16642fe1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N°  16642  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 22  

          Santafé   de   Bogotá,   D.   C.,  dieciocho  de  febrero  de  dos  mil.   

VISTOS  

          Se  ocupa  la  Sala  de la colisión negativa de competencias que ha  surgido  entre  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Caloto (Cauca) y el Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de Popayán, en razón del conocimiento del  proceso  adelantado  por  infracción  al  Estatuto Nacional de Estupefacientes,  pues  ambos despachos se consideran incompetentes para adelantar el juicio en el  cual fue acusado el individuo JUAN NICOLÁS TROCHEZ TAQUINAZ.   

          Sea  lo  primero  recoger el criterio antes expuesto en los autos de  30  de  noviembre  (radicados  16.511  y  16.514)  y  de  3 de diciembre de 1999  (radicado  16.624),  según los cuales la competencia para decidir esta clase de  conflictos,  por  haberse trabado entre jueces de circuito de un mismo distrito,  correspondía  al  respectivo Tribunal, cuando en realidad tal decisión incumbe  a   la   Corte   Suprema   de   Justicia,   dado   que   se  involucra  un  juez  especializado.   Pues bien, no es el Tribunal porque, a pesar de que la ley  504   de  1999  (junio  25)  creó  como  nueva  categoría  jurisdiccional  los  jueces  penales  de circuito especializado  y  la  incluyó  expresamente  dentro  de  la  competencia  de los  tribunales  superiores  de  distrito,  en  la  modificación  introducida  a los  numerales  1°  y  2°  del  artículo  70  del  Código  de Procedimiento Penal  (artículo  4°  de  la  ley),  no  hizo  lo propio con el numeral 5° del mismo  precepto,  que  precisamente  se  refiere  a  la  potestad  para  conocer de las  “colisiones  de  competencia  que se presenten entre  jueces  del circuito del mismo distrito”, sin incluir  en   tal   facultad   a  los  juzgados  de    circuito   especializados.   En  cambio,  el  inciso final del artículo 35 de la citada  ley  modificó directamente el numeral 5° del artículo 68 del C. de P. P., que  alude  a  la  competencia de la Corte Suprema de Justicia, con el fin de hacerle  decir   sin   confusiones  que  esta  Corporación  conocería  de  los  conflictos  de  competencia  que  se presenten entre un juzgado  penal    de    circuito   especializado   y   cualquier   juez   penal   de   la  República.   

          De  acuerdo  con las declaraciones hechas por el fiscal regional que  instruyó  el  caso, el día 4 de septiembre de 1997, aproximadamente a las 4:30  horas  de  la  mañana,  un  grupo  de  militares  integrantes  del batallón de  contraguerrilla  N°  37,  Macheteros del Cauca, llegó a un fundo situado en la  vereda  Buenavista,  jurisdicción del municipio de Corinto (Cauca), sitio en el  cual  hallaron  un  laboratorio para el procesamiento de cocaína y una cantidad  apreciable  de narcóticos de distinta naturaleza y presentación, objetos cuyas  características  son  las  siguientes:   cuatro  (4) tinas de gasolina con  veinte  (20)  galones  de  contenido  cada  una  de  ellas; ocho (8) recipientes  vacíos  de diferentes tamaños; cuarenta (40) kilogramos de cal; cincuenta (50)  kilogramos  de  sal  yodada;  tres  (3)  kilogramos  de soda cáustica; tres (3)  balanzas,  una  (1)  prensa; doce (12) arrobas de hoja de coca; un (1) kilogramo  de  base  de  cocaína,  veinte  (20)  arrobas  de  marihuana suelta y cinco (5)  kilogramos de semilla de marihuana.   

          En  el  lugar  fueron sorprendidos los sujetos JUAN NICOLÁS TROCHEZ  TAQUINAZ  e  IVÁN  ANTONIO  OSORIO  GÓMEZ,  el  primero  cuando se dedicaba al  procesamiento  de  alcaloides, mientras el segundo ingresaba al complejo con dos  (2) bultos de hoja de coca.   

ANTECEDENTES  

          Fue   vinculado  formalmente  a  la  investigación,  por  medio  de  indagatoria,   el   imputado   Juan  Nicolás  Trochez  Taquinaz, en tanto que el otro capturado fue dejado en  libertad   y,   por  medio  de  copias  pertinentes,  se  puso  su  conducta  en  conocimiento  del  juez  de familia de Caloto, una vez acreditada la minoría de  edad del autor.   

