16549mar1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 16549  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. Carlos E. Mejía Escobar  

Aprobado Acta No. 034 (7-III-2000)  

Santa Fe de Bogotá D.C., ocho  (8)   de  marzo  de  dos  mil  (2000).   

Resuelve  la  Sala  de  Casación Penal de la  Corte   Suprema   de  Justicia  lo  que  en  derecho  corresponda  respecto  del  desistimiento  del   control  de legalidad sobre la medida de aseguramiento  dictada  por  el  Vicefiscal  General  de  la Nación en contra del doctor TOMAS  RAFAEL  JORDAN  MORALES,   ex  Fiscal  Delegado  de  la Unidad de Fiscalía  Delegada ante el entonces Tribunal Nacional.   

ANTECEDENTES    Y   ACTUACION  PROCESAL   

1.-           El   13  de  septiembre  de  1999  el  Vicefiscal  General  de  la  Nación  al  definir la situación jurídica de los  indagados  TOMAS  RAFAEL  JORDAN MORALES y CLEMENCIA GARCIA DE USECHE les impuso  medida de aseguramiento de detención preventiva.    

2.-          El  Vicefiscal  encontró que el doctor  TOMAS  RAFAEL  JORDAN  MORALES incurrió en el delito de prevaricato por acción  al  proferir,  en su condición de Fiscal de la Unidad Delegada ante el entonces  Tribunal    Nacional,    2    decisiones   manifiestamente   contrarias   a   la  ley.   

3.-          A la doctora CLEMENCIA GARCIA DE USECHE  se  le  dictó  medida  de  aseguramiento  por estimarse contrarias a la ley las  decisiones que adoptó el 5 de junio y el 18 de septiembre de 1997.   

4.-          Contra  la  resolución que definió la  situación  jurídica  de  los doctores JORDAN y GARCIA DE USECHE, interpusieron  recurso de reposición que se resolvió manteniendo la decisión.   

5.-          El  doctor  TOMAS RAFAEL JORDAN MORALES  presentó  escrito  en  el  que  invocó el control de legalidad de la medida de  aseguramiento impuesta.   

El  doctor JORDAN MORALES  solicitó la  nulidad  de la medida de aseguramiento proferida por el Vicefiscal General de la  Nación,  aduciendo  la  violación al debido proceso por haberse adelantado las  diligencias  preliminares sin comunicarlas al imputado, no haberse practicado en  legal  forma  la diligencia de indagatoria y por fundamentar la decisión en una  falsa motivación.   

Dice que de la investigación previa radicada  con  el  número 314 nunca se le comunicó su existencia y en ella se limitó el  señor  Vicefiscal  a establecer los nombres de los Fiscales que habían dictado  las providencias por las que se ordenó librar copias.   

Considera  ilegal  la indagatoria, porque en  ella  no  se  le  interrogó  por  los  cargos  por los que se le expidieron las  copias,   ni   por   los   que   posteriormente   se  le  dictó  la  medida  de  aseguramiento.   Se  enteró,  con  posterioridad  a la indagatoria que una  Fiscal  expidió  copias  por  considerar  que  había  concedido  la detención  domiciliaria  en  un  proceso  de  la  especialidad  Regional  en  el que no era  procedente  tal  Instituto, por lo que pidió y agregó pruebas para refutar tal  cargo.   

No  obstante  lo  anterior  –  agrega -, fue  sorprendido  cuando  se  le  detiene  por  haber valorado erradamente el aspecto  subjetivo  de la institución, situación sobre la cual tampoco se le interrogó  en la diligencia de indagatoria.   

La falsa motivación de la resolución que le  impone  medida  de  aseguramiento de detención preventiva la sostiene en que el  único  argumento  para calificar la supuesta prevaricación de las resoluciones  del  24  de  junio  de  1996  y  el 9 de enero de 1997 es que eran supuestamente  contradictorias  con la que él mismo había emitido el 27 de febrero de 1996 al  confirmar la medida de aseguramiento impuesta.   

