16142(29-11-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 16142  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta Nro. 151  

          Bogotá,  D.C.,  veintiocho  (28)  de  noviembre  de  dos  mil  dos  (2002).   

          Decide  la  Corte el recurso de casación interpuesto en defensa de  ÁLVARO   FRANCISO   GÓMEZ   LÓPEZ   contra  la sentencia de fecha marzo 15 de 1999, mediante la cual el  Tribunal  Superior  de  Pasto  confirmó  con  modificaciones en el monto de los  perjuicios  la  proferida  a su vez por el Juzgado 4º Penal del Circuito de esa  misma  ciudad,  que   lo condenó a las penas principales de treinta y seis  (36)  meses  de  prisión  y  multa de cuatro mil quinientos pesos ($4.500) como  autor  de  los  delitos  de  falsedad  en documento privado, abuso de autoridad,  fraude  a  resolución  judicial, y falsedad material de particular en documento  público.   

HECHOS.    ACTUACIÓN PROCESAL   

          Los  sucesos  a  los  cuales  se  contraen  las  causas  objeto del  pronunciamiento  impugnado,  así  como el trámite cumplido con precedencia y a  partir   de   su   acumulación,   pueden   ser  reseñados  en  los  siguientes  términos:   

          1.  Con ocasión  de  la denuncia elevada por Romelio de Jesús Rojas Cabrera se tuvo conocimiento  que   el  19  de  abril  de  1994,  aquél  suscribió  con  ÁLVARO      FRANCISCO     GÓMEZ     LÓPEZ  un  contrato  simulado  de  arrendamiento,   recaído   sobre   el   predio   denominado   “San  José  de  Matabanchoy”,  ubicado  en  la vereda Ricaurte, jurisdicción del municipio de  El  Tambo (Nariño), con la finalidad de facilitarle el trámite de un préstamo  que  el  último  había  solicitado  a la Caja de Crédito Agrario de la citada  localidad.   En  el  contrato se hizo constar que el arrendamiento tendría  un valor anual de treinta mil pesos ($ 30.000).   

          El   denunciante  informó  también  que  el  texto  del  referido  documento  se  alteró  en  el guarismo correspondiente a la sanción pecuniaria  por  incumplimiento,  pactada  para  darle  apariencia  de  realidad, cifrada en  sesenta  mil  pesos ($ 60.000) y, en su lugar, se colocó la suma de novecientos  sesenta  mil pesos ( $ 960.000).  De igual modo, se le adicionó un “otro  sí”  aclaratorio  en  el  sentido  que  el  precio  total  del  arrendamiento  correspondía  a  dos  millones  quinientos  veinte  mil  pesos  ($  2.520.000),  “que  se  encuentran pagados por el arrendatario al  arrendador”.   

          Con  fundamento  en  los  resultados  de  las  diligencias  previas  llevadas  a  cabo, la Fiscalía 7ª Seccional de Pasto abrió la investigación,  recibió   la   indagatoria  del  denunciado  ÁLVARO  FRANCISCO  GÓMEZ LÓPEZ y después, en providencia de  julio  1º  de  1997,  le impuso caución prendaria por el delito de falsedad en  documento privado.   

          Agotado   el   trámite   de  rigor,  el  instructor  calificó  la  investigación  el  6  de  enero  de  1998, con resolución acusatoria en la que  endilgó  al  procesado  la  autoría  del  delito  imputado  en  la  medida  de  aseguramiento  en concurso con el punible de falso testimonio, confirmada por la  Fiscalía  5ª  Delegada ante el Tribunal Superior de Pasto al desatar la alzada  interpuesta  por  la  defensa,  con la modificación en el sentido de retirar el  cargo elevado por el último ilícito referido.   

          2.   Consta en autos por otra parte, que el 9 de marzo de 1996  personal  uniformado  adscrito  a  la Estación de Policía Nacional de El Tambo  (Nariño),  en  compañía de dos civiles, ingresó a la finca “El Cocal” de  propiedad  de  Romelio Rojas Cabrera, ubicada en la vereda Ricaurte de la citada  localidad,  para  retirar  del  predio un semoviente en cumplimiento de la orden  dispuesta   por   ÁLVARO  FRANCISCO  GÓMEZ  LÓPEZ  en  su  otrora  calidad  de  Secretario  de  Gobierno  municipal.   

          En   el  transcurso  de  las  diligencias  iniciadas  con  miras  a  esclarecer   tales  sucesos,  el  funcionario  mencionado  explicó  que  había  impartido  la  cuestionada  orden con el propósito de recuperar el animal que a  su  juicio  le  pertenecía,  pues  Rojas  Cabrera  se lo había obsequiado. Las  autoridades  comisionadas  por  el  sindicado  para  el  retiro  del semoviente,  entregaron  una  misiva  supuestamente  remitida  por  el  hermano de aquél, de  nombre  Luis  Enrique  Gómez,  mediante la cual se autorizaba la entrega y cuya  autenticidad negó el supuesto suscriptor.   

          De  igual  modo,  durante  el  transcurso del proceso, el sindicado  ÁLVARO   FRANCISCO   GÓMEZ   LOPEZ   protagonizó  otros  hechos  que fueron inmediatamente cuestionados  dentro  de  la  actuación respectiva, en concreto, la inobservancia de la orden  impartida  por  la Fiscalía para que la novilla disputada permaneciera en forma  provisional  en  predios  de un tercero, pues personalmente la sacó del lugar y  de  manera  paralela  comunicó  al  instructor  el  ceñimiento  fingido  de su  decisión.   También  indicó que el vacuno presentaba su marca registrada  de  tiempo  atrás,  pero  en  las  diligencias  quedó  constatado el carácter  reciente de dicha anotación.   

          La  Fiscalía  51  Seccional  de  Pasto  abrió  la investigación,  escuchó  en  indagatoria  a  los  imputados  ÁLVARO  FRANCISCO     GÓMEZ    LÓPEZ    y    ZORAIDA  DEL  CARMEN  BURGOS  APRÁEZ, a  quienes  les  resolvió  la situación jurídica en decisión de fecha agosto 20  de  1996,  mediante  la cual afectó tan sólo al primero de los mencionados con  medidas  de  aseguramiento  consistentes  en caución prendaria al endilgarle el  delito  de  falsedad, y de conminación por la autoría en concurso de conductas  punibles  del  ilícito de abuso de autoridad; decisión modificada de oficio el  11  de  junio  de  1997  siguiente,  para imponerle la detención preventiva con  beneficio  de excarcelación.  En el curso de las diligencias fue vinculada  también ORFA ELIZABETH HERNÁNDEZ.   

          Clausurado   el   sumario,   la   Fiscalía  calificó  su  mérito  probatorio  el  15  de  diciembre  de  1997  y  elevó  acusación en contra del  sindicado      GÓMEZ     LÓPEZ     como  determinador del delito de falsedad material de particular en  documento  público,  y  autor  de los punibles de abuso de autoridad y fraude a  resolución  judicial.   Las  procesadas  BURGOS  APRÁEZ   y   HERNÁNDEZ  en  cambio,  fueron favorecidas con preclusión de la  investigación (fs. 254 a 274, c. 2).   

