18397(14-05-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18397  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 52  

          Bogotá,  D.C.,  catorce (14) de mayo de  dos mil dos (2002).   

          La  Sala  se  pronuncia  sobre  la  admisibilidad  de  la demanda de  casación  discrecional  presentada  por  el  Fiscal  Delegado  ante el Tribunal  Superior  de  Pereira  contra  la  sentencia  de fecha enero 26 del pasado año,  mediante  la cual la Corporación citada confirmó parcialmente la proferida por  el  Juzgado Promiscuo del Circuito de La Virginia en las diligencias adelantadas  contra  JOSÉ  ARLEY  VALENCIA PIEDRAHÍTA.   

HECHOS  

          En la mañana del 29 de febrero de 2000,  las  autoridades  policiales  interceptaron  al  individuo identificado después  como   JOSÉ  ARLEY  VALENCIA  PIEDRAHÍTA,  cuando transitaba en actitud sospechosa por el sector de la calle  10  con  carrera  5A  de  la población de La Virginia (Risaralda), quien al ser  sometido  a  la  correspondiente  requisa  fue sorprendido en el porte ilegal de  varias  escopetas  de  diferentes  características  y  ofreció  dinero  a  los  uniformados    a    cambio   de   su   libertad,   según   atestiguaron   estos  últimos.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          1.    La   Fiscalía   Seccional   de  La  Virginia  abrió  la  investigación,    vinculó   en   indagatoria   al   aprehendido   VALENCIA   PIEDRAHÍTA   y  resolvió  su  situación  jurídica  el  9  de marzo de 2000 con detención preventiva por los  delitos  de  cohecho  por  dar  u  ofrecer  y  porte ilegal de armas de fuego de  defensa     personal.                     

          Clausurado el ciclo instructivo y agotado  el  término  para  las  alegaciones  correspondientes, en providencia del 12 de  junio  de  2000 el instructor elevó acusación en detrimento del sindicado como  autor  de  las  conductas  punibles  imputadas  en  la  medida de aseguramiento,  confirmada  el  27 de julio siguiente por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  Superior  de  Pereira,  al pronunciarse sobre la alzada incoada por el apoderado  del sindicado.   

          2.   El  Juzgado Promiscuo del Circuito de La Virginia celebró  la  audiencia  pública  y  en  fallo  del  17  de noviembre de 2000 condenó al  procesado      VALENCIA     PIEDRAHÍTA  a  las penas principales de cuatro (4) años de prisión, multa de  trece  millones  cinco  mil  pesos  ($13.005.000)  y  el  decomiso  de las armas  incautadas  como  autor  de  los  delitos  de  cohecho por dar u ofrecer y porte  ilegal  de  armas de defensa personal, fallo contra el cual la defensa interpuso  y sustentó oralmente el recurso de apelación.   

          La  inconformidad  del  impugnante  fue  resuelta  por  el  Tribunal  Superior  de  Pereira  en  sentencia  del  26 de enero de 2001, mediante la cual  confirmó  la  condena  dictada por el porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal,  en  tanto que absolvió al acusado del cargo erigido en su contra por  el  ilícito  de cohecho por dar u ofrecer, fijándole en definitiva una pena de  dieciocho (18) meses de prisión.   

          3.   Ejecutoriado el fallo de segundo grado con sujeción a las  previsiones  de  la Ley 553 de 2000 en ese entonces vigente, dentro del término  establecido  en  ella  y  con desplazamiento del funcionario acusador que venía  actuando  en las presentes diligencias en calidad de sujeto procesal, verificado  al  amparo  de  las  facultades  otrora  conferidas  en el artículo 125-3º del  Decreto  2700  de  1991, un Fiscal Delegado ante el Tribunal Superior de Pereira  presentó  la demanda de casación excepcional que centra la actual atención de  la Sala.   

LA IMPUGNACIÓN  

          El  Fiscal  acude  a  la  casación  excepcional  en protección del  derecho  fundamental  al  debido  proceso,  consagrado  en el artículo 29 de la  Constitución   Política   y   que  implica  dentro  de  sus  varios  elementos  axiológicos  la  exigencia  de  una  sentencia  motivada,  sea  condenatoria  o  absolutoria.   En  el primer caso, en aras del derecho de defensa, mientras  que  tratándose de la segunda, para la efectividad del derecho sustancial y con  miras  a  preservar  el derecho de los demás sujetos procesales así como de la  comunidad en general en el acceso a la administración de justicia.   

