12539(02-05-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República de Colombia  

       

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 12539  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 49  

         Bogotá,   D.   C.,   dos   (02)   de   mayo   de   dos   mil   dos  (2002).   

VISTOS  

         Mediante  sentencia  del 23 de abril de  1996,  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Buga  declaró  al señor  José    Floriberto   Jurado   Castillo  responsable  del delito de homicidio, le impuso la pena principal  de  25  años  de  prisión,  las  accesorias  de  interdicción  de  derechos y  funciones  públicas  y  suspensión  de  la  patria potestad por 10 y 15 años,  respectivamente, y la obligación de pagar los perjuicios causados.   

         Recurrida  esta  decisión  por  el defensor, fue confirmada por el  Tribunal  Superior  de  Buga el 18 de julio de 1996. El sindicado y su apoderado  interpusieron  recurso  de  casación,  fue  concedido y la Sala se pronuncia de  fondo sobre el mismo.   

HECHOS  

         Aproximadamente  a las dos de la mañana del 14 de mayo de 1995, en  la  vía  pública  del sector denominado “Morro Plancho”, del corregimiento  de   Sonso   (Valle),   se   presentó   una   discusión   entre   José   Floriberto   Jurado   Castillo,  ALFONSO  GIRALDO  GUACÁN  y  JESÚS  ARMANDO GUACÁN PANTOJA, quienes ingerían  licor,  en  medio de la cual se esgrimieron armas blancas, causándose la muerte  al segundo y lesiones al último de los nombrados.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

         Iniciada   la   correspondiente   investigación,  se  escuchó  en  indagatoria     a     José    Floriberto    Jurado  Castillo,   a   quien  se  resolvió  su  situación  jurídica,  y,  luego  de  clausurada,  el 14 de septiembre de 1995 se lo acusó  como  autor de los delitos de homicidio y lesiones personales, decisión que fue  recurrida  y  el  tres  de  noviembre de ese año, la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  declaró  la  nulidad  en  relación  con  las lesiones y confirmó lo  relativo al atentado contra la vida.   

         El  23 de abril de 1996, el Juez Segundo Penal del Circuito de Buga  profirió  la sentencia de condena ya reseñada, la que, apelada, dio lugar a la  del  Tribunal  Superior  del 18 de julio del mismo año, que la confirmó.    

         Interpuesto  el  recurso  de  casación,  durante  su  trámite  se  recibió concepto del Procurador Primero Delegado en lo Penal.   

LA DEMANDA  

         El  defensor  formula  un  cargo al amparo de la causal primera por  cuanto  la  sentencia violó de manera directa, por interpretación errónea, el  numeral  4°  del artículo 29 del Código de Procedimiento Penal (sic) de 1980,  al  excluir  la  justificante de la legítima defensa, porque de conformidad con  la  valoración probatoria del Tribunal la agresión, con armas, se presentó en  un  episodio,  no en dos como refirió el acusado, pero así sea válida aquella  conclusión  debió  reconocer la eximente, pues erró al pretender que el hecho  se  justifica  en  atención a que existan varios actos agresivos, cuando lo que  interesa  es  que,  así  sea  uno  sólo,  de  él surjan los presupuestos para  responder  .  “En  resumen,  en  la  sentencia  que se impugna se señalan los  elementos  de  la  legítima  defensa pero no se deduce la consecuencia obvia de  esa    apreciación    probatoria”,    con    lo    cual    se    impone    la  absolución.   

EL MINISTERIO PUBLICO  

         La  Procuraduría  solicita  no  casar  la  sentencia por el motivo  demandado,   por   cuanto  al  alegar  violación  directa  por  interpretación  errónea,  el censor debe aceptar la valoración probatoria del Tribunal, lo que  no  hace  cuando, por el contrario, critica el análisis del Ad quem, además de  no  fundamentar  la  censura,  pues  nada  dice  respecto de que al precepto que  regula  la  legítima  defensa  se  le  diera un alcance diverso. Por lo demás,  concluye,  se  demostró que el hecho se originó en una riña, lo cual descarta  la  justificante,  pues  quien  se  enfrasca en una lo hace con la intención de  agredir, no de defenderse.   

         De  manera  oficiosa  solicita  se  case parcialmente el fallo para  descartar   la  suspensión  de  la  patria  potestad  al  no  fundamentarse  su  imposición.   