          3.  En  la  etapa  del  juicio,  mediante  auto  de  agosto  28  de  1998,   el Juzgado 4º Penal del Circuito de Pasto decretó la acumulación  de  las causas, de manera que celebrada posteriormente la audiencia pública, en  fallo  de  enero 15 de 1999, condenó al procesado a las penas atrás precisadas  y  le  concedió  el  subrogado  de  la  condena  de  ejecución condicional. El  Tribunal  Superior  de  Pasto  lo confirmó al resolver las apelaciones incoadas  por  la  parte  civil  y  el  defensor,  sujeto  procesal  este  último  que en  oportunidad  interpuso y sustentó el recurso extraordinario que decide ahora la  Corte.   

         

LA DEMANDA  

         

         Al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación,  prevista  en  el artículo 220 del anterior Código Penal, el censor  acusa  la  sentencia  de  segundo  grado  de  ser  violatoria en forma directa e  indirecta  de  la  ley  sustancial,  reparos  que  formula  y  desarrolla en los  términos que a continuación se reseñan.   

          Primer cargo.   

En  el  reparo  inicial  de  la  demanda  el  impugnante  acusa  la  aplicación  indebida “de una  norma   sustancial   que   no  es  pertinente  al  caso  concreto”,  desatino por razón del cual se afirmó la existencia del delito  de    abuso    de   autoridad   que   el   demandante   considera   “inexistente    a    la    luz    de   los   elementos   que   lo  tipifican”.    Cita   aquí   como   normas  infringidas  los  artículos  2,  3, 4, 5, 152 del anterior Código Penal, 1º y  2º  del  estatuto  procesal  penal bajo el cual se adelantaron las diligencias.   

Al  concretar  el  desatino  postulado, el  demandante   indica   que   el  acto  expedido  por  el  procesado  GÓMEZ  LÓPEZ  no  era  arbitrario ni  injusto.   En  primer término, porque el retiro del semoviente de la finca  del  denunciante  fue  efectuado  por  particulares  a quienes los agentes de la  Policía  Nacional  se  limitaron  a  acompañarlos,  esto es, sin realizar acto  funcional  alguno,  máxime  que  el   animal  fue en últimas entregado de  manera  voluntaria, “como se infiere de la realidad  probatoria”.   

Con miras a sustentar dicho aserto plantea  que  de  acuerdo  con la prueba aportada el vacuno era de propiedad del acusado,  “y  en  ese  orden,  la  ejecución  del  acto  no  trascendió  la  esfera  externa, quedando dentro del marco privado, sin afectar  el  interés  jurídicamente  tutelado  por  el art. 152 del C.P.”.    Aduce  por  otra  parte,  que  una  actividad  de  igual  naturaleza  fue  realizada por Romelio Rojas Cabrera, al amparo del ejercicio de  sus    propias   razones   y   generadora   de   la   denuncia   contravencional  respectiva,   situación  “que lamentablemente  por  equívoca  interpretación de la realidad fáctica, se revierte…en contra  del procesado”.   

El   defensor   más   adelante  reclama  prevalencia  para los testimonios de Libio Armando David Hidalgo, Víctor Manuel  Villota   Figueroa  y  Hugo  Noguera  Martínez,  quienes  declararon  sobre  la  propiedad  del  animal  y  las circunstancias en la que fue retirado de la finca  del   mencionado   Rojas   Cabrera,   para   concluir   que   los   “actos   arbitrarios  e  injustos”  imputados  a su representado no se avizoran en el presente asunto, cuya conducta  se  muestra  “inocua”,  pues  se  limitó  a solicitarles a unos amigos la recuperación del semoviente,  quienes    así    procedieron   en   compañía   de   los   uniformados.   Adicionalmente,  en  su  opinión  tampoco  resulta cierto que los agentes de la  Policía    hubiesen    cumplido    “el   mandato  oficial”,  porque fue Hugo Noguera Martínez quien  realizó    “toda   la   gestión” sin intervención de los uniformados.    

         Con apoyo en las razones anteriores el  libelista   sostiene   indistintamente,   de  una  parte,  que  no  “existe  entonces  la  certeza  de  la  ocurrencia  del  hecho y  fundamentalmente  de su tipicidad”; pero también y  de  otra, que el procesado actuó “convencido de su  actuar  en derecho”, esto es, en la creencia cierta  de  estar recuperando un bien de su propiedad.  Por lo tanto, echa de menos  el  dolo  y  procede entonces “la determinación de  su inculpabilidad”.   

         

         Segundo cargo.   

         También  por la vía de la violación  directa,  el  recurrente  acusa la infracción de los artículos 2, 3, 4, 5, 184  del  anterior  Código  Penal,  1º y 2º del derogado estatuto de Procedimiento  Penal,  yerro  que  condujo a inferir el delito de fraude procesal a pesar de su  inexistencia.   

         En  el  desarrollo  del  reparo  arguye que la conducta además de  típica  debe  resultar  antijurídica,  esto  es,  que sin justa causa afecte o  ponga  en riesgo el bien jurídico tutelado.  Plantea después, que si bien  la  Fiscalía  51  Seccional decidió mantener la novilla en disputa en terrenos  de  propiedad de Enrique Díaz, bajo la custodia de éste, también se encuentra  demostrada  en  autos que era necesario su traslado, pues en la finca del citado  no  existían  las  seguridades  ni el pasto requerido para la supervivencia del  animal.  Con  tal  orientación  declararon  en  el  proceso,  según  aduce  el  libelista,  Elí  Fabio  Dulce  Ibarra  y  Oscar  León  Rosero, cuyas versiones  reseña en lo que estima pertinente.    

         Así  las  cosas,  concluye  el actor,  “no   se   trata  como  se  deduce  en  el  fallo  impugnado”  del  simple incumplimiento de la orden  judicial  mediante el retiro violento del semoviente, sino de una medida que fue  adoptada   en   aras  de  su  protección,  donde  echa  de  menos  “la  antijuridicidad  y la culpabilidad del hecho”.   

         En  las  consideraciones finales del reparo el demandante alude al  requisito  de  la  demostración  plena  del dolo e insiste que en la situación  examinada   el   propósito   obedeció   “a   la  protección  del  animal  no  a  su  ocultamiento,  por lo cual la conducta…no  encuadra      en     el     ordenamiento     punible     imputado”.   

         Tercer cargo.   

         Acusa  la  aplicación  indebida de los artículos 2, 3, 4, 5, 220  del  derogado  Código  Penal,  1º  y 2º del anterior estatuto procesal penal,  violación   por  razón  de  la  cual  se  le  derivó  a  su  representado  la  determinación  en  el  delito  de  falsedad material de particular en documento  público.   

         En  la  sustentación  del ataque y bajo el epígrafe “Concepto   de   violación”,  el  recurrente  señala  que la conducta se concreta en el registro extemporáneo de  la  marca  de  ganado  del  procesado  GÓMEZ LÓPEZ  en  la  Alcaldía  de  El  Tambo,  que se asegura le  ordenó realizar a uno de sus dependientes.   

         Reseña  apartes  de  los análisis del fallo impugnado en torno a  la  falsedad  documental  imputada para aducir a renglón seguido, que en manera  alguna  se  tuvo  en cuenta que si bien GÓMEZ LÓPEZ  solicitó  la  inscripción  de una marca de ganado,  obró  a  título  particular  y  “no determinó en  manera  alguna  a  sus empleados para que efectuaran un registro extemporáneo o  anterior”.    En   fin,   que   “no  hay  evidencia probatoria” que  así  lo  confirme,  de  manera  que  en  forma  inapropiada y por deducción el  juzgador llegó a tal conclusión.   

