16708may

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16708  

SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 69  

          Santafé de Bogotá, D. C., cuatro de mayo de dos mil.   

VISTOS  

          Dentro  del  trámite de extradición pasiva adelantado en relación  con  el  ciudadano  colombiano  JAIRO  DE  JESÚS  MESA  SANÍN,  el defensor ha  propuesto  el  recurso  de reposición en contra del auto fechado el 11 de enero  del  año  en  curso,  por medio del cual se concedió traslado a la partes para  que  solicitaran  pruebas,  de  conformidad  con el artículo 556 del Código de  Procedimiento  Penal,  pues,  según  lo  dice el impugnante, el expediente debe  devolverse  al  Ministerio de Relaciones Exteriores, por conducto del Ministerio  de  Justicia  y  del  Derecho,  con  el  fin  de que el destinatario complete el  concepto  emitido,  en  el  sentido  de  señalar  los  tratados existentes, los  principios  y  los  usos  internacionales  vigentes,  como  elementos llamados a  regular  la  extradición entre el gobierno de la República de Colombia y el de  Estados Unidos de América.   

          Antes   de  resolver  lo  pertinente,  se  tendrá  en  cuenta  como  antecedente:   

          Que  por  medio de Nota Verbal N° 1032 del 7 de octubre de 1999, la  Embajada  de  los Estados Unidos de América en Santafé de Bogotá solicitó al  Ministerio  de  Relaciones Exteriores de Colombia, la detención provisional con  fines  de  extradición  del  ciudadano  colombiano JAIRO DE JESÚS MESA SANÍN,  conocido  como  “Paco”, “Cristian” o “Cuñado”, solicitud de la cual  se  dio  traslado  al  Fiscal General de la Nación, funcionario que cumplió lo  pedido  a  través  de la resolución del 11 de octubre siguiente, razón por la  cual   aquella  persona  y  otras  requeridas  con  el  mismo  objetivo,  fueron  capturadas en una operación policial desplegada el 13 de octubre.   

          Que  la  solicitud  de extradición se formalizó ante el Ministerio  de  Relaciones Exteriores, por medio de Nota Verbal N° 1186 del 26 de noviembre  de  1999,  motivo por el cual dicho órgano la remitió, junto con el expediente  debidamente  autenticado,  al Ministerio de Justicia y del Derecho.  En las  diligencias  se  incluye el concepto previsto en el artículo 552 del Código de  Procedimiento  Penal,  conforme  con  el cual “por no  existir  Convenio  aplicable  al caso es procedente obrar de conformidad con las  normas  pertinentes  del  Código  de Procedimiento Penal Colombiano”.   

          Que  a su turno, el Ministro de Justicia y del Derecho, por medio de  oficio  recibido  el  2  de  diciembre  de 1999, envía el expediente a la Corte  Suprema  de  Justicia  para los fines señalados en el artículo 555 del Código  de  Procedimiento  Penal, tras advertir que toda la documentación pertinente se  encuentra   legalizada  y  además  se  cumplen  los  requisitos  formales  para  proceder.   

MOTIVOS DE IMPUGNACIÓN  

          Aduce  el  recurrente  que la apertura de la fase jurisdiccional del  procedimiento  de  extradición  pasiva, debe determinar el derecho aplicable al  trámite  y los documentos necesarios para sustentar la solicitud, pues se trata  de  aspectos  de  singular  importancia  en orden a que la Corte pueda emitir su  concepto.   Por  tal  razón,  el  dictamen  proferido por el Ministerio de  Relaciones  Exteriores,  en  el que se indica la legislación aplicable al rito,  no  es  “materialmente  intocable”  y  se  trata  de  algo  adicional  a los  denominados  “requisitos  de  actuación” señalados en el artículo 551 del  Código  de  Procedimiento  Penal, pues, como lo enseñó la Sección Primera de  la  Sala  de lo Contencioso Administrativo del Consejo de Estado, en providencia  del  13  de  diciembre  de 1999, el requerido “puede,  durante  el traslado que se le otorgue para solicitar pruebas y en la alegación  pertinente,  demostrar  que  el  procedimiento  que  se  debió seguir no era el  señalado  por  el  Ministerio  de Relaciones Exteriores en su concepto, sino la  convención  a que alude reiteradamente, y con ello la Corte podrá pronunciarse  si  hubo o no incumplimiento de la misma” (Expediente  N° AC-9175).   

