          Decretada  la  apertura de la instrucción por parte de la Fiscalía  32  Delegada ante el Juzgado Promiscuo del Circuito de aquella población, dicho  despacho  ordenó  la  captura  de  los  sindicados  y, aprehendido CASTAÑO        RAMÍREZ,  fue  oído  en  descargos mientras que a  JIMÉNEZ  SEPÚLVEDA  se  le  emplazó  y  declaró  persona ausente dada su contumacia en hacerse presente al  proceso.   Contra  ambos se profirió medida de aseguramiento de detención  preventiva  sin  beneficio  de  excarcelación  al  definírseles  su situación  jurídica.  Fenecida  la etapa investigativa, por Resolución del 21 de marzo de  1999  la  citada oficina acusó a los antes nombrados como presuntos autores del  homicidio  agotado  en  Galeano  Sánchez  y  de  la  tentativa  de homicidio en  Sánchez Henao.   

Del juicio conoció el Juzgado Promiscuo del  Circuito  de  la  ciudad en mención, y evacuada la vista pública, conforme con  el  pliego  de cargos endilgado el 17 de agosto del mismo año   profirió  la condena de la cual se hizo  mérito  en el introito de esta decisión, cuya confirmación integral impartió  el  Tribunal  Superior  de  Pereira al revisar por apelación el fallo de primer  grado,  como  igualmente  se  anotó,  determinación  que  hoy  es  objeto  del  extraordinario  recurso  y  cuyas  demandas examina ahora la Corte en su aspecto  formal.   

         

  LAS  DEMANDAS   

          Una  demanda  por cada procesado formuló el defensor de los mismos,  empero,  por  fincarse  ambas en presupuestos fácticos y jurídicos idénticos,  cuyo  fundamento lo constituyen similares  censuras, su resumen se hará de  manera conjunta.   

                Primer    cargo.   

          Al  amparo  de  la causal tercera de casación, manifiesta el censor  que  la sentencia se profirió en un juicio viciado de nulidad por violación al  derecho  de  defensa  de  acuerdo  a lo prescrito en el artículo 29 de la Carta  Política,  en  armonía  con  el  artículo  304-3 del Código de Procedimiento  Penal.   

          En  la  sustentación  del  cargo,  luego  de  señalar las diversas  etapas  en  que  se  desarrolla  el  proceso  penal y la manera como es menester  agotar  la antecedente para poder pasar a la subsiguiente, el actor circunscribe  el  vicio  argüido  al  hecho  de  que  proferida la resolución de acusación,  “se  presentó  por  parte del encartado, memorial a  través  del  cual,  se atacaba la resolución de acusación, sin que dentro del  mencionado  escrito,  se  dijese  por  parte  de  aquél,  que se interponía un  recurso  ordinario;  frente  a  esta  situación,  la  agencia  fiscal optó por  guardar  silencio  y  notificar  la providencia a través de estado, procediendo  inmediatamente  después  a enviar la actuación al Juzgado Único Promiscuo del  Circuito  de  Belén, en el convencimiento de la ejecutoria formal y material de  la  resolución de acusación, infiriendo que la misma había adquirido firmeza,  desconociendo  con  ello  la  existencia del memorial que impugnaba la decisión  (…)”   

          La  problemática  se  presenta en el contenido del mentado escrito,  advierte  el casacionista, el cual transcribe en su integridad para arribar a la  conclusión  que  del mismo es posible inferir que se trata de la interposición  de  un recurso ordinario, cuya sustentación debe tenerse como adecuada conforme  con  los  parámetros  que  para  el efecto ha señalado la jurisprudencia de la  Corte,   ya   que   de  las  manifestaciones  que  el  coprocesado  JIMÉNEZ   SEPÚLVEDA  consigna  en  dicho  libelo   pidiendo   se   reconsidere   su   situación,  bien  cabe  colegir  la  estructuración  de  la  causal  de  justificación  de  la legítima defensa al  reputarse  agredido  y  no  agresor,  aduciendo  de  esta  manera  los elementos  jurídicos  que  consideró  necesarios  para  que  se  reformara  o revocara la  resolución de acusación.    

