16990(12-03-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16990  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 37  

         Bogotá, D.C., doce (12) de marzo de dos  mil uno (2001).   

         Examina la Sala los requisitos formales  de   la   demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  del  procesado  JOSE   LEONARDO   GONZALEZ  RONDON     con    el    fin    de    determinar   la   admisibilidad   del  recurso.   

HECHOS . ACTUACION PROCESAL  

          1.   En  la  noche  del  23  de  agosto de 1997, agentes de la  Policía  Nacional  adscritos  a la estación Tisquesusa de la localidad de Suba  fueron  informados  por Pedro Barragan Rodríguez y el menor Edgar Neira Toscano  acerca  de la violación que en esos momentos se perpetraba en el interior de un  vehículo de servicio público en la calle 131 con autopista norte.   

          Los   uniformados   acudieron  a  dicho  sector  donde  encontraron  parqueado   el   bus  de  placas  SCH  837,  y  dentro  de  él  a  JOSE    LEONARDO    GONZALEZ    RONDON  parcialmente  desnudo y sobre el cuerpo de María Pastora Guerrero Moreno, quien  despojada  de su ropa interior luchaba por liberarse del mencionado sujeto luego  de haber sido accedida carnalmente.   

          2.   La  Fiscalía  225  de  la  Unidad  de  delitos contra la  libertad   sexual   inició   la  investigación  y  a  ella  vinculó  mediante  indagatoria  al  capturado GONZALEZ RONDON,  a  quien  se  le  impuso  detención preventiva sin beneficio de  excarcelación  por el delito de acceso carnal violento descrito y sancionado en  el  artículo  298  del  Código  Penal,  modificado por el 2º de la Ley 360 de  1997.   

         Clausurado  el  sumario  el  instructor  calificó  su  mérito  en  providencia  del  18 de diciembre de 1997, en la que  elevó  acusación  contra el sindicado como autor del hecho punible imputado en  la medida de aseguramiento.   

          Celebrada  la  audiencia pública, el Juzgado 52 Penal del Circuito  de  Bogotá  en  congruencia con la resolución enjuiciatoria profirió el fallo  de  primera  instancia  mediante  el  cual  condenó  al  procesado GONZALEZ  RONDON  a la pena principal de  ocho  (8)  años  de  prisión,  confirmado  el  3  de septiembre de 1999 por el  Tribunal  Superior  de  esta  misma  ciudad al resolver el recurso de apelación  impetrado por la defensa.   

Inconforme  la apoderada del sentenciado con  la   determinación  del  ad  quem,  en  forma  oportuna  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y presentó la demanda correspondiente sobre cuya  admisión le corresponde decidir ahora a la Corte.   

LA DEMANDA  

         Con  apoyo  en  la  causal  primera  de  casación  del  artículo  220  del  C. de P. P., cuerpo segundo, por violación  indirecta  de  la  ley sustancial, la demandante anuncia cuatro cargos contra la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  pero  que  finalmente concreta en tres,  conforme pasa a reseñar la Sala.   

          1.   El  primero lo hace consistir en el error de hecho en que  incurrió  el  juzgador ad quem en la apreciación del testimonio de la ofendida  María  Pastora  Guerrero  y  que  en  opinión  de la casacionista presenta los  siguientes aspectos:   

       Por   una   parte,  la  tergiversación  en  la  sentencia  “del contenido  fáctico  de la expresión lanzada por la propia ofendida, con la inmediatez del  suceso  causal,  sobre  el  presunto  acceso carnal violento, desfiguración del  testimonio  constitutivo de un falso juicio de valoración”; por la otra, al haberle concedido credibilidad  a  la  citada “cuando dicho  testimonio  no era creíble…por ser contradictorio, inverosímil, incoherente,  mentiroso  y  proveniente  de  la persona con mayor interés moral en el proceso  dada    su    condición    de   ofendida”.   