         

          En  tal  virtud, el concepto del Ministerio de Relaciones Exteriores  puede  cuestionarse  en  este caso, en la medida que resulta incompleto, pues el  artículo  552  del  Código de Procedimiento Penal utiliza el vocablo genérico  “CONVENCIONES”,  que  se  refiere  a  los  tratados  tanto  bilaterales como  multilaterales,  vigentes  internacionalmente  y  aplicables  en  el  territorio  colombiano.   Los tratados multilaterales en vigor, precisamente, exigen la  presentación  de un COMPROMISO DE RECIPROCIDAD por parte del Estado requirente,  en ausencia de tratado bilateral válido y aplicable.   

          También  es  insuficiente  el  concepto gubernativo porque el mismo  artículo  552  se  refiere  a  los “USOS INTERNACIONALES”, estimados por la  doctrina  como  COSTUMBRE  INTERNACIONAL, cuya aceptación puede servir de punto  de  partida  para la existencia de un PRINCIPIO DE DERECHO INTERNACIONAL como el  de  reciprocidad, que por su  origen  se  convierte  en  norma  imperativa  de derecho internacional general o  ius  cogens, conforme con el  artículo   53   de   la   Convención   de   Viena  sobre  el  Derecho  de  los  Tratados.   

          Por   otra   parte,   el   Gobierno  ha  desconocido  la  naturaleza  constitucional  del  principio  de reciprocidad consagrado en los artículos 9 y  226  de  la  Carta  Fundamental,  cuyo  carácter  normativo  y prevalente   también  es  indiscutible  a  la  luz del artículo 4° de la misma.  Y no  puede  existir contradicción de aquellas normas con la del artículo 35, porque  la   extradición   hace  parte  de  la  relaciones  internacionales  que  deben  fundamentarse   “en   el   reconocimiento   de  los  principios   del   derecho   internacional  aceptados  por  Colombia”  (art.  9°),  uno  de  los  cuales  es  el  de  la reciprocidad    como    base    de    la  internacionalización  de  las  relaciones  externas  del país (art. 226), y de  cuya  índole  de  “principio de Derecho Internacional” no cabe dudar por su  propio reconocimiento en nuestra Carta.   

          Estima  entonces que el Ministerio de Relaciones Exteriores no puede  desconocer  el  PRINCIPIO  DE RECIPROCIDAD, razón por la cual no es taxativa la  enumeración  de  documentos  que  hace el artículo 551, pues la documentación  exigida  debe  adicionarse con el requisito de un COMPROMISO DE RECIPROCIDAD por  parte  del Estado requirente, en estricto cumplimiento de los artículos 9 y 226  de la Constitución Política.   

          El  cuestionado  concepto  del  Ministerio de Relaciones Exteriores,  agrega,   incumplió   lo   dispuesto   en  el  artículo  552  del  Código  de  Procedimiento   Penal,   por   cuanto  omitió  señalar  que,  de  acuerdo  con  certificaciones  enviadas  por  el  mismo  organismo  a la Comisión Segunda del  Senado  de  la República, entre los dos Estados comprometidos están vigentes y  son  aplicables la Convención Única de Estupefacientes de 1961, la Convención  sobre  Sustancias  Sicotrópicas  de  1971,  el Protocolo de Modificación de la  Convención  Única  de  1961  sobre  Estupefacientes,  firmado  en  1972,  y la  Convención   de   las   Naciones   Unidas   sobre   el   Tráfico  Ilícito  de  Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas de 1988.   

          Pues   bien,  según  lo  sostiene  el  defensor,  conforme  con  el  artículo  22,  párrafo  2, apartado b) de la Convención de 1971, sólo sería  aplicable  el  derecho  interno  del  Estado  requerido,  cuando  las  partes no  subordinen  la  extradición  a  la  existencia  de  un  tratado  o  acuerdo  de  reciprocidad  y, como se sabe, la legislación de los Estados Unidos de América  sí  la  supedita a la existencia de un tratado internacional y reconoce que, en  ausencia  de  tratado  bilateral,  sería  necesario  acudir  a  un  ACUERDO  DE  RECIPROCIDAD.   

          Así  entonces,  no  es  cierto,  como  lo  afirma  el Ministerio de  Relaciones  Exteriores  en  el aludido concepto, que no exista tratado aplicable  entre  la  República  de Colombia y los Estados Unidos de América, pues de tal  jaez son las convenciones aludidas.   