“(…)  de  ahí  pues    -agrega-,    que  correspondía  a  la  agencia  Fiscal  en  aquel preciso momento dar el trámite  correspondiente  al  recurso  de reposición que se había interpuesto contra la  resolución  de  acusación fundamentándose en lo establecido en los artículos  195,  196,  197,  200 y 440 del Código de Procedimiento Penal (…)”   

          Le  corresponde,  entonces,  a  la Corte, verificar si en el mentado  escrito  que se esgrime como “impedimento”  de  la  firmeza  de  la  resolución  de  acusación, se hallan  presentes   los   elementos   que   permitan   tenerlo  como  contentivo  de  la  interposición  del  recurso de reposición, que de aceptarse, no podía haberse  accedido  a  la  etapa subsiguiente del juicio, lo que implica estar enfrente de  una  causal de nulidad, la cual solicita el actor se decrete a partir del cierre  del  ciclo  instructivo,  inclusive,  para  que  se  reenvíe el expediente a la  Fiscalía  a  fin  de  que se subsane el yerro procesal que afecta el derecho de  defensa.   

          Que  se  case  la  sentencia y se imponga el correctivo dicho, es la  pretensión del demandante.   

          Segundo cargo.   

          Al  auspicio  de la citada causal tercera, con idénticos argumentos  a  los  aducidos  en la censura anterior sustenta este cargo el demandante, pero  referidos  en  esta  ocasión  a  la  violación de la garantía fundamental del  debido  proceso conforme a lo normado en el Art. 29 Superior, en armonía con el  Art.  304-2  del C. de P. Penal, dada la irregularidad sustancial que constituye  en  el  evento  visto  con  antelación,  el  desconocimiento de “la    procedencia    del    recurso    de    reposición”.    

Un  tal vicio impidió que la resolución de  acusación  hubiera  cobrado  ejecutoria,  por  lo que mal podía adelantarse la  etapa   subsiguiente   del  juicio,  reitera.   Con  la  misma  pretensión  invalidante   a la formulada en el primer reparo, aspira el libelista a que  se case la sentencia recurrida.   

Tercer        cargo.   

Con  fundamento en la causal primera, cuerpo  primero,  del  Art.  220  del  anterior C. de P. Penal, acusa el demandante a la  sentencia  impugnada  de  violar  en forma directa la ley sustancial, al aplicar  indebidamente  el  Art.  323 del C. Penal, lo cual lo condujo a dejar de aplicar  los    Arts.    29-4    y    30    ibidem.   

En  la  demostración  del cargo sostiene el  recurrente  extraordinario  que  en el expediente reposa escrito de CÉSAR    AUGUSTO   JIMÉNEZ   SEPÚLVEDA  mediante  el  cual  refirió  lo  acaecido,  pues  dice  haber  sido víctima de  agresión  injusta por parte de William Galeano Sánchez y Luis Eugenio Sánchez  Galeano,  “agresión  que era necesario repeler, por  ello  se  defendió  el  señor  John  Jairo Castaño Ramírez (…)”.   De  ahí la existencia de la causal de justificación de  la  legítima  defensa,  aduce,  lo que se evidencia en el dicho de Luis Eugenio  Sánchez  que  da  cuenta de que su primo William Galeano Sánchez se encontraba  armado  en  el  momento en que se desarrolló el mentado episodio, así como con  la  experticia  médica  que  da  fe  de  las  lesiones  padecidas  por Castaño  Ramírez.   

Y  en  aras  de  establecer la injusticia de  aquella  agresión y los demás elementos constitutivos de la argüida causal de  justificación  del  hecho,  dice el censor remitirse al acervo probatorio, a lo  cual  procede relacionando la prueba testimonial y documental, y lo que de ellas  se  deriva,  de  cuyo  examen  afirma  hallarse  presentes  los presupuestos que  legitiman las conductas objeto de reproche penal.   

Sin  embargo, a pesar de hallarse acreditada  esa  legítima  defensa, y como quiera que el juzgador afirmó en el fallo estar  ante  la  presencia  de  un ajusticiamiento,  de  una  tal circunstancia deduce el demandante la existencia del  exceso  punible  en  cuanto  la  justificante  excedió  los  límites legales y  socialmente  aceptados,  lo  cual  resulta verificable en el acta de inspección  judicial  del  cadáver  y el protocolo de necropsia, dado el número de heridas  que presentaba el interfecto.   

“(…) ese llamado  ajusticiamiento       por       parte      del      a      quo      -arguye-,  es  el  ingrediente  subjetivo  conforme  al  cual, se desbordó la repulsa y proporcionalidad de la defensa, es  el  elemento  material  que  enseña  que  efectivamente  sí hubo una legítima  defensa,  pero que la misma se excedió produciendo la muerte de William Galeano  Sánchez.”   

