16676(11-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16676  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                                     Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

                                     Aprobado Acta Nro. 40   

          Bogotá D. C., once de abril de dos mil dos.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  acerca de la admisibilidad de la demanda de  casación   formulada   por   el   defensor   del  procesado   MANUEL  MARÍA RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Bogotá el 9 de julio de  1999  que  confirmó la dictada por el Juzgado 48 Penal del Circuito de la misma  ciudad,  condenando  al  procesado  a la pena principal de 31 años de prisión,  como  autor  responsable  de  los delitos de homicidio, tentativa de homicidio y  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         Hacia  las  once  y  treinta de la noche del 19 de junio de 1993, se  realizaba  una  reunión  familiar  en  la  casa  de habitación de José  Libardo Neira Ciprián ubicada en la  carrera  33  con  calle  166  de  esta ciudad, cuando se suscitó una discusión  entre   José   Alvaro  Urrego  Garzón  y      MANUEL     MARÍA     RODRÍGUEZ  GONZÁLEZ,   en  el  curso  de la cual el último  disparó  arma  de  fuego  contra  su  contrincante  y  su hermano José Ubaldo,  causándoles  heridas  que  determinaron  la  muerte  instantánea del primero y  lesiones  al  segundo que fueron atendidas en el Hospital Simón Bolivar y sobre  las  cuales  se  fijó  posteriormente  una incapacidad definitiva de 40 días y  como secuelas deformidad física de carácter permanente.   

          El  agresor RODRÍGUEZ GONZALEZ  huyó  del  lugar  con rumbo desconocido, razón por la cual se le  vinculó  a  la  investigación como persona ausente. El 10 de noviembre de 1997  fue  capturado  y  oído  en indagatoria. Mediante resolución del 2 de marzo de  1998  la  Fiscalía  13  Delegada  de  la  Unidad Primera de Vida de Bogotá, le  profiere  resolución  de  acusación por los delitos de homicidio, tentativa de  homicidio y fabricación y tráfico de armas y municiones.   

Realizada  la audiencia pública, el Juzgado  48  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad en cuanto aquí interesa, impuso al  procesado  RODRÍGUEZ GONZALEZ  una  pena  principal  de  31  años  de  prisión al hallarlo responsable de los  delitos  respecto  de los cuales se le acusó. Este fallo, como se indicó en el  introito  de  esta  providencia, fue confirmado por el que ahora es objeto de la  demanda    de    casación    interpuesta    por    el    defensor   del   mismo  procesado.   

LA DEMANDA  

Al  amparo de la causal primera de casación  el  demandante  acusa  la  sentencia  de  ser  violatoria en forma indirecta del  precepto  contenido  en  el  numeral  4º  del artículo 29 del Código Penal de  1980,    por    error   de   hecho   “proveniente  de  apreciación  errónea  de  las pruebas”   que   llevó  al  Tribunal  a  una  conclusión errónea del caso.   

          Tras  citar  algunos  apartes del análisis que el Tribunal hace del  testimonio   rendido   por   Nelly   Urrego  Alfonso,  acusa  al  juzgador  de haberle hecho producir efectos  probatorios  que  no  se derivan de su contexto, toda vez que de una lectura del  mismo   se  deduce  que  fue  Alvaro,  el  obitado,  quien  sacó  al  procesado  MANUEL   MARÍA   RODRÍGUEZ  GONZÁLEZ  hacia  el  exterior  de  la  habitación  y  no al contrario como se  pregona en el fallo impugnado.   

          Si  los  declarantes Nelly Urrego Alfonso y  José   Udaldo   Urrego  Garzón  incurren  en  serias  contradicciones,  se  pregunta  cómo pudo concluirse en la sentencia de primera  instancia  que  las constancias a que estos se refieren son concretas y precisas  para  deducir  de  allí  que  el  implicado RODRÍGUEZ  GÓNZALEZ,  en forma dolosa y sin mediar móvil alguno  disparó   contra  la  humanidad  de  Alvaro  y  José  Udaldo.  A  la  primera  de las deponentes sólo puede  creérsele   la   afirmación   en  el  sentido  de  que  los  únicos  testigos  presenciales    de    los    hechos    fueron   José  Udaldo y los amigos de MANUEL  MARÍA.   