CONSIDERACIONES  

         1.  El  demandante  invoca  la  causal  primera, cuerpo primero, en  cuanto  acusa  a la sentencia de violar de manera directa la ley sustancial. Tal  censura  exige que el actor admita, sin cuestionamiento alguno, los hechos en la  forma  en  que  el  juzgador  los tuvo por demostrados, así como su estimación  probatoria;  ello,  por  cuanto su inconformidad no radica en la valoración que  hagan  los  juzgadores  de  los elementos de juicio, sino en la selección de la  norma que aplicaron al caso.   

         No   obstante  que  el  censor  hace  planteamientos  teóricos  al  respecto,  al  desarrollar  el reproche procede a cuestionar el análisis que de  los  medios  de  prueba  se  hizo  en  la sentencia. Así, afirma que el Ad quem  descartó  la causal de justificación del hecho “por cuanto de acuerdo con su  apreciación  de la prueba nunca hubo un segundo episodio agresivo que ameritara  el  ejercicio  de la defensa justa”, esto es, que “interpreta el problema de  la  legítima  defensa  desde  el  punto  de  vista  de  un  segundo episodio de  agresión”,  para seguidamente cuestionar que “el análisis que debió hacer  no  era  sobre si hubo o no dichos dos episodios … sino si inclusive dentro de  la  riña  se  presentó la amenaza grave contra la vida del sindicado”. Así,  no   admite   la   estimación  judicial  y,  además,  postula  una  diferente.   

         La  misma  falencia  se observa cuando en otro aparte de la demanda  expone  que el error de interpretación del Tribunal radicó en pretender que la  defensa  justa sólo puede ser consecuencia de varios actos de agresión, cuando  lo  que  ha  debido  evaluar  es  “si  en uno o dos o más episodios agresivos  surgieron  las  razones para actuar como procedió el señor Jurado Castillo”,  mención  que  constituye  una  valoración probatoria, personal y diversa de la  del  juzgador,  lo  cual  no  es de recibo conforme a la censura propuesta, como  tampoco  cuando  explica  que  el Tribunal “no puede concluir que se configura  una riña imprevista”.   

         Otro   tanto   sucede   cuando  dice  que  la  sentencia  negó  la  justificante  “porque  se  dijo en la audiencia que la agresión se dio en dos  episodios”  y,  agrega  la  defensa,  ello no fue así porque en el proceso se  demostró  lo  contrario, lo cual comporta oposición a la valoración judicial,  máxime  que  se  explica  que  si  a  decir  del  Tribunal se presentó un solo  episodio,  entonces  ha  debido  deducir  la causal, todo lo cual constituye una  posición  personal  diversa  de la del juzgador sobre el contenido y sentido de  los elementos de juicio.   

         2.  El  actor alude a infracción de la disposición que elimina la  antijuridicidad,  “por interpretación errónea”, pero ni siquiera de manera  tácita  demuestra  que  los fallos de instancia suministraran al artículo 29-4  del  Código  Penal  de  1980  un  alcance  que  no  tiene  o  le exigieran unos  requisitos  no  previstos  en  la  disposición;  por  el contrario, el discurso  anuncia  que, reconocidas las exigencias de la legítima defensa, los juzgadores  concluyeron  que  no  se reunían en el caso debatido a partir de estimar que lo  acaecido  fue  producto de una riña imprevista. Una conclusión en este sentido  no  equivale  a  tergiversar  el alcance de la norma, pues, por el contrario, se  parte  de  sus  exigencias  para  inferir  que  no  se  presentan  en  el evento  investigado.   

         3.  Más  allá  de las falencias técnicas, el fondo de la censura  tampoco  encuentra  soporte  en las decisiones acusadas, porque, en contra de lo  que  plantea  el  señor  defensor,  en  modo  alguno  los  jueces  de instancia  concluyeron  que  hubo  una agresión injusta actual o inminente, que habilitara  al sindicado a defender un derecho propio o ajeno.   

         Por  el contrario, la sentencia de primer nivel, que en el punto en  cuestión  conforma  unidad  inescindible  con la del Tribunal, al hacer propios  los  argumentos  de  la fiscalía, concluye que la reacción del sindicado “no  fue  conforme  a  derecho  puesto  que  el  insulto  no era motivo poderoso para  repelerlo  en  la  forma  como  lo  hizo;  que  además  no  tenía necesidad de  reaccionar  de  esa  manera,  además de que cuando JOSÉ FLORIBERTO realizó la  agresión  injusta, ya había recibido la única lesión …, vale decir, el mal  ya  estaba  hecho  y  no  había de qué defenderse”, concluyendo, para que no  quedara  duda  de  que  el  hecho no se justificaba, que el actuar del procesado  solo  fue  manifestación  de  “la  venganza,  forma aguda de odio que sintió  hacia  la  familia  de  quien  lo  lesionó”,  y  no  admitió  la eximente de  antijuridicidad   por   cuanto   el   acusado  “negó  su  autoría  desde  un  principio”.   