          Así  se  deriva  además, afirma el libelista, de la naturaleza del  Estado  Social  y Democrático de Derecho, de los fines esenciales del mismo, de  la   prevalencia  de  la  Constitución,  del  reconocimiento  de  los  derechos  inalienables  de  la  persona  y  del necesario estímulo a la ciudadanía en la  colaboración  para el buen funcionamiento de la administración de justicia, al  tenor   de   los   artículos   1º,   2º,  4º,  5º  y  95-7º  de  la  Carta  Política.   

          Precisa  que  la  fundamentación  del  fallo  no exige “cuantiosos     folios     en    la  redacción”,   sino  el  análisis  serio  y  ponderado de las pruebas y de la normatividad jurídica que  sustenta  tal  providencia  judicial;  asimismo,  que  la inobservancia de dicho  requisito   configura  una  causal  de  nulidad,  como  se  ha  admitido  en  la  jurisprudencia  de esta Sala (sentencia de noviembre 5  de      1997,     M.P.     Dr.     Fernando     Arboleda     Ripoll).   

          Más  adelante,  al  trasladar  los anteriores derroteros al caso de  autos,  el  demandante destaca que en relación con la absolución por el delito  de    cohecho    se    configuró    “una      ausencia      absoluta      de     motivación”;    transcribe  los apartes  de  la  sentencia  atacada  que  contienen  la sustentación del pronunciamiento  censurado,  y  colige   finalmente, que la falta de certeza afirmada por el  Juzgador  ad  quem  reivindicaba  unos “juicios  de  valor  ponderados  y  concomitantes  con  el análisis  probatorio  y  del  derecho  para  arribar  así  a  la  absolución”,  que  no  pueden  atisbarse  en  las  escuetas  motivaciones del Tribunal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1.   Sea  lo  primero  advertir,  que  en el presente asunto el  examen  sobre  la  procedencia  de  la casación excepcional y el discernimiento  sobre  la  satisfacción  de  los  requisitos que normativamente la condicionan,  debe  verificarse  con fundamento en la preceptiva vigente para las fechas de la  sentencia  y  de  interposición  de  la  casación,  esto  es,  al tamiz de las  disposiciones  otrora  contenidas  en  la  Ley 553 de 2000, bajo cuya existencia  jurídica   se   realizaron;   criterio   cimentado,  reitera  la  Sala,  en  la  consideración  de que “en  eventos  como el examinado, donde ningún señalamiento específico verificó la  Corte  Constitucional  sobre  dicho  aspecto al contrastar la armonía de la Ley  553  de  2000  con  la  Carta  Política,  fuerza  concluir  que  los  fallos de  inconstitucionalidad  de varias de sus disposiciones surten efectos a futuro, es  decir,  no  son  retroactivos, lo que implica, de una parte, que las actuaciones  posteriores  deben  ajustarse a sus postulados, pero además, y de otro extremo,  por  elementales motivos de seguridad jurídica, el respeto de la presunción de  legalidad  de  las  actuaciones  cumplidas al amparo de las normas retiradas del  ordenamiento   jurídico.    En   otros   términos,   las   sentencias  de  inexequibilidad  en  modo  alguno  afectaron  las  situaciones  consolidadas con  precedencia   a   su  notificación…”  (auto de julio 23 de 2001, M.P. Dres. Álvaro O. Pérez Pinzón y  Edgar Lombana Trujillo, rad. 18.463).   

          2.   Partiendo  de  la anterior premisa, al tenor del artículo  218  del  Decreto  2700  de 1991, subrogado por el artículo 1º de la precitada  Ley  553  de  2000,  la  casación  excepcional procede contra las sentencias de  segunda  instancia  distintas  de  las  susceptibles  de  la común u ordinaria,  cuando   la   Corte   lo   considere  “necesario  para  el  desarrollo de la jurisprudencia o la garantía  de    los    derechos   fundamentales”,  desde  luego,  siempre  “que  reúna  los  demás  requisitos exigidos en la ley”.   

          Pues  bien,  tratándose  en  el  caso  de  autos  de  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Pereira  al  resolver  el recurso de  apelación  interpuesto  por  la defensa contra el fallo de primer grado dictado  por  el  Juzgado  Promiscuo  del Circuito de La Virginia, en delitos que tenían  señaladas  en  el  estatuto  punitivo  preexistente  a  su  comisión  una pena  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  no  excedía  de  los  ocho años de  prisión,  fuerza  concluir  entonces  que se trata de pronunciamiento que puede  ser objeto del medio extraordinario de impugnación referido.   