          Por  medio  de resolución fechada el 14 de julio de 1998, el Fiscal  Regional  Delegado  de  la  ciudad  de  Cali dictó resolución de acusación en  contra    del   procesado   Juan   Nicolás   Trochez  Taquinaz,  a  quien  atribuyó  un  concurso de hechos  punibles  consistente  en  violar  el  artículo  32, inciso 1° de la ley 30 de  1986,  por  “conservación  de  semillas  de  marihuana”, y el artículo 33,  inciso   1°   del   mismo   estatuto,   en  razón  “elaborar”  cocaína  y  “conservar” marihuana (fs. 204, cuaderno original 1).   

          La  resolución  acusatoria  quedó ejecutoriada el 21 de septiembre  de  1998,  y  el 1° de octubre siguiente un juzgado regional de Cali asumió el  conocimiento y abrió el juicio a pruebas (fs. 221 y 225).   

          Después  de  practicar  lentamente  pruebas  en  el juicio y librar  despachos  comisorios,  otro  juez  regional  de  la  ciudad  de Cali asumió el  conocimiento  del  caso  por  reasignación, según auto del 20 de mayo de 1999;  pero,  más  tarde,  el expediente aparece sin las constancias respectivas en el  despacho  del Juez Penal del Circuito Especializado de Popayán, por competencia  territorial  y objetiva, en razón del cambio introducido por la ley 504 de 1999  (fs. 387).   

          Posteriormente,  en  atención  a  una  solicitud  del  defensor del  procesado,  el  juez  especializado  estimó  que,  en  razón de la cantidad de  estupefaciente  decomisado,  la  competencia  correspondía  al  juez  penal del  circuito  ordinario,  razón  por  la  cual  finalmente  el expediente llegó al  despacho de la Juez Penal del Circuito de Caloto (fs. 394 y 405v.).   

          Pues  bien,  la Juez Penal del Circuito de Caloto (Cauca), por medio  de  auto  fechado  el  31 de agosto de 1999, considera que no es competente para  conocer  del  proceso  porque discrepa de la calificación dada por la Fiscalía  Regional  a  la  conducta  atribuida al acusado Trochez  Taquinaz,  pues  claramente  se  pudo  establecer,  de  acuerdo  con el informe de las unidades militares, que los elementos decomisados  constituían  un  laboratorio, así fuera rudimentario, y curiosamente, aunque a  ello  se  refirió  el fiscal acusador en el texto de la resolución, finalmente  calificó  el  comportamiento  dentro  de los parámetros del artículo 33 de la  ley  30  de 1986, y no en relación con el artículo 34 del mismo estatuto, como  era lo pertinente.   

          Sin  embargo, como la conducta imputada en la resolución acusatoria  fue  la  de  “elaborar  cocaína”,  ésta  se  considera  sin atención a la  cantidad  y  su examen corresponde entonces a los fiscales y jueces regionales o  especializados,  tanto en vigencia del artículo 71 del código de Procedimiento  Penal,  como  por  virtud del artículo 5° de la ley 504 de 1999.  Así lo  infiere  del  auto  fechado  el  28 de agosto de 1995, proferido por la Sala con  ponencia    del   magistrado   Juan   Manuel   Torres  Fresneda (fs. 406).   

          El  Juez  Penal del Circuito Especializado de Popayán ha respondido  los  argumentos  de su homólogo en el auto del 8 de octubre de 1999, con el fin  de  declinar la competencia y aceptar la colisión, pues aprecia bien calificado  el   comportamiento  atribuido  al  procesado  Trochez  Taquinaz.   

          En  efecto,  aduce el juez especializado que la conducta prevista en  el  artículo  34  de la ley 30 de 1986, sólo puede atribuirse a la persona que  tenga  la  capacidad jurídica y funcional para destinar el inmueble a los fines  señalados  en  la  misma disposición, aptitud de la cual carecía el procesado  Trochez   Taquinaz,  quien  aparece  como un peón en la elaboración de narcóticos, pues el “cambuche”  o  laboratorio estaba situado dentro de un inmueble de propiedad de Lisandro  Fernández y éste además adujo  tener  como  su  dependiente  en el mismo lugar a Edier  Mestizo Pilcue.   