         El  juez  de  primera instancia, en consecuencia, no solo descartó  que  se  reunieran  los  elementos  de  la justificante pretendida, sino que fue  enfático  en  no  conceder  eficacia  a  las  pruebas que indicaban que no tuvo  ocurrencia,  al  extremo  de  concluir  que  la conducta del acusado obedeció a  sentimientos  de  venganza  y  odio, que no de necesidad de defender un derecho,  para  agregar que su reacción se dio dentro de una riña imprevista que excluye  la  defensa  justa.  Aun  más:  el  a quo excluyó cualquier credibilidad a los  testimonios   que   a   última  hora  pretendieron  estructurar  la  causal  de  justificación.   

         El  Tribunal  elaboró argumentos en el mismo sentido, esto es, que  “la  sentencia impugnada debe aceptarse sin modificaciones, porque en realidad  lo  ocurrido  en  la  noche  de  autos  fue  una  riña  imprevista”,  sin que  discurriera,  ni  siquiera insinuara, que el único episodio en que se centra la  discusión  estuviera  rodeado de las circunstancias que justificaran la repulsa  a  un  ataque injustificado. Al contrario, al hacer énfasis en que la muerte se  produjo  en  desarrollo de una riña, concluye que ésta, por sí sola, descarta  la legítima defensa.   

         4.   Así,   en  contra  de  lo  que  concluye  la  demanda  en  su  interpretación  de  los  fallos  de  instancia,  estos  encontraron  probada la  ausencia  de los elementos de la eximente de antijuridicidad, luego mal pudieron  equivocarse  al  descartar  el  artículo  29-4  del Código Penal de 1980, como  tampoco  al deducir sus alcances, puesto que partieron de su definición legal y  sin interpretación alguna descartaron su ocurrencia.   

         Y  no  podía  ser  de  otra  manera, por cuanto, en aspecto que la  defensa  no  cuestiona,  a partir del análisis conjunto del material probatorio  los  jueces  encontraron  demostrado que víctimas y sindicado se enfrascaron en  una  riña  imprevista,  en  medio  de  la  cual  el  último causó las heridas  mortales,  sin  que, por eso mismo, fuera de recibo que el hecho se justificara,  por  cuanto  si  la  riña  comporta  que  varias personas se acometen confusa y  mutuamente  de  modo  que no cabe distinguir los actos de cada una, mal se puede  pretender  que  alguno  de  los  partícipes  sea  injustamente  agredido y, por  consecuencia,  tenga necesidad de defenderse, como que, por el contrario, unos y  otros actúan con el ánimo de causar daño.   

         En  consecuencia,  la  propuesta  del demandante no puede prosperar  porque  no demostró el error planteado, que no existió, en atención a lo cual  no se casará el fallo impugnado.   

         5.  Por asistirle razón al Ministerio Público, la Sala casará de  manera  oficiosa  la  sentencia  en  lo  relacionado con la pena accesoria de la  suspensión  de la patria potestad, toda vez que el juez a quo, en decisión que  fue  confirmada  de manera integral, la impuso por un lapso de 15 años, sin que  expresara  las  razones de esa sanción, además de mostrarse sin sentido porque  no tiene relación alguna con el delito cometido.   

         6.  En  consideración  a  que el fallo no es sustituido y sólo se  descarta  una  sanción  accesoria  que  se impuso sin motivo alguno, surgen dos  consecuencias:  la  decisión  queda en firme en la fecha de su expedición y el  juicio  de  favorabilidad que pueda surgir ante la entrada en vigencia del nuevo  Código Penal corresponde hacerlo al juez de ejecución de penas.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         1.   Desestimar   la   demanda   presentada   por  el  defensor  de  José    Floriberto   Jurado   Castillo.   

         2.  De  manera  oficiosa, casar parcialmente el fallo de instancia,  en  el  sentido  de  retirar  la  pena  accesoria  de  suspensión  de la patria  potestad.   

         

         Notifíquese y cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ     ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

                                                                                      No hay firma   

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                          No  hay  firma   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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