Y,  acudiendo  reiterativamente  al  plexo  probatorio,  sostiene  el censor que el yerro del fallador en cuanto desechó la  existencia   de   esa   legítima   defensa,   consistió  en  que  tergiversó  la prueba que da cuenta de la  lesión  que  padeció  uno  de  los coprocesados, JOHN  JAIRO  CASTAÑO RAMÍREZ, a la cual ninguna importancia  le  dio,  no  empece  inferirse de la misma y de la prueba testimonial recaudada  que  el  herimiento de aquél se produjo con anterioridad a que ocurriera el del  occiso,  valga  decir,  que  la  agresión  inicial  provino  de William Galeano  Sánchez,  quien  portaba un revólver, y no como lo pretendió hacer creer Luis  Eugenio   Sánchez,   que   ante   su  saludo,  los  encartados  respondieron  a  tiros.   De  ahí  que  ante los impactos recibidos por la víctima con dos  clases  de armas diferentes, cobre vigencia la tesis respecto de que si bien los  acusados  lograron  neutralizar  el  ataque,  lo  hicieron  excediéndose  en la  reacción defensiva.   

Casar la sentencia recurrida, “anulándola”,  para que la Corte proceda  a  dictar  la de reemplazo en la cual se reconozca que los justiciables actuaron  en  exceso de la causal de justificación de la legítima defensa, para que así  puedan  gozar  de  la  condena  de ejecución condicional, es la pretensión del  censor.   

Cuarto        cargo.   

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  primero,  acusa  el  actor  la sentencia impugnada de violar en forma directa la  ley  sustancial, por aplicación indebida de los Arts. 22, 26 y 323 del anterior  C.  Penal,  con  lo  que  dejó  de  aplicar  los  Arts.  29-4 y 30 ibidem,   y   445  del  C.  de  P.  Penal  derogado.   

Conforme  con  la prueba recaudada, aduce el  demandante  en  la  fundamentación  de  la  censura, existe absoluta certeza en  cuanto  al  hecho de que CASTAÑO RAMÍREZ fue        quien        disparó  en  varias  oportunidades contra William Galeano Sánchez,  repeliendo  el ataque injusto de que fue víctima por parte de éste, empero hay  duda  absoluta en relación con la lesión que aquél recibió con arma de fuego  en  región  escrotal  de  la cual devino la pérdida de uno de sus testículos.  “(…)  respecto  de dicha lesión, nada se dijo, se  desconoció,  provocando  en  los enjuiciados un vacío respecto de la causal de  justificación  por  ellos invocada, de ahí, que de haberse logrado profundizar  sobre  la  misma,  nos  encontraríamos en la certeza de que fue William Galeano  Sánchez  quien  la  produjo  al  momento  de  agredir  a  John  Jairo y a Cesar  Augusto.”   

Esa  duda  debió  resolverse a favor de los  reos,  deja  entrever el casacionista, reconociendo que los acusados actuaron en  legítima  defensa.   Con  la  repetición de los mismos argumentos con los  que  sustentó  el cargo precedente, concluye el actor acerca de la presencia de  la   mentada  causal  de  justificación  en  la  conducta  desplegada  por  sus  asistidos;  como que ante la agresión injusta de que fueron víctimas, tuvieron  la  necesidad de defenderse utilizando para el efecto el único medio con el que  cada   uno   de   ellos   contaba.  Sin  embargo,  esa  reacción  defensiva  la  desarrollaron  excediéndose  en su ejecución, agrega, por lo que se configuró  el exceso punible.   

Idéntica  petición  a  la  formulada en el  reparo  anterior,  realiza  el  demandante  para  que  la sentencia recurrida se  case.   

Quinto        cargo.   

Al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  primero,   acusa  la  sentencia  el  censor  de  violar  indirectamente  la  ley  sustancial  por  haber  incurrido  el juzgador en error de hecho, derivado de la  distorsión  o  tergiversación de la prueba respecto de la lesión padecida por  JOHN     JAIRO     CASTAÑO    RAMÍREZ.   

