16998(19-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  16998   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

Aprobado   Acta   No.  201   

          Bogotá,  D.C.,  diecinueve (19) de diciembre de dos mil uno (2001).   

VISTOS  

          Se  ocupa  la  Sala  del  estudio  de  los requisitos formales de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Johanna Marya Manzur Harf.   

         

HECHOS  

          Sucedieron  en Cali el  14  de junio de 1995, aproximadamente a la 7 de la noche, en la intersección de  la  calle  39  con  carrera  11,  cuando el vehículo Renault 4, modelo 1986, de  placas  NGA-  066,  conducido por la joven Johanna  Marya  Manzur  Harf,  colisionó  con la motocicleta Suzuki AX 100 de placas DN-223, en la  que    se    movilizaba   el   señor   Argemiro   Abad      Buitrago  García.  A  consecuencia del accidente pereció el señor  Buitrago  García y resultó lesionada la señora Elsa Gloria Gil Rendón, quien  iba como pasajera en el puesto delantero del automóvil.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          1.        El  27  de Junio de 1995, la fiscalía ordenó la apertura y el 4 de  julio  siguiente  escuchó  en  indagatoria  a  Johanna  Marya  Manzur  Harf, a quien le resolvió su situación  jurídica       absteniéndose       de       imponerle      medida      de  aseguramiento.   

2.  Cerrada  la  instrucción,  calificó el  mérito  del  sumario  el  20  de  mayo  de  1997. Acusó a la procesada por los  delitos  de homicidio y lesiones personales culposas. Apelada esta decisión, la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior de Cali la confirmó el 6 de marzo  de 1998.   

          3.        La  etapa  del  juicio  fue  adelantada  por el Juzgado 21 Penal del  Circuito  de  Cali,  despacho  que  el  18  de  septiembre  de  1998 decretó la  cesación  de  procedimiento  a favor de la procesada en relación con el delito  de  lesiones  personales   por  indemnización  integral. El 14 de julio de  1999,la  condenó a dos años de prisión, multa de $1.000.00, interdicción del  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas, así como a la suspensión en el  oficio  de  conducir  por el término de un año como autora del  delito de  homicidio  culposo;  igualmente la condenó al pago de 200 gramos oro a favor de  los  hermanos  del  occiso  por  concepto  de  indemnización  y le concedió el  subrogado   de   la   suspensión   condicional   de   la   ejecución   de   la  pena.   

          4.        Apelada  la sentencia, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Cali la confirmó el 4 de octubre de 1999.   

          El  defensor  interpuso  el recurso de casación el 13 de octubre de  1999 y presentó en tiempo el escrito correspondiente.   

LA  DEMANDA   

          El  defensor invocó la causal primera de casación, cuerpo segundo.  Dijo  que  la  sentencia era violatoria de la ley sustancial “al incurrirse en  error  de  hecho  motivado en falso juicio de identidad; en cuanto hubo error de  convicción”,  que llevó al Tribunal a aplicar indebidamente el artículo 247  del  Código  de  Procedimiento Penal anterior y a dejar de aplicar el artículo  445 ibídem.   

          Como  desarrollo  del  reproche expuso:   

          a)   El   Tribunal  interpretó   erróneamente   el  croquis  del  accidente,  pues  la  señal  de  “PARE”  que en él se registra está dirigida a los vehículos que salen por  la  carrera  11  para  acceder  a  la calle 39 y, por lo tanto, no obligaba a la  procesada,  dado  que  ésta  marchaba por la calle 39 para tomar la carrera 11,  que es de doble vía.     

          b)   La  defensa  no  discute  que el motociclista tuviera la prelación en el cruce. Lo que cuestiona  es  el  fundamento  probatorio  en que el Tribunal se apoya para sostener que la  incriminada  omitió  hacer  el  “pare”,  pues  se  basa  en  una equivocada  interpretación  del croquis del accidente y en el testimonio del señor Richard  Nelson  Salazar  Escárraga,  el cual considera que a la luz de las reglas de la  sana   crítica   no   merece   ninguna   credibilidad,   dadas  las  múltiples  contradicciones  en  que incurre y los serios elementos que permiten inferir que  no fue un testigo presencial de los hechos.   

