16855(09-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  16855   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 73  

Bogotá,  D.C,  nueve  de  julio  de  dos mil  dos.   

V    I   S   T   O  S   

Procede  la Sala a examinar las formalidades  básicas  de  la  demanda  de casación presentada por el defensor del procesado  EDICSON  CALLE  CASTRO  en  relación  con  el  fallo  de  segundo  grado  de  fecha  mayo  31  de 1999, por  cuyo   medio   el Tribunal Superior de Cúcuta confirmó la condena de  cuatro  (4)  años  de  prisión  y  multa  por  la  suma de un millón de pesos  impuesta  en  primera  instancia  por  su  responsabilidad penal en el delito de  peculado por apropiación.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

         Los  hechos  investigados  en  este  proceso  fueron denunciados por  Genner   Samuel  Benítez,  Director  de  la  oficina  de la Caja de Crédito Agrario Industrial y Minero de  Saravena,  Arauca,  atribuyendo a su antecesor EDICSON  CALLE  CASTRO,  quien desempeñó el cargo desde el 17  de  septiembre de 1992 hasta el 20 de septiembre de 1995, haber incurrido en una  serie   de   irregularidades   en   detrimento  del  patrimonio  de  la  entidad  consistentes  en  el  otorgamiento  de  créditos, negociaciones de sobremesas y  concesión   de  sobregiros  por  encima  de  los  límites  autorizados  y  con  desconociendo  de  las  reglamentaciones  correspondientes.  La  cuantía  de la  ilicitud se estableció finalmente en la suma de $12.500.000.oo.   

          La  investigación  por  estos  hechos  fue asumida por la Fiscalía  Cuarenta  Delegada de Saravena, autoridad que después de practicar una serie de  diligencias  previas,  formalizó la apertura de instrucción el 9 de octubre de  1996  y  recibió  indagatoria  al  imputado  EDICSON  CALLE  CASTRO  y mediante  resolución  de  marzo  4  de 1997 resolvió su situación jurídica. Cerrada la  investigación,  el  7  de  noviembre de 1997 se acusó formalmente al procesado  por el delito de peculado por apropiación .   

          Realizada  la  audiencia pública, el Juez Promiscuo del Circuito de  Saravena,  según sentencia del 25 de enero de 1999, condenó al procesado CALLE  CASTRO  a  las  penas  principales  de  cuatro  (4) años de prisión y multa en  cuantía  de  un  (1)  millón  de  pesos,  así como a la sanción accesoria de  interdicción  de  derechos y funciones públicas por tres (3) años, como autor  del delito de peculado por apropiación.   

          Impugnado  el  fallo  tanto  por  el  procesado como su defensor, el  Tribunal  Superior  de Cúcuta resolvió lo pertinente en la sentencia del 31 de  mayo  de  1999, por medio de la cual confirmó íntegramente la condena impuesta  en la providencia revisada.   

LA    DEMANDA    DE  CASACIÓN   

          Cinco  cargos contra la sentencia impugnada presenta el defensor del  procesado EDICSON CALLE CASTRO, en los siguientes términos:   

          Cargo primero   

          Bajo  el  auspicio  de  la  causal  tercera  del  artículo  220 del  anterior  Código  de Procedimiento Penal, acusa la sentencia de haberse dictado  en  un  juicio  viciado de nulidad por irregularidad sustancial que sobrevino en  la  etapa  instructiva  desde el allegamiento del informe del C.T.I. No. 054 del  27  de  junio de 1997 al haberse omitido sobre el mismo el trámite señalado en  el  artículo  270 idem, así  como lo ordenado en la providencia de marzo 4 de 1997 cuerpo 2º.   

          En  orden  a  la  demostración  del  cargo  aduce que en materia de  contradicción  de  la prueba, la omisión del traslado a los sujetos procesales  configura  violación  del  debido  proceso  pues  el  mandato  contenido  en el  referido  artículo  270  es  de  carácter  imperativo  y  no  discrecional del  funcionario.   

          Al  omitirse  el  traslado  a los sujetos procesales del informe del  C.T.I.,  el  mismo “quedó como un simple informe de  ‘Policía  Judicial’,  sin  ningún  valor,   por   ser  en  su  momento  apenas  una  prueba  sumaria”, la cual no tiene efecto alguno.   

          Dicha   omisión,   insiste,   afecta   el   proceso  de  “nulidad  supralegal”  y  por  tanto  la  sentencia del ad quem no podía proferirse. La  violación  se  configura  porque  al  procesado  se  le  privó  del  derecho a  controvertir la prueba.   

          Como  norma  violada  cita  el  artículo  29  de  la  Constitución  Nacional,  como consecuencia de la inobservancia de lo dispuesto en el artículo  270  del anterior Código de Procedimiento Penal y en el proveído de marzo 4 de  1997.   