          En  la  sustentación  inicial  de la censura la defensora no alude  siquiera  al  contenido  de la declaración de la víctima, sino que reseña las  versiones  de los policías que le brindaron auxilio, en cuanto atestiguaron que  la  agraviada María Pastora Guerrero relató no haber sido accedida carnalmente  pues  el  sujeto capturado simplemente eyaculó sobre ella, y asegura a renglón  seguido  entonces, que el Tribunal a través de una apreciación errónea de los  relatos  de  los uniformados coligió que de ser cierta tal manifestación de la  víctima  la  misma  fue  producto del temor, conclusión que resulta carente de  realidad,  según  afirma,  dado que el procesado ya había sido aprehendido por  los agentes.   

          En  otro  aparte  la  demandante  confronta las declaraciones de la  denunciante,  en las que afirmó la consumación de la relación sexual, con las  comentadas  aseveraciones  de  los  policías y sostiene que el dicho de aquella  resulta  “contradictorio,  mentiroso  y  acomodado,  pues  …lo  afirmado en el primer momento que en sana lógica se entiende es lo  que  en  realidad  ocurrió,  finalmente  es  presentado  como  consumación del  delito,  mostrando  de manera palmaria el contraste entre la versión originaria  de  la  señora y el alcance que el Tribunal le confiere en el fallo”.   

          Con  fundamento  en los raciocinios reseñados la libelista critica  la  credibilidad  concedida  por  el  ad quem al testimonio de la ofendida en lo  atinente  a  la  penetración  sexual,  máxime  que  el  dictamen ginecológico  también  genera  duda  sobre  ese  aspecto  y  permite  por  ende  encuadrar el  comportamiento juzgado en la tentativa.   

          2.   El  segundo y tercer reproche los deriva de la denunciada  apreciación  errónea de los testimonios de los agentes de la Policía Nacional  Luis  Carlos  Ramírez  Gil y Fredy Escobar González, quienes declararon que la  víctima  en los instantes posteriores a la captura del sindicado les manifestó  que el acceso carnal no alcanzó a consumarse.   

          Al  concretar el yerro si bien indica que estos medios de prueba no  fueron  tenidos  en  cuenta  en  la  condena  emitida contra el procesado, en la  consideraciones  siguientes precisa que en realidad el Tribunal no les confirió  credibilidad  por  informar  de  “oídas una simple  manifestación,  producto  de  la  tensión  en  que  se  encontraba la víctima  después del hecho”.   

         Después,  en la reseña del fundamento  probatorio  de la sentencia impugnada vuelve sobre dicho punto para sostener que  ninguna  razón  existe  para  no  conceder  eficacia  a  las deponencias de los  uniformados,  por  consiguiente,  que  en  el  peor  de  los casos sólo resulta  posible  atribuirle  al  acriminado  responsabilidad  penal en una tentativa del  acceso  carnal  violento,  aunque  en  su  opinión y de acuerdo con el dictamen  ginecológico  en  el  que  se  concluyó  la  simple  manipulación genital, la  conducta   se   adecuaría   a   los   actos   sexuales   diversos   del  acceso  carnal.   

          Así  las  cosas,  concluye,  no  existe  la  certeza exigida en el  artículo  247 del Código de Procedimiento Penal “y  en  consecuencia  no  caven (sic) interpretaciones subjetivas y caprichosas como  las que hace el juzgador de instancia”.   

         3.   En  el  cargo  final  la demandante reprocha la errónea  apreciación  del  dictamen  ginecológico  practicado  a  la  ofendida; y en la  sustentación  del  ataque  afirma  de manera escueta que con fundamento en este  experticio  médico,  modificado  posteriormente  por  el perito aduciéndose un  error  involuntario,  el Tribunal dedujo en forma equivocada la consumación del  acceso carnal.   

         Por  último,  en  relación  con  los  cargos  dos  a  cuatro  del  libelo,  la apoderada advierte que la prueba no fue  valorada   en   “su  justa  dimensión”  pues  fueron  unánimes  los  testigos  que  auxiliaron  a la  ofendida en señalar que ésta afirmó no haber sido penetrada.   

