13082(31-10-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  13082   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado    Acta    No.130   (octubre 24 de 2002)   

          Bogotá D.C., octubre treinta y uno de dos mil dos.   

VISTOS  

La Corte decide sobre la demanda de casación  propuesta  en  contra  del  fallo  de segundo grado proferido por el Tribunal de  Bucaramanga  el 14 de diciembre de 1996, mediante el cual confirmó la sentencia  dictada  por  el  Juzgado  Noveno  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad que  condenó  a ELEUTERIO SERRANO  como autor penalmente responsable del delito de homicidio agravado.   

El Procurador Segundo Delegado en lo Penal ha  emitido  su  concepto, en el que solicita casar oficiosamente el fallo impugnado  por violación del derecho a la defensa técnica del procesado.   

HECHOS  

En las horas de la tarde del 9 de septiembre  de  1995,  Juan de Dios Santamaría Ortíz  estaba  en  la  casa  de su prima Teresa  Ortíz   Lusgado,  en  el  municipio  de  Piedecuesta  (Santander),     a     donde    llegó    ELEUTERIO  SERRANO.  El  primero  recriminó al segundo porque lo  seguía  a  los sitios donde iba, y se trenzó en discusión que culminó cuando  SERRANO hirió en la espalda  con   un   cuchillo   a   Juan  de  Dios, lo que produjo su deceso horas más tarde.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          El  10  de  septiembre  de  1995 ELEUTERIO  SERRANO  se  presentó  voluntariamente  al Comando de  Policía  de  Piedecuesta.  Al  día  siguiente  la  Fiscalía  Seccional  40 de  Bucaramanga  dispuso  la  apertura  de  la  investigación, lo vinculó mediante  indagatoria  y  el  22  de septiembre del mismo año la Fiscalía 12 de la misma  especialidad   decidió  su  situación  jurídica  con  medida  asegurativa  de  carácter detentivo.   

Cerrada  la  instrucción, el 15 de enero de  1996  se  acusó  al  procesado  como presunto autor del homicidio de su cuñado  Juan  de  Dios  Santamaría.  Esta decisión quedó ejecutoriada el 24 de enero de 1996.   

La etapa de la causa correspondió al Juzgado  Noveno  Penal del Circuito de Bucaramanga, donde la defensa solicitó la nulidad  de  la  actuación  por  carencia  de asistencia letrada, que fue negada por los  funcionarios de primero y segundo grado.   

El   procesado   se  acogió  a  sentencia  anticipada,  que luego de la formulación y aceptación de cargos dio lugar a la  decisión  del  24 de junio de 1996, donde se le condenó a la pena principal de  33  años y 4 meses de prisión como autor penalmente responsable del delito por  el  que  se  le  acusó,  a  la  pena  accesoria  de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo lapso, y al pago de los perjuicios derivados  de  su  delito.  Providencia  que  por  mayoría  fue confirmada por el Tribunal  mediante   fallo   del   14   de   diciembre  de  1996,  que  es  objeto  de  la  demanda.   

LA DEMANDA  

Luego  de  señalar la sentencia censurada y  hacer  un  recuento  de la actuación procesal, la defensa plantea un solo cargo  al  amparo  de  la  causal  tercera  de casación, por violación del derecho de  defensa  durante  el  sumario  y  parte del juicio, que sustenta de la siguiente  manera:   

Transcribe apartes del salvamento de voto que  uno  de  los  Magistrados integrantes de la Sala de Decisión Penal del Tribunal  realizó  frente a la mayoritaria de condena y señaló como normas violadas los  artículos  29  de  la  Constitución  y  1º del Código de Procedimiento Penal  anterior,  pues  considera  que  no  hubo debido proceso por las omisiones de la  defensora oficiosa.   

