15809(19-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 15809  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                          Magistrado ponente:   

                                          Nilson Pinilla Pinilla   

                                          Aprobado Acta N° 102   

Bogotá,  D. C., julio diecinueve (19) de dos  mil uno (2001).   

ASUNTO  

Se procede a resolver la casación interpuesta  en     defensa     del    procesado    IVÁN    SOTO  JIMÉNEZ,  contra  la  sentencia del entonces Tribunal  Nacional  que  confirmó, con algunas modificaciones, la condena impuesta por la  conservación  ilícita  de  armas  de  fuego  de  uso  privativo de las fuerzas  armadas.   

HECHOS  

El  24  de   septiembre  de  1989,  del  Distrito  de  Policía  de  Palmira  fueron  hurtados  4  fusiles “Galil”, 4  proveedores  y  100  cartuchos  calibre 7.62 para dicha arma, objetos que fueron  recuperados  el 26 de los mismos en el inmueble habitado por PEDRO JOSÉ ESCOBAR  MURIEL,  quien  sostuvo  que  tales  elementos  le fueron dados a guardar por el  dragoneante de la Policía Nacional MIGUEL ÁNGEL HERRERA MUÑOZ.   

Adelantadas  las  primeras  averiguaciones se  estableció  que  en  el  mes de agosto del mismo año, habían sido sustraídos  otros  2 fusiles “Galil”, armas que HERRERA MUÑOZ llevó a la casa de IVÁN  SOTO   JIMÉNEZ,   para  ocultarlas  por  algunos  días,  hasta  cuando  fueron  retiradas,  a  cambio  de alguna suma de dinero, para destinarlas a una finca en  Tuluá,   donde   probablemente   serían  empleadas  en  la  vigilancia  de  un  laboratorio dedicado a la producción de estupefacientes.   

ANTECEDENTES  PROCESALES   

El  Juzgado  Ochenta  y Siete de Instrucción  Penal  Militar  de Cali abrió investigación, oyó en indagatoria, entre otros,  a  IVÁN  SOTO  JIMÉNEZ y PEDRO JOSÉ ESCOBAR MURIEL y el 19 de octubre de 1989  decretó  su  detención  preventiva por encubrimiento y receptación, ordenando  compulsar  copias  para  que  la jurisdicción ordinaria se ocupara de asumir el  asunto  en  relación  con los anteriores, en tanto prosiguió la investigación  sobre  los agentes de la Policía Nacional que resultaron comprometidos (fs. 242  a  273  cd. 1); la medida de aseguramiento fue modificada el 3 de agosto de 1990  por  el Juzgado Segundo de Orden Público de Cali, en el sentido de tipificar la  conducta  investigada en la infracción al artículo 13 del decreto 180 de 1988,  “fabricación  y  tráfico  de  armas  y  municiones  de  uso privativo de las  fuerzas militares o de policía nacional” (fs. 384 a 388 ib.).   

Luego  de  declarada  una  nulidad,  cerrada  nuevamente  la  instrucción  y  ya  en  vigencia  del decreto 2700 de 1991, una  Fiscalía   Regional  de  Cali  dictó  resolución  de  acusación,  el  20  de  septiembre  de  1993,  contra  PEDRO JOSÉ ESCOBAR MURIEL e IVÁN SOTO JIMÉNEZ,  por  infracción  al  artículo  2°  del  decreto  3664  de 1986, adoptado como  legislación  permanente  por  el  1°  del  decreto 2266 de 1991 (fs. 455 a 463  ib.).   

Correspondió  a  un Juzgado Regional de Cali  adelantar  el  juicio y, efectuada la citación para sentencia, el 17 de febrero  de  1998  condenó  a  PEDRO  JOSÉ  ESCOBAR  MURIEL  e IVÁN SOTO JIMÉNEZ como  autores  del  delito  por el cual habían sido acusados, imponiéndoles 42 meses  de  prisión y de interdicción de derechos y funciones públicas (fs. 284 a 308  cd. 2).   

El  fallo fue apelado por el defensor de SOTO  JIMÉNEZ  y  el  14 de agosto siguiente el entonces Tribunal Nacional, asumiendo  además  en  consulta,  aumentó  a  PEDRO  JOSÉ  ESCOBAR  MURIEL  e IVÁN SOTO  JIMÉNEZ  la  prisión  y  la  interdicción  a  54 meses y confirmó lo demás,  mediante  sentencia  que  es  objeto de casación, sustentada por el defensor de  SOTO JIMÉNEZ.   