         Lo  anterior  implica además, a juicio del censor, que el acusado  actuó  sin  dolo  y  se  limitó al ejercicio de un derecho civil, “sin  que  sea  cierto  que  se  condicionó,  por  razón de su  investidura  al  ejercicio  de  actos  que  no  les son propios de los empleados  encargados  de  tal  oficio,  menos a provocar o determinar la alteración de la  verdad”,  como  puede  verificarse a través de la  declaraciones  de  Marta  Agustina  Córdoba Burbano y Marcial Lasso Figueroa, a  quienes  no  les  consta  que  el  sindicado  hubiese ordenado la alteración de  los  documentos.   

         Agrega    por    último,    que    el   acriminado   GÓMEZ  LÓPEZ  simple y llanamente le  solicitó  a  Orfa  Elizabeth Hernández el registro de una marca de ganado, sin  que tal petición constituya delito alguno.   

         Cuarto cargo.   

         En  forma  subsidiaria  el  demandante  plantea  que  el  fallo de  segunda  instancia  resulta  violatorio en forma indirecta de la ley sustancial,  por  falta  de  aplicación  de  los  artículos 2º, 22, 247 y 445 del anterior  Código  de  Procedimiento  Penal,  así  como  ante  el  desconocimiento de los  artículos  249, 254, 273, 277, 279, 294 ibídem, disposiciones éstas referidas  a  la  imparcialidad  en  la  búsqueda  de  los  medios  demostrativos  y en su  apreciación,  a  los  criterios  que  rigen  la  valoración  de  las  pruebas;  desatinos  derivados,  según  el  censor,  del  error  de  hecho cometido en la  valoración de las prueba documental y pericial.   

         En  el  desarrollo  del  reparo  transcribe  las  conclusiones del  dictamen  grafológico que tuvo por objeto el contrato de arrendamiento suscrito  entre   el   denunciante   y   el   acusado   GÓMEZ  LÓPEZ,  que se concluyó había sido alterado, así  como  los  términos  en los cuales fue rendida la ampliación solicitada por la  defensa,  para alegar seguidamente la ostensible transgresión del artículo 249  del  anterior  estatuto  procesal  penal,  de  conformidad  con  el  cual  deben  investigarse   con   idéntico  celo  los  hechos  que  agraven  o  atenúen  la  responsabilidad del procesado.   

         No    se   tuvo   en   cuenta   además,   que   la   “interpolación            interlineal”           dictaminada  pudo  efectuarse en el mismo acto de elaboración del  contrato,  minutos,  días  o  meses  después,  tiempo  que  al  no  poder  ser  determinado   le   impide   generar   “la  certeza  necesaria     para     darle     la     credibilidad     otorgada”.     Adicionalmente,   tampoco   existen   rastros   de   la  superposición    del    dígito    9,    pues    la    presencia   “de  una  especie de sombra en dicho número, puede corresponder  a   un   defecto   de   las   máquinas   de  escribir  denominado  ‘contragolpe”.   Así  las  cosas,  afirma  el censor, la incertidumbre se  acrecienta  y en manera alguna resultaba viable proferir el fallo de condena, al  menos  no  sin  soslayar  las  exigencias  del  artículo  247  ibídem  con  la  consecuente falta de aplicación del principio in dubio pro reo.   

         Por  otra  parte, la divergencia entre la tonalidad cromática del  “otro  sí”   y  las  demás  impresiones  mecanográficas “no es de  tanta    magnitud    para    darle   credibilidad   al   dictamen”,  máxime  que  para  despejar  los  interrogantes que suscita se  requería  “someter  a  una  prueba más amplia”  el  escrito  de arrendamiento. Además, el documento  privado  reputado  de  falso  no  fue  usado,  por  lo tanto, mal podía haberse  configurado  el  delito definido en el artículo 221 del anterior Código Penal,  toda  vez  “que  su  aparente uso no tiene efectos  jurídicos  propiamente  dichos,  por  no  haberse  producido decisión judicial  alguna  que lo valore como tal, momento en el cual, puede advertirse su uso y no  antes,  cuando  simplemente  aparece  como  un  medio  de  prueba”.   

                                                         

         Acusa  también que ningún valor probatorio se le concedió a una  carta  suscrita  por  el  denunciante  Rojas  Cabrera,  en la que se advierte su  intención   de  utilizar  la  administración  de  justicia  para  un  designio  vindicativo  como  consecuencia  del rompimiento de la relación sentimental que  mantenía  con  la  progenitora  del  acusado, misiva en la cual admitió que la  propiedad   del   semoviente  estaba  radicada  en  el  acriminado  GÓMEZ LÓPEZ.   

         Por  último, el casacionista critica al fallador cuando concluyó  con   soporte   en  “la  segunda  pericia  que  el  documento   fue   elaborado   con   posterioridad   a   su  firma”,  pues  las  circunstancias de modo, tiempo y lugar de ejecución  aluden  a  hechos  anteriores;  pero  además, porque la comentada actitud de la  víctima  descubre  la  existencia  del  desviado  propósito  de  perjudicar al  sindicado.   

         Quinto cargo.   

         En  el  ataque  final  de la demanda el censor acusa la violación  indirecta  derivada  de  la  errónea  apreciación  de  la  prueba testimonial,  determinante  de la falta de aplicación de los artículos 2, 22, 246, 247 y 445  de  la  codificación  bajo  la  cual  se  adelantó  el  presente proceso, pero  especialmente,  del  artículo  294  ibídem,   en  cuanto prescribe que el  funcionario    judicial    debe    atender    los    postulados   de   la   sana  crítica.   

         Al  desarrollar  el  reproche  así  planteado  indica  en  primer  término,  que la prueba testimonial de cargo aportada a las diligencias, débil  e  interesada,  resulta  insuficiente  “pues claro  queda”  en  autos  que  el  sindicado “no  cometió los hechos”, al punto  que  analizada en conjunto en manera alguna logra desvanecer la duda.  Así  las  cosas,  el  libelista  echa  de  menos  las  exigencias  contempladas en el  precitado  artículo  247  del  anterior  estatuto  procesal  para  el  fallo de  condena.   

         Tampoco  aciertan  los juzgadores, a juicio del demandante, cuando  le  restan  todo  atisbo  de  credibilidad a las declaraciones obtenidas de Hugo  Noguera,  Oscar León Rosero Gómez y Elia de Gómez para asignársela en cambio  al  denunciante;  más  aún, cuando sobre las versiones de Segundo Epaminanodas  (sic)   Espinosa,   Jorge   Enrique   Díaz  y   Néstor  Javier  Guerrero,  dependientes  del supuesto ofendido, gravita la vaguedad que afianza la falta de  certeza que predica.   

         Con  apoyo en los cargos reseñados  el recurrente solicita a  la  Corte  que  case  el  fallo  impugnado  y  “de  aplicación  a  las  previsiones  contenidas  en  el  artículo  229  del  C. de  P.P.”   

CONCEPTO DEL MINISTERIO  PUBLICO   

         

         El  Procurador  Segundo  Delegado  concluye  que  los cargos de la  demanda  en  manera  alguna  pueden  prosperar  ante la falta de interés o como  consecuencia  de  sus  impropiedades técnicas.  Por lo tanto, sugiere a la  Corte  no  casar el fallo impugnado.  Las razones sobre las cuales se finca  este concepto se reseñan a continuación.   

         Primer cargo.   

