16651(11-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16651  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 40  

Bogotá,  D.C,  once  de  abril  de  dos  mil  dos.   

V I S T O S  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  formal  de  las  demandas  de  casación  presentadas  por los defensores de los  procesados  JOSE IGNACIO ALVAREZ RIOS y OSWALDO OSORIO  FERNANDEZ  contra  el  fallo de segundo grado de fecha  mayo  26  de  1999, por medio del cual el Tribunal Nacional modificó la condena  proferida  por  un  Juzgado  Regional  de  Medellín al primero de los citados y  revocó  la absolución decretada a favor del segundo, imponiéndoles a cada uno  la  pena  principal  de  33  años  de prisión y multa por el equivalente a 100  salarios  mínimos  mensuales,  como coautores del delito de secuestro extorsivo  en la modalidad de agravado.     

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Hacia  las  7:30  de  la noche del 4 de julio de 1995, Luis Gilberto  Carmona  Carmona,  de  74  años  de  edad,  caminaba de regreso a su residencia  ubicada  en  el  municipio  de Caldas (Antioquia) cuando fue sorprendido por dos  individuos  que  lo  forzaron  a  subir  al  taxi Dodge Dart, de placas TN 0035,  afiliado a la empresa Tax Triunfo, el cual tomó rumbo desconocido.   

          Puesto  el  hecho  en conocimiento de las autoridades, se inició la  búsqueda  del vehículo que fue ubicado a la altura de la fábrica de Cocacola,  en  el municipio de Itaguí, en cuyo interior fueron hallados los anteojos y uno  de  los  zapatos  de la víctima. Sus ocupantes fueron retenidos e identificados  como  OSWALDO  OSORIO FERNANDEZ y JOSE IGNACIO ALVAREZ  RIOS.   

          El  plagiado  estuvo en poder de sus captores por espacio de dos (2)  meses  y  veinte  (20)  días,  y  fue dejado en libertad el 25 de septiembre de  1995,  luego  de  que  sus  familiares cancelaron como rescate la suma de veinte  millones    de    pesos   a   una   agrupación,   al   parecer   de   carácter  subversivo.   

          Puestos   los   capturados   a   disposición   de  las  autoridades  judiciales,  un  fiscal  de la Unidad Seccional de Fiscalías con sede en Caldas  (Antioquia),  abrió  la  correspondiente  investigación el 6 de julio de 1995,  fecha   en   la  cual  fueron  indagados  los  implicados,  a  quienes  mediante  resolución  del  11  siguiente  se  les  resolvió  su situación jurídica con  detención preventiva sin beneficio de excarcelación.   

          Por  resolución  de  mayo  8  de  1996  se profirió resolución de  acusación   contra   los   procesados   ALVAREZ  RIOS  y        OSORIO  FERNANDEZ,          como          “cómplices”  del  delito  de  secuestro extorsivo  agravado  (artículo  1º  de  la  Ley  40  de  1993  y 3º numerales 1º y 3º,  ibídem).   

          El  Juez  Regional de Medellín competente dictó sentencia el 24 de  octubre  de  1996,  en  la  que condenó a JOSE IGNACIO  ALVAREZ  RIOS a la pena de 18 años de prisión y multa  de  60  salarios  mínimos  mensuales  como  cómplice en el referido delito, al  tiempo    que    absolvió    a    OSWALDO    OSORIO  FERNANDEZ.  En  desarrollo del grado jurisdiccional de  consulta,  el  Tribunal  Nacional  mediante providencia del 10 de junio de 1997,  luego  de  concluir  que  se  había  incurrido en un desacierto al acusar a los  procesados  en  calidad  de  cómplices,  decretó la nulidad de la actuación a  partir inclusive de la resolución de acusación.   