LA  DEMANDA   

Al amparo de la causal primera de casación es  formulado el único reproche al fallo impugnado, así:   

El  demandante  sostiene  que la sentencia es  violatoria  de  los  artículos  31 de la Constitución Política y 17 y 217 del  Código    de    Procedimiento    Penal,    que   proscriben   la   reforma   en  perjuicio.   

Manifiesta  que  en  primera instancia, IVÁN  SOTO  JIMÉNEZ  fue  condenado  a  la  pena  principal  de 42 meses de prisión,  sanción  que  fue  incrementada en segunda instancia a 54 meses, a pesar de que  el  fallo lo recurrió únicamente su  defensor, de manera que al decidirse  la  alzada  en  perjuicio  de  quien  la promovió, la decisión del Tribunal es  contraria a los preceptos citados.   

Agrega  que  la peligrosidad del agente de la  policía  MIGUEL  ÁNGEL  HERRERA  MUÑOZ  no se apreció ni valoró, cuando tal  persona  amenazó  con  dejar “dichos paquetes en casa de su señora madre”,  de  manera  que  SOTO  JIMÉNEZ y su esposa actuaron bajo insuperable coacción,  “de  un  grupo delincuencial conocido y liderado por el propio cuñado de Soto  Jiménez”.   

Por  lo  anterior,  solicita  casar  el fallo  impugnado  por  ser  violatorio  de  la  “ley sustantiva como resultado de una  interpretación  subjetiva  y errónea de la ley en relación con la valoración  integral  de  los  testimonios que afectaron a mi representado”, y reformar la  duración  de  la  pena  para dejar vigente la de 42 meses de prisión fijada en  primera instancia (fs. 132 a 137 cd. Tribunal).   

CONCEPTO  DEL  MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador  Primero Delegado en lo Penal,  encargado,  estima  que  la  demanda  no está llamada a prosperar y, por tanto,  solicita no casar la sentencia impugnada.   

Recuerda que la jurisprudencia ha considerado  que  al  escoger  como  vía  de  ataque  en  casación  la  causal primera, por  violación  que  considera  directa  de  la  ley  sustancial, el demandante debe  admitir  los  hechos  y  la valoración probatoria a la que arribó el juzgador,  pues  el  debate  en  esta  última  materia  debe  ser  alegado a través de la  violación  mediata  de  la ley sustancial, cuerpo segundo de la causal primera.   

Manifiesta  que  el  censor  desconoció  el  principio  de  autonomía  de  las  causales  de  casación, en cuanto de manera  antitécnica  hizo la formulación de reproches bajo una misma censura. Además,  sólo  enunció  el  cargo  sin  emprender ninguna demostración; no obstante lo  anterior,  las  pruebas  que  el  defensor  echa  de  menos  sobre  la  presunta  coacción,  sí  fueron  consideradas por el Tribunal, sólo que las apreció en  sentido  opuesto  a  las  pretensiones  del  censor,  citando  al efecto algunos  apartes del fallo impugnado.   

Comenta  que  la  gravedad  y modalidades del  hecho  permitían  el  incremento  punitivo  que  hizo  el ad quem, pues en esas  condiciones  no  partió  del  mínimo  señalado  en  el  tipo  penal, sino que  facultado   legalmente,   dado  el  grado  jurisdiccional  de  la  consulta  que  procedía,  agravó la pena, toda vez que podía resolver sin limitación alguna  sobre la providencia revisada.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

1.-  El  demandante sostiene que se violó la  proscripción  de  la  reformatio  in  pejus, al aumentar el Tribunal la pena al  apelante único.   

El  tema  ya  ha  sido  definido  por  esta  corporación,  que  en  diversas  oportunidades  ha  reiterado, últimamente con  discrepancias,  que  la  prohibición  del  cambio  en  peor  no es un postulado  absoluto,  sometido como está al principio  de legalidad, lo mismo que por  el  grado  jurisdiccional de consulta, que no es un recurso y al estar inspirado  en  el  interés  general,  tiene  carácter  imperativo, da competencia plena y  permite  al  superior  funcional  de  quien  ha  proferido  ciertas providencias  judiciales  revisar su legalidad, control que no queda sometido a la voluntad de  los  sujetos  procesales,  ni  al  arbitrio  del  juez,  pues  opera por mandato  legal.   

En  cambio,  los recursos son potestativos de  los  sujetos  procesales,  están  basados  en  el  interés  específico  y  la  competencia  por  el  factor  funcional  es  limitada.   Las  partes pueden  recurrir  de acuerdo con su albedrío y el ad quem sólo revisa los aspectos que  son materia de impugnación.   