          3.   Por otra parte, tampoco desde la óptica de la legitimidad  ofrece  cuestionamiento  alguno  la  casación  excepcional  propuesta,  pues el  precitado  artículo  1º  de  la  Ley  553  de  2000, modificatorio del 218 del  estatuto  procesal otrora vigente, a diferencia de lo que acontecía en el texto  original  de este último, habilitó a “cualquiera      de      los      sujetos     procesales”,   entre   ellos   al  Fiscal,  para  plantearle  a  la Corte la necesidad de su intervención frente a las sentencias  ajenas  a  la casación común, bien en aras del desarrollo jurisprudencial, ora  en garantía de los derechos fundamentales.    

          En  otros  términos,  a partir de la Ley 553 de 2000, por virtud de  la  regulación  mantenida  en el artículo 205 de la codificación instrumental  penal  actual,  el  Fiscal  del  proceso ostenta legitimidad para interponer los  recursos  ordinarios  y  extraordinarios,  condición  sin  duda  atisbada en el  libelista,  pues  mediante  resolución  expedida con sustento en las facultades  concedidas  por  el  artículo  125-3º  del  Decreto 2700 de 1991, desplazó al  funcionario  que  intervino  en  la  fase del juicio asumiendo desde entonces la  calidad   de   la   cual   se   deriva  su  habilitación  para  acudir  a  esta  sede.   

          Ahora   bien,  similar  predicamento  se  estructura  en  punto  del  interés  jurídico,  pues  intenta  la casación excepcional contra el fallo de  segunda  instancia  en  cuanto  revocó  de  manera  parcial  el  dictado por el  juzgador  a quo, esto es, respecto de la absolución con la que se favoreció al  procesado      VALENCIA     PIEDRAHÍTA  frente  al  cargo  imputado  por  la  Fiscalía  en la resolución  acusatoria  como  autor  del punible de cohecho por dar u ofrecer; en síntesis,  pretende  el ataque exclusivamente en relación con los intereses que representa  como sujeto procesal.   

          4.   Además,  a  la  atención  de  la  Sala  no escapa que la  demanda  del  Fiscal  fue  presentada  dentro  del  término  establecido  en el  artículo  6º de la Ley 553 de 2000, con simultáneo allegamiento de un escrito  orientado  a fundamentar de antemano la viabilidad de la impugnación propuesta;  en  fin, que ningún reparo suscita la casación excepcional examinada desde los  requisitos  de  procedencia,  oportunidad, legitimidad e interés jurídico para  recurrir.   

          Pero  la satisfacción de los anteriores  presupuestos  en  modo  alguno obliga a darle curso, porque como lo ha precisado  la  Sala  en  forma  reiterada  y  pacífica,  al  casacionista  le  corresponde  demostrar  también  la  concurrencia  de  una de las causales que determinan la  discrecionalidad  de  la Corte frente a dicho instituto, concretamente, insiste,  que  su  intervención surge necesaria para el desarrollo de la jurisprudencia o  la  garantía  de  los  derechos fundamentales, a tal punto, que en el evento de  ser  incumplida  dicha  constatación  o  de  resultar  precaria o deficiente la  argumentación  esbozada con ese específico fin, se impone la inadmisión de la  demanda  sin  que  haya  lugar  al  examen  formal  de  la  misma, puesto que la  justificación    de    la    impugnación   constituye   requisito   previo   e  ineludible.   

            5.  En el presente asunto, el Fiscal  Delegado  ante  el  Tribunal  Superior de Pereira reivindica la garantía de los  derechos  fundamentales,  esto es, opta por uno de los supuestos establecidos en  la  ley  para  la  procedencia  de  la casación excepcional.             

           Deslindó   también,  el  que  estima  quebrantado  pues adujo el imperativo de mantener incólume en estas diligencias  el  debido  proceso,  alegación  en  la cual integró las normas superiores que  afirma   tienen  relación  con  el  mencionado  derecho;  sin  embargo,  en  el  desarrollo  del  motivo  así  argüido  el  impugnante  no  logró demostrar la  necesidad  de  la  intervención  excepcional  reclamada de la Corte con miras a  preservar  dicha  garantía,  más aún, de sus propias elucubraciones se diluye  tal circunstancia.   