          De  igual manera, el compromiso o acuerdo de reciprocidad para poder  aplicar  el derecho interno del país requerido, es una costumbre internacional,  cuya  aceptación quedó garantizada por la firma de ciento treinta y ocho (138)  Estados  partes  en la Convención Única de Estupefacientes de 1961 y de ciento  cincuenta  y  tres  (153)  Estados  partes  en  la  Convención sobre Sustancias  Sicotrópicas de 1971.   

          Además  de lo dicho, la solicitud de extradición tampoco cumple lo  dispuesto  en el numeral 2 del artículo 551 del Código de Procedimiento Penal,  que  exige  la  indicación  exacta de los hechos que la motivan y el lugar y la  fecha  en  que  fueron  ejecutados,  pues, en el caso del señor JAIRO DE JESÚS  MESA  SANÍN, “los documentos aportados confirman que  ninguna  de las presuntas actividades delictivas tuvo lugar en el territorio del  país  requirente  ni  que  la  persona  reclamada, una vez cometido el supuesto  hecho  delictivo  en  el  territorio del país requirente, se haya asilado en el  territorio     del     país     requerido     para     evadir    la    justicia  estadounidense” (fs. 48).   

          En  efecto,  si  los  supuestos  actos delictivos se llevaron a cabo  única  y  exclusivamente  en  el  territorio  patrio, mal podría concederse la  extradición  sin  renunciar a la soberanía judicial y al estricto cumplimiento  de   la   territorialidad  de  la  ley,  máxime  que  el  artículo  35  de  la  Constitución  Política  dice que la extradición de colombianos por nacimiento  se   concederá   “por   delitos  cometidos  en  el  exterior”.   

          En  otro  sentido  adicional,  el  abogado  alega  que  la solicitud  tampoco  cumple  lo  dispuesto en el numeral 4 del artículo 551, de acuerdo con  el  cual  debe anexarse copia auténtica de las disposiciones penales aplicables  al  caso,  en  vista  de  que  la solicitud formal de extradición del ciudadano  JAIRO   DE   JESÚS   MESA   SANÍN   no   se   ha   fundamentado   en  tratados  internacionales.   Ello  se  exige  para  constatar que, como lo prevén el  Código  de Procedimiento Penal (título 178, secciones 3181 a 3196) y el Manual  de  la  Fiscalía de los Estados Unidos (sección 9-15100), dicho país no puede  conceder  ni  solicitar  la  extradición en ausencia de tratado y que un Estado  requerido,  en tales circunstancias, siempre condicionaría la extradición a un  compromiso de reciprocidad en el futuro.   

          Con  el  fin  de que el Ministerio de Relaciones emita nuevamente el  concepto  de  que  trata el artículo 552 del Código de Procedimiento Penal, el  impugnante    considera   indispensable   que   se   decreten   las   siguientes  pruebas:   

          a)   Que  se admita como prueba la comunicación enviada por el  señor  Ministro  de Relaciones Exteriores, doctor GUILLERMO FERNÁNDEZ DE SOTO,  al  Secretario  General de la Comisión Segunda del Senado de la República, con  su respectivo anexo;   

          b)   Que  se admitan como pruebas las certificaciones expedidas  por  la  Oficina  Jurídica del Ministerio de Relaciones Exteriores, fechadas el  18  de  junio  de  1999,  en  relación  con  la  vigencia de las Convenciones e  instrumentos internacionales antes citados;   

          c)   Que  se  admita  como prueba de la existencia de un “uso  internacional”,  en  el  sentido  de  práctica  o costumbre internacional, la  referencia  que  se  hace en la Convención Única de Estupefacientes de 1961 al  PRINCIPIO  DE  RECIPROCIDAD,  en  ausencia  de tratado bilateral de extradición  aplicable,  para  justificar  la  aplicación  del  derecho  interno  del  país  requerido (artículo 36, párrafo 2, apartado b);   

          d)   Que  en  las  mismas  condiciones del literal anterior, se  admita  como  prueba  de una práctica o costumbre internacional la referencia a  un  ACUERDO  DE  RECIPROCIDAD,  que  se  hace en la Convención sobre Sustancias  Sicotrópicas  de  1971  (artículo  22,  párrafo 2, apartado b), con el fin de  relievar  la  obligación  de  presentar  un  COMPROMISO DE RECIPROCIDAD en este  caso; y   

          e)   Que el Ministerio de Relaciones Exteriores, una vez le sea  devuelto  el  expediente,  solicite  a  las  autoridades correspondientes de los  Estados  Unidos  de  América,  conforme  con  los artículos 188 del Código de  Procedimiento  Civil  y  7°  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  una copia  auténtica  y  debidamente  traducida  del título 178, capítulo 209, secciones  3181  a 3196 del Código de Procedimiento Penal de dicha nación; de la sección  9-15-100  del Manual de Fiscales de 1988; de la ley de extradición de 1982 y de  la   ley   sobre   interpretación   de   los   tratados   de   extradición  de  1988.   