        4.  La defensora  pretende  de  la Corte en el evento de encontrar éxito la censura en esta sede,  que  se  case  el  fallo  impugnado  y  en  su  lugar  se  profiera la sentencia  sustitutiva  que  condene  al  procesado  GONZALEZ      RONDON     como  autor  del  acceso  carnal violento en grado de tentativa, o  por el delito de actos sexuales diversos del acceso carnal.   

CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

         1.  La Corte reitera una vez más  que   la  casación  no  constituye  una  tercera  instancia  en  la  que  pueda  pretenderse  la  continuidad  de  los debates probatorios planteados en el curso  del  proceso;  adversamente,  como  se  trata  de un juicio técnico – jurídico  encaminado  a  obtener  la  invalidación  de  la sentencia proferida en segunda  instancia,  amparada por la doble presunción de acierto y legalidad, la demanda  respectiva  debe  satisfacer las exigencias de forma y contenido contempladas en  el   artículo   225  del  estatuto  procesal  penal  para  que  resulte  viable  admitirla.   

         2.   Trasladada esta apreciación  al  presente  asunto,  de  la  revisión  previa  del  libelo  presentado por la  apoderada  del  procesado GONZALEZ RONDON  surge  evidente  el  incumplimiento  de tales requisitos, por lo  tanto,  será  rechazado  con  la  consecuente  declaratoria  de  deserción del  recurso  extraordinario  incoado, no sin advertir ante la decisión anunciada en  estos  términos,  que  de conformidad con el artículo 18 transitorio de la Ley  553  de  2000  el presente asunto no se rige por las disposiciones contenidas en  ella,    pues   la   impugnación   fue   propuesta   con   antelación   a   su  vigencia.   

         3.  En efecto, ningún reparo presenta  la  demanda  en  cuanto  a  la identificación de los sujetos procesales y de la  sentencia  objeto  de la impugnación, en la síntesis de los sucesos que fueron  materia  del  juicio,  en  el  resumen  de  la  actuación  procesal  cumplida o  tratándose   del   señalamiento  de  la  causal  de  casación  invocada  para  desquiciar  el  fallo  o  en  la  mención  de  las  disposiciones  que  estimó  infringidas,  pues  a  pesar  de  la  aislada  cita  que  se  hizo  de  la norma  instrumental  contenida  en el artículo 247 del Código de Procedimiento Penal,  la  defensora endilgó a la decisión del ad quem la aplicación indebida de los  artículos  21,  22 y 298 del Código Penal, estas sí de naturaleza sustancial;  sin  embargo,  una  situación del todo diferente se predica en relación con el  deber  que  le  asistía  a  la  recurrente  de indicar en forma clara, precisa,  coherente  y  lógica  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  que brindaban  sustento  a cada uno de los reproches elevados al fallo recurrido, conforme pasa  a examinarse.   

         4.   Así,  cuando se alega la violación indirecta de la ley  sustancial  por errores de hecho o de derecho en la apreciación de las pruebas,  resulta  imprescindible que en la demanda se concreten los desaciertos imputados  y  se señale su incidencia en el fallo recurrido, señalando cómo la decisión  habría  sido  de  diverso sentido y favorable a la parte impugnante de no haber  mediado los yerros denunciados.   

         De  otra parte, en cuanto interesa para el actual examen, el error  de  hecho  puede  presentar las siguientes modalidades:  el falso juicio de  existencia  que  se  estructura  cuando  se  ignora  un  medio de prueba legal y  oportunamente  allegado  al proceso o cuando se supone uno inexistente; el falso  juicio  de  identidad,  surgido  de la tergiversación, adición o cercenamiento  del  contenido  objetivo de un medio de prueba; y el falso raciocinio, cuando el  juzgador  al  apreciar el medio probatorio viola las reglas de la sana crítica;  expresiones  del  error  de  hecho  que  en  su alegación son incompatibles, es  decir,  no pueden confundirse so pena de caer en contradicciones insalvables con  desconocimiento  de  la  limitación  establecida  en  el  parágrafo  final del  precitado  artículo  225  del  estatuto penal adjetivo, que únicamente permite  formular   cargos   excluyentes   si   se   plantean   de   manera   separada  y  subsidiaria.   