Es el recurso el que le otorga al superior la  competencia,  por  el  factor funcional, mientras que en la consulta se adquiere  por  ministerio  de  la ley. En la impugnación el juez tiene la limitante de no  poder  referirse  a  aspectos no recurridos, mientras el grado jurisdiccional es  ilimitado  y no se restringe porque también medie apelación, estando facultado  el  funcionario  para  revocar  o modificar la providencia en cualquier sentido,  aún en perjuicio del procesado.   

Es claro que los dos institutos son distintos  y  que  no  deben  combinarse  para crear un tercer mecanismo de revisión de la  legalidad  de  las  sentencias,  por  fuera de la Constitución y la ley, que ha  mantenido  la  consulta  como  implemento adicional para tratar de contrarrestar  los  riesgos  de  impunidad  o  lenidad  en  la lucha contra delitos de especial  lesividad.  Tampoco  la  alzada se estableció para que las partes impidieran la  aplicación  de  las  normas  que  consagran  la  consulta,  que opera con o sin  apelación,  pero  la  interposición  de ésta, así fuese amañada, vendría a  dejar  sin  efecto  los  plausibles objetivos de aquélla, de prosperar la tesis  minoritaria.   

Frente  a  la  interpretación exegética del  artículo  206  del  Código de Procedimiento Penal, modificado por el artículo  29  de  la  ley  81  de  1993,  que  acomoda  la  conclusión de que recurrir la  providencia  consultable  deja  sin lugar su examen oficioso por el superior, la  Corte  ha  venido  sosteniendo  como  en  providencia del 21 de octubre de 1998,  radicación 13.419, M. P. Fernando Arboleda Ripoll:   

“La     expresión     ‘son consultables cuando contra ellas no  se      hubiere      interpuesto      recurso      de     apelación’,    utilizada    en   normatividades  anteriores  (ley  17  de  1975,  art.  1°  y  Decreto 050 de 1987, art. 210), e  incorporada  hoy con algunas variantes en el texto del artículo 29 de la ley 81  de  1993, tenía entonces razón de ser porque el recurso de apelación otorgaba  competencia  al  ad  quem  para  conocer  sin  limitaciones  de  la  providencia  impugnada  (ley  17 de 1975, art. 3° y Decreto 050 de 1987, art. 538), tornando  por  contera  innecesaria  la  consulta,  e  imprimiéndole a ésta un verdadero  carácter subsidiario.   

Frente  a  la normatividad actual, en que el  recurso  de  apelación  otorga competencia al superior para decidir únicamente  sobre  los  aspectos  impugnados,  una  consideración  de  esta  índole pierde  vigencia,  no  siendo  posible  postular  que  la  consulta es subsidiaria de la  apelación.   

La supletoriedad del instituto de la consulta  ha  de  ser  entendida  en  relación con los aspectos que no han sido objeto de  apelación  y  sin  que la interposición del recurso comprometa la potestad del  ad  quem,  derivada  de  la  ley,  de  poder  reformar sin limitación alguna la  decisión  consultada,  aún  en  los  aspectos  impugnados  y  en perjuicio del  procesado.”   

Considerar que la Constitución estableció un  esquema  político  individualista  y  estimar  que  la consulta debe examinarse  dando  prevalencia  al  beneficio  personal,  es  desconocer  que  se basa en el  interés  general y la primacía de éste es uno de los principios fundantes del  Estado   social   de   derecho  colombiano,  según  su  artículo  primero.  La  interpretación  del  articulado  que consagra este instituto debe efectuarse de  acuerdo   con   ese   criterio   y   hacer  operante  la  preponderancia  de  lo  social.   

A pesar de que la consulta y la apelación son  mecanismos  que permiten la aplicación del precepto constitucional que consagra  la  doble  instancia,  tienen  contenidos  y  efectos distintos, que permiten su  diferenciación,   sin   que   la   segunda  pueda  interferir  sobre  el  grado  jurisdiccional  dispuesto  por  mandato  de  la  ley  y  previsto  en  la propia  Constitución (art. 31).   

En  la consulta, en virtud de la normatividad  vigente,  que  fue  hallada  exequible  por  la Corte Constitucional (C-449/96 y  C-583/97),  el  ad  quem conoce de todos los aspectos de la decisión revisada y  puede   modificarla   o  revocarla,  así  fuere  en  perjuicio  del  procesado,  interpretación  que  guarda armonía integral con lo dispuesto por el artículo  31  de  la  Carta,  que consagra dicha dualidad y únicamente a la apelación le  impone   la   restricción   de   la   reformatio   in   pejus,  pero  no  a  la  consulta.   