          Por  último,  en capítulo separado, el recurrente le solicita a la  Corte   que   expida  copias  para  que  la  Fiscalía  investigue  la  presunta  responsabilidad  del  Jefe  de la Oficina Jurídica del Ministerio de Relaciones  Exteriores,  quien  pudo  haber  incurrido  en  los  delitos de fraude procesal,  falsedad y prevaricato.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Conviene  advertir,  de  entrada,  que la solicitud de reposición y  las  peticiones adicionales que ahora se encaran, también se habían presentado  en  idéntico  sentido  dentro del trámite de extradición radicado N° 16.712,  adelantado  en  relación con el ciudadano ALBERTO DE JESÚS GALLEGO.  Como  se  constata,  por  otra parte, que la sustentación está nutrida de los mismos  argumentos  y  hasta  se  hace  igual  despliegue  textual, la Sala básicamente  reiterará  en  esta  oportunidad  la respuesta determinada en el auto del 18 de  febrero   pasado,   cuya   ponencia  correspondió  al  magistrado  Carlos  Augusto  Gálvez  Argote, decisión  que  a su vez volvió sobre las definiciones vertidas en los proveídos de 19 de  noviembre  y  16  de  diciembre  de  1999, adoptados con ponencia del magistrado  Carlos     Eduardo    Mejía    Escobar.   

          En efecto:   

          1.   Las  ideas  que  perfunctoriamente presenta el impugnante,  pueden  ordenarse  si  se  asume  como  guía  y  premisa  que  la Constitución  Política   de   Colombia,  como  norma  de  normas,  sólo  alude  directamente al tema de la extradición en  el  artículo  35,  tal  como quedó modificado por el Acto Legislativo N° 1 de  1997,  vigente  desde  el  17 de diciembre del mismo año, para decir a derechas  que  ella “se podrá solicitar, conceder u ofrecer de  acuerdo  con  los  tratados  públicos  y,  en su defecto con la ley”.   

          De  modo  que  todo  lo  atinente  a  los  órganos competentes para  intervenir   en  la  extradición  activa  o  pasiva,  el  procedimiento  y  las  consecuencias,  lo  defiere  la  Constitución  a  los  tratados públicos y, en  subsidio, a la ley.    

          2.   Así  pues,  como  quiera  que  la  ley  27  de 1980 (3 de  noviembre),  aprobatoria del tratado de extradición de 1979 (14 de septiembre),  suscrito  entre  Colombia  y  los  Estados  Unidos  de  América,  fue declarada  inexequible  por  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  según  sentencia del 12 de  diciembre  de  1986,  dicho  instrumento  bilateral  no es aplicable en Colombia  mientras  no  se  produzca  su  aprobación por el Congreso, pues por el momento  sólo  existe  como  un compromiso internacional que aún no se ha perfeccionado  (Const. Pol., art. 224).   

          3.   Sin  embargo,  se  ha  pretendido  que  podrían aplicarse  algunos   convenios   multilaterales,   pretensión   sobre   la  cual  conviene  precisar:   

          3.1   El  Tratado Multilateral de Extradición o Convención de  Montevideo  de  1933  (26  de  diciembre),  suscrito  por Colombia y los Estados  Unidos  de América, entre otros países, fue aprobado por medio de la ley 74 de  1935  (diciembre  19).   Aunque  este convenio, en materia de extradición,  regula  algunas  características,  circunstancias,  supuestos  de negación por  parte  del  Estado  requerido,  excepciones  y  obligaciones que asume el Estado  requirente,   en  parte  alguna  se  refiere  a  la  exigencia  de  reciprocidad  (arts. 1°, 3°, 5° y 17) ,  además  de que, finalmente y de manera categórica, el artículo 8° prevé que  “el pedido de extradición será resuelto de acuerdo  con  la  legislación  interior  del Estado requerido; y, ya corresponda, según  ésta,    al   Poder   Judicial   o   al   Poder   Administrativo…”.   