En   el  desarrollo  del  cargo  aduce  el  recurrente   extraordinario   que   CASTAÑO  RAMÍREZ  efectuó  un  relato  claro y preciso sobre los hechos  objeto  de juzgamiento, adecuando su comportamiento a la existencia de la causal  de  justificación descrita en el numeral 4º del Art. 29 del anterior C. Penal,  teniendo  como  fundamento  la agresión injusta de que fuera víctima por parte  de   William   Galeano  Sánchez,  lo  cual  encuentra  respaldo  en  la  prueba  testimonial y documental recopilada en el decurso procesal.   

Tergiversa  la  prueba el fallador, aduce el  libelista,   cuando  contrariamente  a  lo  acreditado  con  esos  elementos  de  convicción  que  evidencian  la  existencia  de una legítima defensa -historia  clínica    del    centro   hospitalario   donde   fue   recluido   CASTAÑO  RAMÍREZ y testimonios del propio  Luis  Eugenio  Sánchez,  Arlinde  Alzate  Bahos, John Alberto Flórez y Marlovi  Londoño  Vanegas-,  excluye  la justificante arguyendo que la intención de los  agentes era la de obtener el resultado muerte.    

“(…) Si Galeano  se  encontraba  en  el  suelo  indefenso  como lo ha inferido el sentenciador de  primera  y  segunda  instancia,  sí existe una tergiversación de la prueba que  señala  la  lesión  de  Castaño Ramírez, es decir, que la mencionada lesión  sí  fue  causada  con  anterioridad  al  momento  en que Galeano Sánchez queda  indefenso,  de  ahí,  que  la  tesis expuesta por los enjuiciados, se encuentre  llamada  a  prosperar,  precisamente por la existencia previa de la lesión a la  repulsa    desplegada   por   Castaño   Ramírez.”   

La inferencia del juzgador respecto de que la  víctima  fue  impactada  por  dos  clases  de armas accionadas por dos personas  diferentes,  dada  la  calidad  de  los lesionamientos encontrados en su cuerpo,  repite,  muestra  a las claras que Galeano Sánchez fue el agresor inicial y que  sus  heridas se produjeron como repulsa al ataque por él implementado, logrando  los  procesados neutralizarlo; sólo que en ese acto de defensa se excedieron al  utilizar el revólver y la pistola que cada uno poseía.   

Que   se   case   el   fallo   impugnado,  “anulándolo”,   y  se  reconozca  que  los acusados actuaron en exceso de la legítima defensa a fin de  que se les suspenda su ejecución, es la pretensión del actor.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

En vista de la identidad de contenidos, las  dos    demandas    se    examinarán    conjuntamente    en    cuanto    a   sus  formalidades.   

En  el  asunto  a  examen  de  la Sala, los  citados  libelos no se ajustan a las exigencias mínimas establecidas en el Art.  212  del  Código  de  P. Penal -225 del anterior- para una demanda en forma que  concite el estudio de fondo de la Corte como enseguida se verá.   

La        nulidad.   

Para el demandante ha existido violación al  debido  proceso  y  al  derecho  de defensa en el decurso procesal censurado, en  cuanto  el  Fiscal  instructor  dizque  desconoció  el  escrito  que uno de los  procesados  hizo  llegar  a  su despacho una vez se enteró de la resolución de  acusación  proferida  en  su  contra,  omitiéndose  por  consiguiente darle el  trámite de ley.   

De su contenido bien cabe inferir que quien  lo   suscribió  estaba  interponiendo  el  recurso  de  reposición  contra  la  susodicha  pieza procesal, advierte el actor, en el entendido de que a partir de  ese  momento  “inicia  el  ataque fáctico contra la  providencia,  esgrimiendo  precisamente  sus puntos de vista sobre los hechos al  explicar   lo   sucedido  y  plantear  su  actuar  amparado  en  una  causal  de  justificación   como   lo  es  la  legítima  defensa  de  terceros,  con  esta  postulación  y  a  su  manera  esgrimió  también los elementos jurídicos que  consideró  necesarios  para  que  se  reformara o se revocara la resolución de  acusación  (…)”  Dicho escrito constituye la  sustentación  del recurso, así en el mismo no indique que estaba impugnando la  providencia en cuestión.   