          De  tal  manera,  agrega,  el Juzgado de conocimiento tergiversó la  verdad  procesal  en relación con los hechos porque de los testimonios rendidos  por  Hernán  Pineda Linares y Carlos Julio Linares Beltrán, de los cuales trae  citas    textuales,    se   deduce   “que  mi  defendido  fue  sacado  de  donde  se encontraba por Alvaro  Urrego  Garzón,  y  en  forma violenta” .   

          Los  hermanos Urrego Garzón, poseían armas cortopunzantes, como lo  manifiesta    el   testigo   Carlos   Julio   Linares  Beltrán,  circunstancia  que  es  corroborada  con la  versión  del  procesado  y  el  acta de inspección al cadáver de Alvaro  Urrego  en la cual se relaciona el  hallazgo  de  una  navaja.  Este hecho deja en evidencia un desacuerdo entre los  hechos  que fueron resumidos en la sentencia y los que fueron establecidos en el  proceso.   

          Si  bien  es  cierto que es al juez, dentro de las facultades que le  otorga  la  ley  y  siguiendo el sistema de la sana critica, a quien corresponde  apreciar  toda la prueba testimonial para aceptarla o rechazarla, también lo es  que  en  el  presente  caso  no puede restarse validez a la versión rendida por  José    Lubardo    Neira    Ciprián   sólo  por el hecho de que habiendo transcurrido más de cinco años  desde  la  fecha  en  que  percibió  los hechos sobre los que declara, recuerde  ahora  otras  circunstancias  que  no mencionó en su inicial declaración, pues  ello     sería     castigarlo     “por   la   apatía   de   la  Fiscalía  que  tuvo  a  su  cargo  la  investigación  del  presente caso que no practicó sino una sola prueba durante  dicha etapa”.   

          De acuerdo con lo anterior concluye que:   

          a)  El  testimonio  de Nelly Urrego Alfonso  debe    desestimarse    porque   es   extremadamente  contradictorio  con el rendido por José Udaldo Urrego.                      b)  El  testimonio  del citado José Udaldo  debe  tomarse  con  reserva  por  ser  hermano del hoy  occiso  Alvaro  y  por  la  contradicción  con  la citada en el punto anterior.                      c)  Sobre  el  testimonio de José Lubardo Neira Ciprian se ha dicho  que  después  de  cinco  años  viene  a narrar circunstancias contrarias a las  relatadas  en  su  primera  versión,  pero  no  se  tiene  en  cuenta que éste  manifestó  que  en  esa  oportunidad  “estaba    muy    nervioso”.                      d)    Los    testimonios    de    Hernan   Pineda   Linares   y    Carlos    Linares   Beltrán   fueron  recepcionados  en  el curso de la audiencia pública, después de cinco años de  sucedidos    los    hechos,    motivo   por   el   cual   no   puede   dárseles  credibilidad.   

          Si   se   desestiman  estas  pruebas  testimoniales,  necesariamente  tendría que absolverse al procesado.   

          El  sentenciador  tergiversó  la  verdad  procesal  por  no haberse  ajustado  a  los parámetros de la sana critica en la valoración probatoria. De  no  haber sido así hubiese tenido en cuenta los planteamientos expuestos por la  defensa  en  el  curso  de la audiencia pública y los de sustentación oral del  recurso de apelación contra el fallo de primer grado.   