          3.2   La  Convención  Única sobre Estupefacientes de 1961 (30  de  marzo)  y  su  Protocolo  de  modificaciones  de  1972 (25 de marzo), fueron  aprobados  por  medio  de  la ley 13 de 1974 (noviembre 29).  Pues bien, el  artículo  36  de  la  Convención  de  1961,  tal como quedó modificado por el  artículo  14  del  Protocolo  de  1972,  prevé  en  su párrafo 2, literal b),  incisos i), ii), iii) y iv) lo siguiente:   

          “…  2.  A reserva de lo dispuesto por su Constitución, del  régimen jurídico y de la legislación nacional de cada Parte:   

          “a) …   

          “b)   i)  Cada uno de los delitos enumerados en el párrafo 1  y  en  el  inciso  ii)  del apartado a) del párrafo 2 del presente artículo se  considerará  incluido  entre  los  delitos que den lugar a extradición en todo  tratado  de  extradición  celebrado  entre  las  partes.   Las  partes  se  comprometen  a  incluir tales delitos como casos de extradición en todo tratado  de extradición que celebren entre sí en el futuro.   

          “ii)   Si  una  Parte,  que  subordina  la  extradición a la  existencia  de  un  tratado,  recibe de otra Parte, con la que no tiene tratado,  una  solicitud  de extradición, podrá discrecionalmente considerar la presente  Convención  como  la  base jurídica necesaria para la extradición referente a  los  delitos  enumerados en el párrafo 1 y en el inciso ii) del apartado a) del  párrafo  2  del  presente artículo.  La extradición estará sujeta a las  demás condiciones exigidas por el derecho de la Parte requerida.   

          “iii)   Las partes que no subordinen  la   extradición   a  la  existencia  de  un  tratado  reconocerán  los  delitos  enumerados  en  el párrafo 1 y en el inciso ii) del  apartado  a)  del  párrafo  2 del presente artículo como casos de extradición  entre  ellas, sujetos a las condiciones exigidas por el  derecho de la Parte requerida.   

          “iv)     La   extradición   será  concedida  con  arreglo  a  la  legislación  de  la  Parte  a  la  que  se haya  pedido  y, no obstante lo dispuesto en los incisos i),  ii)  y  iii)  del  apartado  b)  de  este  párrafo, esa Parte tendrá derecho a  negarse  a  conceder  la  extradición si sus autoridades competentes consideran  que el delito no es suficientemente grave” (Se ha destacado).   

          Así  entonces,  aunque algunas normas del ordenamiento jurídico de  los  Estados Unidos de América subordinan la extradición a la existencia de un  tratado,  no  es  el  caso  de aplicar el inciso ii) citado, porque en este caso  dicho   país   no   es   el  que  recibe  la solicitud de extradición, sino, por el contrario, el que se la  formula  a  Colombia.   De  cualquier  modo,  no  obstante que el evento es  inverso  al  legislado  en la norma internacional, el precepto también dice que  es  enteramente  discrecional  para  la Parte requerida considerar la Convención como base jurídica necesaria  para la extradición.   

          En  vista  de que en este caso Colombia es el país instado para que  conceda   una   extradición  a  los  Estados  Unidos  de  América,  y  nuestra  Constitución  Política  no  supedita  la  extradición  exclusivamente  a  los  tratados  públicos sino también a la ley (artículo 35), la solución por vía  de  la  Convención  en su forma enmendada se advierte en el inciso iii), cuando  dispone  que  todo estará sujeto “a las condiciones  exigidas  por  el  derecho  de  la  Parte requerida”,  máxime  que  en  cualquier  caso,  como lo define el inciso iv), la Convención  modificada   previene   en   forma  definitiva  y  tajante  que  “la  extradición  será  concedida con arreglo a la legislación de  la Parte a la que se haya pedido…”.   

          Sólo  una  salvedad  hace la Convención en su forma enmendada para  que  el  país requerido pueda negarse a conceder la extradición, cuando “sus  autoridades  competentes”  estiman  “que  el  delito  no  es suficientemente  grave”,  pero  para  nada  se menciona el pregonado “compromiso o acuerdo de  reciprocidad”.   

          3.3   Claro  que  el  impugnante  habilidosamente  sólo trae a  colación  el  texto  del  artículo 22, párrafo 2, apartado b) del “Convenio  sobre  Sustancias  Sicotrópicas”, suscrito en Viena el 21 de febrero de 1971,  por   cuanto  de  alguna  manera  allí  se  hace  referencia  a  la  expresión  “acuerdo de reciprocidad”  que  él  siempre  quiere  capitalizar.  Dicho convenio fue aprobado por el  Congreso  de  Colombia,  según  quedó plasmado en la ley 43 de 1980 (diciembre  29),  texto en el cual simultáneamente se autorizó al Gobierno para adherir al  mismo.   

