17059(09-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17059  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 39  

          Bogotá, D. C., nueve de abril de dos mil dos   

VISTOS  

          Decide  la  Corte en relación con la admisibilidad de la demanda de  casación  presentada  por  el  defensor  del procesado EDGAR HUMBERTO HINCAPIÉ  ARDILA,  quien  fue  condenado  como  autor del delito de homicidio.  En la  impugnación  se ataca la sentencia de segundo grado fechada el 29 de septiembre  de 1999, dictada por el Tribunal Superior de Bogotá.   

          Se  procede  de  conformidad  con  el  artículo  213 del Código de  Procedimiento Penal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  día  3 de febrero del año de 1996, el señor KENNEDY BENAVIDES  PERILLA  ingería  licor  en  un  establecimiento situado en la calle 72A con la  carrera   76   de   esta  ciudad,  en  compañía  de  sus  amigos  César    Ángel    Ortega   Beltrán   y  Carlos    Arturo    Rodríguez    Peña.   Aproximadamente  a las 10 y 30 horas de la noche, llegó al  mismo  local  el  individuo  EDGAR  HUMBERTO  HINCAPIÉ  ARDILA, le preguntó al  primero  cuál  era  el motivo de su enojo, hubo entonces un cruce de palabras y  hasta  un  intento  de  riña,  pero  todo  fue  calmado  por los circunstantes,  quienes,  a  pesar  de  su primer esfuerzo, no pudieron detener a los rijosos en  una  segunda  oportunidad  que salieron a la calle y, cuando todo presagiaba que  se  trataba  simplemente  de  un  intercambio  de  golpes  de  mano,  el último  visitante   le   arrebató   la   vida   a   Benavides  Perilla  con  el accionar de un arma cortopunzante que  le incrustó en su cuerpo.   

          La  investigación  fue iniciada por el Fiscal 286 Delegado ante los  Jueces  Penales  del  Circuito  de  la  ciudad, funcionario que declaró persona  ausente  al  imputado EDGAR HUMBERTO HINCAPIÉ ARDILA y posteriormente le impuso  medida de aseguramiento de detención sin derecho a excarcelación.   

          Por  medio  de resolución fechada el 25 de julio de 1997, el Fiscal  26  Delegado  dictó  resolución acusatoria en contra del sindicado, como autor  del delito de homicidio.   

          El  12  de  noviembre  de  1997,  fue  capturado el señor HINCAPIÉ  ARDILA  y  puesto  a  disposición de la Juez 52 Penal del Circuito, funcionaria  que entonces ya adelantaba el juzgamiento.   

          De  acuerdo  con  sentencia  del  26  de febrero de 1999, la juez de  conocimiento  condenó  al acusado a la pena principal de veinticinco (25) años  de  prisión;  a  la sanción accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  término  de  diez  (10)  años;  y  además  le  impuso  la  obligación   de   resarcir   los  daños  y  perjuicios  materiales  y  morales  ocasionados  con  el  delito  de homicidio, estimados en el equivalente a un mil  (1000) gramos de oro.   

          El  fallo  de primera instancia fue confirmado por el Tribunal en la  sentencia     que     ahora    es    objeto    de    impugnación    por    vía  extraordinaria.   

LA DEMANDA  

          Con  base  en  la causal primera de casación, entonces dispuesta en  el  numeral 1° del artículo 220 del Código de Procedimiento Penal de 1991, el  actor  alega  la  violación  de  normas sustanciales como las contenidas en los  artículos  31, 36 y 60 del Código Penal de 1980, en vista de que supuestamente  hubo   error   en  la  apreciación  de  la  prueba  recibida  en  la  audiencia  pública.   

          1.   Explica, en primer lugar, que en el mencionado acto fueron  recogidos  los  testimonios  de  ROBERT  ARTURO  CÁRDENAS  y JOSÉ MARÍA LEÓN  RINCÓN,  quienes  pusieron de presente los trastornos mentales transitorios que  frecuentemente  sufría  el procesado cuando ingería licor, no obstante lo cual  la  juez  no  suspendió  la  audiencia  para  remitir  al  acusado  para examen  psiquiátrico  o  psicológico.  Aclara que si bien dicha pericia se había  practicado  el  15  de  septiembre de 1998, la misma resultaba incompleta porque  las  mencionadas  pruebas  testimoniales  fueron  recibidas  el  19  de enero de  1999.   

          2.   Como  segunda  observación,  dice el actor que no tuvo en  cuenta  el  juzgador  lo  afirmado por los testigos presenciales del hecho, así  como  por  el  procesado  en  la  audiencia  pública, en el sentido de que este  último  llegó  al  establecimiento  y  le  preguntó  a la víctima el porqué  estaba  enfadado,  momento  en  el  cual  recibió  como respuesta un cúmulo de  vulgaridades,  todo lo cual perfila un contexto de actuación en estado de ira e  intenso dolor que fue desconocido por el sentenciador.   