          c) Considera que dadas  las  falencias  referidas  en relación con las pruebas de cargo, debe aceptarse  la  exculpación  de  la  procesada  en  el  sentido  de  que fue prudente en la  maniobra  del cruce pero que hubo factores externos que impidieron que observara  al  motociclista,  tales  como  la mala iluminación , la poca visibilidad, y el  hecho   de   que  aquél  marchara  a  gran  velocidad  y   con  las  luces  apagadas.   

CONSIDERACIONES   

          En  atención  a  que  la demanda no reúne los requisitos formales,  regidos  por la normatividad vigente al momento de la emisión de la sentencia y  que  acompaña  todo  este  trámite,  será  inadmitida. Estas son las razones:   

          Sostiene el censor que  el  Tribunal  incurrió  en  errores  por  falso  juicio  de identidad porque se  equivocó  al  interpretar  el  croquis  del  accidente y le dio credibilidad al  testimonio  de  Richard  Nelson  Salazar  Escárraga, no obstante sus múltiples  contradicciones  en  relación  con  las  circunstancias  en  que ocurrieron los  hechos  y  los  elementos que permitían inferir que no fue realmente un testigo  presencial del siniestro automovilístico.   

          Hace  coexistir,  en  consecuencia,  en  el  marco  del  mismo  cargo,  los errores de hecho por falso  juicio  de  identidad  y por falso raciocinio, circunstancia que no coincide con  la lógica.   

          En    efecto,   es  cierto   que estos dos tipos de equívocos están referidos a los medios de  prueba,  pero  cada  uno  de  ellos  obedece  a diversa naturaleza y acontece en  momentos  lógicamente  distintos.  Mientras  que  el  primero  (falso juicio de  identidad)  es  de  carácter  objetivo,  contemplativo, versa sobre la realidad  material  de  la  prueba  y  surge  cuando al apreciarla se falsea su expresión  literal  poniéndola a decir lo que su texto no reza, el segundo es de carácter  valorativo  y   ocurre  cuando el juzgador no obstante apreciar el medio de  persuasión   en   su  exacta  dimensión  objetiva,  al  analizarlo  se  aparta  manifiestamente de los postulados de la sana crítica.   

          Pero con independencia  de  ser  contradictorio  el enunciado del cargo, observa la Sala que el defensor  no  desplegó  ningún  esfuerzo  argumentativo  tendiente  a  demostrar la real  existencia  de  uno  u  otro  tipo  de yerro, pues no superó el escenario de la  simple   discusión   sobre   la  interpretación  del  croquis  referido  y  la  credibilidad  otorgada  a  la  prueba  testimonial  invocada;  simplemente opuso  sus   conclusiones  personales  a  las  de  los falladores, al estilo de un  escrito de instancia.   

          No  expresó de manera  clara  y  precisa, mediante las indicaciones correspondientes, qué es lo que en  concreto  dicen  los  elementos de convicción aludidos, qué afirmaron de ellos  los   falladores,   en   qué   forma   fueron   tergiversados,   cercenados   o  adicionados   cada  uno  de  tales medios haciéndoles producir efectos que  objetivamente  no  se  establecen  de  ellos  y,  lo  más  importante, cuál la  repercusión  definitiva  de  su  adulteración  en la decisión adoptada por la  justicia.   

          Tampoco indicó cuál o  cuáles  principios  lógicos,  leyes  científicas  o  reglas de la experiencia  fueron  mal  interpretadas  por  el  Tribunal  en  la estimación de las pruebas  referidas  y,  por supuesto, al no hacerlo, mal podía arribar a la consecuencia  elemental  de  la  demostración  del yerro,  es decir, a comprobar cuál o  cuáles  reglas  de  la  experiencia, la lógica, el sentido común y la ciencia  han debido ser  las utilizadas.   