          Solicita  que  como  consecuencia  del yerro anunciado se decrete la  nulidad  de la actuación surtida a partir del “momento en que fuera recibido,  por  el instructor, el informe No. 054 del C.T.I. visible a fls. 548 ss. C.O. ó  a partir del cierre de investigación, inclusive”.   

         

Cargo segundo  

          También  al  amparo  de  la  misma  causal  tercera  y  como  cargo  subsidiario  acusa  la  sentencia  de  haberse  dictado  en un juicio viciado de  nulidad  por  haberse  realizado  la  audiencia  pública  de juzgamiento sin la  presencia  del  procesado  EDICSON CALLE CASTRO no obstante que para la fecha de  su  realización,  esto  es el 29 de septiembre de 1998, se hallaba detenido y a  órdenes del juez de la causa.   

          La  presencia  del procesado detenido en el acto de la audiencia era  obligatoria  de  conformidad  con  la  preceptiva del artículo 452 del anterior  Código   de   Procedimiento   Penal.   La   realización   de   la   diligencia  “sin   siquiera   haber  sido  avisado”   genera   ostensible   violación   al   artículo   29  de  la  Constitución  Nacional,  pues el procesado no pudo ejercer su defensa material,  con  lo  cual  se lesionan derechos fundamentales como el de defensa y el debido  proceso.  La  irregularidad  fue  reconocida  incluso en la sentencia de primera  instancia.   

          Se  violaron  los  artículos  29  de  la  Constitución  y  452 del  anterior Código de Procedimiento Penal.   

          Como  consecuencia  del  vicio solicita que se declare la nulidad de  la  actuación  a  partir  inclusive de la diligencia de audiencia pública y la  consecuencia  remisión del proceso al juez del conocimiento para que reponga la  actuación y se ordene la libertad del procesado.   

         

          Cargo tercero   

          Se  sustenta  en  la causal primera del artículo 220 del Código de  Procedimiento Penal vigente a la sazón.   

          En  orden  a  la  demostración  del  cargo empieza por advertir que  “no  tiene  la  culpa  la  Sala Penal del Honorable  Tribunal  Superior  de  Cúcuta  como que la causal, por excepción, surge de la  promulgación  de la ley 504 de junio 25 de 1999, cuando ya se había dictado la  sentencia de segunda instancia”.   

          Aduce  que la sentencia acusada se afianza en el informe de policía  judicial  obrante  a  los folios 548 y ss. del cuaderno original, el cual por no  haber  sido  “calificado”  por  funcionario  alguno al omitirse el imperativo señalado en el artículo 270  del     anterior     Código    de    Procedimiento    Penal,    “quedó como un simple informe y nada más”.   

         El  artículo  50  de la ley 504 de 1999, advierte que en “ningún  caso  los  informes  de  policía  judicial  y  las  versiones suministradas por  informantes,  tendrán  valor  probatorio  en  el  proceso”.  Dicha preceptiva  incorpora  una  “tarifa  legal”  a  este  tipo  de  pruebas, “quitándoles todo valor probatorio”.   

         El  referido  informe del C.T.I “ha sido  fundamentalísimo para que el Ad quem confirmara el A quo”.   

          De  haber sido promulgada la ley 504 de 1999 antes del proferimiento  del  fallo  de  segundo  grado, éste habría sido absolutorio, pues las pruebas  atendidas  distintas  al  informe “son de poca monta  como medios de convicción para condenar”.   

          Se  violó  directamente  el  artículo  50  de  la  ley 504 de 1999  atendiendo  el  principio  de  favorabilidad consagrado en el artículo 29 de la  Constitución Nacional.   

          Finaliza  el  cargo  solicitando  que la Corte profiera la sentencia  absolutoria a favor de su representado.   

          Cargo cuarto   

          Como  cargo “excluyente y subsidiario de  los  demás” y al amparo de la causal primera cuerpo  segundo  del artículo 220 del anterior estatuto procesal, acusa la sentencia de  ser violatoria de la normatividad sustancial en forma indirecta.   

          En  la sentencia se incurrió en errores de apreciación probatoria,  “proyectando   falso  juicio  de  valor,  de  alta  incidencia”,  con lo cual se violó el artículo 247  idem.           

         Las falencias se concretan a los siguientes puntos:   

          No  existe  la  mínima  prueba para dar por demostrado el delito de  peculado,   de  donde  es  absurdo  predicar  certeza  de  su  ocurrencia.  Esta  afirmación  se  evidencia  del hecho de que la auditoría ó contraloría de la  Caja  Agraria  nunca  se  pronunció  sobre  la existencia de faltante alguno, y  mucho menos “de alcance” a cargo de su representado.   

