18642(16-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18642  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente  

Nilson Pinilla Pinilla  

Aprobado acta N°042  

Bogotá,  D. C., abril dieciséis (16) de dos  mil dos (2002).   

ASUNTO  

Se   resuelve  el  recurso  de  reposición  interpuesto  por  el  apoderado  del procesado GERARDO JUNCO ESPINOSA, contra el  auto  de  fecha 19 de diciembre de 2001, por medio del cual la Corte decidió no  admitir  la  casación  excepcional instaurada contra la sentencia proferida por  el Tribunal Superior Militar.   

ANTECEDENTES  

1.-  HECHOS.  Así  quedaron      referidos      en      el     auto     impugnado:     “Mediante  oficio  012  de  fecha  9  de  febrero  de  1998,  el  entonces  Teniente  GERARDO  JUNCO  ESPINOSA, Jefe de la  Sección  de Policía Judicial de Vichada, le comunicó a la Fiscalía Seccional  de   Puerto   Carreño   que  quedaba  ‘a   su   disposición  en  las  instalaciones  de  la  Estación  de  Policía’  la  camioneta  marca  Toyota  de  placas  venezolanas  68SAAC, de propiedad de Hayden Francisco  Mora  Acosta, que había sido inmovilizada por solicitud de la Policía de Norte  de  Santander,  en atención a ser requerida por autoridades del Estado Guayana,  Venezuela.   

En  comunicaciones  de marzo 19 y mayo 11 del  mismo  año (fs. 7 y 8), Mora Acosta se quejó de que el vehículo estaba siendo  utilizado  por  la  Policía  del  lugar,  hecho  que  confirmó al ratificar su  denuncia,  ‘yo mismo los vi,  el  conductor  de  la  policía de apellido Hinojosa, la cargaba un día botando  basura  por  ahí, esto fue a los pocos días de haberla inmovilizado y después  la  cargaba el Teniente Junco, más que todo, por ahí en las calles’  (f.  20) y en declaración posterior,  cuando  asegura  que  como  vive  cerca,  se  pudo  dar  cuenta que ‘el  teniente  como era comandante de la  SIJIN…  lo  veía  más  que  todo  en las tardes y de noche, la conducía él  mismo   por   lo   general   iba   solo,   me   imagino   que   iba  en  son  de  trabajo…’     (f.  44).”   

2.-    ACTUACIÓN   PROCESAL.  Inició  la  investigación  el  Juzgado  67 de Instrucción Penal  Militar  de  Villavicencio, que luego de vincularlo mediante indagatoria, impuso  al  oficial  sindicado medida de aseguramiento consistente en caución juratoria  (auto  de  marzo  24  de  1999)  y tras adelantar otras diligencias, remitió el  proceso  a  conocimiento  del  juez  de  primera  instancia,  en  este  caso, el  Inspector General de la Policía Nacional.   

Perfeccionada  la instrucción, el 31 de mayo  de  2000  ese  Despacho  convocó  a  consejo  de  guerra,  sin intervención de  vocales,  que  juzgó  la  conducta  del  Teniente GERARDO JUNCO ESPINOSA por el  delito  de  peculado  (fs.  951  y Ss.) y una vez agotado ese especial trámite,  profirió  el  13  de diciembre de 2000 sentencia condenatoria, imponiéndole un  año  de  prisión  e interdicción de derechos y funciones públicas, junto con  la  separación  absoluta  de  la  institución,  con  derecho  al  subrogado de  ejecución  condicional  de la pena, como responsable del delito de peculado por  uso  (fs.  1.024  y  Ss.).  La  apelación  del  defensor  permitió al Tribunal  Superior  Militar  confirmar  en  segunda instancia el fallo impugnado, mediante  sentencia  de  mayo 31 de 2001 (fs. 1.067 y Ss.), contra la cual dicho apoderado  interpuso casación discrecional.   

La Corte por auto de diciembre 19 de 2001, que  es  motivo  del  recurso de reposición, decidió no admitir la impugnación por  no  estar  destinada  la casación excepcional a unificar criterios del fallador  de  instancia,  como  pretende  el libelista al censurar la decisión de segunda  instancia  por  apartarse  del  criterio  de  otras  Salas del Tribunal Superior  Militar,  que absolvieron o cesaron procedimiento en casos similares de peculado  por uso.   

Igualmente, por no haber acertado el libelista  en  la  determinación  del  eventual  quebrantamiento  del debido proceso o del  derecho  de defensa, pues no especifica “cuáles  fueron  las  irregularidades   cometidas  que habrían  dado  lugar  a  la  conculcación  de  aquella  fundamental garantía, o en qué  momento   procesal   el   sindicado  careció  de  defensa  técnica,  ni  cómo  trascendió   alguna   eventual   irregularidad  de  esa  naturaleza”.   