Expone  que  esta  causal  de  nulidad  es  insaneable,  y  pese  a  ello  fue  desconocida  en  forma  inexplicable  por el  Tribunal.  La violación del artículo 29 de la Carta Política la radica en que  fueron   omitidos   los  recursos  que  debieron  ser  interpuestos  contra  las  providencias  que  perjudicaban  al  procesado, y además porque la defensa pudo  haber  procurado  que  “se  hubiese  acogido  a  la  sentencia  anticipada  que significaba una rebaja de la tercera parte de la pena  a imponer”.   

A  manera  de  conclusión  señala, que una  buena  defensa  habría  conseguido  que  el  homicidio  fuera  calificado  como  preterintencional  o  habría  demostrado  la  atenuante  por obrar en estado de  ira.   

Solicita  a  la  Corte  casar la sentencia y  decretar  la  nulidad  de lo actuado a partir de la designación de la defensora  de oficio, para que se tramite en legal forma el proceso.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

         La  sugerencia  del  Procurador Segundo Delegado en lo Penal, en el  sentido  de  casar  el  fallo  impugnado  la  sustenta en el siguiente exclusivo  argumento:   

         La  demandante  incurrió en fallas de técnica al confundir en una  sola   las   violaciones  al  debido  proceso  y  al  derecho  de  defensa,  que  corresponden  a  clases  de quebranto diferentes; también erró al solicitar la  nulidad  desde  la  designación  de  la abogada oficiosa sin explicar por qué,  más  aún cuando su intervención en la indagatoria se hizo conforme a derecho,  y la invalidez solicitada afectaría la injurada.   

No obstante, de manera oficiosa solicita se  declare  la  nulidad,  pues  salvo  la  participación  de  la  defensora  en la  indagatoria,  no  realizó  ninguna  otra  actuación  que  pudiera tenerse como  estrategia  defensiva.  Además, si el derecho de defensa es garantía absoluta,  no  pueden  existir  espacios  considerables  de  la actuación donde no se haga  realidad.   

          La  pasividad  de  la  defensora  dejó indefenso al procesado en el  sumario  y parte de la causa, con lo que se le privó de acogerse a la sentencia  anticipada,  solicitar  pruebas  o  presentar  peticiones,  motivo por el que la  nulidad debe decretarse a partir del cierre de investigación.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          El  artículo 37 B del anterior estatuto procesal penal, en vigencia  del  cual  se  presentó  esta  demanda, delimitaba el interés para recurrir la  sentencia  anticipada  por parte del procesado o su defensor, a la dosificación  de  la pena, el subrogado de la condena de ejecución condicional, la condena al  pago  de  perjuicios y la extinción del dominio sobre los bienes; tal interés,  según  lo  expuso  la  jurisprudencia  de  esta  Sala,  se  hacía extensivo al  interés para impugnar de manera extraordinaria.   

No  obstante,  también  se precisó, que la  sentencia  dictada  de  manera  anticipada debía estar precedida de la rigurosa  protección  de  los  derechos  y  garantías que señala la Carta Política, al  punto  que  la legislación preveía la posibilidad de no dictar el fallo cuando  el   juez  advirtiera  la  violación  de  garantías  fundamentales1   

,  razón  por  la  cual  cuando  se  alega  violación   de  garantías,  aún  tratándose  de  esta  clase  de  fallos  de  conformidad,  es  claro  el  interés  para  acudir  en  casación  (ordinaria o  excepcional)  que  podría  predicarse  del sujeto procesal cuando hubieren sido  afectados tales derechos.   

Por  tanto,  la  Sala  señaló  que  si  la  actuación  cumplida  en  el  marco  de  las  figuras de culminación anticipada  tenía  que  estar  determinada  por  el  principio  de  respeto  absoluto a las  garantías  fundamentales,  cuando  estas  fueran  desconocidas  se  imponía la  invalidación  del  proceso  conforme  a la ley procesal penal, ya de oficio o a  solicitud de los sujetos procesales.   