          De  otro  lado, el sentenciador no tuvo en cuenta lo manifestado por  los  testigos  en  relación con el delito de porte ilegal de armas, con lo cual  se  pone  de  relieve  una  vez  más  el desacuerdo entre los hechos que fueron  reconocidos  en la sentencia y los que fueron establecidos en el proceso. Ocurre  que  al procesado no le fue hallada arma alguna y si bien es cierto que el mismo  aceptó  haber  disparado con arma de fuego, se encuentra demostrado que el arma  le  fue  suministrada  por  otra  persona  así  no se haya podido establecer su  identidad.  De  donde,  no  puede  construirse  en  su contra el delito de porte  ilegal  de armas de fuego, pues además de que su dicho no ha sido infirmado, se  encuentra   respaldado   con   los   testimonios   rendidos   por   José  Udaldo  Urrego  García,  Nelly Urrego Alfonso, José Lubardo  Neira   Ciprián   y  Hernan  Pineda Linares.   

          Aduce  que el sentenciador al apreciar la indagatoria vertida por el  procesado, no tuvo en cuenta lo manifestado por los testigos.   

          Respecto  a  la  imputación por los homicidios consumado y en grado  de  tentativa,  debe  tenerse  en  cuenta  que  el procesado manifestó desde un  principio  que  se  vio  precisado  a defenderse de los ataques y ofensas de las  víctimas.  Si no usó términos precisos para alegar la legítima defensa, debe  considerarse  que  esta figura no tiene formulas sacramentales, pues está en el  plano  de  lo  sociológico,  en  el  “instinto  de  conservación”.   

          La     circunstancia     de     que     inicialmente    MANUEL  MARÍA  haya  manifestado  que  la  víctima   lo   arrinconó  contra  la  pared  y  luego  en  ampliación  de  la  indagatoria,  que  lo  tenía contra el piso, no significa que haya faltado a la  verdad,  “lo que sucede es  que  en  estos  casos  es tal la conmoción orgánica, el estado sociológico de  ansiedad  de  quien  sufre  la agresión viéndose compelido a actuar contra sus  propios  principios,  que  confunde  una  parte  del  ataque  o  de la agresión  misma”.   

          Si  MANUEL MARÍA  no  hubiese  recibido  la  noche  de los hechos un arma de fuego, jamás hubiera  podido repeler semejante agresión.   

          Solicita  en  consecuencia que se case la sentencia y en su lugar se  dicte el fallo que en derecho corresponda.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Ninguna   vocación  de  prosperidad  puede  tener  una  demanda  de  casación  que  en  su contenido trata de revivir los debates probatorios de las  instancias,   sin   parar   mientes   en   que,   si   se   trata   de   revisar  extraordinariamente  la  legalidad  del  fallo  de  segunda instancia, todas sus  inquietudes  deben  canalizarse por causales taxativamente dispuestas en la ley,  sin  que  sea suficiente a tal propósito la mera invocación de las mismas o la  utilización del lenguaje propio del recurso.   

Si  el  demandante,  arguyendo la violación  indirecta   de   la   ley   sustancial,  pretendía  evidenciar  errores  en  la  apreciación  de  la  prueba,   era  de su exclusivo resorte, como lo tiene  dicho  la  Sala  reiterada  y pacíficamente, identificar claramente los yerros,  acreditar   su   ostensible   presencia   en   el   fallo  impugnado,  y  demostrar  en  forma  inconcusa  su  incidencia  trascendente  en  la  parte  dispositiva del mismo. Lo anterior, sin  dejar   de  indicar  la  norma  sustancial  transgredida  y  el  sentido  de  su  violación,  es decir, si a ello se llegó por falta de aplicación del precepto  al  caso concreto, o porque se interpretó erróneamente, o por haberse aplicado  indebidamente porque no regulaba el caso.   

Tratándose  entonces  de  errores  en  la  apreciación  de  las  pruebas,  en  punto  de la trascendencia del vicio y como  parte  de  la  fundamentación del cargo llamado a quebrar la sentencia atacada,  una  vez  demostrado  el  yerro  se  impone para el demandante la obligación de  analizar  de  nuevo  el  material  probatorio,  con  prescindencia de los medios  afectados  por  el error, para ver de constatar si aún así las conclusiones de  la   sentencia  se  mantienen  o,  por  el  contrario,  quedan  sin  fundamento.   