          En  obedecimiento  a  lo  dispuesto  por  el  Tribunal, la Fiscalía  Regional  calificó  nuevamente  el mérito del sumario el 8 de agosto del mismo  año,  acusando  a  los  procesados  como  presuntos  responsables  a  titulo de  “autores”  del  delito  de  secuestro extorsivo  agravado.  Ejecutoriada  dicha  decisión, el expediente fue remitido al Juzgado  de  conocimiento,  autoridad  que  mediante  sentencia  de  27  de  mayo de 1998  condenó  a JOSE IGNACIO ALVAREZ RIOS   a  la  pena  principal  de  34  años  de  prisión y multa por el  equivalente   a   110   salarios   mínimos  mensuales,  como  autor  penalmente  responsable  del  delito  respecto  del  cual  se le había acusado. En la misma  decisión    se    absolvió    a    OSWALDO   OSORIO  FERNANDEZ.    

   

          Mediante  sentencia  del 26 de mayo de 1999, el Tribunal Nacional al  desatar  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por el defensor del procesado  ALVAREZ  RIOS  y absolver la  consulta  de la absolución decretada a favor de OSORIO  FERNANDEZ,  modificó  la  decisión  en los términos  indicados al inicio de esta decisión.   

LAS DEMANDAS DE CASACIÓN  

          Demanda  a  nombre  del  procesado OSWALDO  OSORIO FERNANDEZ.   

          El  impugnante propone dos censuras en contra de la sentencia, ambas  por  la  vía  de  la  violación  indirecta de la ley sustancial por errores de  hecho  en  la  apreciación  de  las  pruebas,  el  primero como falso juicio de  identidad, y el segundo como falso juicio de existencia.   

          1.   En  el  primer  cargo  acusa  la  sentencia  de  haber  violado  indirectamente  el  artículo  40  numeral  2º  del  Código Penal de 1980, por  errores  de  hecho  derivados de un falso juicio de identidad en la apreciación  de       la       confesión      “cualificada”  efectuada  por  el  procesado OSWALDO OSORIO FERNANDEZ,  ya  que  respecto  a  ella  el  Tribunal  “desconoció  e  interpretó  mal  las  reglas  del sistema de la sana crítica”.   

          Aduce  que  el  inculpado admitió su participación en la comisión  del  secuestro  extorsivo  de  Luis  Gilberto  Carmona  Carmona,  por  cuanto  en  su  vehículo  condujo  al  plagiado   desde   el  municipio  de  Caldas  hasta  el  de  Itaguí,  donde  lo  transbordaron  de  automotor,  pero  su participación estuvo determinada por la  “coacción,   fuerza  o  violencia” que ejercieron  sobre él los verdaderos secuestradores.   

          Tras  citar  en  lo  pertinente  los  argumentos  esgrimidos  por el  Tribunal  para  rechazar  esta  admisión  calificada,  asevera  que en un medio  social  caótico y con un alto contenido de violencia como el vivido en el área  metropolitana    de    Medellín,   el   comportamiento   de   un   “hombre    del    común”   que   se   vea   inmerso   en  las  circunstancias   que   rodearon   a   OSWALDO  OSORIO  FERNANDEZ  la noche de los acontecimientos, cuando fue  obligado  por  los  individuos  que  transportaba  como  pasajeros  en su taxi a  observar  determinado  comportamiento,  no  podía ser diferente al desarrollado  por   aquél,   esto   es   doblegando  su  voluntad  al  requerimiento  de  los  delincuentes.   

          Así,      agrega,     “desde  el  punto  de  vista  de  la lógica del comportamiento y las  enseñanzas  de  la experiencia, asumidas en el ámbito y ambiente vigentes para  la  época  de los hechos, la actitud asumida por el incriminado es la misma que  en  idénticas  circunstancias asumiría la mayoría de las personas”.   

