16850(13-06-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República   de  Colombia   

       

Corte Suprema de Justicia  

Proceso     No  16850   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 62  

Bogotá,  D. C., trece (13) de junio de dos  mil dos (2002).   

  VISTOS  

          Procede  la Sala a calificar la demanda de casación presentada por  el  defensor  de  DARÍO HELÍ RODRÍGUEZ contra   la   sentencia   dictada   por  el  Tribunal  Superior  de  Guadalajara de Buga el 1º de septiembre de 1999.   

HECHOS  

          En  la  mañana  del  25  de  enero de 1998, en el corregimiento de  Juntas,  municipio  de  Ginebra,  Valle  del  Cauca,  fue  hallado JOSÉ ALBEIRO  RESTREPO  MURILLO a  orillas de la carretera, inconsciente y con múltiples  heridas    que,    según   diría   después,   le   ocasionaron   DARÍO  HELÍ  RODRÍGUEZ  y  su hermano  LUIS  ALBERTO  MARTÍNEZ  RODRÍGUEZ. Estas lesiones le produjeron la deformidad  física  del  rostro  y perturbación funcional permanente de los órganos de la  visión,   de   la   masticación,  de  la  prensión  y  del  miembro  superior  izquierdo.   

         

ACTUACIÓN  PROCESAL  

          En  cumplimiento  de  la  instrucción,  el 23 de julio de 1998 una  fiscalía  seccional  convocó  a  juicio a DARIO HELI  RODRIGUEZ  por tentativa de homicidio. La resolución  de  acusación  fue  confirmada por un fiscal delegado ante el Tribunal Superior  de  Guadalajara  de Buga el 7 de septiembre de 1998.  Tramitada la etapa de  la  causa  por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de la misma ciudad, una vez  realizada  la  audiencia  pública  se  dictó sentencia el 15 de julio de 1999,  mediante   la  cual  se  le  condenó  a  la  pena  de  20  años  de  prisión,  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por el término de 10 años,  suspensión  de la patria potestad durante 15 años y al pago de 1.000 gramos de  oro  por  concepto  de perjuicios materiales y de 300 por morales, todos a favor  de  JOSÉ  ALBEIRO  RESTREPO MURILLO. Apelada la decisión, el Tribunal Superior  de  Buga  la  confirmó  en sentencia del 1º. de septiembre de 1999, excepto en  cuanto a la suspensión de patria potestad, la cual revocó.   

LA DEMANDA  

Con  fundamento  en  la  causal primera del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  defensor censura la  sentencia  por violación directa de los artículos 29 y 30 de la Ley 40 de 1993  –que  modificaron  los  artículos  323 y 324 del Código Penal- y del artículo 22 C.P., e indirecta de  los  artículos 445 y 247 del Código de Procedimiento Penal, porque el juzgador  le  otorgó  a  la  prueba  un  valor  diferente  al  que  le  confiere  la ley.   

          Sostiene  que  el  fallo condenatorio se basó en las declaraciones  del   ofendido   JOSÉ  ALBEIRO  RESTREPO  MURILLO,  sin  tener  en  cuenta  las  contradicciones  en que incurrió, ni lo dicho por el procesado, su esposa y sus  dos  hijos, ni la inmediata huida de ALBERTO RODRÍGUEZ, señalado por su propio  hermano  DARÍO  HELÍ como  el autor del hecho criminal.   

Dice  que el error de derecho partió de la  aceptación  del  indicio  de  presencia  sin  que  en  efecto  ésta se hubiese  demostrado;  que  existe  flagrante  violación  del  artículo 445 del estatuto  procesal  porque “la duda reina y se pasea honda y lironda” y se desconoció  lo normado por el artículo 247 del mismo código.   

Solicita que se case el fallo y en su lugar  se absuelva a su defendido.   

          El  demandante  formula  otro cargo, con apoyo en la causal primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  porque la sentencia violó de manera indirecta  los  artículos 247, 249, 254, 296 y 445 del Código de Procedimiento Penal, por  indebida apreciación de la prueba.   

          Afirma  que  el  Ad quem admitió la participación de DARÍO   HELÍ  RODRÍGUEZ  después  de  concluir  que  en  la  experticia  médico  legal  se establecieron dos tipos de  heridas,  correspondientes  a  diferentes armas, contrariando la realidad porque  en  la  historia  clínica  se  anotó,  desde  el ingreso del paciente, que las  lesiones  fueron  causadas  con  machete  o  con  arma cortocontundente, lo cual  corroboran los médicos legistas en sus diversos dictámenes.   

          Después  de  transcribir  alguna decisión de esta Sala, en la que  se  precisa el alcance del error de hecho por suposición de la prueba, solicita  casar la sentencia y absolver al procesado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

La Sala inadmitirá la demanda y declarará  desierto  el  recurso  por  no  ajustarse  a  las  exigencias  contenidas  en el  artículo  225 del Código de Procedimiento Penal, vigente para la época de los  hechos  y  de  la  sentencia, especialmente en cuanto a “la enunciación de la  causal  y  la  formulación  del  cargo  indicando  en forma clara y precisa sus  fundamentos y las normas que el demandante estime infringidas”.   

          Con  relación  a  la  primera  censura, presentada al amparo de la  causal  de casación prevista en el inciso 1º del numeral 1º del artículo 220  del  estatuto procesal anterior, al cual igualmente corresponden todas las citas  que  se  efectúan  más  adelante  en  esta providencia, resulta contradictorio  aducir  la violación directa de la ley sustancial y luego dedicarse a demostrar  un  error  en  la  apreciación  de  la  prueba, pues dicha causal supone que el  libelista  acepta  en  su  totalidad  los  hechos  y  la  valoración probatoria  plasmados  por  el  fallador  en  la  sentencia,  limitándose  a  demostrar  el  demandante  que  una  tal  forma  de  asumir  el caso como lo hizo el Ad quem no  permitía  la aplicación de las normas o su hermenéutica con el alcance que se  le  dio en la providencia demandada; es decir, el casacionista debe partir de la  verdad expresada en el fallo que se impugna.   

          De  otro  lado, atacar la sentencia porque el juzgador le ha dado a  la  prueba  aportada un valor distinto del que la ley le asigna, implica indicar  con  toda precisión cuál es la norma que ha sido desconocida por el Tribunal y  de  qué  manera  ha procedido éste contra la expresa previsión legal, lo cual  supondría  la  existencia  del  sistema de la tarifa legal para la apreciación  probatoria.  Pero  como en el ordenamiento nacional el fallador, en virtud de lo  dispuesto  por  el  artículo  254  del estatuto procesal, goza de libertad para  determinar  el mérito que le otorga a los medios de convicción, limitada sólo  por  la  lógica,  la experiencia y la racionalidad, la ausencia de una tabla de  comparación  que permita confrontar el mérito que judicialmente se le dé a la  prueba  con  el  señalado  por  la  Ley impide, sin duda, hacer válidamente un  reproche  semejante  al  que formula el libelista. De ahí el defecto sustancial  de   la   demanda   que   conduce,   como   se  dijo,  a  su  rechazo  por  este  aspecto.   

No varía esta conclusión si se examina el  cargo  frente a la falta de aplicación del artículo 445 del C. de P.P., porque  para  formularlo  desde  la perspectiva de la violación directa como lo hizo el  censor,  era  suficiente demostrar que el fallador, no obstante haber reconocido  formalmente  la  presencia  de la incertidumbre, condenó al procesado. En lugar  de  una  argumentación  semejante,  el  actor se dedicó a exponer cómo, en su  criterio,  no  existe certeza “aunque así lo pretendan hacer ver los Señores  Magistrados”,  equivocando la vía que debió escoger, pues tendría que haber  planteado  la  censura  acudiendo a la violación indirecta de la ley sustancial  por error de hecho.   

          Respecto  del  segundo  cargo,  omitió  el  demandante precisar la  trascendencia  que  tiene  el  yerro  en el sentido de la decisión o, lo que es  igual,   demostrar   que   la   remoción   del   supuesto   error   conduciría  indefectiblemente  a  conclusión  distinta  de  la  que  obtuvo el fallador. El  censor  no sólo incumplió este elemental requisito lógico, sino que redujo su  reproche  a  hacer  ver  sus  propias  apreciaciones  y  conclusiones en materia  probatoria.   

          Tampoco  advirtió  el  libelista  que el numeral 1º del artículo  220  del  Código  de Procedimiento Penal señala la procedencia de la casación  “cuando  la  sentencia  sea  violatoria de una norma de derecho sustancial”,  que  ineludiblemente se debe indicar en la demanda (art. 225-3 ibidem) y, por el  contrario,   invocó   preceptos  instrumentales  como  los  contenidos  en  los  artículos   247,   relacionado  con  la  prueba  para  condenar;  249,  con  la  imparcialidad  del funcionario en la búsqueda de la prueba; 254, con el método  de  la  sana  crítica  para  la  apreciación  de  las  pruebas  y 296, con los  requisitos  de  la confesión, todas las cuales son de carácter procesal porque  se  refieren  al  método  y  a  la  forma de comprobación de los delitos y sus  consecuencias,   no   a   la  regulación  de  las  conductas  delictivas  y  su  punibilidad,  que  son  de  naturaleza sustantiva, independientemente del cuerpo  normativo en el que se hallen incorporadas.   

          Por   lo   demás,   en  el  desarrollo  del  cargo  no  ofrece  el  casacionista  ninguna  razón  para  demostrar que las normas citadas, entre las  que  también  relaciona  el  artículo  445  del  estatuto  procesal  sobre  el  principio  de  duda,  fueron  transgredidas. En lugar de acreditar la existencia  razonable  de la duda y cómo fue ignorada por el fallador, el censor se limitó  a  reprochar  la  valoración que se le dio a un exclusivo medio de convicción,  no  determinante como ya se aclaró, abandonando por completo el examen integral  de  la prueba que forzosamente debía asumir si su pretensión era, como podría  deducirse  de  la  cita del mencionado principio del in dubio pro reo, demostrar  su presencia.   

             En mérito de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la  Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

         Inadmitir  la  demanda  de  casación presentada por el defensor de DARÍO     HELÍ     RODRÍGUEZ.    En  consecuencia,   declarar   desierto   el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

              Contra esta providencia no  procede recurso alguno.   

         Comuníquese    y  cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

CARLOS  EDUARDO MEJÍA ESCOBAR             NILSON E.  PINILLA     PINILLA                              

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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