3.-  ARGUMENTOS  DEL RECURRENTE. Insiste  el apoderado del sentenciado en la necesidad de unificar la  jurisprudencia,  pues  en  este  caso  se desconoció el criterio mayoritario de  Salas  del  Tribunal  Superior  Militar, que consideran que el uso del bien bajo  custodia   se   justifica  cuando  es  “por  razones del servicio, ante la carencia de medios logísticos de  las  autoridades policivas”,  dando  lugar  al  quebrantamiento del principio de igualdad, que como componente  esencial  del  debido  proceso  genera la nulidad de la actuación que desconoce  ese  fundamental  derecho,  de  conformidad  con lo establecido por el artículo  207-3  del  Código  de  Procedimiento Penal, cuya mención no era necesaria por  ser actividad oficiosa de la Corte.   

No  está  de acuerdo en que sean únicamente  las  posiciones  disímiles de la Corte las que den lugar a los pronunciamientos  excepcionales,  ya  que  no se puede olvidar que el fin previsto en la ley es la  unificación y no solo el desarrollo de la jurisprudencia.   

Califica  de sesgada la interpretación de la  decisión  tomada  como  referencia (auto de septiembre 14 de 1999, rad. 16.062,  M.  P.  Carlos  Eduardo  Mejía Escobar), pues lo advertido en ese precedente es  que  “obviamente  sirve al  propósito  de unificar la interpretación de la ley, en atención a la función  que   presta   como  criterio  auxiliar  de  la  actividad  judicial”,   en   contra   del   parecer   expresado,   de   no   ser   pertinente  para  solucionar  las  interpretaciones  contradictorias  que  de la ley hacen los jueces, al  no tener “como  finalidad  la  de  solucionar las  diferencias  de  pensamiento  que puedan suscitarse entre las Salas de Decisión  de         los         Tribunales”.   

Las interpretaciones criticadas no son simples  “diferencias     de  pensamiento”,    sino  desconocimiento  reiterado  de  decisiones  que vulneran el derecho de igualdad,  siendo  esta  excepcional vía el único medio de impugnación de que dispone el  afectado  para  remediar  el  quebranto  al  debido  proceso,  con  base  en  el  desarrollo  de la jurisprudencia, sobre el especifico tema del uso del bien bajo  custodia   por   la   carencia   de   elementos   para   el   ejercicio  de  las  funciones.   

Igualmente,   la   omisión  de  garantías  fundamentales  hace  procedente  la  casación discrecional, por desconocimiento  del  principio  de  legalidad, que resulta de no haberse demostrado la tipicidad  de  la  conducta  reprochada,  pues  el  bien  indebidamente  usado debía estar  “bajo  la  disponibilidad  jurídica  del agente”, pero  las  pruebas  que  obran  en  el  proceso  indican que el bien no estaba bajo su  custodia  sino a órdenes de la Fiscalía, tanto que en la sentencia se dice que  para  el  uso  del vehículo no obtuvo autorización del Fiscal 15 Seccional, de  modo  que,  según  lo  ha  entendido  la doctrina (cita varios tratadistas), no  podía cometer peculado.   

Si  el  sindicado  puso en forma inmediata el  vehículo  a  disposición  de  la Fiscalía, su relación jurídica con el bien  finalizó  y  de  la  sola  relación  material no se podía inferir el deber de  custodia  que  le  atribuye  el  fallador;  por tanto, la sentencia condenatoria  parte  de  un  supuesto  equivocado, dando lugar a la violación indirecta de la  ley  por  falso  juicio  de existencia, que aunado al falso juicio de identidad,  proveniente  del  otorgamiento de efectos demostrativos a un elemento probatorio  que  no  era  el apropiado para determinar la tipicidad, son razones suficientes  para invocar la pertinencia de la impugnación excepcional.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Es  motivo  inicial  de  inconformidad  haber  precisado   la   Corte,  en  el  auto  impugnado,  que  el  libelo  “no  ofrece  apropiado ajuste con alguno  de  los  objetivos  de  la  impugnación”,  puesto  que  la  pretensión  no  debe  ser  la  unificación del  criterio  del  fallador  de  instancia,  sino de las posiciones disímiles de la  Corte,  lo  cual  el  impugnante  califica  como  sesgada  interpretación de la  providencia  que  allí se menciona (auto de septiembre 14 de 1999, rad. 16.062,  M. P. Carlos Eduardo Mejía Escobar).   

Una  vez  más expresa la Sala que uno de los  fines  de la casación excepcional, según prevé el artículo 205 de la Ley 600  de  2000  (218  del  estatuto  procesal  penal  anterior),  es  la  necesidad de  desarrollar   la  jurisprudencia,  mas  no  intermediar  directamente  frente  a  pareceres    encontrados   de   los   administradores   de   justicia   en   las  instancias.   