          En  el  momento  en  que  fue  interceptado  por  los  agentes de la  policía   en   compañía  de  JOSE  IGNACIO  ALVAREZ  RIOS,    “por  temor  fue  incapaz  de sincerarse con la autoridad”,  puesto  que  el  pasajero le había  “exigido”  la  respuesta que debía suministrar  en  el  evento  de  que  fuesen  requeridos  por  las  autoridades. Esta actitud  también  se  compadece  con  la  que  asumiría  un  individuo  del  común. Si  OSORIO   FERNANDEZ  hubiese  pretendido  evadirse, sin lugar a dudas se habría atentado contra su integridad  física  y la de su familia, pues para ese momento los delincuentes contaban con  los    datos    de    su    vehículo    con    los   cuales   era   fácil   su  localización   

Exigir  a  OSORIO  FERNANDEZ  otro tipo de comportamiento es ir contra las  reglas  de la lógica, la experiencia y la sicología, tornándose así la libre  apreciación  en  una actitud caprichosa y contraria a los principios de la sana  crítica,  máxime  cuando en el proceso obra prueba indiciaria que corrobora la  versión  del  procesado,  como  para  concluirse  que  la misma debe apreciarse  indivisiblemente.   

Bajo    lo   que   titula   “trascendencia  del  cargo”,  dice  que  de  no  haber mediado la  violación  de  la  norma  sustancial, la decisión de segunda instancia hubiese  sido  favorable  al  sindicado en tanto que en su favor se habría reconocido la  causal    exculpatoria    de    la   “injusta   coacción  ajena”,  fundamentalmente  existiendo  otras  pruebas  que  la  respaldan.   

2.  El segundo cargo también por violación  indirecta  del  artículo  40 numeral 2º del Código Penal de 1980, se sustenta  en  el  error de hecho derivado de un falso juicio de existencia por la omisión  del     juzgador     en     la     “apreciación  y valoración”  de la versión del procesado JOSE IGNACIO  ALVAREZ  RIOS y del indicio que constituye el hecho de  que  el  vehículo  de  placas  TN  0035  fuese  de  propiedad  de  OSWALDO OSORIO FERNANDEZ.   

El  procesado  ALVAREZ  RIOS  admitió en su  indagatoria   habérsele   capturado  “en  flagrancia  en el momento de los hechos porque unos amigos suyos  le    habían    contratado    para   que   hiciera   un   trabajito”  y  aunque  niega     qué     clase     de     “trabajito”,  “se deduce fácilmente de  su    versión    que   el   mismo   no   era   otra   cosa   que   ‘cuidar’ del conductor, una vez se cambiara de  vehículo  al  secuestrado,  a  fin de asegurar el éxito del delito”. También se deduce de la indagatoria  de  este  procesado,  que  era amigo de los secuestradores y que no conocía con  antelación  a  OSORIO  FERNANDEZ, circunstancias estas que indican con claridad  que  el último sí fue víctima de injusta coacción ajena en la ejecución del  hecho punible.   

De otro lado, el hecho de que el vehículo en  que  inicialmente  se  transportó  al  plagiado  fuese  de propiedad de OSORIO,  constituye  indicio  de  que  no  fue partícipe del delito, porque “el  modus  operandi  en  esta clase de  hechos  punibles  nos ha enseñado que su ejecución no se hace en vehículos de  propiedad  de  los  mismos  secuestradores sino en rodantes previamente hurtados  para tal fin”.   

Para  sustentar  la  trascendencia del cargo  aduce  que  de  no  haber  mediado  esta  violación,  la  decisión  de segunda  instancia  habría sido favorable al procesado porque las pruebas omitidas en su  apreciación   y   valoración   habrían   evitado   la   divisibilidad  de  la  confesión.   

Con el error de hecho demandado además de la  violación  al citado numeral 2º del artículo 40 del Código Penal de 1980, se  violaron  los  artículos 2º, 5º, 35 y 36 del mismo estatuto, y los artículos  297,   298,   300,  301,  302  y  303  del  anterior  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Demanda  a nombre del procesado JOSE IGNACIO ALVAREZ RIOS.   

Bajo  un único cargo al amparo de la causal  tercera  del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento Penal vigente a la  sazón,  el  demandante  acusa  la  sentencia  de  haberse  dictado en un juicio  viciado de nulidad, por violación del debido proceso.   