         En  el presente caso resulta evidente que el censor incurre en una  insalvable  deficiencia  técnica al soportar el reparo de violación directa de  la  ley sustancial en reproches de tipo puramente probatorio, deficiencia que es  común además a los tres primeros ataques formulados.   

         Con  esta inadecuada orientación argumentativa el libelista niega  entonces  la  arbitrariedad e injusticia del acto expedido por el funcionario y,  por   ende,   el   carácter   delictivo   de   la  conducta  investigada.   También   discute  la  naturaleza  de  los  hechos, pues afirma incluso en  contravía  de la realidad procesal que el retiro del semoviente de la finca del  denunciante  fue  efectuada  por  particulares,  cuando en el expediente obra el  oficio  dirigido  al  Comandante  local  de Policía mediante el cual el acusado  solicitó  dicha  maniobra,  así  como el informe que rindieron los uniformados  sobre  los  resultados  de la orden dispuesta por aquél.  En síntesis, el  actor  en  la sustentación del cargo desconoce los hechos y se adentra  en  un  discurso  alejado de la técnica de la casación imprimiéndole el carácter  de   alegato  de  instancia.               

         De  todas  maneras,  el  Delegado  que  comparte  en integridad el  análisis  probatorio  de  los  juzgadores,  a partir del cual coligieron que el  acto  administrativo  expedido  por el entonces Secretario de gobierno municipal  fue  arbitrario  e  injusto  y,  en  estas  condiciones,  encuentra  evidente la  afectación    del    bien    jurídico    tutelado    de   la   administración  pública.   

         Segundo cargo.   

         El  defensor  sin  intentar  la  demostración  de  algún sentido  específico   de   quebranto   normativo,  simplemente  argumenta  el  carácter  justificado   del   desconocimiento   que   hizo   el   sindicado   GÓMEZ  LÓPEZ  del  mandato  judicial  referido  a  la  custodia  del  semoviente,  que  según arguye el casacionista,  correspondió  a  una  medida  adoptada  por  su  representado para favorecer la  supervivencia  del  animal  en condiciones que sólo el podría brindarle.   En  este orden de ideas, si pretendía alegar el supuesto previsto en el numeral  5º  del  artículo  29  de  la anterior codificación penal, debió acudir a la  violación  indirecta  de la ley sustancial para  acreditar a través de la  apreciación  probatoria  la  legitimidad de la conducta investigada, situación  que    por    demás    no    logra   evidenciar   en   la   sustentación   del  reproche.   

         Por  el contrario, en plena conformidad con las pretensiones de la  parte   civil,   el  Procurador  encuentra  probado  en  autos  que  el  acusado  desconoció     “desafiantemente”  la  orden  dispuesta  en  una actuación judicial respecto de la  guarda  del animal y lo retiró de los predios de quien fue designado en calidad  de   depositario,  como  se  afirmó  con  apego  a  la  realidad  en  el  fallo  recurrido.    

         Tercer cargo.   

         Tratándose  de este reparo el Delegado advierte que el demandante  carece  de  interés  jurídico,  pues  en relación con la falsedad material en  documento  público  el  Tribunal  puso de presente que el defensor ‘sustentó indebidamente’  la  apelación interpuesta contra  el  fallo  del  a  quo,  de  manera  que  el recurso presentado se surtió sólo  respecto de los demás delitos.     

         Esta  conclusión  se  afianza  al  tenerse en cuenta que la parte  civil  impugnó  el  falló  y resultó exitosa la pretensión únicamente en lo  atinente  a los efectos civiles del delito; como también, ante la circunstancia  de   no   haberse   agravado   la   situación   jurídica   ni   punitiva   del  procesado.   

        En   todo   caso,  conceptúa  sobre  el  cargo  insistiendo  en las críticas técnicas formuladas  frente  a  los  dos  primeros ataques, porque no empece argüir el demandante la  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  niega  a renglón seguido que los  hechos  hubieran  tenido  ocurrencia en la forma como se dieron por demostrados,  pues  a  su juicio, a pesar que el sindicado fungía como Secretario de Gobierno  y  Educación  del  municipio de El Tambo, no vinculó esta condición al delito  imputado   por   cuanto   actuó   como   particular.   Sin  embargo,  esta  circunstancia   en   criterio   de   la   Delegada  además  de  evidente  surge  intrascendente,  por  cuanto  la acusación y la condena fueron por el delito de  falsedad  material de particular en documento público, definido en el artículo  220 del anterior Código Penal.   

       El  censor  se  ocupa   luego  de negar el  carácter  doloso  de  la  conducta y también afirma que no está demostrado en  autos  la  endilgada  calidad  de  determinador  del  delito investigado, que se  afirmó  ante  el  registro  extemporáneo  de  una  marca  de  ganado  con  sus  iniciales,  propuestas  con  las  cuales  sugiere  sin duda un debate probatorio  ajeno a la causal postulada.   

         Cuarto cargo.   

         El  demandante  plantea  una  errónea apreciación probatoria sin  especificar  si la misma se produjo en la contemplación material de la prueba o  en  su  valoración  jurídica.  Adicionalmente, presenta sus particulares tesis  donde  controvierte las conclusiones de la pericia grafológica y su ampliación  para  soportar  el  reproche  en  meras  especulaciones  en  las que sostiene en  últimas    la    falta    de    certeza    sobre    la    responsabilidad   del  procesado.   

         Por  otra  parte,  encuentra  indiscutible  el  uso  del documento  público  falso,  que se dio al introducirlo al tráfico jurídico en procura de  lograr  efectos,  como  se  demuestra  con  la  copia de la demanda ordinaria de  resolución   del  contrato  con  petición  de  indemnización  de  perjuicios,  conforme  se  precisó  además  en  el  fallo  impugnado  y lo admite de manera  implícita  el  recurrente,  quien  olvida que la simple presentación de aquél  para  respaldar una pretensión satisface la exigencia prevista en el respectivo  tipo penal.   

         Quinto cargo.   

         En  la  formulación  del  reproche  el  demandante incurre en las  mismas  deficiencias técnicas atrás comentadas porque sólo atina a cuestionar  la  apreciación probatoria que hizo el fallador de la prueba testimonial.   Adicionalmente,  el  actor se conforma con una escueta discrepancia con el fallo  de  condena  porque  en  su sentir resultaron desconocidas las reglas de la sana  crítica   al   apreciar  los  testimonios,  ataque  a  tal  punto  lacónico  e  inmotivado,  que  según  afirma  la Delegada, se sustrae de toda posibilidad de  profundizar en las razones que lo soportan.   

CONSIDERACIONES  DE LA  CORTE   

         La  Sala  encuentra que las críticas formuladas por el Procurador  Delegado  se  muestran acertadas y le asiste razón entonces cuando propugna por  la  desestimación  de  los  cargos  de  la  demanda,  como  pasa  a  considerar  seguidamente la Sala en relación con cada uno de dichos ataques.   

                                Primer cargo.   

         El  impugnante plantea la violación directa de la ley sustancial,  por   la   aplicación  indebida  de  la  norma  que  en  el  estatuto  punitivo  preexistente  a  la  comisión  de  los  hechos  definía  el delito de abuso de  autoridad.  Aduce  concretamente,  que  la conducta objeto del juzgamiento, cuya  autoría  se  atribuyó  al  acusado  GÓMEZ  LÓPEZ  en  su otrora condición de Secretario de Gobierno y  de  Educación  del  municipio  de  El Tambo (Nariño) no constituye el referido  ilícito, por el que fue finalmente condenado.   