          El   informe   del   C.T.I.   que   como   se   insiste  quedó  sin  “calificar”,  no genera  certeza  sobre  la  ocurrencia  del  hecho  y  ninguna  prueba  evidencia que el  procesado  se hubiere apropiados de dineros de la Caja Agraria, en su provecho o  el de un tercero.   

          Si  bien logró probarse que EDICSON CALLE  CASTRO   obtuvo   préstamos  personales  de  algunos  clientes    de   la   Caja   Agraria   de   Saravena,   dicha   “indelicadeza”    no    tipifica    el  peculado.    

          Se  dan  por  cierto  hechos  que  no lo son como por ejemplo que su  procurado  solicitó  a  Rosa  Elida  Medina,  María  Teresa  Rincón  y  Octavio  Niera,  cheques  en  blanco  que utilizó para otorgar  sobregiros.   

          En  el  “informe”  que no declaración  rendido  por la primera de las citadas si bien dice que  prestó  un cheque en blanco al procesado, la misma no ha sido titular de cuenta  corriente,  de  donde no existe prueba de que se le hubiere expedido la chequera  de  la  cual  fue  girado  el  cheque No. 974664. Tampoco existe prueba sobre la  persona que lo llenó, el valor y el lugar de su negociación.   

          Respecto  de  lo  dicho  por María Teresa  Rincón,  se le cree que prestó el cheque No. 7121081  de  la cuenta No. 2197-3, pero en los extractos correspondientes a la mencionada  cuenta  no figura dicho cheque, como tampoco aparece consignado en la cuenta del  procesado    EDICSON    CALLE    CASTRO.   

          A    continuación    se    refiere   al   dicho   de   Octavio  Neira,  a  quien  atribuye haber  incurrido  en  insalvables  contradicciones  frente  a las circunstancias en las  cuales habría girado el cheque No. 2125076.   

          El  Tribunal  incurrió  en  un  “falso  juicio  de  valor” al apreciar los anteriores medios  de  prueba,  de  los  que no se deduce certeza sobre la existencia del hecho. De  allí  que  tampoco  pueda  predicarse certeza en torno de la responsabilidad de  CALLE CASTRO.   

          Como  normas  violadas  cita el artículo 247 idem y 133 del Código  Penal de 1980.   

          Cargo quinto   

Los  juzgadores  de instancia incurrieron en  error    al    dejar    de    lado    el   “bloque  probatorio”, conformado por las pruebas documentales  aportadas  por  el  procesado  EDICSON  CALLE  CASTRO  desde su inicial versión  libre.  Dicha  omisión  impidió  ver que el manejo de  los recursos de la  Caja  Agraria  se  administraron  con  la  debida  observancia de los   requisitos   correspondientes  y  no  como  se  atribuye  al  procesado, en  detrimento económico de la entidad.   

Dentro  de  tales  pruebas  se  encuentra el  “manual  de  funciones del subdirector o secretario  de  la oficina de la Caja Agraria”, quien tenía bajo  su   responsabilidad   el   manejo  de  “cartas  de  remesa”.   

De   haberse  considerado  y  valorado  el  “voluminoso documental” la sentencia habría sido absolutoria.   

Como normas violadas cita los artículos 247  y   249   del   anterior   estatuto   procesal   y   133  del  anterior  Código  Penal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

El análisis separado de las censuras deja en  evidencia  las fallas técnicas referidas a la falta de claridad y precisión en  su  formulación y a fuerza de ello se hace patente la ausencia de demostración  de  las  irregularidades  denunciadas  así  como  de los supuestos yerros en la  valoración  de  la  prueba, falencias de suyo graves que en uno y otro caso dan  al  traste  con  la  pretensión  de que la Corte revise en sede de casación el  fallo impugnado.   

En efecto, en lo concerniente al primer cargo  que  bajo  el  auspicio  de  la causal tercera se formula por haberse omitido el  traslado  previsto  en  el  artículo  270  del  Código  de Procedimiento Penal  vigente  a la sazón, respecto al “informe del C.T.I.”, olvida el censor que  tratándose  de  un  supuesto  vicio  en  la  aducción de la prueba, la censura  debía  enmarcarse  en  la  causal  primera,  por violación indirecta de la ley  sustancial  en  la modalidad del error de derecho por falso juicio de legalidad,  toda  vez  que  de  hallar  demostración  el  vicio  no  tendría  el efecto de  invalidar  las  pruebas  afectadas  y  menos todo el proceso (vicio in  procedendo), sino que por darle valor  el  juez  a la prueba allegada al proceso sin el rito que le es propio, el error  se  traslada  a  la  sentencia donde es apreciado el medio de convicción (vicio  in   iudicando),  con  la  consecuencia  de  cambiar  el sentido de la decisión si, al prosperar el cargo,  el  resto  del  material  probatorio  no  resulta  suficiente  para sustentar la  adoptada en el fallo objeto de impugnación.   