En   torno   a   la   causal   tercera,  reiterativamente  ha  dicho  la  Sala que la nulidad propuesta en casación para  lograr  el  rompimiento  de  los  fallos  que carecen de legalidad, no escapa al  rigor  técnico  exigido  a las otras causales -violación directa e indirecta y  falta  de consonancia entre la acusación y la sentencia-, supuesto que en todas  ellas  debe  surgir de parte del libelista el ofrecimiento de los argumentos que  le  brinden  a  la  Corte  la  construcción del juicio sobre el cual intenta el  estudio  de  fondo.   De  no obrar así, el impugnante habrá extraviado el  camino  dejando a la deriva su intervención, sin que el juez de casación pueda  hacer  nada  distinto  a rechazar de plano el libelo, pues, la naturaleza rogada  del  recurso y el principio de limitación que lo gobierna le impiden corregir o  completar la demanda.   

Conforme  con  el  Art.  205  del  Estatuto  Procesal  Penal  -218  de  la  codificación  derogada-,  el  objeto del recurso  extraordinario  de  casación  es  la  legalidad  de  la  sentencia  de  segunda  instancia.  Por ello, de manera consistente, el artículo 212  idem  -225  del Dto. 2700/91- exige que se  aduzca  una  causal  precisa, porque el 207 relaciona los motivos de procedencia  del  recurso  -220  de  la anterior obra- y siempre antepone que la anomalía se  haya   producido   en   la   “sentencia”.   

Ahora, cuando se trata de la causal tercera,  aunque  es  obvio  que  los  vicios que afectan la regularidad del procedimiento  pueden  presentarse  -y  así  suele  ocurrir-  en una fase procesal anterior al  fallo,  razonablemente  el  legislador  dice  que  el  daño sólo se constituye  “cuando           la           sentencia  se  haya  dictado  en  juicio  viciado  de  nulidad”, pues, al fin y al cabo, será  la  decisión  final del proceso la que consolide la irregularidad o explique su  eficacia   o  ineficacia  frente  a  las  reglas  que  gobiernan  las  nulidades  (instrumentalidad  de  las  formas, protección, trascendencia y extrema razón)  -Cfr.  auto  de  julio  23  de  1998,  Rdo.  13.409,  M.P.  Jorge Aníbal Gómez  Gallego-.   

Pues  bien,  en  el presente caso el censor  centra  su  inconformidad  en  el  hecho  de que, según su criterio, el escrito  que   constituye  la  interposición  del  recurso de reposición contra la  resolución  de  acusación,  no  haya  sido tenido en cuenta por el Fiscal como  sustentación  de  la  pretextada impugnación, omitiendo por ende impartirle el  trámite  pertinente.  De ahí que en su sentir, dicho proveído no hubiese  alcanzado  ejecutoria,  por lo que mal se podía proseguir con la etapa procesal  subsiguiente.   

Sin embargo, se echa de menos en la demanda  toda  la  argumentación  necesaria para demostrar la postura de la sentencia de  segunda  instancia frente a aquella providencia, valga decir, se ignora si en el  fallo  se  advirtió la falencia argüida, y en el caso de haberse advertido, no  se sabe tampoco que trascendencia le otorgó el juzgador.   

En eventos como el que ocupa la atención de  la  Sala,  cuando ni siquiera se identifica el objeto del recurso extraordinario  -sentencia  de  segundo  grado- en su naturaleza, estructura, características y  comportamiento,  ha dicho la Corte que el escrito desconoce el principio lógico  de  razón suficiente. Ocurre  que  para  empezar  a  discutir  sobre  la verdad que enarbola el demandante, es  necesario  primero  conocer  la realidad objetiva a la cual se refiere, pues sin  razón   suficiente   no  hay  razón  posible  y  sin  razón  posible  no  hay  conocimiento. -Cfr. prov. cit.-    

Si  la  exigencia formal de la impugnación  extraordinaria  se  fundamenta  en  la  materialidad  del  respeto  inicial a la  jurisdiccionalidad  de  las  decisiones adoptadas, no se puede acudir a ella con  la  pretensión de repetir la dialéctica de las instancias, como se descubre en  la  propuesta  del  censor,  puesto  que  en  tratándose  de nulidades como las  invocadas  en  los  libelos  examinados,  por  constituir errores de actividad o  atentados  contra  la regularidad del procedimiento -in  procedendo-  deben  discernirse  en  la demanda de tal  manera  que  se  haga  claridad si el vicio se perfila sobre el rito o sobre las  garantías fundamentales.    