         En  la  sustentación  del  reparo  anunciado  en  los  anteriores  términos,  perdiendo  de vista que las conclusiones fácticas y probatorias del  fallo  impugnado  eran  ajenas  a  toda  controversia,  pues lo que se plantea y  discute  en  tal  modalidad  de desatino es la existencia de un error de lógica  jurídica,  esto,  en la aplicación del derecho al caso concreto, el demandante  se   aparta  abiertamente  de  los  sucesos  que  los  juzgadores  tuvieron  por  demostrados,  así  como  del análisis de los medios probatorios y, después, a  partir  de  una  postulación  personal  e  interesada  de  lo  acontecido,  que  simplemente   estima   acreditada   en  autos  e  invoca  como  premisa  de  sus  alegaciones,  aduce  que  la  conducta endilgada al sindicado no afectó el bien  jurídico tutelado ni fue cometida con dolo.   

         En otros términos, bajo el pretexto de  la  transgresión  directa  de  la ley sustancial, se conforma con anteponer sus  tesis  a  las  de los sentenciadores con la pretensión de revivir en el recurso  extraordinario  el debate sobre los hechos y las pruebas, aspiración totalmente  inapropiada  en sede de casación, más aún dentro del marco de la causal aquí  propuesta,  a la que le es inherente una discusión netamente jurídica, insiste  la Sala.   

         En  el  discurrir argumentativo atrás  criticado,  el  censor  contraría  entonces  lo  colegido  por los falladores y  afirma  que  el  retiro  de  la  novilla de propiedad del sindicado GÓMEZ   LÓPEZ   de   la  finca  del  denunciante  Rojas  Cabrera  fue  realizado  por  particulares,  a  quienes  los  uniformados  sólo  escoltaron  sin  realizar  acto  funcional alguno, cuando el  Tribunal  sostuvo  que  esa  actividad  se  llevó  a  cabo  en  cumplimiento de  “una  orden  de aprehensión del semoviente vacuno  con  fecha  de  noviembre  8  de 1996, que puede verse a folio 8 cuaderno No. 1,  dirigida  al  señor Comandante de la Policía Nacional del lugar”,     pero     además,    que    fue    ejecutada    “con  los hombres a su mando y en compañía de lo señores Hugo  Noguera,      Armando      David      y      Víctor      Villota”.   

         Persistiendo  en  la  vana  discrepancia  con  lo colegido por los  juzgadores,  el  libelista arguye también que el animal fue entregado de manera  voluntaria   “como  se  infiere  de  la  realidad  probatoria”;  asimismo y con carácter conclusivo,  que   “no   existe  entonces  la  certeza  de  la  ocurrencia  del  hecho”, alegato con el cual invade  en  forma antitécnica y de manera ostensible el ámbito propio de la violación  mediata  de  la ley sustancial, sin concretar ni desarrollar tampoco un desatino  de dicho talante.   

En  efecto,  la  censura  en  modo  alguno  saldría  avante  si  en  gracia  de  discusión se entendiera que el demandante  equivocó  la  nominación  del  yerro  imputado  a  los sentenciadores, pues ni  remotamente  orientó  la  fundamentación  del  reparo  a  la  demostración de  errores  de  hecho o de derecho cometidos en la apreciación de las pruebas, con  trascendencia  además  frente  a  la  declaración  de justicia contenida en la  providencia censurada.    

Por   el  contrario,  como  precisó  la  Corporación  en  precedencia,  el  libelista  ensaya tan sólo una apreciación  personal  y parcializada de los medios demostrativos aportados al proceso, en la  que  reclama  prevalencia  para  los  testimonios de descargo obtenidos de Libio  Armando   David   Hidalgo,  Víctor  Manuel  Villota  Figueroa  y  Hugo  Noguera  Martínez,  con  sustento  en  los  cuales  asegura  indistintamente que el acto  arbitrario  e  injusto  atribuido  a  su representado no tuvo ocurrencia, que el  mismo  careció  de entidad para afectar el bien jurídico tutelado, o que obró  con  la  convicción errada de encontrarse ajustado su comportamiento a derecho,  conclusiones  enfrentadas después a las de los sentenciadores, pasando por alto  que  la simple inconformidad con lo razonado y decidido, a la que queda reducida  en  últimas  la sustentación del reproche, es propia de las instancias y ajena  a  la  casación,  como  también, que ante una controversia de tales ribetes el  criterio  de los juzgadores adquiere indefectible prevalencia al venir precedido  el  fallo  de  segundo  grado  de  la  doble presunción de acierto y legalidad.   

         En  conclusión,  al  evidenciar  el  reparo  el  vano intento del  demandante  por  prolongar  los  debates  a  la manera de una tercera instancia,  fuerza colegir que no prospera.   

         Segundo cargo.   

         La  Corte  advierte en este otro reproche similares deficiencias a  las  comentadas  tratándose  del  ataque  inicial  de la demanda, que le restan  entonces toda posibilidad de éxito.    

         En  efecto,  el  demandante  acusa  la  transgresión  directa  de  la ley sustancial por la aplicación indebida de los  artículos  2,  3,  4,  5  y  184  del  anterior Código Penal, este último que  definía  el  delito  de fraude procesal. Por lo tanto, ante una postulación de  esta  naturaleza  y  para  la  prosperidad  de  la  censura,  tenía la carga de  desarrollar  el  ataque  a  través  de una controversia estrictamente jurídica  orientada  a  demostrar  que  en  la  forma  como fueron apreciados los hechos y  analizadas  las pruebas en el fallo atacado, las normas sustanciales mencionadas  resultaron  actualizadas  en  el  caso concreto a pesar de no ser las llamadas a  regularlo.    

         Sin embargo, el casacionista margina la  sustentación  del  reproche  de  este exigido cuestionamiento de puro derecho y  parte  de  una  realidad  fáctica  diversa  de  la  atestada  en  la  sentencia  recurrida,  que plantea desde su interesada perspectiva para aducir después que  la   conducta   investigada  “no  encuadra  en  el  ordenamiento   punible  imputado”.   En  fin,  mediante  una alegación donde incluso no se esfuerza por demostrar algún error  in   iudicando  trascendente  de  los  juzgadores,  se  limita  a  formular  las  conclusiones  que  a  su  juicio  se  extraen  de  algunos  de  los  testimonios  recaudados,  concretamente,  de los rendidos por Elí Fabio Dulce Ibarra y Oscar  León Rosero.   

          Más  adelante,  en  procura  de  sus  apreciaciones  personales  y  a partir de los medios de persuasión mencionados,  el  impugnante  rechaza  los  hechos  que  la  sentencia declaró probados, para  sostener  entonces  que  el  sindicado  no  incumplió la orden impartida por la  Fiscalía  cuando  dispuso  que  la  novilla  permaneciera  bajo  la custodia de  Enrique  Díaz,  sino que retiró el semoviente de la finca de este último para  proteger  la integridad del animal ante las precarias condiciones de seguridad y  de pastaje en las que se hallaba el animal en dicho momento.   

         En  síntesis,  apartándose  por  completo  de  las exigencias de  demostración  del  dislate anunciado, el demandante esbozó su particular tesis  sobre  la forma como ocurrieron los sucesos investigados y señala los medios de  prueba  que supuestamente las sustentan, para echar de menos por esta vía en la  conducta   investigada   la  “antijuridicidad  y  la  culpabilidad” o, en otros términos, la “existencia   plena   del   dolo”;  criterios  por cuyo acogimiento propugna en esta sede extraordinaria a la manera  de  un  alegato  de  instancia, pues nada hace por desarrollar aquí el error de  lógica jurídica atribuido a los falladores.   