Es  también  pertinente  resaltar,  que en  punto  de  la  audiencia  especial  o  de  la  sentencia  anticipada,  en cuanto  mecanismos  de  política  criminal  dirigidos  a  conseguir  la  efectividad de  principios  tales  como  la  celeridad,  la  economía  procesal y la eficacia a  cambio  de  una  rebaja  de  pena,  se  extingue  para  quien  se somete a tales  institutos   cualquier   posibilidad   de   retractación   o  negación  de  la  responsabilidad  que  libremente  aceptó, o de desconocimiento de la prueba que  soportó la formulación de cargos que también admitió.   

         Realizadas  las anteriores precisiones, se considera que la demanda  de  casación que ahora ocupa la atención de la Sala está llamada a prosperar,  porque  se  evidencia  el perjuicio material irrogado al procesado al permanecer  en  absoluta  indefensión por ausencia de asistencia letrada durante el sumario  y  parte  importante del juicio, lo que estructura la causal de invalidación de  lo  actuado por violación al derecho de defensa, en que se sustenta el reproche  al fallo de segunda instancia.   

          En  efecto,  revisada  la  presente  actuación se encuentra, que al  procesado  se  le  designó  defensora  de oficio al momento de ser escuchado en  indagatoria,  diligencia durante la cual en efecto lo asistió. Luego fue citada  para  notificarle  la  medida  de  aseguramiento  con  la  que  se  resolvió la  situación  jurídica,  pero  no compareció, y se realizó la notificación por  estado.  Igual  ocurrió con la resolución de cierre de la investigación y con  la  resolución  acusatoria. Respecto del traslado dispuesto en el juicio por el  artículo  446 del anterior Código de Procedimiento se le envió comunicación,  sin que el expediente informe que concurrió.   

          El  14  de febrero de 1996 se presentó ante el juzgado que conocía  del  juicio  un  poder  otorgado  por  el  procesado  a una nueva defensora, que  reconocida  dos  días  más  tarde  fue  enterada  del  traslado  en curso cuyo  vencimiento  estaba  dispuesto  para  el  11 de marzo siguiente (fol. 129). Esta  apoderada  solicitó  pruebas, instauró una petición de nulidad por violación  del  derecho  de  defensa,  se  notificó de la providencia que no accedió a su  pedido,  y  sin  éxito  la  impugnó a través de los recursos de reposición y  apelación.   

El   30   de  mayo  de  1996  ELEUTERIO  SERRANO  comunicó  al juzgado  que  se acogía a sentencia anticipada, diligencia durante la cual contó con la  asistencia  de su defensora, la que allegó un escrito previo al fallo, luego lo  impugnó,  sustentó  oralmente el recurso de apelación, y presentó la demanda  de casación que ocupa a los miembros de esta Sala de la Corte.   

         Del  anterior  recuento procesal orientado a constatar la garantía  constitucional   de   la   defensa,   fácil   es   concluir   que  ELEUTERIO  RUIZ  contó  con  asistencia  técnica  durante  su  indagatoria  por  virtud  de designación oficiosa de una  defensora  que  efectivamente  lo  asistió.  Pero  con  posterioridad  no  hubo  actividad  defensiva,  hasta  el  momento del juicio y cuando ya transcurría el  traslado  para  preparar  la  audiencia  pública,  solicitar  nulidades y pedir  pruebas,    cuando    hizo   uso   de   la   facultad   de   designar   defensor  convencional.   

La  Carta  Política  en  su  artículo  29  reconoce  como  fundamental  el  derecho  a  la  defensa, desde dos ópticas que  inescindiblemente  deben  converger  como  condición  de  validez:  la  defensa  material  ejercida  directamente  por  el  procesado  y la asistencia técnica o  letrada  que adelanta un abogado en representación de aquel, lo cual se asienta  en   la  necesidad  de  asegurar  un  equilibrio,  no  solo  entre  los  sujetos  procesales,  sino  también  respecto de quien está investido de la facultad de  decidir  en  nombre  del  Estado,  para obviar situaciones de indefensión en la  dialéctica propia del trámite judicial.   