Alude  a  que  se  incurrió en la causal de  nulidad  del  numeral  2º   del  artículo  304  del  anterior  Código de  Procedimiento  Penal,  pues los preceptos contenidos en los artículos 128 y 452  del  mismo  estatuto  hacían obligatoria la asistencia y la intervención de la  Fiscalía  en la audiencia pública. Aunque para el caso presente y por tratarse  de  un  proceso  que se rigió por el procedimiento especial establecido para la  jurisdicción  denominada  Regional,  para  el  cual  no  está  contemplado  en  términos   estrictos   una  audiencia  pública,  si  existe  una  “audiencia      escrita”, en cuyo trámite es obligatorio para  el ente acusador presentar alegatos de conclusión.   

Agrega  que  la  obligatoriedad  del alegato  conclusivo  a  que  se  alude, surge nítida del principio de contradicción que  inspira  el  proceso  penal  y  que  encuentra  desarrollo  en  varios preceptos  procesales  penales, como ocurre a través de lo previsto en los numerales 3º y  4º  del  artículo  180 del anterior Código de Procedimiento Penal, en el cual  se  precisan  los  requisitos  que  debe  contener  toda  sentencia, entre ellos  “un   resumen   de   la  acusación  y de los alegatos presentados por los sujetos procesales”.   

De  tal  suerte, aduce, si en un determinado  caso    no    se    hace    presente    el    fiscal    a    esa    “audiencia      escrita”  mediante el alegato correspondiente,  y  no se conoce cuál es su posición concreta y final sobre la acusación, para  que  la  defensa  pueda  controvertir sus argumentos,  se tiene que en este  evento  “no se materializó  la     acusación”,  volviéndose   así   al   procedimiento   que  regía  con  anterioridad  a  la  Constitución de 1991, esto es al procedimiento inquisitivo.   

En  criterio  del demandante es claro que la  omisión  de  la  Fiscalía  se  erige en irregularidad sustancial que afecta el  debido proceso.   

De  otro  lado, cualquier norma de carácter  legal  expedida  con  anterioridad a la Constitución de 1991 que establezca que  el  único alegato de conclusión imprescindible lo sería el que debe presentar  el  defensor  conforme  ocurre  con los decretos 099 y 390 de 1991, “resultarían   susceptibles   de  ser  tachados         de        inconstitucionalidad        sobreviniente”.   

Finalmente,  considera necesario agregar que  si  bien  en  el  artículo  46  del  decreto  2790  de  1990, modificado por el  artículo  1º  del  decreto 099 de 1991 y adoptado como legislación permanente  por  el  artículo  4º  del  decreto  2271  de  1991,  no se exigía alegato de  conclusión  por  parte  de  los  delegados  de la Fiscalía, lo es porque en la  época  que  se dictaron tales disposiciones aquellos no habían sido puestos en  funcionamiento  y  quienes  investigaban  y  acusaban  eran  los jueces de orden  público.   

Cita como normas sustanciales infringidas los  artículos  250 de la Constitución Política, artículo 3º del decreto 2699 de  1991  ó  Estatuto  Orgánico de la Fiscalía, 180 numerales 3º y 4º, 128, 304  numeral 2º y 452 del anterior Código de Procedimiento Penal.   

Finaliza  solicitando  que  se  declare  la  nulidad  de la actuación cumplida desde el informe secretarial obrante al folio  86  del  tercer  cuaderno original del expediente y mediante el cual se pasó el  proceso  al  despacho con los alegatos de conclusión, para que el señor Fiscal  del caso presente el que le obligaba legalmente.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Demanda  a nombre del procesado OSWALDO OSORIO FERNANDEZ   