          No   sobra   añadir,  que  en  esta  argumentación  de  mera  inconformidad  con  la  responsabilidad  predicada del  sindicado  en  el  delito de abuso de autoridad, tampoco es posible atisbar  la  pretensión  del  censor  de  acreditar  la  infracción  mediata  de la ley  sustancial,  al  punto  que  omite  incluso  toda referencia a los análisis con  cimiento  en  los  cuales  el  Tribunal  arribó  a  unas  conclusiones del todo  diferentes  a  las  postuladas  de su parte, afianzando de este modo también el  vano  intento  de  obtener  simple  y  llanamente de la Corte la revisión de la  condena,  a  la  que  llegó el jugador ad quem tras desestimar en los términos  seguidamente  transcritos  la  eximente  de  responsabilidad  que  el demandante  sugiere a través de su discurso:   

“El  procesado  pretendiendo justificar su  comportamiento  recurre  a  la creación de una carta supuestamente dirigida por  uno  de  sus  hermanos  al  señor  ROMELIO DE JESÚS ROJAS, con la finalidad de  hacer  aparecer  que había sido autorizado por éste para retirar el animal, lo  cual  resultó  falso.   De  igual  modo se recurrió a los testigos CARLOS  JARAMILLO  y MANUEL DÍAZ, pretendiendo que estos manifestaran que el semoviente  transitaba  por  la  región sin dueño, lo que resultó fallido…” (f. 485, c.  4).   

         Por  todo  lo  anterior, como en el desarrollo del reparo el actor  se  conforma  con  someter  a  la  consideración  de la Sala las plurales tesis  defensivas,   que   enfrenta  a  la  responsabilidad  afirmada  respecto  de  su  representado en la decisión censurada, el mismo no prospera.   

         Tercer cargo.   

         El   demandante  acusa  el  fallo  de  segunda  instancia  de  ser  violatorio  en  forma  directa  de  la  ley  sustancial,  básicamente,  por  la  aplicación  indebida del artículo 220 del anterior Código Penal, que definía  el  delito de falsedad material de particular en documento público, reproche en  el  que  surge evidente la falta de interés jurídico, como lo puso de presente  el Ministerio Público y pasa considerarse seguidamente.   

         En  efecto,  de  tiempo  atrás  ha  señalado  la  Corte que para  acceder  a  la  impugnación extraordinaria, resulta indispensable que el sujeto  procesal  que  lo  presenta  haya  apelado  la  sentencia  del  a quo, exigencia  únicamente  eludible  en los eventos que también ha precisado la Sala y que no  es  del  caso  considerar en el presente asunto, pues una actitud silente denota  conformidad  con  lo  decidido y, por lo tanto, en estas condiciones mal podría  invocarse   la   causación  del  agravio  con  el  pronunciamiento  de  segunda  instancia,   que   es  el  legitimador  de  la  interposición  del  recurso  de  casación.   

         Ahora  bien,  para  determinar  la  existencia  de  este  interés  jurídico,  no basta tampoco con verificar de manera objetiva que en oportunidad  se  exteriorizó  la  inconformidad con el fallo de primer grado a través de la  alzada  propiciándose  de  este  modo  el pronunciamiento correspondiente o, en  últimas,  que  a  pesar  de  no  haberse  recurrido  se  configura  una  de las  hipótesis  en  las  que  de  todas maneras se habilita de manera excepcional la  impugnación             extraordinaria1.   Por el contrario, en  la  comprensión  adicional  de que el objeto de la casación es la sentencia de  segunda  instancia,  no la revisión integral del proceso, resulta indispensable  establecer  también  la  identidad  sustancial  en  los  aspectos  impugnados a  través de la alzada y en la casación.   

         En  otros  términos  y desde diferente perspectiva, en virtud del  principio  de  limitación  que  regía la competencia funcional del juzgador ad  quem,  al  tenor  del  artículo  217 del anterior estatuto procesal penal, bajo  cuya  vigencia  se  adelantaron las presentes diligencias, de conformidad con el  cual  sólo  podía  pronunciarse  sobre los aspectos impugnados, fuerza colegir  que  no  le  resultaba  viable  al  defensor  del  sindicado  atacar  en sede de  casación  aquellos  tópicos  que  no  quedaron  comprendidos dentro del objeto  específico  de su inconformidad, o finalmente marginados del pronunciamiento de  segunda   instancia   por   haberse   echado   de   menos  el  requisito  de  la  sustentación.   Lo  anterior,  básicamente, porque mal podría argüir en  tales  casos  la  existencia  de  un  error  del  Tribunal  sobre  una temática  sustraída por completo de su consideración.   

         Estas  reflexiones  se  plasman  frente  al  tercer  reparo  de la  demanda,  porque  a través de él el censor cuestiona en su legalidad y acierto  la  condena  dictada  en contra de su asistido GÓMEZ  LÓPEZ  como  determinador  del  delito  de falsedad  material  de  particular  en  documento  público, que el Tribunal se abstuvo de  revisar  al  advertir  que  en dicho aspecto de inconformidad con el fallo del a  quo  la  apoderada de entonces no satisfizo el requisito de procedibilidad de la  sustentación.    Las  consideraciones del ad quem fueron entonces las  siguientes:   

“De  acuerdo  a  lo  anunciado  la  Sala  considera  que  hay indebida sustentación del recurso por parte de la defensora  del  sindicado  en  lo  que  toca con el delito de falsedad materia (sic)   de  particular  en  documento  público.   En  efecto  de  la  lectura  atenta del escrito en mención por  ninguna  parte  aparece  un  ataque  a  la  decisión  impugnada ni jurídica ni  probatoriamente…”  (f.  481,  c. 1).   

         Más   adelante  y  previa  revisión  detallada  del  escrito  de  impugnación, el juzgador de segunda instancia concluyó:   

“En   este  entendimiento,  sólo  nos  referiremos  a  los  otros  puntos  que  impugna la defensora y sobre los cuales  realmente  sí  hay  una sustentación” (f. 483, c.  4).   

         Así  las  cosas, al echarse de menos el interés jurídico por la  falta  de  identidad  temática entre el aspecto impugnado en la apelación y el  propuesto en esta sede extraordinaria, el cargo se desestima.   

         Cuarto cargo.   

         La  presentación  y  el desarrollo argumentativo de esta censura,  erigida  con carácter subsidiario contra la sentencia del Tribunal al amparo de  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  adolece  de ostensibles e  insalvables  deficiencias  que  le  restan  toda vocación de prosperidad.              

          En  efecto,  en  lo  rescatable  del  planteamiento  se  discierne  que el demandante  le  atribuye al fallador la incursión en errores de hecho en la apreciación de  las   pruebas  pericial  y  documental  que  condujeron,  según  arguye,  a  la  aplicación  indebida  del artículo 220 del anterior Código Penal, entre otras  disposiciones,  norma  que definía el delito de falsedad material de particular  en  documento público, desatino vinculado a la consecuente falta de aplicación  del  artículo  445 del derogado estatuto procesal, que recogía el principio in  dubio pro reo.   