          Sin  embargo,  el  recurrente  no  paró  mientes  en  que  la norma  invocada  del “Convenio sobre Sustancias Sicotrópicas” de 1971, en su texto  es  exactamente  igual  al original del artículo 36, párrafo 2, apartado b) de  la   “Convención   única   sobre   estupefacientes”   de  1961,  pero  que  posteriormente   fue   reelaborado   por   el  artículo  14  del  protocolo  de  modificaciones  de  1972, que, tal como se evidenció en las consideraciones del  parágrafo  3.2  de  esta  providencia,  no  menciona para nada el “acuerdo de  reciprocidad”.     Por   lo  visto,  la  última  manifestación  de  voluntad  de  la  comunidad  internacional,  en  relación  con  el  tema  de la  extradición,  quedó  consignada  en  el  protocolo  de modificaciones de 1972,  posterior  al  Convenio de 1971, así el orden temporal sea inverso en las leyes  aprobatorias del derecho interno de Colombia (1974 y 1980).   

          Con  todo,  el artículo 22, párrafo 2, apartado b) del Convenio de  1971,  si  se  lee  e  interpreta  integralmente, tampoco alcanza para los fines  propuestos por el recurrente.  El texto dice:   

          “2.    A   reserva   de   las  limitaciones  que  imponga  la  Constitución  respectiva,  el  sistema  jurídico y la legislación nacional de  cada Parte:   

          “a)  …   

          “b)   Es  deseable que los delitos a que refieren el párrafo  1  y  el inciso ii) del apartado a) del párrafo 2 se incluyan entre los delitos  que  dan  lugar a extradición en todo tratado de extradición, concertado o que  pueda  concertarse entre las partes, y sean delitos que  den  lugar  a extradición entre cualesquiera de las partes que no subordinen la  extradición  a la existencia de un tratado o acuerdo de reciprocidad, a reserva  de  que  la extradición sea concedida con arreglo a la legislación de la Parte  a  la  que  se  haya  pedido, y de que esta Parte tenga  derecho  a negarse a proceder a la detención o a no conceder la extradición si  sus  autoridades  competentes  consideran  que  el  delito no es suficientemente  grave” (Énfasis agregado).   

          Aunque  debe  reconocerse  la  deficiente  y  confusa redacción del  texto,  razón  por  la  cual  fue  objeto  de  aclaración  en  el Protocolo de  modificaciones   de  1972,  teleológicamente  se  entiende  que  el  legislador  internacional   se  propuso  que  los  delitos  de  producción  y  tráfico  de  sustancias  sicotrópicas  fueran  materia de tratados de extradición y que, en  todo  caso,  dichos  hechos  punibles  siempre darán lugar a extradición, así  “cualesquiera  de  las  Partes” de la Convención no llegare a subordinar el  mecanismo  de  cooperación  “a  la  existencia  de  un  tratado  o acuerdo de  reciprocidad”,      “a     reserva”  de  que la misma “sea concedida con  arreglo  a  la  legislación  de la Parte a la que se haya pedido…”.   

         En  suma,  la  Convención  propugna  porque  se  dispongan tratados  bilaterales  o  acuerdos  de  reciprocidad  entre  las  Partes para facilitar la  extradición  por los delitos indicados, pero que la misma siempre se concederá  con  arreglo a la legislación del país requerido (en este caso Colombia), así  no  se  produzcan  los anhelados convenios que de alguna manera podrían incluir  la cláusula de reciprocidad.   

         3.4   Los  dos  países  involucrados en este trámite también  son   Partes  de  la  Convención  de  Viena  contra  el  Tráfico  Ilícito  de  Estupefacientes  y  Sustancias  Sicotrópicas,  suscrita  el  20 de diciembre de  1988,  y aprobada por el Congreso de Colombia mediante la ley 67 de 23 de agosto  de  1993.   Mas,  acontece  que  en  cuanto  al tema de la extradición, el  convenio   no  establece  ningún  procedimiento  y  apenas  sí  remite  “…  a  las condiciones previstas por la legislación de la  Parte  requerida  o  por  los  tratados  de  extradición aplicables,  incluidos  los  motivos  por  los  que  la  Parte requerida puede  denegar    la    extradición”    (art.    6°,    num.    5.     Se   ha  subrayado).   