En  resumen,  la consulta se constituye en un  mecanismo  imperativo  de  revisión  de  la  legalidad  de  ciertas decisiones,  distinto  de  la  apelación,  establecido  por  el  legislador  por  motivos de  interés  público, que se surte por ministerio de la ley, sin que la extensión  de  ese  control quede a discreción de los sujetos procesales, de manera que la  competencia  del  ad  quem  no  depende  de si se haya apelado, por uno o varios  sujetos  procesales,  ya que conserva la facultad de revisar de manera ilimitada  y  en  todos  sus  aspectos  la  providencia  que  se somete a su conocimiento y  agravar,  si  es  el  caso,  la  situación  del  procesado,  así  sea apelante  único.   

2.- Al cargo único que se acaba de tratar, el  demandante  hizo  un  agregado  que  no guarda coherencia con la violación a la  prohibición  de  la  reforma  en  perjuicio  que  planteó y que lejos está de  estructurar  la  formulación de otro reparo que deba ser encarado por la Corte.   

En  este punto, resulta atendible la crítica  que  le  hace  el  Ministerio  Público  al recurrente y que la Sala prohija, en  tanto  la  jurisprudencia tiene definido de antaño que tratándose de la causal  primera  de  casación,  son  dos  modalidades de ataque a que se refiere la ley  (art.  220-1  C.  de  P.  P.),  la  primera  como  violación  directa de la ley  sustancial,  cuya demostración aleja toda discusión en torno a las situaciones  fácticas  o  probatorias  contenidas  en  el  fallo, porque en estos eventos el  debate  que  se  suscita en esta sede es estrictamente jurídico, vinculado a la  aplicación      o      comprensión      de     las     normas     –aplicación    indebida,   falta   de  aplicación  o  interpretación  errónea-; y la segunda como violación mediata  de  la  ley  sustancial,  que  por estar sustentada en errores manifiestos en la  apreciación  de  la  prueba,  permite  confrontar  su  formación,  aducción y  estimación.   

En tales supuestos, el censor debe especificar  la  clase de error e indicar la norma de derecho sustancial violada mediatamente  por  el  yerro  probatorio,  sin  omitir  la  explicación  de  la forma como la  irregularidad  pudo  haber  incidido en la declaración de justicia contenida en  el fallo.   

En   el   escueto  agregado  el  demandante  incumplió  con  ese  deber,  pero  al  margen  del  mismo,  no es cierto que la  justificación  vertida  por  SOTO  JIMÉNEZ  no  fuera  tenida en cuenta por el  Tribunal,  que  sí  se  ocupó de ella pero para restarle mérito, en la medida  que  recibidas  las  armas  de  su  cuñado, dragoneante de la Policía Nacional  Miguel  Angel  Herrera  Muñoz,  el  sindicado  en  cuya  defensa se impugna las  conservó  en  su  residencia por largo tiempo, no intentó denunciar el hecho y  sin  reparo  las  entregó  a  quienes  llegaron  a pedirlas de parte de Herrera  Muñoz,  comportamiento  que, según el ad quem, “a la luz de la sana crítica  corresponde  más  al  asumido por el partícipe delictual que a sabiendas de la  ilicitud  en  que  está  incurriendo  orienta  su  proceder  en dirección a la  comisión  de  una conducta sancionada por la ley, conservando armas de fuego de  uso  privativo  de  las  fuerzas  militares”  (f.  53  cd. segunda instancia).   

En mérito de lo expuesto y oído el concepto  del  Ministerio  Público,  la  Corte  Suprema  de Justicia en Sala de Casación  Penal,  administrando  justicia en nombre de la República y por autoridad de la  ley,   

RESUELVE:  

NO  CASAR la sentencia condenatoria objeto de  impugnación.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO       E.     ARBOLEDA  RIPOLL                              JORGE             E.             CÓRDOBA  POVEDA               

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                   CARLOS                              AUGUSTO                              GÁLVEZ  ARGOTE            

         Salvamento de voto   

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                           

         No   hay   firma                                                                    No hay firma   

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN              NILSON   PINILLA  PINILLA                             

Salvamento  parcial  de  voto                  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

  Secretaria  

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO  

(Casación 15.809)  

         

Señores Magistrados:  