         En  esta  propuesta, sin embargo, a renglón seguido el recurrente  con  detrimento  de su claridad y evidente transgresión de los principios de no  contradicción  y  de  autonomía  de  los  motivos  de impugnación, desvió el  ataque  elevado  al  amparo  de la causal primera, apartado segundo, se insiste,  que   presupone  un  juicio  sin  reparos  en  punto  a  su  validez,  hacia  el  planteamiento  de  la  nulidad  al  sostener  la  falta  de  imparcialidad en la  búsqueda  de  los medios demostrativos; más aún y con idéntica orientación,  acusa  el  incumplimiento  del  deber de investigar con idéntico celo tanto los  hechos  que agravaban la responsabilidad del sindicado, como aquellos atenuantes  de la misma.   

          La   investigación   integral  cuyo  menoscabo  está envuelta en las referidas alegaciones del actor, constituye sin  duda  una  garantía del sindicado e integra la noción de debido proceso.   Por  tal  razón,  si  el  libelista  la estimaba vulnerada en el presente caso,  debió  plantear  tal vicio de actividad en forma separada y dentro del marco de  la   causal  tercera  de  casación,  desde  luego,  observando  las  exigencias  técnicas  de  tiempo  atrás  precisadas  por  la  Sala, de conformidad con las  cuales  le  correspondía  precisar las pruebas omitidas o dejadas de practicar,  pero  además  y  primordialmente, lo que habrían demostrado, pues es necesario  que  de  manera  fundada  y  razonable  se  establezca  que su aporte al proceso  habría  favorecido la situación jurídica del sindicado, al punto de mostrarse  ineludible  la anulación de lo actuado para permitir la práctica de los medios  de persuasión echados de menos.   

         Por  otra parte, el impugnante nada precisa en la formulación del  reparo  o  en  su  pretendida  sustentación  sobre la específica modalidad del  error  de  hecho denunciado, que se afirma recaído sobre las pruebas pericial y  documental,  esto  es,  si  lo  fue  por  los  falsos  juicios de identidad o de  existencia,   o por el falso raciocinio, perdiendo de vista que cada una de  tales  expresiones  del  error de hecho está sujeta a requisitos diferentes con  miras a satisfacer su verificación.   

         Pero  además de esta indeterminación de los errores atribuidos a  los  juzgadores,  se tiene que el demandante tampoco intentó demostrarlos en su  realidad  e  incidencia  frente  al  fallo  de condena proferido y materia de la  impugnación  extraordinaria,  al  conformarse con plantear, en primer término,  la  tesis  de  la  duda  en  torno  a  la materialidad del delito de falsedad en  documento   privado   por  el  cual  fue  condenado  el  procesado  GÓMEZ     LÓPEZ,    fincada    en  apreciaciones  puramente  subjetivas  en  relación  con  las conclusiones de la  pericia  grafológica  y  la  ampliación  de la que fue objeto la misma ante la  solicitud  de  la defensa, donde no acusa dislate alguno de los juzgadores en la  contemplación  material de dicho medio de prueba o en su apreciación, sino que  discrepa del mérito que le fue conferido.   

         Por  tal  motivo, nada diverso de la descalificación del dictamen  plantea  el  libelista  en  la  fundamentación  de  este reparo, pues todos sus  argumentos  se  perfilan a cuestionar la firmeza de las conclusiones del experto  y,  en  consecuencia,  a sostener su precario  valor probatorio, impediente  de  edificar  la certeza sobre la ocurrencia del hecho en tal experticia, según  arguye.   De  ahí  que  con  tal sentido sostenga específicamente, de una  parte,       que       la      “interposición  lineal”   no  revela  de  manera  ineluctable  la  alteración  del  documento  de  arrendamiento,  toda vez que pudo ocurrir en el  mismo  acto  de  elaboración del contrato, minutos, días o meses después, sin  que  tal  aspecto  cronológico  pueda  precisarse;  y  de  otro extremo, que la  superposición  de  un dígito en el monto de la sanción pecuniaria pactada por  incumplimiento   puede   obedecer  a  causas  diferentes  de  la  adulteración;  elucubraciones  para  las  cuales  reclama prevalencia en esta sede frente a las  conclusiones  del  fallo  recurrido, a través de una alegación sin duda propia  de las instancias.   

         En  este  particular  ataque  pasa  por  alto  además,  que  para  desquiciar  la  doble  presunción de acierto y legalidad de la sentencia del ad  quem  le  resultaba  necesario entrar a desvalorar todos los elementos de juicio  sobre  los  cuales se fundamentó la certeza de la existencia del hecho punible,  que  en  manera  alguna  aparece  edificada únicamente sobre la prueba pericial  cuestionada en la demanda examinada.   

          Así,  en  la  decisión  de  primera  instancia  que  con  la  recurrida  integran  unidad jurídica, respecto de este  punto  se  indicó  de  manera  expresa,  que  “los  experticios  mencionados no son la única herramienta con que cuenta el juzgador  para  arribar  a  la  certeza  de que el texto del contrato de arrendamiento fue  adulterado…”,     pues    las    “anomalías  antes  referidas  son ratificadas por ROMELIO ROJAS  CABRERA,   GERADO   ANTONIO   PUPIALES  y  ARTURO  DÍAZ  NAVARRO”,    como    también    a    través    de    las    “atestaciones  de  AUGUSTO GONZALO GUERRERO, JORGE ENRIQUE DÍAZ  BASTIDAS  y JAVIER GUERRERO, quienes a pesar de no haber presenciado el negocio,  si     dan     fe     que     el     señor     ROJAS    CABRERA    –  para facilitar la consecución de  un    empréstito    agrario    a    su   amigo   GÓMEZ   LÓPEZ   –  celebró  con  éste  un aparente  contrato  de  arrendamiento de un bien inmueble de su propiedad…” (fs. 402 y  403, c. 1).   

         El  defensor  acusa  también  que  el  Tribunal  no  le concedió  ningún  valor probatorio a una carta suscrita por el denunciante Rojas Cabrera,  en  la  que  atisba  el  propósito de la víctima de incriminar falsamente a su  representado  como consecuencia de la ruptura de su relación sentimental con la  progenitora  de  este último, planteamiento con el cual sugiere entonces que el  desacierto   del   fallador  consistió  en  no  tener  en  cuenta  dicho  medio  demostrativo,  es  decir,  el  falso  juicio  de  existencia  en la modalidad de  omisión de prueba.   

         En  los  fallos de instancia en realidad se soslaya todo análisis  sobre  tal  elemento  de  prueba;  sin embargo, también es cierto que el censor  dejó  a  medio  camino  el  reparo formulado, pues ningún esfuerzo intelectivo  realiza  con  miras  a acreditar la trascendencia del yerro denunciado, esto es,  no  intentó  un  nuevo  examen  del  acervo  probatorio  incluyendo el medio de  persuasión  que  aseguró  pretermitido, para acreditar de este modo que otra y  favorable  al  sindicado  habría sido la decisión de no haber mediado el yerro  acusado.   

         No  sobra  añadir  que la Sala en criterio que debe ser reiterado  ahora,  ha  sostenido  en  forma  por demás pacífica que el ataque por la vía  indirecta  impone  al  censor  el  deber  de  desvirtuar  todas  las pruebas que  constituyen  el fundamento de la decisión recurrida, al punto que si la censura  deja  vigente  una  sola  legalmente  producida  y  con  mérito suficiente para  sostenerla, surge entonces evidentemente ineficaz.   