          De  este  modo,  aunque eventualmente puedan coexistir las conductas  señaladas  en  los  artículos  33  y  34 de la ley 34 de 1986, esta última no  podía  atribuirse  al procesado.  De ahí que la subsunción de unos tipos  penales  en  otro de mayor riqueza descriptiva (art. 33-1 de la ley 30/86) “no  sea  precisamente el principio que resulte lógico aplicar en este caso, pues en  el  evento  no  coincide  la  destinación  del  inmueble  para los fines que se  replican al autor”.   

          Agrega  el  juez que “en busca de la solución más ecuánime a la  economía  procesal,  lo  que  debía  imponerse  como  fórmula  procesal,  era  compulsar  copias  para  la  investigación  del  comportamiento  descrito en el  artículo  34  de  la  ley  30/86 y no escudarse en la supuesta existencia de un  laboratorio,    del   que   no   se   cuenta   con   la   información   de   su  infraestructura…” (fs. 2 y 7, cuaderno original 2).   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          La  calificación  jurídica  de  la  conducta imputada al procesado  Trochez    Taquinaz,   es  obviamente  el  punto  de  partida  de  la  discusión  entre  los dos jueces de  circuito,  razón  por  la  cual  impera  destacarse  lo dicho en la resolución  acusatoria del 14 de julio de 1998.   

          En   efecto,   el   fiscal   regional   aludió  recurrentemente  al  descubrimiento  de  un  laboratorio  para  la  producción  de  estupefacientes,  inferencia  que  hace  del  decomiso de “gran cantidad de insumos y sustancias  precursoras”  (fs.  205),  en  cuya  comprensión  fue  capturado  el  acusado  Trochez   Taquinaz,   pero  también  aclara  que  a  éste  era  atribuible  el  tipo  penal previsto en el  artículo  33  de  la  ley  30  de 1986, “cuando sanciona la conducta de quien  elabore  sustancias  que  producen dependencia y se conservan otras de esa misma  naturaleza” (fs. 207).   

          Con  insistencia,  el calificador refiere que el procesado “estaba  en   el   laboratorio   realizando   labores   propias   del   procesamiento  de  alcaloides…”;  o  que  fue  sorprendido  en  estado  de flagrancia, “en el  preciso  y  justo  instante  en  que se dedicaba al procesamiento de cocaína”  (fs. 208).   

          Finalmente,   en  el  acápite  denominado  de  la  “CALIFICACIÓN  JURÍDICA  PROVISIONAL”,  el  fiscal  afirma  que  el  procesado  Trochez  Taquinaz  “se encuentra incurso  en  la violación a la ley 30 de 1986, en sus artículos 32, que se refiere a la  ‘Conservación de semillas  de  marihuana’, en concurso  con  el  artículo  33, que fuera reformado por el artículo 17 de la ley 365 de  1997,   bajo   la   modalidad   de   ‘Elaborar’  drogas     de    aquellas    que    producen    dependencia    y    ‘Conservar’  otras  de la misma naturaleza, tales  como  la  cannabis  sativa”  (fs. 211).   

          Como   se   ve,   en   relación   con   el  procesado  Juan   Nicolás   Trochez   Taquinaz,  el  funcionario   calificador   declaró  probadas  las  conductas  de  elaborar    cocaína    y   conservar semillas de marihuana y paquetes  del  mismo  vegetal, de acuerdo con las cantidades y especificaciones señaladas  en  los  artículos  32, inciso 1° y 33, inciso 1° de la ley 30 de 1986.   No  estimó demostrado, según se infiere del contexto de la providencia, que el  mismo  procesado  haya sido quien destinó ilícitamente el inmueble para que en  él se elaboraran drogas ilícitas.   

          En  realidad,  de acuerdo con la redacción típica del artículo 34  de  la  ley  30  de  1986,  la  “destinación  ilícita” de un bien mueble o  inmueble  para  que  en  él “se elabore, almacene, transporte, venda o use”  alguna  de  las  drogas  prohibidas,  sólo  puede  disponerlo  quien  tenga  la  oportunidad  por  ser  propietario,  poseedor,  tenedor  o  inclusive detentador  (alguien  que  lo  ocupa  arbitrariamente)  del  mismo,  pues  es  la condición  material  que supone el poder de pensar o decidir dicho empleo o suerte respecto  de  la  cosa.  Es posible que el propietario, poseedor o tenedor no haga la  provisión  directa  respecto  del  empleo ilícito del bien, pero lo autoriza o  tolera,  caso  en el cual la imputación es igual porque debe estar revestido de  la misma potestad o poder de hecho.   