Como  atrás  se  indicó,  los  anteriores  parámetros  de  admisibilidad fueron ostensiblemente desatendidos en la demanda  que  por  corresponder  al  modelo de un escrito de libre factura más parece un  alegato de instancia, de imposible recibo en casación.   

En efecto, no especifica el demandante si el  error  de  hecho aducido se produjo por un falso juicio de existencia, al omitir  apreciar  un medio de prueba regularmente producido, o por considerar una prueba  no  incorporada  legalmente a la actuación; o por un falso juicio de identidad,  porque  el funcionario al contemplar los medios de convicción les hace decir lo  que  ellos  no  expresan,  distorsionando,  mutilando o adicionando su contenido  fáctico  y  material;  o  por  un  falso raciocinio, caso en que al valorar las  pruebas,  o  al  construir  las inferencias lógicas de contenido probatorio, el  juzgador  de  manera  evidente  se  aparta  de  las  reglas de la sana crítica.   

Y  aunque  en algún aparte de la demanda se  aduce  que  el  juzgador apreció los distintos testimonios arrimados al proceso  con  desconocimiento  de  las  reglas  de  la sana crítica, lo que situaría el  cargo  en  la  última  modalidad  arriba  citada,  el  demandante no indicó ni  siquiera  mínimamente  qué  ley  científica,  principio  lógico  o  regla de  experiencia  pudo  haber  sido  quebrantada  por  el ad  quem  en  la asignación del mérito persuasivo de los  testimonios  especificados  en  el  libelo,  ni  tampoco en que forma pudo haber  incidido  en  el  resultado  del  fallo,  considerando  los  demás elementos de  convicción que lo sustentaron.   

Además  en  relación  con la crítica a la  valoración    del   testimonio   de   Nelly   Urrego  Alfonso  parece  insinuar  la falta de apreciación de  parte  de  sus  afirmaciones,  ignorando  que  de  tiempo  atrás la Corte viene  pregonando  que  cuando  el  ataque  se  dirige  hacia  el desconocimiento de un  segmento  del  contenido material de un medio de convicción, es el falso juicio  de  identidad  el  que se debe plantear, dado que con esa actitud el Funcionario  Judicial  tergiversa  su  contenido  real  y  material,  como  quiera  que omite  analizar la totalidad del medio de prueba legalmente producido.   

Los  reproches  así  presentados,  dejan en  evidencia  una  indebida  pretensión  de  continuar  en  casación  a partir de  apreciaciones  personales  y  subjetivas  del  demandante,  el debate probatorio  agotado  en  las  instancias,  con  el  inocultable  propósito  de  buscar  una  revisión   ex  novo  de  la  actividad  probatoria, de imposible recibo porque los fallos de segundo grado al  estar  amparados  de  la  doble presunción de acierto y legalidad, sólo pueden  derruirse  a  partir  de sus propios yerros pero no de una propuesta alternativa  como la ensayada por el demandante.   

Así, ante los insalvables defectos de orden  técnico  y  de  fundamentación  que  la Corte no puede enmendar por virtud del  principio  de  limitación  que  gobierna  la casación, como ya se anunció, se  inadmitirá la demanda y se declarará desierto el recurso.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION PENAL,   

         

          R E S U E L V E:   

         INADMITIR   la  demanda  de casación presentada a nombre del procesado  MANUEL   MARÍA   RODRÍGUEZ   GONZÁLEZ,  y  en consecuencia DECLARAR DESIERTO el  recurso,  por  lo  anotado  en  la  motivación  de  este  proveído.     

Contra  este auto no procede recurso alguno,  en  virtud de lo dispuesto en los artículos 226 y 197 del Decreto 2700 de 1991,  aplicable al caso.   

          Cópiese,     cúmplase     y    devuélvase    al    Tribunal    de  origen.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS      A.      GÁLVEZ  ARGOTE                         

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS  E. MEJÍA ESCOBAR                         NILSON PINILLA PINILLA   

Teresa Ruíz Núñez  

Secretaria  

         

         

           

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