Además,  si  se  postula  que la anomalía  atenta  contra  el  derecho  de  defensa  o  que la inobservancia de determinada  ritualidad  afecta la estructura lógica del proceso, tan significativamente que  impida  a  éste  cumplir  con  sus fines, para que proceda su reconocimiento es  menester  probar  su  trascendencia,  en  el  sentido de que ha obstaculizado el  pronunciamiento  de  fondo  o  invertido  las características fundamentales del  fallo, lo cual es carga procesal del recurrente que la invoque.   

En   el   presente  caso,  soslayando  el  demandante  cumplir  con la obligación que le impone el Art. 212-3 del C. de P.  Penal   -225-3   del   anterior-,   en   orden   a   señalar  con  claridad        y       precisión  los  fundamentos  que  en  su  sentir  violan  las  garantías  constitucionales  reseñadas en la demanda como  objeto  de supuesto quebranto, y de demostrar que con tales vicios la estructura  básica  del  proceso  se  vino a menos, con argumentos repetitivos que pretende  hacer  valer  tanto  para la pretextada vulneración del derecho de defensa como  del  debido  proceso,  sólo  atinó  a  enunciar  genéricamente  los supuestos  yerros,  no  de  la  sentencia  de  segundo grado, sino en los que presuntamente  incurrió  el Fiscal al pretermitir darle trámite al escrito que según él -el  censor-  se constituye en la interposición del recurso de reposición contra la  resolución  de  acusación,  inferencia  que surge dizque de la interpretación  que  debió  dársele  a  las manifestaciones contenidas en el libelo que uno de  los  procesados  hizo  llegar  al proceso, no empece a que allí no se expresaba  que se recurría de la decisión.   

Luego   entonces,  invirtiendo  la  carga  procesal  que  le  incumbe pretende el demandante que la Corte entre a demostrar  lo  que  él debió probar; no otra cosa cabe colegir cuando expresa que es a la  propia    Corporación    a    la    que    le    corresponde    “verificar  si  efectivamente  el  escrito  que  hoy  se esgrime como  impedimento  para la firmeza de la Resolución de Acusación es o no el memorial  contentivo      del     recurso     ordinario     de     reposición”.     

Así  las cosas, de la manera como el actor  ha  planteado las censuras tendría la Sala que entrar a abordar el examen de la  actividad  procesal  posterior a la calificación del sumario, para desentrañar  la  irregularidad  pretextada  y  poder  determinar  si el acto cumplió o no su  finalidad,  o  si  en  caso  contrario,  es  de  tal  magnitud  que  afectó las  garantías  o  alteró las bases esenciales de la instrucción y el juzgamiento,  o,  finalmente,  si  resulta  irremediable,  o  si  fue  o no convalidada.   Empero,  el  principio  de  limitación  le  impide  a  la Corte llenar vacíos,  corregir deficiencias o adicionar argumentos.   

La    violación   directa.   

Dos cargos al auspicio de la causal primera,  cuerpo  primero,  formula  en  ambas  demandas  el  censor  contra  la sentencia  recurrida,  vicio  que  supuestamente llevó al juzgador a aplicar indebidamente  los  Arts.  323,  22  y  26  del  C. Penal de 1980 vigente para la época de los  acontecimientos,   dejando   de   aplicar  por  contera  los  Arts.  29-4  y  30  ibidem  y el Art. 445 del C.  de P. Penal derogado.   

El  desatino  del actor es evidente pues al  desarrollar  las  censuras, en lugar de presentar su fundamentación en el plano  de  lo  estrictamente jurídico, dice acudir al acervo probatorio que obra en el  expediente  para  criticar  la  postura  del  Tribunal  en  cuanto  desechó las  versiones  de sus asistidos que dan fe de la presencia en sus comportamientos de  un  actuar  en  exceso  de  la  legítima  defensa,  en tanto acogió la de Luis  Eugenio  Sánchez  que  da  cuenta  de  la agresión de que fueron víctimas sin  motivo aparente alguno, él y su primo William Galeano Sánchez.   

El  desatino  deviene  mayúsculo cuando el  demandante  al  referirse  a  la lesión padecida en aquel enfrentamiento armado  por    JOHN   JAIRO   CASTAÑO   RAMÍREZ,  uno  de  sus defendidos, asegura que el sentenciador en el examen  probatorio   que  realizó  “tergiversó”  la  prueba  que  contiene  dicha  información,  así  como  el  testimonio    de    Luis    Eugenio    Sánchez   quien   dio   cuenta   de   lo  ocurrido.   