         Sea   lo   primero  recordar  que  insistente  y  pacíficamente  la  jurisprudencia  de  esta  Corte tiene establecido que la modalidad de violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  hecho  por  falso  juicio de  identidad,  cuya  configuración  postula  el  impugnante  en  el  primer cargo,  encuentra  realización  cuando  el juzgador distorsiona, cercena o adiciona, el  contenido  fáctico  de  la  prueba, poniéndola a decir lo que objetivamente no  expresa.  En  cambio,  si  lo  que  se cuestiona es la valoración misma, que se  reputa      equivocada      porque     el     juez,     por     desa­tender   los  principios  de  la  sana  crítica,  obtuvo  inferencias  erróneas de los hechos objetivamente vistos, no  se  está  en  presencia  de  un  falso  juicio de identidad sino de un error de  apreciación, denominado falso raciocinio.   

          Pero,   independientemente  de  la  equivocada  denomina­ción  dada  por el recurrente a lo que  en  realidad  constituiría  un error de esta última naturaleza, pues lo que el  actor  quiso destacar en este primer cargo es una transgresión a los postulados  de  la  sana crítica en la valoración de la confesión calificada ofrecida por  el  procesado  OSWALDO  OSORIO  FERNANDEZ,  encuentra  sin  embargo la Sala, que la presentación de un reparo  de  este  jaez, aunque también involucra vías de hecho, reclama del accionante  las  exactas  referencias  a  las  arbitrariedades  cometidas  por el juez en la  evaluación  probatoria,  tanto  en  la  prueba de cargo como en la de descargo,  además  del señalamiento de la trascendencia del argumento probatorio propio y  de  los  yerros  cometidos por el juzgador en el sentido del fallo, todo lo cual  se echa de menos en el libelo.   

Así,  el  demandante  se  limita a reclamar  credibilidad   a   la   versión   ofrecida   por   el   procesado  OSORIO   FERNANDEZ  en  el  curso  de  su  indagatoria,  porque  según su criterio no podía exigírsele un comportamiento  diverso  al  observado en las circunstancias que de hecho da por demostradas sin  fundamentación  alguna.  Pero  una  tal argumentación, claro se ve, no pone de  presente  ningún  error  de  hecho, ya que se trata de una simple expresión de  disenso  con las apreciaciones del sentenciador, que por tanto deviene inidónea  para  concitar un juicio de legalidad contra la decisión de éste, pues a falta  del  correcto  planteamiento  y  la  necesaria demostración en la demanda de un  error  trascendente  en  el  fallo  atacado, no puede la Corte sin contrariar el  principio  de  limitación  que rige la impugnación extraordinaria ocuparse del  examen  de  falencias  o yerros no denunciados o deficientemente presentados por  el  censor,  tanto menos cuando a esta sede ingresan las sentencias con la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad, quebrantable únicamente a través de la  dialéctica que dejó de soslayo el casacionista.   

En similares falencias incurre el demandante  en  el desarrollo del segundo cargo, pues al plantear el pretendido falso juicio  de  existencia por omisión, dejó de mencionar siquiera fragmentariamente cuál  o  cuáles  fueron  las  pruebas  sobre  las  cuales  el  juzgador consolidó la  condena,  colocando  a  la  Corte  frente  a  un total desconocimiento sobre los  cimientos de la sentencia atacada.   

          No  a  otra  conclusión  se  llega  pues  el  demandante  aparte de  considerar  que  las pruebas omitidas por el Tribunal -la versión del procesado  JOSE  IGNACIO  ALVAREZ RIOS y  el  indicio  que  se deriva del hecho de que el vehículo en el que inicialmente  se  transportó  al  secuestrado  fuese  de  propiedad  del  también  procesado  OSWALDO  OSORIO FERNANDEZ- no  le  permitieron reconocer que el procesado había actuado dentro de los límites  de  una  causal  de inculpabilidad -insuperable coacción ajena- ,  ningún  esfuerzo  hace  por  destacar cuáles fueron los elementos de convicción que le  sirvieron de base al sentenciador para condenar.   