Como  estima que la decisión del Vicefiscal  sostiene  la  dolosidad de su actuar únicamente en la inexplicada variación de  su  propio  criterio  expresado  en  la  resolución del 27 de febrero de 1996 y  está  probado  que esa decisión no la tomó él, sino otro Fiscal, entonces la  motivación  es  falsa  y  vulneradora del debido proceso por afectar la lealtad  procesal.        

6.-          Copia del expediente fue remitido a esta  Corporación,  según  resolución por medio de la cual el Vicefiscal General de  la Nación así lo ordenó.   

7.-             Se  surtió  el  traslado  de  rigor  previsto  en  el  inciso  final  del artículo 414A del C. de P. P..          El defensor  del  procesado  TOMAS  RAFAEL  JORDAN  MORALES,            la doctora CLEMENCIA GARCIA DE  USECHE,  su  defensora  principal  y  el  Procurador  5°  Delegado  en lo Penal  descorrieron el traslado presentando sendos escritos.   

8.-          El defensor del procesado JORDAN MORALES  presentó   adicionalmente   

una   petición  de  renuncia  a  los términos de ejecutoria del auto que ordenó el traslado común  del  artículo  414A   del  Código  de  Procedimiento Penal, la que le fue  resuelta negativamente.   

9.-          El procesado TOMAS RAFAEL JORDAN MORALES  presentó  escrito en el que manifiesta que desiste del control de legalidad por  cuanto  se  le  ha  dictado  resolución  de acusación en la que se le formulan  cargos    de    abuso   de   autoridad   en   concurso   con   prevaricato   por  acción.   

10.-          Al  Despacho  le  ha  correspondido  en  reparto  el  juzgamiento  que  se  inicia con la ejecutoria de la resolución de  acusación  dictada  en  contra  de  los  doctores  JORDAN  MORALES  y GARCIA DE  USECHE.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.-           La Corte respecto del desistimiento del  control    de    legalidad    ha    venido   sosteniendo   mayoritariamente   su  improcedencia.   Así  lo  advirtió  en  decisiones  del  28  de agosto de  19961   

y  lo reiteró en pronunciamiento del 9 de  octubre         del         mismo        año2   

.  

2.-          La Corte fundó su posición mayoritaria  en los siguientes criterios:   

a.-   La naturaleza de la institución,  esto es, tratarse de una acción pública.   

b.- El objetivo del instituto: La defensa del  orden  jurídico  entendido  como  presupuesto  de  la garantía de los derechos  fundamentales. Y,   

c.-  La  regulación  legal:  No  hay  norma  expresa que acepte el desistimiento.   

3.-          Actualizado el debate como consecuencia  de  la  formulación  de esta solicitud de desistimiento, la discusión del tema  condujo   a   recoger  el  antecedente  otrora  mayoritario  y  aceptar  que  es  jurídicamente  admisible el desistimiento del control de legalidad de la medida  de aseguramiento. Ello por lo siguiente:   

3.1.-              El  control  de  legalidad,  coinciden  la Jurisdicción ordinaria y la Constitucional, es un instrumento que  teleológicamente  apunta  a  la  garantía  de  los  derechos fundamentales del  procesado.   Tal  institución  anticipa la intervención del Juez como eje  de  los  controles  jurisdiccionales a la etapa procesal que transcurre desde la  ejecutoria  de  la  decisión  que  define la situación jurídica del sindicado  hasta  la  calificación del mérito sumarial.  Esa participación del Juez  verifica   la  legalidad  de  la  actuación  que  desemboca  en  la  medida  de  aseguramiento   y,   si   es  del  caso,  reintegra  al  acusado  al  estado  de  libertad.   

3.2.-            La identificación del control  de  legalidad  como  acción  pública,  no  es  incompatible  con  la  facultad  dispositiva  sobre  la  misma.   Toda  acción es por naturaleza un derecho  público  subjetivo  que  se ejerce frente al Estado para reclamar la actuación  de  la  jurisdicción  en  la  solución  del  conflicto  planteado.  El sistema  jurídico  nacional  permite  el  desistimiento  de  las  acciones  sin  que tal  reconocimiento  de  disponibilidad a favor de los sujetos procesales implique la  negación  de  la  naturaleza  de esa acción.  Como ejemplo de ello pueden  confrontarse  los  artículos  342 y 344 del Código de Procedimiento Civil y el  artículo   26   del   Decreto   2591   de   1991  que  regula  la  acción de tutela.   