          3.   Propone la violación de los artículos 249, 333 y 445 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  en  vista  de  que el fallador sólo tuvo en  cuenta  los  testimonios  de CARLOS ARTURO PEÑA y CÉSAR ÁNGEL ORTEGA, quienes  eran  amigos  de  la  víctima  y  trataban  de  favorecerlo, pero se dejaron de  recibir  las  declaraciones  de  SILVIA  y  LIDA  de  gran  importancia  para el  esclarecimiento de los hechos.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          De  entrada, la Corte advierte que el censor lanza sus reparos a las  presuntas  anomalías surgidas en el curso del proceso o en las decisiones, pero  no  indica  cuál  fue  el  tratamiento  que en la sentencia atacada se dio a la  prueba  y  a las figuras de la inimputabilidad, el dolo y la atemperante por ira  e  intenso  dolor.   De  modo  que,  si  el  objeto  de  la casación es la  sentencia  de  segundo  grado,  se  echa  de menos la cita y confutación de sus  insostenibles  razonamientos,  como  primer  paso  en  la  lógica  del  recurso  extraordinario,  puesto  que  dicho  apenas lo primero, el escrito quedaría sin  razones suficientes para estimarlo.   

          Por  otra  parte,  en vista de la misma falla en la evocación de la  sentencia,  el censor no precisa si los testimonios de ROBERT ARTURO CÁRDENAS y  JOSÉ  MARÍA  LEÓN  RINCÓN, fueron completamente pretermitidos en el fallo, o  se  distorsionaron  sus  contenidos, o en fin, si se les estimó por el fallador  de manera irracional.   

          Ahora  bien,  si  el  recurrente  estimaba  trascendental un segundo  examen  psiquiátrico a su defendido, en vista de las declaraciones obtenidas en  la  audiencia pública, debió atacar el fallo por medio de la causal tercera de  casación   (nulidad),   dada   la   supuesta   violación   del   principio  de  investigación  integral, supuesto  se habría dejado de acopiar una prueba  favorable  al  acusado  y ello constituiría una transgresión al debido proceso  (C.  P.  P.  de  1991,  artículos  249  y  333;  y  C. P. P. de 2000, artículo  234).   

          Mas,  tampoco  explica  el impugnante la presunta inconsistencia que  deja   su  afirmación  inicial,  pues  si  los  testigos  de  audiencia  apenas  confirmaron  lo  que  reiteradamente  sostuvo  el procesado sobre sus trastornos  mentales  posteriores  a  la  ingesta,  sencillamente  era suficiente la primera  pericia  psiquiátrica  practicada  el 15 de septiembre de 1998, acto en el cual  se tuvieron en cuenta las manifestaciones del imputado.   

          El   reparo   por   presunto  desconocimiento  de  la  atenuante  de  responsabilidad  por  ira  e  intenso  dolor,  dispuesta  en el artículo 60 del  Código  Penal  de  1980  o  en  el artículo 57 del vigente, no podía surtirse  confundidamente  en  el  mismo cargo de violación a la norma de inimputabilidad  (artículos   31   Código  anterior  y  33  del  actual),  porque  son  figuras  incompatibles  en  cuanto  que  la  primera apenas da lugar a una reducción del  marco  penal  para  el imputable, mientras que la segunda genera responsabilidad  mas  no  pena  sino  medida  de  seguridad  y  hasta  ausencia de sanción si el  trastorno  mental  transitorio llegare a carecer de base patológica (art. 75 C.  Penal.).   

          De  igual  manera,  el  demandante  asevera que las declaraciones de  SILVIA    y    LIDA    eran    de    “mucha  importancia para el esclarecimiento de los hechos”,  pero  no  explica  ni  demuestra  la  afirmación,  motivo  por  el  cual  el  cargo queda huérfano de la indicación  sobre  la  clase  de  error  cometido,  máxime  que  si se sugiere una falta al  principio  de  investigación  integral,  debió  remitirse entonces a la causal  tercera y no a la primera (art. 207 C. de Procedimiento Penal).   

          Así  las  cosas,  dado  que  el  libelo  no  cumple  los requisitos  formales  mínimos  que  prevé  el  artículo  212 del Código de Procedimiento  Penal, se inadmitirá como demanda de casación.   

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

          No  admitir la demanda de casación presentada a favor del procesado  EDGAR  HUMBERTO  HINCAPIÉ ARDILA.  En consecuencia, se declara desierto el  recurso interpuesto.   

          En  relación  con  esta  decisión,  no  procede  recurso alguno de  acuerdo   con   lo  previsto  en  los  artículos  226  y  197  del  Código  de  Procedimiento Penal de 1991, aplicable al caso   

          Cópiese,    comuníquese    y    devuélvase    al    despacho   de  origen.   

          Cúmplase   

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL             JORGE      E.     CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS           CARLOS  A. GÁLVEZ  ARGOTE                 

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                 EDGAR         LOMBANA  TRUJILLO                   

CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR                                                        NILSON            PINILLA  PINILLA                          

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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