          En  efecto,  el  Fiscal  le  atribuyó  al  fallo  del  Tribunal  la  ausencia   absoluta  de  fundamentación  del  pronunciamiento absolutorio,  esto  es,  en lo que respecta al cohecho por dar u ofrecer imputado al procesado  VALENCIA  PIEDRAHÍTA  en el  pliego  de  cargos,  pero a renglón seguido admite con apego al contenido de la  sentencia  impugnada,  que  esta decisión del ad quem en manera alguna resultó  inmotivada  y  reseña  las  consideraciones  que  la  sustentan para centrar el  invocado  menoscabo  del debido proceso, ante esa incontrastable realidad, en la  supuesta  precariedad  de  las  motivaciones de la sentencia, derivada no de una  motivación  insuficiente  a  tal punto que resulte imposible determinar cuáles  fueron  sus  fundamentos, sino en el entendido que por la naturaleza exonerativa  de   la   misma  se  imponían  unos  “juicios  de  valor  ponderados  y  concomitantes  con  el análisis  probatorio    y    del    derecho…”.   

           En   síntesis,  el  censor  lejos  de  encaminarse  demostrar  que  el  juzgador  ad quem prescindió de las razones de  índole  probatoria  y  jurídica  que  cimentaron la absolución del sindicado,  deficiencia  a  la  cual  se  contrae en verdad el vicio de actividad denunciado  aquí  como  vulnerador del derecho fundamental al debido proceso y, menos aún,  a  poner  en  evidencia  la existencia de la argumentación precaria en últimas  sugerida,  es  decir,  de mera apariencia de sustentación al no dejar traslucir  las  razones  que soportan la exculpación, simplemente reveló su inconformidad  frente  al  pronunciamiento  favorable  al  incriminado,  en  particular, con el  análisis    probatorio    del    Tribunal   y   sus   conclusiones   en   dicho  punto.   

          Resta   añadir   por   último   y   con   idéntica   orientación  argumentativa,  que  si bien el juzgador de segundo grado en las consideraciones  transcritas  por  el  casacionista  no  se  explayó  en  la apreciación de las  pruebas  incorporadas a los autos, de manera que se ofrece un tanto lacónica la  sustentación  del  fallo  absolutorio, de ella surgen precisos y claros en todo  caso   los   motivos   que   lo   determinaron   a   exonerar   a   VALENCIA  PIEDRAHÍTA  por  el  delito  de  cohecho  por  dar  u ofrecer, que de trasfondo el impugnante aspira a cuestionar  en  la  sede  extraordinaria  perdiendo de vista que una censura de este talante  escapa  del  ámbito de la absoluta ausencia de motivación alegada para caer en  el  terreno  de  la  controversia  probatoria,  ajena  por completa al instituto  excepcional en comento.   

          Ciertamente,  el  Tribunal  coligió  la  insularidad  de  la  versión  policial  que  da cuenta de la comisión de dicho  ilícito  y  la  precariedad de la misma para forjar las exigencias sustanciales  de  la  condena,  pues estima que la demostración inequívoca del hecho punible  requiere   de  la  demostración  de  “unas   situaciones   concretas,  específicas  de  las  cuales  sea  necesario  concluir  la  configuración  de lo prescrito en el artículo 143 del  C.P.”, que no encuentra en  la  prueba  de  cargo,  respecto  de  la cual afirma que constituye “un  simple enunciado del ofrecimiento  sin  otros  elementos  de  más  vuelo  y  alcance  que  conduzca a la certeza y  convicción  de  la  oferta.   Lo  existente,  más  lo  que  se afirma con  relación  a  la madre y al dinero llevado al Cuartel, no colman esas exigencias  normativas…”.   

          Así  las  cosas,  concluye la Sala, del  propio  escrito  a  través del cual se pretendió justificar la impugnación se  establece  que  la garantía cuya protección se reclama en realidad no resultó  quebrantada,  y  al  alejarse  entonces  el  demandante  de  las finalidades que  inspiran  la  casación  excepcional  la  demanda  no podrá ser admitida por la  Sala,  lo  cual conduce a declarar desierta la impugnación mediante providencia  contra la cual procede el recurso de reposición.   

          En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          NO   ADMITIR   la  demanda  de  casación  excepcional  presentada en las presentes diligencias por el Fiscal Delegado ante  el Tribunal Superior de Pereira.   

          Cópiese,  notifíquese y devuélvase al  Tribunal de origen.  Cúmplase,   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   E.   ARBOLEDA   RIPOLL                             JORGE   E.   CÓRDOBA   POVEDA              

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                                         CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE   A.   GÓMEZ   GALLEGO                           ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO           

CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                           NILSON PINILLA  PINILLA                             

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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