         5.   La  demandante con inobservancia de estos requerimientos  arguye  en  primer término la errada apreciación del testimonio de la ofendida  María   Pastora  Guerrero,  derivada  de  la  tergiversación  de  “su   contenido   fáctico”,  sin  embargo,  en  lugar de cotejar las intervenciones de la afectada durante la fase  instructiva   del   proceso  con  las  manifestaciones  que  le  endilgaron  los  juzgadores  de  instancia para demostrar por esa vía la alegada distorsión del  alcance  objetivo  de  dicha prueba, como en rigor se imponía ante la anunciada  modalidad  del yerro, centró el posterior desarrollo argumentativo del reproche  en  la  versión  extrajudicial  que  suministró  la víctima a los agentes del  orden  que  acudieron  a  auxiliarla,  recogida  obviamente  en  unos  medios de  persuasión  diferentes  de  aquél  que  aseguró fue objeto del desacierto del  Tribunal  en  la  estimación  probatoria,  esto es, en las declaraciones de los  agentes de la Policía Nacional que conocieron del caso.   

         En  otros  términos,  denunció la tergiversación del testimonio  de  la  agraviada, así como aludió a sus manifestaciones en el proceso y a las  suministradas  con  antelación  al inicio del trámite a los uniformados que la  auxiliaron,  pero  no  para  acreditar  de ese modo la alteración del contenido  objetivo  de  la  prueba en la sentencia atacada, sino para poner de presente la  presunta  contradicción  en  esos  relatos de la ofendida Guerrero, pues en los  instantes  postreros a la captura del acriminado, según afirma, a diferencia de  lo  que sostuvo de manera insistente en la actuación penal, la víctima relató  a  los  representantes  del  orden  que  el  acceso  carnal  no había alcanzado  consumación.   

          Pero   además  de  esa  precaria  y  deficiente  presentación  del  ataque,  la  impugnante  incurrió además en el  defecto  técnico  de  desviar la censura, que insinúo orientada a acreditar un  falso  juicio  de  identidad,  se  insiste, al ámbito de la credibilidad que el  Tribunal  le  concedió  al  dicho de la denunciante Guerrero, pero sin intentar  siquiera  tampoco  aquí  la  demostración  de  algún  desatino concreto en la  estimación  de  dicha  prueba,  pues  simplemente se dedicó a descalificar las  declaraciones  juramentadas de aquella a través de afirmaciones genéricas, por  ende, sustraídas de una específica y seria sustentación.   

              Así las cosas, el reproche se  traduce  en  las  meras  apreciaciones  personales o subjetivas de la demandante  sobre  la  credibilidad  que  merecía el dicho incriminativo de la denunciante,  que  contrapone  a  las conclusiones a las cuales arribó el Tribunal en torno a  dicho  medio persuasivo, evidenciando la indebida pretensión de continuar en la  casación  el  debate  probatorio  propio  de  las  instancias; postulación que  resulta  inadmisible  en  la  sede extraordinaria, además, ante la facultad que  tienen  los falladores para apreciar los medios de convicción con sujeción tan  sólo a las reglas de la crítica.   

         5.  Otro  tanto  acontece  con el cuestionamiento formulado por la  impugnante  a  la  valoración  de los testimonios de los agentes de la Policía  Nacional  Luis  Carlos  Ramírez  Gil y Fredy Escobar González, donde el ataque  también  se  evidencia insuficiente y contrario a la técnica que gobierna a la  casación.   