Nada  más  desacertado,  toda  vez  que el  ataque  por  la  vía  directa  presupone  la  aceptación  de  los hechos y las  conclusiones  probatorias  de la sentencia, aspectos estos que el censor empieza  por  desconocer.   Con  reiterada insistencia ha dicho la Corte que una tal  censura  limita  la  controversia a razonamientos de puro derecho para demostrar  los  defectos  de  aplicación de la ley sustancial, ya sea por haberse ignorado  la  norma,  ora  por  un yerro en la selección de la misma, o bien porque se ha  interpretado  erróneamente.   La  equivocada presentación de las censuras  en  este  campo, le impide conocer a la Sala qué es lo que realmente se propone  el  libelista,  menos cuando al solicitar el fallo sustitutivo, al desgaire pide  se  anule  el que debe ser materia de casación, lo que de suyo muestra su total  desconocimiento    de    la    técnica    que    informa    el   extraordinario  recurso.   

La   violación   indirecta.   

Error  de  hecho  por  tergiversación  o  distorsión  de  la  prueba  respecto  a  la  lesión  padecida por CASTAÑO  RAMÍREZ  producto del susodicho  enfrentamiento armado, es el fundamento de este reparo.   

El  error  de  hecho  por  falso  juicio de  identidad,  como  técnicamente se denomina el yerro que el demandante le achaca  al  juzgador, corresponde a los llamados errores de contemplación en los que se  puede   incurrir  al  momento  de  fijar  el  contenido  material  de  un  medio  probatorio,  reitera una vez más la Sala, y se configura cuando el sentenciador  distorsiona  su sentido objetivo ya porque lo cercena, ora porque lo adiciona, o  bien  porque  lo  tergiversa,  con  la  secuela  que  por  tal manejo se le hace  producir  efectos  que  no  se  desprenden de su real contenido o, dicho de otra  forma, se le hace decir lo que aquél no dice.   

No  cumple  el  casacionista  con  el rigor  técnico  que  demanda el cargo propuesto, porque si se observa el desarrollo de  su  argumentación,  aparte  de  mostrar  su  rechazo  a los hechos tenidos como  probados  en  la  sentencia  al  punto  de  reputar agredido a quien el juzgador  consideró   agresor,   sus  razonamientos  se  encaminan  a  negarle  el  valor  probatorio  que  el  Tribunal  otorgó  a  los  medios  de convicción en que se  sustenta la condena.    

A  más  de  que  el  reclamo por la fuerza  persuasiva  otorgada  en  su conjunto al acopio probatorio examinado por el juez  colegiado,  no  se compadece con el reparo formulado pues ningún cercenamiento,  adición  o tergiversación a la prueba cuestionada se acredita, en atención al  sistema  de  libre  apreciación  racional de la prueba que rige nuestro sistema  procesal  penal,  insiste  la  Corte en reiterar, el examen crítico que del haz  probatorio   realiza   el  juzgador  siempre  resultará  prevalente  frente  al  realizado  por  el  sujeto procesal, salvo que éste demuestre que el raciocinio  de  aquél  está  afectado  de  errores  de  hecho  o de derecho verdaderamente  trascendentes  -situación que brilla por su ausencia en los libelos a estudio-,  dada  la  presunción  de  acierto  y legalidad que ampara la sentencia y que el  demandante  debe  desvirtuar  si  alguna  vocación  de  éxito  pretende  de la  censura.    

Por  modo  que,  la  falta  de  claridad  y  precisión  en  la  exposición  de  los  fundamentos  de  las  censuras, es una  falencia   de   orden   técnico   que   de   suyo   basta  para  inadmitir  las  demandas   

         En   mérito  a  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala  de  Casación  Penal,   

  RESUELVE   

        INADMITIR  las  demandas  de  casación  presentadas  a  nombre  de  los  procesados    JOHN    JAIRO   CASTAÑO   RAMÍREZ  y  CÉSAR  AUGUSTO  JIMÉNEZ  SEPÚLVEDA.  En  consecuencia,  se declara desierto el  recurso,    conforme    a    las   motivaciones   plasmadas   en   el   presente  proveído.     

         Contra  este  auto  no  procede  recurso  alguno,  en  virtud  de lo  dispuesto  en  los  artículos 226 y 197 del Decreto 2700 de 1991, aplicables al  caso.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS               CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                       

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                   

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                           NILSON PINILLA  PINILLA                                

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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