         Adicionalmente,  el  casacionista  en  este inapropiado desarrollo  argumentativo,   donde  la  sustentación  se  desenvuelve  mediante  una  vacua  discrepancia  con  el  fallo  impugnado, sin intentar demostrar la existencia de  los  errores  de  apreciación  probatoria  anunciados al postular el reparo, el  censor  afirma  por  otra  parte  y  de manera escueta, que el documento privado  reputado  de  falso  no  fue  usado,  por  lo tanto, que mal podía afirmarse la  configuración  del  delito  definido  en el artículo 221 del anterior estatuto  punitivo,  alegación  implícitamente  enfrentada  al  criterio  opuesto de los  falladores.  En  efecto,  en  la  decisión  conclusiva  de  primera  instancia,  integrada  en  unidad  jurídica  con  la  que  fue  objeto  de  la impugnación  extraordinaria, insiste la Sala, sobre este tópico se precisó:   

“…encontramos   que   la   exigencia  tipificadora  del uso que el agente debe darle al documento privado espúreo, se  encuentra  cumplida  en  este  asunto.   Según  lo  informan  las sumarias  aportadas  al  plenario,  GÓMEZ  LÓPEZ   – a través de apoderado  –  excitó  la  justicia  civil  para  obtener  el  cumplimiento  del  contrato  de  arrendamiento,  la devolución de los dineros supuestamente entregados en virtud  de     la     cláusula     de     ‘otro  sí’  y  la  cancelación  de  la  multa alterada de $ 960.000 por parte del demandado  ROJAS   CABRERA  en  favor  del  demandante  GÓMEZ  LÓPEZ…”  (f.  399,  c.  4).   

         Asimismo,  en  otro apartado de la deshilvanada fundamentación de  la  censura,  el  casacionista en contravía de lo afirmado en precedencia y con  idéntico  laconismo  admite  el uso del documento, consistido en su aporte como  medio  de  prueba  en la actuación procesal instaurada por el acusado a través  de  apoderado  ante  la  jurisdicción civil, empero afirma que tal utilización  carece  de  efectos jurídicos al no haberse producido decisión judicial alguna  donde  se le valore como tal, sugiriendo aquí un debate estrictamente jurídico  propio de una causal diferente de la invocada.   

         En   conclusión,   ante   las  insuperables  deficiencias  atrás  advertidas,   que  la  Sala  no  puede  enmendar  en  virtud  del  principio  de  limitación, este otro reparo tampoco prospera.   

         Quinto cargo.   

         El  recurrente  invoca  la  causal  primera  de  casación, cuerpo  segundo  para  acusar  el fallo del Tribunal de la violación en forma indirecta  de  la  ley  sustancial,  derivada  de  la  errónea  apreciación  de la prueba  testimonial  sin  brindar claridad y precisión en la proposición jurídica con  la cual intenta quebrar su legalidad.    

         En efecto, además de la cita de varias  disposiciones  procesales  alusivas  a la apreciación de la prueba y de aquella  que  en  anterior  ordenamiento  instrumental recogía el principio in dubio pro  reo,  esto  es,  del  artículo  445  del  Decreto  2700  de 1991, cuya falta de  aplicación  denuncia, al postular el reproche ni en su pretendida sustentación  indicó   las  normas  de  ese  mismo  carácter  que  resultaron  indebidamente  aplicadas  en  lugar  de la última citada, al punto que no puede discernirse si  la  afirmada ausencia de los requisitos probatorios del fallo de condena, otrora  contemplados  en  el  artículo 247 ibídem, la predica de todos los delitos por  razón  de  los cuales fue hallado responsable su asistido o respecto de algunos  de ellos.   

         Las  impropiedades  que  se  confabulan  contra la prosperidad del  cargo  se  acrecientan  ante  el  escueto  desarrollo  de  la censura, porque el  demandante  perdió  de  vista  que la casación en manera alguna constituye una  instancia  adicional  donde  sin  la  técnica  que  la  gobierna resulte viable  continuar  los  debates probatorios planteados en el curso del proceso, conforme  pretende  aquí con evidencia el libelista, pues sin acreditar algún dislate de  los  juzgadores  en  la apreciación probatoria simplemente reclama preeminencia  para  su  parcial,  interesada y sesgada evaluación de los medios demostrativos  allegados al expediente.   

En  efecto,  el  libelista  sostiene  con  particular  énfasis  que  el  funcionario judicial en el análisis de la prueba  debe  observar  los  postulados  de  la  sana  crítica,  pero  tal aserto queda  reducido  a un mero enunciado que incluso de ninguna manera vincula al efectuado  en  las presentes diligencias, pues sin intentar acreditar el quebrantamiento de  las  leyes  de la ciencia, de los principios de la lógica o de las reglas de la  experiencia,   simplemente  arguye,  desde  su  personal  perspectiva,  que  los  testimonios  de  cargo  rendidos  en  autos,  débiles  e  interesados, resultan  insuficientes  para  demostrar que el acusado ÁLVARO  FRANCISO   GÓMEZ   LÓPEZ   cometió   los  hechos  investigados.   

         En  los  acápites  posteriores  plantea,  de  una parte, que esos  mismos  elementos  de  juicio  no  logran desvanecer la duda; asimismo y de otro  extremo,  el  desacierto  de  los  juzgadores  cuando le restaron todo atisbo de  credibilidad  a  las  declaraciones de descargo obtenidas de Hugo Noguera, Oscar  León  Rosero  Gómez  y  Elia  de  Gómez,  para  asignársela  en cambio a las  versiones  de  Segundo  Espinosa  y  Néstor Javier Guerrero, dependientes de la  víctima  y  sobre  quienes  gravita la vaguedad que afianza la falta de certeza  que  predica, razonamientos en los cuales revela la simple inconformidad con las  conclusiones  probatorias  de la sentencia impugnada, frente a las cuales y a la  manera  de  un  alegato  de  instancia opone su interesa valoración, insiste la  Sala,  para  la  cual  reclama prevalencia en esta sede sin esbozar ni acreditar  errores  trascendentes  en  la  estimación  probatoria  que desquicien la doble  presunción de acierto y legalidad que la ampara.   

         Así  las  cosas,  basta lo brevemente argumentado para colegir la  improsperidad  de  este  otro  cargo  y,  por  ende,  la de la demanda.  En  consecuencia, el fallo impugnado no se casará.   

         Consideraciones finales.   

La aplicación retroactiva favorable de las  disposiciones  contenidas  en  el  actual  estatuto  punitivo (Ley 599 de 2000),  frente  a  las  normas preexistentes a los hechos investigados y con sujeción a  las  cuales se profirió la condena, si hubiere lugar a ella, le compete al Juez  de   Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  de  conformidad  con  las  previsiones    del    artículo    79-7º    del    actual   estatuto   procesal  penal.   

         Contra  esta  providencia  no  procede  ningún  recurso y alcanza  ejecutoria  en  la  fecha  en la que es suscrita, al tenor del artículo 187 del  Código de Procedimiento Penal.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

        NO      CASAR      la     sentencia  impugnada.           

         Cópiese,  comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Comisión de servicio  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL           JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO             ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1 En  tal  sentido,  las  providencias de febrero 24 de 2000, M.P. Dr. Gómez Gallego,  radicado  10.809;  mayo  31  de 2000, M.P. Dr. Arboleda Ripoll; 24 de octubre de  2002, M.P. Dr. Gómez Gallego, entre otras.     

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