          Como  lo  dije  en Sala con todo respeto, me aparto de la decisión  tomada  en  cuanto  observo  que  ha sido violado el principio constitucional de  prohibición  de  la  Reformatio in Pejus en cuanto el Juez de segunda instancia  aumentó   al   procesado   la   pena  de  prisión,  con  el  argumento  de  la  “consulta”.  Como  reiteradamente lo he dicho en diversos salvamentos, en la  sentencia  de  segundo grado no es posible incrementar la sanción o imponer una  pena  no  determinada por el A-quo cuando el procesado sea apelante único, como  tampoco   en   razón   de  la  consulta.  En  breve  síntesis  estas  son  las  razones:   

          1.   Como  se  dijo,  la  prohibición  mencionada  es  un  derecho  constitucional,  fundamental  y  por  lo  tanto,  por  ningún  motivo puede ser  cercenado,  ni  siquiera  con  el  argumento  de  que  el principio de legalidad  también es constitucional.   

          2.  En materia de interpretación constitucional, como se sabe, las  reglas  generales  de  interpretación  jurídica son insuficientes, de donde se  desprende  que  ante  el  conflicto  de  derechos  de  ese orden, se debe acudir  preferencialmente  al  criterio  de  la  ponderación o balanceo. Siendo así el  parangón  entre  legalidad  y  prohibición  de  la reformatio in pejus lleva a  concluir  que  en  un  Estado  social  y  democrático  de  derecho prima éste,  primero,  porque nuestra Carta sigue dando mayor importancia al hombre, sobre la  sociedad  y  el  Estado; y segundo, porque los derechos fundamentales del hombre  son  inalienables  y  de  preeminencia,  como  manda  el  artículo  5°  de  la  Constitución.  Como  la  prohibición de la reformatio es un derecho del hombre  mientras  la  consulta,  se dice existe en pro del interés general, no hay duda  que ésta debe ceder ante una impugnación.   

          3.  Cuando  se  trata de un conflicto entre consulta e impugnación  tampoco  surge  incertidumbre  en  cuanto  ésta  desplaza a aquella pues por su  origen  la  consulta ha sido un mecánismo instituido para que el funcionario de  segunda  instancia  conozca  la decisión de primera instancia en aquellos casos  en  los  cuales los sujetos procesales no han apelado. Por lógica y por sentido  común  si  un  sujeto  procesal  interpone  el recurso el juez de segundo grado  tiene  que  limitarse  exclusivamente  al interés del impugnante. De otra parte  como  la  consulta  se  ha  previsto  en  resguardo  de la generalidad y para la  Constitución  es  más  importante  la  individualidad,  cualquier conflicto se  tiene que resolver en protección de ésta.   

          4.  No  obstante,  de  acuerdo  con nuestra normatividad si alguien  aparte  del  procesado recurre en apelación en contra de la situación de éste  sí  es  posible desmejorarla por la potísima razón de que el segundo grado se  alcanza  por  el  interés  de  otro u otros sujetos procesales. Responsabilidad  grande  tienen  ante  el  país,  por  ejemplo,  el  Ministerio  Público  y  la  Fiscalía,  entre otras cosas, para objetar decisiones ilegales, responsabilidad  que   no   compete   y   no   tiene   porque   asumir   la   Corte   Suprema  de  Justicia.   

          5.  No  sobra  tener  en  cuenta  que  la búsqueda de retorno a la  legalidad,  en  la  que  tanto  enfatiza  la  Sala, de una parte, no es de mayor  trascendencia  que  la prohibición de la reformatio in pejus y, de la otra, que  si   ese   fuera   el   argumento,   jamás   procedería  la  prohibición  del  empeoramiento,  por  cuanto,  en últimas, todo se reduciría a violación de la  legalidad,  lo  cual  haría superflua la prohibición constitucional al veto de  la reformatio in pejus.   

          6.  Dígase,  por  último,  que  ya  que  todo  el  país habla de  “sistema  procesal  acusatorio” es hora de reflexionar recordando que uno de  los   requisitos   estructurantes   esenciales  de  este  tipo  de  proceso  es,  precisamente,  “la  prohibición de la Reformatio in Pejus”. Siendo así, no  sobra  recordar  que  el  principio  acusatorio,  con  todo  aquello  que  le es  inherente, ha sido recogido por la Constitución Política.   

          En consecuencia la sentencia ha debido ser casada.   

De los Señores Magistrados  

Seguro  Servidor   

Álvaro  Orlando Pérez  Pinzón   

    

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