3.3.-            Al  interior del proceso penal  esta  defensa  del orden jurídico opera siempre en función de garantía de los  derechos  fundamentales.   Este  concepto  carece  de  sentido  en un plano  abstracto,  como  si  fuese la protección de una legalidad cuyo fin se agota en  sí  misma.   Al contrario, su esencia radica en la protección del derecho  subjetivo  de  un  sujeto procesal concreto  – en este caso el procesado -,  para  lo  cual  es  menester  que  la  vulneración  de ese derecho sea de rango  fundamental3.   No  se  protege  el  derecho fundamental en abstracto, en  cuanto  orden  jurídico  establecido,  sino  en  concreto, es decir en tanto su  violación  afecta la situación procesal de una persona mediante la imposición  de una medida de aseguramiento con prescindencia de la legalidad.   

Esa  relación lógica que se expresa entre  el  derecho  fundamental  violado  y  el  derecho  subjetivo del sujeto procesal  afectado,  permite  que  éste  como  sujeto actuante  en   la  instrucción  penal decida culminar un  trámite  de control concebido en garantía suya, que solo a él favorecería si  se  demuestran los supuestos de hecho que lo harían prosperar.  Motivos de  conveniencia  puramente  procesal,  como  los  que  se  advierten  en  este caso  concreto   (se   desiste   del   “control   de   legalidad  de  la  medida  de  aseguramiento”  por haberse dictado resolución de acusación y alcanzar ésta  la  ejecutoria),  constituyen  razón  suficiente para admitirlo, máxime cuando  con  ello  se  pretende  el  acceso  a  una  nueva etapa procesal en la cual los  acusados  pueden  ejercer  a  plenitud  el  contradictorio  agotando  todos  los  mecanismos  que para ese efecto prevé la ley en el artículo 446 del Código de  Procedimiento Penal.   

Todos  los  medios  de  impugnación  y las  acciones  que  consagra  el  Código  de  Procedimiento  Penal  a  favor  de los  intervinientes  en  el  proceso  penal,  adosan  a  su  naturaleza la implícita  defensa  del  orden  jurídico.   El menoscabo de ese orden jurídico es el  que  justifica  la  prosperidad  de los recursos y acciones, siempre y cuando su  violación  incida  en un derecho concreto del sujeto que invoca la acción o el  recurso.   No  obstante  ello,  de  las  acciones  y  los recursos se puede  desistir.   

El  derecho  procesal  penal  colombiano se  enruta  hacia  una  posición  cada  vez  más  activa de los sujetos procesales  dentro  de  la actuación.  Solo reconociendo esa dinámica puede aspirarse  al  establecimiento  progresivo  de  un  sistema acusatorio que al tiempo en que  impone  deberes  al  Estado  los  traslada también a las partes, y les reconoce  derechos más amplios dentro de cada etapa procesal.    

Esto exige reconocer a las partes capacidad  plena  de  disposición  en  el  ejercicio  de  sus  propios  derechos  y supone  necesariamente  menguar  protagonismos  en  virtud  de  los  cuales el Estado se  arroga  un  pretendido  derecho  de  calificar las actuaciones procesales de los  sujetos  si  pudieren  vulnerar  su propia posición y corregirlas en aras de la  supuesta  defensa  del  orden  jurídico establecido.  En tanto más activa  sea  la  posición  de  los  intervinientes  en  el proceso penal más autónomo  resulta  para ellos el reconocimiento de sus propios riesgos.  Sin embargo,  la  Judicatura  se  reserva para sí la capacidad oficiosa en la declaratoria de  nulidades  y la improbación de la sentencia anticipada o las observaciones a la  audiencia   especial   cuando   haya   habido   violación   de   los   derechos  fundamentales.    