                   En realidad no  hizo  otra cosa que cuestionar la valoración dada por los falladores al croquis  elaborado   por   el  “Guarda  Bachiller”  y  la  credibilidad  otorgada  al  testimonio   de   Richard   Nelson   Salazar  Escárraga,  al  que  califica  de  contradictorio  y  mentiroso,  para  concluir que el accidente no se debió a la  imprudencia  de  la  imputada  sino  a  la  falta  de  cuidado del motociclista,  debiendo  por  lo  tanto  prevalecer la versión del procesado, en virtud del in  dubio pro reo.   

          En  tales  circunstancias,  al señalar el actor como error de hecho  el  grado  de  credibilidad  que  le  otorgó  el  juzgador  a  las  pruebas, es  claro   que  comete  grave error conceptual. Olvidó que ante la abolición  del  sistema  de  tarifa legal para la evaluación de las pruebas, esta tarea la  debe  asumir  el  sentenciador  únicamente con sujeción a los principios de la  sana  crítica,  persuasión  racional  y  de  la  lógica,  por lo cual la mera  “credibilidad” ya no es, de suyo, censurable en casación.   

    

          Tampoco tuvo en cuenta  que  el yerro en la apreciación judicial del mérito de las pruebas no surge de  la  simple disparidad de criterios entre la valoración realizada por los jueces  y  la  pretendida  por  los sujetos procesales, sino de la comprobada y grotesca  contradicción  entre  aquella y las reglas que informan la valoración racional  de  la  prueba.  Si un contraste de tales características no se presenta porque  los  juzgadores,  en  ejercicio de esta función, han respetado los límites que  prescriben  las  reglas  de  la  sana  crítica, será su criterio, no el de las  partes,  el  llamado a prevalecer, por virtud de la doble presunción de acierto  y    legalidad    con    que    está   amparada   la   sentencia   de   segunda  instancia.   

          Lo  anterior  es suficiente para concluir que en el desarrollo de la  censura  no  se  demostró ningún error en concreto en el que haya incurrido el  Tribunal.  Sus  fundamentos  carecen  de  nitidez  y  exactitud;  constituyen un  discurso  marginal  y de libre elaboración a los planteamientos de la sentencia  y  a  la  valoración  probatoria  realizada  por los juzgadores, comportamiento  defensivo  que  hace impróspera la demanda, pues la casación no es una tercera  instancia  en  la  que  continúe  libremente  el  debate probatorio.  Este  naturalmente  es  posible,  sólo  que su referente obligatorio es la sentencia,  sus   fundamentos  y  sus  declaraciones,  lo  cual  implica  destruir  total  o  parcialmente  su  lógica  y  ello,  como es obvio, exige mostrar el error o los  errores que condujeron al desacierto judicial.   

          Por  último,  obsérvese, cómo el casacionista afirma que el error  llevó  al  Tribunal  a  aplicar  indebidamente  el artículo 247 del Código de  Procedimiento  Penal  y a no aplicar el artículo 445 del mismo. Sin embargo, se  le  escapó  que  la primera norma no es sustancial, y en cuanto a la segunda no  intentó  desarrollar lo más mínimo de la “presunción de inocencia” y del  “in  dubio  pro  reo”, principios que escasamente menciona para ubicarlos en  las disposiciones citadas.   

          Como  el censor no desplegó una labor ajustada a los requerimientos  de las formas casacionales, su demanda debe ser inadmitida.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

          Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de  Johanna Marya Manzur Harf. En  consecuencia, declarar desierto el recurso interpuesto.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno   

Retornar  la  actuación  al  Tribunal  de  origen.   

         

Cópiese y cúmplase.  

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA  ESCOBAR   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL          JORGE ENRIQUE  CÓRDOBA    POVEDA                         

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS         CARLOS AUGUSTO  GÁLVEZ  ARGOTE                   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO         EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO            

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN         NILSON   E.  PINILLA  PINILLA                                

TERESA     RUIZ  NUÑEZ   

Secretaria    

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