          En  la respectiva investigación no aparecen elementos de juicio que  indiquen  tal  poder  de  disposición  en  cabeza  del  procesado  Trochez  Taquinaz,  sino solamente que él  elaboraba  estupefacientes  en el descubierto laboratorio.  Por tal razón,  en  lo  que  atañe a dicho acusado, la calificación de su comportamiento no se  ofrece antojadiza ni absurda.   

          Claro   que   la   cantidad  de  insumos  y  sustancias  precursoras  decomisadas,  al  igual  que el estado y la disposición de las cosas en lugar y  la  actividad  misma  que  desplegaban  quienes  allí  fueron sorprendidos, son  factores  que daban pie para investigar la conducta concurrente de facilitación  de  un  laboratorio,  conforme  con  el  artículo  34 citado, sobre todo por la  posibilidad   de   que   fueran   otras   personas   las   realizadoras  de  tal  comportamiento.   

          De  modo  que  lo  advertido en este proceso no es una calificación  jurídica  manifiestamente  errónea  en  relación  con  la conducta del único  procesado,  sino  la  falta  de  investigación  de  esa otra conducta delictiva  concurrente,  vacío  cuya  solución  se  hallaría en la expedición de copias  para hacerlo.   

          Como  la  verificación  de  los  hechos  y  la calificación de los  mismos  es  tarea que incumbe al fiscal, la adecuación jurídica de la conducta  hecha  por él es invariable e irreversible para iniciar el juicio, mientras tal  proceso   de   relevancia  no  desconozca  elementales  reglas  de  comprensión  jurídica  que  den  lugar  a  un  error  en  el  nomen  iuris,  generador  de nulidad, pues entretanto al juez  sólo  le  queda  abrir  el  debate del juzgamiento a partir de dicha hipótesis  delictiva  y,  finalmente,  dictar  sentencia  en  la  cual declare probada o no  probada  la acusación dentro de los límites del respectivo título o capítulo  del Código Penal.   

          Es  importante  volver  sobre el contenido del auto fechado el 28 de  agosto  de  1995, invocado por la Juez Penal del Circuito de Caloto para afirmar  su posición, que en lo pertinente dice:   

          “Lo  anterior implica para casos como el presente que así se haya  considerado  para  fines  de  adecuación de la conducta y fijación de la pena,  que  la  existencia  del  laboratorio  y  la  tenencia  de los precursores no se  sancionaría  con  autonomía  frente  al artículo 33 del Estatuto sino la sola  actividad  de elaboración del alcaloide, de ninguna manera podría olvidarse ni  desestimarse  que  dentro  de  los  presupuestos  fácticos estaban comprendidas  acciones      contempladas      en      el     artículo     34     ibidem expresamente asignadas a los jueces  regionales,  así  que  no  será  la  sola  consideración  de  cantidad  de la  sustancia  hallada el factor determinante que elucide competencias, en cuanto es  lógicamente  comprensible que la tarea de elaborar no constituye por lo general  un  solo  acto,  ni  es  lo  corriente que se asuman riesgos de encarcelación y  decomisos,  ni  que  se inviertan considerables sumas de dinero en el montaje de  laboratorios  y  la  compra  de insumos para producir apenas unos pocos gramos o  una  cantidad exigua de droga, lo que permite fácilmente llegar a que el pesaje  de  la  sustancia en secamiento no desvanece la entidad compleja de la actividad  descubierta,  en  cuanto  apunta a la elaboración de una cantidad indefinida de  sustancia  vedada,  según  se  ve  de la acumulación de precursores o materias  aptas para una producción consecutiva”.   

          No  es  posible  entender,  como  parece inferirse de la providencia  transcrita,  que la conducta de “elaborar” prevista en el artículo 33 de la  ley  30 de 1986, no está sujeta a la estimación de cantidades de droga para su  distinta  adecuación  típica  y  punibilidad,  como  sí ocurre con las demás  alternativas    comportamentales   allí   señaladas   (“llevar   consigo”,  “almacenar”,  “conservar”,  “vender”, “ofrecer”, “adquirir”,  “financiar”  o  “suministrar”),  pues,  como  tal distinción no la hace  expresamente   el   mismo   texto   legal,   una   intepretación  de  ese  jaez  desprestigiaría  el  papel  definitorio  de  la  ley  como  fuente exhaustiva y  excluyente en materia de regulación de delitos y penas.   