          En  el  segundo  cargo  se  acude  igualmente  a  la  causal tercera  pretendiendo  sustentar una supuesta nulidad por haberse realizado la diligencia  de  audiencia  pública sin la asistencia del procesado detenido. Pero como bien  lo  ha expresado en múltiples ocasiones la Sala, pese a la aparente simplicidad  en  su  concepción,  la  causal  tercera no escapa al rigor formal que exige la  técnica  de  la  casación, puesto que la proposición del cargo no es de libre  formulación.   

En contravía de los postulados de claridad y  precisión  que  para  una  demanda  en  forma  establecía  el  ordinal 3° del  artículo  225  del  Código  de  Procedimiento  Penal  Vigente a la sazón (hoy  artículo  212  de la ley 600 de 2000), el censor no atina a explicar, y menos a  demostrar,  cuál  fue  la  razón por la cual se realizó la audiencia pública  sin  la  presencia  del  procesado,  y  cómo  y  por  qué  esta  circunstancia  desconoció  las  bases  de  juzgamiento  en  el  proceso  que  culminó  con la  sentencia  de  condena ahora atacada en casación, falencia que deja el reproche  en   el   vacío,  y  por  consiguiente,  sin  la  más  remota  posibilidad  de  verificación  a  la luz de la actuación procesal que sellada con una sentencia  de  segundo  grado  goza  de  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  destronable  por  la  vía escogida por el censor solamente con la demostración  de  irregularidades  sustanciales en el trámite que hubieran puesto en vilo las  garantías  debidas a los sujetos procesales o comprometido seriamente las bases  fundamentales de la instrucción o del juzgamiento.   

Desde  su  formulación,  el tercer cargo se  ofrece  igualmente  inidóneo  para  concitar  el  juicio  de casación, pues el  demandante  no  sólo  omite  señalar  el  sentido  de  la violación de la ley  sustancial,  sino  que  de entrada acepta que del supuesto cargo “no   tiene   la   culpa  la  Sala  Penal  del  Tribunal”,  porque  el  yerro  surge  de la promulgación de la ley 504 de  1999,  “cuando ya se había dictado la sentencia de  segunda instancia”.   

          Frente  a  los  cargos  cuarto  y  quinto,  sustentados en la causal  primera   de  casación,  ha  de  recordarse  que  la  jurisprudencia  tiene  establecido que cuando se acude a la violación indirecta  de  la  ley  sustancial  por  errores  de  hecho  en la apreciación probatoria,  resulta  indispensable  que  el  actor  concrete  y  demuestre  en su demanda la  configuración   de   alguna   de  las  hipótesis  de  desacierto  posibles  de  realización,  esto es si el error derivó de un falso  juicio  de  existencia bien por haberse omitido la apreciación de alguna prueba  ora  por haberla supuesto, o si el vicio corresponde más bien a un falso juicio  de  identidad  por  haberse  cercenado  o distorsionado su contenido fáctico, o  finalmente  si  lo  ocurrido  es un falso raciocinio por haberse desatendido las  reglas   de   la   sana  crítica  en  el  examen  de  determinado  elemento  de  convicción.   

Pero  además de esta precisión, que brilla  por  su  ausencia,  también  es  carga  del  demandante acreditar la definitiva  incidencia  que  el yerro argüido tuvo en la declaración de justicia contenida  en  la  parte resolutiva del fallo, lo que apareja la obligación de analizar de  nuevo  las  pruebas con prescindencia de las que resulten afectadas por el vicio  para  ver de concluir si aún así las conclusiones de la sentencia se mantienen  o,  por el contrario, pierden su fundamento dando paso a la casación del fallo,  todo lo cual se omitió en la demanda.   

En este orden de ideas, ante los insalvables  defectos  de orden técnico y de fundamentación, que la Corte no puede enmendar  por   virtud  del  principio  de  limitación  que  gobierna  la  casación,  se  rechazará la demanda y se declarará desierta la impugnación.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

         

         R E S U E L V E:   

         INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre   del   procesado   EDICSON   CALLE   CASTRO, y en consecuencia DECLARAR DESIERTO el  recurso,  por  lo  anotado  en  la  motivación  de  este  proveído.     

Contra  este auto no procede recurso alguno,  en  virtud de lo dispuesto en los artículos 226 y 197 del Decreto 2700 de 1991,  aplicable al caso.   

          Cópiese,  comuníquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de  origen.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS      A.      GALVEZ  ARGOTE                         

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS  E. MEJÍA ESCOBAR                         NILSON PINILLA PINILLA   

Teresa Ruíz Núñez  

Secretaria  

           

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