A  ese respecto, con insistencia ha reiterado  la  Corte  (cfr.  autos  de  3  de abril de 2000, rad. 16.059; 4 y 31 de mayo de  2000,  rad. 15.948 y 16.037, respectivamente, con ponencia de quien aquí cumple  igual  función),  que  es  indispensable  que  el impugnante precise el alcance  interpretativo  de  un  precepto,  las disímiles posiciones que se hayan podido  presentar  en la Corte, la falta de desarrollo del tema concreto, o la tesis que  se  debe  actualizar,  consultando las nuevas realidades fácticas y jurídicas,  sin  omitir  el  señalamiento  de  la  incidencia  favorable  que esos aspectos  represente  para  su  causa  y  la  ayuda que el pronunciamiento le preste a las  autoridades judiciales.   

La   falta   de   demostración  de  dichos  presupuestos,   no   se   suple   con   el   argumento   de   que   “la      carencia      de     medios  logísticos”  justifica el  uso  del bien bajo custodia, pues en contra de ese parecer, la Sala recordó que  los  motivos  nobles  o  altruistas no eliminan la responsabilidad (sentencia de  abril  10  de  1958,  M. P. Antonio Vicente Arenas) y que el peculado por uso no  depende  del  menoscabo material de los bienes, sino de la contradicción con el  normal  funcionamiento  de  la  administración  (sentencia de enero 24 de 1996,  rad.   11.114,   M.   P.   Dídimo  Páez  Velandia).  Estando  estos  criterios  concordantes  vigentes,  no es necesario refrendar un desarrollo jurisprudencial  que ya existe.   

De  otra  parte,  si  bien  es  cierto que la  vulneración  de  las  garantías  de igualdad, legalidad y debido proceso hacen  procedente  la  casación  excepcional, no basta invocar la facultad oficiosa de  la  Corte,  como  se pretende, sino que se deben precisar claramente las razones  por    las    cuales    debe    intervenir   esta   corporación,   “pues,   la   mera   informalidad,   e  inclusive,   la  presencia  de  alguna  irregularidad,  resulta  por  sí  misma  insuficiente  para  dar  por  establecida la presencia de una nulidad, pues para  ello  se  requiere  que  efectivamente  con la inobservancia o incorrección, se  haya  pretermitido  el  sentido  de  la  disposición  legal,  es  decir,  de la  ritualidad        establecida        por        el        legislador”  (auto  de septiembre 11 de 2000, rad.  16.689, M. P. Álvaro Orlando Pérez Pinzón).   

Se recuerda que en respuesta al planteamiento  del   libelista,   quien   hace  consistir  la  supuesta  irregularidad  en  que  considerando  atípica  la  conducta,  por  no  tener el acusado la custodia del  bien,  las instancias condenaron a su representado, violando así, según aduce,  el  derecho  de  defensa y el debido proceso, la Corte precisó que ese supuesto  desacierto  en  la  evaluación probatoria, no representa desmedro de las formas  propias  de  la  investigación o el juzgamiento, ni desconocimiento del derecho  de defensa.   

Si  hipotéticamente el criterio expuesto en  la  providencia  recurrida en reposición se estimaba equivocado, o la respuesta  no  comprendió  la  totalidad  de  los argumentos planteados, sería pertinente  demostrarle  a la Corte el eventual yerro cometido y pedirle enmendarlo, pero no  simplemente  persistir  en  que  la  presunta  vulneración  provino  de haberse  condenado  al  procesado  por  una  conducta atípica, supuestamente por haberse  olvidado  que  no  tenía  relación  jurídica  con  el  bien usado, y a la vez  censurar  la  violación  indirecta  de la ley por falsos juicios de identidad y  existencia  que, como se sabe, constituyen errores de hecho y no irregularidades  sustanciales.   

En consecuencia, no hay mérito para reponer  el  auto  del  19  de diciembre de 2001, por medio del cual discrecionalmente se  inadmitió la casación excepcional.   

Este  auto no es susceptible de recurso, pues  no  contiene  puntos  que  no  hayan  sido  decididos  anteriormente,  ni otorga  interés jurídico a otros sujetos procesales para impugnar.   

Por lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia,  Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

NO REPONER la decisión impugnada.  

Contra  esta  providencia  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  despacho de origen. Cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE  E. CÓRDOBA  POVEDA                    

         No hay firma   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS              CARLOS                              AUGUSTO                              GÁLVEZ  ARGOTE             

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO            ÉDGAR   LOMBANA  TRUJILLO                            

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN        NILSON  PINILLA PINILLA                                                                                          

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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