Es en esta dirección en la que se encuentra  la  recientemente promulgada Ley 553 de 2000 por medio de la cual se modificó –  entre  otros  –  el artículo 244 del Código de Procedimiento Penal.   Allí   se   establece  que  “podrá  desistirse  de  la  casación  y  de  la  acción  de  revisión  antes  de  que  la  Sala  las decida”.  Ningún instrumento procesal más  deliberadamente  concebido  al  interior  del proceso y en función de garantía  que  la  casación,  y  de  él puede desistirse en cualquier época.  Esta  norma  pone  de presente, sin duda, una variación cualitativa en el tratamiento  legislativo   de  las  facultades  dispositivas  de  las  partes;  las  reconoce  plenamente  dentro de la mejor Institución procesal de garantía, por lo que no  hay  razón  para desconocerla frente a otras acciones o instrumentos que aunque  importantes,  como  el mismo control de legalidad de la medida de aseguramiento,  no lo son en el grado de integralidad que representa la casación.   

Similar  análisis  cabe  respecto  de  la  acción  de revisión, que aunque tiene la vocación de remover la cosa juzgada,  es   también  –  ahora  –  desistible  en  cualquier  época.  Deja  la  ley  a  disposición  de  la  parte  el  estudio  y  evaluación  de la conveniencia del  trámite   y   la   determinación   del   riesgo   que   conlleva   finalizarlo  anticipadamente.    

3.4.-            Por último debe señalarse que  el  desistimiento  no  exige  su  reconocimiento  expreso  en  una  norma  legal  específica.   Las  que  existen  en  el  ordenamiento nacional señalan la  oportunidad  en  que  puede  hacerse.   A  falta  de  un momento preclusivo  reglado  debe  entenderse  que  ello  es  posible  hasta  antes de resolverse la  acción  o  recurso  de  que  se  trate.   Ese  es el único límite que no  resulta  arbitrario, pues resuelto el objeto del debate procesal o el incidente,  no  tiene  razón  de  ser  el  desistimiento;   pero si no se ha resuelto,  siempre  es  posible desertar precisamente para que no se resuelva y para que en  su  lugar  se  acceda  a  lo  que  el  sujeto  del  derecho  considere como más  conveniente para sus intereses de tal.   

4.-          En  tales  términos  se  expresa este  antecedente  que  recoge  los  que  han sido referidos inicialmente.     

5.-          Como  el único que invocó el control  de  legalidad  fue el doctor TOMAS RAFAEL JORDAN MORALES y es él quien desiste,  se  aceptará  el  desistimiento.   No  es  necesario  dar  traslado  de la  petición  a  los demás sujetos procesales, que respecto de tal actuación solo  tenían   vocación   accesoria.   Adicionalmente  se  ordenará  que  esta  actuación   se  integre  a  la  que  contiene  la  fase  de  juzgamiento,  cuya  radicación es 16.955.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

        R E S U E L V E   

    

1.        ACEPTAR el  desistimiento  del control de legalidad de la medida de aseguramiento solicitada  por el procesado TOMAS RAFAEL JORDAN MORALES.     

2.-            Intégrese   esta   actuación   al  juzgamiento de única instancia 16.955.   

        NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

No hay firma  

FERNANDO           ARBOLEDA  RIPOLL                         JORGE                                 E.                                 CORDOBA  POVEDA                      

CARLOS         A.        GALVEZ  ARGOTE                            JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

                         

MARIO            MANTILLA  NOUGUES             CARLOS  E.  MEJIA  ESCOBAR                             

ALVARO         O.         PEREZ  PINZON                                NILSON PINILLA PINILLA   

No hay firma  

TERESA RUIZ NUÑEZ  

                                                    Secretaria     

1.-  Sala  De  Casación  Penal, Corte Suprema de Justicia, autos del 28 de agosto de  1996.  Magistrado  Ponente:  Dídimo  Páez  Velandia. Radicación No. 11.998 y,  auto  de  control de legalidad del 28 de agosto de 1996. Radicación No. 11.674.  Magistrado Ponente: Fernando Arboleda Ripoll.   

2.-  Sala  De  Casación Penal, Corte Suprema de Justicia,  auto  del  9  de  octubre  de 1996. Magistrado Ponente: Nilsón Pinilla Pinilla.  Radicación No. 12.079   

3.-  Corte  Constitucional,  sentencia  C-395/94.  Magistrado Ponente: Carlos Gaviria  Díaz.     

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