         Efectivamente,  si  bien la demandante  destaca  de  antemano  que  tales deponencias no fueron tenidas en cuenta por el  Tribunal  al  proferir  el  fallo  condenatorio  en  detrimento  de su asistido,  orientando  el  ataque hacia el falso juicio de existencia por omisión de estas  pruebas,  a  renglón  seguido  y en forma incoherente admitió que el análisis  del   fallador   ad  quem  si  comprendió  esos  medios  de  convicción,  pero  asignándoles  en  la  sentencia recurrida una eficacia diversa de la que estima  se deriva de ellos y de la cual obviamente disiente.   

         Por  tal  razón,  también  este  otro  reproche  se desarrolla a  través  de  las  particulares consideraciones de la impugnante sobre el mérito  persuasivo  de  esos  elementos  de  prueba,  que  enfrenta de manera escueta al  análisis  del  Tribunal con el propósito de obtener su revaloración por parte  de  la  Corte  como  si  se tratara de una tercera instancia, perdiendo de vista  además,  que  el  fallo  de  segundo  grado  se encuentra amparado por la doble  presunción   de   acierto  y  legalidad,  motivo  por  el  cual  se  resiste  a  planteamientos como los que expone.   

          6.    El   ataque  final  a  la  valoración  del  dictamen  ginecológico  de  la  víctima  resulta  aún  más  incompleto.    

         Ciertamente,  la libelista aseguró en  forma  escueta  que  el  Tribunal dedujo de él de manera errada la realidad del  ataque  violento  “que concluyó con la violación  sexual”,  pero  no explicó ni demostró la razón  de  sus aseveraciones dejando sumida la censura en ese confuso y vago enunciado;  más  aún,  en  el  aparte  destinado a la demostración del cargo entremezcló  este  reproche  con  los  restante elevados al fallo, no para acreditar el yerro  argüido  sino  para  confrontar  la  pericia médica con los testimonios de los  agentes  de  la  Policía  Nacional  e  imponer  de  ese modo, una vez más, sus  particulares  apreciaciones sobre el acervo probatorio frente a las esbozadas en  la  sentencia impugnada en una alegación propia de la instancias y por completo  ajena a la casación.   

         7.    Los   razonamientos  de  la  impugnante  acerca  de  la  trascendencia  de los errores denunciados tornan aún más deficiente la demanda  en  cuanto  a la técnica que rige el recurso extraordinario interpuesto, pues a  partir  de  ellos  deriva  en  forma  simultánea conclusiones contradictorias y  excluyentes,  en concreto, que de no haberse configurado habrían determinado la  condena   del  procesado  por  el  acceso  carnal   violento  en  grado  de  tentativa;  la  declaratoria  de  responsabilidad  penal  por  el delito de acto  sexual  violento,  sin mención siquiera a la norma sustancial que lo describe y  reprime;  incluso,  insinúa  la  absolución del sindicado al echar de menos la  certeza  reivindicada  en  el  artículo  247  del  C.  de  P.P.  para  el fallo  condenatorio.   

         8.  En síntesis, de la revisión  previa  del  libelo  surge  evidente la inobservancia de los requisitos formales  contemplados  en el artículo 225 del estatuto penal adjetivo en lo que respecta  a  la  fundamentación  de  los  cargos  denunciados, en consecuencia, se impone  rechazar   la   demanda  y  declarar  desierto  el  recurso  para  dar  estricto  cumplimiento  así  a  las  previsiones originales del artículo 226 ibídem, se  insiste.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

         RECHAZAR la  demanda  de  casación  presentada  por  la apoderada del procesado JOSE   LEONARDO  GONZALEZ  RONDON,  en  consecuencia, declarar desierto el recurso interpuesto.   

Contra este auto no procede ningún recurso  en  virtud  de  lo  dispuesto  en los artículos 197 y 226 del estatuto procesal  penal.   

         Cópiese,  comuníquese,  cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                         JORGE  E.  CORDOBA  POVEDA   

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE                     JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                      ALVARO O. PEREZ PINZON   

NILSON    PINILLA   PINILLA                                        MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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