          Del   principio  de  legalidad  estricta  que  rige  el  proceso  de  creación  de  tipos  o  de prohibición penal de conductas, correlativamente se  establece  que  la  acusación  debe  ser fáctica y jurídicamente explícita y  concreta,  de tal manera que, aunque es posible suponer que el comportamiento de  “elaborar”  sustancias  sicotrópicas  previsto  en el artículo 33 se pueda  hallar  lógica  u  ontológicamente  vinculado  con  la conducta de manipular o  facilitar   laboratorios  que  contempla  el  artículo  34,  jurídicamente  es  imposible  tal  determinación,  mientras  esta última imputación jurídica no  aparezca  diáfana en la resolución, pues se haría una extensión indebida del  ámbito  de  la  primera  acción  normativa.  Sobre todo porque, según lo  propicia  el  texto  del  artículo  34,  unos  pueden  ser  los  autores  de la  destinación  ilícita  del bien mueble o inmueble y otros diferentes los que en  ellos  se  dedican a “elaborar”, “almacenar”, transportar o “vender”  la droga.   

          De  este  modo, como la única acusación que razonablemente se hizo  al     procesado    Trochez    Taquinaz  fue  la  “elaborar”  y  “conservar” sustancias que generan  dependencia,  conforme  con  los  artículos  32  y  33 de la ley 30 de 1986, la  conclusión  es  la  de  que  no  sólo  el  proceso de adecuación típica sino  también   la  asignación  de  competencia  se  debe  hacer  conforme  con  las  cantidades      de      fármaco      discernidas     en     las     respectivas  disposiciones.   

          Así  entonces,  de  acuerdo  con  el  artículo 71-1 del Código de  Procedimiento  Penal,  vigente para la época de los hechos, la competencia para  examinar  este  caso  correspondía  a  la  justicia especial regional porque la  cantidad  de  marihuana  que  se  conservaba  era  superior  a diez mil (10.000)  gramos,  aunque  las otras conductas o cantidades de sustancia no alcanzaran los  rangos  allí  establecidos.   Con  mayor razón, conforme con el numeral 2  del  citado  precepto,  el  conocimiento  incumbía a los mismos órganos, si se  hubiera  decidido la investigación conjunta de la conducta de los autores de la  “destinación” del inmueble como laboratorio.   

          En  vigencia  la  ley  504  de  1999,  por cuyo medio se crearon los  jueces  penales  de circuito especializados, que sustituyeron en funciones a los  jueces  regionales,  se  produce un cambio de competencia porque en este caso la  cantidad  de  semilla  de  marihuana  decomisada no supera los 10.000 gramos, la  base  de  coca no excede los 5 kilos y la marihuana yerba no es superior a 1.000  kilos,  como  lo exigen los numerales 8 y 9 del artículo 5°.  Además, se  repite,  como en la acusación no se hizo una imputación concreta por el delito  previsto  en  el  artículo  34  de  la  ley  30  de  1986,  en  la modalidad de  facilitación  de laboratorio, tampoco sería aplicable el numeral 10 del citado  artículo 5°.   

          Así  las cosas, como los delitos que fueron objeto de acusación en  este  proceso  no  están dentro de los lineamientos del artículo 5° de la ley  504,  la  competencia  para  conocer  de  los mismos radica en el juez penal del  circuito  de  Caloto,  competente  por  el  factor  territorial, conforme con el  artículo  39  transitorio  de  la  citada  ley  y el artículo 72, numeral 1°,  literal c) del Código de Procedimiento Penal.   

          Conviene   aclarar   que,  a  pesar  del  cambio  de  competencia  y  procedimiento  de  los  jueces  especializados  de  circuito  a lo propio de los  jueces  ordinarios de circuito, la resolución de acusación y otras actuaciones  surtidas  antes  del  1°  de  julio  de 1999 (fecha de vigencia de la ley 504),  conservan  su  validez  porque  fueron  proferidas  por  un funcionario entonces  competente.   

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

          Asignar  el  conocimiento  de  este  proceso  al  Juzgado  Penal del  Circuito  de  Caloto  (Cauca).   En  esta  forma,  se  dirime  la colisión  negativa de competencias planteada.   

          Envíese  copia  de  la  decisión  al  Juzgado  Penal  del Circuito  Especializado de Popayán.   

          Cópiese, cúmplase y remítase al competente.   

JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL               JORGE  ENRIQUE   CÓRDOBA   POVEDA                

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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