El  derecho  de  defensa, entonces, tiene un  carácter  unitario,  real, continuo y permanente durante toda la actuación. No  obstante  ello,  no  cualquier  vacío  que  de  él  se produzca en el trámite  conduce  de  manera ineludible a la invalidación del proceso, o a la nulidad de  actuaciones  ulteriores,  pues  sólo hay lugar a ello cuando el vicio involucra  las  garantías  de  los intervinientes o trastoca los pilares fundamentales del  sumario o de la causa.   

Ahora  bien,  el sistema de invalidación de  las  actuaciones no puede ser reducido a su aspecto formal, esto es, a la simple  y  llana  verificación  de  la  ocurrencia  del  quebranto,  en cuanto es de su  esencia  el  reclamo  desde  un  ámbito material, que se ocupa de establecer el  perjuicio  real,  no  presunto,  acarreado  a  los derechos fundamentales de los  sujetos  procesales. Una posición diversa contraría la prevalencia del derecho  sustancial  (artículo  228  Carta Política), a la vez que se desvincula de los  principios  que rigen la declaratoria de las nulidades (artículo 308 Código de  Procedimiento  Penal  de  1991, que con alguna adición corresponde al artículo  310 del nuevo estatuto).   

         Si  como  se  advirtió,  el procesado careció de defensa técnica  desde  el  momento  ulterior  a  la  indagatoria hasta cuando ya transcurría la  etapa  del  juicio,  se  impone  reconocer  que  el  acogimiento  a la sentencia  anticipada  que  él  solicitó, no tiene la virtud de subsanar de manera alguna  el  quebranto  de  sus  garantías  y  derechos,  en  particular,  de asistencia  técnica, que se presentó durante el lapso señalado.   

         Como  la  sentencia anticipada debe estar precedida del respeto por  las  garantías del procesado, ante la desprotección señalada le correspondía  al  juez  que  conoció  de la actuación restablecer los derechos conculcados a  ELEUTERIO  SERRANO,  y  no  proceder,  sin  más,  a  proferir  el fallo condenatorio que luego confirmó el  Tribunal,  pues  así  lo  disponía  el  artículo 3º de la Ley 81 de 1993, al  señalar  que “Las diligencias se remitirán al juez  competente  quien,  en  el  término  de  diez  (10)  días  hábiles,  dictará  sentencia  conforme a los hechos y circunstancias aceptadas, siempre que no haya  habido       violación       de       garantías      fundamentales”.   

No  hay  duda,  que  la  demostración  del  perjuicio   concreto   para   los   intereses   del  procesado,  cobra  especial  acreditación  al  evaluar  que  pudo  acudir  a  la culminación anticipada del  proceso  en  la  etapa  del  sumario,  con  lo  que  habría obtenido una rebaja  punitiva  de  mayor  beneficio  que  la  obtenida  en  la  fase del juicio. Esto  satisface  el  principio  de  trascendencia que rige la  declaratoria  de  las  nulidades  (numeral  2º  del  artículo 308 del anterior  Código  Procesal,  que  corresponde  al numeral 2º del artículo 310 del nuevo  estatuto),  pues  se  encuentra  demostrado  que  la  falta  de asistencia de un  defensor afectó garantías del procesado.   

          A  la  declaratoria  de  nulidad  de  la  actuación  se  arriba  en  desarrollo  de los planteamientos de la demandante, y no de manera oficiosa como  lo  solicita  el  Procurador  Delegado en su concepto. No obstante, se evidencia  que  la  invalidez  no  tiene  la  cobertura  señalada por la abogada, esto es,  “a   partir  de  la  designación  de  la  doctora  Margarita  López  Cely  como  defensora  de oficio”,  pues   tal  actuación  se  desarrolló  conforme  a  derecho,  y  el  quebranto  efectivamente  se  presentó  en  un  momento  procesal posterior y se proyectó  hasta    cuando    ya    avanzada   la   etapa   del   juicio   designó   nueva  apoderada.   