         De  igual  manera, el numeral 6 del artículo 6° sólo previene que  el  Estado  requerido  podrá  negarse a cumplir las solicitudes de extradición  recibidas  “…  cuando  existan  motivos  justificados  que  induzcan  a  sus  autoridades  judiciales  u  otras  autoridades  competentes  a  presumir  que su  cumplimiento  facilitaría  el  procesamiento  o  el  castigo de una persona por  razón  de  su  raza,  religión,  nacionalidad  u opiniones políticas o que se  ocasionarían  perjuicios  por  alguna de esas razones a alguna persona afectada  por   la   solicitud”.   No  se  prevé  en  modo  alguno  el  proclamado  “compromiso”,   “acuerdo”   o  “principio  de  reciprocidad”,  pues,  inclusive,  al  fijar  los alcances de la convención, el artículo 4°, numeral  2,  dispone  que  “las  partes  cumplirán  sus  obligaciones  derivadas de la  presente   convención   de   manera   que   concuerde   con   los  principios  de  igualdad soberana y de la integridad territorial de  los  Estados  y  de  la  no  intervención  en  los  asuntos  internos  de otros  Estados” (Se hace énfasis).   

         4.   A  manera  de  conclusión, la remisión a la legislación  interna  del  país  requerido,  en ausencia de un tratado bilateral aplicable o  vigente   entre   los  mismos,  aparece  como  una  constante  en  los  tratados  multilaterales  examinados,  para  efectos  del  trámite de la extradición, la  negación del mismo y la imposición de eventuales condiciones.   

         5.   Por  otra  parte,  la  petición del impugnante aparece no  sólo  equivocada  sino  inconsistente,  porque  trató  de  hacer  ver  que  el  “principio   de   reciprocidad”  estaba  involucrado  decididamente  en  los  tratados  multilaterales  que  se analizaron, lo que no es cierto, pero a la vez  pretende   que   aquel   apotegma   se   admita  como  fruto  de  una  costumbre  internacional,  lo  que  a  todas  luces  se  ofrece contradictorio, pues si él  figuraba  supuestamente  en  las convenciones internacionales, ya sería derecho  escrito y no consuetudinario.   

   

         6.   Ahora  bien,  es cierto que la “reciprocidad”, al lado  de  la “equidad” y la “conveniencia nacional”, son los fundamentos sobre  los  cuales  debe  promover  el Estado Colombiano “la internacionalización de  las  relaciones políticas, económicas, sociales y ecológicas” (Const. Pol.,  art.  226).   También  es  verdad  que  la  extradición,  como método de  asistencia  y  cooperación  judicial entre los Estados y que tiende a evitar la  impunidad  de los delitos, es también una manera de evidenciar las relaciones    políticas    entre   los  países.   

         7.   Sin  embargo,  en el caso colombiano, cualquier condición  que  se proponga nuestro país como Estado requerido en materia de extradición,  bien  por  razones  de  mayor o menor gravedad del delito (Convención Única de  Estupefacientes  de  1961);  o  porque  con  el mecanismo se pueda propiciar una  discriminación  racial,  religiosa, política o de nacionalidad (Convención de  Viena  de  1988);  o  por  motivos de igualdad soberana, reciprocidad, equidad o  conveniencia  nacional, sólo incumbe examinarla al Gobierno Nacional, en virtud  de  la  naturaleza  mixta  del  trámite de extradición en nuestro ordenamiento  jurídico,  según  el  cual  el  Ejecutivo  no sólo autoriza inicialmente para  proceder  sino  que  también  adopta la decisión final (C. P. P., en su orden,  arts.  552,  547,  548  y  559),  conforme con la regla constitucional de que el  Presidente  de  la  República,  en  su  condición  de jefe de Estado, jefe del  gobierno  y  suprema  autoridad  administrativa,  es el encargado de dirigir las  relaciones internacionales (art. 189-2).   

         8.    Además   de   las  razones  expuestas,  expresamente  el  artículo  550  del  Código  de  Procedimiento Penal prevé que “el  Gobierno podrá subordinar el ofrecimiento o la concesión de la  extradición    a    las   condiciones   que   considere   oportunas…”;  así como el artículo 557 dispone que el concepto negativo  de  la  Corte  Suprema  de Justicia es obligatorio para el Gobierno, pero que el  positivo  “lo dejará en libertad de obrar según las  conveniencias   nacionales”   (Subrayas   fuera  de  texto).   

         9.   Como  se ve, el sistema mixto de extradición dispuesto en  la    legislación   colombiana,   que   puede   resumirse   en   la   ecuación  gubernativo-judicial-gubernativo,  significa  que la autorización gubernamental  para   proceder   es   un   requisito  necesario  y  previo  a  la  fase  judicial, pero que ésta también se  constituye  en  un  presupuesto  para  la  decisión administrativa final.   Igualmente,   por   la   discrecionalidad   que   mayormente   asiste  la  tarea  administrativa,   a  diferencia  de  la  estricta  legalidad  que  distingue  el  ejercicio  judicial,  es al Gobierno a quien le corresponde examinar condiciones  o  conveniencias,  distintas  al debido proceso que controla la Corte Suprema de  Justicia  a  través  de  los  elementos  taxativos  que  involucra  su concepto  (favorable  o  desfavorable), entre los que no se incluye la reciprocidad (C. P.  P., arts. 549, 551 y 558).   

         10.   No  es afortunado entonces el reparo de que el Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  emitió  un  concepto  incompleto,  pues  si bien el  artículo  552  del Estatuto Procesal Penal se refiere a las “convenciones”,  “usos   internacionales”  y  las  “normas  de  este  código”,  lo  hace  alternativamente,  dado  que,  conforme  con  la  prelación  establecida  en el  artículo  35  de la Constitución Política (modificado por el acto legislativo  N°   1   de   1997),   primero   debe  acudirse  a  los  tratados  públicos  y  subsidiariamente a la ley.   

         11.   Así  pues, como el concepto del Ministerio de Relaciones  Exteriores   constituye   una   autorización   administrativa   para  proceder,  convertida  en requisito previo y necesario para avanzar a la etapa judicial del  procedimiento,   entonces   resulta   de   obligatorio   acatamiento   para   la  Corte.   

         12.    Ahora   bien,   el  recurrente  expone  que  los  hechos  delictivos  por  los  cuales  se  reclama la extradición de su defendido fueron  cometidos  todos  en el territorio colombiano, no en el de los Estados Unidos de  América,  razón adicional que propone para que la Corte devuelva el expediente  al  Ministerio de Relaciones Exteriores.  Esta observación tiene el perfil  de  un  propósito  de  probar  o de alegar la improcedencia de la extradición,  pero  desafortunadamente  dichas  oportunidades son las que están aplazadas por  el examen del recurso que se decide en este proveído.   

         13.   De  igual manera, afirma el impugnante que a la solicitud  de  extradición  no se adjunta la copia de las disposiciones penales aplicables  para  el  caso (C. P. P., art. 551-4), como son el título 178, secciones 3181 a  3196  del  Código  de  Procedimiento  de  los  Estados  Unidos de América y la  sección  9-15-100 del Manual de Fiscales del mismo país, normas que demuestran  cómo  el  Estado  requirente  condiciona  la  extradición  a  un compromiso de  reciprocidad  en  el  futuro.   Pues  bien,  en  el expediente aparecen los  anexos  C  y D, correspondientes a la relación de las normas de su ordenamiento  jurídico  que  la autoridad extranjera estima conculcadas (fs. 186 a 199); mas,  si  en  gracia  de  discusión se advirtiera alguna deficiencia en esta materia,  así  debería  demostrarse por el interesado durante el período probatorio que  con su petición se ha diferido.   

         14.   Como  obvia  conclusión, si el expediente debe seguir el  rito  judicial  y  no  se  devolverá  al  Ministerio  de Relaciones Exteriores,  tampoco   pueden   admitirse   ni   ordenarse  las  pruebas  señaladas  por  el  impugnante.   

         15.   Por  último,  a  pesar  de lo antes dicho, si el abogado  recurrente  estima que se perfilan conductas ilícitas en la actuación del Jefe  de  la  Oficina  Jurídica del Ministerio de Relaciones Exteriores, así deberá  expresarlo   bajo   su   responsabilidad   ante   la  autoridad  competente,  en  cumplimiento del deber ciudadano de denunciar (art. 25 C. P. P.).   

         En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

         No  reponer  el  auto  fechado el 11 de enero del año en curso, por  medio  del  cual  se  dispuso  el  traslado  del expediente a las partes para la  solicitud   de  pruebas.   En  consecuencia,  debe  continuar  el  trámite  judicial ordenado.   

         Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE    ENRIQUE    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

No hay firma  

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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