Si a esta deficiencia del libelo se adiciona  que  tampoco  el  censor  da  a  conocer cómo cada uno de los requisitos de los  institutos  que  depreca  en  favor del procesado se cumplen, se impone concluir  que  no  hay camino cierto en procura de la intervención del juez de casación.   

          Un  planteamiento  de  este  jaez  por  lo  incompleto  no  es menos  parecido  a  un  alegato de instancia del que se quiere valer el demandante para  darle  un  especial  valor  a  las  pruebas que en su opinión resaltaban que el  procesado había actuado dentro de la opción esbozada.   

          Ante   los   insalvables   defectos   de   orden   técnico   y   de  fundamentación,  que  la  Corte  no  puede enmendar por virtud del principio de  limitación que gobierna la casación, se rechazará la demanda.   

Demanda  a nombre del procesado JOSE IGNACIO ALVAREZ RIOS   

En  la  demanda  presentada a nombre de este  procesado,  la fundamentación del único cargo se sustenta en la causal tercera  del  artículo  220  del anterior Código de Procedimiento Penal al considerarse  que   la   sentencia   fue  proferida  en  un  juicio  viciado  de  nulidad  por  desconocimiento  de  las  formas  propias  del  juicio  porque tratándose de un  proceso  regido  por el trámite especial señalado en la anterior codificación  procesal  para  los  asuntos  de  conocimiento  de  los  jueces  regionales,  la  Fiscalía  no  presentó  alegatos de conclusión previos al proferimiento de la  sentencia, lo cual era obligatorio para el ente investigador.   

          Si  la  nulidad  ha  sido concebida no sólo en interés de la misma  ley   sino   y   principalmente   como  mecanismo  garantista  de  los  derechos  fundamentales  de  los sujetos procesales que intervienen en el proceso penal, y  para  preservar  la  estructura  de  la  investigación  y  el  juzgamiento,  su  invocación  debe  tener  una   clara  y  adecuada  sustentación,  lo cual  significa  que  quien  la  impetre  no  sólo  tiene  la  carga  de demostrar la  existencia  de la irregularidad argüida, sino especialmente el daño al derecho  fundamental  presuntamente  violado  o  el agravio que desquicia sustancialmente  las  bases del proceso, a tal punto trascendente que la única forma de procurar  el  restablecimiento  debido  lo constituye la declaratoria de nulidad parcial o  total  de  la  actuación  -principio  de trascendencia  (artículo  308-2  del  Código de Procedimiento Penal  vigente a la sazón, hoy 312-2 de la ley 600 de 2000)-.   

En el presente caso, no empece considerar el  actor  que  el  trámite  está  viciado,  nada  hace  por  considerar  siquiera  hipotéticamente  cómo  de  acuerdo  con  la  irritualidad  de  que se duele el  proceso,  los  desatinos  alteraron  la  legal  estructura  del mismo, con grave  perjuicio para los intereses del procesado que representa.   

          Lo   anterior   basta   para   concluir  que  el  escrito  puesto  a  consideración  de  la  Corte no reúne los requisitos de forma suficientes para  habilitar  el  estudio  de  fondo  de  la  cuestión,  lo  que no da alternativa  diferente   a  rechazarlo  de  plano  y  a  declarar  desierta  la  impugnación  extraordinaria.   

Por  lo  expuesto,  LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   las   demandas   de  casación  presentadas    por    los    defensores    de    los   procesados   OSWALDO   OSORIO  FERNANDEZ  y   JOSE  IGNACIO  ALVAREZ  RIOS,  por  las  razones  expuestas  en  la  anterior  motivación  y  declarar, en consecuencia,  DESIERTO EL RECURSO interpuesto por el mismo.   

Contra   este   auto  no  procede  ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL              JORGE   E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS           CARLOS  A. GÁLVEZ  ARGOTE                

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO            EDGAR  LOMBANA  TRUJILLO               

CARLOS        E.        MEJÍA  ESCOBAR                          NILSON PINILLA  PINILLA                     

Teresa Ruíz Núñez  

Secretaria  

    

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