Durante  tal  lapso,  en  el que, a pesar de  tratarse  de  una  actividad  discrecional  de  la  defensa,  se  podría  haber  solicitado  la  reposición  de  la  resolución  del  cierre investigativo para  recaudar  otros  medios de prueba, presentar alegatos de clausura del sumario, u  otras  posibilidades  defensivas como la solicitud de terminación anticipada, y  no,  como  efectivamente  ocurrió,  enfrentar  al  procesado  a una resolución  acusatoria  a  la  que  tuvo  que sujetarse cuando se realizó la audiencia para  sentencia anticipada.   

Por  tanto,  será  a  partir  del cierre de  investigación  que  se  disponga  la  nulidad de lo actuado para restablecer la  garantía  vulnerada,  sin que la invalidación que se  decretará cobije las pruebas recaudadas.   

DE   LA   LIBERTAD  PROVISIONAL   

          Como  consecuencia  de  la declaratoria de nulidad, debe reconocerse  al  procesado  el  derecho  a  la  libertad  provisional  con  fundamento  en lo  dispuesto  en  el numeral 4º del artículo 365 de la Ley 600 de 2000, porque la  invalidez  cobija  la  calificación  del mérito del sumario, y el procesado se  encuentra privado de su libertad desde el 28 de septiembre de 1995.   

          Por  tratarse  de libertad provisional garantizada mediante caución  prendaria,  la  Sala  decide fijar su monto en un salario mínimo legal mensual,  habida  cuenta  que  si el procesado para la época de los hechos era trabajador  de  un establo donde laboraba por temporadas y tiene dos hijos de 13 y 15 años,  ello  revela  su  difícil y precaria situación económica, que muy seguramente  ha  empeorado  durante  los  85 meses y 3 días que ha permanecido privado de su  libertad.   

Para  acceder  a  la  libertad  señalada,  ELEUTERIO  SERRANO  deberá,  además   de   prestar  la  caución  prendaria,  suscribir  la  correspondiente  diligencia  de  compromiso  dispuesta por el artículo 368 del estatuto procesal  penal,  para  lo  cual  se comisiona al Presidente de la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Valledupar,  lugar donde se encuentra detenido; luego de lo cual y  una  vez  establecido  que  no  es  requerido  por  otra  autoridad judicial, el  funcionario     comisionado    librará    la    correspondiente    boleta    de  libertad.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

1.            CASAR  la  sentencia recurrida.   

          2.        En  consecuencia,  declarar  la nulidad de lo actuado a partir de la  resolución  de  cierre  de  investigación,  inclusive,  quedando  a  salvo las  pruebas recaudadas.   

          3.        CONCEDER    libertad    provisional    a  ELEUTERIO   SERRANO,  con  fundamento  en lo dispuesto en el numeral 4º del artículo 365 de la ley 600 de  2000.   

4.            Para  acceder  a  la  libertad indicada,  ELEUTERIO  SERRANO  deberá  cumplir las condiciones señaladas en esta providencia.   

          5.        Comisionar  al  Presidente de la Sala Penal del Tribunal Superior de  Valledupar,  para  efectos  de la suscripción del acta de compromiso dispuesta,  así  como  para librar la correspondiente boleta de libertad, una vez se preste  la  caución,  se  suscriba  la  diligencia  mencionada  y  se establezca que el  procesado no es requerido por otra autoridad judicial.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ  PINZÓN   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL         JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS                      CARLOS AUGUSTO  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                   ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

                                                                                                        No hay firma   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1 Cfr.  Sentencias  del  8  de  marzo  de 1996. M.P. Dr. Jorge Córdoba Poveda y de 4 de  marzo de 1996. M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll, entre otras.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *