16473(13-06-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República de Colombia  

       

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 16473  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No.62  

         Bogotá,  D.  C.,  trece  (13)  de  junio  de  dos  mil dos (2002).   

VISTOS  

         Se  pronuncia  la  Corte  sobre  el  aspecto técnico- formal de la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre   del   señor   DOUGLAS VIÁFARA LUCUMÍ.   

HECHOS  

         Sucedieron  en las horas de la tarde del 13 de agosto de 1997 en la  carrera  6ª.  con  calle  32  cerca  de  la  fábrica  de  cerveza “Bavaria”  de  la  ciudad  de  Cali, cuando el  señor  Alirio  Bustamante  Díaz,  que  se  movilizaba en una camioneta Ford de  color  rojo,  placas  No.  MAF-  376,  en  compañía  de su esposa, María Nery  Samboní  Bolaños,  y de su yerno, José Ferney Parga Morales, fue abordado por  dos  hombres que les dispararon con armas de fuego haciéndolos estrellar contra  otro  vehículo  que  se  encontraba  estacionado. De inmediato los requisaron y  como  no les encontraron nada de valor, emprendieron la huida. Alirio Bustamante  Díaz  recibió  varios  impactos  de  bala  y  falleció  cuando era llevado al  Hospital.   

         El  6  de  septiembre  del mismo año, el señor Alfredo Bustamante  Velasco,  hermano  de  Alirio  Bustamante Díaz, fue atracado por dos individuos  momentos  después  que  salió  con  su  camión  de  la  fábrica  de  cerveza  “Bavaria”;  uno  de  ellos  se hizo al volante  mientras  el  otro  le  apuntaba  con  un arma de fuego. Como éste le disparó,  Bustamante  Díaz  forcejeó  con  él  y  lo  desarmó. Enseguida los agresores  huyeron  del  lugar.  En  ese  momento se hicieron presente varios agentes de la  Policía,    y    capturaron    a   uno   de   los   victimarios,   Douglas  Viáfara Lucumí, quien después  fue  reconocido  por  José Ferney Parga Morales y María Nery Samboní Bolaños  como  uno  de  los  individuos  que  atracó  y  dio  muerte a Alirio Bustamante  Díaz.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

         En  cumplimiento  de  la instrucción fue calificado el sumario con  acusación  contra  Viáfara  Lucumí    por  el  delito  de homicidio  agravado  en  concurso  con  los  de  porte  ilegal de armas de fuego de defensa  personal,  lesiones personales y hurto calificado y agravado, en la modalidad de  tentativa.   

         El  2  de  octubre de 1998, el Juzgado Octavo Penal del Circuito de  Cali  lo  condenó  a las penas de 41 años y 6 meses de prisión, interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el término de 10 años y al pago de  perjuicios  morales,  por  los  delitos  de homicidio agravado, porte de armas y  hurto  calificado  y  agravado, en la modalidad de tentativa, y lo absolvió por  el de lesiones personales.   

         Apelado  el  fallo  por la defensa, el Tribunal Superior de Cali lo  confirmó el 6 de abril de 1999.   

LA DEMANDA  

         Al  amparo de la causal primera de casación, cuerpo segundo, de la  normatividad  procesal  de  1991 -vigente para la época en que fue proferida la  sentencia  impugnada-,  el  actor  formuló  dos  cargos contra la sentencia del  Tribunal  “por violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  al  incurrir  el  juzgador en error de hecho  suponiendo  la  existencia  de  pruebas  que  no obran en el proceso”.   

         Primer cargo.   

         Lo    expuso    así:   “Los  testigos  José  Ferney  Parga  Morales y María Nery Samboní  Bolaños   no   dijeron   haber   recibido   llamadas   telefónicas  donde  les  proporcionaran   informaciones  precisas  sobre  la  individualización  de  los  sujetos   que   causaron   la  muerte  de  Alirio  Bustamante  Díaz”.   

         Sostuvo  que  el  informe  policivo contenido en el oficio No. 3085  del  8  de  septiembre de 1997, en el que se afirma que los familiares de Alirio  Bustamante  recibieron  llamadas  telefónicas que acusaban a la persona privada  de  la  libertad  como el autor  de los hechos ocurridos el 13 de agosto de  1997,  no  tiene  ningún respaldo probatorio. Los citados familiares del occiso  nada  dijeron  en  sus  testimonios  sobre tal asunto. Tampoco se menciona dicho  aspecto  en el primer informe de la Policía del 19 de agosto de dicho año. Por  consiguiente,      concluyó,      “…  no  podía  el  Tribunal  Superior dar por cierto un hecho que  carece  de  sustento  fáctico  con  el  caudal  probatorio  que  se  arrimó al  plenario”.   

         Indicó  que  los testigos mencionados se contradicen respecto a la  supuesta  ubicación  de Viáfara Lucumí durante  los  hechos  del  13  de  agosto  de 1997, pues unas veces  afirman  que  éste  disparó  desde  el  lado  derecho  y,  otras, aseguran que  accionó  el  arma desde la parte posterior del automotor. También resaltó que  no  existe  claridad  sobre  quién  tuvo la iniciativa para que los testigos se  hicieran  presentes  en  la  Estación  de  policía  donde  aquel se encontraba  detenido,  no  se  sabe  con  precisión  si  se  hicieron  presentes  allí por  decisión  personal, o conducidos por los mismos policías, o si fueron llevados  por Alfredo Bustamante.   

         Terminó  afirmando  que  se violaron los artículos 300, 301 y 302  de  la  ley  procesal  ,  pues  las  llamadas  telefónicas, hecho indicador, no  aparecen  demostradas  y, por lo tanto, no se puede construir sobre tal supuesto  un  raciocinio  que  conduzca  a  la  conclusión  cierta  sobre  el  origen del  reconocimiento e individualización de Douglas Viáfara.   

         Segundo cargo.   

         El  Tribunal  Superior  desconoció  pruebas  que  obran dentro del  expediente  demostrativas  que José Ferney Parga Morales y María Nery Samboní  Bolaños     no     pudieron    ver    a    Douglas  Viáfara   en   actitud   sospechosa  cuando  Alirio  Bustamante     ingresó    a    la   fábrica   de   cerveza   “Bavaria”.   

         Sustentó  el reproche en la declaración rendida por Parga Morales  el  13  de agosto de 1997 en la que afirmó que no tenía conocimiento sobre las  personas  que  perpetraron  el  asalto  donde  murió  Bustamante Díaz, no hizo  ninguna  mención  del supuesto diálogo que sostuviera con éste momentos antes  del  asalto  en  relación con la presencia de personas sospechosas a la entrada  de       la       fábrica       “Bavaria”, y  aseguró  que no poseía más información respecto de las circunstancias en que  ocurrieron los hechos.   

         Estimó  que  el  Tribunal se equivocó al darle credibilidad a las  declaraciones  rendidas  por  los  testigos  el 8 de septiembre de 1997, pues no  tuvo  en  cuenta  la  declaración  inicial  rendida  por Parga Morales el 13 de  agosto  anterior.  Este  error,  agregó,  influyó notoriamente en la sentencia  impugnada.   Si  fuera  cierto  que  los testigos habían visto antes a los  autores  del  crimen,  se  lo  habrían  comunicado  a  la  fiscalía  para  que  investigara  tal  circunstancia,  y  no  hubieran  incurrido  en contradicciones  respecto a la ubicación de los autores del crimen.   

         Señaló  como  normas  infringidas  los artículos 247, 254, 300 y  445  del  estatuto instrumental, lo que condujo a que se aplicaran indebidamente  los  artículos 323, 324-2, 349, 350-1, 351 del Código Penal y 1º. del Decreto  3664 de 1986.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         La  demanda  presentada  por  el  defensor  del señor Douglas  Viáfara  Lucumí no reúne los  requisitos  del  artículo  225  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 1991,  vigente   para   el   momento   del  fallo  y  por  ello  será  inadmitida.  En  efecto:   

         1.  El  actor yerra en la formulación y fundamentación de los dos  cargos,  pues  ni  la  una  ni  la  otra  tienen relación lógica entre sí, ni  guardan vínculos con el objeto de la imputación.   

         Invocó  como causal de casación  la prevista en el artículo  220   numeral   1º.,   cuerpo   segundo   del  Código  Procesal,  “por  violación  indirecta  de la ley  sustancial  al  incurrir  el juzgador en error de hecho suponiendo la existencia  de     pruebas     que     no     obran     dentro    del    proceso”.   

         Sin  embargo,  al explicar el primer cargo dijo que lo “hacía   consistir  en  el hecho  que  las  declaraciones  rendidas por José Ferney Parga Morales los días 13 de  agosto  y  8  de  septiembre  de 1997 no expresan en parte alguna haber recibido  información  telefónica de habitantes del sector de la factoría industrial de  Bavaria  que  uno  de  los  autores de la muerte de Alirio Bustamante Díaz haya  sido        efectivamente       Douglas       Viáfara       Lucumí”.   

         Con  este  planteamiento dio a entender que  estaba postulando  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  por tergiversación del  contenido  del  testimonio  pues  se le hizo decir lo que realmente no expresó.   

         Sin  embargo,  más  adelante  aclaró  en  el  escrito  que lo que  realmente  quería  manifestar  es  que  el  informe  policivo  No 3085 del 8 de  septiembre  de  1997,  en  el  que  se  da  cuenta  de las llamadas hechas a los  familiares  de Alirio Bustamante informándoles que el autor de su muerte era el  mismo  que  había  lesionado  a  Alfredo  Bustamante,  carecía  totalmente  de  respaldo probatorio.   

         Es  decir, en últimas, lo que pretendió demostrar fue un supuesto  yerro  del  Tribunal  por  darle credibilidad a dicho comunicado tomándolo como  origen  del reconocimiento que los testigos Parga Morales y María Nery Samboní  hicieron     de     Viáfara    Lucumí,  al  que  señalaron  como  a  uno de los autores de la muerte de  Bustamante Díaz.   

         Es   evidente   la   falencia   técnica   en   la  postulación  y  fundamentación  de  este  reproche.  Propuso  un  error  de  hecho “por haberse supuesto la existencia de  pruebas      que      no      obran      dentro      del     proceso”,  pero en el desarrollo del cargo no  indicó  en forma clara y precisa cuál o cuáles fueron las pruebas supuestas o  imaginadas  por la judicatura. Solo se refirió en forma extensa y pormenorizada  a  los  informes de policía contenidos en los oficios No. 3049 y 3085 del 19 de  agosto  y 8 de septiembre de 1997, respectivamente, y a los testimonios rendidos  por  José  Ferney Parga Morales y María Nery Samboní Bolaños el 13 de agosto  y  8  de  septiembre  del  mismo  año.  De estos elementos de convicción no es  posible  predicar  que  no tengan existencia fáctica en el proceso y que por lo  tanto  hubieran  sido  supuestos  o imaginados por el Tribunal, pues fue el  mismo  libelista  quien  se  refirió  a  ellos  como  vivientes  dentro  de los  folios.   

         2.   En   el  siguiente  cargo  reprochó  al  Tribunal  por  haber  “desconocido pruebas que  obran  dentro  del  expediente  demostrativas  que  José Ferney Parga Morales y  María    Nery    Samboní    Bolaños    no   pudieron   ver   a   Douglas   Viáfara  Lucumí  en  actitud  sospechosa  cuando  Alirio  Bustamante  Díaz ingresó a la factoría industrial  Bavaria”.   

         Es  decir,  esta  censura la hizo consistir también en un error de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia,   pero  ya  no  por  suposición  probatoria,  sino  por  desconocimiento  u  omisión de elementos de persuasión  procesalmente válidos.   

         Tampoco  indicó  en  este evento cuál o cuáles fueron los medios  de  comprobación  que  el  Tribunal  dejó de apreciar a pesar de existir   materialmente en el proceso.       

         Igual  que en el reproche anterior, el casacionista dedicó toda su  atención  al  estudio  amplio y detallado de los testimonios de Parga Morales y  María  Nery  Samboní  y de los informes policivos No. 3049 y 3085, así como a  la forma en que tales medios fueron analizados por el Tribunal.   

         Emerge  protuberante  la  incoherencia  y  falta  de lógica en los  planteamientos  del  censor.  Resulta  contradictorio  afirmar  de  unos  mismos  elementos  su  existencia  válida en el proceso y asegurar simultáneamente que  han  sido  supuestos  o  imaginados,  así  como  predicar  de  ellos que fueron  desconocidos  o  ignorados  por  el  fallador y criticar coetáneamente la forma  como  fueron analizados por éste. Olvidó que una cosa no puede ser y no ser al  mismo tiempo.   

         Es  evidente, entonces, que las censuras así propuestas no pasaron  de  su  abstracta  formulación,  y  se  quedaron  huérfanas  de  desarrollo  y  demostración.   

         Olvidó  el  libelista  que cuando se plantean errores de hecho por  falsos  juicios  de  existencia,  la  fundamentación  de  la censura implica la  enumeración  de  los medios de convicción supuestamente omitidos o imaginados,  hacer  una  revaluación  probatoria con inclusión de la prueba ignorada o  desconocida  y  exclusión de la supuesta o imaginada, según el caso, para, con  fundamento  en  ella, entrar a demostrar que las conclusiones del fallo habrían  sido  distintas  si  no  se hubiera incurrido en el error o errores denunciados.   

Nada de ello hizo el actor.  

         Lo  que muestra la demanda es la inconformidad de su creador con el  poder  de  convicción  que  el  Tribunal  le otorgó al acervo probatorio, y en  especial  a  la  ampliación  de los  testimonios de Parga Morales y María  Nery  Samboní.  Convirtió el escrito en una simple confrontación de criterios  para  discutir  el  crédito  que  en  la  sentencia  se  dio  a tales elementos  probatorios,   fundamentando   su   personal   opinión   en   las  hipotéticas  contradicciones  en  que  incurrieron los testigos respecto de la ubicación del  acusado  en  el  lugar  de  los  hechos, así como en la circunstancia de que no  hubieran  informado  a  la fiscalía en su primera versión que antes del asalto  habían   visto   a   Viáfara   Lucumí cerca del lugar donde ocurrieron los hechos.   

         Debe  reiterar  la  Sala  que  para acceder  a la casación no  basta  la  perfunctoria  proposición de supuestos errores que luego en el magro  desarrollo  de  la  censura  se  muestran ajenos o divorciados del fin que le es  propio,  porque  con  ello se desvirtúa el extraordinario medio de impugnación  para   convertirlo  en  una  inocua  emulación  de  la  valoración  probatoria  efectuada  por el censor con la de los jueces de instancia. La simple disparidad  entre  el  fallador  y  el  censor  sobre  la  fuerza  persuasiva  de los medios  probatorios  no  sometidos  en  cuanto  a su valoración al método de la tarifa  legal  sino  de la sana crítica, no constituye ningún vicio, pues prevalece el  criterio  del  sentenciador,  por  venir  la  sentencia  amparada  por  la doble  presunción de acierto y legalidad.   

         Frente  a  las  falencias  indicadas de la demanda, y dado que a la  Corte  no  le  es permitido en virtud del principio de  limitación entrar a suplir las inconsistencias de la  misma,  se  impone su rechazo, de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 226 del  Código de Procedimiento Penal anterior.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

        Inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada   por  el  defensor  de  DOUGLAS  VIÁFARA  LUCUMÍ.   En  consecuencia,  declarar  desierto  el  recurso interpuesto.   

        Contra esta providencia no procede recurso alguno   

Comuníquese y cúmplase.  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO               EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA ESCOBAR              NILSON  PINILLA PINILLA   

         

         

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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